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Día 309 de 365 · 5 de noviembre

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Lamentaciones 1

1 ¡Cómo yace solitaria
La ciudad de tanta gente!
¡Se ha vuelto como una viuda
La grande entre las naciones!
¡La princesa entre las provincias
Se ha convertido en tributaria!
2Llora amargamente en la noche,
Y le corren las lágrimas por sus mejillas.
No hay quien la consuele
Entre todos sus amantes.
Todos sus amigos la han traicionado,
Se han convertido en sus enemigos.
3Judá ha ido al destierro bajo aflicción
Y bajo dura servidumbre.
Ella habita entre las naciones,
Pero no halla descanso;
Todos sus perseguidores la han alcanzado
En medio de la angustia.
4Los caminos de Sión están de luto,
Porque nadie viene a las fiestas solemnes.
Todas sus puertas están desoladas;
Gimen sus sacerdotes,
Sus vírgenes están afligidas,
Y ella misma está amargada.
5Sus adversarios se han convertido en sus amos,
Sus enemigos prosperan,
Porque el Señor la ha afligido
Por la multitud de sus transgresiones;
Sus niños han ido cautivos
Delante del adversario.
6De la hija de Sión se ha ido
Todo su esplendor.
Sus príncipes son como ciervos
Que no hallan pasto,
Y huyen sin fuerzas
Delante del perseguidor.
7Jerusalén recuerda en los días de su aflicción y de su vagar
Todos sus tesoros
Que existían desde los tiempos antiguos,
Cuando su pueblo cayó en mano del adversario
Sin que nadie la ayudara.
Al verla sus adversarios,
Se burlaron de su ruina.
8En gran manera ha pecado Jerusalén,
Por lo cual se ha vuelto cosa inmunda.
Todos los que la honraban la desprecian
Porque han visto su desnudez,
Y ella gime y se vuelve de espaldas.
9Su inmundicia está en sus faldas;
No consideró su futuro,
Por tanto ha caído de manera sorprendente;
No hay quien la consuele.
«Mira, oh Señor, mi aflicción,
Porque se ha engrandecido el enemigo».
10El adversario ha extendido su mano
A todos sus tesoros;
Ciertamente ella ha visto a las naciones entrar en su santuario,
A las que Tú ordenaste
Que no entraran en Tu congregación.
11Todo su pueblo gime buscando pan;
Han dado sus tesoros a cambio de comida
Para restaurar sus vidas.
«Mira, oh Señor, y observa
Que me están despreciando».
12«Ustedes, todos los que pasan por el camino, ¿no les importa esto?
Observen y vean si hay dolor como mi dolor,
Con el que fui atormentada,
Con el que el Señor me afligió el día de Su ardiente ira.
13-»Desde lo alto Él envió fuego
Que penetró en mis huesos.
Ha tendido una red a mis pies,
Me ha hecho volver atrás;
Me ha dejado desolada,
Desfallecida todo el día.
14-»Atado ha sido el yugo de mis transgresiones,
Por la mano del Señor han sido entrelazadas,
Han caído sobre mi cuello.
Él ha hecho que me falten las fuerzas;
El Señor me ha entregado en manos
Contra las cuales no puedo resistir.
15-»A todos mis valientes ha rechazado el Señor
De en medio de mí;
Ha convocado contra mí un tiempo determinado
Para quebrantar a mis jóvenes;
El Señor ha pisoteado, como en un lagar,
A la virgen hija de Judá.
16-»Por estas cosas lloro yo;
Mis ojos derraman agua,
Porque lejos de mí está el consolador,
El que reanima mi alma.
Mis hijos están desolados
Porque ha prevalecido el enemigo».
17Sión extiende sus manos;
No hay quien la consuele.
El Señor ha ordenado contra Jacob
Que los que lo rodean sean sus adversarios;
Jerusalén se ha vuelto cosa inmunda en medio de ellos.
18«El Señor es justo,
Pues me he rebelado contra Su mandamiento.
Oigan ahora, pueblos todos,
Y vean mi dolor:
Mis vírgenes y mis jóvenes
Han ido al cautiverio.
19-»Llamé a mis amantes, mas ellos me han engañado.
Mis sacerdotes y mis ancianos han perecido en la ciudad,
Cuando buscaban alimento para sí a fin de restaurar sus fuerzas.
20-»Mira, oh Señor, que estoy angustiada;
Hierven mis entrañas,
Mi corazón se revuelve dentro de mí,
Porque he sido muy rebelde.
En la calle la espada me deja sin hijos,
En la casa es como la muerte.
21-»Han oído que gimo,
Pero no hay quien me consuele.
Todos mis enemigos han oído de mi mal,
Se regocijan de que Tú lo hayas hecho.
¡Oh, si Tú trajeras el día que has anunciado,
Para que sean ellos como yo!
22-»Venga toda su maldad delante de Ti,
Y trátalos como a mí me has tratado
Por todas mis transgresiones;
Porque son muchos mis gemidos y desfallece mi corazón».

