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Día 335 de 365 · 1 de diciembre

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Ezequiel 48

1«Estos son los nombres de las tribus: desde el extremo norte, junto al camino de Hetlón a Lebo Hamat, hasta Hazar Enán en el límite con Damasco al norte, junto a Hamat, desde el lado oriental hasta el occidental: Dan, una parte. 2Junto al límite de Dan, desde el lado oriental hasta el lado occidental: Aser, una parte. 3Junto al límite de Aser, desde el lado oriental hasta el lado occidental: Neftalí, una parte. 4Junto al límite de Neftalí, desde el lado oriental hasta el lado occidental: Manasés, una parte. 5Junto al límite de Manasés, desde el lado oriental hasta el lado occidental: Efraín, una parte. 6Junto al límite de Efraín, desde el lado oriental hasta el lado occidental: Rubén, una parte. 7Junto al límite de Rubén, desde el lado oriental hasta el lado occidental: Judá, una parte.
8»Y junto al límite de Judá, desde el lado oriental hasta el lado occidental estará la porción que separarán, de 25,000 codos (13,125 metros) de ancho, y de largo como una de las demás partes, desde el lado oriental hasta el lado occidental; y el santuario estará en medio de ella. 9La porción que separarán para el Señor será de 25,000 codos (13,125 metros) de largo y 10,000 codos (5,250 metros) de ancho. 10Y la porción sagrada será para estos, es decir, para los sacerdotes, hacia el norte, de 25,000 codos (13,125 metros) de largo, hacia el occidente de 10,000 codos (5,250 metros) de ancho, hacia el oriente de 10,000 codos de ancho, y hacia el sur de 25,000 codos de largo; y el santuario del Señor estará en medio de ella. 11Esta será para los sacerdotes santificados de los hijos de Sadoc, que han guardado Mi ordenanza, que no se descarriaron cuando los israelitas se descarriaron, como se descarriaron los levitas. 12Y será para ellos una porción de la porción de la tierra, un lugar santísimo, junto al límite de los levitas. 13A lo largo del límite de los sacerdotes, los levitas tendrán 25,000 codos (13,125 metros) de largo y 10,000 codos (5,250 metros) de ancho. La longitud total será de 25,000 codos y la anchura de 10,000 codos. 14No venderán nada de ella ni la cambiarán, ni cederán esta porción escogida de la tierra, porque es consagrada para el Señor.
15»El resto de 5,000 codos (2,625 metros) de ancho y de 25,000 codos (13,125 metros) de largo será para uso común de la ciudad, para viviendas y para pastizales; y la ciudad estará en medio de ella. 16Y estas serán sus medidas: al lado norte, 4,500 codos (2,363 metros); al lado sur, 4,500 codos; al lado oriental, 4,500 codos; y al lado occidental, 4,500 codos. 17La ciudad tendrá pastizales: al norte, 250 codos (131.25 metros); al sur, 250 codos; al oriente, 250 codos; y al occidente, 250 codos. 18Lo que quede de la longitud a lo largo de la porción sagrada será de 10,000 codos (5,250 metros) hacia el oriente y de 10,000 codos hacia el occidente; y estará a lo largo de la porción sagrada. Y sus productos servirán de alimento para los trabajadores de la ciudad. 19Y los trabajadores de la ciudad, de todas las tribus de Israel, la cultivarán. 20Toda la porción será de 25,000 codos (13,125 metros) por 25,000 codos; separarán la porción sagrada, un cuadrado, junto con la propiedad de la ciudad.
21»Y lo que quede será para el príncipe, a uno y otro lado de la porción santa y de la propiedad de la ciudad; a lo largo de los 25,000 codos (13,125 metros) de la porción hasta el límite oriental y hacia el occidente enfrente de los 25,000 codos, hacia el límite occidental, a lo largo de las partes, será para el príncipe. La porción sagrada y el santuario del templo estarán en medio de ella. 22Y excluyendo la propiedad de los levitas y la propiedad de la ciudad que están en medio de lo que pertenece al príncipe, todo lo que está entre el límite de Judá y el límite de Benjamín, será para el príncipe.
23»En cuanto a las demás tribus, desde el lado oriental hasta el lado occidental: Benjamín, una parte. 24Junto al límite de Benjamín, desde el lado oriental hasta el lado occidental: Simeón, una parte. 25Junto al límite de Simeón, desde el lado oriental hasta el lado occidental: Isacar, una parte. 26Junto al límite de Isacar, desde el lado oriental hasta el lado occidental: Zabulón, una parte. 27Junto al límite de Zabulón, desde el lado oriental hasta el lado occidental: Gad, una parte. 28Y junto al límite de Gad, al lado sur, hacia el sur, el límite será desde Tamar hasta las aguas de Meriba de Cades, hacia el torrente de Egipto hasta el mar Grande. 29Esta es la tierra que sortearán como herencia para las tribus de Israel, y estas serán sus porciones», declara el Señor Dios.
30«Y estas son las salidas de la ciudad: al lado norte, 4,500 codos (2,363 metros) por medida. 31Las puertas de la ciudad llevarán los nombres de las tribus de Israel; tres puertas al norte: la puerta de Rubén, una; la puerta de Judá, otra; la puerta de Leví, otra. 32Al lado oriental, 4,500 codos (2,363 metros), y tres puertas: la puerta de José, una; la puerta de Benjamín, otra; la puerta de Dan, otra. 33Al lado sur, 4,500 codos (2,363 metros) por medida, y tres puertas: la puerta de Simeón, una; la puerta de Isacar, otra; la puerta de Zabulón, otra. 34Y al lado occidental, 4,500 codos (2,363 metros) sus tres puertas: la puerta de Gad, una; la puerta de Aser, otra; la puerta de Neftalí, otra. 35La ciudad tendrá 18,000 codos (9,450 metros) en derredor; y el nombre de la ciudad desde ese día será: “el Señorestá allí” ».

