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Día 352 de 365 · 18 de diciembre

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Amós 5

1Oigan esta palabra que yo pronuncio como lamentación sobre ustedes, casa de Israel.
2Ha caído, no volverá a levantarse
La virgen de Israel.
Abandonada yace en su tierra,
No hay quien la levante.
3Porque así dice el Señor Dios:
«La ciudad que sale con mil,
Se quedará con cien;
Y la que sale con cien,
Se quedará con diez en la casa de Israel».
4¶Porque así dice el Señor a la casa de Israel:
«Búsquenme, y vivirán.
5-»Pero no busquen a Betel,
Ni vayan a Gilgal,
Ni pasen a Beerseba;
Porque ciertamente Gilgal será llevada cautiva,
Y Betel caerá en desgracia.
6-»Busquen al Señor y vivirán,
No sea que Él les caiga como fuego, oh casa de José,
Y consuma a Betel sin que haya quien lo apague;
7 Consuma a los que convierten el juicio en ajenjo
Y echan por tierra la justicia».
8¶El que hizo las Pléyades y el Orión,
Cambia las densas tinieblas en aurora,
Y hace oscurecer el día en noche;
El que llama a las aguas del mar,
Y las derrama sobre la superficie de la tierra:
El Señor es Su nombre.
9Él es quien desencadena destrucción sobre el fuerte,
Y hace que la ruina venga sobre la fortaleza.
10¶Ellos odian en la puerta al que reprende,
Y aborrecen al que habla con integridad.
11Por tanto, ya que imponen fuertes impuestos sobre el pobre
Y exigen de él tributo de grano,
Las casas de piedra labrada que han edificado,
No las habitarán;
Han plantado viñas escogidas, pero no beberán su vino.
12Pues yo sé que muchas son sus transgresiones y graves sus pecados:
Oprimen al justo, aceptan soborno
Y rechazan a los pobres en la puerta.
13Por tanto, el prudente se calla en ese tiempo, pues es tiempo malo.
14¶Busquen lo bueno y no lo malo, para que vivan;
Y así sea con ustedes el Señor, Dios de los ejércitos.
¡Tal como han dicho!
15Aborrezcan el mal, amen el bien,
Y establezcan la justicia en la puerta.
Tal vez el Señor, Dios de los ejércitos,
Sea misericordioso con el remanente de José.
16¶Por tanto, así dice el Señor, el Señor Dios de los ejércitos:
«En todas las plazas hay llanto,
Y en todas las calles dicen: “¡Ay! ¡Ay!”.
Llaman a duelo al labrador,
Y a lamentación a los llorones profesionales.
17-»En todas las viñas habrá llanto,
Porque pasaré por en medio de ti», dice el Señor.
18¶¡Ay de los que ansían el día del Señor!
¿De qué les servirá el día del Señor?
Será tinieblas, y no luz;
19Como cuando uno huye de un león,
Y se encuentra con un oso,
O va a casa, apoya la mano en la pared,
Y lo muerde una culebra.
20¿No será tinieblas el día del Señor, y no luz,
Oscuridad, y no resplandor?
21¶«Aborrezco, desprecio sus fiestas,
Tampoco me agradan sus asambleas solemnes.
22-»Aunque ustedes me ofrezcan holocaustos y sus ofrendas de grano,
No los aceptaré;
Ni miraré a las ofrendas de paz de sus animales cebados.
23-»Aparten de Mí el ruido de sus cánticos,
Pues no escucharé ni siquiera la música de sus arpas.
24-»Pero corra el juicio como las aguas
Y la justicia como una corriente inagotable.
25»¿Acaso me ofrecieron sacrificios y ofrendas de cereal por cuarenta años en el desierto, oh casa de Israel? 26Más bien, llevaron a Sicut, su rey, y a Quiyún, sus ídolos, la estrella de sus dioses que ustedes se hicieron. 27Yo los haré, pues, deportar más allá de Damasco», dice el Señor, cuyo nombre es Dios de los ejércitos.

