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Día 315 de 365 · 11 de noviembre

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Ezequiel 8

1Y sucedió en el año sexto, en el día cinco del mes sexto, que estando yo sentado en mi casa con los ancianos de Judá sentados ante mí, bajó allí sobre mí la mano del Señor Dios. 2Entonces miré, y vi una figura con aspecto de hombre; desde Sus lomos para abajo tenía la apariencia de fuego, y desde Sus lomos para arriba tenía la apariencia de un resplandor, como el aspecto de un metal refulgente. 3Y extendió algo semejante a una mano y me tomó por un mechón de mi cabello; y el Espíritu me alzó entre la tierra y el cielo y me llevó a Jerusalén en visiones de Dios, a la entrada de la puerta que mira al norte del atrio interior, allí donde estaba la morada del ídolo de los celos que provoca los celos. 4La gloria del Dios de Israel estaba allí, como la visión que yo había visto en la llanura.
5Y Dios me dijo: «Hijo de hombre, levanta ahora tus ojos hacia el norte». Y levanté mis ojos hacia el norte, y vi que al norte de la puerta del altar, a la entrada estaba el ídolo de los celos. 6Entonces Él me dijo: «Hijo de hombre, ¿ves lo que hacen estos, las grandes abominaciones que comete aquí la casa de Israel para que me aleje de Mi santuario? Pero aún verás mayores abominaciones».
7Después me llevó a la entrada del atrio, y miré que había un agujero en el muro. 8Y me dijo: «Hijo de hombre, cava ahora en el muro». Cavé en el muro, y tenía una entrada. 9Entonces me dijo: «Entra y mira las perversas abominaciones que ellos están cometiendo aquí». 10Entré, pues, y miré; y vi grabados en el muro, por todo alrededor, toda clase de reptiles y bestias y cosas abominables, y todos los ídolos de la casa de Israel. 11Frente a ellos estaban de pie setenta hombres de los ancianos de la casa de Israel. También Jaazanías, hijo de Safán, estaba de pie entre ellos, cada uno con su incensario en la mano; y el aroma de la nube de incienso subía.
12Entonces Dios me dijo: «Hijo de hombre, ¿has visto lo que hacen en la oscuridad los ancianos de la casa de Israel, cada uno en su cámara de imágenes grabadas? Porque ellos dicen: “El Señor no nos ve; el Señor ha abandonado la tierra” ». 13También me dijo: «Aún verás que cometen mayores abominaciones».
14Entonces me llevó a la entrada de la puerta de la casa del Señor que está al norte; y había allí mujeres sentadas llorando a Tamuz. 15Y me dijo: «¿Has visto, hijo de hombre? Aún verás mayores abominaciones que estas».
16Entonces me llevó al atrio interior de la casa del Señor. Y a la entrada del templo del Señor, entre el pórtico y el altar, había unos veinticinco hombres de espaldas al templo del Señor y de cara al oriente, y se postraban hacia el oriente, hacia el sol. 17Y Él me dijo: «¿Has visto, hijo de hombre? ¿Le parece poco a la casa de Judá cometer las abominaciones que aquí han cometido, que han llenado la tierra de violencia y me han provocado repetidas veces? Porque se llevan el ramo a la nariz. 18Por tanto, ciertamente Yo obraré con furor. Mi ojo no tendrá piedad, ni Yo perdonaré; y aunque griten a Mis oídos con gran voz, no los escucharé».