Daniel 1

1En el tercer año del reinado de Joacim, rey de Judá, vino Nabucodonosor, rey de Babilonia, a Jerusalén y la sitió. 2El Señor entregó en sus manos a Joacim, rey de Judá, así como algunos de los utensilios de la casa de Dios. Estos se los llevó a la tierra de Sinar, a la casa de su dios, colocando los utensilios en la casa del tesoro de su dios.
3Entonces el rey mandó a Aspenaz, jefe de sus oficiales, que trajera de los israelitas a algunos de la familia real y de los nobles. 4Estos jóvenes no debían tener defecto alguno, serían de buen parecer, inteligentes en toda rama del saber, dotados de entendimiento y habilidad para discernir y que tuvieran la capacidad para servir en el palacio del rey; y le dio órdenes de que les enseñara la escritura y la lengua de los caldeos. 5El rey les asignó una ración diaria de los manjares del rey y del vino que él bebía, y mandó que los educaran por tres años, después de los cuales entrarían al servicio del rey.
6Entre estos estaban Daniel, Ananías, Misael y Azarías, de los hijos de Judá. 7Entonces el jefe de oficiales les puso nuevos nombres: a Daniel le puso Beltsasar; a Ananías, Sadrac; a Misael, Mesac; y a Azarías, Abed Nego.
8Pero Daniel se propuso en su corazón no contaminarse con los manjares del rey ni con el vino que él bebía, y pidió al jefe de oficiales que le permitiera no contaminarse. 9Dios concedió a Daniel hallar favor y gracia ante el jefe de oficiales, 10y el jefe de oficiales dijo a Daniel: «Temo a mi señor el rey, porque él ha asignado su comida y su bebida. ¿Por qué ha de ver sus rostros más pálidos que los de los demás jóvenes de su edad? Así pondrían en peligro mi cabeza ante el rey».
11Pero Daniel dijo al mayordomo a quien el jefe de oficiales había nombrado sobre Daniel, Ananías, Misael y Azarías: 12«Te ruego que pongas a prueba a tus siervos por diez días, y que nos den legumbres para comer y agua para beber. 13Que se compare después nuestra apariencia en tu presencia con la apariencia de los jóvenes que comen los manjares del rey, y haz con tus siervos según lo que veas».
14El mayordomo los escuchó en esto y los puso a prueba por diez días. 15Después de los diez días el aspecto de ellos parecía mejor y estaban más rollizos que todos los jóvenes que habían estado comiendo los manjares del rey. 16Así que el mayordomo siguió suprimiendo los manjares y el vino que debían beber, y les daba legumbres.
17A estos cuatro jóvenes Dios les dio conocimiento e inteligencia en toda clase de literatura y sabiduría. Además, Daniel entendía toda clase de visiones y sueños.
18Después de los días que el rey había fijado para que fueran presentados, el jefe de oficiales los trajo ante Nabucodonosor. 19El rey habló con ellos, y de entre todos ellos no se halló ninguno como Daniel, Ananías, Misael y Azarías. Entraron, pues, al servicio del rey. 20Y en todo asunto de sabiduría y conocimiento que el rey les consultó, los encontró diez veces superiores a todos los magos y encantadores que había en todo su reino. 21Daniel estuvo allíhasta el primer año del rey Ciro.

