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Día 347 de 365 · 13 de diciembre

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Oseas 12

1 Efraín se alimenta de viento,
Y persigue sin cesar al viento del este.
Multiplica la mentira y la violencia;
Hacen además pacto con Asiria,
Y el aceite es llevado a Egipto.
2El Señor también tiene pleito con Judá,
Y castigará a Jacob conforme a sus caminos;
Conforme a sus obras le pagará.
3En el vientre tomó a su hermano por el talón,
Y en su madurez luchó con Dios.
4Sí, luchó con el ángel y prevaleció,
Lloró y le pidió Su ayuda;
En Betel lo encontró,
Y allí Él habló con nosotros,
5Sí, el Señor, Dios de los ejércitos,
El Señor es Su nombre.
6Y tú, vuelve a tu Dios,
Practica la misericordia y la justicia,
Y espera siempre en tu Dios.
7A un mercader, en cuyas manos hay balanzas falsas,
Le gusta oprimir.
8Efraín ha dicho: «Ciertamente me he enriquecido,
He adquirido riquezas para mí;
En todos mis trabajos no hallarán en mí
Iniquidad alguna que sea pecado».
9Pero Yo he sido el Señor tu Dios desde la tierra de Egipto;
De nuevo te haré habitar en tiendas,
Como en los días de la fiesta señalada.
10También he hablado a los profetas
Y multipliqué las visiones;
Y por medio de los profetas hablé en parábolas.
11¿Hay iniquidad en Galaad?
Ciertamente son indignos.
En Gilgal sacrifican toros,
Sí, sus altares son como montones de piedra
En los surcos del campo.
12¶Pero Jacob huyó a la tierra de Aram,
E Israel sirvió por una mujer,
Y por una mujer cuidó rebaños.
13Por un profeta el Señor hizo subir a Israel de Egipto,
Y por un profeta fue guardado.
14Efraín le ha irritado amargamente;
Por eso su Señor dejará sobre él su culpa de sangre,
Y le devolverá su oprobio.

Oseas 13

1Cuando Efraín hablaba, reinaba el temor;
Se había exaltado a sí mismo en Israel,
Pero por causa de Baal pecó y murió.
2Y ahora continúan pecando:
Se hacen imágenes fundidas,
Ídolos, con su plata, conforme a su pericia,
Todo ello obra de artífices.
De ellos dicen: «Que los hombres que sacrifican, besen los becerros».
3Por tanto, serán como niebla de la mañana,
Y como rocío que pronto desaparece,
Como paja aventada de la era,
Y como humo de chimenea.
4¶Pero Yo he sido el Señor tu Dios
Desde la tierra de Egipto;
No reconocerás a otro dios fuera de Mí,
Pues no hay más salvador que Yo.
5Yo te cuidé en el desierto,
En tierra muy árida.
6Cuando comían sus pastos, se saciaron,
Y al estar saciados, se ensoberbeció su corazón;
Por tanto, se olvidaron de Mí.
7Seré, pues, para ellos como león;
Como leopardo junto al camino acecharé.
8Como osa privada de sus cachorros, me enfrentaré a ellos
Y les desgarraré el pecho,
Allí los devoraré como leona,
Como los desgarraría una bestia salvaje.
9¶Tu destrucción vendrá, oh Israel,
Porque estás contra Mí, contra tu ayuda.
10¿Dónde está ahora tu rey
Para que te salve en todas tus ciudades,
Y tus jueces de quienes me decías:
«Dame rey y príncipes»?
11En Mi ira te di un rey,
Y te lo quité en Mi furor.
12¶Atada está la iniquidad de Efraín,
Guardado su pecado.
13Dolores de parto vienen sobre él;
No es un hijo sensato,
Porque no es hora de que se demore en abrirse la matriz.
14¿Los libraré del poder del Seol?
¿Los redimiré de la muerte?
¿Dónde están, oh muerte, tus espinas?
¿Dónde está, oh Seol, tu aguijón?
La compasión estará oculta a Mi vista.
15¶Aunque él florezca entre los juncos,
Vendrá el viento solano,
Viento del Señor que sube del desierto,
Su fuente se secará
Y su manantial se agotará;
Despojará su tesoro de todos los objetos preciosos.
16 Samaria será considerada culpable,
Porque se rebeló contra su Dios.
Caerán a espada;
Serán estrellados sus niños,
Y abiertos los vientres de sus mujeres encinta.

