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Día 349 de 365 · 15 de diciembre

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Joel 2

1Toquen trompeta en Sión,
Y suenen alarma en Mi santo monte.
Tiemblen todos los habitantes de la tierra,
Porque viene el día del Señor;
Ciertamente está cercano,
2Día de tinieblas y densas sombras,
Día nublado y de densa oscuridad.
Como la aurora sobre los montes, se extiende
Un pueblo grande y poderoso;
Nunca ha habido nada semejante a él,
Ni tampoco lo habrá después
Por años de muchas generaciones.
3Delante de él consume el fuego,
Y detrás de él abrasa la llama.
Como el huerto del Edén es la tierra delante de él;
Y detrás de él, un desierto desolado,
Y de él nada escapa.
4Como aspecto de caballos es su aspecto,
Y como corceles de guerra, así corren.
5Como estrépito de carros
Saltan sobre las cumbres de los montes,
Como el crepitar de llama de fuego que consume la hojarasca,
Como pueblo poderoso dispuesto para la batalla.
6Ante él tiemblan los pueblos,
Palidecen todos los rostros.
7Como valientes corren,
Como soldados escalan la muralla;
Cada uno marcha por su camino,
Y no se desvían de sus sendas.
8No se aprietan uno contra otro,
Cada cual marcha por su calzada;
Y cuando irrumpen por las defensas,
No rompen las filas.
9Se lanzan sobre la ciudad,
Corren por la muralla,
Suben a las casas,
Entran por las ventanas como ladrones.
10Ante ellos tiembla la tierra,
Se estremecen los cielos,
El sol y la luna se oscurecen,
Y las estrellas pierden su resplandor.
11El Señor da Su voz delante de Su ejército,
Porque es inmenso Su campamento,
Porque poderoso es el que ejecuta Su palabra.
Grande y terrible es en verdad el día del Señor,
¿Y quién podrá soportarlo?
12¶«Aun ahora», declara el Señor,
«Vuelvan a Mí de todo corazón,
Con ayuno, llanto y lamento.
13-»Rasguen su corazón y no sus vestidos».
Vuelvan ahora al Señor su Dios,
Porque Él es compasivo y clemente,
Lento para la ira, abundante en misericordia,
Y se arrepiente de infligir el mal.
14¿Quién sabe si reconsidere y se apiade,
Y deje tras sí bendición,
Es decir, ofrenda de cereal y libación
Para el Señor su Dios?
15Toquen trompeta en Sión,
Promulguen ayuno, convoquen asamblea.
16Reúnan al pueblo, santifiquen la asamblea,
Congreguen a los ancianos,
Reúnan a los pequeños y a los niños de pecho.
Salga el novio de su aposento
Y la novia de su alcoba.
17Entre el pórtico y el altar,
Lloren los sacerdotes, ministros del Señor,
Y digan: «Perdona, oh Señor, a Tu pueblo,
Y no entregues Tu heredad al oprobio,
A la burla entre las naciones.
¿Por qué han de decir entre los pueblos:
“Dónde está su Dios?” ».
18¶Entonces el Señor se llenará de celo por Su tierra,
Y tendrá piedad de Su pueblo.
19El Señor responderá a Su pueblo:
«Yo les enviaré grano, vino nuevo y aceite,
Y se saciarán de ello,
Y nunca más los entregaré al oprobio entre las naciones.
20-»Al ejército del norte lo alejaré de ustedes
Y lo echaré a una tierra árida y desolada,
Su vanguardia hacia el mar oriental,
Y su retaguardia hacia el mar occidental.
Y ascenderá su hedor y subirá su fetidez,
Porque ha hecho cosas terribles».
21¶No temas, oh tierra, regocíjate y alégrate,
Porque el Señor ha hecho grandes cosas.
22No teman, bestias del campo,
Porque los pastos del desierto han reverdecido,
Porque el árbol ha dado su fruto,
La higuera y la vid han producido en abundancia.
23Hijos de Sión, regocíjense
Y alégrense en el Señor su Dios;
Porque Él les ha dado la lluvia temprana para su vindicación,
Y les ha hecho descender la lluvia,
La lluvia temprana y la tardía como en el principio.
24Y las eras se llenarán de grano,
Y las tinajas rebosarán de vino nuevo y de aceite virgen.
25«Entonces los compensaré por los años
En que devoraban la langosta,
El pulgón, el saltón y la oruga,
Mi gran ejército, que envié contra ustedes.
26-»Tendrán mucho que comer y se saciarán,
Y alabarán el nombre del Señor su Dios,
Que ha obrado maravillosamente con ustedes;
Y nunca jamás será avergonzado Mi pueblo.
27-»Y sabrán que en medio de Israel estoy Yo,
Y que Yo soy el Señor su Dios
Y no hay otro.
Nunca jamás será avergonzado Mi pueblo.
28¶»Y sucederá que después de esto,
Derramaré Mi Espíritu sobre toda carne;
Y sus hijos y sus hijas profetizarán,
Sus ancianos soñarán sueños,
Sus jóvenes verán visiones.
29-»Y aun sobre los siervos y las siervas
Derramaré Mi Espíritu en esos días.
30-»Haré prodigios en el cielo y en la tierra:
Sangre, fuego y columnas de humo.
31-»El sol se convertirá en tinieblas,
Y la luna en sangre,
Antes que venga el día del Señor, grande y terrible.
32-»Y todo aquel que invoque el nombre del Señor
Será salvo;
Porque en el monte Sión y en Jerusalén
Habrá salvación,
Como ha dicho el Señor,
Y entre los sobrevivientes estarán los que el Señorllame.

