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Día 313 de 365 · 9 de noviembre

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Ezequiel 4

1»Y tú, hijo de hombre, toma una tableta de barro, ponla delante de ti y graba en ella una ciudad, Jerusalén. 2Entonces pon sitio contra ella: edifica un muro de asedio contra ella, echa un terraplén contra ella, pon campamentos delante de ella, y coloca contra ella arietes alrededor. 3Después toma una sartén de hierro y colócala como un muro de hierro entre ti y la ciudad, dirige tu rostro hacia ella y quedará bajo sitio: tú la sitiarás. Esta es una señal para la casa de Israel.
4»Y tú acuéstate sobre el lado izquierdo, y pon sobre él la iniquidad de la casa de Israel; por el número de días que estés acostado sobre él, llevarás su iniquidad. 5Porque Yo te he asignado un número de días igual a los años de su iniquidad, 390 días. Tú cargarás, pues, con la iniquidad de la casa de Israel. 6Cuando los hayas cumplido, te acostarás por segunda vez, pero sobre el lado derecho, y llevarás la iniquidad de la casa de Judá. Te la he asignado por cuarenta días, un día por cada año. 7Entonces dirigirás tu rostro y tu brazo desnudo hacia el sitio de Jerusalén, y profetizarás contra ella. 8Te ataré con cuerdas para que no puedas volverte de un lado a otro, hasta que hayas cumplido los días de tu sitio.
9»En cuanto a ti, toma trigo, cebada, habas, lentejas, millo y centeno; ponlos en una vasija y hazte pan con ellos; conforme al número de días que estés acostado sobre tu lado, 390 días, lo comerás. 10El alimento que comas será de 20 siclos (228 gramos) de peso por día; lo comerás de tiempo en tiempo. 11Beberás el agua por medida: la sexta parte de un hin (medio litro); la beberás de tiempo en tiempo. 12Comerás torta de cebada, habiéndola cocido sobre excrementos humanos a la vista de ellos».
13Entonces el Señor dijo: «Así comerán los israelitas su pan inmundo entre las naciones donde los arrojaré». 14Pero yo dije: «¡Ah, Señor Dios! Nunca me he contaminado; porque desde mi juventud hasta ahora nunca he comido animal muerto o despedazado, ni jamás ha entrado en mi boca carne inmunda». 15Entonces Él me dijo: «Mira, te concedo que prepares tu pan sobre estiércol de vaca en lugar de sobre excremento humano». 16Me dijo además: «Hijo de hombre, voy a romper la provisión de pan en Jerusalén, y comerán el pan por peso y con angustia, y beberán el agua por medida y con terror, 17para que al escasear el pan y el agua, se aterren unos a otros y se consuman en su iniquidad.

Ezequiel 5

1»Y tú, hijo de hombre, toma una espada afilada; tómala y hazla pasar sobre tu cabeza y sobre tu barba como navaja de barbero. Toma luego una balanza y divide el pelo cortado. 2Una tercera parte del pelo lo quemarás a fuego en medio de la ciudad cuando terminen los días del sitio. Tomarás otra tercera parte y golpearás con la espada alrededor de la ciudad; y la otra tercera parte la esparcirás al viento. Entonces Yo desenvainaré la espada detrás de ellos. 3Toma también de allí unos pocos de los pelos y átalos en la orla de tu manto. 4Toma otra vez algunos de ellos, échalos en medio del fuego, y quémalos en el fuego. De ahí saldrá el fuego hacia toda la casa de Israel. 5Así dice el Señor Dios: “Esta es Jerusalén. Yo la coloqué en el centro de las naciones y de los territorios a su alrededor. 6Pero ella se ha rebelado contra Mis ordenanzas con más impiedad que las naciones, y contra Mis estatutos más que los territorios alrededor de ella; porque ha desechado Mis ordenanzas y no han andado en Mis estatutos”.
7»Por tanto, así dice el Señor Dios: “Porque la rebelión de ustedes es mayor que la de las naciones que los rodean, y no han andado en Mis estatutos ni observado Mis ordenanzas, ni tampoco han observado las ordenanzas de las naciones que los rodean”, 8por eso, así dice el Señor Dios: “Yo, Yo mismo, estoy contra ti, y ejecutaré juicios en medio de ti a la vista de las naciones. 9Y haré en ti lo que no he hecho y lo que no volveré a hacer jamás a causa de todas tus abominaciones. 10Por eso, los padres se comerán a sus hijos en medio de ti, y los hijos se comerán a sus padres; ejecutaré juicios en ti y esparciré cuantos te queden a todos los vientos.
11”Por tanto, ¡vivo Yo!”, declara el Señor Dios, “que por haber profanado Mi santuario con todos tus ídolos detestables y con todas tus abominaciones, Yo me retiraré, Mi ojo no tendrá piedad y tampoco perdonaré. 12Una tercera parte de ti morirá de pestilencia o será consumida por el hambre en medio de ti, otra tercera parte caerá a espada alrededor de ti y la otra tercera parte esparciré a todos los vientos, y Yo desenvainaré la espada tras ellos.
13”Se desahogará Mi ira, saciaré en ellos Mi furor y me vengaré; entonces sabrán que Yo, el Señor, he hablado en Mi celo cuando desahogue Mi furor contra ellos. 14Te haré desolación y oprobio entre las naciones que te rodean, a los ojos de todos los que pasen. 15Y serás oprobio, escarnio, advertencia y objeto de horror para las naciones que te rodean, cuando haga juicios contra ti con ira, furor y terribles reprensiones. Yo, el Señor, he hablado. 16Cuando envíe contra ellos las saetas mortíferas del hambre para destrucción, las cuales enviaré para destruirlos, entonces también aumentaré el hambre sobre ustedes y romperé la provisión de pan. 17Enviaré también sobre ti hambre y fieras, y te dejarán sin hijos. La plaga y la sangre pasarán por ti, y mandaré sobre ti la espada. Yo, el Señor, he hablado” ».

