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Día 346 de 365 · 12 de diciembre

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Oseas 10

1Israel es un viñedo frondoso,
Dando fruto para sí mismo.
Según la abundancia de su fruto,
Así multiplicaba los altares;
Cuanto más rica era su tierra,
Más hermosos hacían sus pilares sagrados.
2Su corazón es infiel;
Ahora serán hallados culpables;
El Señor derribará sus altares
Y destruirá sus pilares sagrados.
3¶Ciertamente ahora dirán: «No tenemos rey,
Porque no hemos temido al Señor.
Y el rey, ¿qué haría por nosotros?».
4Hablan solo palabras,
Hacen pactos con juramentos vanos,
Y el juicio brotará como hierbas venenosas en los surcos del campo.
5Por el becerro de Bet Avén
Temerán los habitantes de Samaria.
En verdad, por él hará duelo su pueblo,
Y sus sacerdotes idólatras se lamentarán a causa de él,
Porque de él se ha alejado su gloria.
6También el becerro será llevado a Asiria
Como tributo al rey Jareb;
Efraín se cubrirá de vergüenza,
E Israel se avergonzará de su consejo.
7Samaria será destruida con su rey,
Como astilla sobre la superficie del agua.
8También serán destruidos los lugares altos de Avén, el pecado de Israel;
Espinos y cardos crecerán sobre sus altares.
Entonces dirán a los montes:
«¡Cúbrannos!», y a los collados: «¡Caigan sobre nosotros!».
9Desde los días de Guibeá has pecado, oh Israel;
¡Allí se han quedado!
¿No los alcanzará en Guibeá la batalla contra los hijos de la iniquidad?
10Cuando Yo lo desee, los castigaré;
Y se juntarán pueblos contra ellos
Cuando sean castigados por su doble iniquidad.
11¶Efraín es una novilla domesticada que le gusta trillar,
Pero Yo pasaré un yugo sobre su hermoso cuello;
Unciré a Efraín,
Arará Judá, rastrillará Jacob por sí mismo.
12Siembren para ustedes según la justicia,
Sieguen conforme a la misericordia;
Rompan la tierra para sembrar,
Porque es tiempo de buscar al Señor
Hasta que venga a enseñarles justicia.
13Ustedes han arado iniquidad, han segado injusticia,
Han comido fruto de mentira.
Porque has confiado en tu camino, en la multitud de tus guerreros,
14Se levantará un tumulto entre tu pueblo,
Y todas tus fortalezas serán destruidas,
Como Salmán destruyó a Bet Arbel el día de la batalla,
Cuando las madres fueron despedazadas con sus hijos.
15Así les será hecho en Betel a causa de su gran iniquidad.
Al amanecer, el rey de Israel será totalmente destruido.

Oseas 11

1Cuando Israel era niño, Yo lo amé,
Y de Egipto llamé a Mi hijo.
2Cuanto más los llamaban los profetas,
Tanto más se alejaban de ellos;
Seguían sacrificando a los Baales
Y quemando incienso a los ídolos.
3Sin embargo, Yo enseñé a andar a Efraín,
Yo lo llevé en Mis brazos;
Pero ellos no comprendieron que Yo los sanaba.
4Con cuerdas humanas los conduje, con lazos de amor,
Y fui para ellos como quien alza el yugo de sobre sus quijadas;
Me incliné y les di de comer.
5¶No volverán a la tierra de Egipto,
Sino que Asiria será su rey,
Porque rehusaron volver a Mí.
6La espada girará contra sus ciudades,
Destruirá sus cerrojos
Y los consumirá por causa de sus intrigas.
7Pues Mi pueblo se mantiene infiel contra Mí;
Aunque ellos lo llaman para que se vuelva al Altísimo,
Ninguno lo exalta.
8¶¿Cómo podré abandonarte, Efraín?
¿Cómo podré entregarte, Israel?
¿Cómo podré Yo hacerte como a Adma?
¿Cómo podré tratarte como a Zeboim?
Mi corazón se conmueve dentro de Mí,
Se enciende toda Mi compasión.
9No ejecutaré el furor de Mi ira;
No volveré a destruir a Efraín.
Porque Yo soy Dios y no hombre, el Santo en medio de ti,
Y no vendré con furor.
10En pos del Señor caminarán,
Él rugirá como un león;
Ciertamente Él rugirá,
Y Sus hijos vendrán temblando desde el occidente.
11De Egipto vendrán temblando como aves,
Y de la tierra de Asiria como palomas,
Y Yo los estableceré en sus casas, declara el Señor.
12¶Efraín me rodea de mentiras,
Y de engaño la casa de Israel;
Judá todavía anda lejos de Dios,
Y del Santo, que es fiel.

