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Día 337 de 365 · 3 de diciembre

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Daniel 4

1 Nabucodonosor, rey, a todos los pueblos, naciones y lenguas que habitan en toda la tierra: «Que abunde su paz. 2Me ha parecido bien declarar las señales y maravillas que ha hecho conmigo el Dios Altísimo.
3-»¡Cuán grandes son Sus señales,
Y cuán poderosas Sus maravillas!
Su reino es un reino eterno,
Y Su dominio de generación en generación.
4»Yo, Nabucodonosor, estaba tranquilo en mi casa y próspero en mi palacio. 5Tuve un sueño que me hizo temblar; y estas fantasías, estando en mi cama, y las visiones de mi mente me aterraron. 6Por lo cual di órdenes que trajeran ante mí a todos los sabios de Babilonia para que me dieran a conocer la interpretación del sueño. 7Entonces vinieron los magos, los encantadores, los caldeos y los adivinos y les conté el sueño. Pero no pudieron darme su interpretación. 8Pero al fin vino ante mí Daniel, cuyo nombre es Beltsasar, como el nombre de mi dios, en quien está el espíritu de los dioses santos, y yo le conté mi sueño: 9“Oh Beltsasar, jefe de los magos, ya que sé que en ti está el espíritu de los dioses santos y que ningún misterio te confunde, declárame las visiones del sueño que he visto, y su interpretación.
10”Y las visiones de mi mente, que vi estando en mi cama, fueron así:
Vi un árbol en medio de la tierra,
Cuya altura era muy grande.
11-”El árbol creció y se hizo fuerte,
Su copa llegaba hasta el cielo,
Y era visible desde los confines de la tierra.
12-”Su follaje era hermoso y su fruto abundante,
Y en él había alimento para todos.
Debajo de él hallaban sombra las bestias del campo,
Las aves del cielo hacían morada en sus ramas,
Y de él se alimentaban todos los seres vivientes.
13”En las visiones de mi mente que vi estando en mi cama, había un vigilante, un santo que descendió del cielo.
14-”Clamando fuertemente, dijo así:
‘Derriben el árbol, corten sus ramas,
Arranquen su follaje, desparramen su fruto.
Huyan las bestias que están debajo de él,
Y las aves de sus ramas.
15-’Pero dejen en tierra el tocón con sus raíces,
Con ataduras de hierro y bronce
Entre la hierba del campo;
Que se empape con el rocío del cielo,
Y comparta con las bestias la hierba de la tierra.
16-’Sea cambiado su corazón de hombre,
Y séale dado un corazón de bestia,
Y pasen sobre él siete años.
17-’Esta sentencia es por decreto de los vigilantes,
Y la orden es por decisión de los santos,
Con el fin de que sepan los vivientes
Que el Altísimo domina sobre el reino de los hombres,
Y se lo da a quien le place,
Y pone sobre él al más humilde de los hombres’.
18Este es el sueño que yo, el rey Nabucodonosor, he tenido. Y tú, Beltsasar, dime su interpretación, ya que ninguno de los sabios de mi reino ha podido darme a conocer su interpretación. Pero tú puedes, porque el espíritu de los dioses santos está en ti”.
19»Entonces Daniel, a quien llamaban Beltsasar, se quedó atónito por un momento, y le turbaron sus pensamientos. El rey le dijo: “Beltsasar, no dejes que el sueño ni su interpretación te turben”. “Señor mío”, respondió Beltsasar. “Sea el sueño para los que lo odian a usted, y su interpretación para sus adversarios. 20El árbol que vio, que se hizo fuerte y corpulento, cuya copa llegaba hasta el cielo y que era visible en toda la tierra, 21y cuyo follaje era hermoso y su fruto abundante, y en el que había alimento para todos, debajo del cual moraban las bestias del campo y en cuyas ramas anidaban las aves del cielo, 22es usted, oh rey, que se ha hecho grande y fuerte, su grandeza ha crecido y ha llegado hasta el cielo, y su dominio hasta los confines de la tierra.