Lamentaciones 2

1¡Cómo el Señor nubló, en Su ira,
A la hija de Sión!
Ha arrojado del cielo a la tierra
La gloria de Israel,
Y no se ha acordado del estrado de Sus pies
En el día de Su ira.
2El Señor ha devorado, no ha perdonado
Ninguna de las moradas de Jacob.
Ha derribado en Su furor
Las fortalezas de la hija de Judá,
Las ha echado por tierra;
Ha profanado al reino y a sus príncipes.
3En el ardor de Su ira ha exterminado
Todas las fuerzas de Israel;
Retiró Su diestra
En presencia del enemigo;
Y se ha encendido en Jacob como llamas de fuego
Devorando todo en derredor.
4Ha entesado Su arco como enemigo,
Ha afirmado Su diestra como adversario
Y ha matado todo lo que era agradable a la vista;
En la tienda de la hija de Sión
Ha derramado Su furor como fuego.
5Se ha vuelto el Señor como enemigo:
Ha devorado a Israel,
Ha devorado todos sus palacios,
Ha destruido sus fortalezas
Y ha multiplicado en la hija de Judá
El lamento y el duelo.
6Y ha tratado con violencia a Su tabernáculo, como a cabaña de huerto;
Ha destruido Su lugar de reunión.
El Señor ha hecho olvidar en Sión
La fiesta solemne y el día de reposo,
Y en el furor de Su ira ha rechazado
Al rey y al sacerdote.
7El Señor ha rechazado Su altar,
Ha despreciado Su santuario;
Ha entregado en manos del enemigo
Los muros de sus palacios.
Gritos se han dado en la casa del Señor
Como en día de fiesta solemne.
8El Señor determinó destruir
La muralla de la hija de Sión;
Ha extendido el cordel,
No ha retraído Su mano de destruir,
Y ha hecho que se lamenten el antemuro y el muro;
A una desfallecen.
9Se han hundido en la tierra sus puertas,
Él ha destruido y quebrado sus cerrojos.
Su rey y sus príncipes están entre las naciones;
Ya no hay ley;
Tampoco sus profetas hallan
Visión del Señor.
10Están sentados en tierra, en silencio,
Los ancianos de la hija de Sión.
Han echado polvo sobre sus cabezas,
Se han ceñido de cilicio.
Han inclinado a tierra sus cabezas
Las vírgenes de Jerusalén.
11Mis ojos se consumen por las lágrimas,
Hierven mis entrañas;
Mi hiel se derrama por tierra,
A causa de la destrucción de la hija de mi pueblo,
Cuando niños y lactantes desfallecen
En las calles de la ciudad.
12Dicen a sus madres:
«¿Dónde hay grano y vino?».
Mientras desfallecen como heridos
En las calles de la ciudad,
Mientras exhalan su espíritu
En el regazo de sus madres.
13¿Cómo he de amonestarte?
¿A qué te compararé,
Hija de Jerusalén?
¿A qué te igualaré al consolarte,
Virgen hija de Sión?
Porque grande como el mar es tu ruina;
¿Quién te podrá sanar?
14Tus profetas tuvieron para ti
Visiones falsas y necias,
Y no manifestaron tu iniquidad
Para que regresaras de tu cautiverio,
Sino que vieron para ti oráculos falsos y engañosos.
15Baten palmas contra ti
Todos los que pasan por el camino;
Silban y mueven sus cabezas
Contra la hija de Jerusalén, diciendo:
«¿Es esta la ciudad de la cual decían:
“La perfección de la hermosura,
El gozo de toda la tierra?” ».
16Han abierto su boca contra ti
Todos tus enemigos;
Silban y rechinan los dientes.
Dicen: «La hemos devorado.
Ciertamente este es el día que esperábamos;
Lo hemos alcanzado, lo hemos visto».
17El Señor ha hecho lo que se propuso,
Ha cumplido Su palabra
Que había ordenado desde tiempos antiguos.
Ha derribado sin perdonar,
Ha hecho que se alegre el enemigo sobre ti,
Ha exaltado el poder de tus adversarios.
18El corazón de ellos clamó al Señor:
«Muralla de la hija de Sión,
Corran tus lágrimas como un río día y noche,
No te des reposo,
No tengan descanso tus ojos.
19-»Levántate, da voces en la noche
Al comenzar las vigilias.
Derrama como agua tu corazón
Ante la presencia del Señor.
Alza hacia Él tus manos
Por la vida de tus pequeños,
Que desfallecen de hambre
En las esquinas de todas las calles».
20Mira, oh Señor, y observa:
¿A quién has tratado así?
¿Habían de comerse las mujeres el fruto de sus entrañas,
A los pequeños criados con cariño?
¿Habían de ser muertos en el santuario del Señor
El sacerdote y el profeta?
21Yacen por tierra en las calles
Jóvenes y ancianos;
Mis vírgenes y mis mancebos
Han caído a espada.
Has matado en el día de Tu ira,
Has hecho matanza, no has perdonado.
22Como en día de fiesta solemne convocaste
Mis terrores de todas partes;
Y no hubo en el día de la ira del Señor
Quien escapara ni sobreviviera.
A los que crié y mantuve,
Mi enemigo los exterminó.

