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Día 32 de 365 · 1 de febrero

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Éxodo 13

1Entonces el Señor habló a Moisés y le dijo: 2«Conságrame todo primogénito. El primer nacido de toda matriz entre los israelitas, tanto de hombre como de animal, me pertenece».
3Y Moisés dijo al pueblo: «Acuérdense de este día en que salieron de Egipto, de la casa de esclavitud, pues el Señor los ha sacado de este lugar con mano poderosa. No comerán en él nada leudado. 4Van a salir hoy, en el mes de Abib. 5Y será que cuando el Señor te lleve a la tierra del cananeo, del hitita, del amorreo, del heveo y del jebuseo, la cual juró a tus padres que te daría, tierra que mana leche y miel, celebrarás esta ceremonia en este mes. 6Por siete días comerás pan sin levadura, y en el séptimo día habrá fiesta solemne al Señor. 7Se comerá pan sin levadura durante los siete días. Nada leudado se verá contigo, ni levadura alguna se verá en todo tu territorio.
8»Lo harás saber a tu hijo en aquel día, diciendo: “Esto es con motivo de lo que el Señor hizo por mí cuando salí de Egipto”. 9Y te será como una señal en tu mano, y como un recordatorio en tu frente, para que la ley del Señor esté en tu boca. Porque con mano fuerte te sacó el Señor de Egipto. 10Guardarás, pues, esta ordenanza a su debido tiempo de año en año.
11»Y cuando el Señor te lleve a la tierra del cananeo, como te juró a ti y a tus padres, y te la dé, 12dedicarás al Señor todo primer nacido de la matriz. También todo primer nacido del ganado que poseas. Los machos pertenecen al Señor. 13Pero todo primer nacido de asno, lo redimirás con un cordero; pero si no lo redimes, quebrarás su cuello. Todo primogénito de hombre de entre tus hijos, lo redimirás.
14»Y cuando tu hijo te pregunte el día de mañana: “¿Qué es esto?”, le dirás: “Con mano fuerte nos sacó el Señor de Egipto, de la casa de servidumbre. 15Y aconteció que cuando Faraón se obstinó en no dejarnos ir, el Señor mató a todo primogénito en la tierra de Egipto, desde el primogénito del hombre hasta el primogénito de los animales. Por esta causa yo sacrifico al Señor los machos, todo primer nacido de la matriz, pero redimo a todo primogénito de mis hijos”. 16Será, pues, como una señal en tu mano y como insignias entre tus ojos. Porque con mano fuerte nos sacó el Señor de Egipto».
17Cuando Faraón dejó ir al pueblo, Dios no los guió por el camino de la tierra de los filisteos, aunque estaba cerca, porque dijo Dios: «No sea que el pueblo se arrepienta cuando vea guerra y se vuelva a Egipto». 18Dios, pues, hizo que el pueblo diera un rodeo por el camino del desierto, hacia el mar Rojo. En orden de batalla subieron los israelitas de la tierra de Egipto.
19Moisés tomó consigo los huesos de José, pues este había hecho jurar solemnemente a los israelitas y dijo: «Ciertamente Dios los visitará, y entonces se llevarán de aquí mis huesos con ustedes». 20Y salieron de Sucot y acamparon en Etam, al borde del desierto.
21El Señor iba delante de ellos, de día en una columna de nube para guiarlos por el camino, y de noche en una columna de fuego para alumbrarlos, a fin de que anduvieran de día y de noche. 22No quitóde delante del pueblo la columna de nube durante el día, ni la columna de fuego durante la noche.