23”En cuanto al vigilante, al santo que el rey vio, que descendía del cielo y decía: ‘Derriben el árbol y destrúyanlo, pero dejen el tocón con sus raíces en la tierra, con ataduras de hierro y bronce en la hierba del campo, y que se empape con el rocío del cielo, y que comparta con las bestias del campo, hasta que pasen sobre él siete años’, 24esta es la interpretación, oh rey, y este es el decreto del Altísimo que ha venido sobre mi señor el rey: 25Será usted echado de entre los hombres, y su morada estará con las bestias del campo, y le darán hierba para comer como al ganado, y será empapado con el rocío del cielo. Y siete años pasarán sobre usted, hasta que reconozca que el Altísimo domina sobre el reino de los hombres y que lo da a quien le place. 26Y en cuanto a la orden de dejar el tocón con las raíces del árbol, su reino le será afirmado después que usted reconozca que es el Cielo el que gobierna. 27Por tanto, oh rey, que mi consejo le sea grato: ponga fin a sus pecados haciendo justicia, y a sus iniquidades mostrando misericordia a los pobres. Quizás sea prolongada su prosperidad”.
28»Todo esto le sucedió al rey Nabucodonosor. 29Doce meses después, paseándose por la azotea del palacio real de Babilonia, 30el rey reflexionó, y dijo: “¿No es esta la gran Babilonia que yo he edificado como residencia real con la fuerza de mi poder y para gloria de mi majestad?”. 31Aún estaba la palabra en la boca del rey, cuando una voz vino del cielo: “Rey Nabucodonosor, a ti se te declara: El reino te ha sido quitado, 32y serás echado de entre los hombres, y tu morada estará con las bestias del campo. Te darán hierba para comer como al ganado, y siete años pasarán sobre ti, hasta que reconozcas que el Altísimo domina sobre el reino de los hombres, y que lo da a quien le place”.
33»En aquel mismo instante se cumplió la palabra acerca de Nabucodonosor: fue echado de entre los hombres, comía hierba como el ganado y su cuerpo se empapó con el rocío del cielo hasta que sus cabellos crecieron como las plumas de las águilas y sus uñas como las de las aves.
34»Pero al fin de los días, yo, Nabucodonosor, alcé mis ojos al cielo, y recobré mi razón, y bendije al Altísimo y alabé y glorifiqué al que vive para siempre.
Porque Su dominio es un dominio eterno,
Y Su reino permanece de generación en generación.
35-»Todos los habitantes de la tierra son considerados como nada,
Mas Él actúa conforme a Su voluntad en el ejército del cielo
Y entre los habitantes de la tierra.
Nadie puede detener Su mano,
Ni decirle: “¿Qué has hecho?”.
36»En ese momento recobré mi razón. Y mi majestad y mi esplendor me fueron devueltos para gloria de mi reino, y mis consejeros y mis nobles vinieron a buscarme. Y fui restablecido en mi reino, y mayor grandeza me fue añadida. 37Ahora yo, Nabucodonosor, alabo, ensalzo y glorifico al Rey del cielo, porque Sus obras son todas verdaderas y justosSus caminos. Él puede humillar a los que caminan con soberbia».

