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Día 327 de 365 · 23 de noviembre

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Ezequiel 32

1En el año duodécimo, el mes duodécimo, el día primero del mes, vino a mí la palabra del Señor: 2«Hijo de hombre, eleva una elegía por Faraón, rey de Egipto, y dile:
“Parecías un leoncillo de las naciones
Pero eras como el monstruo de los mares;
Prorrumpías en tus ríos,
Enturbiabas las aguas con tus pies
Y ensuciabas sus ríos” ».
3Así dice el Señor Dios:
«Mi red tenderé sobre ti
En compañía de muchos pueblos,
Y ellos te alzarán en Mi red.
4-»Te dejaré en tierra,
Te echaré en campo abierto,
Y haré que habiten sobre ti todas las aves del cielo,
Y saciaré de ti a las bestias de toda la tierra.
5-»Pondré tu carne sobre los montes,
Y llenaré los valles de tu carroña.
6-»También haré que la tierra se empape con el derramamiento de tu sangre
Hasta los montes,
Y las barrancas se llenarán de ti.
7-»Cuando te hayas extinguido, cubriré los cielos
Y oscureceré sus estrellas;
Cubriré el sol de nubes,
Y la luna no dará su luz.
8-»Todos los astros brillantes del cielo
Oscureceré por causa tuya,
Y pondré tinieblas sobre tu tierra»,
Declara el Señor Dios.
9«También turbaré el corazón de muchos pueblos, cuando haga llegar la noticia de tu destrucción entre las naciones, hasta tierras que no has conocido. 10Y haré que muchos pueblos se queden pasmados por causa tuya, y sus reyes en gran manera se aterrorizarán de ti cuando Yo blanda Mi espada ante ellos. Temblarán constantemente, cada uno por su vida, el día de tu caída».
11Pues así dice el Señor Dios: «La espada del rey de Babilonia vendrá sobre ti. 12Con las espadas de los poderosos haré caer tu multitud, tiranos todos ellos de las naciones,
Que asolarán el orgullo de Egipto,
Y toda su multitud será destruida.
13-»También destruiré todo su ganado junto a aguas abundantes;
No las enturbiará más pie de hombre,
Ni pezuñas de animales las enturbiarán.
14-»Entonces haré asentarse sus aguas,
Y haré correr sus ríos como el aceite»,
Declara el Señor Dios.
15«Cuando Yo haga de la tierra de Egipto una desolación,
Y la tierra quede despojada de lo que la llenaba,
Cuando Yo hiera a todos los que en ella viven,
Entonces sabrán que Yo soy el Señor.
16Esta es la lamentación y la cantarán; las hijas de las naciones la cantarán. Sobre Egipto y sobre toda su multitud la cantarán», declara el Señor Dios.
17En el año duodécimo, el día quince del mes, vino a mí de nuevo la palabra del Señor: 18«Hijo de hombre, laméntate por la multitud de Egipto, hazla descender, con las hijas de las naciones poderosas, a las profundidades de la tierra, con los que descienden a la fosa;
19“¿A quién superas en hermosura?
Desciende y yace con los incircuncisos”.
20En medio de los muertos a espada ellos caerán. Egipto es entregado a la espada; lo han arrastrado con toda su multitud. 21Los fuertes entre los poderosos hablarán de Egipto y de sus auxiliares de en medio del Seol: “Han descendido, yacen los incircuncisos muertos a espada”.
22»Allí está Asiria con toda su multitud, sus tumbas la rodean; todos ellos muertos, caídos a espada. 23Sus tumbas están en las partes más profundas de la fosa, y su multitud está alrededor de su tumba; todos ellos muertos, caídos a espada, los cuales infundían terror en la tierra de los vivientes.
24»Allí está Elam y toda su multitud alrededor de su tumba; todos ellos muertos, caídos a espada, los cuales descendieron incircuncisos a las profundidades de la tierra. Ellos que infundían su terror en la tierra de los vivientes, cargaron su ignominia con los que descienden a la fosa. 25Le han hecho un lecho en medio de los muertos con toda su multitud. Sus tumbas lo rodean; todos son incircuncisos, muertos a espada: por haber infundido su terror en la tierra de los vivientes, cargaron su ignominia con los que descienden a la fosa; fueron puestos en medio de los muertos.
26»Mesec, Tubal y toda su multitud están allí; sus tumbas los rodean; todos ellos incircuncisos. Los mataron a espada, por haber infundido su terror en la tierra de los vivientes. 27Y no yacen junto a los héroes caídos de entre los incircuncisos que descendieron al Seol con sus armas de guerra, cuyas espadas estaban colocadas debajo de sus cabezas; pero el castigo de su iniquidad cayó sobre sus huesos, porque el terror de estos héroes prevalecía en la tierra de los vivientes. 28Pero tú, en medio de los incircuncisos serás quebrantado, y yacerás con los muertos a espada.
29»Allí está Edom, sus reyes y todos sus príncipes, quienes con todo su poderío fueron puestos con los muertos a espada. Ellos están tendidos con los incircuncisos y con los que descienden a la fosa.
30»Allí están los jefes del norte, todos ellos y todos los sidonios, quienes a pesar del terror causado por su poderío, descendieron avergonzados con los muertos. Están tendidos los incircuncisos con los muertos a espada y cargaron su ignominia con los que descienden a la fosa.
31»A estos verá Faraón y se consolará con respecto a toda su multitud muerta a espada, Faraón y todo su ejército», declara el Señor Dios. 32«Aunque Yo infundí el terror de Faraón en la tierra de los vivientes, sin embargo a Faraón y a toda su multitud se le hará estar entre los incircuncisos con los muertos a espada», declara el Señor Dios.

