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Día 310 de 365 · 6 de noviembre

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Lamentaciones 3

1Yo soy el hombre que ha visto la aflicción
A causa de la vara de Su furor.
2Él me ha llevado y me ha hecho andar
En tinieblas y no en luz.
3Ciertamente contra mí ha vuelto y revuelto
Su mano todo el día.
4Ha hecho que se consuman mi carne y mi piel,
Ha quebrado mis huesos.
5Me ha sitiado y rodeado
De amargura y de fatiga.
6En lugares tenebrosos me ha hecho morar,
Como los que han muerto hace tiempo.
7Con muro me ha cercado y no puedo salir,
Ha hecho pesadas mis cadenas.
8Aun cuando clamo y pido auxilio,
Él cierra el paso a mi oración.
9Ha cerrado mis caminos con piedra labrada,
Ha hecho tortuosos mis senderos.
10Él es para mí como oso en acecho,
Como león en lugares ocultos.
11Ha desviado mis caminos y me ha destrozado,
Me ha dejado desolado.
12Ha tensado Su arco
Y me ha puesto como blanco de la flecha.
13Hizo que penetraran en mis entrañas
Las flechas de Su aljaba.
14He venido a ser objeto de burla de todo mi pueblo,
Su canción todo el día.
15Él me ha llenado de amargura,
Me ha embriagado con ajenjo.
16Ha quebrado con guijarro mis dientes,
Ha hecho que me revuelque en el polvo.
17Y mi alma ha sido privada de la paz,
He olvidado la felicidad.
18Digo, pues: «Se me acabaron las fuerzas,
Y mi esperanza que venía del Señor».
19¶Acuérdate de mi aflicción y de mi vagar,
Del ajenjo y de la amargura.
20Ciertamente mi alma lo recuerda
Y se abate mi alma dentro de mí.
21Esto traigo a mi corazón,
Por esto tengo esperanza:
22Que las misericordias del Señor jamás terminan,
Pues nunca fallan Sus bondades;
23Son nuevas cada mañana;
¡Grande es Tu fidelidad!
24«El Señor es mi porción», dice mi alma,
«Por tanto en Él espero».
25Bueno es el Señor para los que en Él esperan,
Para el alma que lo busca.
26Bueno es esperar en silencio
La salvación del Señor.
27Bueno es para el hombre llevar
El yugo en su juventud.
28Que se siente solo y en silencio
Ya que Él se lo ha impuesto.
29Que ponga su boca en el polvo,
Quizá haya esperanza;
30Que dé la mejilla al que lo hiere;
Que se sacie de oprobios.
31Porque el Señor no rechaza para siempre,
32Antes bien, si aflige, también se compadecerá
Según Su gran misericordia.
33Porque Él no castiga por gusto
Ni aflige a los hijos de los hombres.
34Aplastar bajo los pies
A todos los prisioneros de un país,
35Privar del derecho a un hombre
En presencia del Altísimo,
36Defraudar a un hombre en su litigio:
Estas cosas no aprueba el Señor.
37¿Quién es aquel que habla y así sucede,
A menos que el Señor lo haya ordenado?
38¿No salen de la boca del Altísimo
Tanto el mal como el bien?
39¶¿Por qué ha de quejarse el ser viviente?
¡Sea valiente frente a sus pecados!
40Examinemos nuestros caminos y escudriñémoslos,
Y volvamos al Señor.
41Alcemos nuestro corazón en nuestras manos
Hacia Dios en los cielos.
42Nosotros hemos transgredido y nos hemos rebelado;
Tú no has perdonado.
43 Te has cubierto de ira y nos has perseguido;
Has matado y no has perdonado.
44Te has cubierto de una nube
Para que no pase la oración.
45Basura y escoria nos has hecho
En medio de los pueblos.
46Han abierto su boca contra nosotros
Todos nuestros enemigos.
47Nos han sobrevenido terror y foso,
Desolación y destrucción.
48Arroyos de lágrimas derraman mis ojos
A causa de la destrucción de la hija de mi pueblo.
49Mis ojos fluyen sin cesar,
Ya que no hay descanso
50Hasta que el Señor mire
Y vea desde los cielos.
51Mis ojos traen dolor a mi alma
Por todas las hijas de mi ciudad.
52Mis enemigos, sin haber causa,
Constantemente me han dado caza como a un ave.
53Silenciaron mi vida en la fosa,
Pusieron piedra sobre mí.
54Cubrieron las aguas mi cabeza,
Dije: «¡Estoy perdido!».
55Invoqué Tu nombre, oh Señor,
Desde la fosa más profunda.
56Tú oíste mi voz: «No escondas
Tu oído a mi clamor, a mi grito de auxilio».
57Te acercaste el día que te invoqué,
Dijiste: «¡No temas!».
58Tú has defendido, oh Señor, la causa de mi alma,
Tú has redimido mi vida.
59Tú has visto, oh Señor, mi opresión,
Juzga mi causa.
60Has visto toda su venganza,
Todas sus tramas contra mí.
61Has oído sus oprobios, oh Señor,
Todas sus tramas contra mí;
62Los labios de mis agresores y sus murmuraciones
Están contra mí todo el día.
63Se sienten o se levanten, míralos,
Yo soy el objeto de su canción.
64Tú les darás su pago, oh Señor,
Conforme a la obra de sus manos.
65Les darás dureza de corazón,
Tu maldición será sobre ellos.
66Los perseguirás con ira y los destruirás
De debajo de los cielos del Señor.

