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Día 354 de 365 · 20 de diciembre

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Amós 9

1Vi al Señor de pie junto al altar, y me dijo:
«Golpea los capiteles para que se estremezcan los umbrales,
Y rómpelos sobre la cabeza de todos.
Entonces mataré a espada al resto de ellos;
No habrá entre ellos fugitivo que huya,
Ni refugiado de ellos que escape.
2-»Aunque caven hasta el Seol,
De allí los tomará Mi mano;
Y aunque suban al cielo,
De allí los haré bajar.
3-»Aunque se escondan en la cumbre del Carmelo,
Allí los buscaré y los tomaré;
Aunque se oculten de Mis ojos en el fondo del mar,
Allí ordenaré a la serpiente que los muerda.
4-»Aunque vayan al cautiverio delante de sus enemigos,
Allí ordenaré a la espada que los mate,
Y pondré sobre ellos Mis ojos para mal y no para bien».
5¶El Señor, Dios de los ejércitos,
El que toca la tierra, y esta se derrite,
Y se lamentan todos los que en ella habitan,
Sube toda ella como el Nilo
Y disminuye como el Nilo de Egipto;
6El que edifica en los cielos Sus altos aposentos,
Y sobre la tierra ha establecido Su bóveda;
El que llama a las aguas del mar
Y las derrama sobre la superficie de la tierra:
El Señor es Su nombre.
7¶«¿No son ustedes para Mí como hijos de Etiopía,
Oh israelitas?», declara el Señor.
«¿No hice Yo subir a Israel de la tierra de Egipto
Y a los filisteos de Caftor y a los arameos de Kir?
8-»Por eso los ojos del Señor Dios están sobre el reino pecador,
Y voy a destruirlo de sobre la superficie de la tierra;
Sin embargo, no destruiré totalmente a la casa de Jacob», declara el Señor.
9«Porque Yo daré un mandato,
Y zarandearé a la casa de Israel entre todas las naciones,
Como se zarandea el grano en la criba,
Sin que caiga ni un grano en tierra.
10-»A espada morirán todos los pecadores de Mi pueblo,
Los que dicen: “No nos alcanzará ni se nos acercará la desgracia”.
11¶»En aquel día levantaré el tabernáculo caído de David,
Repararé sus brechas,
Levantaré sus ruinas,
Y lo reedificaré como en el tiempo pasado,
12Para que tomen posesión del remanente de Edom
Y de todas las naciones donde se invoca Mi nombre»,
Declara el Señor, que hace esto.
13¶«Vienen días», declara el Señor,
«Cuando el arador alcanzará al segador,
Y el que pisa la uva al que siembra la semilla;
Cuando destilarán vino dulce los montes,
Y todas las colinas se derretirán.
14-»Restauraré el bienestar de Mi pueblo Israel,
Y ellos reedificarán las ciudades asoladas y habitarán en ellas;
También plantarán viñas y beberán su vino,
Y cultivarán huertos y comerán sus frutos.
15-»Los plantaré en su tierra,
Y no serán arrancados jamás de la tierra
Que les he dado»,
Dice el Señortu Dios.

