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Día 334 de 365 · 30 de noviembre

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Ezequiel 46

1”Así dice el Señor Dios: ‘La puerta del atrio interior que mira al oriente estará cerrada los seis días de trabajo; pero se abrirá el día de reposo; también se abrirá el día de la luna nueva. 2El príncipe entrará desde el exterior por el camino del vestíbulo de la puerta y se detendrá junto al poste de la puerta. Entonces los sacerdotes ofrecerán su holocausto y sus ofrendas de paz, y él adorará junto al umbral de la puerta y luego saldrá, pero no se cerrará la puerta hasta la tarde. 3El pueblo de la tierra también adorará a la entrada de esa puerta delante del Señor los días de reposo y en las lunas nuevas. 4El holocausto que el príncipe ofrecerá al Señor el día de reposo será de seis corderos sin defecto y un carnero sin defecto; 5y la ofrenda de cereal será de 22 litros por carnero, y la ofrenda de cereal con los corderos según lo que pueda dar, y 3.7 litros de aceite por cada 22 litros.
6’El día de la luna nueva ofrecerá un novillo sin defecto de la vacada, también seis corderos y un carnero, que serán sin defecto. 7Y proveerá una ofrenda de cereal, 22 litros por novillo y 22 litros por carnero, y con los corderos según lo que pueda, y 3.7 litros de aceite por cada 22 litros. 8Cuando el príncipe entre, entrará por el camino del vestíbulo de la puerta y saldrá por el mismo camino. 9Pero cuando el pueblo de la tierra venga delante del Señor en las fiestas señaladas, el que entre por la puerta del norte para adorar, saldrá por la puerta del sur, y el que entre por la puerta del sur, saldrá por la puerta del norte. Nadie saldrá por la puerta por la cual entró, sino que saldrá por el lado opuesto. 10Y cuando entren, el príncipe entrará en medio de ellos; y cuando ellos salgan, saldrá él. 11En los días festivos y en las fiestas señaladas, la ofrenda de cereal será 22 litros por novillo y 22 litros por cordero, y con los corderos, según lo que pueda dar, y 3.7 litros de aceite por cada 22 litros. 12Y cuando el príncipe ofrezca una ofrenda voluntaria, un holocausto u ofrendas de paz como ofrenda voluntaria al Señor, le abrirán la puerta que da al oriente, y ofrecerá su holocausto y sus ofrendas de paz como lo hace en el día de reposo. Luego saldrá, y cerrarán la puerta después que él salga.
13’Cada día ofrecerás un cordero de un año sin defecto para holocausto al Señor; mañana tras mañana lo ofrecerás. 14También cada mañana ofrecerás con él una ofrenda de cereal, unos 5 litros de aceite para humedecer la flor de harina; es la ofrenda continua de cereal al Señor como ordenanza perpetua. 15Ofrecerán, pues, el cordero, la ofrenda de cereal y el aceite, mañana tras mañana, como un holocausto continuo’.
16”Así dice el Señor Dios: ‘Si de su heredad el príncipe hace un regalo a alguno de sus hijos, será para sus hijos; es posesión de ellos por heredad. 17Pero si de su heredad hace un regalo a uno de sus siervos, será de él hasta el año del jubileo; después volverá al príncipe. Su heredad será solo de sus hijos; a ellos pertenecerá. 18El príncipe no tomará nada de la heredad del pueblo, despojándolos de su posesión; dará heredad a sus hijos de su propia posesión, para que ninguno de Mi pueblo sea echado de su posesión’ ” ».
19Después me llevó por la entrada que estaba al lado de la puerta, a las cámaras sagradas de los sacerdotes, las cuales daban al norte; y allí había un lugar al fondo, hacia el occidente. 20Y me dijo: «Este es el lugar donde los sacerdotes cocerán la ofrenda por la culpa y la ofrenda por el pecado, y donde cocerán la ofrenda de cereal, para que no tengan que sacarlas al atrio exterior, y santifiquen así al pueblo». 21Entonces me sacó al atrio exterior y me llevó por los cuatro ángulos del atrio; y en cada ángulo del atrio había un atrio pequeño. 22En los cuatro ángulos del atrio había atrios cercados, de 40 codos (21 metros) de largo y 30 codos (15.75 metros) de ancho; los cuatro atrios en los ángulos tenían una misma medida. 23Y había un muro alrededor de ellos, alrededor de los cuatro, y debajo había fogones construidos alrededor de los muros. 24Y me dijo: «Estos son los fogones donde los servidores de la casa cocerán los sacrificios del pueblo».