Juan 19

1Entonces, Pilato tomó a Jesús y lo azotó. 2Y los soldados tejieron una corona de espinas, la pusieron sobre Su cabeza y lo vistieron con un manto de púrpura; 3y acercándose a Jesús, le decían: «¡Salve, Rey de los judíos!». Y le daban bofetadas. 4Pilato salió otra vez, y les dijo*: «Miren, lo traigo fuera, para que sepan que no encuentro ningún delito en Él».
5Y cuando Jesús salió fuera, llevaba la corona de espinas y el manto de púrpura. Y Pilato les dijo*: «¡Aquí está el Hombre!». 6Cuando lo vieron los principales sacerdotes y los guardias, gritaron: «¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo!». Pilato les dijo*: «Ustedes, pues, lo toman y lo crucifican, porque yo no encuentro ningún delito en Él». 7Los judíos le respondieron: «Nosotros tenemos una ley, y según esa ley Él debe morir, porque pretendió ser el Hijo de Dios».
8Entonces Pilato, cuando oyó estas palabras, se atemorizó aún más. 9Entró de nuevo al Pretorio y dijo* a Jesús: «¿De dónde eres Tú?». Pero Jesús no le dio respuesta. 10Pilato entonces le dijo*: «¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo autoridad para soltarte, y que tengo autoridad para crucificarte?».
11Jesús respondió: «Ninguna autoridad tendrías sobre Mí si no se te hubiera dado de arriba; por eso el que me entregó a ti tiene mayor pecado». 12Como resultado de esto, Pilato procuraba soltar a Jesús, pero los judíos gritaron: «Si suelta a Este, usted no es amigo de César; todo el que se hace rey se opone a César».
13Entonces Pilato, cuando oyó estas palabras, sacó fuera a Jesús y se sentó en el tribunal, en un lugar llamado el Empedrado, y en hebreo Gabata. 14Y era el día de la preparación para la Pascua; eran como las seis de la mañana. Y Pilato dijo* a los judíos: «Aquí está su Rey». 15«¡Fuera! ¡Fuera! ¡Crucifícalo!», gritaron ellos. «¿He de crucificar a su Rey?», les dijo* Pilato. Los principales sacerdotes respondieron: «No tenemos más rey que César». 16Así que entonces Pilato lo entregó a ellos para que fuera crucificado.
17Tomaron, pues, a Jesús, y Él salió cargando Su cruz al sitio llamado el Lugar de la Calavera, que en hebreo se dice Gólgota, 18donde lo crucificaron, y con Él a otros dos, uno a cada lado y Jesús en medio. 19Pilato también escribió un letrero y lo puso sobre la cruz. Y estaba escrito: «JESÚS EL NAZARENO, EL REY DE LOS JUDÍOS».
20Entonces muchos judíos leyeron esta inscripción, porque el lugar donde Jesús fue crucificado quedaba cerca de la ciudad; y estaba escrita en hebreo, en latín y en griego. 21Por eso los principales sacerdotes de los judíos decían a Pilato: «No escribas, “el Rey de los judíos”; sino que Él dijo: “Yo soy Rey de los judíos” ». 22Pilato respondió: «Lo que he escrito, he escrito».
23Entonces los soldados, cuando crucificaron a Jesús, tomaron Sus vestidos e hicieron cuatro partes, una parte para cada soldado. Y tomaron también la túnica; y la túnica era sin costura, tejida en una sola pieza. 24Por tanto, se dijeron unos a otros: «No la rompamos; sino echemos suertes sobre ella, para ver de quién será»; para que se cumpliera la Escritura: «Repartieron entre sí Mis vestidos, y sobre Mi ropa echaron suertes».
25Por eso los soldados hicieron esto. Y junto a la cruz de Jesús estaban Su madre, y la hermana de Su madre, María, la mujer de Cleofas, y María Magdalena. 26Y cuando Jesús vio a Su madre, y al discípulo a quien Él amaba que estaba allí cerca, dijo* a Su madre: «¡Mujer, ahí está tu hijo!». 27Después dijo* al discípulo: «¡Ahí está tu madre!». Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su propia casa.
28Después de esto, sabiendo Jesús que todo ya se había consumado, para que se cumpliera la Escritura, dijo*: «Tengo sed». 29Había allí una vasija llena de vinagre. Colocaron, pues, una esponja empapada del vinagre en una rama de hisopo, y se la acercaron a la boca. 30Entonces Jesús, cuando hubo tomado el vinagre, dijo: «¡Consumado es!». E inclinando la cabeza, entregó el espíritu.
31Los judíos entonces, como era el día de preparación para la Pascua, a fin de que los cuerpos no se quedaran en la cruz el día de reposo, porque ese día de reposo era muy solemne, pidieron a Pilato que les quebraran las piernas y se los llevaran. 32Fueron, pues, los soldados y quebraron las piernas del primero, y también las del otro que había sido crucificado con Jesús. 33Cuando llegaron a Jesús, como vieron que ya estaba muerto, no le quebraron las piernas; 34pero uno de los soldados le traspasó el costado con una lanza, y al momento salió sangre y agua.
35Y el que lo ha visto ha dado testimonio, y su testimonio es verdadero; y él sabe que dice la verdad, para que ustedes también crean. 36Porque esto sucedió para que se cumpliera la Escritura: «No será quebrado hueso Suyo». 37Y también otra Escritura dice: «Mirarán a Aquel que traspasaron».
38Después de estas cosas, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús, aunque en secreto por miedo a los judíos, pidió permiso a Pilato para llevarse el cuerpo de Jesús. Y Pilato concedió el permiso. Entonces José vino, y se llevó el cuerpo de Jesús. 39Y Nicodemo, el que antes había venido a Jesús de noche, vino también, trayendo una mezcla de mirra y áloe como de treinta y tres kilos. 40Entonces tomaron el cuerpo de Jesús, y lo envolvieron en telas de lino con las especias aromáticas, como es costumbre sepultar entre los judíos.
41En el lugar donde fue crucificado había un huerto, y en el huerto un sepulcro nuevo, en el cual todavía no habían sepultado a nadie. 42Por tanto, por causa del día de la preparación de los judíos, como el sepulcro estaba cerca, pusieron allí a Jesús.