Lucas 9

1Reuniendo Jesús a los doce discípulos, les dio poder y autoridad sobre todos los demonios y para sanar enfermedades. 2Los envió a proclamar el reino de Dios y a sanar a los enfermos. 3Y les dijo: «No tomen nada para el camino, ni bordón, ni alforja, ni pan, ni dinero; ni tengan dos túnicas cada uno. 4En cualquier casa donde entren, quédense allí, y sea de allí su salida. 5En cuanto a los que no los reciban, al salir de esa ciudad, sacudan el polvo de sus pies en testimonio contra ellos».
6Entonces salieron, e iban por las aldeas anunciando el evangelio y sanando por todas partes.
7Herodes el tetrarca se enteró de todo lo que estaba pasando, y estaba muy perplejo, porque algunos decían que Juan había resucitado de entre los muertos, 8otros, que Elías había aparecido, y otros, que algún profeta de los antiguos había resucitado. 9Entonces Herodes dijo: «A Juan yo lo hice decapitar; ¿quién es, entonces, Este de quien oigo tales cosas?». Y procuraba ver a Jesús.
10Cuando los apóstoles regresaron, dieron cuenta a Jesús de todo lo que habían hecho. Y tomándolos con Él, se retiró aparte a una ciudad llamada Betsaida. 11Pero cuando la gente se dio cuenta de esto, lo siguió; y Jesús, recibiéndolos, les hablaba del reino de Dios, y sanaba a los que tenían necesidad de ser curados.
12El día comenzaba a declinar, y acercándose los doce, le dijeron: «Despide a la multitud, para que vayan a las aldeas y campos de los alrededores, y hallen alojamiento y consigan alimentos; porque aquí estamos en un lugar desierto». 13«Denles ustedes de comer», les dijo Jesús. Y ellos dijeron: «No tenemos más que cinco panes y dos peces, a no ser que vayamos y compremos alimentos para toda esta gente». 14Porque había como 5,000 hombres. Y Jesús dijo a Sus discípulos: «Hagan que se recuesten en grupos como de cincuenta cada uno».
15Así lo hicieron, haciendo recostar a todos. 16Tomando Él los cinco panes y los dos peces, levantó los ojos al cielo, los bendijo, los partió y los iba dando a los discípulos para que los sirvieran a la gente. 17Todos comieron y se saciaron; y se recogieron de lo que les sobró de los pedazos: doce cestas llenas.
18Estando Jesús orando a solas, estaban con Él los discípulos, y les preguntó: «¿Quién dicen las multitudes que soy Yo?». 19Entonces ellos respondieron: «Unos, Juan el Bautista, otros, Elías, y otros, que algún profeta de los antiguos ha resucitado». 20«Y ustedes ¿quién dicen que soy Yo?» les preguntó. Y Pedro le respondió: «El Cristo de Dios».
21Pero Jesús, advirtiéndoles severamente, les mandó que no dijeran esto a nadie, 22y les dijo: «El Hijo del Hombre debe padecer mucho, y ser rechazado por los ancianos, los principales sacerdotes y los escribas, y ser muerto, y resucitar al tercer día».
23Y a todos les decía: «Si alguien quiere seguirme, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y sígame. 24Porque el que quiera salvar su vida, la perderá, pero el que pierda su vida por causa de Mí, ese la salvará. 25Pues, ¿de qué le sirve a un hombre haber ganado el mundo entero, si él mismo se destruye o se pierde? 26Porque el que se avergüence de Mí y de Mis palabras, de este se avergonzará el Hijo del Hombre cuando venga en Su gloria, y la del Padre, y la de los santos ángeles. 27Pero en verdad les digo que hay algunos de los que están aquí, que no probarán la muerte hasta que vean el reino de Dios».
28Y como ocho días después de estas palabras, Jesús tomó con Él a Pedro, a Juan y a Jacobo, y subió al monte a orar. 29Mientras oraba, la apariencia de Su rostro se hizo otra, y Su ropa se hizo blanca y resplandeciente.
