DEVOCIONAL

Lee la Biblia en un año.

Día 339 de 365 · 5 de diciembre

Inicia sesión para registrar tu lectura y llevar tu racha.Ingresar →
TAMAÑO

Daniel 8

1En el tercer año del reinado del rey Belsasar, se me apareció a mí, Daniel, una visión, después de aquella que se me había aparecido anteriormente. 2Cuando miré en la visión, sucedió que al mirar, yo me encontraba en la ciudadela de Susa, que está en la provincia de Elam, y vi en la visión que yo estaba junto al río Ulai. 3Alcé, pues, mis ojos y miré que un carnero estaba delante del río. Tenía dos cuernos, y los dos cuernos eran altos, pero uno era más alto que el otro, y el más alto creció al último. 4Vi al carnero dando cornadas al oeste, al norte y al sur, y ninguna bestia podía mantenerse en pie delante de él, y nadie podía librarse de su poder. Hacía lo que quería, y se engrandeció.
5Al estar yo observando, vi que un macho cabrío venía del occidente sobre la superficie de toda la tierra sin tocar el suelo. El macho cabrío tenía un cuerno prominente entre los ojos. 6Se dirigió al carnero que tenía los dos cuernos, que yo había visto parado delante del río, y lo acometió con la furia de su poder. 7Lo vi venir junto al carnero, y enfurecido contra él, hirió al carnero y le rompió los dos cuernos, y el carnero no tenía fuerza para mantenerse en pie delante de él. Lo arrojó en tierra y lo pisoteó, y no hubo nadie que librara al carnero de su poder. 8El macho cabrío se engrandeció sobremanera, pero en cuanto llegó a ser poderoso, el gran cuerno se le rompió, y en su lugar le salieron cuatro cuernos prominentes hacia los cuatro vientos del cielo.
9Y de uno de ellos salió un cuerno pequeño, que creció mucho hacia el sur, hacia el oriente y hacia la Tierra Hermosa. 10Creció hasta el ejército del cielo, e hizo caer a la tierra parte del ejército y de las estrellas, y las pisoteó. 11Se engrandeció hasta igualarse con el Jefe del ejército, le quitó Su sacrificio continuo y fue derribado el lugar de Su santuario. 12Y el ejército será entregado al cuerno junto con el sacrificio continuo a causa de la transgresión; arrojará por tierra la verdad y hará su voluntad y prosperará.
13Oí entonces hablar a un santo, y otro santo dijo al que hablaba: «¿Hasta cuándo durará la visión del sacrificio continuo, de la transgresión que espanta, y de que el lugar santo y el ejército sean pisoteados?». 14Y el santo le respondió: «Por 2,300 tardes y mañanas; entonces el lugar santo será restaurado».
15Y sucedió que después que yo, Daniel, había visto la visión y trataba de comprenderla, vi de pie, ante mí, uno con apariencia de hombre. 16Y oí una voz de hombre entre las márgenes del río Ulai, que gritaba: «Gabriel, explícale a este la visión».
17Él se acercó adonde yo estaba, y cuando llegó, me aterroricé y caí sobre mi rostro, pero él me dijo: «Entiende, hijo de hombre, que la visión se refiere al tiempo del fin». 18Mientras él hablaba conmigo, caí en un sueño profundo con mi rostro en tierra. Él me tocó y me hizo incorporar donde yo estaba. 19«Te voy a dar a conocer lo que sucederá al final de la ira, porque se refiere al tiempo señalado del fin», me dijo. 20«El carnero que viste, con los dos cuernos, representa a los reyes de Media y de Persia. 21El macho cabrío peludo representa al reino de Grecia, y el cuerno grande que está entre sus ojos es el primer rey. 22El cuerno roto y los cuatro cuernos que salieron en su lugar representan cuatro reinos que se levantarán de su nación, pero no con su poder.
23Y al final de su reinado,
Cuando los transgresores se acaben,
Se levantará un rey,
Insolente y hábil en intrigas.
24-»Su poder será grande, pero no por su propio poder;
Destruirá en forma extraordinaria,
Prosperará y hará su voluntad.
Destruirá a los poderosos y al pueblo santo.
25-»Y por su astucia
Hará que el engaño prospere por su influencia.
Él se engrandecerá en su corazón,
Y destruirá a muchos que están confiados.
Aun se levantará contra el Príncipe de los príncipes,
Pero será destruido sin intervención humana.
26-»La visión de las tardes y de las mañanas
Que ha sido relatada, es verdadera.
Pero tú, guarda en secreto la visión,
Porque se refiere a muchos días aún lejanos».
27Yo, Daniel, me sentí agotado y enfermo algunos días. Después me levanté y atendí los asuntos del rey; pero yo estaba espantado a causa de la visión, y no había nadie que la interpretara.

