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Día 355 de 365 · 21 de diciembre

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Jonás 1

1La palabra del Señor vino a Jonás, hijo de Amitai: 2«Levántate, ve a Nínive, la gran ciudad, y proclama contra ella, porque su maldad ha subido hasta Mí». 3Jonás se levantó, pero para huir a Tarsis, lejos de la presencia del Señor. Y descendiendo a Jope, encontró un barco que iba a Tarsis, pagó el pasaje y entró en él para ir con ellos a Tarsis, lejos de la presencia del Señor.
4Pero el Señor desató sobre el mar un fuerte viento, y hubo una tempestad tan grande en el mar que el barco estuvo a punto de romperse. 5Los marineros tuvieron miedo y cada uno clamaba a su dios; y arrojaron al mar la carga que estaba en el barco para aligerarlo. Pero Jonás había bajado a la bodega del barco, se había acostado y dormía profundamente. 6El capitán se le acercó y le dijo: «¿Cómo es que estás durmiendo? ¡Levántate, invoca a tu Dios! Quizás tu Dios piense en nosotros y no pereceremos». 7Y cada uno dijo a su compañero: «Vengan, echemos suertes para saber por causa de quién nos ha venido esta calamidad». Y echaron suertes, y cayó la suerte sobre Jonás. 8Entonces le dijeron: «Decláranos ahora por causa de quién nos ha venido esta calamidad. ¿Qué oficio tienes, y de dónde vienes? ¿Cuál es tu tierra, y de qué pueblo eres?». 9Él les respondió: «Soy hebreo, y temo al Señor Dios del cielo, que hizo el mar y la tierra».
10Los hombres se atemorizaron en gran manera y le dijeron: «¿Qué es esto que has hecho?». Porque ellos sabían que él huía de la presencia del Señor, por lo que él les había declarado. 11Ellos le preguntaron: «¿Qué haremos contigo para que el mar se calme alrededor nuestro?». Pues el mar se embravecía más y más. 12Y él les respondió: «Tómenme y láncenme al mar, y el mar se calmará alrededor de ustedes, pues yo sé que por mi causa ha venido esta gran tempestad sobre ustedes». 13Los hombres se pusieron a remar con afán para volver a tierra firme, pero no pudieron, porque el mar seguía embraveciéndose contra ellos. 14Entonces invocaron al Señor, y dijeron: «Te rogamos, oh Señor, no permitas que perezcamos ahora por causa de la vida de este hombre, ni pongas sobre nosotros sangre inocente; porque Tú, Señor, has hecho como has deseado».
15Tomaron, pues, a Jonás y lo lanzaron al mar; y el mar cesó en su furia. 16Y aquellos hombres temieron en gran manera al Señor; ofrecieron un sacrificio al Señor y le hicieron votos.
17 Y el Señordispuso un gran pez que se tragara a Jonás; y Jonás estuvo en el vientre del pez tres días y tres noches.

Jonás 2

1 Entonces Jonás oró al Señor su Dios desde el vientre del pez, 2y dijo:
«En mi angustia clamé al Señor,
Y Él me respondió.
Desde el seno del Seol pedí auxilio,
Y Tú escuchaste mi voz.
3-»Pues me habías echado a lo profundo,
En el corazón de los mares,
Y la corriente me envolvió;
Todas tus encrespadas olas y tus ondas pasaron sobre mí.
4-»Entonces dije: “He sido expulsado de delante de Tus ojos;
Sin embargo, volveré a mirar hacia Tu santo templo”.
5-»Me rodearon las aguas hasta el alma,
El gran abismo me envolvió,
Las algas se enredaron en mi cabeza.
6-»Descendí hasta las raíces de los montes,
La tierra con sus cerrojos me ponía cerco para siempre;
Pero Tú sacaste de la fosa mi vida, oh Señor, Dios mío.
7-»Cuando en mí desfallecía mi alma,
Del Señor me acordé;
Y mi oración llegó hasta Ti,
Hasta Tu santo templo.
8-»Los que confían en ídolos vanos
Su propia misericordia abandonan.
9-»Pero yo con voz de acción de gracias
Te ofreceré sacrificios.
Lo que prometí, pagaré.
La salvación es del Señor».
10Entonces el Señor dio orden al pez, y estevomitó a Jonás en tierra firme.

Hechos 6

1Por aquellos días, al multiplicarse el número de los discípulos, surgió una queja de parte de los judíos helenistas en contra de los judíos nativos, porque sus viudas eran desatendidas en la distribución diaria de los alimentos.
2Entonces los doce convocaron a la congregación de los discípulos, y dijeron: «No es conveniente que nosotros descuidemos la palabra de Dios para servir mesas. 3Por tanto, hermanos, escojan de entre ustedes siete hombres de buena reputación, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, a quienes podamos encargar esta tarea. 4Y nosotros nos entregaremos a la oración y al ministerio de la palabra».
5Lo propuesto tuvo la aprobación de toda la congregación, y escogieron a Esteban, un hombre lleno de fe y del Espíritu Santo, y a Felipe, a Prócoro, a Nicanor, a Timón, a Parmenas y a Nicolás, un prosélito de Antioquía. 6A estos los presentaron ante los apóstoles, y después de orar, pusieron sus manos sobre ellos.
7Y la palabra de Dios crecía, y el número de los discípulos se multiplicaba en gran manera en Jerusalén, y muchos de los sacerdotes obedecían a la fe.
8Esteban, lleno de gracia y de poder, hacía grandes prodigios y señales entre el pueblo. 9Pero algunos de la sinagoga llamada de los Libertos, incluyendo tanto cireneos como alejandrinos, y algunos de Cilicia y de Asia, se levantaron y discutían con Esteban. 10Pero no podían resistir a la sabiduría y al Espíritu con que hablaba.
11Entonces, en secreto persuadieron a algunos hombres para que dijeran: «Le hemos oído hablar palabras blasfemas contra Moisés y contra Dios». 12Y alborotaron al pueblo, a los ancianos y a los escribas, y cayendo sobre él, lo arrestaron y lo trajeron al Concilio. 13Presentaron testigos falsos que dijeron: «Este hombre continuamente habla en contra de este lugar santo y de la ley; 14porque le hemos oído decir que este Nazareno, Jesús, destruirá este lugar, y cambiará las tradiciones que Moisés nos dejó».
15Y al fijar la mirada en él, todos los que estaban sentados en el Conciliovieron su rostro como el rostro de un ángel.