Abdías 1

1Visión de Abdías.
Así dice el Señor Dios acerca de Edom:
«Hemos oído un mensaje del Señor,
Y un mensajero ha sido enviado a las naciones, a decirles:
-»Levántense y alcémonos contra Edom en batalla».
2«Yo te haré pequeño entre las naciones;
Despreciado eres en gran manera.
3-»La soberbia de tu corazón te ha engañado,
Tú que habitas en las hendiduras de la peña,
En las alturas de tu morada;
Que dices en tu corazón:
“¿Quién me derribará por tierra?”.
4-»Aunque te remontes como el águila,
Y aunque entre las estrellas pongas tu nido,
De allí te derribaré», declara el Señor.
5«Si vinieran a ti ladrones
O salteadores de noche
(¡Cómo quedarías arruinado!),
¿No robarían solo hasta que les bastara?
Si vinieran a ti vendimiadores,
¿No dejarían algunos rebuscos?
6-»¡Cómo será escudriñado Esaú,
Y rebuscados sus tesoros escondidos!
7-»Hasta la frontera te echarán
Todos tus aliados;
Te engañarán, te dominarán
Los que están en paz contigo;
Los que comen tu pan
Tenderán emboscada contra ti.
(No hay entendimiento en él.)
8-»¿No destruiré en aquel día»,
Declara el Señor, «a los sabios de Edom
Y el entendimiento del monte de Esaú?
9-»Entonces tus valientes serán atemorizados, oh Temán,
De modo que todo hombre será cortado del monte de Esaú con muerte violenta.
10¶»Por la violencia contra tu hermano Jacob,
Te cubrirá la vergüenza,
Y serás cortado para siempre.
11-»El día que te pusiste a un lado,
El día en que extraños se llevaban su riqueza,
Y extranjeros entraban por su puerta
Y sobre Jerusalén echaban suertes,
Tú también eras como uno de ellos.
12-»No te alegres en el día de tu hermano,
En el día de su exterminio.
No te alegres de los hijos de Judá
En el día de su destrucción.
Sí, no te jactes
En el día de su angustia.
13-»No entres por la puerta de Mi pueblo
En el día de su ruina.
Sí, no te alegres tú de su desgracia
En el día de su ruina;
No te apoderes de sus riquezas
En el día de su ruina.
14-»No aceches en la encrucijada
Para exterminar a sus fugitivos,
Y no entregues a sus sobrevivientes
En el día de su angustia.
15¶»Porque se acerca el día del Señor sobre todas las naciones.
Como tú has hecho, te será hecho;
Tus acciones recaerán sobre tu cabeza.
16-»Como ustedes bebieron en Mi santo monte,
Así beberán continuamente todas las naciones.
Beberán y tragarán,
Y serán como si no hubieran sido.
17-»Pero en el monte Sión quedará un remanente,
Y será lugar santo,
Y la casa de Jacob volverá a tomar sus posesiones.
18-»Entonces la casa de Jacob será un fuego,
Y la casa de José una llama,
Y hojarasca la casa de Esaú.
Los quemarán y los consumirán,
Y no quedará sobreviviente alguno de la casa de Esaú»,
Porque el Señor ha hablado.
19Entonces los del Neguev poseerán el monte de Esaú,
Y los de la Sefela, la llanura de los filisteos;
Poseerán también el territorio de Efraín y el territorio de Samaria,
Y Benjamín poseerá Galaad.
20Y los desterrados de este ejército de los israelitas
Que están entre los cananeos hasta Sarepta,
Y los desterrados de Jerusalén que están en Sefarad,
Poseerán las ciudades del Neguev.
21Los libertadores subirán al monte Sión
Para juzgar al monte de Esaú,
Y el reino será del Señor.

