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Día 318 de 365 · 14 de noviembre

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Ezequiel 14

1Entonces vinieron a mí algunos de los ancianos de Israel y se sentaron delante de mí. 2Y vino a mí la palabra del Señor: 3«Hijo de hombre, estos hombres han erigido sus ídolos en su corazón, y han puesto delante de su rostro lo que los hace caer en su iniquidad. ¿Me dejaré Yo consultar por ellos? 4Por tanto, diles: “Así dice el Señor Dios: ‘Cualquier hombre de la casa de Israel que erija sus ídolos en su corazón, y que ponga delante de su rostro lo que lo hace caer en su iniquidad, y después venga al profeta, Yo, el Señor, le responderé entonces de acuerdo con la multitud de sus ídolos, 5a fin de alcanzar a la casa de Israel en sus corazones, que están apartados de Mí a causa de todos sus ídolos’ ”.
6»Por tanto, dile a la casa de Israel: “Así dice el Señor Dios: ‘Arrepiéntanse y apártense de sus ídolos, y de todas sus abominaciones aparten sus rostros. 7Porque a cualquiera de la casa de Israel, o de los extranjeros que residen en Israel, que se aleje de Mí y erija sus ídolos en su corazón, que ponga delante de su rostro lo que lo hace caer en su iniquidad, y después venga al profeta para consultarme por medio de él, Yo, el Señor, le responderé por Mí mismo. 8Pondré Mi rostro contra ese hombre, haré de él señal y proverbio, y lo cortaré de en medio de Mi pueblo. Así ustedes sabrán que Yo soy el Señor. 9Pero si el profeta se deja persuadir y dice algo, soy Yo, el Señor, el que he persuadido a ese profeta, y extenderé Mi mano contra él y lo exterminaré de en medio de Mi pueblo Israel. 10Ambos llevarán el castigo de su iniquidad; como la iniquidad del que consulta será la iniquidad del profeta, 11a fin de que la casa de Israel no se desvíe más de Mí ni se contamine más con todas sus transgresiones. Y ellos serán Mi pueblo y Yo seré su Dios’ ” », declara el Señor Dios.
12Entonces vino a mí la palabra del Señor: 13«Hijo de hombre, si un país peca contra Mí cometiendo infidelidad, y Yo extiendo Mi mano contra él, destruyo su provisión de pan y envío hambre contra él y corto de él hombres y animales, 14y aunque estos tres hombres, Noé, Daniel y Job, estuvieran en medio de ese país, solo ellos se salvarían a sí mismos por su justicia», declara el Señor Dios. 15«Si Yo hiciera pasar por esa tierra fieras y ellas la despoblaran, y se volviera desolada sin que nadie pasara por ella a causa de las fieras, 16aunque estos tres hombres estuvieran en medio de esa tierra, vivo Yo», declara el Señor Dios, «ni a sus hijos ni a sus hijas podrían salvar; solo ellos se salvarían, pero el país estaría desolado. 17O si Yo trajera la espada contra ese país, y dijera: “Pase la espada por el país”, y extermino de él hombres y animales, 18y estos tres hombres estuvieran en medio de él, vivo Yo», declara el Señor Dios, «que no podrían salvar a sus hijos ni a sus hijas; sino que solo ellos se salvarían. 19O si Yo enviara una plaga contra ese país y derramara Mi furor sobre él con sangre, para cortar de él hombres y animales, 20aunque Noé, Daniel y Job estuvieran en medio de él, vivo Yo», declara el Señor Dios, «que ni a su hijo ni a su hija podrían salvar; solo ellos se librarían a sí mismos por su justicia».
21Porque así dice el Señor Dios: «¡Cuánto más cuando Yo envíe Mis cuatro terribles juicios contra Jerusalén: espada, hambre, fieras y plaga para exterminar de ella hombres y animales! 22Sin embargo, en ella quedarán sobrevivientes, hijos e hijas que serán sacados. Saldrán hacia ustedes y verán su conducta y sus obras; entonces serán consolados de la calamidad que he traído contra Jerusalén, de todo lo que he traído sobre ella. 23Y ellos los consolarán cuando vean sus caminos y sus obras, y sabrán que no he hecho en vano lo que hice en ella», declara el Señor Dios.

Ezequiel 15

1Entonces vino a mí la palabra del Señor: 2«Hijo de hombre, ¿en qué es mejor la madera de la vid que cualquier otra rama de árbol que haya entre los árboles del bosque? 3¿Se toma madera de ella para hacer alguna obra? ¿Se toma acaso una estaca de ella para colgar alguna vasija? 4Si en el fuego se ha puesto para consumirla y el fuego ha consumido los dos extremos, también la parte de en medio ha sido quemada, ¿es aún útil para algo? 5Si cuando estaba intacta, no se utilizaba para nada, ¡cuánto menos, cuando la haya consumido el fuego y esté quemada, se podrá hacer aún algo de ella!
6»Por tanto, así dice el Señor Dios: “Como la madera de la vid entre los árboles del bosque, que he entregado al fuego para consumirla, así he entregado Yo a los habitantes de Jerusalén. 7He puesto Mi rostro contra ellos; del fuego han escapado, pero el fuego los consumirá. Y sabrán que Yo soy el Señor, cuando ponga Mi rostro contra ellos. 8Y convertiré la tierra en desolación, por cuanto han cometido infidelidad” », declara el Señor Dios.