Ezequiel 33

1Y vino a mí la palabra del Señor: 2«Hijo de hombre, habla a los hijos de tu pueblo y diles: “Si Yo traigo una espada sobre un país, y la gente del país toma a un hombre de entre ellos y lo ponen de centinela, 3y este ve venir la espada sobre el país, y toca la trompeta y advierte al pueblo, 4y el que oye el sonido de la trompeta no se da por advertido, y viene una espada y se lo lleva, su sangre recaerá sobre su propia cabeza. 5Oyó el sonido de la trompeta pero no se dio por advertido; su sangre recaerá sobre él. Pero si hubiera hecho caso, habría salvado su vida. 6Pero si el centinela ve venir la espada y no toca la trompeta, y el pueblo no es advertido, y una espada viene y se lleva a uno de entre ellos, él será llevado por su iniquidad; pero Yo demandaré su sangre de mano del centinela”.
7»Y a ti, hijo de hombre, te he puesto por centinela de la casa de Israel; oirás, pues, la palabra de Mi boca, y les advertirás de Mi parte. 8Cuando Yo diga al impío: “Impío, ciertamente morirás”, si tú no hablas para advertir al impío de su camino, ese impío morirá por su iniquidad, pero Yo demandaré su sangre de tu mano. 9Pero si tú, de tu parte adviertes al impío para que se aparte de su camino, y él no se aparta de su camino, morirá por su iniquidad, pero tú habrás librado tu vida.
10»Y tú, hijo de hombre, dile a la casa de Israel: “Así han hablado: ‘Ciertamente nuestras transgresiones y nuestros pecados están sobre nosotros, y por ellos nos estamos consumiendo; ¿cómo, pues, podremos vivir?’ ”. 11Diles: “Vivo Yo”, declara el Señor Dios, “que no me complazco en la muerte del impío, sino en que el impío se aparte de su camino y viva. Vuélvanse, vuélvanse de sus malos caminos. ¿Por qué han de morir, oh casa de Israel?”.
12»Y tú, hijo de hombre, dile a los hijos de tu pueblo: “La justicia del justo no lo salvará el día de su transgresión, y la maldad del impío no le será tropiezo el día que se aparte de su maldad; como tampoco el justo podrá vivir por su justicia el día que peque”. 13Cuando Yo diga al justo que ciertamente vivirá, si él confía tanto en su justicia que hace iniquidad, ninguna de sus obras justas le será recordada, sino que por la misma iniquidad que cometió morirá. 14Pero cuando Yo diga al impío: “Ciertamente morirás”, si él se aparta de su pecado y practica el derecho y la justicia, 15si el impío devuelve la prenda, restituye lo que ha robado, anda en los preceptos de vida sin cometer iniquidad, ciertamente vivirá, no morirá. 16Ninguno de los pecados que ha cometido le será recordado. Él ha practicado el derecho y la justicia; ciertamente vivirá.
17»Pero los hijos de tu pueblo dicen: “No es recto el camino del Señor”, pero es su propio camino el que no es recto. 18Cuando el justo se aparta de su justicia y hace iniquidad, morirá por ello. 19Pero cuando el impío se aparta de su maldad y practica el derecho y la justicia, vivirá por ello. 20Sin embargo, ustedes dicen: “No es recto el camino del Señor”. Yo los juzgaré a cada uno de ustedes según sus caminos, oh casa de Israel».
21En el año duodécimo de nuestro destierro, a los cinco días del mes décimo, vino a mí un fugitivo de Jerusalén, diciendo: «La ciudad ha sido tomada». 22Y la mano del Señor había venido sobre mí la tarde antes de llegar el fugitivo. Y Él abrió mi boca cuando aquel llegó a mí por la mañana; mi boca se abrió y dejé de estar mudo.
23Entonces vino a mí la palabra del Señor: 24«Hijo de hombre, los que viven en estos lugares desolados de la tierra de Israel dicen: “Uno solo era Abraham, y poseyó la tierra; así que a nosotros que somos muchos se nos ha dado la tierra en posesión”. 25Por tanto, diles: “Así dice el Señor Dios: ‘Ustedes comen carne con sangre, alzan los ojos a sus ídolos mientras derraman sangre. ¿Poseerán entonces la tierra? 26Ustedes confían en su espada, cometen abominaciones, cada uno contamina la mujer de su prójimo. ¿Poseerán entonces la tierra?’ ”.
27»Así les dirás: “Así dice el Señor Dios: ‘Vivo Yo, que los que están en los lugares desolados caerán a espada, y los que están en campo abierto los entregaré a las fieras para ser devorados, y los que están en los refugios y en las cuevas, de pestilencia morirán. 28Convertiré la tierra en desolación y en soledad, y cesará el orgullo de su poder; los montes de Israel serán desolados, y nadie pasará por ellos. 29Y sabrán que Yo soy el Señor, cuando Yo convierta la tierra en desolación y en soledad por todas las abominaciones que han cometido’ ”.
30»Pero en cuanto a ti, hijo de hombre, los hijos de tu pueblo hablan de ti junto a los muros y en las entradas de las casas; hablan el uno al otro, cada cual a su hermano, diciendo: “Vengan ahora, y oigan cual es la palabra que viene del Señor”. 31Y vienen a ti como viene el pueblo, y se sientan delante de ti como pueblo Mío, oyen tus palabras y no las cumplen sino que siguen los deseos sensuales expresados por su boca, y sus corazones andan tras sus ganancias. 32Y tú eres para ellos como la canción de amor de uno que tiene una voz hermosa y toca bien un instrumento; oyen tus palabras, pero no las ponen en práctica. 33Y cuando esto suceda, como ciertamente sucederá, sabrán que hubo un profeta en medio de ellos».