Ezequiel 47

1Después me hizo volver a la entrada del templo; y vi que brotaban aguas de debajo del umbral del templo hacia el oriente, porque la fachada del templo daba hacia el oriente. Y las aguas descendían de debajo, del lado derecho del templo, al sur del altar. 2Me sacó por la puerta del norte y me hizo dar la vuelta por fuera hasta la puerta exterior, por la puerta que da al oriente. Y las aguas fluían del lado sur.
3Cuando el hombre salió hacia el oriente con un cordel en la mano, midió 1,000 codos (525 metros), y me hizo pasar por las aguas, con el agua hasta los tobillos. 4Midió otros 1,000 codos (525 metros), y me hizo pasar por las aguas, con el agua hasta las rodillas. De nuevo midió otros 1,000 codos y me hizo pasar por las aguas, con el agua hasta la cintura. 5Y midió otros 1,000 codos (525 metros); y ya era un río que yo no pude vadear, porque las aguas habían crecido, aguas que tenían que pasarse a nado, un río que no se podía vadear. 6Entonces me preguntó: «¿Has visto, hijo de hombre?». Me llevó y me hizo volver a la orilla del río. 7Cuando volví, vi que en la orilla del río había muchísimos árboles a uno y otro lado.
8Y me dijo: «Estas aguas salen hacia la región oriental y descienden al Arabá; luego siguen hacia el mar y desembocan en el mar; entonces las aguas del mar quedan purificadas. 9Y sucederá que dondequiera que pase el río, todo ser viviente que en él se mueve, vivirá. Y habrá muchísimos peces, porque estas aguas van allá, y las otras son purificadas; así vivirá todo por donde pase el río. 10Junto a él se pararán los pescadores, y desde En Gadi hasta En Eglaim habrá un lugar para tender las redes. Sus peces serán según sus especies, como los peces del mar Grande, numerosísimos. 11Pero sus pantanos y marismas no serán purificados; serán dejados para salinas. 12Junto al río, en su orilla, a uno y otro lado, crecerán toda clase de árboles que den fruto para comer. Sus hojas no se marchitarán, ni faltará su fruto. Cada mes darán fruto porque sus aguas fluyen del santuario; su fruto será para comer y sus hojas para sanar».
13Así dice el Señor Dios: «Estos serán los límites según los cuales repartirán la tierra por heredad entre las doce tribus de Israel; José tendrá dos partes. 14La repartirán por heredad a cada uno en igual proporción que a su hermano; porque juré darla a sus padres, esta tierra les tocará en heredad.
15»Y estos serán los límites de la tierra: Por el lado norte, desde el mar Grande, camino de Hetlón, hasta la entrada de Zedad; 16Hamat, Berota, Sibraim, que está entre el territorio de Damasco y el territorio de Hamat; Hazar Haticón, que está en el límite de Haurán. 17El límite se extenderá desde el mar hasta Hazar Enán en la frontera con Damasco, y en el norte, hacia el norte, hasta la frontera con Hamat; este es el lado norte. 18Por el lado oriental, entre Haurán, Damasco, Galaad y la tierra de Israel, al Jordán; medirán desde el límite norte hasta el mar oriental; este es el lado oriental. 19Y el lado sur, hacia el sur, se extenderá desde Tamar hasta las aguas de Meriba de Cades, hacia el torrente de Egipto, hasta el mar Grande; este es el lado sur, hacia el sur. 20Y el lado occidental será el mar Grande, desde el límite sur hasta enfrente de Lebo Hamat; este es el lado occidental.
21»Repartirán, pues, esta tierra entre ustedes según las tribus de Israel. 22La sortearán como heredad entre ustedes y entre los extranjeros que residen en medio de ustedes y que hayan tenido hijos entre ustedes. Y serán para ustedes como nativos entre los israelitas; se les sorteará herencia con ustedes entre las tribus de Israel. 23En la tribu en la cual el extranjero resida, allí le darán su herencia», declara el Señor Dios.

