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Día 336 de 365 · 2 de diciembre

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Daniel 2

1En el segundo año del reinado de Nabucodonosor, este tuvo sueños, y se turbó su espíritu y no podía dormir. 2Entonces el rey mandó llamar a los magos, encantadores, hechiceros y caldeos, para que le explicaran al rey sus sueños. Vinieron, pues, y se presentaron ante el rey. 3Y el rey les dijo: «He tenido un sueño, y mi espíritu se ha turbado por el deseo de entender el sueño».
4Entonces los caldeos hablaron al rey en arameo: «¡Oh rey, viva para siempre! Cuente el sueño a sus siervos, y nosotros le declararemos la interpretación». 5El rey respondió a los caldeos: «Mis órdenes son firmes: si no me dan a conocer el sueño y su interpretación, serán descuartizados y sus casas serán reducidas a escombros. 6Pero si me declaran el sueño y su interpretación, recibirán de mí regalos, recompensas y grandes honores. Por tanto, declárenme el sueño y su interpretación».
7Respondieron ellos por segunda vez: «Refiera el rey su sueño a sus siervos, y declararemos la interpretación». 8Respondió el rey: «Ciertamente sé que quieren ganar tiempo, porque ven que mis órdenes son firmes. 9Si no me declaran el sueño, hay una sola sentencia para ustedes. Porque se han concertado para hablar delante de mí palabras falsas y perversas hasta que cambie la situación. Por tanto, díganme el sueño para que yo sepa que me pueden dar su interpretación».
10Los caldeos respondieron al rey: «No hay hombre sobre la tierra que pueda declarar el asunto al rey, puesto que ningún gran rey o gobernante jamás ha pedido cosa semejante a ningún mago, encantador o caldeo. 11Lo que el rey demanda es difícil y no hay nadie que lo pueda declarar al rey sino los dioses cuya morada no está entre los hombres».
12A causa de esto el rey se indignó y se enfureció en gran manera y dio la orden de que mataran a todos los sabios de Babilonia. 13Y se publicó el decreto de que mataran a todos los sabios. Buscaron también a Daniel y a sus amigos para matarlos.
14Entonces Daniel habló con discreción y sensatez a Arioc, capitán de la guardia del rey, que había salido para matar a los sabios de Babilonia. 15Y preguntó a Arioc, capitán del rey: «¿Por qué es tan riguroso el decreto del rey?». Y Arioc informó a Daniel sobre el asunto. 16Así que Daniel fue a pedirle al rey que le diera tiempo para declarar la interpretación al rey.
17Entonces Daniel fue a su casa e informó el asunto a sus amigos Ananías, Misael y Azarías, 18para que pidieran misericordia del Dios del cielo acerca de este misterio, a fin de que no perecieran Daniel y sus amigos con el resto de los sabios de Babilonia.
19Entonces el misterio fue revelado a Daniel en una visión de noche. Daniel entonces bendijo al Dios del cielo, 20y dijo:
«Sea el nombre de Dios bendito por los siglos de los siglos,
Porque la sabiduría y el poder son de Él.
21-ȃl es quien cambia los tiempos y las edades;
Quita reyes y pone reyes.
Da sabiduría a los sabios,
Y conocimiento a los entendidos.
22-ȃl es quien revela lo profundo y lo escondido.
Conoce lo que está en tinieblas,
Y la luz mora con Él.
23-»A ti, Dios de mis padres, yo doy gracias y alabo,
Porque me has dado sabiduría y poder,
Y ahora me has revelado lo que te habíamos pedido,
Pues nos has dado a conocer el asunto del rey».
24Después fue Daniel adonde estaba Arioc, a quien el rey había designado para dar muerte a los sabios de Babilonia. Fue y le habló así: «No des muerte a los sabios de Babilonia. Llévame ante el rey, y declararé al rey la interpretación».
25Entonces Arioc se apresuró a llevar a Daniel ante el rey, y le dijo así: «He hallado a un hombre entre los deportados de Judá que dará a conocer al rey la interpretación». 26El rey le preguntó a Daniel, a quien llamaban Beltsasar: «¿Eres tú capaz de darme a conocer el sueño que he visto y su interpretación?».