Juan 18

1Después de decir esto, Jesús salió con Sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón, donde había un huerto en el cual entró Él con Sus discípulos. 2También Judas, el que lo iba a entregar, conocía el lugar porque Jesús se había reunido allí muchas veces con Sus discípulos. 3Entonces Judas, tomando la tropa romana, y a varios guardias de los principales sacerdotes y de los fariseos, fue* allá con linternas, antorchas y armas.
4Jesús, sabiendo todo lo que le iba a sobrevenir, salió y les dijo*: «¿A quién buscan?». 5«A Jesús el Nazareno», le respondieron. Él les dijo*: «Yo soy». Y Judas, el que lo entregaba, estaba con ellos. 6Y cuando Él les dijo: «Yo soy», retrocedieron y cayeron a tierra. 7Jesús entonces volvió a preguntarles: «¿A quién buscan?». «A Jesús el Nazareno», dijeron. 8Respondió Jesús: «Les he dicho que Yo soy; por tanto, si me buscan a Mí, dejen ir a estos».
9Así se cumplía la palabra que había dicho: «De los que me diste, no perdí ninguno». 10Entonces Simón Pedro, que tenía una espada, la sacó e hirió al siervo del sumo sacerdote, y le cortó la oreja derecha. El siervo se llamaba Malco. 11Jesús le dijo a Pedro: «Mete la espada en la vaina. La copa que el Padre me ha dado, ¿acaso no he de beberla?».
12Entonces la tropa romana, el comandante y los guardias de los judíos prendieron a Jesús, lo ataron, 13y lo llevaron primero ante Anás, porque era suegro de Caifás, que era sumo sacerdote ese año. 14Caifás era el que había aconsejado a los judíos que convenía que un hombre muriera por el pueblo.
15Simón Pedro seguía a Jesús, y también otro discípulo. Este discípulo era conocido del sumo sacerdote, y entró con Jesús al patio del sumo sacerdote, 16pero Pedro estaba afuera, a la puerta. Así que el otro discípulo, que era conocido del sumo sacerdote, salió y habló a la portera, e hizo entrar a Pedro. 17Entonces la criada que cuidaba la puerta dijo* a Pedro: «¿No eres tú también uno de los discípulos de este hombre?». «No lo soy», dijo* él.
18Los siervos y los guardias estaban de pie calentándose junto a unas brasas que habían encendido porque hacía frío. Pedro también estaba con ellos de pie, calentándose.
19Entonces el sumo sacerdote interrogó a Jesús acerca de Sus discípulos y de Sus enseñanzas. 20Jesús le respondió: «Yo he hablado al mundo públicamente; siempre enseñé en la sinagoga y en el templo, donde se reúnen todos los judíos, y nada he hablado en secreto. 21¿Por qué me preguntas a Mí? Pregúntales a los que han oído lo que hablé; estos saben lo que he dicho».
22Cuando dijo esto, uno de los guardias que estaba cerca, dio una bofetada a Jesús, diciendo: «¿Así respondes al sumo sacerdote?». 23Jesús le respondió: «Si he hablado mal, da testimonio de lo que he hablado mal; pero si hablé bien, ¿por qué me pegas?». 24Anás entonces lo envió atado a Caifás, el sumo sacerdote.
25Simón Pedro estaba de pie, calentándose, y le preguntaron: «¿No eres tú también uno de Sus discípulos?». «No lo soy», dijo Pedro, negándolo. 26Uno de los siervos del sumo sacerdote, que era pariente de aquel a quien Pedro le había cortado la oreja, dijo*: «¿No te vi yo en el huerto con Él?». 27Y Pedro lo negó otra vez, y al instante cantó un gallo.
28Entonces llevaron* a Jesús de casa de Caifás al Pretorio; era muy de mañana; y ellos no entraron al Pretorio para no contaminarse y poder comer la Pascua. 29Pilato, pues, salió afuera hacia ellos y dijo*: «¿Qué acusación traen contra este hombre?». 30Ellos respondieron: «Si este hombre no fuera malhechor, no se lo hubiéramos entregado».
31Entonces Pilato les dijo: «Se lo pueden llevar y juzgar conforme a su ley». «A nosotros no nos es permitido dar muerte a nadie», le dijeron los judíos. 32Esto sucedió para que se cumpliera la palabra que Jesús había hablado, dando a entender de qué clase de muerte iba a morir.
33Pilato volvió a entrar al Pretorio, y llamó a Jesús y le preguntó: «¿Eres Tú el Rey de los judíos?». 34Jesús respondió: «¿Esto lo dices por tu cuenta, o porque otros te lo han dicho de Mí?». 35Pilato contestó: «¿Acaso soy yo judío? Tu nación y los principales sacerdotes te entregaron a mí. ¿Qué has hecho?».
36Jesús le respondió: «Mi reino no es de este mundo. Si Mi reino fuera de este mundo, entonces Mis servidores pelearían para que Yo no fuera entregado a los judíos. Pero ahora Mi reino no es de aquí». 37«¿Así que Tú eres rey?», le dijo Pilato. «Tú dices que soy rey», respondió Jesús. «Para esto Yo he nacido y para esto he venido al mundo, para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha Mi voz».
38Pilato le preguntó*: «¿Qué es la verdad?».
Y habiendo dicho esto, salió otra vez adonde estaban los judíos y les dijo*: «Yo no encuentro ningún delito en Él. 39Pero es costumbre entre ustedes que les suelte a alguien durante la fiesta de la Pascua. ¿Quieren, pues, que les suelte al Rey de los judíos?». 40Entonces volvieron a gritar, diciendo: «No a Este, sino a Barrabás». Y Barrabás era un ladrón.