Juan 6

1Después de esto, Jesús se fue al otro lado del mar de Galilea, el de Tiberias. 2Y una gran multitud lo seguía, pues veían las señales que realizaba en los enfermos. 3Entonces Jesús subió al monte y se sentó allí con Sus discípulos. 4Estaba cerca la Pascua, la fiesta de los judíos.
5Cuando Jesús alzó los ojos y vio que una gran multitud venía hacia Él, dijo* a Felipe: «¿Dónde compraremos pan para que coman estos?». 6Pero decía esto para probarlo, porque Él sabía lo que iba a hacer. 7Felipe le respondió: «Doscientos denarios de pan no les bastarán para que cada uno reciba un pedazo».
8Uno de Sus discípulos, Andrés, hermano de Simón Pedro, dijo* a Jesús: 9«Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos pescados; pero ¿qué es esto para tantos?». 10«Hagan que la gente se siente», dijo Jesús. Y había mucha hierba en aquel lugar; así que se sentaron. El número de los hombres era de unos cinco mil.
11Entonces Jesús tomó los panes, y habiendo dado gracias, los repartió a los que estaban sentados; y lo mismo hizo con los pescados, dándoles todo lo que querían. 12Cuando se saciaron, dijo* a Sus discípulos: «Recojan los pedazos que sobran, para que no se pierda nada». 13Ellos los recogieron, y llenaron doce cestas con los pedazos de los cinco panes de cebada que sobraron a los que habían comido.
14La gente, entonces, al ver la señal que Jesús había hecho, decía: «Verdaderamente Este es el Profeta que había de venir al mundo».
15Por lo que Jesús, dándose cuenta de que iban a venir y por la fuerza hacerle rey, se retiró Él solo otra vez al monte.
16Al atardecer Sus discípulos bajaron hasta el mar, 17y subiendo en una barca, se dirigieron al otro lado del mar, hacia Capernaúm. Ya había oscurecido, y Jesús todavía no había venido adonde ellos estaban; 18y el mar estaba agitado porque soplaba un fuerte viento. 19Cuando habían remado unos 25 o 30 estadios (cuatro o cinco kilómetros), vieron* a Jesús caminando sobre el mar y que se acercaba a la barca, y se asustaron. 20Pero Él les dijo*: «Soy Yo; no teman».
21Entonces ellos querían recibir a Jesús en la barca, y la barca llegó enseguida a la tierra adonde iban.
22Al día siguiente, la multitud que había quedado al otro lado del mar se dio cuenta de que allí no había más que una barca, y que Jesús no había entrado en ella con Sus discípulos, sino que Sus discípulos se habían ido solos. 23Vinieron otras barcas de Tiberias cerca del lugar donde habían comido el pan después de que el Señor había dado gracias. 24Por tanto, cuando la gente vio que Jesús no estaba allí, ni tampoco Sus discípulos, subieron a las barcas y se fueron a Capernaúm buscando a Jesús. 25Cuando lo hallaron al otro lado del mar, le dijeron: «Rabí, ¿cuándo llegaste acá?».
26Jesús les respondió: «En verdad les digo, que me buscan, no porque hayan visto señales, sino porque han comido de los panes y se han saciado. 27Trabajen, no por el alimento que perece, sino por el alimento que permanece para vida eterna, el cual el Hijo del Hombre les dará, porque a Él es a quien el Padre, Dios, ha marcado con Su sello».
28Entonces le preguntaron: «¿Qué debemos hacer para poner en práctica las obras de Dios?». 29Jesús les respondió: «Esta es la obra de Dios: que crean en el que Él ha enviado».
30Le dijeron entonces: «¿Qué, pues, haces Tú como señal para que veamos y te creamos? ¿Qué obra haces? 31Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: “Les dio a comer pan del cielo” ». 32Entonces Jesús les dijo: «En verdad les digo, que no es Moisés el que les ha dado el pan del cielo, sino que es Mi Padre el que les da el verdadero pan del cielo. 33Porque el pan de Dios es el que baja del cielo, y da vida al mundo». 34«Señor, danos siempre este pan», le dijeron.
35Jesús les dijo: «Yo soy el pan de la vida; el que viene a Mí no tendrá hambre, y el que cree en Mí nunca tendrá sed. 36Pero ya les dije que aunque me han visto, no creen. 37Todo lo que el Padre me da, vendrá a Mí; y al que viene a Mí, de ningún modo lo echaré fuera. 38Porque he descendido del cielo, no para hacer Mi voluntad, sino la voluntad del que me envió. 39Y esta es la voluntad del que me envió: que de todo lo que Él me ha dado Yo no pierda nada, sino que lo resucite en el día final. 40Porque esta es la voluntad de Mi Padre: que todo aquel que ve al Hijo y cree en Él, tenga vida eterna, y Yo mismo lo resucitaré en el día final».
41Por eso los judíos murmuraban de Él, porque había dicho: «Yo soy el pan que descendió del cielo». 42Y decían: «¿No es este Jesús, el hijo de José, cuyo padre y madre nosotros conocemos? ¿Cómo es que ahora dice: “Yo he descendido del cielo”?».
43Jesús les dijo: «No murmuren entre sí. 44Nadie puede venir a Mí si no lo trae el Padre que me envió, y Yo lo resucitaré en el día final. 45Escrito está en los profetas: “Y todos serán enseñados por Dios”. Todo el que ha oído y aprendido del Padre, viene a Mí. 46No es que alguien haya visto al Padre; sino Aquel que viene de Dios, Él ha visto al Padre. 47En verdad les digo: el que cree, tiene vida eterna.
48 »Yo soy el pan de la vida. 49Los padres de ustedes comieron el maná en el desierto, y murieron. 50Este es el pan que desciende del cielo, para que el que coma de él, no muera. 51Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguien come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que Yo también daré por la vida del mundo es Mi carne».
52Los judíos, por tanto, discutían entre sí, diciendo: «¿Cómo puede Este darnos a comer Su carne?». 53Entonces Jesús les dijo: «En verdad les digo, que si no comen la carne del Hijo del Hombre y beben Su sangre, no tienen vida en ustedes. 54El que come Mi carne y bebe Mi sangre, tiene vida eterna, y Yo lo resucitaré en el día final. 55Porque Mi carne es verdadera comida, y Mi sangre es verdadera bebida.
56 »El que come Mi carne y bebe Mi sangre, permanece en Mí y Yo en él. 57Como el Padre que vive me envió, y Yo vivo por el Padre, asimismo el que me come, él también vivirá por Mí. 58Este es el pan que descendió del cielo; no como el que los padres de ustedes comieron, y murieron; el que come este pan vivirá para siempre».
59Esto dijo Jesús en la sinagoga, cuando enseñaba en Capernaúm.
60Por eso muchos de Sus discípulos, cuando oyeron esto, dijeron: «Dura es esta declaración; ¿quién puede escucharla?». 61Pero Jesús, consciente de que Sus discípulos murmuraban por esto, les dijo: «¿Esto los escandaliza? 62¿Pues qué si vieran al Hijo del Hombre ascender adonde estaba antes?
63 »El Espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que Yo les he hablado son espíritu y son vida. 64Pero hay algunos de ustedes que no creen». Porque Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían, y quién era el que lo iba a traicionar. 65También decía: «Por eso les he dicho que nadie puede venir a Mí si no se lo ha concedido el Padre».
66Como resultado de esto muchos de Sus discípulos se apartaron y ya no andaban con Él. 67Entonces Jesús dijo a los doce discípulos: «¿Acaso también ustedes quieren irse?». 68Simón Pedro le respondió: «Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. 69Y nosotros hemos creído y sabemos que Tú eres el Santo de Dios». 70Jesús les respondió: «¿No los escogí Yo a ustedes, los doce, y sin embargo uno de ustedes es un diablo?». 71Él se refería a Judas, hijo de Simón Iscariote, porque este, uno de los doce, lo iba a entregar.