Lucas 14

1Y aconteció que un día de reposo, Jesús entró para comer en casa de uno de los principales de los fariseos, y ellos lo estaban observando cuidadosamente. 2Y allí, frente a Él, estaba un hombre hidrópico. 3Dirigiéndose Jesús a los intérpretes de la ley y a los fariseos, les dijo: «¿Es lícito sanar en el día de reposo, o no?».
4Pero ellos guardaron silencio. Y Él, tomando al hombre de la mano, lo sanó y lo despidió. 5Y a ellos les dijo: «¿A quién de ustedes, si se le cae un hijo o un buey en un hoyo en día de reposo, no lo saca inmediatamente?».
6Y no le pudieron responder a esto.
7Jesús comenzó a referir una parábola a los invitados, cuando advirtió cómo escogían los lugares de honor en la mesa: 8«Cuando seas invitado por alguien a un banquete de bodas, no tomes el lugar de honor, no sea que él haya invitado a otro más distinguido que tú, 9y viniendo el que te invitó a ti y a él, te diga: “Dale el lugar a este”; y entonces, avergonzado, tengas que irte al último lugar. 10Sino que cuando seas invitado, ve y siéntate en el último lugar, para que cuando llegue el que te invitó, te diga: “Amigo, ven más adelante”; entonces serás honrado delante de todos los que se sientan a la mesa contigo. 11Porque todo el que se engrandece, será humillado; y el que se humille será engrandecido».
12Jesús dijo también al que lo había convidado: «Cuando ofrezcas una comida o una cena, no llames a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a tus vecinos ricos, no sea que ellos a su vez también te conviden y tengas ya tu recompensa. 13Antes bien, cuando ofrezcas un banquete, llama a pobres, mancos, cojos, ciegos, 14y serás bienaventurado, ya que ellos no tienen para recompensarte; pues tú serás recompensado en la resurrección de los justos».
15Cuando uno de los que estaban sentados con Él a la mesa oyó esto, le dijo: «¡Bienaventurado todo el que coma pan en el reino de Dios!». 16Pero Jesús le dijo: «Cierto hombre dio una gran cena, e invitó a muchos. 17A la hora de la cena envió a su siervo a decir a los que habían sido invitados: “Vengan, porque ya todo está preparado”. 18Pero todos a una comenzaron a excusarse. El primero le dijo: “He comprado un terreno y necesito ir a verlo; te ruego que me excuses”. 19Otro dijo: “He comprado cinco yuntas de bueyes y voy a probarlos; te ruego que me excuses”. 20También otro dijo: “Me he casado, y por eso no puedo ir”.
21 »Cuando el siervo regresó, informó de todo esto a su señor. Entonces, enojado el dueño de la casa, dijo a su siervo: “Sal enseguida por las calles y callejones de la ciudad, y trae acá a los pobres, los mancos , los ciegos y los cojos”. 22Y el siervo dijo: “Señor, se ha hecho lo que usted ordenó, y todavía hay lugar”. 23Entonces el señor dijo al siervo: “Sal a los caminos y por los cercados, y oblígalos a entrar para que se llene mi casa. 24Porque les digo que ninguno de aquellos hombres que fueron invitados probará mi cena” ».
25Grandes multitudes acompañaban a Jesús; y Él, volviéndose, les dijo: 26«Si alguien viene a Mí, y no aborrece a su padre y madre, a su mujer e hijos, a sus hermanos y hermanas, y aun hasta su propia vida, no puede ser Mi discípulo. 27El que no carga su cruz y me sigue, no puede ser Mi discípulo.
28 »Porque, ¿quién de ustedes, deseando edificar una torre, no se sienta primero y calcula el costo, para ver si tiene lo suficiente para terminarla? 29No sea que cuando haya echado los cimientos y no pueda terminar, todos los que lo vean comiencen a burlarse de él, 30diciendo: “Este hombre comenzó a edificar y no pudo terminar”.
31 »¿O qué rey, cuando sale al encuentro de otro rey para la batalla, no se sienta primero y delibera si con 10,000 hombres es bastante fuerte para enfrentarse al que viene contra él con 20,000? 32Y si no, cuando el otro todavía está lejos, le envía una delegación y pide condiciones de paz. 33Así pues, cualquiera de ustedes que no renuncie a todas sus posesiones, no puede ser Mi discípulo.
34 »Por tanto, buena es la sal, pero si aún la sal ha perdido su sabor, ¿con qué será sazonada? 35No es útil ni para la tierra ni para el montón de abono; la arrojan fuera. El que tenga oídos para oír, que oiga».

