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Día 324 de 365 · 20 de noviembre

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Ezequiel 26

1En el año undécimo, el día primero del mes, vino a mí la palabra del Señor: 2«Hijo de hombre, por cuanto Tiro ha dicho acerca de Jerusalén: “¡Ajá!, la puerta de los pueblos está rota, se abrió para mí, me llenaré, ya que ella está asolada”, 3por tanto, así dice el Señor Dios: “Yo estoy contra ti, Tiro, y haré subir contra ti muchas naciones, como el mar hace subir sus olas. 4Y destruirán las murallas de Tiro y demolerán sus torres; barreré de ella sus escombros y la haré una roca desnuda. 5Será tendedero de redes en medio del mar, porque Yo he hablado”, declara el Señor Dios, “y ella será despojo para las naciones. 6Y sus hijas que están tierra adentro, serán muertas a espada, y sabrán que Yo soy el Señor” ».
7Porque así dice el Señor Dios: «Desde el norte voy a traer sobre Tiro a Nabucodonosor, rey de Babilonia, rey de reyes, con caballos, carros, jinetes y un gran ejército. 8Matará a espada a tus hijas que están tierra adentro. Edificará contra ti muros de asedio, levantará contra ti un terraplén y alzará contra ti un escudo grande. 9Y dirigirá el golpe de sus arietes contra tus murallas, y con sus hachas demolerá tus torres.
10»Por la multitud de sus caballos, su polvo te cubrirá; por el estruendo de la caballería, de las carretas y de los carros, se estremecerán tus murallas cuando entre él por tus puertas como se entra en una ciudad en que se ha hecho brecha. 11Con los cascos de sus caballos pisoteará todas tus calles, a tu pueblo matará a espada, y tus fuertes columnas caerán por tierra. 12Los babilonios saquearán tus riquezas y robarán tus mercancías; demolerán tus murallas y destruirán tus suntuosas casas, y arrojarán al agua tus piedras, tus maderas y tus escombros. 13Así haré cesar el ruido de tus canciones, y el son de tus arpas no se oirá más. 14Y haré de ti una roca desnuda; serás un tendedero de redes. No volverás a ser edificada, porque Yo, el Señor, he hablado», declara el Señor Dios.
15Así dice el Señor Dios a Tiro: «Al estruendo de tu caída, cuando giman los heridos, cuando se haga la matanza en medio de ti, ¿no se estremecerán las costas? 16Entonces descenderán de sus tronos todos los príncipes del mar, se quitarán sus mantos y se despojarán de sus vestiduras bordadas. Se vestirán de temor, se sentarán en tierra, temblarán a cada momento y se horrorizarán a causa de ti. 17Elevarán una elegía por ti, y te dirán:
“¡Cómo has perecido, habitada de los mares,
La ciudad renombrada,
Que era poderosa en el mar!
Ella y sus habitantes,
Infundían terror
A todos sus vecinos.
18-”Ahora tiemblan las costas
Por el día de tu caída;
Sí, las costas del mar se espantan de tu fin” ».
19Porque así dice el Señor Dios: «Cuando Yo te convierta en una ciudad desolada, como las ciudades despobladas; cuando haga subir sobre ti el abismo, y te cubran las grandes aguas, 20entonces te haré descender con los que descienden a la fosa, con el pueblo de antaño. Te haré habitar en las profundidades de la tierra, como las antiguas ruinas, con los que descienden a la fosa, para que no seas habitada; y pondré gloria en la tierra de los vivientes. 21Traeré sobre ti terrores, y no existirás más; aunque seas buscada, no serás encontrada jamás», declara el Señor Dios.