Daniel 5

1Belsasar, rey de Babilonia ofreció un gran banquete a mil de sus nobles, y en presencia de los mil se puso a beber vino. 2Mientras saboreaba el vino, Belsasar ordenó traer los vasos de oro y plata que Nabucodonosor su padre había sacado del templo que estaba en Jerusalén, para que bebieran en ellos el rey y sus nobles, sus mujeres y sus concubinas. 3Entonces trajeron los vasos de oro que habían sido sacados del templo, la casa de Dios que estaba en Jerusalén, y el rey y sus nobles, sus mujeres y sus concubinas bebieron en ellos. 4Bebieron vino y alabaron a los dioses de oro y plata, de bronce, hierro, madera y piedra.
5De pronto aparecieron los dedos de una mano humana y comenzaron a escribir frente al candelabro sobre lo encalado de la pared del palacio del rey, y el rey vio el dorso de la mano que escribía. 6Entonces el rostro del rey palideció, y sus pensamientos lo turbaron, las coyunturas de sus caderas se le relajaron y sus rodillas comenzaron a chocar una contra otra. 7El rey gritó fuertemente que trajeran a los encantadores, a los caldeos y a los adivinos. El rey habló, y dijo a los sabios de Babilonia: «Cualquiera que pueda leer esta inscripción y declararme su interpretación, será vestido de púrpura, llevará un collar de oro al cuello y tendrá autoridad como tercero en el reino».
8Entonces entraron todos los sabios del rey, pero no pudieron leer la inscripción ni dar a conocer al rey su interpretación. 9Y el rey Belsasar se turbó en gran manera, su rostro palideció aún más. También sus nobles quedaron perplejos.
10La reina, al enterarse de las palabras del rey y de sus nobles, entró en la sala del banquete y tomando la palabra, dijo: «¡Oh rey, viva para siempre! No le turben sus pensamientos ni se mude su semblante. 11Hay un hombre en su reino en quien está el espíritu de los dioses santos. Y en los días de su padre se halló en él luz, inteligencia y sabiduría como la sabiduría de los dioses. Y su padre, el rey Nabucodonosor, su padre el rey, lo nombró jefe de los magos, encantadores, caldeos y adivinos, 12debido a que se halló un espíritu extraordinario, conocimiento e inteligencia, interpretación de sueños, explicación de enigmas y solución de problemas difíciles en este hombre, Daniel, a quien el rey llamaba Beltsasar. Que llamen ahora a Daniel, y él declarará la interpretación».
13Entonces Daniel fue traído ante el rey. El rey preguntó a Daniel: «¿Eres tú aquel Daniel de los deportados de Judá, que el rey mi padre trajo de Judá? 14He oído de ti que el espíritu de los dioses está en ti, y que luz, inteligencia y extraordinaria sabiduría se hallan en ti. 15Ahora mismo los sabios y encantadores fueron traídos delante de mí para que leyeran esta inscripción y me dieran a conocer su interpretación, pero no pudieron declarar la interpretación del escrito. 16Pero yo he oído decir de ti que puedes dar interpretaciones y resolver problemas difíciles. Ahora, si puedes leer la inscripción y darme a conocer su interpretación, serás vestido de púrpura y llevarás un collar de oro al cuello, y tendrás autoridad como tercero en el reino».
17Entonces Daniel respondió delante del rey: «Sean para ti tus regalos y da tus recompensas a otro. Yo leeré, sin embargo, la inscripción al rey y le daré a conocer su interpretación. 18Oh rey, el Dios Altísimo concedió a tu padre Nabucodonosor soberanía, grandeza, gloria y majestad. 19Y a causa de la grandeza que Él le concedió, todos los pueblos, naciones y lenguas temían y temblaban delante de él. A quien quería, mataba, y a quien quería, dejaba con vida; exaltaba a quien quería, y a quien quería humillaba. 20Pero cuando su corazón se enalteció y su espíritu se endureció en su arrogancia, fue depuesto de su trono real y su gloria le fue quitada. 21Fue echado de entre los hombres, su corazón se hizo semejante al de las bestias y con los asnos monteses tuvo su morada. Se le dio a comer hierba como al ganado y su cuerpo se empapó con el rocío del cielo, hasta que reconoció que el Dios Altísimo domina sobre el reino de los hombres y que pone sobre él a quien le place.
22»Pero usted, su hijo Belsasar, no se ha humillado su corazón aunque sabía todo esto, 23sino que se ha ensalzado usted contra el Señor del cielo. Y han traído delante de usted los vasos de Su templo, y usted y sus nobles, sus mujeres y sus concubinas, han estado bebiendo vino en ellos y han alabado a los dioses de plata y oro, de bronce, hierro, madera y piedra, que ni ven, ni oyen, ni entienden. Pero al Dios que tiene en Su mano su propio aliento y es dueño de todos sus caminos, no ha glorificado. 24Por lo cual Él envió de Su presencia la mano que trazó esta inscripción.
25»Esta es la inscripción que fue trazada: Mene, Mene, Tekel, Ufarsin. 26Esta es la interpretación del escrito: Mene: Dios ha contado su reino y le ha puesto fin. 27Tekel: ha sido pesado en la balanza y hallado falto de peso. 28Peres: su reino ha sido dividido y entregado a los medos y persas».
29Entonces Belsasar ordenó que vistieran a Daniel de púrpura y le pusieran un collar de oro al cuello, y que proclamaran acerca de él, que él tenía ahora autoridad como tercero en el reino.
30Aquella misma noche fue asesinado Belsasar, rey de los caldeos. 31Y Darío el Medo recibió el reino cuando tenía sesenta y dos años.