Salmo 18

Para el director del coro. Salmo de David, siervo del Señor, el cual dirigió al Señor las palabras de este cántico el día que el Señor lo libró de la mano de todos sus enemigos, y de la mano de Saúl. Y dijo:
1«Yo te amo, Señor, fortaleza mía».
2El Señor es mi roca, mi baluarte y mi libertador;
Mi Dios, mi roca en quien me refugio;
Mi escudo y el poder de mi salvación, mi altura inexpugnable.
3Invoco al Señor, que es digno de ser alabado,
Y soy salvo de mis enemigos.
4¶Los lazos de la muerte me cercaron,
Y los torrentes de iniquidad me atemorizaron.
5Los lazos del Seol me rodearon;
Las redes de la muerte surgieron ante mí.
6En mi angustia invoqué al Señor,
Y clamé a mi Dios;
Desde Su templo oyó mi voz,
Y mi clamor delante de Él llegó a Sus oídos.
7¶Entonces la tierra se estremeció y tembló;
Los cimientos de los montes temblaron
Y fueron sacudidos, porque Él se indignó.
8Humo subió de Su nariz,
Y el fuego de Su boca consumía;
Carbones fueron por Él encendidos.
9También inclinó los cielos, y descendió
Con densas tinieblas debajo de Sus pies.
10Cabalgó sobre un querubín, y voló;
Y rápido voló sobre las alas del viento.
11De las tinieblas hizo Su escondedero, Su pabellón a Su alrededor;
Tinieblas de las aguas, densos nubarrones.
12Por el fulgor de Su presencia se desvanecieron Sus densas nubes
En granizo y carbones encendidos.
13El Señor también tronó en los cielos,
Y el Altísimo dio Su voz:
Granizo y carbones encendidos.
14Él envió Sus flechas, y los dispersó,
Y muchos relámpagos, y los confundió.
15Entonces apareció el lecho de las aguas,
Y los cimientos del mundo quedaron al descubierto
A Tu reprensión, oh Señor,
Al soplo del aliento de Tu nariz.
16¶Extendió la mano desde lo alto y me tomó;
Me sacó de las muchas aguas.
17Me libró de mi poderoso enemigo,
Y de los que me aborrecían, pues eran más fuertes que yo.
18Se enfrentaron a mí el día de mi infortunio,
Pero el Señor fue mi sostén.
19También me sacó a un lugar espacioso;
Me rescató, porque se complació en mí.
20¶El Señor me ha premiado conforme a mi justicia;
Conforme a la pureza de mis manos me ha recompensado.
21Porque he guardado los caminos del Señor,
Y no me he apartado impíamente de mi Dios.
22Pues todas Sus ordenanzas estaban delante de mí,
Y no alejé de mí Sus estatutos.
23También fui íntegro para con Él,
Y me guardé de mi iniquidad.
24Por tanto el Señor me ha recompensado conforme a mi justicia,
Conforme a la pureza de mis manos delante de Sus ojos.
25¶Con el benigno te muestras benigno,
Con el íntegro te muestras íntegro.
26Con el puro eres puro,
Y con el perverso eres sagaz.
27Porque Tú salvas al pueblo afligido,
Pero humillas los ojos altivos.
28Tú enciendes mi lámpara, oh Señor;
Mi Dios que alumbra mis tinieblas.
29Pues contigo aplastaré ejércitos,
Y con mi Dios escalaré murallas.
30¶En cuanto a Dios, Su camino es perfecto;
Acrisolada es la palabra del Señor;
Él es escudo a todos los que a Él se acogen.
31Pues, ¿quién es Dios, fuera del Señor?
¿Y quién es roca, sino solo nuestro Dios,
32El Dios que me ciñe de poder,
Y ha hecho perfecto mi camino?
33Él hace mis pies como de ciervas,
Y me afirma en mis alturas.
34Él adiestra mis manos para la batalla,
Y mis brazos para tensar el arco de bronce.
35Tú me has dado también el escudo de Tu salvación;
Tu diestra me sostiene,
Y Tu benevolencia me engrandece.
36Ensanchas mis pasos debajo de mí,
Y mis pies no han resbalado.
37¶Perseguí a mis enemigos y los alcancé;
Y no me volví hasta acabarlos.
38Los destrocé y no pudieron levantarse;
Cayeron debajo de mis pies.
39Pues Tú me has ceñido con fuerza para la batalla;
Has subyugado debajo de mí a los que contra mí se levantaron.
40También has hecho que mis enemigos me vuelvan las espaldas,
Y destruí a los que me odiaban.
41Clamaron, pero no hubo quién los salvara;
Aun al Señor clamaron, pero no les respondió.
42Entonces los desmenucé como polvo delante del viento;
Los arrojé como lodo de las calles.
43¶Tú me has librado de las contiendas del pueblo;
Me has puesto por cabeza de las naciones;
Pueblo que yo no conocía me sirve.
44Al oírme, me obedecen;
Los extranjeros me fingen obediencia.
45Los extranjeros desfallecen,
Y salen temblando de sus fortalezas.
46¶El Señor vive, bendita sea mi roca,
Y ensalzado sea el Dios de mi salvación,
47El Dios que por mí ejecuta venganza,
Y subyuga pueblos debajo de mí;
48El que me libra de mis enemigos.
Ciertamente Tú me exaltas sobre los que se levantan contra mí;
Me rescatas del hombre violento.
49Por tanto, te daré gracias, oh Señor, entre las naciones,
Y cantaré alabanzas a Tu nombre.
50Grandes victorias da Él a Su rey,
Y muestra misericordia a Su ungido,
A David y a su descendencia para siempre.