Salmo 34

Salmo de David cuando se fingió loco delante de Abimelec, quien lo echó, y él se fue.
1Bendeciré al Señor en todo tiempo;
Continuamente estará Su alabanza en mi boca.
2En el Señor se gloriará mi alma;
Lo oirán los humildes y se regocijarán.
3Engrandezcan al Señor conmigo,
Y exaltemos a una Su nombre.
4¶Busqué al Señor, y Él me respondió,
Y me libró de todos mis temores.
5 Los que a Él miraron, fueron iluminados;
Sus rostros jamás serán avergonzados.
6Este pobre clamó, y el Señor le oyó,
Y lo salvó de todas sus angustias.
7El ángel del Señor acampa alrededor de los que le temen,
Y los rescata.
8¶Prueben y vean que el Señor es bueno.
¡Cuán bienaventurado es el hombre que en Él se refugia!
9Teman al Señor, ustedes Sus santos,
Pues nada les falta a aquellos que le temen.
10Los leoncillos pasan necesidad y tienen hambre,
Pero los que buscan al Señor no carecerán de bien alguno.
11Vengan, hijos, escúchenme;
Les enseñaré el temor del Señor.
12¿Quién es el hombre que desea vida
Y quiere muchos días para ver el bien?
13Guarda tu lengua del mal
Y tus labios de hablar engaño.
14Apártate del mal y haz el bien,
Busca la paz y síguela.
15Los ojos del Señor están sobre los justos,
Y Sus oídos atentos a su clamor.
16El rostro del Señor está contra los que hacen mal,
Para cortar de la tierra su memoria.
17Claman los justos, y el Señor los oye
Y los libra de todas sus angustias.
18Cercano está el Señor a los quebrantados de corazón,
Y salva a los abatidos de espíritu.
19¶Muchas son las aflicciones del justo,
Pero de todas ellas lo libra el Señor.
20Él guarda todos sus huesos;
Ni uno de ellos es quebrantado.
21La maldad dará muerte al impío,
Y los que aborrecen al justo serán condenados.
22El Señor redime el alma de Sus siervos,
Y no será condenado ninguno de los que en Él se refugian.