Juan 9

1Al pasar Jesús, vio a un hombre ciego de nacimiento. 2Y Sus discípulos le preguntaron: «Rabí, ¿quién pecó, este o sus padres, para que naciera ciego?». 3Jesús respondió: «Ni este pecó, ni sus padres; sino que está ciego para que las obras de Dios se manifiesten en él. 4Nosotros debemos hacer las obras del que me envió mientras es de día; la noche viene cuando nadie puede trabajar. 5Mientras estoy en el mundo, Yo soy la Luz del mundo».
6Habiendo dicho esto, escupió en tierra, e hizo barro con la saliva y le untó el barro en los ojos al ciego, 7y le dijo: «Ve y lávate en el estanque de Siloé» (que quiere decir Enviado). El ciego fue, pues, y se lavó y regresó viendo.
8Entonces los vecinos y los que antes lo habían visto que era mendigo, decían: «¿No es este el que se sentaba y mendigaba?». 9«Él es», decían unos. «No, pero se parece a él», decían otros. Él decía: «Yo soy». 10Entonces le decían: «¿Cómo te fueron abiertos los ojos?». 11Él respondió: «El hombre que se llama Jesús hizo barro, lo untó sobre mis ojos y me dijo: “Ve al estanque de Siloé y lávate”. Así que fui, me lavé y recibí la vista». 12«¿Dónde está Él?», le preguntaron. Y él les dijo*: «No lo sé».
13Llevaron* ante los fariseos al que antes había sido ciego. 14Y era día de reposo el día en que Jesús hizo el barro y le abrió los ojos. 15Por eso los fariseos volvieron también a preguntarle cómo había recibido la vista. Y él les dijo: «Me puso barro sobre los ojos, y me lavé y veo».
16Por eso algunos de los fariseos decían: «Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el día de reposo». Pero otros decían: «¿Cómo puede un hombre pecador hacer tales señales?». Y había división entre ellos. 17Entonces preguntaron* otra vez al ciego: «¿Qué dices tú de Él, ya que te abrió los ojos?». «Es un profeta», les respondió.
18Pero los judíos no le creyeron que había sido ciego, y que había recibido la vista, hasta que llamaron a los padres del que había recibido la vista, 19y les preguntaron: «¿Es este su hijo, el que ustedes dicen que nació ciego? ¿Cómo es que ahora ve?». 20Entonces sus padres les contestaron: «Sabemos que este es nuestro hijo, y que nació ciego; 21pero cómo es que ahora ve, no lo sabemos; o quién le abrió los ojos, nosotros no lo sabemos. Pregúntenle a él; ya es mayor de edad, él hablará por sí mismo». 22Sus padres dijeron esto porque tenían miedo a los judíos; porque los judíos ya se habían puesto de acuerdo en que si alguien confesaba que Jesús era el Cristo, fuera expulsado de la sinagoga. 23Por eso sus padres dijeron: «Ya es mayor de edad; pregúntenle a él».
24Por segunda vez los judíos llamaron al hombre que había sido ciego y le dijeron: «Da gloria a Dios; nosotros sabemos que este hombre es un pecador». 25Entonces él les contestó: «Si es pecador, no lo sé; una cosa sé: que yo era ciego y ahora veo». 26Ellos volvieron a preguntarle: «¿Qué te hizo? ¿Cómo te abrió los ojos?». 27Él les contestó: «Ya les dije y no escucharon; ¿por qué quieren oírlo otra vez? ¿Es que también ustedes quieren hacerse discípulos suyos?».
28Entonces lo insultaron, y le dijeron: «Tú eres discípulo de ese hombre; pero nosotros somos discípulos de Moisés. 29Nosotros sabemos que Dios habló a Moisés, pero en cuanto a Este, no sabemos de dónde es».
30El hombre les respondió: «Pues en esto hay algo asombroso, que ustedes no sepan de dónde es, y sin embargo, a mí me abrió los ojos. 31Sabemos que Dios no oye a los pecadores; pero si alguien teme a Dios y hace Su voluntad, a este oye. 32Desde el principio jamás se ha oído decir que alguien abriera los ojos a un ciego de nacimiento. 33Si Este no viniera de Dios, no podría hacer nada».
34Ellos le respondieron: «Tú naciste enteramente en pecados, ¿y tú nos enseñas a nosotros?». Y lo echaron fuera.
35Jesús oyó decir que lo habían echado fuera, y cuando lo encontró, le dijo: «¿Crees tú en el Hijo del Hombre?». 36Él le respondió: «¿Y quién es, Señor, para que yo crea en Él?». 37Jesús le dijo: «Pues tú lo has visto, y el que está hablando contigo, Ese es». 38Él entonces dijo: «Creo, Señor». Y lo adoró. 39Y Jesús dijo: «Yo vine a este mundo para juicio; para que los que no ven, vean, y para que los que ven se vuelvan ciegos».
40 Algunos de los fariseos que estaban con Él oyeron esto y le dijeron: «¿Acaso nosotros también somos ciegos?». 41Jesús les dijo: «Si ustedes fueran ciegos, no tendrían pecado; pero ahora, porquedicen: “Vemos”, su pecado permanece.