30Y de repente dos hombres hablaban con Él, los cuales eran Moisés y Elías, 31quienes apareciendo en gloria, hablaban de la partida de Jesús que Él estaba a punto de cumplir en Jerusalén. 32Pedro y sus compañeros habían sido vencidos por el sueño, pero cuando estuvieron bien despiertos, vieron la gloria de Jesús y a los dos varones que estaban con Él. 33Y al retirarse ellos de Él, Pedro dijo a Jesús: «Maestro, es bueno quedarnos aquí; hagamos tres enramadas, una para Ti, otra para Moisés y otra para Elías». Pero Pedro no sabía lo que decía.
34Entonces, mientras él decía esto, se formó una nube que los cubrió; y tuvieron temor al entrar en la nube. 35Y una voz salió de la nube, que decía: «Este es Mi Hijo, Mi Escogido; oigan a Él». 36Después de oírse la voz, Jesús quedó solo. Ellos mantuvieron esto en secreto; por aquellos días no contaron nada de lo que habían visto.
37Y aconteció que al día siguiente, cuando bajaron del monte, una gran multitud le salió al encuentro. 38En ese momento un hombre de la multitud gritó: «Maestro, te suplico que veas a mi hijo, pues es el único que tengo, 39y sucede que un espíritu se apodera de él, y de repente da gritos, y el espíritu hace que caiga con convulsiones, echando espumarajos; y cuando lo estropea, a duras penas se aparta de él. 40Entonces rogué a Tus discípulos que echaran fuera ese espíritu, y no pudieron».
41Jesús les respondió: «¡Oh generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo he de estar con ustedes y he de soportarlos? Trae acá a tu hijo». 42Cuando este se acercaba, el demonio lo derribó y lo hizo caer con convulsiones. Pero Jesús reprendió al espíritu inmundo, y sanó al muchacho y se lo devolvió a su padre. 43Y todos estaban admirados de la grandeza de Dios.
Mientras todos se maravillaban de todas las cosas que hacía, Jesús dijo a Sus discípulos: 44«Hagan que estas palabras penetren en sus oídos, porque el Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de los hombres». 45Pero ellos no entendían estas palabras, y les estaban veladas para que no las comprendieran; y temían preguntar a Jesús acerca de ellas.
46Y comenzó una discusión entre ellos, sobre quién de ellos sería el mayor. 47Entonces Jesús, sabiendo lo que pensaban en sus corazones, tomó a un niño y lo puso a Su lado. 48«El que reciba a este niño en Mi nombre», les dijo, «me recibe a Mí; y el que me recibe a Mí, recibe a Aquel que me envió; porque el que es más pequeño entre todos ustedes, ese es grande».
49Y Juan respondió: «Maestro, vimos a uno echando fuera demonios en Tu nombre, y tratamos de impedírselo porque no anda con nosotros». 50Pero Jesús le dijo: «No se lo impidan; porque el que no está contra ustedes, está con ustedes».
51Sucedió que cuando se cumplían los días de Su ascensión, Jesús, con determinación, afirmó Su rostro para ir a Jerusalén. 52Y envió mensajeros delante de Él; y ellos fueron y entraron en una aldea de los samaritanos para hacer los preparativos para Él. 53Pero no lo recibieron, porque sabían que había determinado ir a Jerusalén.
54Al ver esto, Sus discípulos Jacobo y Juan, dijeron: «Señor, ¿quieres que mandemos que descienda fuego del cielo y los consuma?». 55Pero Él, volviéndose, los reprendió, y dijo: «Ustedes no saben de qué espíritu son, 56porque el Hijo del Hombre no ha venido para destruir las almas de los hombres, sino para salvarlas». Y se fueron a otra aldea.
57Mientras ellos iban por el camino, uno le dijo: «Te seguiré adondequiera que vayas». 58«Las zorras tienen madrigueras y las aves del cielo nidos», le dijo Jesús, «pero el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar la cabeza».
59A otro le dijo: «Ven tras Mí». Pero él contestó: «Señor, permíteme que vaya primero a enterrar a mi padre». 60«Deja que los muertos entierren a sus muertos», le respondió Jesús; «pero tú, ve y anuncia por todas partes el reino de Dios».
61También otro dijo: «Te seguiré, Señor; pero primero permíteme despedirme de los de mi casa». 62Pero Jesús le dijo: «Nadie, que después de poner la mano en el arado mira atrás, es apto para el reino de Dios».