Ezequiel 9

1Entonces Dios gritó a mis oídos con gran voz, diciendo: «Acérquense, verdugos de la ciudad, cada uno con su arma destructora en la mano». 2Y seis hombres venían por el camino de la puerta superior que mira al norte, cada uno con su arma destructora en la mano. Entre ellos había un hombre vestido de lino con una cartera de escribano a la cintura. Y entraron y se pusieron junto al altar de bronce.
3Entonces la gloria del Dios de Israel subió del querubín sobre el cual había estado, hacia el umbral del templo. Y llamó al hombre vestido de lino que tenía la cartera de escribano a la cintura; 4y el Señor le dijo: «Pasa por en medio de la ciudad, por en medio de Jerusalén, y pon una señal en la frente de los hombres que gimen y se lamentan por todas las abominaciones que se cometen en medio de ella». 5Pero oí que a los otros les dijo: «Pasen por la ciudad en pos de él y hieran; no tenga piedad su ojo, no perdonen. 6Maten a viejos, jóvenes, doncellas, niños y mujeres hasta el exterminio, pero no toquen a ninguno sobre quien esté la señal. Comenzarán por Mi santuario». Comenzaron, pues, con los ancianos que estaban delante del templo. 7Entonces les dijo: «Profanen el templo y llenen de muertos los atrios. ¡Salgan!». Y salieron, y fueron hiriendo por la ciudad. 8Mientras herían, quedé yo solo y caí sobre mi rostro; clamé y dije: «¡Ah, Señor Dios! ¿Destruirás a todo el remanente de Israel derramando Tu furor sobre Jerusalén?».
9Entonces el Señor me respondió: «La iniquidad de la casa de Israel y de Judá es grande en extremo, la tierra está llena de sangre y la ciudad está llena de perversión; porque dicen: “El Señor ha abandonado la tierra, el Señor nada ve”. 10Pero en cuanto a Mí, tampoco Mi ojo tendrá piedad, ni Yo perdonaré, sino que haré recaer su conducta sobre sus cabezas».
11Entonces el hombre vestido de lino que tenía la cartera a la cintura, trajo un informe, diciendo: «He hecho tal como me ordenaste».