Daniel 9

1En el año primero de Darío, hijo de Asuero, descendiente de los medos, que fue constituido rey sobre el reino de los caldeos, 2en el año primero de su reinado, yo, Daniel, pude entender en los libros el número de los años en que, por palabra del Señor que fue revelada al profeta Jeremías, debían cumplirse las desolaciones de Jerusalén: setenta años.
3Volví mi rostro a Dios el Señor para buscarlo en oración y súplicas, en ayuno, cilicio y ceniza. 4Oré al Señor mi Dios e hice confesión y dije: «Ay, Señor, el Dios grande y temible, que guarda el pacto y la misericordia para los que lo aman y guardan Sus mandamientos, 5hemos pecado, hemos cometido iniquidad, hemos hecho lo malo, nos hemos rebelado y nos hemos apartado de Tus mandamientos y de Tus ordenanzas. 6No hemos escuchado a Tus siervos los profetas que hablaron en Tu nombre a nuestros reyes, a nuestros príncipes, a nuestros padres y a todo el pueblo de la tierra.
7Tuya es la justicia, oh Señor, y nuestra la vergüenza en el rostro, como sucede hoy a los hombres de Judá, a los habitantes de Jerusalén y a todo Israel, a los que están cerca y a los que están lejos en todos los países adonde los has echado, a causa de las infidelidades que cometieron contra Ti.
8»Oh Señor, nuestra es la vergüenza del rostro, y de nuestros reyes, de nuestros príncipes y de nuestros padres, porque hemos pecado contra Ti. 9Al Señor nuestro Dios pertenece la compasión y el perdón, porque nos hemos rebelado contra Él, 10y no hemos obedecido la voz del Señor nuestro Dios para andar en Sus enseñanzas, que Él puso delante de nosotros por medio de Sus siervos los profetas. 11Ciertamente todo Israel ha transgredido Tu ley y se ha apartado, sin querer obedecer Tu voz. Por eso ha sido derramada sobre nosotros la maldición y el juramento que está escrito en la ley de Moisés, siervo de Dios, porque hemos pecado contra Él.
12»Y Él ha confirmado las palabras que habló contra nosotros y contra nuestros jefes que nos gobernaron, trayendo sobre nosotros gran calamidad, pues nunca se ha hecho debajo del cielo nada como lo que se ha hecho contra Jerusalén. 13Como está escrito en la ley de Moisés, toda esta calamidad ha venido sobre nosotros, pero no hemos buscado el favor del Señor nuestro Dios, apartándonos de nuestra iniquidad y prestando atención a Tu verdad.
14»Por tanto, el Señor ha estado guardando esta calamidad y la ha traído sobre nosotros. Porque el Señor nuestro Dios es justo en todas las obras que ha hecho, pero nosotros no hemos obedecido Su voz. 15Y ahora, Señor Dios nuestro, que sacaste a Tu pueblo de la tierra de Egipto con mano poderosa, y te has hecho un nombre, como hoy se ve, hemos pecado, hemos sido malos. 16Oh Señor, conforme a todos Tus actos de justicia, apártese ahora Tu ira y Tu furor de Tu ciudad, Jerusalén, Tu santo monte. Porque a causa de nuestros pecados y de las iniquidades de nuestros padres, Jerusalén y Tu pueblo son el oprobio de todos los que nos rodean.
17»Y ahora, Dios nuestro, escucha la oración de Tu siervo y sus súplicas, y haz resplandecer Tu rostro sobre Tu santuario desolado, por amor de Ti mismo, oh Señor. 18Inclina Tu oído, Dios mío, y escucha. Abre Tus ojos y mira nuestras desolaciones y la ciudad sobre la cual se invoca Tu nombre. Pues no es por nuestros propios méritos que presentamos nuestras súplicas delante de Ti, sino por Tu gran compasión. 19¡Oh Señor, escucha! ¡Señor, perdona! ¡Señor, atiende y actúa! ¡No tardes, por amor de Ti mismo, Dios mío! Porque Tu nombre se invoca sobre Tu ciudad y sobre Tu pueblo».
20Aún estaba yo hablando, orando y confesando mi pecado y el pecado de mi pueblo Israel, y presentando mi súplica delante del Señor mi Dios por el santo monte de mi Dios, 21todavía estaba yo hablando en oración, cuando Gabriel, el hombre a quien había visto en la visión al principio, se me acercó, estando yo muy cansado, como a la hora de la ofrenda de la tarde.
22 Me instruyó y me dijo: «Daniel, he salido ahora para darte sabiduría y entendimiento. 23Al principio de tus súplicas se dio la orden, y he venido para explicártela, porque eres muy estimado. Pon atención a la orden y entiende la visión.
24Setenta semanas han sido decretadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad, para poner fin a la transgresión, para terminar con el pecado, para expiar la iniquidad, para traer justicia eterna, para sellar la visión y la profecía, y para ungir el lugar santísimo.
25»Has de saber y entender que desde la salida de la orden para restaurar y reconstruir a Jerusalén hasta el Mesías Príncipe, habrá siete semanas y sesenta y dos semanas. Volverá a ser edificada, con plaza y foso, pero en tiempos de angustia. 26Después de las sesenta y dos semanas el Mesías será muerto y no tendrá nada, y el pueblo del príncipe que ha de venir destruirá la ciudad y el santuario. Su fin vendrá con inundación. Aun hasta el fin habrá guerra; las desolaciones están determinadas. 27Y él hará un pacto firme con muchos por una semana, pero a la mitad de la semana pondrá fin al sacrificio y a la ofrenda de cereal. Sobre el ala de abominaciones vendrá el desolador, hasta que una destrucción completa, la que está decretada, sea derramada sobre el desolador».

