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Día 33 de 365 · 2 de febrero

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Éxodo 15

1Entonces Moisés y los israelitas cantaron este cántico al Señor, y dijeron:
«Canto al Señor porque ha triunfado gloriosamente;
Al caballo y a su jinete ha arrojado al mar.
2-»Mi fortaleza y mi canción es el Señor,
Y ha sido para mí salvación;
Este es mi Dios, y lo glorificaré,
El Dios de mi padre, y lo ensalzaré.
3-»El Señor es fuerte guerrero;
El Señor es Su nombre.
4-»Los carros de Faraón y su ejército arrojó al mar,
Y los mejores de sus oficiales se ahogaron en el mar Rojo.
5-»Los abismos los cubren;
Descendieron a las profundidades como una piedra.
6-»Tu diestra, oh Señor, es majestuosa en poder;
Tu diestra, oh Señor, destroza al enemigo.
7-»En la grandeza de Tu excelencia derribas a los que se levantan contra Ti;
Envías Tu furor, y los consumes como paja.
8-»Al soplo de Tu aliento se amontonaron las aguas,
Se juntaron las corrientes como en un montón;
Se cuajaron los abismos en el corazón del mar.
9-»El enemigo dijo: “Perseguiré, alcanzaré, repartiré el despojo;
Se cumplirá mi deseo contra ellos;
Sacaré mi espada, los destruirá mi mano”.
10-»Soplaste con Tu viento, los cubrió el mar;
Se hundieron como plomo en las aguas poderosas.
11-»¿Quién como Tú entre los dioses, oh Señor?
¿Quién como Tú, majestuoso en santidad,
Temible en las alabanzas, haciendo maravillas?
12-»Extendiste Tu diestra,
Los tragó la tierra.
13-»En Tu misericordia has guiado al pueblo que has redimido;
Con Tu poder los has guiado a Tu santa morada.
14Lo han oído los pueblos y tiemblan;
El pavor se ha apoderado de los habitantes de Filistea.
15-»Entonces se turbaron los príncipes de Edom;
Los valientes de Moab se sobrecogieron de temblor;
Se acobardaron todos los habitantes de Canaán.
16-»Terror y espanto cae sobre ellos;
Por la grandeza de Tu brazo quedan inmóviles, como piedra,
Hasta que Tu pueblo pasa, oh Señor,
Hasta que pasa el pueblo que Tú has comprado.
17-»Tú los traerás y los plantarás en el monte de Tu heredad,
El lugar que has hecho para Tu morada, oh Señor,
El santuario, oh Señor, que Tus manos han establecido.
18-»El Señor reinará para siempre».
19Porque los caballos de Faraón con sus carros y sus jinetes entraron en el mar, y el Señor hizo volver sobre ellos las aguas del mar. Pero los israelitas anduvieron por en medio del mar sobre tierra seca. 20Miriam la profetisa, hermana de Aarón, tomó en su mano el pandero, y todas las mujeres salieron tras ella con panderos y danzas. 21Y Miriam les respondía:
«Canten al Señor porque ha triunfado gloriosamente;
Al caballo y su jinete ha arrojado al mar».
22Moisés hizo partir a Israel del mar Rojo, y salieron hacia el desierto de Shur. Anduvieron tres días en el desierto y no encontraron agua. 23Cuando llegaron a Mara no pudieron beber las aguas de Mara porque eran amargas. Por tanto al lugar le pusieron el nombre de Mara. 24El pueblo murmuró contra Moisés diciendo: «¿Qué beberemos?».
25Entonces Moisés clamó al Señor, y el Señor le mostró un árbol. Él lo echó en las aguas, y las aguas se volvieron dulces. Y Dios les dio allí un estatuto y una ordenanza, y allí los puso a prueba. 26Y Dios les dijo: «Si escuchas atentamente la voz del Señor tu Dios, y haces lo que es recto ante Sus ojos, y escuchas Sus mandamientos, y guardas todos Sus estatutos, no te enviaré ninguna de las enfermedades que envié sobre los egipcios. Porque Yo, el Señor, soy tu sanador».
27Entonces llegaron a Elim, donde había doce fuentes de agua y setenta palmeras, y acamparon allí junto a las aguas.