Hechos 5

1Pero cierto hombre llamado Ananías, con Safira su mujer, vendió una propiedad, 2y se quedó con parte del precio, sabiéndolo también su mujer; y trayendo la otra parte, la puso a los pies de los apóstoles.
3Pero Pedro dijo: «Ananías, ¿por qué ha llenado Satanás tu corazón para mentir al Espíritu Santo, y quedarte con parte del precio del terreno? 4Mientras estaba sin venderse, ¿no te pertenecía? Y después de vendida, ¿no estaba bajo tu poder? ¿Por qué concebiste este asunto en tu corazón? No has mentido a los hombres sino a Dios».
5Al oír Ananías estas palabras, cayó y expiró; y vino un gran temor sobre todos los que lo supieron. 6Entonces los jóvenes se levantaron y lo cubrieron, y sacándolo, le dieron sepultura.
7Como tres horas después entró su mujer, no sabiendo lo que había sucedido. 8Y Pedro le preguntó: «Dime, ¿vendieron el terreno en tal precio?». «Sí, ese fue el precio», dijo ella. 9Entonces Pedro le dijo: «¿Por qué se pusieron de acuerdo para poner a prueba al Espíritu del Señor? Mira, los pies de los hombres que sepultaron a tu marido están a la puerta, y te sacarán también a ti». 10Al instante ella cayó a los pies de él, y expiró. Al entrar los jóvenes, la hallaron muerta; entonces la sacaron y le dieron sepultura junto a su marido. 11Y vino un gran temor sobre toda la iglesia y sobre todos los que supieron estas cosas.
12Por mano de los apóstoles se realizaban muchas señales y prodigios entre el pueblo; y acostumbraban a estar todos de común acuerdo en el pórtico de Salomón. 13Pero ninguno de los demás se atrevía a juntarse con ellos; sin embargo, el pueblo los tenía en gran estima.
14Y más y más creyentes en el Señor, multitud de hombres y de mujeres, se añadían constantemente al número de ellos, 15a tal punto que aun sacaban a los enfermos a las calles y los tendían en lechos y camillas, para que al pasar Pedro, siquiera su sombra cayera sobre alguno de ellos. 16También la gente de las ciudades en los alrededores de Jerusalén acudía trayendo enfermos y atormentados por espíritus inmundos, y todos eran sanados.
17Pero levantándose el sumo sacerdote, y todos los que estaban con él, (es decir, la secta de los saduceos), se llenaron de celo. 18Entonces echaron mano a los apóstoles y los pusieron en una cárcel pública. 19Pero durante la noche, un ángel del Señor, abrió las puertas de la cárcel y sacándolos, les dijo: 20«Vayan, preséntense en el templo, y hablen al pueblo todo el mensaje de esta Vida».
21Habiendo oído esto, al amanecer entraron en el templo y enseñaban. Cuando llegaron el sumo sacerdote y los que estaban con él, convocaron al Concilio, es decir, a todo el Senado de los israelitas. Y mandaron traer de la cárcel a los apóstoles. 22Pero los guardias que fueron no los encontraron en la cárcel; volvieron, pues, y les informaron: 23«Encontramos la cárcel cerrada con toda seguridad y los guardias de pie a las puertas; pero cuando abrimos, a nadie hallamos dentro».
24Cuando oyeron estas palabras el capitán de la guardia del templo y los principales sacerdotes, se quedaron muy perplejos a causa de ellas, pensando en qué terminaría aquello. 25Pero alguien se presentó y les informó: «Miren, los hombres que pusieron en la cárcel están en el templo enseñando al pueblo».
26Entonces el capitán fue con los guardias y los trajo sin violencia porque temían al pueblo, no fuera que los apedrearan. 27Cuando los trajeron, los pusieron ante el Concilio, y el sumo sacerdote los interrogó: 28«Les dimos órdenes estrictas de no continuar enseñando en este Nombre, y han llenado a Jerusalén con sus enseñanzas, y quieren traer sobre nosotros la sangre de este Hombre».
29Pero Pedro y los apóstoles respondieron: «Debemos obedecer a Dios en vez de obedecer a los hombres. 30El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús, a quien ustedes mataron y colgaron en una cruz. 31A Él Dios lo exaltó a Su diestra como Príncipe y Salvador, para dar arrepentimiento a Israel, y perdón de pecados. 32Y nosotros somos testigos de estas cosas; y también el Espíritu Santo, el cual Dios ha dado a los que le obedecen».
33Cuando ellos oyeron esto, se sintieron profundamente ofendidos y querían matarlos. 34Pero cierto fariseo llamado Gamaliel, maestro de la ley, respetado por todo el pueblo, se levantó en el Concilio y ordenó que sacaran fuera a los apóstoles por un momento.
35Entonces les dijo: «Hombres de Israel, tengan cuidado de lo que van a hacer con estos hombres. 36Porque hace algún tiempo Teudas se levantó pretendiendo ser alguien; y un grupo como de 400 hombres se unió a él. Y fue muerto, y todos los que lo seguían fueron dispersos y reducidos a nada. 37Después de él, se levantó Judas de Galilea en los días del censo, y llevó mucha gente tras sí; él también pereció, y todos los que lo seguían se dispersaron.
38»Por tanto, en este caso les digo que no tengan nada que ver con estos hombres y déjenlos en paz, porque si este plan o acción es de los hombres, perecerá; 39pero si es de Dios, no podrán destruirlos; no sea que se hallen luchando contra Dios».
40Ellos aceptaron su consejo, y después de llamar a los apóstoles, los azotaron y les ordenaron que no hablaran más en el nombre de Jesús y los soltaron. 41Los apóstoles, pues, salieron de la presencia del Concilio, regocijándose de que hubieran sido considerados dignos de sufrir afrenta por Su Nombre. 42Y todos los días, en el templo y de casa en casa, no cesaban de enseñar y proclamar el evangelio de Jesús como el Cristo.