Juan 11

1Estaba enfermo cierto hombre llamado Lázaro, de Betania, la aldea de María y de su hermana Marta. 2María, cuyo hermano Lázaro estaba enfermo, fue la que ungió al Señor con perfume y le secó los pies con sus cabellos. 3Las hermanas entonces mandaron a decir a Jesús: «Señor, el que Tú amas está enfermo». 4Cuando Jesús lo oyó, dijo: «Esta enfermedad no es para muerte, sino para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por medio de ella». 5Y Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro.
6Cuando oyó, pues, que Lázaro estaba enfermo, entonces se quedó dos días más en el lugar donde estaba. 7Luego, después de esto, dijo* a Sus discípulos: «Vamos de nuevo a Judea». 8Los discípulos le dijeron*: «Rabí, hace poco que los judíos te querían apedrear, ¿y vas allá otra vez?». 9Jesús respondió: «¿No hay doce horas en el día? Si alguien anda de día no tropieza, porque ve la luz de este mundo. 10Pero si alguien anda de noche, tropieza, porque la luz no está en él».
11Dijo esto, y después añadió: «Nuestro amigo Lázaro se ha dormido; pero voy a despertarlo». 12Los discípulos entonces le dijeron: «Señor, si se ha dormido, se recuperará». 13Jesús había hablado de la muerte de Lázaro, pero ellos creyeron que hablaba literalmente del sueño. 14Entonces Jesús, por eso, les dijo claramente: «Lázaro ha muerto; 15y por causa de ustedes me alegro de no haber estado allí, para que crean; pero vamos a donde está él». 16Tomás, llamado el Dídimo, dijo entonces a sus condiscípulos: «Vamos nosotros también para morir con Él».
17Llegó, pues, Jesús y halló que ya hacía cuatro días que Lázaro estaba en el sepulcro. 18Betania estaba cerca de Jerusalén, como a tres kilómetros; 19y muchos de los judíos habían venido a la casa de Marta y María, para consolarlas por la muerte de su hermano. 20Entonces Marta, cuando oyó que Jesús venía, lo fue a recibir, pero María se quedó sentada en casa.
21Y Marta dijo a Jesús: «Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto. 22Aun ahora, yo sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá». 23«Tu hermano resucitará», le dijo* Jesús.
24Marta le contestó*: «Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día final». 25Jesús le contestó: «Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en Mí, aunque muera, vivirá, 26y todo el que vive y cree en Mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?». 27Ella le dijo*: «Sí, Señor; yo he creído que Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, o sea, el que viene al mundo».
28Habiendo dicho esto, Marta se fue y llamó a su hermana María, diciéndole en secreto: «El Maestro está aquí, y te llama». 29Tan pronto como ella lo oyó, se levantó* rápidamente y fue hacia Él.
30Porque Jesús aún no había entrado en la aldea, sino que todavía estaba en el lugar donde Marta lo había encontrado. 31Entonces los judíos que estaban con ella en la casa consolándola, cuando vieron que María se levantó de prisa y salió, la siguieron, suponiendo que iba al sepulcro a llorar allí.