Lucas 11

1Aconteció que estando Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, le dijo uno de Sus discípulos: «Señor, enséñanos a orar, así como Juan enseñó también a sus discípulos». 2Y Él les dijo: «Cuando oren, digan:
Padre, santificado sea Tu nombre.
Venga Tu reino.
3 -”Danos hoy el pan nuestro de cada día.
4 -”Y perdónanos nuestros pecados,
Porque también nosotros perdonamos a todos los que nos deben.
Y no nos metas en tentación” ».
5También les dijo: «Supongamos que uno de ustedes tiene un amigo, y va a él a medianoche y le dice: “Amigo, préstame tres panes, 6porque un amigo mío ha llegado de viaje a mi casa, y no tengo nada que ofrecerle”; 7y aquel, respondiendo desde adentro, le dice: “No me molestes; la puerta ya está cerrada, y mis hijos y yo estamos acostados; no puedo levantarme para darte nada”. 8Les digo que aunque no se levante a darle algo por ser su amigo, no obstante, por su importunidad se levantará y le dará cuanto necesite.
9 »Así que Yo les digo: pidan, y se les dará; busquen, y hallarán; llamen, y se les abrirá. 10Porque todo el que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá.
11 »O supongan que a uno de ustedes que es padre, su hijo le pide pan, ¿acaso le dará una piedra? O si le pide un pescado, ¿acaso le dará una serpiente en lugar del pescado? 12O si le pide un huevo, ¿acaso le dará un escorpión? 13Pues si ustedes siendo malos, saben dar buenas dádivas a sus hijos, ¿cuánto más su Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?».
14Jesús estaba echando fuera un demonio que era mudo, y cuando el demonio salió, el mudo habló; y las multitudes se maravillaron. 15Pero algunos de ellos dijeron: «Él echa fuera los demonios por Beelzebú, príncipe de los demonios».
16Y otros, para poner a prueba a Jesús, demandaban de Él una señal del cielo. 17Pero conociendo Él sus pensamientos, les dijo: «Todo reino dividido contra sí mismo es asolado; y una casa dividida contra sí misma, se derrumba. 18Y si también Satanás está dividido contra sí mismo, ¿cómo permanecerá en pie su reino? Porque ustedes dicen que Yo echo fuera demonios por Beelzebú. 19Y si Yo echo fuera demonios por Beelzebú, ¿por quién los echan fuera los hijos de ustedes? Por tanto, ellos serán sus jueces. 20Pero si Yo por el dedo de Dios echo fuera los demonios, entonces el reino de Dios ha llegado a ustedes.
21 »Cuando un hombre fuerte, bien armado, custodia su palacio, sus bienes están seguros. 22Pero cuando uno más fuerte que él lo ataca y lo vence, le quita todas sus armas en las cuales había confiado y distribuye su botín. 23El que no está a Mi lado, contra Mí está; y el que a Mi lado no recoge, desparrama.
24 Cuando el espíritu inmundo sale del hombre, pasa por lugares áridos buscando descanso; y al no hallarlo, dice: “Volveré a mi casa de donde salí”. 25Y al llegar, la encuentra barrida y arreglada. 26Entonces va y toma consigo otros siete espíritus peores que él, y entrando, moran allí; y el estado final de aquel hombre resulta peor que el primero».
27Mientras Jesús decía estas cosas, una de las mujeres en la multitud alzó la voz y dijo: «¡Dichosa la matriz que te concibió y los senos que te criaron!». 28«Al contrario», le contestó Jesús, «dichosos los que oyen la palabra de Dios y la guardan».
29Como la multitud se aglomeraba, Jesús comenzó a decir: «Esta generación es una generación perversa; busca señal, y ninguna señal se le dará, sino la señal de Jonás. 30Porque de la misma manera que Jonás vino a ser una señal para los ninivitas, así también lo será el Hijo del Hombre para esta generación.
31 »La Reina del Sur se levantará en el juicio con los hombres de esta generación y los condenará, porque ella vino desde los confines de la tierra para oír la sabiduría de Salomón; y miren, algo más grande que Salomón está aquí. 32Los hombres de Nínive se levantarán en el juicio con esta generación y la condenarán, porque ellos se arrepintieron con la predicación de Jonás; y miren, algo más grande que Jonás está aquí.
33 »Nadie, cuando enciende una lámpara, la pone en un sótano ni debajo de una vasija, sino sobre el candelero, para que los que entren vean la luz. 34La lámpara de tu cuerpo es tu ojo; cuando tu ojo está sano, también todo tu cuerpo está lleno de luz; pero cuando está malo, también tu cuerpo está lleno de oscuridad. 35Mira, pues, que la luz que en ti hay no sea oscuridad. 36Así que, si todo tu cuerpo está lleno de luz, sin tener parte alguna en tinieblas, estará totalmente iluminado como cuando la lámpara te alumbra con sus rayos».
37Cuando terminó de hablar, un fariseo le rogó* que comiera con él; y Jesús entró y se sentó a la mesa. 38El fariseo al ver esto, se sorprendió de que Jesús no se hubiera lavado primero antes de comer, según el ritual judío.
39Pero el Señor le dijo: «Ahora bien, ustedes los fariseos limpian lo de afuera del vaso y del plato; pero por dentro están llenos de robo y de maldad. 40Necios, el que hizo lo de afuera, ¿no hizo también lo de adentro? 41Den más bien lo que está dentro como obra de caridad, y entonces todo les será limpio.
42 »Pero ¡ay de ustedes, fariseos! Porque pagan el diezmo de la menta y la ruda y toda clase de hortaliza, y sin embargo pasan por alto la justicia y el amor de Dios; pero esto es lo que debían haber practicado sin descuidar lo otro. 43¡Ay de ustedes, fariseos! Porque aman los primeros asientos en las sinagogas y los saludos respetuosos en las plazas. 44¡Ay de ustedes! Porque son como sepulcros que no se ven, sobre los que andan los hombres sin saberlo».
45Respondiendo uno de los intérpretes de la ley, le dijo*: «Maestro, cuando dices esto, también a nosotros nos insultas». 46Y Él dijo: «¡Ay también de ustedes, intérpretes de la ley! Porque cargan a los hombres con cargas difíciles de llevar, y ustedes ni siquiera tocan las cargas con uno de sus dedos. 47¡Ay de ustedes! Porque edifican los sepulcros de los profetas, y fueron los padres de ustedes quienes los mataron. 48De modo que son testigos, y aprueban las acciones de sus padres; porque ellos los mataron y ustedes edifican sus sepulcros.
49 »Por eso la sabiduría de Dios también dijo: “Les enviaré profetas y apóstoles, y de ellos, matarán a algunos y perseguirán a otros, 50para que la sangre de todos los profetas, derramada desde la fundación del mundo, se le cargue a esta generación. 51Desde la sangre de Abel hasta la sangre de Zacarías, que pereció entre el altar y la casa de Dios. Sí, les digo que le será cargada a esta generación”.
52 »¡Ay de ustedes, intérpretes de la ley! Porque han quitado la llave del conocimiento. Ustedes mismos no entraron, y a los que estaban entrando se lo impidieron».
53Cuando salió de allí, los escribas y los fariseos comenzaron a acosar en gran manera, y a interrogar minuciosamente a Jesús sobre muchas cosas, 54tramando contra Él para ver si lo podían atrapar en algo que dijera.