Proverbios 8

1¿No clama la sabiduría,
Y levanta su voz la prudencia?
2En la cima de las alturas, junto al camino,
Donde cruzan las sendas, se coloca;
3Junto a las puertas, a la salida de la ciudad,
En el umbral de las puertas, da voces:
4«Oh hombres, a ustedes clamo,
Para los hijos de los hombres es mi voz.
5-»Oh simples, aprendan prudencia;
Y ustedes, necios, aprendan sabiduría.
6-»Escuchen, porque hablaré cosas excelentes,
Y con el abrir de mis labios rectitud.
7-»Porque mi boca proferirá la verdad,
Abominación a mis labios es la impiedad.
8-»Conforme a la justicia son todas las palabras de mi boca,
No hay en ellas nada torcido ni perverso.
9-»Todas son sinceras para el que entiende,
Y rectas para los que han hallado conocimiento.
10-»Reciban mi instrucción y no la plata,
Y conocimiento antes que el oro escogido,
11Porque mejor es la sabiduría que las joyas,
Y todas las cosas deseables no pueden compararse con ella.
12¶»Yo, la sabiduría, habito con la prudencia,
Y he hallado conocimiento y discreción.
13-»El temor del Señor es aborrecer el mal.
El orgullo, la arrogancia, el mal camino
Y la boca perversa, yo aborrezco.
14-»Mío es el consejo y la prudencia,
Yo soy la inteligencia, el poder es mío.
15-»Por mí reinan los reyes,
Y los gobernantes decretan justicia.
16-»Por mí gobiernan los príncipes y los nobles,
Todos los que juzgan con justicia.
17-»Amo a los que me aman,
Y los que me buscan con diligencia me hallarán.
18-»Conmigo están las riquezas y el honor,
La fortuna duradera y la justicia.
19-»Mi fruto es mejor que el oro, que el oro puro,
Y mi ganancia es mejor que la plata escogida.
20-»Yo ando por el camino de la justicia,
Por en medio de las sendas del derecho,
21Para otorgar heredad a los que me aman
Y así llenar sus tesoros.
22¶»El Señor me poseyó al principio de Su camino,
Antes de Sus obras de tiempos pasados.
23-»Desde la eternidad fui establecida,
Desde el principio, desde los orígenes de la tierra.
24-»Cuando no había abismos fui engendrada,
Cuando no había manantiales abundantes en aguas.
25-»Antes que los montes fueran asentados,
Antes que las colinas, fui engendrada,
26Cuando Él no había hecho aún la tierra y los campos,
Ni el polvo primero del mundo.
27-»Cuando estableció los cielos, allí estaba yo;
Cuando trazó un círculo sobre la superficie del abismo,
28Cuando arriba afirmó los cielos,
Cuando las fuentes del abismo se afianzaron,
29Cuando al mar puso sus límites
Para que las aguas no transgredieran Su mandato,
Cuando señaló los cimientos de la tierra,
30Yo estaba entonces junto a Él, como arquitecto;
Yo era Su delicia de día en día,
Regocijándome en todo tiempo en Su presencia,
31Regocijándome en el mundo, en Su tierra,
Y teniendo mis delicias con los hijos de los hombres.
32¶»Ahora pues, hijos, escúchenme,
Porque bienaventurados son los que guardan mis caminos.
33-»Escuchen la instrucción y sean sabios,
Y no la desprecien.
34-»Bienaventurado el hombre que me escucha,
Velando a mis puertas día a día,
Aguardando en los postes de mi entrada.
35-»Porque el que me halla, halla la vida
Y alcanza el favor del Señor.
36-»Pero el que peca contra mí, a sí mismo se daña;
Todos los que me odian, aman la muerte».

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