Éxodo 14

1El Señor habló a Moisés y le dijo: 2«Di a los israelitas que den la vuelta y acampen delante de Pi Hahirot, entre Migdol y el mar. Ustedes acamparán frente a Baal Zefón, en el lado opuesto, junto al mar. 3Porque Faraón dirá de los israelitas: “Andan vagando sin rumbo por la tierra. El desierto los ha encerrado”. 4Pero Yo endureceré el corazón de Faraón, y él los perseguirá. Y seré glorificado por medio de Faraón y de todo su ejército, y sabrán los egipcios que Yo soy el Señor». Y así lo hicieron.
5Cuando le anunciaron al rey de Egipto que el pueblo había huido, Faraón y sus siervos cambiaron de actitud hacia el pueblo, y dijeron: «¿Qué es esto que hemos hecho, que hemos permitido que Israel se fuera y dejaran de servirnos?». 6Faraón preparó su carro y tomó consigo a su gente. 7Tomó 600 carros escogidos, y todos los demás carros de Egipto, con oficiales sobre todos ellos. 8El Señor endureció el corazón de Faraón, rey de Egipto, y este persiguió a los israelitas, pero estos habían salido con mano fuerte. 9Los egipcios los persiguieron con todos los caballos y carros de Faraón, su caballería y su ejército, y los alcanzaron acampados junto al mar, junto a Pi Hahirot, frente a Baal Zefón.
10Al acercarse Faraón, los israelitas alzaron los ojos, y vieron que los egipcios marchaban tras ellos. Entonces los israelitas tuvieron mucho miedo y clamaron al Señor. 11Y dijeron a Moisés: «¿Acaso no había sepulcros en Egipto para que nos sacaras a morir en el desierto? ¿Por qué nos has tratado de esta manera, sacándonos de Egipto? 12¿No es esto lo que te dijimos en Egipto: “Déjanos, para que sirvamos a los egipcios”? Porque mejor nos hubiera sido servir a los egipcios que morir en el desierto».
13Pero Moisés dijo al pueblo: «No teman; estén firmes y vean la salvación que el Señor hará hoy por ustedes. Porque los egipcios a quienes han visto hoy, no los volverán a ver jamás. 14El Señor peleará por ustedes mientras ustedes se quedan callados».
15Entonces dijo el Señor a Moisés: «¿Por qué clamas a Mí? Di a los israelitas que se pongan en marcha. 16Y tú, levanta tu vara y extiende tu mano sobre el mar y divídelo. Y los israelitas pasarán por en medio del mar, sobre tierra seca. 17Pero Yo endureceré el corazón de los egipcios para que entren a perseguirlos. Me glorificaré en Faraón y en todo su ejército, en sus carros y en su caballería. 18Entonces sabrán los egipcios que Yo soy el Señor, cuando sea glorificado en Faraón, en sus carros y en su caballería».
19El ángel de Dios que había ido delante del campamento de Israel, se apartó, e iba detrás de ellos. La columna de nube que había ido delante de ellos, se apartó, y se les puso detrás, 20y vino a colocarse entre el campamento de Egipto y el campamento de Israel. La nube estaba junto con las tinieblas. Sin embargo, de noche alumbraba a Israel, y en toda la noche no se acercaron los unos a los otros.
21Moisés extendió su mano sobre el mar, y el Señor, por medio de un fuerte viento del este que sopló toda la noche, hizo que el mar se retirara, y cambió el mar en tierra seca. Así quedaron divididas las aguas. 22Los israelitas entraron por en medio del mar, en seco, y las aguas les eran como un muro a su derecha y a su izquierda.
23Entonces los egipcios reanudaron la persecución, y entraron tras ellos en medio del mar todos los caballos de Faraón, sus carros y sus jinetes. 24A la vigilia de la mañana (2 a 6 a.m.), el Señor miró el ejército de los egipcios desde la columna de fuego y de nube, y sembró la confusión en el ejército de los egipcios. 25Y entorpeció las ruedas de sus carros, e hizo que avanzaran con dificultad. Entonces los egipcios dijeron: «Huyamos ante Israel, porque el Señor pelea por ellos contra los egipcios».
26Entonces el Señor dijo a Moisés: «Extiende tu mano sobre el mar para que las aguas vuelvan sobre los egipcios, sobre sus carros y su caballería».
27Y Moisés extendió su mano sobre el mar, y al amanecer, el mar regresó a su estado normal, y los egipcios al huir se encontraban con él. Así derribó el Señor a los egipcios en medio del mar. 28Las aguas volvieron y cubrieron los carros y la caballería, a todo el ejército de Faraón que había entrado tras ellos en el mar. No quedó ni uno de ellos.
29Pero los israelitas pasaron en seco por en medio del mar, y las aguas les eran como un muro a su derecha y a su izquierda. 30Aquel día el Señor salvó a Israel de mano de los egipcios. Israel vio a los egipcios muertos a la orilla del mar. 31Cuando Israel vio el gran poder que el Señor había usado contra los egipcios, el pueblo temió al Señor, y creyeron en el Señory en Moisés, Su siervo.