Salmo 13

Para el director del coro. Salmo de David.
1¿Hasta cuándo, oh Señor? ¿Me olvidarás para siempre?
¿Hasta cuándo esconderás de mí Tu rostro?
2¿Hasta cuándo he de tomar consejo en mi alma,
Teniendo pesar en mi corazón todo el día?
¿Hasta cuándo mi enemigo se enaltecerá sobre mí?
3¶Considera y respóndeme, oh Señor, Dios mío;
Ilumina mis ojos, no sea que duerma el sueño de la muerte;
4No sea que mi enemigo diga: «Lo he vencido»;
Y mis adversarios se regocijen cuando yo sea sacudido.
5¶Pero yo en Tu misericordia he confiado;
Mi corazón se regocijará en Tu salvación.
6Cantaré al Señor,
Porque me ha llenado de bienes.

Proverbios 3

1Hijo mío, no te olvides de mi enseñanza,
Y tu corazón guarde mis mandamientos,
2Porque largura de días y años de vida
Y paz te añadirán.
3La misericordia y la verdad nunca se aparten de ti;
Átalas a tu cuello,
Escríbelas en la tabla de tu corazón.
4Así hallarás favor y buena estimación
Ante los ojos de Dios y de los hombres.
5Confía en el Señor con todo tu corazón,
Y no te apoyes en tu propio entendimiento.
6Reconócelo en todos tus caminos,
Y Él enderezará tus sendas.
7No seas sabio a tus propios ojos;
Teme al Señor y apártate del mal.
8Será medicina para tu cuerpo
Y alivio para tus huesos.
9Honra al Señor con tus bienes
Y con las primicias de todos tus frutos;
10Entonces tus graneros se llenarán con abundancia
Y tus lagares rebosarán de vino nuevo.
11Hijo mío, no rechaces la disciplina del Señor
Ni aborrezcas Su reprensión,
12Porque el Señor ama a quien reprende,
Como un padre al hijo en quien se deleita.
13¶Bienaventurado el hombre que halla sabiduría
Y el hombre que adquiere entendimiento.
14Porque su ganancia es mejor que la ganancia de la plata,
Y sus utilidades mejor que el oro fino.
15Es más preciosa que las joyas,
Y nada de lo que deseas se compara con ella.
16Larga vida hay en su mano derecha,
En su mano izquierda, riquezas y honra.
17Sus caminos son caminos agradables
Y todas sus sendas, paz.
18Es árbol de vida para los que echan mano de ella,
Y felices son los que la abrazan.
19Con sabiduría fundó el Señor la tierra,
Con inteligencia estableció los cielos.
20Con su conocimiento los abismos fueron divididos
Y los cielos destilan rocío.
21Hijo mío, no se aparten estas cosas de tus ojos;
Guarda la prudencia y la discreción,
22Y serán vida para tu alma
Y adorno para tu cuello.
23Entonces andarás con seguridad por tu camino,
Y tu pie no tropezará.
24Cuando te acuestes no tendrás temor,
Sí, te acostarás y será dulce tu sueño.
25No temerás el pavor repentino,
Ni el ataque de los impíos cuando venga,
26Porque el Señor será tu confianza,
Y guardará tu pie de ser apresado.
27¶No niegues el bien a quien se le debe,
Cuando esté en tu mano el hacerlo.
28No digas a tu prójimo: «Ve y vuelve,
Y mañana te lo daré»,
Cuando lo tienes contigo.
29No trames el mal contra tu prójimo,
Mientras habite seguro a tu lado.
30No pelees con nadie sin motivo,
Si no te ha hecho daño.
31No envidies al hombre violento,
Y no escojas ninguno de sus caminos.
32Porque el hombre perverso es abominación para el Señor;
Pero Él es amigo íntimo de los rectos.
33La maldición del Señor está sobre la casa del impío,
Pero Él bendice la morada del justo.
34Ciertamente Él se burla de los burladores,
Pero da gracia a los afligidos.
35El sabio heredará honra,
Pero los necios hacen resaltar sudeshonra.

Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © The Lockman Foundation — cortesía de YouVersion.

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