Juan 7

1Después de esto, Jesús andaba por Galilea, pues no deseaba andar por Judea porque los judíos lo querían matar. 2La fiesta de los judíos, la de los Tabernáculos, estaba cerca. 3Por eso los hermanos de Jesús le dijeron: «Sal de aquí, y vete a Judea para que también Tus discípulos vean las obras que Tú haces. 4Porque nadie hace nada en secreto cuando procura ser conocido en público. Si haces estas cosas, muéstrate al mundo». 5Porque ni aun Sus hermanos creían en Él.
6Entonces Jesús les dijo*: «Mi tiempo aún no ha llegado, pero el tiempo de ustedes es siempre oportuno. 7El mundo no puede odiarlos a ustedes, pero me odia a Mí, porque Yo doy testimonio de él, que sus acciones son malas. 8Suban ustedes a la fiesta; Yo no subo a esta fiesta porque Mi tiempo aún no se ha cumplido».
9Y habiéndoles dicho esto, se quedó en Galilea.
10Pero cuando Sus hermanos subieron a la fiesta, entonces Jesús también subió; no abiertamente, sino en secreto. 11Por eso los judíos lo buscaban en la fiesta y decían: «¿Dónde está Ese?».
12Y había mucha murmuración entre la gente acerca de Él. Unos decían: «Él es bueno». Otros decían: «No, al contrario, extravía a la gente». 13Sin embargo, nadie hablaba abiertamente de Él por miedo a los judíos.
14A la mitad de la fiesta, Jesús subió al templo y se puso a enseñar. 15Entonces los judíos se maravillaban, diciendo: «¿Cómo puede Este saber de letras sin haber estudiado?».
16Jesús entonces les respondió: «Mi enseñanza no es Mía, sino del que me envió. 17Si alguno está dispuesto a hacer la voluntad de Dios, sabrá si Mi enseñanza es de Dios o si hablo de Mí mismo. 18El que habla de sí mismo busca su propia gloria; pero Aquel que busca la gloria del que lo envió, Él es verdadero y no hay injusticia en Él. 19¿No les dio Moisés la ley, y sin embargo ninguno de ustedes la cumple? ¿Por qué me quieren matar?».
20La multitud contestó: «¡Tienes un demonio! ¿Quién te quiere matar?». 21Jesús les respondió: «Una sola obra hice y todos se admiran. 22Por eso Moisés les ha dado la circuncisión (no porque sea de Moisés, sino de los padres), y en el día de reposo ustedes circuncidan al hombre. 23Y si para no violar la ley de Moisés un hombre recibe la circuncisión aún en el día de reposo, ¿por qué están enojados conmigo porque sané por completo a un hombre en el día de reposo? 24No juzguen por la apariencia, sino juzguen con juicio justo».
25Entonces algunos de Jerusalén decían: «¿No es Este al que procuran matar? 26Y vean, habla en público y no le dicen nada. ¿No será que en verdad los gobernantes reconocen que Este es el Cristo? 27Sin embargo, nosotros sabemos de dónde es Este; pero cuando venga el Cristo, nadie sabrá de dónde es».
28Jesús entonces, mientras enseñaba en el templo, exclamó en alta voz: «Ustedes me conocen y saben de dónde soy. Yo no he venido por decisión propia, pero Aquel que me envió es verdadero, a quien ustedes no conocen. 29Yo lo conozco, porque procedo de Él, y Él me envió».
30Procuraban, pues, prender a Jesús; pero nadie le echó mano porque todavía no había llegado Su hora. 31Pero muchos de la multitud creyeron en Él, y decían: «Cuando el Cristo venga, ¿acaso hará más señales que las que Este ha hecho?».
32Los fariseos oyeron a la multitud murmurando estas cosas acerca de Él. Entonces los principales sacerdotes y los fariseos enviaron guardias para que lo prendieran. 33Pero Jesús dijo: «Por un poco más de tiempo estoy con ustedes; después voy a Aquel que me envió. 34Me buscarán y no me hallarán; y donde Yo esté, ustedes no pueden ir».
35Decían entonces los judíos entre sí: «¿Adónde piensa irse Este que no lo podamos encontrar? ¿Será acaso que quiere irse a la dispersión entre los griegos y enseñar a los griegos? 36¿Qué quiere decir esto que ha dicho: “Me buscarán y no me hallarán; y donde Yo esté, ustedes no podrán ir”?».
37En el último día, el gran día de la fiesta, Jesús puesto en pie, exclamó en alta voz: «Si alguien tiene sed, que venga a Mí y beba. 38El que cree en Mí, como ha dicho la Escritura: “De lo más profundo de su ser brotarán ríos de agua viva” ». 39Pero Él decía esto del Espíritu, que los que habían creído en Él habían de recibir; porque el Espíritu no había sido dado todavía, pues Jesús aún no había sido glorificado.
40Entonces algunos de la multitud, cuando oyeron estas palabras, decían: «Verdaderamente Este es el Profeta». 41Otros decían: «Este es el Cristo». Pero otros decían: «¿Acaso el Cristo ha de venir de Galilea? 42¿No ha dicho la Escritura que el Cristo viene de la descendencia de David, y de Belén, la aldea de donde era David?». 43Así que surgió una división entre la multitud por causa de Él. 44Y algunos de ellos querían prender a Jesús, pero nadie le echó mano.
45Entonces los guardias vinieron a los principales sacerdotes y fariseos, y estos les dijeron: «¿Por qué no lo trajeron?». 46Los guardias respondieron: «¡Jamás hombre alguno ha hablado como este hombre habla!».
47Entonces los fariseos les contestaron: «¿Es que también ustedes se han dejado engañar? 48¿Acaso ha creído en Él alguien de los gobernantes o de los fariseos? 49Pero esta multitud que no conoce de la ley, maldita es».
50Nicodemo, el que había venido a Jesús antes, y que era uno de ellos, les dijo*: 51«¿Acaso juzga nuestra ley a un hombre a menos que le oiga primero y sepa lo que hace?». 52Ellos le respondieron: «¿Es que tú también eres de Galilea? Investiga, y verás que ningún profeta sale de Galilea». 53Y cada uno se fue a su casa.