Amós 6

1¡Ay de los que viven reposadamente en Sión,
Y de los que se sienten seguros en el monte de Samaria,
Los notables de las naciones principales,
A quienes acude la casa de Israel!
2Pasen a Calne y miren,
Y de allí vayan a Hamat la grande,
Desciendan luego a Gat de los filisteos.
¿Son ustedes mejores que estos reinos,
O es su territorio mayor que el de ustedes?
3¿Alejan ustedes el día de la calamidad,
Y acercan la silla de la violencia?
4¶Los que se acuestan en camas de marfil,
Se tienden sobre sus lechos,
Comen corderos del rebaño
Y terneros de en medio del establo;
5Que improvisan al son del arpa,
Y como David han compuesto cantos para sí;
6Que beben vino en tazones del altar
Y se ungen con los óleos más finos,
Pero no se lamentan por la ruina de José,
7Irán por tanto ahora al destierro a la cabeza de los desterrados,
Y se acabarán los banquetes de los disolutos.
8¶El Señor Dios ha jurado por Sí mismo, ha declarado el Señor, Dios de los ejércitos:
«Aborrezco la arrogancia de Jacob,
Y odio sus palacios;
Así que entregaré la ciudad y cuanto hay en ella».
9Y si diez hombres quedan en una misma casa, morirán. 10Entonces su tío, o su incinerador, levantará a cada uno para sacar sus huesos de la casa, y dirá al que está en el fondo de la casa: «¿Hay alguien más contigo?». Y este responderá: «Nadie». Entonces aquel dirá: «¡Guarda silencio!, porque no se debe hacer mención del nombre del Señor». 11Porque el Señor ordenará que la casa grande sea reducida a escombros y que la casa pequeña sea hecha pedazos.
12¶¿Corren los caballos por la peña?
¿Se ara en ella con bueyes?
Pues ustedes han convertido el derecho en veneno,
Y el fruto de la justicia en amargura;
13Ustedes que se alegran por Lo Debar,
Que dicen: «¿No hemos tomado para nosotros Carnáyim
Con nuestra propia fuerza?».
14«Por tanto, voy a levantar contra ustedes, oh casa de Israel»,
Declara el Señor, Dios de los ejércitos,
«Una nación que los afligirá desde la entrada de Hamat
Hasta el arroyo del Arabá».

Hechos 3

1 Cierto día Pedro y Juan subían al templo a la hora novena, la hora de la oración. 2Y había un hombre, cojo desde su nacimiento, al que llevaban y ponían diariamente a la puerta del templo llamada la Hermosa, para que pidiera limosna a los que entraban al templo. 3Este, viendo a Pedro y a Juan que iban a entrar al templo, les pedía limosna. 4Entonces Pedro, junto con Juan, fijando su vista en él, le dijo: «¡Míranos!».
5Él los miró atentamente, esperando recibir algo de ellos. 6Pero Pedro le dijo: «No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy: en el nombre de Jesucristo el Nazareno, ¡anda!».
7Y tomándolo de la mano derecha, lo levantó; al instante sus pies y tobillos cobraron fuerza, 8y de un salto se puso en pie y andaba. Entró al templo con ellos caminando, saltando y alabando a Dios.
9Todo el pueblo lo vio andar y alabar a Dios, 10y reconocieron que era el mismo que se sentaba a la puerta del templo, la Hermosa, a pedir limosna, y se llenaron de asombro y admiración por lo que le había sucedido.
11Estando el que era cojo aferrado a Pedro y a Juan, todo el pueblo, lleno de asombro, corrió al pórtico llamado de Salomón, donde ellos estaban. 12Al ver esto, Pedro dijo al pueblo: «Hombres de Israel, ¿por qué se maravillan de esto, o por qué nos miran así, como si por nuestro propio poder o piedad le hubiéramos hecho andar? 13El Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres, ha glorificado a Su Siervo Jesús, al que ustedes entregaron y repudiaron en presencia de Pilato, cuando este había resuelto poner a Jesús en libertad. 14Pero ustedes repudiaron al Santo y Justo, y pidieron que se les concediera un asesino, 15y dieron muerte al Autor de la vida, al que Dios resucitó de entre los muertos, de lo cual nosotros somos testigos.
16»Por la fe en Su nombre, es el nombre de Jesús lo que ha fortalecido a este hombre a quien ven y conocen. La fe que viene por medio de Jesús, le ha dado a este esta perfecta sanidad en presencia de todos ustedes. 17Y ahora, hermanos, yo sé que obraron por ignorancia, lo mismo que sus gobernantes. 18Pero Dios ha cumplido así lo que anunció de antemano por boca de todos los profetas: que Su Cristo debía padecer.
19»Por tanto, arrepiéntanse y conviértanse, para que sus pecados sean borrados, a fin de que tiempos de alivio vengan de la presencia del Señor, 20y Él envíe a Jesús, el Cristo designado de antemano para ustedes. 21A Él el cielo debe recibir hasta el día de la restauración de todas las cosas, acerca de lo cual Dios habló por boca de Sus santos profetas desde tiempos antiguos. 22Moisés dijo: “El Señor Dios les levantará a ustedes un profeta como yo de entre sus hermanos; a Él prestarán atención en todo cuanto les diga. 23Y sucederá que todo el que no preste atención a aquel profeta, será totalmente destruido de entre el pueblo”. 24Asimismo todos los profetas que han hablado desde Samuel y sus sucesores en adelante, también anunciaron estos días.
25»Ustedes son los hijos de los profetas y del pacto que Dios hizo con sus padres, al decir a Abraham: “Y en tu simiente serán benditas todas las familias de la tierra”. 26Para ustedes en primer lugar, Dios, habiendo resucitado a Su Siervo, lo ha enviado para que los bendiga, a fin de apartar a cada uno de ustedesde sus iniquidades».