Lamentaciones 4

1¡Cómo se ha ennegrecido el oro,
Cómo ha cambiado el oro puro!
Esparcidas están las piedras sagradas
Por las esquinas de todas las calles.
2Los hijos preciados de Sión,
Que valían su peso en oro puro,
¡Cómo son tenidos por vasijas de barro,
Obra de manos de alfarero!
3Aun los chacales dan las ubres,
Dan de mamar a sus crías;
Pero la hija de mi pueblo se ha vuelto cruel
Como los avestruces en el desierto.
4La lengua del niño de pecho se le pega
Al paladar por la sed;
Los pequeños piden pan,
Pero no hay quien se lo reparta.
5Los que comían manjares
Andan desolados por las calles;
Los que se criaron entre púrpura
Abrazan cenizales.
6La iniquidad de la hija de mi pueblo
Es mayor que el pecado de Sodoma,
Que fue derribada en un instante
Sin que manos actuaran contra ella.
7Sus consagrados eran más puros que la nieve,
Más blancos que la leche,
Más rojizos de cuerpo que los corales,
Como el zafiro era su apariencia.
8Más negro que el hollín es su aspecto,
No se les reconoce por las calles;
Se les ha pegado la piel a sus huesos,
Se ha marchitado, se ha vuelto como madera.
9Más dichosos son los que mueren a espada
Que los que mueren de hambre,
Que se consumen, extenuados,
Por falta de los frutos de los campos.
10Las manos de mujeres compasivas
Cocieron a sus propios hijos,
Que les sirvieron de comida
A causa de la destrucción de la hija de mi pueblo.
11El Señor ha cumplido Su furor,
Ha derramado Su ardiente ira.
Ha prendido un fuego en Sión
Que ha consumido sus cimientos.
12No creyeron los reyes de la tierra,
Ni ninguno de los habitantes del mundo,
Que el adversario y el enemigo pudieran entrar
Por las puertas de Jerusalén.
13Pero a causa de los pecados de sus profetas
Y de las iniquidades de sus sacerdotes,
Quienes derramaron en medio de ella
La sangre de los justos,
14Vagaron ciegos por las calles,
Manchados de sangre,
Sin que nadie pudiera tocar sus vestidos.
15«¡Apártense! ¡Inmundos!», gritaban de sí mismos.
«¡Apártense, apártense, no nos toquen!».
Así que huyeron y vagaron.
Entre las naciones se decía:
«No seguirán residiendo entre nosotros».
16La presencia del Señor los dispersó,
No volverá a mirarlos.
Ellos no honraron a los sacerdotes,
Ni tuvieron piedad de los ancianos.
17Aun nuestros ojos desfallecían,
Buscar ayuda fue inútil.
En nuestro velar hemos aguardado
A una nación incapaz de salvar.
18Ponían trampas a nuestros pasos
Para que no anduviéramos por nuestras calles.
Nuestro fin se acercaba,
Se cumplieron nuestros días,
Porque había llegado nuestro fin.
19Nuestros perseguidores eran más veloces
Que las águilas del cielo;
Por los montes nos persiguieron,
En el desierto nos tendieron emboscadas.
20El aliento de nuestras vidas, el ungido del Señor,
Fue atrapado en sus fosos,
Aquel de quien habíamos dicho: «A su sombra
Viviremos entre las naciones».
21Regocíjate y alégrate, hija de Edom,
La que habitas en la tierra de Uz;
También a ti llegará la copa,
Te embriagarás y te desnudarás.
22Se ha completado el castigo de tu iniquidad, hija de Sión:
No volverá Él a desterrarte;
Mas castigará tu iniquidad, hija de Edom;
Pondrá al descubierto tus pecados.