Joel 3

1 »Porque en aquellos días y en aquel tiempo,
Cuando Yo restaure el bienestar de Judá y Jerusalén,
2Reuniré a todas las naciones,
Y las haré bajar al valle de Josafat.
Y allí entraré en juicio con ellas
A favor de Mi pueblo y Mi heredad, Israel,
A quien ellas esparcieron entre las naciones,
Y repartieron Mi tierra.
3-»También echaron suertes sobre Mi pueblo,
Cambiaron un niño por una ramera,
Y vendieron una niña por vino para poder beber.
4»Además, Tiro, Sidón y todas las regiones de Filistea ¿qué tienen ustedes que ver conmigo? ¿Acaso se quieren vengar de Mí? Si de esta manera se vengan de Mí, bien pronto haré volver su venganza sobre su cabeza. 5Por cuanto han tomado Mi plata y Mi oro, y se han llevado Mis valiosos tesoros a sus templos, 6y han vendido los hijos de Judá y Jerusalén a los griegos para alejarlos de su territorio, 7Yo los levantaré del lugar donde los vendieron, y devolveré su venganza sobre su cabeza. 8También venderé sus hijos y sus hijas a los hijos de Judá, y ellos los venderán a los sabeos, a una nación lejana», porque el Señor lo ha dicho.
9¶Proclamen esto entre las naciones:
Prepárense para la guerra, despierten a los valientes;
Acérquense, suban todos los soldados.
10Forjen espadas de sus rejas de arado
Y lanzas de sus podaderas;
Diga el débil: «Fuerte soy».
11Apresúrense y vengan, naciones todas de alrededor,
Y reúnanse allí.
Haz descender, oh Señor, a Tus valientes.
12Despiértense y suban las naciones
Al valle de Josafat,
Porque allí me sentaré a juzgar
A todas las naciones de alrededor.
13Metan la hoz, porque la cosecha está madura;
Vengan, pisen, que el lagar está lleno;
Las tinajas rebosan, porque grande es su maldad.
14Multitudes de multitudes en el valle de la decisión.
Porque cerca está el día del Señor en el valle de la decisión.
15El sol y la luna se oscurecen,
Y las estrellas pierden su resplandor.
16El Señor ruge desde Sión
Y desde Jerusalén da Su voz,
Y tiemblan los cielos y la tierra.
Pero el Señor es refugio para Su pueblo
Y fortaleza para los israelitas.
17Entonces sabrán que Yo soy el Señor su Dios,
Que habito en Sión, Mi santo monte.
Y Jerusalén será santa,
Y los extranjeros no pasarán más por ella.
18¶Y sucederá que en aquel día
Los montes destilarán vino dulce,
Las colinas fluirán leche,
Y por todos los arroyos de Judá correrán las aguas;
Brotará un manantial de la casa del Señor
Y regará el valle de Sitim.
19Egipto será una desolación,
Y Edom será un desierto desolado,
Por la violencia hecha a los hijos de Judá,
En cuya tierra han derramado sangre inocente.
20Pero Judá será habitada para siempre,
Y Jerusalén por todas las generaciones.
21Y Yo vengaré su sangre, que aún no he vengado,
Pues el Señorhabita en Sión.