Éxodo 16

1Partieron de Elim, y toda la congregación de los israelitas llegó al desierto de Sin, que está entre Elim y Sinaí, el día 15 del segundo mes después de su salida de la tierra de Egipto. 2Y toda la congregación de los israelitas murmuró contra Moisés y contra Aarón en el desierto. 3Los israelitas les decían: «Ojalá hubiéramos muerto a manos del Señor en la tierra de Egipto cuando nos sentábamos junto a las ollas de carne, cuando comíamos pan hasta saciarnos. Pues nos han traído a este desierto para matar de hambre a toda esta multitud».
4Entonces el Señor dijo a Moisés: «Yo haré llover pan del cielo para ustedes. El pueblo saldrá y recogerá diariamente la porción de cada día, para ponerlos a prueba si andan o no en Mi ley. 5Y en el sexto día, cuando preparen lo que traigan, la porción será el doble de lo que recogen diariamente».
6Entonces Moisés y Aarón dijeron a todos los israelitas: «A la tarde sabrán que el Señor los ha sacado de la tierra de Egipto. 7Por la mañana verán la gloria del Señor, pues Él ha oído sus murmuraciones contra el Señor. ¿Qué somos nosotros para que ustedes murmuren contra nosotros?». 8Y Moisés dijo: «Esto sucederá cuando el Señor les dé carne para comer por la tarde, y pan hasta saciarse por la mañana; porque el Señor ha oído sus murmuraciones contra Él. Pues ¿qué somos nosotros? Sus murmuraciones no son contra nosotros, sino contra el Señor». 9Entonces Moisés dijo a Aarón: «Dile a toda la congregación de los israelitas: “Acérquense a la presencia del Señor, porque Él ha oído sus murmuraciones” ».
10Mientras Aarón hablaba a toda la congregación de los israelitas, miraron hacia el desierto y, vieron que la gloria del Señor se apareció en la nube. 11Y el Señor habló a Moisés y le dijo: 12«He oído las murmuraciones de los israelitas. Háblales, y diles: “Al caer la tarde comerán carne, y por la mañana se saciarán de pan. Sabrán que Yo soy el Señor su Dios” ».
13Por la tarde subieron las codornices y cubrieron el campamento, y por la mañana había una capa de rocío alrededor del campamento. 14Cuando la capa de rocío se evaporó, había sobre la superficie del desierto una cosa delgada, como copos, menuda, como la escarcha sobre la tierra.
15Al verla, los israelitas se dijeron unos a otros: «¿Qué es esto?», porque no sabían lo que era. «Es el pan que el Señor les da para comer», les dijo Moisés. 16«Esto es lo que el Señor ha mandado: “Cada uno recoja de él lo que vaya a comer. Tomarán como dos litros por cabeza, conforme al número de personas que cada uno de ustedes tiene en su tienda” ». 17Así lo hicieron los israelitas, y unos recogieron mucho y otros poco.
18Cuando lo midieron por litros, al que había recogido mucho no le sobró, ni le faltó al que había recogido poco. Cada uno había recogido lo que iba a comer. 19«Que nadie deje nada para la mañana siguiente», les dijo Moisés.
20Pero no obedecieron a Moisés, y algunos dejaron parte del maná para la mañana siguiente, pero crió gusanos y se pudrió. Entonces Moisés se enojó con ellos. 21Lo recogían cada mañana, cada uno lo que iba a comer, pero cuando el sol calentaba, se derretía.
22En el sexto día recogieron doble porción de alimento, unos cuatro litros para cada uno. Y cuando todos los jefes de la congregación vinieron y se lo hicieron saber a Moisés, 23«Esto es lo que ha dicho el Señor», les respondió: «Mañana es día de reposo, día de reposo consagrado al Señor. Cuezan lo que han de cocer y hiervan lo que han de hervir, y todo lo que sobre guárdenlo para mañana». 24Y lo guardaron hasta la mañana como Moisés había mandado, y no se pudrió ni hubo en él gusano alguno.
25Y Moisés dijo: «Cómanlo hoy, porque hoy es día de reposo para el Señor. Hoy no lo hallarán en el campo. 26Seis días lo recogerán, pero el séptimo día, día de reposo, no habrá nada». 27Y en el séptimo día, algunos del pueblo salieron a recoger, pero no encontraron nada. 28Entonces el Señor dijo a Moisés: «¿Hasta cuándo se negarán ustedes a guardar Mis mandamientos y Mis leyes? 29Miren que el Señor les ha dado el día de reposo. Por eso el sexto día les da pan para dos días. Quédese cada uno en su lugar, y que nadie salga de su lugar el séptimo día». 30Y el pueblo reposó el séptimo día.
31La casa de Israel le puso el nombre de maná; y era como la semilla del cilantro, blanco, y su sabor era como de hojuelas con miel. 32«Esto es lo que el Señor ha mandado», dijo Moisés: «Que se guarden unos dos litros llenos de maná para sus generaciones, para que vean el pan que Yo les di de comer en el desierto cuando los saqué de la tierra de Egipto». 33Entonces Moisés dijo a Aarón: «Toma una vasija y pon en ella unos dos litros de maná, y colócalo delante del Señor a fin de guardarlo para las generaciones de ustedes». 34Tal como el Señor ordenó a Moisés, así lo colocó Aarón delante del Testimonio para que fuera guardado.
35Los israelitas comieron el maná cuarenta años, hasta que llegaron a tierra habitada. Comieron el maná hasta que llegaron a los límites de la tierra de Canaán. 36Un gomer (2.2 litros) es la décima parte de un efa (22 litros).