27Daniel respondió ante el rey, y dijo: «En cuanto al misterio que el rey quiere saber, no hay sabios, encantadores, magos ni adivinos que puedan declararlo al rey. 28Pero hay un Dios en el cielo que revela los misterios, y Él ha dado a conocer al rey Nabucodonosor lo que sucederá al fin de los días. Su sueño y las visiones que usted ha tenido en su cama eran estos: 29A usted, oh rey, en su cama le surgieron pensamientos sobre lo que habrá de suceder en el futuro, y el que revela los misterios le ha dado a conocer lo que sucederá. 30En cuanto a mí, me ha sido revelado este misterio, no porque yo tenga más sabiduría que cualquier otro viviente, sino con el fin de dar a conocer al rey la interpretación, y para que usted entienda los pensamientos de su corazón.
31»Usted, oh rey, tuvo una visión en la que había una gran estatua. Esa estatua era enorme y su brillo extraordinario; estaba en pie delante de usted y su aspecto era terrible. 32La cabeza de esta estatua era de oro puro, su pecho y sus brazos de plata, y su vientre y sus muslos de bronce, 33sus piernas de hierro, sus pies en parte de hierro y en parte de barro. 34La estuvo mirando hasta que una piedra fue cortada sin ayuda de manos, y golpeó la estatua en sus pies de hierro y de barro, y los desmenuzó. 35Entonces fueron desmenuzados, todos a la vez, el hierro, el barro, el bronce, la plata y el oro. Quedaron como el tamo de las eras en verano, y el viento se los llevó sin que quedara rastro alguno de ellos. Y la piedra que había golpeado la estatua se convirtió en un gran monte que llenó toda la tierra.
36»Este es el sueño. Ahora diremos ante el rey su interpretación. 37Usted, oh rey, es rey de reyes, a quien el Dios del cielo ha dado el reino, el poder, la fuerza y la gloria. 38Y dondequiera que habiten los hijos de los hombres, las bestias del campo o las aves del cielo, Él los ha entregado en su mano y lo ha hecho soberano de todos ellos; usted es la cabeza de oro.
39»Después de usted se levantará otro reino, inferior a usted, y luego un tercer reino, de bronce, que gobernará sobre toda la tierra. 40Y habrá un cuarto reino, tan fuerte como el hierro. Y así como el hierro desmenuza y destroza todas las cosas, como el hierro que tritura, así él desmenuzará y triturará a todos estos.
41»Lo que usted vio, los pies y los dedos, parte de barro de alfarero y parte de hierro, será un reino dividido. Pero tendrá la solidez del hierro, ya que vio el hierro mezclado con barro corriente. 42Y así como los dedos de los pies eran parte de hierro y parte de barro cocido, también parte del reino será fuerte y parte será frágil. 43En cuanto al hierro mezclado con barro corriente que ha visto, se mezclarán mediante simiente humana. Pero no se unirán el uno con el otro, como no se mezcla el hierro con el barro.
44»En los días de estos reyes, el Dios del cielo levantará un reino que jamás será destruido, y este reino no será entregado a otro pueblo. Desmenuzará y pondrá fin a todos aquellos reinos, y él permanecerá para siempre, 45tal como usted vio que una piedra fue cortada del monte sin ayuda de manos y que desmenuzó el hierro, el bronce, el barro, la plata y el oro. El gran Dios ha hecho saber al rey lo que sucederá en el futuro. Así, pues, el sueño es verdadero y la interpretación fiel».
46Entonces el rey Nabucodonosor cayó sobre su rostro, se postró ante Daniel, y ordenó que le ofrecieran presentes e incienso. 47El rey habló a Daniel, y le dijo: «En verdad que su Dios es Dios de dioses, Señor de reyes y revelador de misterios, ya que tú has podido revelar este misterio».
48Entonces el rey engrandeció a Daniel y le dio muchos regalos espléndidos, y le hizo gobernador sobre toda la provincia de Babilonia y jefe supremo sobre todos los sabios de Babilonia. 49Por solicitud de Daniel, el rey puso sobre la administración de la provincia de Babilonia a Sadrac, Mesac y a Abed Nego, mientras que Daniel quedó en la cortedel rey.