Lucas 6

1Aconteció que un día de reposo Jesús pasaba por unos sembrados, y Sus discípulos arrancaban y comían espigas, restregándolas entre las manos. 2Pero algunos de los fariseos dijeron: «¿Por qué hacen ustedes lo que no es lícito en el día de reposo?».
3Jesús les respondió: «¿Ni siquiera han leído lo que hizo David cuando tuvo hambre, él y los que con él estaban; 4cómo entró en la casa de Dios, y tomó y comió los panes consagrados, que a nadie es lícito comer sino solo a los sacerdotes, y dio también a sus compañeros?». 5También les decía: «El Hijo del Hombre es Señor del día de reposo».
6Y en otro día de reposo entró en la sinagoga y enseñaba; y había allí un hombre que tenía la mano derecha seca. 7A fin de encontrar de qué acusar a Jesús, los escribas y los fariseos lo observaban atentamente para ver si sanaba en el día de reposo. 8Pero Él sabía lo que ellos estaban pensando, y dijo al hombre que tenía la mano seca: «Levántate y ven acá». Y él, levantándose, se puso de pie.
9Entonces Jesús les dijo: «Yo les pregunto: ¿es lícito en el día de reposo hacer bien o hacer mal; salvar una vida o destruirla?».
10Después de mirarlos a todos a su alrededor, dijo al hombre: «Extiende tu mano». Y él lo hizo así, y su mano quedó sana. 11Pero ellos se llenaron de ira, y discutían entre sí qué podrían hacerle a Jesús.
12En esos días Jesús se fue al monte a orar, y pasó toda la noche en oración a Dios. 13Cuando se hizo de día, llamó a Sus discípulos y escogió doce de ellos, a los que también dio el nombre de apóstoles: 14Simón, a quien también llamó Pedro, y Andrés su hermano; Jacobo y Juan; Felipe y Bartolomé; 15Mateo y Tomás; Jacobo, hijo de Alfeo, y Simón, al que llamaban el Zelote; 16Judas, hijo de Jacobo, y Judas Iscariote, que llegó a ser traidor.
17Descendió con ellos y se detuvo en un lugar llano. Había una gran multitud de Sus discípulos y una gran muchedumbre del pueblo, de toda Judea, de Jerusalén y de la región costera de Tiro y Sidón, 18que habían ido para oír a Jesús y para ser sanados de sus enfermedades; y los que eran atormentados por espíritus inmundos eran curados. 19Y toda la multitud procuraba tocar a Jesús, porque de Él salía un poder que a todos sanaba.
20Volviendo su vista hacia Sus discípulos, decía: «Bienaventurados ustedes los pobres, porque de ustedes es el reino de Dios.
21 »Bienaventurados ustedes los que ahora tienen hambre, porque serán saciados. Bienaventurados ustedes los que ahora lloran, porque reirán.
22 »Bienaventurados son ustedes cuando los hombres los aborrecen, cuando los apartan de sí, los colman de insultos y desechan su nombre como malo, por causa del Hijo del Hombre. 23Alégrense en ese día y salten de gozo, porque su recompensa es grande en el cielo, pues sus padres trataban de la misma manera a los profetas.
24 »Pero ¡ay de ustedes los ricos! Porque ya están recibiendo todo su consuelo.
25 »¡Ay de ustedes, los que ahora están saciados ! Porque tendrán hambre. ¡Ay de ustedes, los que ahora ríen! Porque se lamentarán y llorarán.
26 »¡Ay de ustedes, cuando todos los hombres hablen bien de ustedes! Porque de la misma manera trataban sus padres a los falsos profetas.