Ezequiel 27

1Entonces vino a mí la palabra del Señor: 2«Tú, hijo de hombre, eleva una elegía por Tiro; 3y dile a Tiro, que está asentada en las entradas del mar, negociante de los pueblos de muchas costas: “Así dice el Señor Dios:
‘Tiro, tú has dicho: “Soy de perfecta hermosura”.
4-’En el corazón de los mares están tus fronteras;
Tus edificadores perfeccionaron tu hermosura.
5-’De los cipreses de Senir te han hecho todas tus tablas;
Del Líbano han tomado un cedro para hacerte un mástil.
6-’De encinas de Basán han hecho tus remos;
Tu cubierta de boj de las costas de Chipre la han incrustado con marfil.
7-’De lino fino bordado de Egipto era tu vela
Para que te sirviera de distintivo;
De azul y púrpura de las costas de Elisa era tu pabellón.
8-’Los habitantes de Sidón y de Arvad eran tus remeros;
Tus sabios, Tiro, estaban a bordo; eran tus pilotos.
9-’Los ancianos de Gebal y sus mejores obreros estaban contigo
Reparando tus junturas;
Todas las naves del mar y sus marineros estaban contigo
Para negociar con tus productos.
10’Los persas, los de Lud y los de Fut eran tus hombres de guerra en tu ejército. Colgaban en ti el escudo y el casco, manifestaban tu esplendor. 11Los hijos de Arvad, con tu ejército, estaban en tus murallas todo alrededor, y los gamadeos estaban en tus torres. Colgaban sus escudos en tus murallas todo alrededor; ellos perfeccionaban tu hermosura.
12’Tarsis era tu cliente por la abundancia de toda riqueza; con plata, hierro, estaño y plomo pagaban tus mercancías. 13Javán, Tubal y Mesec comerciaban contigo; con hombres y con utensilios de bronce pagaban tus productos. 14Los de Bet Togarmá daban caballos y corceles de guerra y mulos por tus mercancías. 15Los hijos de Dedán comerciaban contigo. Muchas costas eran clientes tuyas; colmillos de marfil y madera de ébano te traían como pago. 16Aram era tu cliente por la abundancia de tus productos; pagaban tus mercancías con turquesas, púrpura, bordados, lino fino, corales y rubíes.
17’Judá y la tierra de Israel comerciaban contigo; con trigo de Minit, tortas, miel, aceite y bálsamo pagaban tus productos. 18Damasco era tu cliente por la abundancia de tus productos, por la abundancia de toda riqueza, por el vino de Helbón y la lana blanca. 19Vedán y Javán pagaban tus mercancías desde Uzal; hierro forjado, casia y caña dulce estaban entre tus productos. 20Dedán comerciaba contigo en mantas para cabalgaduras.
21’Arabia y todos los príncipes de Cedar eran clientes tuyos: comerciaban en corderos, carneros y machos cabríos; en estas cosas eran tus clientes. 22Los comerciantes de Sabá y de Raama comerciaban contigo; con lo mejor de todas las especias, y con toda clase de piedras preciosas y oro pagaban tus mercancías. 23Harán, Cane, Edén, los comerciantes de Sabá, de Asiria y de Quilmad comerciaban contigo. 24Ellos comerciaban contigo en lujosos vestidos, en mantos de azul y bordados, en tapices multicolores, en cordones firmemente trenzados, que había entre tus mercancías. 25Las naves de Tarsis eran las portadoras de tus productos.
Fuiste repleta y muy gloriosa
En el corazón de los mares.
26¶’A muchas aguas te condujeron
Tus remeros;
El viento del este te destrozó
En el corazón de los mares.
27-’Tus riquezas, tus mercancías, tu comercio,
Tus marineros y tus pilotos,
Tus calafateadores, tus agentes comerciales,
Y todos los hombres de guerra que hay en ti,
Con toda tu tripulación que en medio de ti está,
Caerán en el corazón de los mares
El día de tu derrota.
28-’A la voz del grito de tus pilotos
Se estremecerán las praderas.
29-’Y descenderán de sus naves
Todos los que empuñan el remo;
Los marineros y todos los pilotos del mar
Se quedarán en tierra.
30-’Harán oír su voz por ti
Y gritarán amargamente.
Echarán polvo sobre sus cabezas,
Se revolcarán en ceniza.
31-’Se raparán la cabeza por tu causa
Y se ceñirán de cilicio;
Llorarán por ti, en la amargura de su alma,
Con amargo duelo.
32-’En su llanto elevarán por ti una elegía
Y se lamentarán por ti:
“¿Quién como Tiro,
Como la silenciosa en medio del mar?
33-”Cuando tus mercancías salían por los mares
Saciabas a muchos pueblos.
Con la abundancia de tus riquezas y de tus productos
Enriquecías a los reyes de la tierra.
34-”Ahora que estás destrozada por los mares
En las profundidades de las aguas,
Tu carga y toda tu tripulación
Se han hundido contigo.
35-”Todos los habitantes de las costas
Están pasmados por causa tuya;
Sus reyes están aterrorizados sobremanera,
Demudados sus rostros.
36-”Los mercaderes entre los pueblos te silban;
Te has convertido en terror,
Y ya no existirás más” ’ ” ».