Juan 21

1Después de esto, Jesús se manifestó otra vez a los discípulos junto al mar de Tiberias, y se manifestó de esta manera: 2Estaban juntos Simón Pedro, Tomás llamado el Dídimo, Natanael de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeo y otros dos de Sus discípulos. 3«Me voy a pescar», les dijo* Simón Pedro. «Nosotros también vamos contigo», le dijeron* ellos. Fueron y entraron en la barca, y aquella noche no pescaron nada.
4Cuando ya amanecía, Jesús estaba en la playa; pero los discípulos no sabían que era Jesús. 5Jesús les dijo*: «Hijos, ¿acaso tienen algún pescado?». «No», respondieron ellos. 6Y Él les dijo: «Echen la red al lado derecho de la barca y hallarán pesca». Entonces la echaron, y no podían sacarla por la gran cantidad de peces.
7Entonces aquel discípulo a quien Jesús amaba, dijo* a Pedro: «¡Es el Señor!». Oyendo Simón Pedro que era el Señor, se puso la ropa, porque se la había quitado para poder trabajar, y se echó al mar. 8Pero los otros discípulos vinieron en la barca, porque no estaban lejos de tierra, sino a unos 100 metros, arrastrando la red llena de peces. 9Cuando bajaron a tierra, vieron* brasas ya puestas y un pescado colocado sobre ellas, y pan. 10Jesús les dijo*: «Traigan algunos de los peces que acaban de sacar».
11Simón Pedro subió a la barca, y sacó la red a tierra, llena de peces grandes, 153 en total; y aunque había tantos, la red no se rompió. 12Jesús les dijo*: «Vengan y desayunen». Ninguno de los discípulos se atrevió a preguntarle: «¿Quién eres Tú?», sabiendo que era el Señor. 13Jesús vino*, tomó* el pan y se lo dio*; y lo mismo hizo con el pescado. 14Esta fue la tercera vez que Jesús se manifestó a los discípulos, después de haber resucitado de entre los muertos.
15Cuando acabaron de desayunar, Jesús dijo* a Simón Pedro: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos?». «Sí, Señor, Tú sabes que te quiero», le contestó* Pedro. Jesús le dijo*: «Apacienta Mis corderos».
16Volvió a decirle por segunda vez: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas?». «Sí, Señor, Tú sabes que te quiero», le contestó* Pedro. Jesús le dijo*: «Pastorea Mis ovejas».
17Jesús le dijo por tercera vez: «Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?». Pedro se entristeció porque la tercera vez le dijo: «¿Me quieres?». Y le respondió: «Señor, Tú lo sabes todo; Tú sabes que te quiero». «Apacienta Mis ovejas», le dijo* Jesús. 18«En verdad te digo, que cuando eras más joven te vestías y andabas por donde querías; pero cuando seas viejo extenderás las manos y otro te vestirá, y te llevará adonde no quieras».
19Esto dijo, dando a entender la clase de muerte con que Pedro glorificaría a Dios. Y habiendo dicho esto, le dijo*: «Sígueme». 20Pedro, volviéndose, vio* que les seguía el discípulo a quien Jesús amaba, el que en la cena se había recostado sobre el pecho de Jesús y le había preguntado: «Señor, ¿quién es el que te va a entregar?». 21Entonces Pedro, al verlo, dijo* a Jesús: «Señor, ¿y este, qué?». 22Jesús le dijo*: «Si Yo quiero que él se quede hasta que Yo venga, ¿a ti, qué? Tú, sígueme».
23Por eso el dicho se propagó entre los hermanos que aquel discípulo no moriría. Pero Jesús no le dijo que no moriría, sino: «Si Yo quiero que se quede hasta que Yo venga, ¿a ti, qué?».
24Este es el discípulo que da testimonio de estas cosas y el que escribió esto, y sabemos que su testimonio es verdadero.
25Y hay también muchas otras cosas que Jesús hizo, que si se escribieran* en detalle, pienso que ni aun el mundo mismo podría* contener los libros que se escribirían*.

Salmo 49

Para el director del coro. Salmo de los hijos de Coré.
1Oigan esto, pueblos todos;
Escuchen, habitantes todos del mundo,
2Tanto humildes como encumbrados,
Ricos y pobres juntos.
3Mi boca hablará sabiduría,
Y la meditación de mi corazón será entendimiento.
4Inclinaré al proverbio mi oído,
Con el arpa declararé mi enigma.
5¶¿Por qué he de temer en los días de adversidad
Cuando la iniquidad de mis enemigos me rodee,
6 De los que confían en sus bienes
Y se jactan de la abundancia de sus riquezas?
7Nadie puede en manera alguna redimir a su hermano,
Ni dar a Dios rescate por él,
8Porque la redención de su alma es muy costosa,
Y debe abandonar el intento para siempre,
9Para que viva eternamente,
Para que no vea corrupción.
10¶Porque él ve que aun los sabios mueren;
El torpe y el necio perecen de igual manera,
Y dejan sus riquezas a otros.
11Su íntimo pensamiento es que sus casas serán eternas,
Y sus moradas por todas las generaciones;
A sus tierras han dado sus nombres.
12Pero el hombre, en su vanagloria, no permanecerá;
Es como las bestias que perecen.
13¶Este es el camino de los insensatos,
Y de los que después de ellos aprueban sus palabras. (Selah)
14Como ovejas son destinados para el Seol,
La muerte los pastoreará,
Los rectos los regirán por la mañana;
Su forma será para que el Seol la consuma,
De modo que no tienen morada.
15Pero Dios redimirá mi alma del poder del Seol,
Pues Él me recibirá. (Selah)
16¶No temas cuando alguien se enriquece,
Cuando la gloria de su casa aumenta;
17Porque nada se llevará cuando muera,
Ni su gloria descenderá con él.
18Aunque mientras viva, a sí mismo se felicite
(Y aunque los hombres te alaben cuando prosperes),
19Irá a reunirse con la generación de sus padres,
Quienes nunca verán la luz.
20El hombre en su vanagloria, pero sin entendimiento,
Es como las bestias que perecen.