Salmo 37

Salmo de David.
1No te irrites a causa de los malhechores;
No tengas envidia de los que practican la iniquidad.
2Porque como la hierba pronto se secarán
Y se marchitarán como la hierba verde.
3Confía en el Señor, y haz el bien;
Habita en la tierra, y cultiva la fidelidad.
4Pon tu delicia en el Señor,
Y Él te dará las peticiones de tu corazón.
5Encomienda al Señor tu camino,
Confía en Él, que Él actuará;
6Hará resplandecer tu justicia como la luz,
Y tu derecho como el mediodía.
7¶Confía callado en el Señor y espera en Él con paciencia;
No te irrites a causa del que prospera en su camino,
Por el hombre que lleva a cabo sus intrigas.
8Deja la ira y abandona el furor;
No te irrites, solo harías lo malo.
9Porque los malhechores serán exterminados,
Pero los que esperan en el Señor poseerán la tierra.
10Un poco más y no existirá el impío;
Buscarás con cuidado su lugar, pero él no estará allí.
11Pero los humildes poseerán la tierra
Y se deleitarán en abundante prosperidad.
12¶El impío trama contra el justo,
Y contra él rechina sus dientes.
13El Señor se ríe de él,
Porque ve que su día se acerca.
14Los impíos han sacado la espada y entesado el arco
Para abatir al afligido y al necesitado,
Para matar a los de recto proceder.
15Su espada les atravesará su propio corazón,
Y sus arcos serán quebrados.
16¶Mejor es lo poco del justo
Que la abundancia de muchos impíos.
17Porque los brazos de los impíos serán quebrados,
Pero el Señor sostiene a los justos.
18El Señor conoce los días de los íntegros,
Y su herencia será perpetua.
19No serán avergonzados en el tiempo malo,
Y en días de hambre se saciarán.
20Pero los impíos perecerán,
Y los enemigos del Señor serán como las flores de los prados;
Desaparecen, se desvanecen como el humo.
21El impío pide prestado y no paga,
Pero el justo es compasivo y da.
22Porque los que son bendecidos por el Señor poseerán la tierra,
Pero los maldecidos por Él serán exterminados.
23¶Por el Señor son ordenados los pasos del hombre,
Y el Señor se deleita en su camino.
24Cuando caiga, no quedará derribado,
Porque el Señor sostiene su mano.
25Yo fui joven, y ya soy viejo,
Y no he visto al justo desamparado,
Ni a su descendencia mendigando pan.
26Todo el día es compasivo y presta,
Y su descendencia es para bendición.
27¶Apártate del mal y haz el bien,
Y tendrás morada para siempre.
28Porque el Señor ama la justicia,
Y no abandona a Sus santos;
Ellos son preservados para siempre,
Pero la descendencia de los impíos será exterminada.
29Los justos poseerán la tierra,
Y para siempre morarán en ella.
30La boca del justo profiere sabiduría
Y su lengua habla rectitud.
31La ley de su Dios está en su corazón;
No vacilan sus pasos.
32El impío acecha al justo
Y procura matarlo.
33El Señor no dejará al justo en sus manos,
Ni permitirá que lo condenen cuando sea juzgado.
34Espera en el Señor y guarda Su camino,
Y Él te exaltará para que poseas la tierra.
Cuando los impíos sean exterminados, tú lo verás.
35¶He visto al impío, violento,
Extenderse como frondoso árbol en su propio suelo.
36Luego pasó, y ya no estaba;
Lo busqué, pero no se pudo encontrar.
37Observa al que es íntegro, mira al que es recto;
Porque el hombre de paz tendrá descendencia.
38Pero los transgresores serán destruidos a una;
La posteridad de los impíos será exterminada.
39Pero la salvación de los justos viene del Señor;
Él es su fortaleza en el tiempo de la angustia.
40El Señor los ayuda y los libra;
Los libra de los impíos y los salva,
Porque en Él se refugian.