Lucas 20

1Aconteció que en uno de los días, cuando Jesús enseñaba a la gente en el templo y anunciaba el evangelio, se enfrentaron a Él los principales sacerdotes y los escribas con los ancianos, 2y le dijeron: «Dinos, ¿con qué autoridad haces estas cosas, o quién te dio esta autoridad?».
3Jesús les respondió: «Yo también les haré una pregunta; quiero que me digan: 4El bautismo de Juan, ¿era del cielo o de los hombres?». 5Y ellos razonaban entre sí, diciendo: «Si decimos: “Del cielo”, Él dirá: “¿Por qué no le creyeron?”. 6Pero si decimos: “De los hombres”, todo el pueblo nos matará a pedradas, pues están convencidos de que Juan era un profeta».
7Y respondieron que no sabían de dónde era. 8Jesús entonces les dijo: «Tampoco Yo les diré con qué autoridad hago estas cosas».
9Entonces comenzó a contar al pueblo esta parábola: «Un hombre plantó una viña, y la arrendó a labradores, y se fue de viaje por mucho tiempo. 10Al tiempo de la vendimia envió un siervo a los labradores para que le dieran parte del fruto de la viña; pero los labradores, después de golpearlo, lo enviaron con las manos vacías. 11Volvió a enviar otro siervo; y ellos también a este, después de golpearlo y ultrajarlo, lo enviaron con las manos vacías. 12Después envió un tercero; y a este también lo hirieron y echaron fuera.
13 »Entonces el dueño de la viña dijo: “¿Qué haré? Enviaré a mi hijo amado; quizá a él lo respetarán”. 14Pero cuando los labradores lo vieron, razonaron entre sí, diciendo: “Este es el heredero; vamos a matarlo para que la heredad sea nuestra”. 15Y arrojándolo fuera de la viña, lo mataron. Por tanto, ¿qué les hará el dueño de la viña? 16Vendrá y destruirá a estos labradores, y dará la viña a otros». Y cuando ellos oyeron esto, dijeron: «¡Nunca suceda tal cosa!».
17Pero Él, mirándolos fijamente, dijo: «Entonces, ¿qué quiere decir esto que está escrito:
“La piedra que desecharon los constructores,
Esa, en piedra angular se ha convertido”?
18 Todo el que caiga sobre esa piedra será hecho pedazos; y sobre quien ella caiga, lo esparcirá como polvo».
19Los escribas y los principales sacerdotes procuraron arrestar a Jesús en aquella misma hora, porque comprendieron que contra ellos había dicho esta parábola; pero temieron al pueblo. 20Para sorprender a Jesús en alguna declaración, lo acechaban, enviando espías que fingieran ser justos, y así lo podrían entregar al poder y autoridad del gobernador.
21Y le preguntaron: «Maestro, sabemos que hablas y enseñas rectamente, y no te guías por las apariencias, sino que enseñas con verdad el camino de Dios. 22¿Nos es lícito pagar impuesto a César, o no?». 23Pero Jesús, percibiendo su astucia, les dijo: 24«Traigan un denario. ¿De quién es la imagen y la inscripción que lleva?». «De César», contestaron.
25Entonces Jesús les dijo: «Pues den a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios». 26Y no podían sorprender a Jesús en palabra alguna delante del pueblo; y maravillados de Su respuesta, se callaron.
27Acercándose a Él algunos de los saduceos, los que dicen que no hay resurrección, 28Le dijeron: «Maestro, Moisés nos escribió: “Si el hermano de alguien muere, siendo casado, y no deja hijos, que su hermano tome la mujer y levante descendencia a su hermano”. 29Eran, pues, siete hermanos; y el primero tomó esposa, y murió sin dejar hijos; 30y el segundo 31y el tercero la tomaron; y de la misma manera también los siete, y murieron sin dejar hijos. 32Por último, murió también la mujer. 33Por tanto, en la resurrección, ¿de cuál de ellos será esposa la mujer? Porque los siete la tuvieron por mujer».
34Jesús les respondió: «Los hijos de este siglo se casan y son dados en matrimonio. 35Pero los que son tenidos por dignos de alcanzar aquel siglo y la resurrección de entre los muertos, ni se casan ni son dados en matrimonio. 36Tampoco pueden morir, pues son como ángeles, y son hijos de Dios, siendo hijos de la resurrección. 37Pero que los muertos resucitan, aun Moisés lo enseñó, en aquel pasaje sobre la zarza ardiendo, donde llama al Señor, el Dios de Abraham, y Dios de Isaac, y Dios de Jacob. 38Él no es Dios de muertos, sino de vivos; porque todos viven para Él».
39Algunos de los escribas respondieron: «Maestro, bien has hablado». 40Y ya no se atrevían a hacer más preguntas.
41Entonces Jesús les preguntó: «¿Cómo es que dicen que el Cristo es hijo de David? 42Pues David mismo dice en el libro de los Salmos:
El Señor dijo a mi Señor:
“Siéntate a Mi diestra,
43 Hasta que ponga a Tus enemigos por estrado de Tus pies” ».
44 «David, por tanto, lo llama “Señor”. ¿Cómo, pues, es Él su hijo?».
45Mientras todo el pueblo escuchaba, dijo a Sus discípulos: 46«Cuídense de los escribas, a quienes les gusta andar con vestiduras largas, y son amantes de los saludos respetuosos en las plazas, y de ocupar los primeros asientos en las sinagogas y los lugares de honor en los banquetes; 47que devoran las casas de las viudas, y por las apariencias hacen largas oraciones; ellos recibirán mayor condenación».

