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Día 348 de 365 · 14 de diciembre

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Oseas 14

1 Vuelve, oh Israel, al Señor tu Dios,
Pues has tropezado a causa de tu iniquidad.
2Tomen con ustedes palabras, y vuélvanse al Señor.
Díganle: «Quita toda iniquidad,
Y acéptanos bondadosamente,
Para que podamos presentar el fruto de nuestros labios.
3-»Asiria no nos salvará,
No montaremos a caballo,
Y nunca más diremos: “Dios nuestro”
A la obra de nuestras manos,
Pues en Ti el huérfano halla misericordia».
4¶Yo sanaré su apostasía,
Los amaré generosamente,
Pues Mi ira se ha apartado de ellos.
5Seré como rocío para Israel;
Florecerá como lirio,
Y extenderá sus raíces como los cedros del Líbano.
6Brotarán sus renuevos,
Y será su esplendor como el del olivo,
Y su fragancia como la de los cedros del Líbano.
7Los que moran a su sombra,
Cultivarán de nuevo el trigo
Y florecerán como la vid.
Su fama será como la del vino del Líbano.
8¶Efraín, ¿qué tengo Yo que ver ya con los ídolos?
Yo respondo y te cuido.
Yo soy como un frondoso ciprés;
De Mí procede tu fruto.
9¶Quien es sabio, que entienda estas cosas;
Quien es prudente, que las comprenda.
Porque rectos son los caminos del Señor,
Y los justos andarán por ellos;
Pero los transgresores tropezarán en ellos.

Joel 1

1Palabra del Señor que vino a Joel, hijo de Petuel.
2Oigan esto, ancianos,
Y presten oído, habitantes todos de la tierra.
¿Ha acontecido cosa semejante en sus días,
O en los días de sus padres?
3Cuéntenselo a los hijos de ustedes,
Y sus hijos a los suyos,
Y sus hijos a la siguiente generación.
4¶Lo que dejó la oruga, lo comió la langosta;
Lo que dejó la langosta, lo comió el pulgón;
Y lo que dejó el pulgón, lo comió el saltón.
5Despierten, borrachos, y lloren,
Y giman todos los que beben vino,
A causa del vino dulce
Que les quitan de la boca.
6Porque una nación ha subido contra mi tierra,
Poderosa e innumerable;
Sus dientes son dientes de león,
Y tiene colmillos de leona.
7Ha hecho de mi vid una desolación,
Y astillas de mi higuera.
Del todo las ha descortezado y derribado;
Sus ramas se han vuelto blancas.
8¶Laméntate como virgen ceñida de cilicio
Por el esposo de su juventud.
9Han sido cortadas la ofrenda de cereal y la libación
De la casa del Señor.
Están de duelo los sacerdotes,
Los ministros del Señor.
10El campo está asolado,
La tierra está de duelo,
Porque el grano está arruinado,
El vino nuevo se seca,
Y el aceite virgen se pierde.
11Avergüéncense, labradores,
Giman, viñadores,
Por el trigo y la cebada,
Porque la cosecha del campo se ha perdido.
12La vid se seca,
Y se marchita la higuera;
También el granado, la palmera y el manzano,
Todos los árboles del campo se secan.
Ciertamente se seca la alegría
De los hijos de los hombres.
13¶Cíñanse de cilicio,
Y laméntense, sacerdotes;
Giman, ministros del altar.
Vengan, pasen la noche ceñidos de cilicio,
Ministros de mi Dios,
Porque sin ofrenda de cereal y sin libación
Ha quedado la casa de su Dios.
14Promulguen ayuno,
Convoquen asamblea;
Congreguen a los ancianos
Y a todos los habitantes de la tierra
En la casa del Señor su Dios,
Y clamen al Señor.
15¡Ay de ese día!
Porque está cerca el día del Señor,
Y vendrá como destrucción del Todopoderoso.
16¿No ha sido suprimido el alimento de delante de nuestros ojos,
Y la alegría y el regocijo de la casa de nuestro Dios?
17Las semillas se han secado bajo los terrones;
Los almacenes han sido asolados,
Los graneros derribados
Porque se secó el grano.
18¡Cómo muge el ganado!
Andan vagando las manadas de vacas
Porque no hay pasto para ellas;
Hasta los rebaños de ovejas sufren.
19A Ti clamo, oh Señor,
Porque el fuego ha devorado los pastos del desierto,
Y la llama ha consumido todos los árboles del campo.
20Aun las bestias del campo braman por Ti,
Porque se han secado los arroyos de agua,
Y el fuego ha devorado los pastos del desierto.