Lucas 5

1Aconteció que mientras la multitud se agolpaba sobre Él para oír la palabra de Dios, estando Jesús junto al lago de Genesaret, 2vio dos barcas que estaban a la orilla del lago, pero los pescadores habían bajado de ellas y lavaban las redes. 3Subiendo a una de las barcas, que era de Simón, pidió que se separara un poco de tierra; y sentándose, enseñaba a las multitudes desde la barca. 4Al terminar de hablar, dijo a Simón: «Sal a la parte más profunda y echen sus redes para pescar».
5Simón le contestó: «Maestro, hemos estado trabajando toda la noche y no hemos pescado nada, pero porque Tú lo pides, echaré las redes». 6Cuando lo hicieron, encerraron una gran cantidad de peces, de modo que sus redes se rompían. 7Entonces hicieron señas a sus compañeros que estaban en la otra barca para que vinieran a ayudarlos. Y vinieron y llenaron ambas barcas, de tal manera que se hundían.
8Al ver esto, Simón Pedro cayó a los pies de Jesús, diciendo: «¡Apártate de mí, Señor, pues soy hombre pecador!». 9Porque el asombro se había apoderado de él y de todos sus compañeros, por la gran pesca que habían hecho; 10y lo mismo les sucedió también a Jacobo y a Juan, hijos de Zebedeo, que eran socios de Simón. Y Jesús dijo a Simón: «No temas; desde ahora serás pescador de hombres». 11Y después de traer las barcas a tierra, dejándolo todo, siguieron a Jesús.
12Estando Jesús en una de las ciudades, había allí un hombre lleno de lepra, y cuando vio a Jesús, cayó sobre su rostro y le rogó: «Señor, si quieres, puedes limpiarme». 13Extendiendo Jesús la mano, lo tocó, diciendo: «Quiero; sé limpio». Y al instante la lepra lo dejó. 14Y Él le mandó que no se lo dijera a nadie. «Pero anda», le dijo, «muéstrate al sacerdote y da una ofrenda por tu purificación según lo ordenó Moisés, para que les sirva de testimonio».
15Su fama se difundía cada vez más, y grandes multitudes se congregaban para oír a Jesús y ser sanadas de sus enfermedades. 16Pero con frecuencia Él se retiraba a lugares solitarios y oraba.
17Y un día que Él estaba enseñando, estaban allí sentados algunos fariseos y maestros de la ley que habían venido de todas las aldeas de Galilea y Judea, y de Jerusalén; y el poder del Señor estaba con Él para sanar. 18Y unos hombres trajeron en una camilla a un hombre que estaba paralítico; y trataban de meterlo y ponerlo delante de Jesús. 19No hallando cómo introducirlo debido a la multitud, subieron a la azotea y lo bajaron con la camilla a través del techo, poniéndolo en medio, delante de Jesús. 20Al ver Jesús la fe de ellos, dijo: «Hombre, tus pecados te son perdonados».
21Entonces los escribas y fariseos comenzaron a razonar, diciendo: «¿Quién es Este que habla blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados, sino solo Dios?». 22Conociendo Jesús sus pensamientos, les respondió: «¿Por qué razonan en sus corazones? 23¿Qué es más fácil, decir: “Tus pecados te son perdonados”, o decir: “Levántate y anda”? 24Pues para que sepan que el Hijo del Hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados», dijo al paralítico: «A ti te digo: levántate, toma tu camilla y vete a tu casa».
25Al instante se levantó delante de ellos, tomó la camilla en que había estado acostado, y se fue a su casa glorificando a Dios. 26El asombro se apoderó de todos y glorificaban a Dios; y se llenaron de temor, diciendo: «Hoy hemos visto cosas extraordinarias».
27Después de esto, Jesús salió y se fijó en un recaudador de impuestos llamado Leví, sentado en la oficina de los tributos, y le dijo: «Sígueme». 28Y él, dejándolo todo, se levantó y lo seguía.
29Leví le ofreció un gran banquete en su casa, y había un grupo grande de recaudadores de impuestos y de otros que estaban sentados a la mesa con ellos. 30Y los fariseos y sus escribas se quejaban a los discípulos de Jesús, diciendo: «¿Por qué comen y beben ustedes con los recaudadores de impuestos y con los pecadores?». 31Jesús les respondió: «Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los que están enfermos. 32No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento».
33Ellos dijeron a Jesús: «Los discípulos de Juan ayunan con frecuencia y hacen oraciones; los de los fariseos también hacen lo mismo, pero los Tuyos comen y beben». 34Entonces Jesús les dijo: «¿Acaso pueden hacer que los acompañantes del novio ayunen mientras el novio está con ellos? 35Pero vendrán días cuando el novio les será quitado, entonces ayunarán en aquellos días».
36También les dijo una parábola: «Nadie corta un pedazo de un vestido nuevo y lo pone en un vestido viejo; porque entonces romperá el nuevo, y el pedazo del nuevo no armonizará con el viejo. 37Y nadie echa vino nuevo en odres viejos, porque entonces el vino nuevo romperá los odres y se derramará, y los odres se perderán, 38sino que el vino nuevo debe echarse en odres nuevos. 39Y nadie, después de beber vino añejo, desea vino nuevo, porque dice: “El añejo es mejor” ».

