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Día 323 de 365 · 19 de noviembre

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Ezequiel 24

1Y vino a mí la palabra del Señor en el año noveno, el mes décimo, a los diez días del mes: 2«Hijo de hombre, escribe la fecha del día, del día de hoy. Este mismo día el rey de Babilonia ha avanzado contra Jerusalén. 3Relata una parábola a la casa rebelde y diles: “Así dice el Señor Dios:
‘Pon la olla, ponla,
Y echa también en ella agua;
4Pon en ella los trozos,
Todo trozo bueno, pierna y espalda;
Llénala de huesos escogidos.
5-’Toma lo mejor del rebaño,
Y apila también la leña debajo de ella;
Hazla hervir a borbotones,
Cuece también sus huesos en ella’.
6¶”Porque así dice el Señor Dios:
‘¡Ay de la ciudad sanguinaria,
De la olla que tiene herrumbre,
Cuya herrumbre no se le va!
Trozo por trozo sácala,
Sin echar suertes sobre ella.
7-’Porque su sangre está en medio de ella,
La puso sobre la roca desnuda;
No la derramó sobre la tierra
Para que el polvo la cubriera.
8-’Para hacer subir el furor,
Para tomar venganza,
Yo he puesto su sangre sobre la roca desnuda,
Para que no sea cubierta’.
9-”Por tanto, así dice el Señor Dios:
‘¡Ay de la ciudad sanguinaria!
Yo también haré grande el montón de leña.
10-’Aumenta la leña, enciende el fuego,
Hierve bien la carne,
Mézclale las especias,
Y que se quemen los huesos.
11-’Luego pon la olla vacía sobre las brasas,
Para que se caliente,
Se ponga al rojo su bronce,
Se funda en ella su inmundicia,
Y sea consumida su herrumbre.
12-’De tanto trabajo me ha fatigado la olla,
Y no se le ha ido su mucha herrumbre.
¡Consúmase en el fuego su herrumbre!
13-’En tu inmundicia hay lujuria.
Por cuanto Yo quise limpiarte
Pero no te dejaste limpiar,
No volverás a ser purificada de tu inmundicia,
Hasta que Yo haya saciado Mi furor sobre ti.
14Yo, el Señor, he hablado. Esto viene y Yo actuaré; no me volveré atrás, no me apiadaré y no me arrepentiré. Según tus caminos y según tus obras te juzgaré’, declara el Señor Dios” ».
15Y vino a mí la palabra del Señor: 16«Hijo de hombre, voy a quitarte de golpe el encanto de tus ojos; pero no te lamentarás, ni llorarás, ni correrán tus lágrimas. 17Gime en silencio, no hagas duelo por los muertos; átate el turbante, ponte el calzado en los pies y no te cubras los bigotes ni comas pan de duelo». 18Hablé al pueblo por la mañana, y por la tarde murió mi mujer; y a la mañana siguiente hice como me fue mandado. 19Y el pueblo me dijo: «¿No nos declararás lo que significan para nosotros estas cosas que estás haciendo?». 20Entonces les respondí: «La palabra del Señor vino a mí, y me dijo: 21“Habla a la casa de Israel: ‘Así dice el Señor Dios: “Voy a profanar Mi santuario, que para ustedes es orgullo de su fuerza, encanto de sus ojos y deleite de su alma. Sus hijos y sus hijas que ustedes han dejado detrás, caerán a espada. 22Harán como Yo he hecho; no cubrirán sus bigotes ni comerán pan de duelo. 23Sus turbantes estarán sobre sus cabezas y su calzado en sus pies. No se lamentarán ni llorarán, sino que se pudrirán en sus iniquidades y gemirán unos con otros. 24Ezequiel, pues, les servirá de señal; según todo lo que él ha hecho, ustedes harán; cuando esto suceda, sabrán que Yo soy el Señor Dios” ’.
25”Y tú, hijo de hombre, ¿no será que el día en que les quite su fortaleza, el gozo de su gloria, el encanto de sus ojos, el anhelo de su alma, y a sus hijos y a sus hijas, 26en ese día el que escape vendrá a ti con noticias para tus oídos? 27En ese día se abrirá tu boca para el que escapó, y hablarás y dejarás de estar mudo. Y servirás para ellos de señal, y sabrán que Yo soy el Señor” ».