Salmo 54

Para el director del coro; con instrumentos de cuerda. Masquil de David, cuando los zifeos vinieron y dijeron a Saúl: «¿No está David escondido entre nosotros?».
1¡Sálvame! Oh Dios, por Tu nombre,
Y hazme justicia con Tu poder.
2Escucha mi oración, oh Dios,
Presta oído a las palabras de mi boca.
3Porque extraños se han levantado contra mí,
Y hombres violentos buscan mi vida;
No han puesto a Dios delante de sí. (Selah)
4¶Pero Dios es el que me ayuda;
El Señor es el que sostiene mi alma.
5Él devolverá el mal a mis enemigos;
Destrúyelos por Tu fidelidad.
6¶Voluntariamente sacrificaré a Ti;
Alabaré Tu nombre, oh Señor, porque es bueno.
7Porque Él me ha librado de toda angustia,
Y mis ojos han visto a mis enemigos derrotados.

Proverbios 13

1El hijo sabio acepta la disciplina de su padre,
Pero el insolente no escucha la reprensión.
2Del fruto de su boca el hombre comerá el bien,
Pero el deseo de los traidores es la violencia.
3El que guarda su boca, preserva su vida;
El que mucho abre sus labios, termina en ruina.
4El alma del perezoso desea mucho, pero nada consigue,
Sin embargo, el alma de los diligentes queda satisfecha.
5El justo aborrece la falsedad,
Pero el impío causa repugnancia y vergüenza.
6La justicia guarda al íntegro en su camino,
Pero la maldad destruye al pecador.
7Hay quien pretende ser rico, y nada tiene;
Hay quien pretende ser pobre, y tiene una gran fortuna.
8El rescate de la vida de un hombre está en sus riquezas,
Pero el pobre no oye amenazas.
9La luz de los justos brilla alegremente,
Pero la lámpara de los impíos se apaga.
10Por la soberbia solo viene la contienda,
Pero con los que reciben consejos está la sabiduría.
11La fortuna obtenida con fraude disminuye,
Pero el que la recoge con trabajo la aumenta.
12La esperanza que se demora enferma el corazón,
Pero el deseo cumplido es árbol de vida.
13El que desprecia la palabra pagará por ello,
Pero el que teme el mandamiento será recompensado.
14La enseñanza del sabio es fuente de vida,
Para apartarse de los lazos de la muerte.
15El buen entendimiento produce favor,
Pero el camino de los malvados es difícil.
16Todo hombre prudente obra con conocimiento,
Pero el necio ostenta necedad.
17El mensajero perverso cae en la adversidad,
Pero el enviado fiel trae sanidad.
18Pobreza y vergüenza vendrán al que desprecia la instrucción,
Pero el que acepta la reprensión será honrado.
19Deseo cumplido es dulzura para el alma,
Pero es abominación para los necios el apartarse del mal.
20El que anda con sabios será sabio,
Pero el compañero de los necios sufrirá daño.
21A los pecadores los persigue el mal,
Pero los justos serán recompensados con el bien.
22El hombre bueno deja herencia a los hijos de sus hijos,
Pero la riqueza del pecador está reservada para el justo.
23El terreno de los pobres tiene mucho de comer,
Pero se pierde por la injusticia.
24El que evita la vara odia a su hijo,
Pero el que lo ama lo disciplina con diligencia.
25El justo come hasta saciar su alma,
Pero el vientre de los impíos sufre escasez.

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