Daniel 3

1El rey Nabucodonosor hizo una estatua de oro cuya altura era de 60 codos (27 metros) y su anchura de 6 codos (2.7 metros). La levantó en el llano de Dura, en la provincia de Babilonia. 2Entonces el rey Nabucodonosor mandó reunir a los sátrapas, prefectos y gobernadores, los consejeros, tesoreros, jueces, magistrados y todos los gobernantes de las provincias para que vinieran a la dedicación de la estatua que el rey Nabucodonosor había levantado.
3Se reunieron, pues, los sátrapas, prefectos y gobernadores, los consejeros, tesoreros, jueces, magistrados y todos los gobernantes de las provincias para la dedicación de la estatua que el rey Nabucodonosor había levantado. Y todos estaban de pie delante de la estatua que Nabucodonosor había levantado. 4Entonces el heraldo proclamó con fuerza: «Se les ordena a ustedes, pueblos, naciones y lenguas, 5que en el momento en que oigan el sonido del cuerno, la flauta, la lira, el arpa, el salterio, la gaita y toda clase de música, se postren y adoren la estatua de oro que el rey Nabucodonosor ha levantado. 6Pero el que no se postre y adore, será echado inmediatamente en un horno de fuego ardiente».
7Por tanto, en el momento en que todos los pueblos oyeron el sonido del cuerno, la flauta, la lira, el arpa, el salterio, la gaita y toda clase de música, todos los pueblos, naciones y lenguas se postraron y adoraron la estatua de oro que el rey Nabucodonosor había levantado.
8Sin embargo, en aquel tiempo algunos caldeos se presentaron y acusaron a los judíos. 9Hablaron y dijeron al rey Nabucodonosor: «¡Oh rey, viva para siempre! 10Usted, oh rey, ha proclamado un decreto de que todo hombre que oiga el sonido del cuerno, la flauta, la lira, el arpa, el salterio, la gaita y toda clase de música, se postre y adore la estatua de oro, 11y el que no se postre y adore, será echado en un horno de fuego ardiente. 12Pero hay algunos judíos a quienes usted ha puesto sobre la administración de la provincia de Babilonia, es decir, Sadrac, Mesac y Abed Nego, estos hombres, oh rey, no le hacen caso. No sirven a sus dioses ni adoran la estatua de oro que ha levantado».
13Entonces Nabucodonosor, enojado y furioso, dio orden de traer a Sadrac, Mesac y Abed Nego. Estos hombres, pues, fueron conducidos ante el rey. 14Habló Nabucodonosor y les dijo: «¿Es verdad Sadrac, Mesac y Abed Nego que no sirven a mis dioses ni adoran la estatua de oro que he levantado? 15¿Están dispuestos ahora, para que cuando oigan el sonido del cuerno, la flauta, la lira, el arpa, el salterio, la gaita y toda clase de música, se postren y adoren la estatua que he hecho? Porque si no la adoran, inmediatamente serán echados en un horno de fuego ardiente. ¿Y qué dios será el que los libre de mis manos?».
16Sadrac, Mesac y Abed Nego le respondieron al rey Nabucodonosor: «No necesitamos darle una respuesta acerca de este asunto. 17Ciertamente nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiente. Y de su mano, oh rey, nos librará. 18Pero si no lo hace, ha de saber, oh rey, que no serviremos a sus dioses ni adoraremos la estatua de oro que ha levantado».
19Entonces Nabucodonosor se llenó de furor, y demudó su semblante contra Sadrac, Mesac y Abed Nego. Reaccionó ordenando que se calentara el horno siete veces más de lo que se acostumbraba calentar. 20Y mandó que algunos valientes guerreros de su ejército ataran a Sadrac, Mesac y Abed Nego, y los echaran en el horno de fuego ardiente. 21Entonces estos hombres fueron atados y arrojados con sus mantos, sus túnicas, sus gorros y sus otras ropas en el horno de fuego ardiente.
22Como la orden del rey era apremiante y el horno había sido calentado excesivamente, la llama del fuego mató a los que habían alzado a Sadrac, Mesac y Abed Nego. 23Pero estos tres hombres, Sadrac, Mesac y Abed Nego cayeron, atados, en medio del horno de fuego ardiente.
24Entonces el rey Nabucodonosor se espantó, y levantándose apresuradamente preguntó a sus altos oficiales: «¿No eran tres los hombres que echamos atados en medio del fuego?». «Así es, oh rey», respondieron ellos. 25«¡Miren!», respondió el rey. «Veo a cuatro hombres sueltos que se pasean en medio del fuego sin sufrir daño alguno, y el aspecto del cuarto es semejante al de un hijo de los dioses».
26Entonces Nabucodonosor se acercó a la puerta del horno de fuego ardiente y dijo: «Sadrac, Mesac y Abed Nego, siervos del Dios Altísimo, salgan y vengan acá». Entonces Sadrac, Mesac y Abed Nego salieron de en medio del fuego. 27Y los sátrapas, los prefectos, los gobernadores y los altos oficiales del rey se reunieron para ver a estos hombres, cómo el fuego no había tenido efecto alguno sobre sus cuerpos, ni el cabello de sus cabezas se había chamuscado, ni sus mantos habían sufrido daño alguno, ni aun olor del fuego había quedado en ellos.
28Entonces Nabucodonosor dijo: «Bendito sea el Dios de Sadrac, Mesac y Abed Nego que ha enviado a Su ángel y ha librado a Sus siervos que, confiando en Él, desobedecieron la orden del rey y entregaron sus cuerpos antes de servir y adorar a ningún otro dios excepto a su Dios. 29Por tanto, proclamo un decreto de que todo pueblo, nación o lengua que diga blasfemia contra el Dios de Sadrac, Mesac y Abed Nego sea descuartizado y sus casas reducidas a escombros, ya que no hay otro dios que pueda librar de esta manera». 30Entonces el rey hizo prosperar a Sadrac, Mesac y Abed Nego en la provincia de Babilonia.