Marcos 4

1Comenzó Jesús a enseñar de nuevo junto al mar; y se llegó a Él una multitud tan grande que tuvo que subirse a una barca que estaba en el mar, y se sentó; y toda la multitud estaba en tierra a la orilla del mar. 2Les enseñaba muchas cosas en parábolas, y les decía en Su enseñanza:
3 «Escuchen: El sembrador salió a sembrar; 4y al sembrar, una parte de la semilla cayó junto al camino, y vinieron las aves y se la comieron. 5Otra parte cayó en un pedregal donde no tenía mucha tierra; y enseguida brotó por no tener profundidad de tierra. 6Pero cuando salió el sol, se quemó, y por no tener raíz, se secó. 7Otra parte cayó entre espinos, y los espinos crecieron y la ahogaron, y no dio fruto. 8Y otras semillas cayeron en buena tierra, y creciendo y desarrollándose, dieron fruto, y produjeron unas a treinta, otras a sesenta y otras a ciento por uno». 9Y añadió: «El que tiene oídos para oír, que oiga».
10Cuando Jesús se quedó solo, Sus seguidores junto con los doce le preguntaban sobre las parábolas. 11«A ustedes les ha sido dado el misterio del reino de Dios», les decía, «pero los que están afuera reciben todo en parábolas; 12para que viendo, vean pero no perciban, y oyendo, oigan pero no entiendan, no sea que se conviertan y sean perdonados».
13También les dijo*: «¿No entienden esta parábola? ¿Cómo, pues, comprenderán todas las otras parábolas? 14El sembrador siembra la palabra. 15Estos que están junto al camino donde se siembra la palabra, son aquellos que en cuanto la oyen, al instante viene Satanás y se lleva la palabra que se ha sembrado en ellos. 16Y de igual manera, estos en que se sembró la semilla en pedregales son los que al oír la palabra enseguida la reciben con gozo; 17pero no tienen raíz profunda en sí mismos, sino que solo son temporales. Entonces, cuando viene la aflicción o la persecución por causa de la palabra, enseguida se apartan de ella. 18Otros son aquellos en los que se sembró la semilla entre los espinos; estos son los que han oído la palabra, 19pero las preocupaciones del mundo, y el engaño de las riquezas, y los deseos de las demás cosas entran y ahogan la palabra, y se vuelve estéril. 20Y otros son aquellos en que se sembró la semilla en tierra buena; los cuales oyen la palabra, la aceptan y dan fruto, unos a treinta, otros a sesenta y otros a ciento por uno».
21También Jesús les decía: «¿Acaso se trae una lámpara para ponerla debajo de una vasija o debajo de la cama? ¿No es para ponerla en el candelero? 22Porque nada hay oculto, si no es para que sea manifestado; ni nada ha estado en secreto, sino para que salga a la luz. 23Si alguno tiene oídos para oír, que oiga».
24Además les decía: «Cuídense de lo que oigan. Con la medida con que ustedes midan, se les medirá, y aun más se les dará. 25Porque al que tiene, se le dará más, pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará».
26Jesús decía también: «El reino de Dios es como un hombre que echa semilla en la tierra, 27y se acuesta de noche y se levanta de día, y la semilla brota y crece; cómo, él no lo sabe. 28La tierra produce fruto por sí misma; primero la hoja, luego la espiga, y después el grano maduro en la espiga. 29Y cuando el fruto lo permite, él enseguida mete la hoz, porque ha llegado el tiempo de la siega».
30También Jesús decía: «¿A qué compararemos el reino de Dios, o con qué parábola lo describiremos? 31Es como un grano de mostaza, el cual, cuando se siembra en la tierra, aunque es más pequeño que todas las semillas que hay en la tierra, 32sin embargo, después de sembrado, crece y llega a ser más grande que todas las hortalizas y echa grandes ramas, tanto que las aves del cielo pueden anidar bajo su sombra».
33Con muchas parábolas como estas Jesús les hablaba la palabra, según podían oírla; 34y sin parábolas no les hablaba, pero lo explicaba todo en privado a Sus propios discípulos.
35Ese mismo día, caída ya la tarde, Jesús les dijo*: «Pasemos al otro lado». 36Despidiendo a la multitud, lo llevaron* con ellos en la barca, como estaba; y había otras barcas con Él. 37Pero se levantó* una violenta tempestad, y las olas se lanzaban sobre la barca de tal manera que ya la barca se llenaba de agua. 38Jesús estaba en la popa, durmiendo sobre una almohadilla; entonces lo despertaron* y le dijeron*: «Maestro, ¿no te importa que perezcamos?».
39Jesús se levantó, reprendió al viento y dijo al mar: «¡Cálmate, sosiégate!». Y el viento cesó, y sobrevino una gran calma. 40Entonces les dijo: «¿Por qué están atemorizados? ¿Cómo no tienen fe?».
41Y se llenaron de gran temor, y se decían unos a otros: «¿Quién, pues, es Este que aun el viento y el mar le obedecen?».