Marcos 5

1Llegaron al otro lado del mar, a la tierra de los gadarenos. 2Cuando Jesús salió de la barca, enseguida se acercó a Él, de entre los sepulcros, un hombre con un espíritu inmundo, 3que tenía su morada entre los sepulcros; y nadie podía ya atarlo ni aun con cadenas; 4porque muchas veces había sido atado con grillos y cadenas, pero él había roto las cadenas y destrozado los grillos, y nadie era tan fuerte como para dominarlo. 5Siempre, noche y día, andaba entre los sepulcros y en los montes dando gritos e hiriéndose con piedras.
6Cuando vio a Jesús de lejos, corrió y se postró delante de Él; 7y gritando a gran voz, dijo*: «¿Qué tengo yo que ver contigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo? Te imploro por Dios que no me atormentes». 8Porque Jesús le decía: «Sal del hombre, espíritu inmundo». 9«¿Cómo te llamas?», le preguntó Jesús. «Me llamo Legión», respondió*, «porque somos muchos». 10Le rogaba entonces con insistencia que no los enviara fuera de la tierra.
11Había allí una gran manada de cerdos paciendo junto al monte. 12Y los demonios le rogaron, diciendo: «Envíanos a los cerdos para que entremos en ellos». 13Jesús les dio permiso. Y saliendo los espíritus inmundos, entraron en los cerdos; y la manada, unos 2,000, se precipitó por un despeñadero al mar, y en el mar se ahogaron.
14Los que cuidaban los cerdos huyeron y lo contaron en la ciudad y por los campos. Y la gente vino a ver qué era lo que había sucedido. 15Vinieron* a Jesús, y vieron* al que había estado endemoniado, sentado, vestido y en su cabal juicio, el mismo que había tenido la legión; y tuvieron miedo. 16Los que lo habían visto les describieron cómo le había sucedido esto al endemoniado, y lo de los cerdos. 17Y comenzaron a rogar a Jesús que se fuera de su región.
18Al entrar Él en la barca, el que había estado endemoniado le rogaba que lo dejara ir con Él. 19Pero Jesús no se lo permitió, sino que le dijo*: «Vete a tu casa, a los tuyos, y cuéntales cuán grandes cosas el Señor ha hecho por ti, y cómo tuvo misericordia de ti».
20Y él se fue, y empezó a proclamar en Decápolis cuán grandes cosas Jesús había hecho por él; y todos se quedaban maravillados.
21Cuando Jesús pasó otra vez en la barca al otro lado, se reunió una gran multitud alrededor de Él; así que Él se quedó junto al mar.
22Y vino uno de los oficiales de la sinagoga, llamado Jairo, y al ver a Jesús, se postró* a Sus pies, 23y le rogaba* con insistencia: «Mi hijita está al borde de la muerte; te ruego que vengas y pongas las manos sobre ella para que sane y viva». 24Jesús fue con él; y una gran multitud lo seguía y oprimía.
25Había una mujer que padecía de flujo de sangre por doce años. 26Había sufrido mucho a manos de muchos médicos, y había gastado todo lo que tenía sin provecho alguno, sino que al contrario, había empeorado.
27Cuando ella oyó hablar de Jesús, se llegó a Él por detrás entre la multitud y tocó Su manto. 28Porque decía: «Si tan solo toco Sus ropas, sanaré». 29Al instante la fuente de su sangre se secó, y sintió en su cuerpo que estaba curada de su aflicción. 30Enseguida Jesús, dándose cuenta de que había salido poder de Él, volviéndose entre la gente, dijo: «¿Quién ha tocado Mi ropa?». 31Y Sus discípulos le dijeron: «Ves que la multitud te oprime, y preguntas: “¿Quién me ha tocado?” ». 32Pero Él miraba a su alrededor para ver a la mujer que lo había tocado.
33Entonces la mujer, temerosa y temblando, dándose cuenta de lo que le había sucedido, vino y se postró delante de Él y le dijo toda la verdad. 34«Hija, tu fe te ha sanado», le dijo Jesús; «vete en paz y queda sana de tu aflicción».
35Mientras Él estaba todavía hablando, vinieron* unos enviados de la casa del oficial de la sinagoga, diciendo: «Tu hija ha muerto, ¿para qué molestas aún al Maestro?». 36Pero Jesús, oyendo lo que se hablaba, dijo* al oficial de la sinagoga: «No temas, cree solamente».
37Y no permitió que nadie fuera con Él sino solo Pedro, Jacobo y Juan, hermano de Jacobo. 38Fueron* a la casa del oficial de la sinagoga, y Jesús vio* el alboroto, y a los que lloraban y se lamentaban mucho. 39Cuando entró les dijo*: «¿Por qué hacen alboroto y lloran? La niña no ha muerto, sino que está dormida».
40Y se burlaban de Él. Pero echando fuera a todos, Jesús tomó* consigo al padre y a la madre de la niña, y a los que estaban con Él, y entró* donde estaba la niña. 41Tomando a la niña por la mano, le dijo*: «Talita cum», que traducido significa: «Niña, a ti te digo, ¡levántate!».
42Al instante la niña se levantó y comenzó a caminar, pues tenía doce años. Y al momento todos se quedaron completamente atónitos. 43Entonces les dio órdenes estrictas de que nadie se enterara de esto; y dijo que le dieran de comer a la niña.