Proverbios 8

1¿No clama la sabiduría,
Y levanta su voz la prudencia?
2En la cima de las alturas, junto al camino,
Donde cruzan las sendas, se coloca;
3Junto a las puertas, a la salida de la ciudad,
En el umbral de las puertas, da voces:
4«Oh hombres, a ustedes clamo,
Para los hijos de los hombres es mi voz.
5-»Oh simples, aprendan prudencia;
Y ustedes, necios, aprendan sabiduría.
6-»Escuchen, porque hablaré cosas excelentes,
Y con el abrir de mis labios rectitud.
7-»Porque mi boca proferirá la verdad,
Abominación a mis labios es la impiedad.
8-»Conforme a la justicia son todas las palabras de mi boca,
No hay en ellas nada torcido ni perverso.
9-»Todas son sinceras para el que entiende,
Y rectas para los que han hallado conocimiento.
10-»Reciban mi instrucción y no la plata,
Y conocimiento antes que el oro escogido,
11Porque mejor es la sabiduría que las joyas,
Y todas las cosas deseables no pueden compararse con ella.
12¶»Yo, la sabiduría, habito con la prudencia,
Y he hallado conocimiento y discreción.
13-»El temor del Señor es aborrecer el mal.
El orgullo, la arrogancia, el mal camino
Y la boca perversa, yo aborrezco.
14-»Mío es el consejo y la prudencia,
Yo soy la inteligencia, el poder es mío.
15-»Por mí reinan los reyes,
Y los gobernantes decretan justicia.
16-»Por mí gobiernan los príncipes y los nobles,
Todos los que juzgan con justicia.
17-»Amo a los que me aman,
Y los que me buscan con diligencia me hallarán.
18-»Conmigo están las riquezas y el honor,
La fortuna duradera y la justicia.
19-»Mi fruto es mejor que el oro, que el oro puro,
Y mi ganancia es mejor que la plata escogida.
20-»Yo ando por el camino de la justicia,
Por en medio de las sendas del derecho,
21Para otorgar heredad a los que me aman
Y así llenar sus tesoros.
22¶»El Señor me poseyó al principio de Su camino,
Antes de Sus obras de tiempos pasados.
23-»Desde la eternidad fui establecida,
Desde el principio, desde los orígenes de la tierra.
24-»Cuando no había abismos fui engendrada,
Cuando no había manantiales abundantes en aguas.
25-»Antes que los montes fueran asentados,
Antes que las colinas, fui engendrada,
26Cuando Él no había hecho aún la tierra y los campos,
Ni el polvo primero del mundo.
27-»Cuando estableció los cielos, allí estaba yo;
Cuando trazó un círculo sobre la superficie del abismo,
28Cuando arriba afirmó los cielos,
Cuando las fuentes del abismo se afianzaron,
29Cuando al mar puso sus límites
Para que las aguas no transgredieran Su mandato,
Cuando señaló los cimientos de la tierra,
30Yo estaba entonces junto a Él, como arquitecto;
Yo era Su delicia de día en día,
Regocijándome en todo tiempo en Su presencia,
31Regocijándome en el mundo, en Su tierra,
Y teniendo mis delicias con los hijos de los hombres.
32¶»Ahora pues, hijos, escúchenme,
Porque bienaventurados son los que guardan mis caminos.
33-»Escuchen la instrucción y sean sabios,
Y no la desprecien.
34-»Bienaventurado el hombre que me escucha,
Velando a mis puertas día a día,
Aguardando en los postes de mi entrada.
35-»Porque el que me halla, halla la vida
Y alcanza el favor del Señor.
36-»Pero el que peca contra mí, a sí mismo se daña;
Todos los que me odian, aman la muerte».

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