Juan 20

1El primer día de la semana María Magdalena fue* temprano al sepulcro, cuando todavía estaba* oscuro, y vio* que la piedra ya había sido quitada del sepulcro. 2Entonces corrió* y fue* adonde estaban Simón Pedro y el otro discípulo a quien Jesús amaba, y les dijo*: «Se han llevado al Señor del sepulcro, y no sabemos dónde lo han puesto».
3Salieron, pues, Pedro y el otro discípulo, y fueron hacia el sepulcro. 4Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corrió más aprisa que Pedro, y llegó primero al sepulcro; 5e inclinándose para mirar adentro, vio* las envolturas de lino puestas allí, pero no entró.
6Entonces llegó* también Simón Pedro tras él, entró al sepulcro, y vio* las envolturas de lino puestas allí, 7y el sudario que había estado sobre la cabeza de Jesús, no puesto con las envolturas de lino, sino enrollado en un lugar aparte. 8También entró el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro, y vio y creyó. 9Porque todavía no habían entendido la Escritura de que Jesús debía resucitar de entre los muertos. 10Los discípulos entonces se fueron de nuevo a sus casas.
11Pero María estaba fuera, llorando junto al sepulcro; y mientras lloraba, se inclinó y miró dentro del sepulcro; 12y vio* dos ángeles vestidos de blanco, sentados donde había estado el cuerpo de Jesús, uno a la cabecera y otro a los pies. 13«Mujer, ¿por qué lloras?», le preguntaron*. «Porque se han llevado a mi Señor, y no sé dónde lo han puesto», les contestó* ella.
14Al decir esto, se volvió y vio* a Jesús que estaba allí, pero no sabía que era Jesús. 15«Mujer, ¿por qué lloras?», le dijo* Jesús. «¿A quién buscas?». Ella, pensando que era el que cuidaba el huerto, le dijo*: «Señor, si usted lo ha llevado, dígame dónde lo ha puesto, y yo me lo llevaré». 16«¡María!», le dijo* Jesús. Ella, volviéndose, le dijo* en hebreo: «¡Raboní!» (que quiere decir Maestro).
17Jesús le dijo*: «Suéltame porque todavía no he subido al Padre; pero ve a Mis hermanos, y diles: “Subo a Mi Padre y Padre de ustedes, a Mi Dios y Dios de ustedes” ». 18María Magdalena fue* y anunció a los discípulos: «¡He visto al Señor!», y que Él le había dicho estas cosas.
19Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, y estando cerradas las puertas del lugar donde los discípulos se encontraban por miedo a los judíos, Jesús vino y se puso en medio de ellos, y les dijo*: «Paz a ustedes». 20Y diciendo esto, les mostró las manos y el costado. Entonces los discípulos se regocijaron al ver al Señor. 21Jesús les dijo otra vez: «Paz a ustedes; como el Padre me ha enviado, así también Yo los envío».
22Después de decir esto, sopló sobre ellos y les dijo*: «Reciban el Espíritu Santo. 23A quienes perdonen los pecados, estos les son perdonados; a quienes retengan los pecados, estos les son retenidos».
24Tomás, uno de los doce, llamado el Dídimo, no estaba con ellos cuando Jesús vino. 25Entonces los otros discípulos le decían: «¡Hemos visto al Señor!». Pero él les dijo: «Si no veo en Sus manos la señal de los clavos, y meto el dedo en el lugar de los clavos, y pongo la mano en Su costado, no creeré».
26Ocho días después, Sus discípulos estaban otra vez dentro, y Tomás con ellos. Estando las puertas cerradas, Jesús vino* y se puso en medio de ellos, y dijo: «Paz a ustedes». 27Luego dijo* a Tomás: «Acerca aquí tu dedo, y mira Mis manos; extiende aquí tu mano y métela en Mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente». 28«¡Señor mío y Dios mío!», le dijo Tomás. 29Jesús le dijo*: «¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que no vieron, y sin embargo creyeron».
30Y muchas otras señales hizo también Jesús en presencia de Sus discípulos, que no están escritas en este libro; 31pero estas se han escrito para que ustedes crean que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios; y para que al creer, tengan vida en Su nombre.