Salmo 35

Salmo de David.
1Combate, oh Señor, a los que me combaten;
Ataca a los que me atacan.
2Echa mano del broquel y del escudo,
Y levántate en mi ayuda.
3Empuña también la lanza y el hacha para enfrentarte a los que me persiguen;
Dile a mi alma: «Yo soy tu salvación».
4Sean avergonzados y confundidos los que buscan mi vida;
Sean puestos en fuga y humillados los que traman el mal contra mí.
5Sean como paja delante del viento,
Con el ángel del Señor acosándolos.
6Sea su camino tenebroso y resbaladizo,
Con el ángel del Señor persiguiéndolos.
7Porque sin causa me tendieron su red;
Sin causa cavaron fosa para mi alma.
8Que venga destrucción sobre él sin darse cuenta,
Y la red que él mismo tendió lo prenda,
¡Que caiga en esa misma destrucción!
9¶Y mi alma se regocijará en el Señor;
En Su salvación se gozará.
10Dirán todos mis huesos: «Señor, ¿quién como Tú,
Que libras al afligido de aquel que es más fuerte que él,
Sí, al afligido y al necesitado de aquel que lo despoja?».
11Se levantan testigos malvados,
Y de lo que no sé me preguntan.
12Me devuelven mal por bien
Para aflicción de mi alma.
13Pero yo, cuando ellos estaban enfermos, vestía de cilicio;
Humillé mi alma con ayuno,
Y mi oración se repetía en mi pecho.
14Como por mi amigo, como por mi hermano, andaba de aquí para allá;
Como el que está de duelo por la madre, enlutado me encorvaba.
15Pero ellos se alegraron en mi tropiezo, y se reunieron;
Los agresores, a quienes no conocía, se juntaron contra mí;
Me despedazaban sin cesar.
16Como bufones impíos en una fiesta,
Rechinaban sus dientes contra mí.
17¶¿Hasta cuándo, Señor, estarás mirando?
Rescata mi alma de sus estragos,
Mi única vida de los leones.
18En la gran congregación te daré gracias;
Entre mucha gente te alabaré.
19No permitas que se regocijen a costa mía los que injustamente son mis enemigos,
Ni que guiñen el ojo con malicia los que sin causa me aborrecen.
20Porque ellos no hablan paz,
Sino que piensan palabras engañosas contra los pacíficos de la tierra,
21Y abrieron bien grande su boca contra mí;
Dijeron: «¡Ajá, nuestros ojos lo han visto!».
22¶Tú lo has visto, Señor, no calles;
Señor, no estés lejos de mí.
23Despierta y levántate para mi defensa
Y para mi causa, Dios mío y Señor mío.
24Júzgame conforme a Tu justicia, oh Señor, Dios mío;
Que no se rían de mí.
25Que no digan en su corazón: «¡Esto es lo que queríamos!».
Que no digan: «¡Lo hemos devorado!».
26Sean avergonzados y humillados a una los que se alegran de mi mal;
Cúbranse de vergüenza y deshonra los que se engrandecen contra mí.
27¶Canten de júbilo y regocíjense los que favorecen mi causa;
Y digan continuamente: «Engrandecido sea el Señor,
Que se deleita en la paz de Su siervo».
28Y mi lengua hablará de Tu justicia
Yde Tu alabanza todo el día.