Salmo 33

1Canten de júbilo en el Señor, ustedes los justos;
Apropiada es para los rectos la alabanza.
2Den gracias al Señor con la lira;
Cántenle alabanzas con el arpa de diez cuerdas.
3Cántenle cántico nuevo;
Tañan con arte, con voz de júbilo.
4Porque la palabra del Señor es recta,
Y toda su obra es hecha con fidelidad.
5Él ama la justicia y el derecho;
Llena está la tierra de la misericordia del Señor.
6¶Por la palabra del Señor fueron hechos los cielos,
Y todo Su ejército por el aliento de Su boca.
7Él junta las aguas del mar como un montón;
Pone en almacenes los abismos.
8Tema al Señor toda la tierra;
Tiemblen en Su presencia todos los habitantes del mundo.
9Porque Él habló, y fue hecho;
Él mandó, y todo se confirmó.
10El Señor hace nulo el consejo de las naciones;
Frustra los designios de los pueblos.
11El consejo del Señor permanece para siempre,
Los designios de Su corazón de generación en generación.
12Bienaventurada la nación cuyo Dios es el Señor,
El pueblo que Él ha escogido como Su herencia.
13¶El Señor mira desde los cielos;
Él ve a todos los hijos de los hombres.
14Desde el lugar de Su morada Él observa
A todos los habitantes de la tierra;
15Él es el que modela el corazón de cada uno de ellos;
Él es el que entiende todas las obras de ellos.
16El rey no se salva por gran ejército;
Ni es librado el valiente por la mucha fuerza.
17Falsa esperanza de victoria es el caballo,
Ni con su mucha fuerza puede librar.
18¶Los ojos del Señor están sobre los que le temen,
Sobre los que esperan en Su misericordia,
19Para librar su alma de la muerte,
Y conservarlos con vida en tiempos de hambre.
20Nuestra alma espera al Señor;
Él es nuestra ayuda y nuestro escudo;
21Pues en Él se regocija nuestro corazón,
Porque en Su santo nombre hemos confiado.
22Sea sobre nosotros Tu misericordia, oh Señor,
Según hemos esperado en Ti.

Proverbios 2

1Hijo mío, si recibes mis palabras
Y atesoras mis mandamientos dentro de ti,
2Da oído a la sabiduría,
Inclina tu corazón al entendimiento.
3Porque si clamas a la inteligencia,
Alza tu voz por entendimiento;
4Si la buscas como a la plata,
Y la procuras como a tesoros escondidos,
5Entonces entenderás el temor del Señor
Y descubrirás el conocimiento de Dios.
6Porque el Señor da sabiduría,
De Su boca vienen el conocimiento y la inteligencia.
7Él reserva la prosperidad para los rectos
Y es escudo para los que andan en integridad,
8Guarda las sendas del juicio,
Y preserva el camino de Sus santos.
9Entonces discernirás justicia y juicio,
Equidad y todo buen sendero.
10Porque la sabiduría entrará en tu corazón,
Y el conocimiento será grato a tu alma;
11 La discreción velará sobre ti,
El entendimiento te protegerá,
12Para librarte de la senda del mal,
Del hombre que habla cosas perversas;
13De los que dejan las sendas de rectitud,
Para andar por los caminos tenebrosos;
14De los que se deleitan en hacer el mal
Y se regocijan en las perversidades del mal;
15Cuyas sendas son torcidas,
Y se extravían en sus senderos.
16 La discreción te librará de la mujer extraña,
De la desconocida que lisonjea con sus palabras,
17La cual deja al compañero de su juventud,
Y olvida el pacto de su Dios;
18Porque su casa se inclina hacia la muerte,
Y sus senderos hacia los muertos.
19Todos los que van a ella, no vuelven,
Ni alcanzan las sendas de la vida.
20Por tanto, andarás en el camino de los buenos
Y guardarás las sendas de los justos.
21Porque los rectos morarán en la tierra,
Y los íntegros permanecerán en ella;
22Pero los impíos serán cortados de la tierra,
Y los malvados serán desarraigados de ella.

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