Lucas 23

1Toda la asamblea de ellos se levantó, y llevaron a Jesús ante Pilato. 2Y comenzaron a acusar a Jesús, diciendo: «Hemos hallado que este pervierte a nuestra nación, prohibiendo pagar impuesto a César, y diciendo que Él mismo es Cristo, un Rey».
3Pilato preguntó a Jesús: «¿Eres Tú el Rey de los judíos?». «Tú lo dices», le respondió Jesús. 4Entonces Pilato dijo a los principales sacerdotes y a la multitud: «No encuentro delito en este hombre». 5Pero ellos insistían, diciendo: «Él alborota al pueblo, enseñando por toda Judea, comenzando desde Galilea hasta aquí».
6Cuando Pilato oyó esto, preguntó si el hombre era galileo. 7Al saber que Jesús pertenecía a la jurisdicción de Herodes, lo remitió a Herodes, que también estaba en Jerusalén en aquellos días.
8Al ver a Jesús, Herodes se alegró en gran manera, pues hacía mucho tiempo que lo quería ver por lo que había oído hablar de Él, y esperaba ver alguna señal que Él hiciera. 9Lo interrogó extensamente, pero Jesús nada le respondió. 10Los principales sacerdotes y los escribas también estaban allí, y lo acusaban con vehemencia. 11Entonces Herodes, con sus soldados, después de tratar a Jesús con desprecio y burlarse de Él, lo vistieron con un espléndido manto. Después Herodes lo envió de nuevo a Pilato. 12Aquel mismo día Herodes y Pilato se hicieron amigos, pues antes habían estado enemistados el uno con el otro.
13Pilato convocó a los principales sacerdotes, a los gobernantes y al pueblo, 14y les dijo: «Me han presentado a este hombre como uno que incita al pueblo a la rebelión, pero habiéndolo interrogado yo delante de ustedes, no he hallado ningún delito en este hombre de las acusaciones que hacen contra Él. 15Ni tampoco Herodes, pues nos lo ha remitido de nuevo; ya que nada ha hecho que merezca la muerte. 16Por tanto, lo voy a castigar y después, lo soltaré». 17Y tenía obligación de soltarles un preso en cada fiesta.
18Pero todos ellos gritaron a una: «¡Fuera con este, y suéltanos a Barrabás!». 19Barrabás había sido echado en la cárcel por un levantamiento ocurrido en la ciudad, y por homicidio.
20Pilato, queriendo soltar a Jesús, les volvió a hablar, 21pero ellos continuaban gritando: «¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo!». 22Y él les dijo por tercera vez: «¿Por qué? ¿Qué mal ha hecho Este? No he hallado en Él ningún delito digno de muerte; por tanto, lo castigaré y lo soltaré». 23Pero ellos insistían, pidiendo a grandes voces que fuera crucificado, y sus voces comenzaron a predominar. 24Entonces Pilato decidió que se les concediera su demanda. 25Y soltó al que ellos pedían, al que había sido echado en la cárcel por insurrección y homicidio, pero entregó a Jesús a la voluntad de ellos.
26Cuando lo llevaban, tomaron a un tal Simón de Cirene que venía del campo y le pusieron la cruz encima para que la llevara detrás de Jesús.