Salmo 9

Para el director del coro; sobre Mut Laben. Salmo de David.
1Daré gracias al Señor con todo mi corazón;
Todas Tus maravillas contaré.
2En Ti me alegraré y me regocijaré;
Cantaré alabanzas a Tu nombre, oh Altísimo.
3¶Cuando mis enemigos retroceden,
Tropiezan y perecen delante de Ti.
4Porque Tú has mantenido mi derecho y mi causa;
Te sientas en el trono juzgando con justicia.
5Has reprendido a las naciones, has destruido al impío,
Has borrado su nombre para siempre.
6El enemigo ha llegado a su fin en desolación eterna,
Y Tú has destruido sus ciudades;
Su recuerdo ha perecido con ellas.
7¶Pero el Señor permanece para siempre;
Ha establecido Su trono para juicio,
8Y juzgará al mundo con justicia;
Con equidad ejecutará juicio sobre los pueblos.
9El Señor será también baluarte para el oprimido,
Baluarte en tiempos de angustia.
10En Ti pondrán su confianza los que conocen Tu nombre,
Porque Tú, oh Señor, no abandonas a los que te buscan.
11¶Canten alabanzas al Señor, que mora en Sión;
Proclamen entre los pueblos Sus proezas.
12Porque el que pide cuentas de la sangre derramada, se acuerda de ellos;
No olvida el clamor de los afligidos.
13Oh Señor, ten piedad de mí;
Mira mi aflicción por causa de los que me aborrecen,
Tú que me levantas de las puertas de la muerte;
14Para que yo cuente todas Tus alabanzas,
Para que en las puertas de la hija de Sión
Me regocije en Tu salvación.
15Las naciones se han hundido en el foso que hicieron;
En la red que escondieron, su propio pie quedó prendido.
16El Señor se ha dado a conocer;
Ha ejecutado juicio.
El impío es atrapado en la obra de sus propias manos. (Higaion, Selah)
17¶Los impíos volverán al Seol,
O sea, todas las naciones que se olvidan de Dios.
18Pues el necesitado no será olvidado para siempre,
Ni la esperanza de los afligidos perecerá eternamente.
19Levántate, oh Señor; no prevalezca el hombre;
Sean juzgadas las naciones delante de Ti.
20Pon temor en ellas, oh Señor;
Aprendan las naciones que no son más que hombres. (Selah)

