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Día 332 de 365 · 28 de noviembre

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Ezequiel 42

1Luego el hombre me sacó al atrio exterior, hacia el norte, y me llevó a la cámara que estaba frente a la zona separada y frente al edificio hacia el norte. 2A lo largo de la longitud, que era de 100 codos (52.5 metros), estaba la puerta del norte; la anchura era de 50 codos (26.25 metros). 3Frente a los 20 codos (10.5 metros) del atrio interior, y frente al pavimento del atrio exterior, había una galería frente a la otra galería en los tres pisos. 4Y delante de las cámaras había un corredor interior de 10 codos (5.25 metros) de ancho, una vía de 100 (52.5 metros); y sus entradas daban al norte. 5Las cámaras superiores eran más estrechas porque las galerías les quitaban más espacio que a las inferiores y a las intermedias del edificio. 6Pues estaban en tres pisos y no tenían pilares como los pilares de los atrios; por tanto, las cámaras superiores se estrechaban a partir del suelo más que las inferiores y las intermedias. 7El muro exterior a lo largo de las cámaras, en dirección al atrio exterior frente a las cámaras, tenía 50 codos (26.25 metros) de largo. 8Porque la longitud de las cámaras que estaban en el atrio exterior era de 50 codos (26.25 metros); y las que estaban frente al templo tenían 100 codos (52.5 metros). 9Y debajo de estas cámaras estaba la entrada del lado oriental, para entrar en ellas desde el atrio exterior.
10A lo ancho del muro del atrio hacia el oriente, frente a la zona separada y frente al edificio, había cámaras. 11El corredor delante de ellas era semejante al de las cámaras que estaban al norte; su longitud era igual a su anchura; y todas sus salidas, así como sus disposiciones y sus entradas, eran iguales. 12Y correspondiendo a las entradas de las cámaras que daban hacia el sur, había una entrada al comienzo del corredor, el corredor frente al muro que daba al oriente, según se entra a ellas.
13Entonces el hombre me dijo: «Las cámaras del norte y las cámaras del sur, que están frente a la zona separada, son las cámaras santas donde los sacerdotes que están cerca del Señor comerán las cosas santísimas. Allí pondrán las cosas santísimas, la ofrenda de cereal, la ofrenda por el pecado y la ofrenda por la culpa; porque el lugar es santo. 14Cuando entren los sacerdotes allí, no saldrán al atrio exterior desde el santuario sin haber dejado las vestiduras con que ministran, porque son santas. Se pondrán otras vestiduras para poder acercarse a lo que es del pueblo».
15Cuando acabó de medir el interior del templo, me sacó por el camino de la puerta que daba al oriente, y lo midió todo alrededor. 16Midió el lado oriental con la caña de medir, y tenía 500 cañas (262.5 metros) con la caña de medir. 17Midió el lado norte con la caña de medir, y tenía 500 cañas (262.5 metros). 18Al lado sur midió 500 cañas (262.5 metros) con la caña de medir. 19Se volvió al lado occidental y midió 500 cañas (262.5 metros) con la caña de medir. 20Por los cuatro lados lo midió; tenía un muro todo alrededor de 500 cañas (262.5 metros) de largo y 500 cañas de ancho, para dividir entre lo sagrado y lo profano.