Salmo 15

Salmo de David.
1Señor, ¿quién habitará en Tu tabernáculo?
¿Quién morará en Tu santo monte?
2El que anda en integridad y obra justicia,
Y habla verdad en su corazón.
3 El que no calumnia con su lengua,
No hace mal a su prójimo,
Ni toma reproche contra su amigo;
4En cuyos ojos el perverso es despreciado, pero honra a los que temen al Señor;
El que aun jurando en perjuicio propio, no cambia;
5 El que su dinero no da a interés,
Ni acepta soborno contra el inocente.
El que hace estas cosas permanecerá firme.

Proverbios 5

1Hijo mío, presta atención a mi sabiduría,
Inclina tu oído a mi prudencia,
2Para que guardes la discreción
Y tus labios conserven el conocimiento.
3Porque los labios de la extraña destilan miel,
Y su lengua es más suave que el aceite;
4Pero al final es amarga como el ajenjo,
Aguda como espada de dos filos.
5Sus pies descienden a la muerte,
Sus pasos solo logran el Seol.
6No considera la senda de la vida;
Sus senderos son inestables, y no lo sabe.
7¶Ahora pues, hijos míos, escúchenme,
Y no se aparten de las palabras de mi boca.
8Aleja de la extraña tu camino,
Y no te acerques a la puerta de su casa;
9No sea que des tu vigor a otros
Y tus años al cruel;
10No sea que se sacien los extraños de tus bienes
Y tu esfuerzo vaya a casa del extranjero;
11Y al final te lamentes,
Cuando tu carne y tu cuerpo se hayan consumido,
12Y digas: «¡Cómo he aborrecido la instrucción,
Y mi corazón ha despreciado la corrección!
13-»No he escuchado la voz de mis maestros,
Ni he inclinado mi oído a mis instructores.
14-»He estado a punto de completa ruina
En medio de la asamblea y la congregación».
15¶Bebe agua de tu cisterna
Y agua fresca de tu pozo.
16¿Se derramarán por fuera tus manantiales,
Tus arroyos de aguas por las calles?
17Sean para ti solo,
Y no para los extraños contigo.
18Sea bendita tu fuente,
Y regocíjate con la mujer de tu juventud,
19Amante cierva y graciosa gacela;
Que sus senos te satisfagan en todo tiempo,
Su amor te embriague para siempre.
20¿Por qué has de embriagarte, hijo mío, con una extraña,
Y abrazar el seno de una desconocida?
21Pues los caminos del hombre están delante de los ojos del Señor,
Y Él observa todos sus senderos.
22De sus propias iniquidades será presa el impío,
Y en los lazos de su pecado quedará atrapado.
23Morirá por falta de instrucción,
Y por su mucha necedad perecerá.

Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © The Lockman Foundation — cortesía de YouVersion.

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