Ezequiel 25

1Y vino a mí la palabra del Señor: 2«Hijo de hombre, pon tu rostro hacia los amonitas, y profetiza contra ellos. 3Dile a los amonitas: “Oigan la palabra del Señor Dios. Así dice el Señor Dios: ‘Por cuanto dijiste: “¡Ajá!” contra Mi santuario cuando era profanado, y contra la tierra de Israel cuando era desolada, y contra la casa de Judá cuando iba en cautiverio, 4por tanto, te entregaré por posesión a los hijos del oriente, y asentarán en ti sus campamentos y pondrán en ti sus tiendas; ellos comerán tus frutos y beberán tu leche. 5Yo haré de Rabá un pastizal para camellos, y de Amón un descansadero para rebaños. Así ustedes sabrán que Yo soy el Señor’.
6”Porque así dice el Señor Dios: ‘Por haber batido palmas y golpeado con tus pies, por haberte alegrado con todo el escarnio de tu alma contra la tierra de Israel, 7por tanto, Yo he extendido Mi mano contra ti y te daré por despojo a las naciones; te cortaré de entre los pueblos y te exterminaré de entre las tierras. Te destruiré. Así sabrás que Yo soy el Señor’.
8”Así dice el Señor Dios: ‘Por cuanto Moab y Seir dicen: “La casa de Judá es como todas las naciones”, 9por tanto, voy a abrir el flanco de Moab y privarla de sus ciudades, de las ciudades que están en sus fronteras, la gloria de la tierra, Bet Jesimot, Baal Meón y Quiriataim, 10daré su tierra en posesión a los hijos del oriente, junto con los amonitas, para que los amonitas no sean recordados más entre las naciones. 11Haré juicios contra Moab, y sabrán que Yo soy el Señor’.
12”Así dice el Señor Dios: ‘Por cuanto Edom ha obrado vengativamente contra la casa de Judá, ha incurrido en grave culpa y se ha vengado de ellos’, 13por tanto, así dice el Señor Dios: ‘Yo extenderé también Mi mano contra Edom y cortaré de ella hombres y animales y la dejaré en ruinas; desde Temán hasta Dedán caerán a espada. 14Pondré Mi venganza contra Edom en mano de Mi pueblo Israel, y harán en Edom conforme a Mi ira y conforme a Mi furor; así conocerán Mi venganza’, declara el Señor Dios.
15”Así dice el Señor Dios: ‘Por cuanto los filisteos han obrado vengativamente, y con desprecio de alma han tomado venganza, destruyendo por causa de perpetua enemistad’, 16por tanto, así dice el Señor Dios: ‘Voy a levantar Mi mano contra los filisteos, y cortaré a los cereteos y haré perecer a los que quedan en la costa del mar. 17Ejecutaré contra ellos grandes venganzas con terribles reprensiones; y sabrán que Yo soy el Señorcuando haga venir Mi venganza sobre ellos’ ” ».