Proverbios 30

1Palabras de Agur, hijo de Jaqué: el oráculo.
Declaración del hombre a Itiel, a Itiel y a Ucal.
2Ciertamente soy el más torpe de los hombres,
Y no tengo inteligencia humana.
3Y no he aprendido sabiduría,
Ni tengo conocimiento del Santo.
4¿Quién subió al cielo y descendió?
¿Quién recogió los vientos en Sus puños?
¿Quién envolvió las aguas en Su manto?
¿Quién estableció todos los confines de la tierra?
¿Cuál es Su nombre o el nombre de Su hijo?
Ciertamente tú lo sabes.
5¶Probada es toda palabra de Dios;
Él es escudo para los que en Él se refugian.
6No añadas a Sus palabras,
No sea que Él te reprenda y seas hallado mentiroso.
7¶Dos cosas te he pedido,
No me las niegues antes que muera:
8Aleja de mí la mentira y las palabras engañosas,
No me des pobreza ni riqueza;
Dame a comer mi porción de pan,
9No sea que me sacie y te niegue, y diga:
«¿Quién es el Señor?».
O que sea menesteroso y robe,
Y profane el nombre de mi Dios.
10¶No hables mal del esclavo ante su amo,
No sea que te acuse y seas hallado culpable.
11Hay gente que maldice a su padre,
Y no bendice a su madre.
12 Hay gente que se tiene por pura,
Pero no está limpia de su inmundicia.
13 Hay gente de ojos altivos,
Cuyos párpados se alzan en arrogancia.
14 Hay gente cuyos dientes son espadas,
Y sus muelas cuchillos,
Para devorar a los pobres de la tierra,
Y a los menesterosos de entre los hombres.
15¶La sanguijuela tiene dos hijas, que dicen: «¡Dame!», «¡Dame!».
Hay tres cosas que no se saciarán,
Y una cuarta que no dirá: «¡Basta!».
16El Seol, la matriz estéril,
La tierra que jamás se sacia de agua,
Y el fuego que nunca dice: «¡Basta!».
17Al ojo que se burla del padre
Y escarnece a la madre,
Lo sacarán los cuervos del valle,
Y lo comerán los aguiluchos.
18¶Hay tres cosas que son incomprensibles para mí,
Y una cuarta que no entiendo:
19El rastro del águila en el cielo,
El rastro de la serpiente sobre la roca,
El rastro del barco en medio del mar,
Y el rastro del hombre en la doncella.
20Así es el proceder de la mujer adúltera:
Come, se limpia la boca,
Y dice: «No he hecho nada malo».
21¶Por tres cosas tiembla la tierra,
Y por una cuarta no se puede sostener:
22Por el esclavo cuando llega a ser rey,
Por el necio cuando se sacia de pan,
23Por la mujer odiada cuando se casa,
Y por la sierva cuando suplanta a su señora.
24¶Cuatro cosas son pequeñas en la tierra,
Pero son sumamente sabias:
25Las hormigas, pueblo sin fuerza,
Que preparan su alimento en el verano;
26Los tejones, pueblo sin poder,
Que hacen su casa en la peña;
27Las langostas, que no tienen rey,
Pero todas salen en escuadrones,
28 Y el lagarto, que se puede agarrar con las manos,
Pero está en los palacios de los reyes.
29¶Hay tres cosas majestuosas en su marcha,
Y aun una cuarta de elegante caminar:
30El león, poderoso entre las fieras,
Que no retrocede ante ninguna,
31El gallo, que se pasea erguido, asimismo el macho cabrío,
Y el rey cuando tiene el ejército con él.
32¶Si has sido necio en ensalzarte,
O si has tramado el mal, pon la mano sobre tu boca;
33Porque batiendo la leche se saca mantequilla,
Y apretando la nariz sale sangre,
Y forzando la ira se producepleito.

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