Salmo 47

Para el director del coro. Salmo de los hijos de Coré.
1Batan palmas, pueblos todos;
Aclamen a Dios con voz de júbilo.
2Porque el Señor, el Altísimo, es digno de ser temido;
Rey grande es sobre toda la tierra.
3Él somete pueblos debajo de nosotros,
Y naciones bajo nuestros pies.
4Él nos escoge nuestra heredad,
La gloria de Jacob a quien Él ama. (Selah)
5¶Dios ha ascendido entre aclamaciones,
El Señor, al son de trompeta.
6Canten alabanzas a Dios, canten alabanzas;
Canten alabanzas a nuestro Rey, canten alabanzas.
7Porque Dios es Rey de toda la tierra;
Canten alabanzas con armonioso salmo.
8Dios reina sobre las naciones;
Sentado está Dios en Su santo trono.
9Se han reunido los príncipes de los pueblos como el pueblo del Dios de Abraham;
Porque de Dios son los escudos de la tierra;
Él es ensalzado en gran manera.

Proverbios 6

1Hijo mío, si has salido fiador por tu prójimo,
Si has dado promesa a un extraño,
2 Si te has enredado con las palabras de tu boca,
Si con las palabras de tu boca has sido atrapado,
3Haz esto ahora, hijo mío, y líbrate,
Ya que has caído en la mano de tu prójimo:
Ve, humíllate e importuna a tu prójimo.
4No des sueño a tus ojos
Ni adormecimiento a tus párpados;
5Líbrate como la gacela de la mano del cazador
Y como ave de la mano del que caza.
6¶Ve, mira la hormiga, perezoso,
Observa sus caminos, y sé sabio.
7La cual sin tener jefe,
Ni oficial ni señor,
8Prepara en el verano su alimento
Y recoge en la cosecha su sustento.
9¿Hasta cuándo, perezoso, estarás acostado?
¿Cuándo te levantarás de tu sueño?
10«Un poco de dormir, un poco de dormitar,
Un poco de cruzar las manos para descansar»,
11Y vendrá tu pobreza como vagabundo,
Y tu necesidad como un hombre armado.
12¶La persona indigna, el hombre malvado,
Es el que anda con boca perversa,
13El que guiña los ojos, el que hace señas con los pies,
El que señala con los dedos,
14El que con perversidad en su corazón, continuamente trama el mal,
El que siembra discordia.
15Por tanto, su desgracia vendrá de repente;
Al instante será quebrantado, y no habrá remedio.
16¶Seis cosas hay que el Señor odia,
Y siete son abominación para Él:
17Ojos soberbios, lengua mentirosa,
Manos que derraman sangre inocente,
18Un corazón que trama planes perversos,
Pies que corren rápidamente hacia el mal,
19Un testigo falso que dice mentiras,
Y el que siembra discordia entre hermanos.
20¶Hijo mío, guarda el mandamiento de tu padre
Y no abandones la enseñanza de tu madre;
21Átalos de continuo en tu corazón,
Enlázalos a tu cuello.
22Cuando andes, te guiarán;
Cuando duermas, velarán por ti;
Al despertarte, hablarán contigo.
23Porque el mandamiento es lámpara, y la enseñanza luz,
Y camino de vida las reprensiones de la instrucción,
24Para librarte de la mujer mala,
De la lengua suave de la desconocida.
25No codicies su hermosura en tu corazón,
Ni dejes que te cautive con sus párpados.
26Porque por causa de una ramera uno es reducido a un pedazo de pan,
Pero la adúltera anda a la caza de la vida preciosa.
27¿Puede un hombre poner fuego en su seno
Sin que arda su ropa?
28¿O puede caminar un hombre sobre carbones encendidos
Sin que se quemen sus pies?
29Así es el que se llega a la mujer de su prójimo;
Cualquiera que la toque no quedará sin castigo.
30No se desprecia al ladrón si roba
Para saciarse cuando tiene hambre;
31Pero cuando es sorprendido, debe pagar siete veces;
Tiene que dar todos los bienes de su casa.
32El que comete adulterio no tiene entendimiento;
El que lo hace destruye su alma.
33Heridas y vergüenza hallará,
Y su afrenta no se borrará.
34Porque los celos enfurecen al hombre,
Y no perdonará en el día de la venganza.
35No aceptará ningún rescate,
Ni se dará por satisfecho aunque le des muchos presentes.

Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © The Lockman Foundation — cortesía de YouVersion.

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