32Al llegar María adonde estaba Jesús, cuando lo vio, se arrojó a Sus pies, diciendo: «Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto». 33Y cuando Jesús la vio llorando, y a los judíos que vinieron con ella llorando también, se conmovió profundamente en el espíritu, y se entristeció. 34«¿Dónde lo pusieron?», preguntó Jesús. «Señor, ven y ve», le dijeron*.
35Jesús lloró. 36Por eso los judíos decían: «Miren, cómo lo amaba». 37Pero algunos de ellos dijeron: «¿No podía Este, que abrió los ojos del ciego, haber evitado también que Lázaro muriera?».
38Entonces Jesús, de nuevo profundamente conmovido, fue* al sepulcro. Era una cueva, y tenía una piedra puesta sobre ella. 39«Quiten la piedra», dijo* Jesús. Marta, hermana del que había muerto, le dijo*: «Señor, ya huele mal, porque hace cuatro días que murió». 40Jesús le dijo*: «¿No te dije que si crees, verás la gloria de Dios?».
41Entonces quitaron la piedra. Jesús alzó los ojos, y dijo: «Padre, te doy gracias porque me has oído. 42Yo sabía que siempre me oyes; pero lo dije por causa de la multitud que me rodea, para que crean que Tú me has enviado». 43Habiendo dicho esto, gritó con fuerte voz: «¡Lázaro, sal fuera!».
44Y el que había muerto salió, los pies y las manos atados con vendas, y el rostro envuelto en un sudario. Jesús les dijo*: «Desátenlo, y déjenlo ir».
45Por esto muchos de los judíos que habían venido a ver a María, y vieron lo que Jesús había hecho, creyeron en Él. 46Pero algunos de ellos fueron a los fariseos y les contaron lo que Jesús había hecho.
47Entonces los principales sacerdotes y los fariseos convocaron un concilio, y decían: «¿Qué hacemos? Porque este hombre hace muchas señales. 48Si lo dejamos seguir así, todos van a creer en Él, y los romanos vendrán y nos quitarán nuestro lugar y nuestra nación». 49Pero uno de ellos, Caifás, que era sumo sacerdote ese año, les dijo: «Ustedes no saben nada, 50ni tienen en cuenta que les es más conveniente que un hombre muera por el pueblo, y no que toda la nación perezca».
51Ahora bien, no dijo esto de su propia iniciativa, sino que siendo el sumo sacerdote ese año, profetizó que Jesús iba a morir por la nación; 52y no solo por la nación, sino también para reunir en uno a los hijos de Dios que están esparcidos. 53Así que, desde ese día planearon entre sí matar a Jesús.
54Por eso Jesús ya no andaba públicamente entre los judíos, sino que se fue de allí a la región cerca del desierto, a una ciudad llamada Efraín; y se quedó allí con los discípulos. 55Estaba cerca la Pascua de los judíos, y muchos de la región subieron a Jerusalén antes de la Pascua para purificarse. 56Entonces buscaban a Jesús, y estando ellos en el templo, se decían unos a otros: «¿Qué les parece? ¿Que vendrá a la fiesta o no?». 57Y los principales sacerdotes y los fariseos habían dado órdenes de que si alguien sabía dónde estaba Jesús, diera aviso para que lo prendieran.