Lucas 19

1Cuando Jesús entró en Jericó, pasaba por la ciudad. 2Y un hombre llamado Zaqueo, que era jefe de los recaudadores de impuestos y era rico, 3trataba de ver quién era Jesús, pero no podía a causa de la multitud, ya que Zaqueo era de pequeña estatura. 4Corriendo delante, se subió a un árbol sicómoro y así lo podría ver, porque Jesús estaba a punto de pasar por allí.
5Cuando Jesús llegó al lugar, miró hacia arriba y le dijo: «Zaqueo, date prisa y desciende, porque hoy debo quedarme en tu casa». 6Entonces él se apresuró a descender y lo recibió con gozo. 7Al ver esto, todos murmuraban: «Ha ido a hospedarse con un hombre pecador».
8Pero Zaqueo, puesto en pie, dijo a Jesús: «Señor, la mitad de mis bienes daré a los pobres, y si en algo he defraudado a alguien, se lo restituiré cuadruplicado». 9«Hoy ha venido la salvación a esta casa», le dijo Jesús, «ya que él también es hijo de Abraham; 10porque el Hijo del Hombre ha venido a buscar y a salvar lo que se había perdido».
11Estando ellos oyendo estas cosas, Jesús continuó diciendo una parábola, porque Él estaba cerca de Jerusalén y ellos pensaban que el reino de Dios iba a aparecer de un momento a otro. 12Por eso dijo: «Cierto hombre de familia noble fue a un país lejano a recibir un reino para sí y después volver. 13Llamando a diez de sus siervos, les repartió diez minas y les dijo: “Negocien con esto hasta que yo regrese”. 14Pero sus ciudadanos lo odiaban, y enviaron una delegación tras él, diciendo: “No queremos que este reine sobre nosotros”.
15 »Y al regresar él, después de haber recibido el reino, mandó llamar a su presencia a aquellos siervos a los cuales había dado el dinero, para saber lo que habían ganado negociando . 16Se presentó el primero, diciendo: “Señor, su moneda se ha multiplicado diez veces”. 17Y él le dijo: “Bien hecho, buen siervo, puesto que has sido fiel en lo muy poco, ten autoridad sobre diez ciudades”. 18Entonces vino el segundo, diciendo: “Su moneda, señor, se ha multiplicado cinco veces”. 19Dijo también a este: “Y tú vas a estar sobre cinco ciudades”.
20 »Y vino otro, diciendo: “Señor, aquí está su moneda, que he tenido guardada en un pañuelo; 21pues a usted le tenía miedo, porque es un hombre exigente, que recoge lo que no depositó y siega lo que no sembró”. 22Él le contestó*: “Siervo inútil, por tus propias palabras te voy a juzgar. ¿Sabías que yo soy un hombre exigente, que recojo lo que no deposité y siego lo que no sembré? 23Entonces, ¿por qué no pusiste mi dinero en el banco, y al volver yo, lo hubiera recibido con los intereses?”. 24Y dijo a los que estaban presentes: “Quítenle la moneda y dénsela al que tiene las diez monedas”. 25Ellos le dijeron: “Señor, él ya tiene diez monedas”. 26Les digo, que a cualquiera que tiene, más le será dado, pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará. 27Pero a estos mis enemigos, que no querían que reinara sobre ellos, tráiganlos acá y mátenlos delante de mí».
28Habiendo dicho esto, Jesús iba delante, subiendo hacia Jerusalén.
29Cuando se acercó a Betfagé y a Betania, cerca del monte que se llama de los Olivos, envió a dos de los discípulos, 30diciéndoles: «Vayan a la aldea que está enfrente, en la cual, al entrar, encontrarán un pollino atado sobre el cual nunca se ha montado nadie; desátenlo y tráiganlo. 31Y si alguien les pregunta: “¿Por qué lo desatan?”, de esta manera hablarán: “Porque el Señor lo necesita” ».
32Entonces los enviados fueron y lo encontraron como Él les había dicho. 33Mientras desataban el pollino, sus dueños les dijeron: «¿Por qué desatan el pollino?». 34Les respondieron: «Porque el Señor lo necesita». 35Lo trajeron a Jesús, y echando sus mantos sobre el pollino, pusieron a Jesús sobre él. 36Y mientras Él iba avanzando, tendían sus mantos por el camino.
37Cuando ya se acercaba, junto a la bajada del monte de los Olivos, toda la multitud de los discípulos, regocijándose, comenzó a alabar a Dios a gran voz por todas las maravillas que habían visto, 38diciendo:
«¡Bendito el Rey que viene en el nombre del Señor!
¡Paz en el cielo y gloria en las alturas!».
39Entonces algunos de los fariseos de entre la multitud le dijeron: «Maestro, reprende a Tus discípulos». 40Pero Él respondió: «Les digo que si estos se callan, las piedras clamarán».
41Cuando Jesús se acercó, al ver la ciudad, lloró sobre ella, 42diciendo: «¡Si tú también hubieras sabido en este día lo que conduce a la paz! Pero ahora está oculto a tus ojos. 43Porque sobre ti vendrán días, cuando tus enemigos echarán terraplén delante de ti, te sitiarán y te acosarán por todas partes. 44Te derribarán a tierra, y a tus hijos dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, porque no conociste el tiempo de tu visitación».
45Entrando Jesús en el templo, comenzó a echar fuera a los que vendían, 46diciéndoles: «Escrito está: “Mi casa será casa de oración pero ustedes la han hecho cueva de ladrones” ».
47Jesús enseñaba diariamente en el templo. Pero los principales sacerdotes, los escribas y los más prominentes del pueblo procuraban matar a Jesús; 48y no encontraban la manera de hacerlo, porque todo el pueblo estaba pendiente de Él, escuchando lo que decía.