Ezequiel 43

1Entonces el hombre me llevó a la puerta, la puerta que da hacia el oriente; 2y vi que la gloria del Dios de Israel venía de la parte del oriente. Su voz era como el sonido de muchas aguas, y la tierra resplandecía de Su gloria. 3Tenía el aspecto de la visión que vi, como la visión que había visto cuando Él vino a destruir la ciudad; y las visiones eran como la visión que yo había visto junto al río Quebar. Entonces me postré sobre mi rostro. 4La gloria del Señor entró en el templo por el camino de la puerta que da hacia el oriente. 5Entonces el Espíritu me levantó y me llevó al atrio interior, y la gloria del Señor llenó el templo.
6Y oí a uno que me hablaba desde el templo, mientras el hombre estaba de pie junto a mí, 7y me dijo: «Hijo de hombre, este es el lugar de Mi trono, el lugar de las plantas de Mis pies, donde habitaré entre los israelitas para siempre. Y la casa de Israel no volverá a profanar Mi santo nombre, ni ellos ni sus reyes, con sus prostituciones y con los cadáveres de sus reyes cuando mueran, 8poniendo su umbral junto a Mi umbral, y sus postes junto a Mis postes con solo un muro entre ellos y Yo. Ellos han profanado Mi santo nombre con las abominaciones que han cometido; por eso los he consumido en Mi ira. 9Que alejen ahora de Mí sus prostituciones y los cadáveres de sus reyes, y Yo habitaré entre ellos para siempre.
10»Y tú, hijo de hombre, describe el templo a la casa de Israel, para que se avergüencen de sus iniquidades, y tomen las medidas de su plano. 11Y si se avergüenzan de todo lo que han hecho, enséñales el diseño del templo, su estructura, sus salidas, sus entradas, todos sus diseños, todos sus estatutos y todas sus leyes. Escribe esto ante sus ojos para que guarden todas sus leyes y todos sus estatutos, y los cumplan. 12Esta es la ley del templo: todo su territorio sobre la cumbre del monte por todo alrededor será santísimo. Así es la ley del templo.
13»Estas son las medidas del altar en codos (cada codo real de un codo y un palmo menor): la base, un codo real (52.5 centímetros), el ancho, codo real; su reborde en la orilla por todo alrededor, un palmo (26 centímetros). Y esta será su altura: 14desde la base en el suelo hasta el zócalo inferior será de dos codos (1.05 metros), por un codo (52.5 centímetros) de ancho; y desde el zócalo menor hasta el zócalo mayor será de cuatro codos (2.1 metros), por un codo de ancho. 15El hogar del altar será de 4 codos (2.1 metros), y del hogar del altar se extenderán hacia arriba cuatro cuernos. 16El hogar del altar será de 12 codos (6.30 metros) de largo por 12 codos de ancho, cuadrado por sus cuatro lados. 17Y el zócalo será de 14 codos (7.35 metros) de largo por 14 codos de ancho por sus cuatro lados; el borde alrededor será de medio codo (26.25 centímetros), y su base, de un codo (52.5 centímetros) alrededor; sus gradas mirarán al oriente».
18Y el hombre me dijo: «Hijo de hombre, así dice el Señor Dios: “Estos son los estatutos para el altar el día que sea construido, para ofrecer holocaustos sobre él y para esparcir sobre él sangre. 19A los sacerdotes levitas que son de la descendencia de Sadoc, que se acercan a Mí para servirme”, declara el Señor Dios, “darás un novillo de la vacada para la ofrenda por el pecado. 20Y tomarás de su sangre y la pondrás sobre sus cuatro cuernos, en los cuatro ángulos del zócalo y en el borde todo alrededor; así lo limpiarás y harás expiación por él. 21Luego tomarás el novillo para la ofrenda por el pecado, y será quemado en el lugar señalado del templo, fuera del santuario. 22Al segundo día ofrecerás un macho cabrío sin defecto para la ofrenda por el pecado, y purificarás el altar como lo purificaron con el novillo. 23Cuando hayas terminado de purificarlo, ofrecerás un novillo sin defecto de la vacada y un carnero sin defecto del rebaño. 24Los ofrecerás delante del Señor, y los sacerdotes echarán sal sobre ellos y los ofrecerán en holocausto al Señor.
25”Durante siete días prepararás diariamente un macho cabrío para la ofrenda por el pecado; también serán preparados un novillo de la vacada y un carnero sin defecto del rebaño. 26Durante siete días harán expiación por el altar y lo purificarán; así lo consagrarán. 27Cuando hayan terminado estos días, sucederá que del octavo día en adelante, los sacerdotes ofrecerán sobre el altar sus holocaustos y sus ofrendas de paz; y Yo me complaceré en ustedes”, declara el Señor Dios».