Salmo 46

Para el director del coro. Salmo de los hijos de Coré, compuesto para Alamot. Cántico.
1Dios es nuestro refugio y fortaleza,
Nuestro pronto auxilio en las tribulaciones.
2Por tanto, no temeremos aunque la tierra sufra cambios,
Y aunque los montes se deslicen al fondo de los mares;
3 Aunque bramen y se agiten sus aguas,
Aunque tiemblen los montes con creciente enojo. (Selah)
4Hay un río cuyas corrientes alegran la ciudad de Dios,
Las moradas santas del Altísimo.
5Dios está en medio de ella, no será sacudida;
Dios la ayudará al romper el alba.
6Bramaron las naciones, se tambalearon los reinos;
Dio Él Su voz, y la tierra se derritió.
7El Señor de los ejércitos está con nosotros;
Nuestro baluarte es el Dios de Jacob. (Selah)
8¶Vengan, contemplen las obras del Señor,
Que ha hecho asolamientos en la tierra;
9Que hace cesar las guerras hasta los confines de la tierra;
Quiebra el arco, parte la lanza,
Y quema los carros en el fuego.
10Estén quietos, y sepan que Yo soy Dios;
Exaltado seré entre las naciones, exaltado seré en la tierra.
11El Señor de los ejércitos está con nosotros;
Nuestro baluarte es el Dios de Jacob. (Selah)

Proverbios 5

1Hijo mío, presta atención a mi sabiduría,
Inclina tu oído a mi prudencia,
2Para que guardes la discreción
Y tus labios conserven el conocimiento.
3Porque los labios de la extraña destilan miel,
Y su lengua es más suave que el aceite;
4Pero al final es amarga como el ajenjo,
Aguda como espada de dos filos.
5Sus pies descienden a la muerte,
Sus pasos solo logran el Seol.
6No considera la senda de la vida;
Sus senderos son inestables, y no lo sabe.
7¶Ahora pues, hijos míos, escúchenme,
Y no se aparten de las palabras de mi boca.
8Aleja de la extraña tu camino,
Y no te acerques a la puerta de su casa;
9No sea que des tu vigor a otros
Y tus años al cruel;
10No sea que se sacien los extraños de tus bienes
Y tu esfuerzo vaya a casa del extranjero;
11Y al final te lamentes,
Cuando tu carne y tu cuerpo se hayan consumido,
12Y digas: «¡Cómo he aborrecido la instrucción,
Y mi corazón ha despreciado la corrección!
13-»No he escuchado la voz de mis maestros,
Ni he inclinado mi oído a mis instructores.
14-»He estado a punto de completa ruina
En medio de la asamblea y la congregación».
15¶Bebe agua de tu cisterna
Y agua fresca de tu pozo.
16¿Se derramarán por fuera tus manantiales,
Tus arroyos de aguas por las calles?
17Sean para ti solo,
Y no para los extraños contigo.
18Sea bendita tu fuente,
Y regocíjate con la mujer de tu juventud,
19Amante cierva y graciosa gacela;
Que sus senos te satisfagan en todo tiempo,
Su amor te embriague para siempre.
20¿Por qué has de embriagarte, hijo mío, con una extraña,
Y abrazar el seno de una desconocida?
21Pues los caminos del hombre están delante de los ojos del Señor,
Y Él observa todos sus senderos.
22De sus propias iniquidades será presa el impío,
Y en los lazos de su pecado quedará atrapado.
23Morirá por falta de instrucción,
Y por su mucha necedad perecerá.

Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © The Lockman Foundation — cortesía de YouVersion.

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