Salmo 39

Para el director del coro, para Jedutún. Salmo de David.
1Yo dije: «Guardaré mis caminos
Para no pecar con mi lengua;
Guardaré mi boca como con mordaza
Mientras el impío esté en mi presencia».
2Enmudecí y callé;
Guardé silencio aun acerca de lo bueno,
Y se agravó mi dolor.
3Ardía mi corazón dentro de mí;
Mientras meditaba, se encendió el fuego;
Entonces dije con mi lengua:
4«Señor, hazme saber mi fin,
Y cuál es la medida de mis días,
Para que yo sepa cuán efímero soy.
5-»Tú has hecho mis días muy breves,
Y mi existencia es como nada delante de Ti;
Ciertamente todo hombre, aun en la plenitud de su vigor, es solo un soplo. (Selah)
6Sí, como una sombra anda el hombre;
Ciertamente en vano se afana;
Acumula riquezas, y no sabe quién las recogerá.
7¶»Y ahora, Señor, ¿qué espero?
En Ti está mi esperanza.
8-»Líbrame de todas mis transgresiones;
No me hagas la burla de los necios.
9-»Mudo me he quedado, no abro la boca,
Porque Tú eres el que ha obrado.
10-»Quita de mí Tu plaga;
Por la dureza de Tu mano estoy pereciendo.
11-»Con castigos reprendes al hombre por su iniquidad;
Como la polilla, consumes lo que es más precioso para él.
Ciertamente, todo hombre es solo un soplo. (Selah)
12¶»Escucha mi oración, oh Señor, y presta oído a mi clamor;
No guardes silencio ante mis lágrimas;
Porque extranjero soy junto a Ti,
Peregrino, como todos mis padres.
13-»Aparta de mí Tu mirada, para poder alegrarme
Antes de que me vaya de aquíy ya no exista».

Proverbios 29

1El hombre que después de mucha reprensión se pone terco,
De repente será quebrantado sin remedio.
2Cuando los justos aumentan, el pueblo se alegra;
Pero cuando el impío gobierna, el pueblo gime.
3El que ama la sabiduría alegra a su padre,
Pero el que anda con rameras malgasta su fortuna.
4El rey con la justicia afianza la tierra,
Pero el hombre que acepta soborno la destruye.
5El hombre que adula a su prójimo
Tiende una red ante sus pasos.
6El hombre malo es atrapado en la transgresión,
Pero el justo canta y se regocija.
7El justo se preocupa por la causa de los pobres,
Pero el impío no entiende tal preocupación.
8Los provocadores agitan la ciudad,
Pero los sabios alejan la ira.
9Cuando un sabio tiene controversia con un necio,
Este se enoja o se ríe, y no hay descanso.
10Los hombres sanguinarios odian al intachable,
Pero los rectos se preocupan por su alma.
11El necio da rienda suelta a su ira,
Pero el sabio la reprime.
12Si un gobernante presta atención a palabras mentirosas,
Todos sus servidores se vuelven impíos.
13El pobre y el opresor tienen esto en común:
El Señor alumbra a los ojos de ambos.
14El rey que juzga con verdad a los pobres
Afianzará su trono para siempre.
15La vara y la reprensión dan sabiduría,
Pero el niño consentido avergüenza a su madre.
16Cuando aumentan los impíos, aumenta la transgresión,
Pero los justos verán su caída.
17Disciplina a tu hijo y te dará descanso,
Y dará alegría a tu alma.
18Donde no hay visión, el pueblo se desenfrena,
Pero bienaventurado es el que guarda la ley.
19Un siervo no aprende solo con palabras;
Aunque entienda, no responderá.
20¿Ves a un hombre precipitado en sus palabras?
Más esperanza hay para el necio que para él.
21El que mima a su siervo desde la niñez,
Al final lo tendrá por hijo.
22El hombre lleno de ira provoca rencillas,
Y el hombre violento abunda en transgresiones.
23El orgullo del hombre lo humillará,
Pero el de espíritu humilde obtendrá honores.
24El que se asocia con un ladrón aborrece su propia vida;
Oye el juramento, pero no dice nada.
25El temor al hombre es un lazo,
Pero el que confía en el Señor estará seguro.
26Muchos buscan el favor del gobernante,
Pero del Señor viene la justicia para el hombre.
27Abominación para los justos es el malvado,
Y abominación para el impío es el recto en su camino.

Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © The Lockman Foundation — cortesía de YouVersion.

EN PAUSAEl Admirable