Juan 8

1Pero Jesús se fue al monte de los Olivos. 2Al amanecer, vino otra vez al templo, y todo el pueblo venía a Él; y sentándose, les enseñaba. 3Los escribas y los fariseos trajeron* a una mujer sorprendida en adulterio, y poniéndola en medio, 4dijeron* a Jesús: «Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo del adulterio. 5Y en la ley, Moisés nos ordenó apedrear a esta clase de mujeres. ¿Tú, pues, qué dices?».
6Decían esto, poniendo a prueba a Jesús, para tener de qué acusarlo. Pero Jesús se inclinó y con el dedo escribía en la tierra. 7Pero como insistían en preguntar, Jesús se enderezó y les dijo: «El que de ustedes esté sin pecado, sea el primero en tirarle una piedra».
8E inclinándose de nuevo, escribía en la tierra. 9Al oír ellos esto, se fueron retirando uno a uno comenzando por los de mayor edad, y dejaron solo a Jesús y a la mujer que estaba en medio. 10Enderezándose Jesús, le dijo: «Mujer, ¿dónde están ellos? ¿Ninguno te ha condenado?».
11«Ninguno, Señor», respondió ella. Entonces Jesús le dijo: «Yo tampoco te condeno. Vete; y desde ahora no peques más».
12Jesús les habló otra vez, diciendo: «Yo soy la Luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la Luz de la vida». 13Entonces los fariseos le dijeron: «Tú das testimonio de Ti mismo; Tu testimonio no es verdadero».
14Jesús les respondió: «Aunque Yo doy testimonio de Mí mismo, Mi testimonio es verdadero, porque Yo sé de dónde he venido y adónde voy; pero ustedes no saben de dónde vengo ni adónde voy. 15Ustedes juzgan según la carne; Yo no juzgo a nadie. 16Pero si Yo juzgo, Mi juicio es verdadero; porque no soy Yo solo, sino Yo y el Padre que me envió. 17Aun en la ley de ustedes está escrito que el testimonio de dos hombres es verdadero. 18Yo soy el que doy testimonio de Mí mismo, y el Padre que me envió da testimonio de Mí».
19Entonces le decían: «¿Dónde está Tu Padre?». «Ustedes no me conocen a Mí ni a Mi Padre», les respondió Jesús. «Si me conocieran, conocerían también a Mi Padre».
20Estas palabras las pronunció en el lugar del tesoro, cuando enseñaba en el templo; y nadie lo prendió, porque todavía no había llegado Su hora.
21Entonces Jesús les dijo de nuevo: «Yo me voy, y me buscarán, y ustedes morirán en su pecado; adonde Yo voy, ustedes no pueden ir». 22Por eso los judíos decían: «¿Acaso se va a suicidar, puesto que dice: “Adonde Yo voy, ustedes no pueden ir”?».
23Y Jesús les decía: «Ustedes son de abajo, Yo soy de arriba; ustedes son de este mundo, Yo no soy de este mundo. 24Por eso les dije que morirán en sus pecados; porque si no creen que Yo soy, morirán en sus pecados».
25«¿Tú quién eres?», le preguntaron. Jesús les contestó: «¿Qué les he estado diciendo desde el principio? 26Tengo mucho que decir y juzgar de ustedes, pero Aquel que me envió es veraz; y Yo, las cosas que oí de Él, estas digo al mundo».
27Ellos no comprendieron que les hablaba del Padre. 28Por eso Jesús les dijo: «Cuando ustedes levanten al Hijo del Hombre, entonces sabrán que Yo soy y que no hago nada por Mi cuenta, sino que hablo estas cosas como el Padre me enseñó. 29Y Aquel que me envió está conmigo; no me ha dejado solo, porque Yo siempre hago lo que le agrada». 30Al hablar estas cosas, muchos creyeron en Él.