Salmo 48

Cántico. Salmo de los hijos de Coré.
1Grande es el Señor, y muy digno de ser alabado
En la ciudad de nuestro Dios, Su santo monte.
2Hermoso en su elevación, el gozo de toda la tierra
Es el monte Sión, en el extremo norte,
La ciudad del gran Rey.
3Dios en sus palacios
Se dio a conocer como baluarte.
4¶Pues los reyes se reunieron;
Pasaron juntos.
5Ellos la vieron y quedaron pasmados;
Se aterrorizaron y huyeron alarmados.
6Allí se apoderó de ellos un temblor;
Dolor como el de mujer que está de parto.
7Con el viento del este
Tú destrozas las naves de Tarsis.
8Como lo hemos oído, así lo hemos visto
En la ciudad del Señor de los ejércitos, en la ciudad de nuestro Dios;
Dios la afirmará para siempre. (Selah)
9¶Hemos meditado en Tu misericordia, oh Dios,
En medio de Tu templo.
10Oh Dios, como es Tu nombre,
Así es Tu alabanza hasta los confines de la tierra;
Llena de justicia está Tu diestra.
11Alégrese el monte Sión,
Regocíjense las hijas de Judá,
A causa de Tus juicios.
12Caminen por Sión y vayan alrededor de ella;
Cuenten sus torres;
13Consideren atentamente sus murallas,
Recorran sus palacios,
Para que lo cuenten a la generación venidera.
14Porque Este es Dios,
Nuestro Dios para siempre;
Él nos guiará hasta la muerte.

Proverbios 7

1Hijo mío, guarda mis palabras
Y atesora mis mandamientos contigo.
2Guarda mis mandamientos y vivirás,
Y mi enseñanza como la niña de tus ojos.
3Átalos a tus dedos,
Escríbelos en la tabla de tu corazón.
4Di a la sabiduría: «Tú eres mi hermana»,
Y llama a la inteligencia tu mejor amiga,
5Para que te guarden de la mujer extraña,
De la desconocida que lisonjea con sus palabras.
6¶Porque desde la ventana de mi casa
Miraba por la celosía,
7Y vi entre los simples,
Distinguí entre los muchachos
A un joven falto de juicio,
8Pasando por la calle, cerca de su esquina;
Iba camino de su casa,
9Al atardecer, al anochecer,
En medio de la noche y la oscuridad.
10Entonces una mujer le sale al encuentro,
Vestida como ramera y astuta de corazón.
11Es alborotadora y rebelde,
Sus pies no permanecen en casa;
12 Está ya en las calles, ya en las plazas,
Y acecha por todas las esquinas.
13Así que ella lo agarra y lo besa,
Y descarada le dice:
14«Tenía que ofrecer ofrendas de paz,
Y hoy he cumplido mis votos;
15Por eso he salido a encontrarte,
Buscando tu rostro con ansiedad, y te he hallado.
16-»He tendido mi lecho con colchas,
Con linos de Egipto en colores.
17-»He rociado mi cama
Con mirra, áloes y canela.
18-»Ven, embriaguémonos de amor hasta la mañana,
Deleitémonos con caricias.
19-»Porque mi marido no está en casa,
Se ha ido a un largo viaje;
20Se ha llevado en la mano la bolsa del dinero,
Volverá a casa para la luna llena».
21Con sus palabras persuasivas lo atrae,
Lo seduce con sus labios lisonjeros.
22Al instante la sigue
Como va el buey al matadero,
O como uno en grillos al castigo de un necio,
23Hasta que una flecha le traspasa el hígado;
Como el ave que se precipita en la trampa,
Y no sabe que esto le costará la vida.
24¶Ahora pues, hijos míos, escúchenme,
Y presten atención a las palabras de mi boca.
25No se desvíe tu corazón hacia sus caminos,
No te extravíes en sus sendas.
26Porque muchas son las víctimas derribadas por ella,
Y numerosos los que ha matado.
27Su casa es el camino al Seol,
Que desciende a las cámaras de la muerte.

Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © The Lockman Foundation — cortesía de YouVersion.

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