Juan 4

1Por tanto, cuando el Señor supo que los fariseos habían oído que Él hacía y bautizaba más discípulos que Juan 2(aunque Jesús mismo no bautizaba, sino Sus discípulos), 3salió de Judea y se fue otra vez para Galilea. 4Y Él tenía que pasar por Samaria.
5Llegó*, pues, a una ciudad de Samaria llamada Sicar, cerca de la parcela de tierra que Jacob dio a su hijo José; 6y allí estaba el pozo de Jacob. Entonces Jesús, cansado del camino, se sentó junto al pozo. Era cerca del mediodía. 7Una mujer de Samaria vino* a sacar agua, y Jesús le dijo*: «Dame de beber».
8Pues Sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar alimentos. 9Entonces la mujer samaritana le dijo*: «¿Cómo es que Tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?». (Porque los judíos no tienen tratos con los samaritanos).
10Jesús le respondió: «Si tú conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: “Dame de beber”, tú le habrías pedido a Él, y Él te hubiera dado agua viva».
11Ella le dijo*: «Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo; ¿de dónde, pues, tienes esa agua viva? 12¿Acaso eres Tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dio el pozo del cual bebió él mismo, y sus hijos, y sus ganados?».
13Jesús le respondió: «Todo el que beba de esta agua volverá a tener sed, 14pero el que beba del agua que Yo le daré, no tendrá sed jamás, sino que el agua que Yo le daré se convertirá en él en una fuente de agua que brota para vida eterna».
15«Señor», le dijo* la mujer, «dame esa agua, para que no tenga sed ni venga hasta aquí a sacarla». 16Jesús le dijo*: «Ve, llama a tu marido y ven acá». 17«No tengo marido», respondió la mujer. Jesús le dijo*: «Bien has dicho: “No tengo marido”, 18porque cinco maridos has tenido, y el que ahora tienes no es tu marido; en eso has dicho la verdad».
19La mujer le dijo*: «Señor, me parece que Tú eres profeta. 20Nuestros padres adoraron en este monte, y ustedes dicen que en Jerusalén está el lugar donde se debe adorar».
21Jesús le dijo*: «Mujer, cree lo que te digo: la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adorarán ustedes al Padre. 22Ustedes adoran lo que no conocen; nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. 23Pero la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque ciertamente a los tales el Padre busca que lo adoren. 24Dios es espíritu, y los que lo adoran deben adorar en espíritu y en verdad».
25La mujer le dijo*: «Sé que el Mesías viene (el que es llamado Cristo); cuando Él venga nos declarará todo». 26Jesús le dijo*: «Yo soy, el que habla contigo».
27En esto llegaron Sus discípulos y se admiraron de que hablara con una mujer, pero ninguno le preguntó: «¿Qué tratas de averiguar?» o: «¿Por qué hablas con ella?». 28Entonces la mujer dejó su cántaro, fue a la ciudad y dijo* a los hombres: 29«Vengan, vean a un hombre que me ha dicho todo lo que yo he hecho. ¿No será este el Cristo?». 30Y salieron de la ciudad y fueron adonde Él estaba.
31Mientras tanto, los discípulos le rogaban: «Rabí, come». 32Pero Él les dijo: «Yo tengo para comer una comida que ustedes no saben». 33Entonces los discípulos se decían entre sí: «¿Le habrá traído alguien de comer?».
34Jesús les dijo*: «Mi comida es hacer la voluntad del que me envió y llevar a cabo Su obra. 35¿No dicen ustedes: “Todavía faltan cuatro meses, y después viene la siega”? Pero Yo les digo: alcen sus ojos y vean los campos que ya están blancos para la siega. 36Ya el segador recibe salario y recoge fruto para vida eterna, para que el que siembra se regocije junto con el que siega. 37Porque en este caso el dicho es verdadero: “Uno es el que siembra y otro el que siega”. 38Yo los envié a ustedes a segar lo que no han trabajado; otros han trabajado y ustedes han entrado en su labor».
39Y de aquella ciudad, muchos de los samaritanos creyeron en Él por la palabra de la mujer que daba testimonio, diciendo: «Él me dijo todo lo que yo he hecho». 40De modo que cuando los samaritanos vinieron, rogaban a Jesús que se quedara con ellos; y Él se quedó allí dos días. 41Muchos más creyeron por Su palabra, 42y decían a la mujer: «Ya no creemos por lo que tú has dicho, porque nosotros mismos le hemos oído, y sabemos que Este es en verdad el Salvador del mundo».
43Después de los dos días, Jesús salió de allí para Galilea. 44Porque Jesús mismo dio testimonio de que a un profeta no se le honra en su propia tierra. 45Así que cuando llegó a Galilea, los galileos lo recibieron, pues habían visto todo lo que Él hizo en Jerusalén durante la fiesta; porque ellos también habían ido a la fiesta.
46Entonces vino otra vez Jesús a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Y había allí cierto oficial del rey cuyo hijo estaba enfermo en Capernaúm. 47Cuando él oyó que Jesús había venido de Judea a Galilea, fue a Su encuentro y le suplicaba que bajara y sanara a su hijo, porque estaba al borde de la muerte. 48Jesús entonces le dijo: «Si ustedes no ven señales y prodigios, no creerán». 49El oficial del rey le dijo*: «Señor, baja antes de que mi hijo muera». 50«Puedes irte, tu hijo vive», le dijo* Jesús. Y el hombre creyó la palabra que Jesús le dijo, y se fue. 51Y mientras bajaba a su casa, sus siervos le salieron al encuentro y le dijeron que su hijo vivía. 52Entonces les preguntó a qué hora había empezado a mejorar. Y le respondieron: «Ayer a la una de la tarde se le quitó la fiebre».
53El padre entonces se dio cuenta que fue a la hora en que Jesús le dijo: «Tu hijo vive». Y creyó él con toda su casa. 54Esta fue la segunda señalque Jesús hizo cuando fue de Judea a Galilea.