27Y seguía a Jesús una gran multitud del pueblo y de mujeres que lloraban y se lamentaban por Él. 28Pero Jesús, volviéndose a ellas, dijo: «Hijas de Jerusalén, no lloren por Mí; lloren más bien por ustedes mismas y por sus hijos. 29Porque vienen días en que dirán: “Dichosas las estériles, los vientres que nunca concibieron y los senos que nunca criaron”. 30Entonces comenzarán a decir a los montes: “Caigan sobre nosotros”; y a los collados: “Cúbrannos”. 31Porque si en el árbol verde hacen esto, ¿qué sucederá en el seco?».
32También llevaban a otros dos, que eran malhechores, para ser muertos con Él.
33Cuando llegaron al lugar llamado «La Calavera», crucificaron allí a Jesús y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda. 34Y Jesús decía: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen». Y los soldados echaron suertes, repartiéndose entre sí Sus vestidos.
35El pueblo estaba allí mirando; y aun los gobernantes se burlaban de Él, diciendo: «A otros salvó; que se salve Él mismo si Este es el Cristo de Dios, Su Escogido». 36Los soldados también se burlaban de Jesús, y se acercaban a Él y le ofrecían vinagre, 37diciendo: «Si Tú eres el Rey de los judíos, sálvate a Ti mismo».
38Había también una inscripción sobre Él, que decía: «ESTE ES EL REY DE LOS JUDÍOS».
39Uno de los malhechores que estaban colgados allí le lanzaba insultos, diciendo: «¿No eres Tú el Cristo? ¡Sálvate a Ti mismo y a nosotros!».
40Pero el otro le contestó, y reprendiéndolo, dijo: «¿Ni siquiera temes tú a Dios a pesar de que estás bajo la misma condena? 41Nosotros a la verdad, justamente, porque recibimos lo que merecemos por nuestros hechos; pero este nada malo ha hecho». 42Y añadió: «Jesús, acuérdate de mí cuando vengas en Tu reino». 43Entonces Jesús le dijo: «En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el paraíso».
44Era ya como la hora sexta, cuando descendieron tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora novena, 45al eclipsarse el sol. El velo del templo se rasgó en dos. 46Y Jesús, clamando a gran voz, dijo: «Padre, en Tus manos encomiendo Mi espíritu». Habiendo dicho esto, expiró.
47Al ver el centurión lo que había sucedido, glorificaba a Dios, diciendo: «Ciertamente, este hombre era inocente». 48Todas las multitudes que se habían reunido para presenciar este espectáculo, al observar lo que había acontecido, se volvieron golpeándose el pecho. 49Pero todos los conocidos de Jesús y las mujeres que lo habían acompañado desde Galilea, estaban a cierta distancia viendo estas cosas.
50Había un hombre llamado José, miembro del Concilio, varón bueno y justo, 51el cual no había estado de acuerdo con el plan y el proceder de los demás, que era de Arimatea, ciudad de los judíos, y que esperaba el reino de Dios. 52Este fue a Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús, 53y bajándolo, lo envolvió en un lienzo de lino, y lo puso en un sepulcro excavado en la roca donde nadie había sido puesto todavía. 54Era el día de la preparación, y estaba para comenzar el día de reposo.
55Y las mujeres que habían venido con Jesús desde Galilea siguieron detrás, y vieron el sepulcro y cómo fue colocado Su cuerpo. 56Cuando regresaron, prepararon especias aromáticas y perfumes.
Yen el día de reposo descansaron según el mandamiento.