Proverbios 27

1No te gloríes del día de mañana,
Porque no sabes qué traerá el día.
2Que te alabe el extraño, y no tu boca;
El extranjero, y no tus labios.
3Pesada es la piedra y pesada la arena,
Pero la provocación del necio es más pesada que ambas.
4Cruel es el furor e inundación la ira;
Pero ¿quién se mantendrá ante los celos?
5Mejor es la reprensión franca
Que el amor encubierto.
6Fieles son las heridas del amigo,
Pero engañosos los besos del enemigo.
7El hombre saciado aborrece la miel,
Pero para el hombre hambriento todo lo amargo le es dulce.
8Como pájaro que vaga lejos de su nido,
Así es el hombre que vaga lejos de su hogar.
9El ungüento y el perfume alegran el corazón,
Y dulce para su amigo es el consejo del hombre.
10No abandones a tu amigo ni al amigo de tu padre,
Ni vayas a la casa de tu hermano el día de tu infortunio.
Mejor es un vecino cerca que un hermano lejos.
11Sé sabio, hijo mío, y alegra mi corazón,
Para que yo responda al que me afrenta.
12El hombre prudente ve el mal y se esconde,
Los simples siguen adelante y pagan las consecuencias.
13Tómale la ropa al que sale fiador del extraño;
Y tómale prenda por la mujer desconocida.
14Al que muy de mañana bendice a su amigo en alta voz,
Le será contado como una maldición.
15Gotera constante en día de lluvia
Y mujer rencillosa, son semejantes;
16El que trata de contenerla, es como refrenar al viento
Y recoger aceite con su mano derecha.
17El hierro con hierro se afila,
Y un hombre aguza a otro.
18El que cuida la higuera comerá su fruto,
Y el que atiende a su señor será honrado.
19Como el agua refleja el rostro,
Así el corazón del hombre refleja al hombre.
20El Seol y el Abadón nunca se sacian;
Tampoco se sacian los ojos del hombre.
21El crisol es para la plata y el horno para el oro,
Y al hombre se le prueba por la alabanza que recibe.
22Aunque machaques con el mazo al necio en un mortero entre el grano molido,
No se apartará de él su necedad.
23¶Conoce bien la condición de tus rebaños,
Y presta atención a tu ganado;
24Porque las riquezas no son eternas,
Ni perdurará la corona por todas las generaciones.
25 Cuando la hierba desaparece se ve el retoño,
Y se recogen las hierbas de los montes;
26Los corderos darán para tu vestido,
Y las cabras para el precio de un campo,
27Y habrá suficiente leche de cabra para tu alimento,
Para el alimento de tu casa,
Y sustento para tus doncellas.

Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © The Lockman Foundation — cortesía de YouVersion.

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