31Entonces Jesús decía a los judíos que habían creído en Él: «Si ustedes permanecen en Mi palabra, verdaderamente son Mis discípulos; 32y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres». 33Ellos le contestaron: «Somos descendientes de Abraham y nunca hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices Tú: “Serán libres”?».
34Jesús les respondió: «En verdad les digo que todo el que comete pecado es esclavo del pecado; 35y el esclavo no queda en la casa para siempre; el hijo permanece para siempre. 36Así que, si el Hijo los hace libres, ustedes serán realmente libres. 37Sé que ustedes son descendientes de Abraham; y sin embargo, me quieren matar porque Mi palabra no tiene aceptación en ustedes. 38Yo hablo lo que he visto con Mi Padre; ustedes, entonces, hacen también lo que oyeron de su padre».
39Ellos le contestaron: «Abraham es nuestro padre». Jesús les dijo*: «Si son hijos de Abraham, hagan las obras de Abraham. 40Pero ahora me quieren matar, a Mí que les he dicho la verdad que oí de Dios. Esto no lo hizo Abraham. 41Ustedes hacen las obras de su padre». Ellos le dijeron: «Nosotros no nacimos de fornicación; tenemos un Padre, es decir, Dios».
42Jesús les dijo: «Si Dios fuera su Padre, me amarían, porque Yo salí de Dios y vine de Él, pues no he venido por Mi propia iniciativa, sino que Él me envió. 43¿Por qué no entienden lo que digo? Porque no pueden oír Mi palabra.
44 »Ustedes son de su padre el diablo y quieren hacer los deseos de su padre. Él fue un asesino desde el principio, y no se ha mantenido en la verdad porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira , habla de su propia naturaleza, porque es mentiroso y el padre de la mentira . 45Pero porque Yo digo la verdad, no me creen. 46¿Quién de ustedes me prueba que tengo pecado? Y si digo verdad, ¿por qué ustedes no me creen? 47El que es de Dios escucha las palabras de Dios; por eso ustedes no escuchan, porque no son de Dios».
48Los judíos le contestaron: «¿No decimos con razón que Tú eres samaritano y que tienes un demonio?». 49Jesús respondió: «Yo no tengo ningún demonio, sino que honro a Mi Padre, y ustedes me deshonran a Mí. 50Pero Yo no busco Mi gloria; hay Uno que la busca, y juzga. 51En verdad les digo que si alguien guarda Mi palabra, no verá jamás la muerte».
52Los judíos le dijeron: «Ahora sí sabemos que tienes un demonio. Abraham murió, y también los profetas, y Tú dices: “Si alguien guarda Mi palabra no probará jamás la muerte”. 53¿Eres Tú acaso mayor que nuestro padre Abraham que murió? Los profetas también murieron; ¿quién crees que eres?».
54Jesús respondió: «Si Yo mismo me glorifico, Mi gloria no es nada; es Mi Padre el que me glorifica, de quien ustedes dicen: “Él es nuestro Dios”. 55Ustedes no lo han conocido, pero Yo lo conozco; y si digo que no lo conozco seré un mentiroso como ustedes; pero lo conozco y guardo Su palabra. 56Abraham, el padre de ustedes, se regocijó esperando ver Mi día; y lo vio y se alegró».
57Por esto los judíos le dijeron: «Aún no tienes cincuenta años, ¿y has visto a Abraham?». 58Jesús les dijo: «En verdad les digo, que antes que Abraham naciera, Yo soy». 59Entonces tomaron piedras para tirárselas, pero Jesús se ocultó y salió del templo.