Proverbios 24

1No tengas envidia de los malvados,
Ni desees estar con ellos;
2Porque su corazón trama violencia,
Y sus labios hablan de hacer mal.
3¶Con sabiduría se edifica una casa,
Y con prudencia se afianza;
4Con conocimiento se llenan las cámaras
De todo bien preciado y deseable.
5¶El hombre sabio es fuerte,
Y el hombre de conocimiento aumenta su poder.
6Porque con dirección sabia harás la guerra,
Y en la abundancia de consejeros está la victoria.
7¶Muy alta está la sabiduría para el necio,
En la puerta de la ciudad no abre su boca.
8¶Al que planea hacer el mal,
Lo llamarán intrigante.
9El tramar necedad es pecado,
Y el insolente es abominación a los hombres.
10¶Si eres débil en día de angustia,
Tu fuerza es limitada.
11¶Libra a los que son llevados a la muerte,
Y retén a los que van con pasos vacilantes a la matanza.
12Si dices: «Mira, no sabíamos esto».
¿No lo tiene en cuenta el que sondea los corazones?
¿No lo sabe el que guarda tu alma?
¿No dará a cada hombre según su obra?
13¶Come miel, hijo mío, porque es buena;
Sí, la miel del panal es dulce a tu paladar.
14Debes saber que así es la sabiduría para tu alma;
Si la hallas, entonces habrá un futuro,
Y tu esperanza no será cortada.
15¶No aceches, oh impío, la morada del justo;
No destruyas su lugar de descanso;
16Porque el justo cae siete veces, y vuelve a levantarse,
Pero los impíos caerán en la desgracia.
17¶No te regocijes cuando caiga tu enemigo,
Y no se alegre tu corazón cuando tropiece;
18No sea que el Señor lo vea y le desagrade,
Y aparte de él Su ira.
19¶No te impacientes a causa de los malhechores
Ni tengas envidia de los impíos;
20Porque no habrá futuro para el malo.
La lámpara de los impíos será apagada.
21¶Hijo mío, teme al Señor y al rey;
No te asocies con los que son inestables;
22Porque de repente se levantará su desgracia,
Y la destrucción que vendrá de ambos, ¿quién la sabe?
23¶También estos son dichos de los sabios:
«Hacer acepción de personas en el juicio no es bueno».
24Al que dice al impío: «Eres justo»,
Lo maldecirán los pueblos, lo aborrecerán las naciones;
25Pero los que lo reprenden tendrán felicidad,
Y sobre ellos vendrá abundante bendición.
26Besa los labios
El que da una respuesta correcta.
27¶Ordena tus labores de fuera
Y tenlas listas para ti en el campo,
Y después edifica tu casa.
28¶No seas, sin causa, testigo contra tu prójimo,
Y no engañes con tus labios.
29No digas: «Como él me ha hecho, así le haré;
Pagaré al hombre según su obra».
30¶He pasado junto al campo del perezoso
Y junto a la viña del hombre falto de entendimiento,
31Y vi que todo estaba lleno de cardos,
Su superficie cubierta de ortigas,
Y su cerca de piedras, derribada.
32Cuando lo vi, reflexioné sobre ello;
Miré, y recibí instrucción.
33«Un poco de dormir, otro poco de dormitar,
Otro poco de cruzar las manos para descansar»,
34Y llegará tu pobreza como ladrón,
Y tu necesidad como hombre armado.

Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © The Lockman Foundation — cortesía de YouVersion.

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