Proverbios 25

1También estos son proverbios de Salomón, que transcribieron los hombres de Ezequías, rey de Judá:
2¶Es gloria de Dios encubrir una cosa,
Pero la gloria de los reyes es investigar un asunto.
3 Como la altura de los cielos y la profundidad de la tierra,
Así es el corazón de los reyes, inescrutable.
4Quita la escoria de la plata,
Y saldrá un vaso para el orfebre;
5Quita al malo de delante del rey,
Y su trono se afianzará en la justicia.
6No hagas ostentación ante el rey,
Y no te pongas en el lugar de los grandes;
7Porque es mejor que te digan: «Sube acá»,
A que te humillen delante del príncipe
A quien tus ojos han visto.
8¶No te apresures a presentar pleito;
Pues ¿qué harás al final,
Cuando tu prójimo te avergüence?
9Discute tu caso con tu prójimo
Y no descubras el secreto de otro,
10No sea que te reproche el que lo oiga
Y tu mala fama no se acabe.
11Como manzanas de oro en engastes de plata
Es la palabra dicha a su tiempo.
12 Como pendiente de oro y adorno de oro fino
Es el sabio que reprende al oído atento.
13Como frescura de nieve en tiempo de la siega
Es el mensajero fiel para los que lo envían,
Porque refresca el alma de sus señores.
14 Como las nubes y el viento sin lluvia
Es el hombre que se jacta falsamente de sus dones.
15Con la mucha paciencia se persuade al príncipe,
Y la lengua suave quebranta los huesos.
16¿Has hallado miel? Come solo lo que necesites,
No sea que te hartes y la vomites.
17No frecuente tu pie la casa de tu vecino,
No sea que él se hastíe de ti y te aborrezca.
18 Como mazo y espada y flecha aguda
Es el hombre que levanta falso testimonio contra su prójimo.
19 Como diente malo y pie que resbala
Es la confianza en el hombre engañador en tiempo de angustia.
20 Como el que se quita la ropa en día de frío, o como el vinagre sobre la lejía,
Es el que canta canciones a un corazón afligido.
21Si tu enemigo tiene hambre, dale de comer pan,
Y si tiene sed, dale a beber agua;
22Porque así amontonarás brasas sobre su cabeza,
Y el Señor te recompensará.
23El viento del norte trae la lluvia,
Y la lengua murmuradora, el semblante lleno de ira.
24Mejor es vivir en un rincón del terrado
Que en una casa con mujer rencillosa.
25 Como agua fría para el alma sedienta,
Así son las buenas nuevas de una tierra lejana.
26 Como manantial turbio y pozo contaminado
Es el justo que cede ante el impío.
27No es bueno comer mucha miel,
Ni el buscar la propia gloria es gloria.
28 Como ciudad invadida y sin murallas
Es el hombre que no domina su espíritu.

Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © The Lockman Foundation — cortesía de YouVersion.

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