Salmo 36

Para el director del coro. Salmo de David, siervo del Señor.
1La transgresión habla al impío dentro de su corazón;
No hay temor de Dios delante de sus ojos.
2Porque en sus propios ojos la transgresión le engaña
En cuanto a descubrir su iniquidad y aborrecerla.
3Las palabras de su boca son iniquidad y engaño;
Ha dejado de ser sabio y de hacer el bien.
4Planea la iniquidad en su cama;
Se obstina en un camino que no es bueno;
No aborrece el mal.
5¶Tu misericordia, oh Señor, se extiende hasta los cielos,
Tu fidelidad, hasta el firmamento.
6Tu justicia es como los montes de Dios;
Tus juicios son como profundo abismo.
Tú preservas, oh Señor, al hombre y al animal.
7¡Cuán preciosa es, oh Dios, Tu misericordia!
Por eso los hijos de los hombres se refugian a la sombra de Tus alas.
8Se sacian de la abundancia de Tu casa,
Y les das a beber del río de Tus delicias.
9Porque en Ti está la fuente de la vida;
En Tu luz vemos la luz.
10¶Continúa Tu misericordia para con los que te conocen,
Y Tu justicia para con los rectos de corazón.
11Que no me alcance el pie del orgullo,
Ni me mueva la mano de los impíos.
12Allí han caído los que obran iniquidad;
Han sido derribados y no se pueden levantar.

Proverbios 26

1Como nieve en el verano y como lluvia en la siega,
Así la honra no es apropiada para el necio.
2Como el gorrión en su vagar y la golondrina en su vuelo,
Así la maldición no viene sin causa.
3El látigo es para el caballo, la brida para el asno,
Y la vara para la espalda de los necios.
4No respondas al necio de acuerdo con su necedad,
Para que no seas tú también como él.
5Responde al necio según su necedad se merece,
Para que no sea sabio ante sus propios ojos.
6Se corta los pies y bebe violencia
El que envía recado por mano de un necio.
7 Como las piernas que penden del lisiado,
Así es el proverbio en boca de los necios.
8Como el que ata la piedra a la honda,
Así es el que da honor al necio.
9 Como espina que se clava en la mano de un borracho,
Así es el proverbio en boca de los necios.
10 Como arquero que a todos hiere,
Así es el que toma a sueldo al necio o a los que pasan.
11Como perro que vuelve a su vómito
Es el necio que repite su necedad.
12¿Has visto a un hombre que se tiene por sabio?
Más esperanza hay para el necio que para él.
13El perezoso dice: «Hay un león en el camino;
Hay un león en medio de la plaza».
14 Como la puerta gira sobre sus goznes,
Así da vueltas el perezoso en su cama.
15El perezoso mete la mano en el plato,
Pero se fatiga de llevársela a la boca.
16El perezoso es más sabio ante sus propios ojos
Que siete que den una respuesta discreta.
17 Como el que toma un perro por las orejas,
Así es el que pasa y se entremete en pleito que no es suyo.
18Como el enloquecido que lanza
Teas encendidas, flechas y muerte,
19Así es el hombre que engaña a su prójimo,
Y dice: «¿Acaso no estaba yo bromeando?».
20Por falta de leña se apaga el fuego,
Y donde no hay chismoso, se calma la discusión.
21 Como carbón para las brasas y leña para el fuego,
Así es el hombre rencilloso para encender pleitos.
22Las palabras del chismoso son como bocados deliciosos,
Y penetran hasta el fondo de las entrañas.
23 Como vasija de barro revestida de escoria de plata,
Así son los labios ardientes y el corazón perverso.
24El que odia, disimula con sus labios,
Pero en su corazón acumula engaño.
25Cuando su voz sea agradable, no lo creas,
Pues hay siete abominaciones en su corazón.
26 Aunque su odio se cubra con engaño,
Su perversidad será descubierta en la asamblea.
27El que cava un hoyo caerá en él,
Y el que hace rodar una piedra, sobre él volverá.
28La lengua mentirosa odia a los que oprime,
Y la boca lisonjera causa ruina.

Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © The Lockman Foundation — cortesía de YouVersion.

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