Salmo 23

Salmo de David.
1El Señor es mi pastor,
Nada me faltará.
2En lugares de verdes pastos me hace descansar;
Junto a aguas de reposo me conduce.
3Él restaura mi alma;
Me guía por senderos de justicia
Por amor de Su nombre.
4¶Aunque pase por el valle de sombra de muerte,
No temeré mal alguno, porque Tú estás conmigo;
Tu vara y Tu cayado me infunden aliento.
5Tú preparas mesa delante de mí en presencia de mis enemigos;
Has ungido mi cabeza con aceite;
Mi copa está rebosando.
6Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida,
Y en la casa del Señormoraré por largos días.

Proverbios 13

1El hijo sabio acepta la disciplina de su padre,
Pero el insolente no escucha la reprensión.
2Del fruto de su boca el hombre comerá el bien,
Pero el deseo de los traidores es la violencia.
3El que guarda su boca, preserva su vida;
El que mucho abre sus labios, termina en ruina.
4El alma del perezoso desea mucho, pero nada consigue,
Sin embargo, el alma de los diligentes queda satisfecha.
5El justo aborrece la falsedad,
Pero el impío causa repugnancia y vergüenza.
6La justicia guarda al íntegro en su camino,
Pero la maldad destruye al pecador.
7Hay quien pretende ser rico, y nada tiene;
Hay quien pretende ser pobre, y tiene una gran fortuna.
8El rescate de la vida de un hombre está en sus riquezas,
Pero el pobre no oye amenazas.
9La luz de los justos brilla alegremente,
Pero la lámpara de los impíos se apaga.
10Por la soberbia solo viene la contienda,
Pero con los que reciben consejos está la sabiduría.
11La fortuna obtenida con fraude disminuye,
Pero el que la recoge con trabajo la aumenta.
12La esperanza que se demora enferma el corazón,
Pero el deseo cumplido es árbol de vida.
13El que desprecia la palabra pagará por ello,
Pero el que teme el mandamiento será recompensado.
14La enseñanza del sabio es fuente de vida,
Para apartarse de los lazos de la muerte.
15El buen entendimiento produce favor,
Pero el camino de los malvados es difícil.
16Todo hombre prudente obra con conocimiento,
Pero el necio ostenta necedad.
17El mensajero perverso cae en la adversidad,
Pero el enviado fiel trae sanidad.
18Pobreza y vergüenza vendrán al que desprecia la instrucción,
Pero el que acepta la reprensión será honrado.
19Deseo cumplido es dulzura para el alma,
Pero es abominación para los necios el apartarse del mal.
20El que anda con sabios será sabio,
Pero el compañero de los necios sufrirá daño.
21A los pecadores los persigue el mal,
Pero los justos serán recompensados con el bien.
22El hombre bueno deja herencia a los hijos de sus hijos,
Pero la riqueza del pecador está reservada para el justo.
23El terreno de los pobres tiene mucho de comer,
Pero se pierde por la injusticia.
24El que evita la vara odia a su hijo,
Pero el que lo ama lo disciplina con diligencia.
25El justo come hasta saciar su alma,
Pero el vientre de los impíos sufre escasez.

Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © The Lockman Foundation — cortesía de YouVersion.

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