27 »Pero a ustedes los que oyen, les digo: amen a sus enemigos; hagan bien a los que los aborrecen; 28bendigan a los que los maldicen; oren por los que los insultan. 29Al que te hiera en la mejilla, preséntale también la otra; y al que te quite la capa, no le niegues tampoco la túnica. 30A todo el que te pida, dale, y al que te quite lo que es tuyo, no se lo reclames.
31 »Y así como quieran que los hombres les hagan a ustedes, hagan con ellos de la misma manera. 32Si aman a los que los aman, ¿qué mérito tienen? Porque también los pecadores aman a los que los aman. 33Si hacen bien a los que les hacen bien, ¿qué mérito tienen? Porque también los pecadores hacen lo mismo. 34Si prestan a aquellos de quienes esperan recibir, ¿qué mérito tienen? También los pecadores prestan a los pecadores para recibir de ellos la misma cantidad.
35 »Antes bien, amen a sus enemigos, y hagan bien, y presten no esperando nada a cambio , y su recompensa será grande, y serán hijos del Altísimo; porque Él es bondadoso para con los ingratos y perversos. 36Sean ustedes misericordiosos, así como su Padre es misericordioso.
37 »No juzguen, y no serán juzgados; no condenen, y no serán condenados; perdonen , y serán perdonados. 38Den, y les será dado; medida buena, apretada, remecida y rebosante, vaciarán en sus regazos. Porque con la medida con que midan, se les volverá a medir».
39Les dijo también una parábola: «¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán ambos en un hoyo? 40Un discípulo no está por encima de su maestro; pero todo discípulo, después de que se ha preparado bien, será como su maestro. 41¿Y por qué miras la mota que está en el ojo de tu hermano, y no te das cuenta de la viga que está en tu propio ojo? 42¿O cómo puedes decir a tu hermano: “Hermano, déjame sacarte la mota que está en tu ojo”, cuando tú mismo no ves la viga que está en tu ojo? ¡Hipócrita! Saca primero la viga de tu ojo y entonces verás con claridad para sacar la mota que está en el ojo de tu hermano.
43 »Porque no hay árbol bueno que produzca fruto malo, ni a la inversa , árbol malo que produzca fruto bueno. 44Pues cada árbol por su fruto se conoce. Porque los hombres no recogen higos de los espinos, ni vendimian uvas de una zarza. 45El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo que es bueno; y el hombre malo, del mal tesoro saca lo que es malo; porque de la abundancia del corazón habla su boca.
46 »¿Por qué ustedes me llaman: “Señor, Señor”, y no hacen lo que Yo digo? 47Todo el que viene a Mí y oye Mis palabras y las pone en práctica, les mostraré a quién es semejante: 48es semejante a un hombre que al edificar una casa, cavó hondo y echó cimiento sobre la roca; y cuando vino una inundación, el torrente dio con fuerza contra aquella casa, pero no pudo moverla porque había sido bien construida. 49Pero el que ha oído y no ha hecho nada, es semejante a un hombre que edificó una casa sobre tierra, sin echarcimiento; y el torrente dio con fuerza contra ella y al instante se desplomó, y fue grande la ruina de aquella casa».