Salmo 27

Salmo de David.
1El Señor es mi luz y mi salvación;
¿A quién temeré?
El Señor es la fortaleza de mi vida;
¿De quién tendré temor?
2Cuando los malhechores vinieron sobre mí para devorar mis carnes,
Ellos, mis adversarios y mis enemigos, tropezaron y cayeron.
3Si un ejército acampa contra mí,
No temerá mi corazón;
Si contra mí se levanta guerra,
A pesar de ello, yo estaré confiado.
4¶Una cosa he pedido al Señor, y esa buscaré:
Que habite yo en la casa del Señor todos los días de mi vida,
Para contemplar la hermosura del Señor
Y para meditar en Su templo.
5Porque en el día de la angustia me esconderá en Su tabernáculo;
En lo secreto de Su tienda me ocultará;
Sobre una roca me pondrá en alto.
6Entonces será levantada mi cabeza sobre mis enemigos que me cercan,
Y en Su tienda ofreceré sacrificios con voces de júbilo;
Cantaré, sí, cantaré alabanzas al Señor.
7¶Escucha, oh Señor, mi voz cuando clamo;
Ten piedad de mí, y respóndeme.
8 Cuando dijiste: «Busquen Mi rostro», mi corazón te respondió:
«Tu rostro, Señor, buscaré».
9No escondas Tu rostro de mí;
No rechaces con ira a Tu siervo;
Tú has sido mi ayuda.
No me abandones ni me desampares,
Oh Dios de mi salvación.
10Porque aunque mi padre y mi madre me hayan abandonado,
El Señor me recogerá.
11¶Señor, enséñame Tu camino,
Y guíame por senda llana
Por causa de mis enemigos.
12No me entregues a la voluntad de mis adversarios;
Porque testigos falsos se han levantado contra mí,
Y los que respiran violencia.
13 Hubiera yo desmayado, si no hubiera creído que había de ver la bondad del Señor
En la tierra de los vivientes.
14Espera al Señor;
Esfuérzate y aliéntese tu corazón.
Sí, espera al Señor.

Proverbios 17

1Mejor es un bocado seco y con él tranquilidad,
Que una casa llena de banquetes con discordia.
2El siervo prudente prevalecerá sobre el hijo sin honra,
Y con los hermanos participará de la herencia.
3El crisol es para la plata y el horno para el oro,
Pero el Señor prueba los corazones.
4El malhechor escucha a los labios perversos;
El mentiroso presta atención a la lengua detractora.
5El que se burla del pobre afrenta a su Hacedor;
El que se regocija de la desgracia no quedará sin castigo.
6Corona de los ancianos son los nietos,
Y la gloria de los hijos son sus padres.
7No convienen al necio las palabras elocuentes,
Mucho menos al príncipe los labios mentirosos.
8Talismán es el soborno a los ojos de su dueño;
Dondequiera que se vuelva, prospera.
9El que cubre una falta busca afecto,
Pero el que repite el asunto separa a los mejores amigos.
10La reprensión penetra más en el que tiene entendimiento
Que cien azotes en el necio.
11El rebelde solo busca el mal,
Y un cruel mensajero se enviará contra él.
12Mejor es encontrarse con una osa privada de sus cachorros,
Que con un necio en su necedad.
13Al que devuelve mal por bien,
El mal no se apartará de su casa.
14El comienzo del pleito es como el soltar de las aguas;
Deja, pues, la riña antes de que empiece.
15El que justifica al impío y el que condena al justo,
Ambos son igualmente abominación al Señor.
16¿De qué sirve el precio en la mano del necio para comprar sabiduría
Cuando no tiene entendimiento?
17En todo tiempo ama el amigo,
Y el hermano nace para tiempo de angustia.
18El hombre falto de entendimiento se compromete,
Y sale fiador a favor de su prójimo.
19El que ama la transgresión, ama el pleito;
El que alza su puerta, busca la destrucción.
20El de corazón perverso nunca encuentra el bien,
Y el de lengua pervertida cae en el mal.
21El que engendra un necio, para su tristeza lo engendra,
Y el padre del necio no tiene alegría.
22El corazón alegre es buena medicina,
Pero el espíritu quebrantado seca los huesos.
23El impío recibe soborno bajo el manto
Para pervertir las sendas del derecho.
24En presencia del que tiene entendimiento está la sabiduría,
Pero los ojos del necio están en los extremos de la tierra.
25El hijo necio es pesadumbre de su padre
Y amargura para la que lo dio a luz.
26Ciertamente no es bueno multar al justo,
Ni golpear a los nobles por su rectitud.
27El que retiene sus palabras tiene conocimiento,
Y el de espíritu sereno es hombre entendido.
28Aun el necio, cuando calla, es tenido por sabio,
Cuando cierra los labios, porprudente.

Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © The Lockman Foundation — cortesía de YouVersion.

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