Salmo 24

Salmo de David.
1Del Señor es la tierra y todo lo que hay en ella,
El mundo y los que en él habitan.
2Porque Él la fundó sobre los mares,
Y la asentó sobre los ríos.
3¿Quién subirá al monte del Señor?
¿Y quién podrá estar en Su lugar santo?
4El de manos limpias y corazón puro,
El que no ha alzado su alma a la falsedad
Ni jurado con engaño.
5Ese recibirá bendición del Señor,
Y justicia del Dios de su salvación.
6Tal es la generación de los que lo buscan,
De los que buscan Tu rostro, como Jacob. (Selah)
7¶Alcen, oh puertas, sus cabezas,
Álcense, puertas eternas,
Para que entre el Rey de la gloria.
8¿Quién es este Rey de la gloria?
El Señor, fuerte y poderoso;
El Señor, poderoso en batalla.
9Álcen, oh puertas, sus cabezas,
Álcenlas, puertas eternas,
Para que entre el Rey de la gloria.
10¿Quién es este Rey de la gloria?
El Señor de los ejércitos,
Él es el Rey de la gloria. (Selah)

Proverbios 14

1La mujer sabia edifica su casa,
Pero la necia la derriba con sus manos.
2El que anda en rectitud teme al Señor,
Pero el de perversos caminos lo desprecia.
3En la boca del necio hay una vara para su espalda,
Pero los labios de los sabios los protegerán.
4Donde no hay bueyes, el pesebre está limpio,
Pero mucho rendimiento se obtiene por la fuerza del buey.
5El testigo veraz no mentirá,
Pero el testigo falso habla mentiras.
6El insolente busca sabiduría y no la halla,
Pero para el hombre entendido el conocimiento es fácil.
7Apártate de la presencia del necio,
Porque en él no discernirás palabras de conocimiento.
8La sabiduría del prudente está en entender su camino,
Pero la necedad de los necios es engaño.
9Los necios se ríen del pecado,
Pero entre los rectos hay buena voluntad.
10El corazón conoce su propia amargura,
Y un extraño no comparte su alegría.
11La casa de los impíos será destruida,
Pero la tienda de los rectos florecerá.
12Hay camino que al hombre le parece derecho,
Pero al final, es camino de muerte.
13Aun en la risa, el corazón puede tener dolor,
Y el final de la alegría puede ser tristeza.
14El de corazón descarriado se saciará de sus caminos,
Pero el hombre bueno estará satisfecho con el suyo.
15El simple todo lo cree,
Pero el prudente mira bien sus pasos.
16El sabio teme y se aparta del mal,
Pero el necio es arrogante y descuidado.
17El hombre pronto a la ira obra neciamente,
Y el hombre de malos designios es aborrecido.
18Los simples heredan necedad,
Pero los prudentes son coronados de conocimiento.
19Los malos se inclinarán ante los buenos,
Y los impíos, a las puertas del justo.
20Aun por su vecino es odiado el pobre,
Pero muchos son los que aman al rico.
21El que desprecia a su prójimo peca,
Pero es feliz el que se apiada de los pobres.
22¿No se perderán los que traman el mal?
Pero misericordia y verdad recibirán los que planean el bien.
23En todo trabajo hay ganancia,
Pero el vano hablar conduce solo a la pobreza.
24La corona de los sabios es su riqueza,
Pero la necedad de los necios es insensatez.
25El testigo veraz salva vidas,
Pero el que habla mentiras es traidor.
26En el temor del Señor hay confianza segura,
Y a los hijos dará refugio.
27El temor del Señor es fuente de vida,
Para evadir los lazos de la muerte.
28En la multitud del pueblo está la gloria del rey,
Pero en la falta de pueblo está la ruina del príncipe.
29El lento para la ira tiene gran prudencia,
Pero el que es irascible ensalza la necedad.
30Un corazón apacible es vida para el cuerpo,
Pero las pasiones son podredumbre de los huesos.
31El que oprime al pobre afrenta a su Hacedor,
Pero el que se apiada del necesitado lo honra.
32El impío es derribado por su maldad,
Pero el justo tiene un refugio cuando muere.
33En el corazón del prudente reposa la sabiduría,
Pero en medio de los necios no se da a conocer.
34La justicia engrandece a la nación,
Pero el pecado es afrenta para los pueblos.
35El favor del rey es para el siervo que obra sabiamente,
Pero su enojo es contra el que obra vergonzosamente.

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