Salmo 32

Salmo de David. Masquil.
1¡Cuán bienaventurado es aquel cuya transgresión es perdonada,
Cuyo pecado es cubierto!
2¡Cuán bienaventurado es el hombre a quien el Señor no culpa de iniquidad,
Y en cuyo espíritu no hay engaño!
3¶Mientras callé mi pecado, mi cuerpo se consumió
Con mi gemir durante todo el día.
4Porque día y noche Tu mano pesaba sobre mí;
Mi vitalidad se desvanecía con el calor del verano. (Selah)
5Te manifesté mi pecado,
Y no encubrí mi iniquidad.
Dije: «Confesaré mis transgresiones al Señor»;
Y Tú perdonaste la culpa de mi pecado. (Selah)
6Por eso, que todo santo ore a Ti en el tiempo en que puedas ser hallado;
Ciertamente, en la inundación de muchas aguas, no llegarán estas a él.
7Tú eres mi escondedero; de la angustia me preservarás;
Con cánticos de liberación me rodearás. (Selah)
8¶Yo te haré saber y te enseñaré el camino en que debes andar;
Te aconsejaré con Mis ojos puestos en ti.
9No seas como el caballo o como el mulo, que no tienen entendimiento;
Cuyos arreos incluyen brida y freno para sujetarlos,
Porque si no, no se acercan a ti.
10Muchos son los dolores del impío,
Pero al que confía en el Señor, la misericordia lo rodeará.
11Alégrense en el Señor y regocíjense, justos;
Den voces de júbilo todos ustedes, los rectos de corazón.

Proverbios 1

1Los proverbios de Salomón, hijo de David, rey de Israel:
2Para aprender sabiduría e instrucción,
Para discernir dichos profundos,
3Para recibir instrucción en sabia conducta,
Justicia, juicio y equidad;
4Para dar a los simples prudencia,
Y a los jóvenes conocimiento y discreción.
5El sabio oirá y crecerá en conocimiento,
Y el inteligente adquirirá habilidad,
6Para entender proverbio y metáfora,
Las palabras de los sabios y sus enigmas.
7¶El temor del Señor es el principio de la sabiduría;
Los necios desprecian la sabiduría y la instrucción.
8¶Oye, hijo mío, la instrucción de tu padre
Y no abandones la enseñanza de tu madre;
9Porque son guirnalda de gracia para tu cabeza,
Y collares para tu cuello.
10Hijo mío, si los pecadores te quieren seducir,
No consientas.
11Si dicen: «Ven con nosotros,
Pongámonos al acecho para derramar sangre,
Sin causa asechemos al inocente,
12Devorémoslos vivos como el Seol,
Enteros, como los que descienden al abismo;
13Hallaremos toda clase de preciadas riquezas,
Llenaremos nuestras casas de botín;
14Echa tu suerte con nosotros,
Todos tendremos una bolsa»,
15Hijo mío, no andes en el camino con ellos.
Aparta tu pie de su senda,
16Porque sus pies corren hacia el mal,
Y se apresuran a derramar sangre.
17Porque es en vano tender la red
Ante los ojos de cualquier ave;
18Pero ellos a su propia sangre acechan,
Tienden lazo a sus propias vidas.
19Tales son los caminos de todo el que se beneficia por la violencia:
Que quita la vida de sus poseedores.
20¶La sabiduría clama en la calle,
En las plazas alza su voz;
21Clama en las esquinas de las calles concurridas;
A la entrada de las puertas de la ciudad pronuncia sus discursos:
22«¿Hasta cuándo, oh simples, amarán la simpleza,
Y los burladores se deleitarán en hacer burla,
Y los necios aborrecerán el conocimiento?
23-»Vuélvanse a mi reprensión,
Y derramaré mi espíritu sobre ustedes;
Les haré conocer mis palabras.
24-»Porque he llamado y han rehusado oír,
He extendido mi mano y nadie ha hecho caso.
25-»Han desatendido todo consejo mío
Y no han deseado mi reprensión.
26-»También yo me reiré de la calamidad de ustedes,
Me burlaré cuando sobrevenga lo que temen,
27Cuando venga como tormenta lo que temen
Y su calamidad sobrevenga como torbellino,
Cuando vengan sobre ustedes tribulación y angustia.
28-»Entonces me invocarán, pero no responderé;
Me buscarán con diligencia, pero no me hallarán,
29Porque odiaron el conocimiento,
Y no escogieron el temor del Señor,
30Ni quisieron aceptar mi consejo,
Y despreciaron toda mi reprensión.
31-»Comerán del fruto de su conducta,
Y de sus propias artimañas se hartarán.
32-»Porque el desvío de los simples los matará,
Y la complacencia de los necios los destruirá.
33-»Pero el que me escucha vivirá seguro,
Y descansará, sin temor al mal».

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