Salmo 10

1¿Por qué, oh Señor, te mantienes alejado,
Y te escondes en tiempos de tribulación?
2Con arrogancia el impío acosa al afligido;
¡Que sea atrapado en las trampas que ha preparado!
3¶Porque del deseo de su corazón se gloría el impío,
Y el codicioso maldice y desprecia al Señor.
4El impío, en la arrogancia de su rostro, no busca a Dios.
Todo su pensamiento es: «No hay Dios».
5¶Sus caminos prosperan en todo tiempo;
Tus juicios, oh Dios, están en lo alto, lejos de su vista;
A todos sus adversarios los desprecia.
6Dice en su corazón: «No hay quien me mueva;
Por todas las generaciones no sufriré adversidad».
7Llena está su boca de blasfemia, engaño y opresión;
Bajo su lengua hay malicia e iniquidad.
8Se sienta al acecho en las aldeas,
En los escondrijos mata al inocente;
Sus ojos espían al desvalido.
9Acecha en el escondrijo como león en su guarida;
Acecha para atrapar al afligido,
Y atrapa al afligido arrastrándolo a su red.
10Se agazapa, se encoge,
Y los desdichados caen en sus garras.
11El impío dice en su corazón: «Dios se ha olvidado;
Ha escondido Su rostro; nunca verá nada».
12¶Levántate, oh Señor; alza, oh Dios, Tu mano.
No te olvides de los pobres.
13¿Por qué ha despreciado el impío a Dios?
Ha dicho en su corazón: «Tú no le pedirás cuentas».
14lo has visto, porque has contemplado la malicia y el maltrato, para hacer justicia con Tu mano.
A Ti se acoge el desvalido;
Tú has sido amparo del huérfano.
15Quiébrale el brazo al impío y al malvado;
Persigue su maldad hasta que desaparezca.
16¶El Señor es Rey eternamente y para siempre;
Las naciones han perecido de Su tierra.
17Oh Señor, Tú has oído el deseo de los humildes;
Tú fortalecerás su corazón e inclinarás Tu oído
18Para hacer justicia al huérfano y al afligido;
Para que no vuelva a causar terror el hombre que es de la tierra.

Proverbios 31

1Palabras del rey Lemuel, oráculo que le enseñó su madre.
2¶¿Qué, hijo mío?
¿Y qué, hijo de mis entrañas?
¿Y qué, hijo de mis votos?
3No des tu vigor a las mujeres,
Ni tus caminos a lo que destruye a los reyes.
4No es para los reyes, oh Lemuel,
No es para los reyes beber vino,
Ni para los gobernantes desear bebida fuerte;
5No sea que beban y olviden lo que se ha decretado,
Y perviertan los derechos de todos los afligidos.
6Denle bebida fuerte al que está pereciendo,
Y vino a los amargados de alma.
7Que beba y se olvide de su pobreza,
Y no recuerde más su aflicción.
8Abre tu boca por los mudos,
Por los derechos de todos los desdichados.
9Abre tu boca, juzga con justicia,
Y defiende los derechos del afligido y del necesitado.
10¶Mujer hacendosa, ¿quién la hallará?
Su valor supera en mucho al de las joyas.
11En ella confía el corazón de su marido,
Y no carecerá de ganancias.
12Ella le trae bien y no mal
Todos los días de su vida.
13Busca lana y lino,
Y con agrado trabaja con sus manos.
14Es como las naves de mercader,
Trae su alimento de lejos.
15También se levanta cuando aún es de noche,
Y da alimento a los de su casa
Y tarea a sus doncellas.
16Evalúa un campo y lo compra;
Con sus ganancias planta una viña.
17Ella se ciñe de fuerza
Y fortalece sus brazos.
18Nota que su ganancia es buena,
No se apaga de noche su lámpara.
19Extiende sus manos a la rueca,
Y sus manos toman el huso.
20Extiende su mano al pobre,
Y alarga sus manos al necesitado.
21No tiene temor de la nieve por los de su casa,
Porque todos los de su casa llevan ropa escarlata.
22Se hace mantos para sí;
Su ropa es de lino fino y de púrpura.
23Su marido es conocido en las puertas de la ciudad,
Cuando se sienta con los ancianos de la tierra.
24Hace telas de lino y las vende,
Y provee cinturones a los mercaderes.
25Fuerza y dignidad son su vestidura,
Y sonríe al futuro.
26Abre su boca con sabiduría,
Y hay enseñanza de bondad en su lengua.
27Ella vigila la marcha de su casa,
Y no come el pan de la ociosidad.
28Sus hijos se levantan y la llaman bienaventurada,
También su marido, y la alaba diciendo:
29«Muchas mujeres han obrado con nobleza,
Pero tú las superas a todas».
30Engañosa es la gracia y vana la belleza,
Pero la mujer que teme al Señor, esa será alabada.
31Denle el fruto de sus manos,
Y que sus obras la alaben en las puertas de la ciudad.

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