Salmo 32

Salmo de David. Masquil.
1¡Cuán bienaventurado es aquel cuya transgresión es perdonada,
Cuyo pecado es cubierto!
2¡Cuán bienaventurado es el hombre a quien el Señor no culpa de iniquidad,
Y en cuyo espíritu no hay engaño!
3¶Mientras callé mi pecado, mi cuerpo se consumió
Con mi gemir durante todo el día.
4Porque día y noche Tu mano pesaba sobre mí;
Mi vitalidad se desvanecía con el calor del verano. (Selah)
5Te manifesté mi pecado,
Y no encubrí mi iniquidad.
Dije: «Confesaré mis transgresiones al Señor»;
Y Tú perdonaste la culpa de mi pecado. (Selah)
6Por eso, que todo santo ore a Ti en el tiempo en que puedas ser hallado;
Ciertamente, en la inundación de muchas aguas, no llegarán estas a él.
7Tú eres mi escondedero; de la angustia me preservarás;
Con cánticos de liberación me rodearás. (Selah)
8¶Yo te haré saber y te enseñaré el camino en que debes andar;
Te aconsejaré con Mis ojos puestos en ti.
9No seas como el caballo o como el mulo, que no tienen entendimiento;
Cuyos arreos incluyen brida y freno para sujetarlos,
Porque si no, no se acercan a ti.
10Muchos son los dolores del impío,
Pero al que confía en el Señor, la misericordia lo rodeará.
11Alégrense en el Señor y regocíjense, justos;
Den voces de júbilo todos ustedes, los rectos de corazón.

Proverbios 22

1Más vale el buen nombre que las muchas riquezas,
Y el favor que la plata y el oro.
2El rico y el pobre tienen un lazo común:
A ambos los hizo el Señor.
3El prudente ve el mal y se esconde,
Pero los simples siguen adelante y son castigados.
4La recompensa de la humildad y el temor del Señor
Son la riqueza, el honor y la vida.
5Espinos y lazos hay en el camino del perverso;
El que cuida su alma se alejará de ellos.
6Instruye al niño en el camino que debe andar,
Y aun cuando sea viejo no se apartará de él.
7El rico domina a los pobres,
Y el deudor es esclavo del acreedor.
8El que siembra iniquidad segará vanidad,
Y la vara de su furor perecerá.
9El generoso será bendito,
Porque da de su pan al pobre.
10Echa fuera al insolente y saldrá la discordia,
Y cesarán también los pleitos y la ignominia.
11El que ama la pureza de corazón
Tiene gracia en sus labios, y el rey es su amigo.
12Los ojos del Señor guardan el conocimiento,
Pero Él confunde las palabras del engañador.
13El perezoso dice: «Hay un león afuera;
Seré muerto en las calles».
14Fosa profunda es la boca de las mujeres extrañas;
El que es maldito del Señor caerá en ella.
15La necedad está ligada al corazón del niño,
Pero la vara de la disciplina lo alejará de ella.
16El que oprime al pobre para engrandecerse,
O da al rico, solo llegará a la pobreza.
17¶Inclina tu oído y oye las palabras de los sabios,
Y aplica tu corazón a mi conocimiento;
18Porque te será agradable si las guardas dentro de ti,
Para que estén listas en tus labios.
19Para que tu confianza esté en el Señor,
Te he instruido hoy a ti también.
20¿No te he escrito cosas excelentes
De consejo y conocimiento,
21Para hacerte saber la certeza de las palabras de verdad
A fin de que respondas correctamente al que te ha enviado?
22¶No robes al pobre, porque es pobre,
Ni aplastes al afligido en la puerta;
23Porque el Señor defenderá su causa
Y quitará la vida de los que los despojan.
24¶No te asocies con el hombre iracundo,
Ni andes con el hombre violento,
25No sea que aprendas sus maneras
Y tiendas lazo para ti mismo.
26¶No estés entre los que dan fianzas,
Entre los que salen de fiadores de préstamos.
27Si no tienes con qué pagar,
¿Por qué han de quitarte la cama de debajo de ti?
28¶No muevas el lindero antiguo
Que pusieron tus padres.
29¶¿Has visto un hombre diestro en su trabajo?
Estará delante de los reyes;
No estará delantede hombres sin importancia.

Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © The Lockman Foundation — cortesía de YouVersion.

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