Salmo 52

Para el director del coro. Masquil de David, cuando fue Doeg el edomita e informó a Saúl, diciéndole: «David está en casa de Ahimelec».
1¿Por qué te glorías del mal, oh poderoso?
La misericordia de Dios es constante.
2Tu lengua trama destrucción
Como afilada navaja, oh artífice de engaño.
3Amas el mal más que el bien,
La mentira más que decir lo que es justo. (Selah)
4Amas toda palabra destructora,
Oh lengua de engaño.
5¶Pero Dios te destruirá para siempre;
Te arrebatará y te arrancará de tu tienda,
Y te desarraigará de la tierra de los vivientes. (Selah)
6Los justos verán esto y temerán,
Y se reirán de él, diciendo:
7«Ese es el hombre que no quiso hacer de Dios su refugio,
Sino que confió en la abundancia de sus riquezas
Y se hizo fuerte en sus malos deseos».
8¶Pero yo soy como olivo verde en la casa de Dios;
En la misericordia de Dios confío eternamente y para siempre.
9Te daré gracias para siempre por lo que has hecho,
Y esperaré en Tu nombre, porque esbueno delante de Tus santos.

Proverbios 11

1La balanza falsa es abominación al Señor,
Pero el peso cabal es Su deleite.
2Cuando viene la soberbia, viene también la deshonra;
Pero la sabiduría está con los humildes.
3La integridad de los rectos los guiará,
Pero la perversidad de los traidores los destruirá.
4De nada sirven las riquezas el día de la ira,
Pero la justicia libra de la muerte.
5La justicia del íntegro enderezará su camino,
Pero el impío caerá por su propia impiedad.
6La justicia de los rectos los librará,
Pero los traidores en su codicia serán atrapados.
7Cuando muere el hombre impío, su esperanza se acaba,
Y la expectación de los poderosos perece.
8El justo es librado de tribulación,
Y el impío toma su lugar.
9Con la boca el impío destruye a su prójimo,
Pero por el conocimiento los justos serán librados.
10Con el bien de los justos, se regocija la ciudad,
Y cuando perecen los impíos, hay gritos de alegría.
11Por la bendición de los rectos, se enaltece la ciudad,
Pero por la boca de los impíos, es derribada.
12El que desprecia a su prójimo carece de entendimiento,
Pero el hombre prudente guarda silencio.
13El que anda en chismes revela secretos,
Pero el de espíritu leal oculta las cosas.
14Donde no hay buen consejo, el pueblo cae,
Pero en la abundancia de consejeros está la victoria.
15Ciertamente sufrirá el que sale fiador por un extraño,
Pero el que odia salir fiador está seguro.
16La mujer agraciada alcanza honra,
Y los poderosos alcanzan riquezas.
17El hombre misericordioso se hace bien a sí mismo,
Pero el cruel a sí mismo se hace daño.
18El impío gana salario engañoso,
Pero el que siembra justicia recibe verdadera recompensa.
19El que persiste en la justicia alcanzará la vida,
Y el que va en pos del mal, su propia muerte.
20Los de corazón perverso son abominación al Señor,
Pero los de camino intachable son Su deleite.
21Ciertamente el malvado no quedará sin castigo,
Pero la descendencia de los justos será librada.
22Como anillo de oro en el hocico de un cerdo
Es la mujer hermosa que carece de discreción.
23El deseo de los justos es solo el bien,
Pero la esperanza de los malvados es la ira.
24Hay quien reparte, y le es añadido más,
Y hay quien retiene lo que es justo, solo para venir a menos.
25El alma generosa será prosperada,
Y el que riega será también regado.
26Al que retiene el grano, el pueblo lo maldecirá,
Pero habrá bendición sobre la cabeza del que lo vende.
27El que con diligencia busca el bien, se procura favor,
Pero el que busca el mal, este le vendrá.
28El que confía en sus riquezas, caerá,
Pero los justos prosperarán como la hoja verde.
29El que turba su casa, heredará viento,
Y el necio será siervo del sabio de corazón.
30El fruto del justo es árbol de vida,
Y el que gana almas es sabio.
31Si el justo es recompensado en la tierra,
¡Cuánto más el impío y el pecador!

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