Salmo 55

Para el director del coro; con instrumentos de cuerda. Masquil de David.
1Escucha, oh Dios, mi oración,
Y no te escondas de mi súplica.
2Atiéndeme y respóndeme;
Conmovido estoy en mi queja y muy conturbado,
3A causa de la voz del enemigo,
Por la opresión del impío;
Porque echan iniquidad sobre mí,
Y con furia me persiguen.
4¶Angustiado está mi corazón dentro de mí,
Y sobre mí han caído los terrores de la muerte.
5Terror y temblor me invaden,
Y horror me ha cubierto.
6Y dije: «¡Quién me diera alas como de paloma!
Volaría y hallaría reposo.
7-»Ciertamente huiría muy lejos;
Moraría en el desierto. (Selah)
8Me apresuraría a buscar mi lugar de refugio
Contra el viento borrascoso y la tempestad».
9¶Confunde, Señor, divide sus lenguas,
Porque he visto violencia y rencilla en la ciudad.
10Día y noche la rondan sobre sus muros,
Y en medio de ella hay iniquidad y malicia.
11Hay destrucción en medio de ella,
Y la opresión y el engaño no se alejan de sus calles.
12¶Porque no es un enemigo el que me reprocha,
Si así fuera, podría soportarlo;
Ni es uno que me odia el que se ha alzado contra mí,
Si así fuera, podría ocultarme de él;
13Sino tú, que eres mi igual,
Mi compañero, mi íntimo amigo;
14Nosotros que juntos teníamos dulce comunión,
Que con la multitud andábamos en la casa de Dios.
15Que la muerte sorprenda a mis enemigos,
Que desciendan vivos al Seol,
Porque la maldad está en su morada, en medio de ellos.
16¶En cuanto a mí, a Dios invocaré,
Y el Señor me salvará.
17Tarde, mañana y mediodía me lamentaré y gemiré,
Y Él oirá mi voz.
18En paz redimirá mi alma de la guerra que hay contra mí,
Pues son muchos los que están contra mí.
19Dios oirá y les responderá,
Él, que reina desde la antigüedad, (Selah)
Porque no hay cambio en ellos
Ni temen a Dios.
20Aquel ha extendido sus manos contra los que estaban en paz con él,
Ha violado su pacto.
21Las palabras de su boca eran más blandas que la mantequilla,
Pero en su corazón había guerra;
Más suaves que el aceite eran sus palabras,
Sin embargo, eran espadas desnudas.
22¶Echa sobre el Señor tu carga, y Él te sustentará;
Él nunca permitirá que el justo sea sacudido.
23Pero Tú, oh Dios, harás caer a los malvados en el pozo de la destrucción;
Los hombres sanguinarios y engañadores no vivirán la mitad de sus días;
Pero yo en Ti confiaré.

Proverbios 14

1La mujer sabia edifica su casa,
Pero la necia la derriba con sus manos.
2El que anda en rectitud teme al Señor,
Pero el de perversos caminos lo desprecia.
3En la boca del necio hay una vara para su espalda,
Pero los labios de los sabios los protegerán.
4Donde no hay bueyes, el pesebre está limpio,
Pero mucho rendimiento se obtiene por la fuerza del buey.
5El testigo veraz no mentirá,
Pero el testigo falso habla mentiras.
6El insolente busca sabiduría y no la halla,
Pero para el hombre entendido el conocimiento es fácil.
7Apártate de la presencia del necio,
Porque en él no discernirás palabras de conocimiento.
8La sabiduría del prudente está en entender su camino,
Pero la necedad de los necios es engaño.
9Los necios se ríen del pecado,
Pero entre los rectos hay buena voluntad.
10El corazón conoce su propia amargura,
Y un extraño no comparte su alegría.
11La casa de los impíos será destruida,
Pero la tienda de los rectos florecerá.
12Hay camino que al hombre le parece derecho,
Pero al final, es camino de muerte.
13Aun en la risa, el corazón puede tener dolor,
Y el final de la alegría puede ser tristeza.
14El de corazón descarriado se saciará de sus caminos,
Pero el hombre bueno estará satisfecho con el suyo.
15El simple todo lo cree,
Pero el prudente mira bien sus pasos.
16El sabio teme y se aparta del mal,
Pero el necio es arrogante y descuidado.
17El hombre pronto a la ira obra neciamente,
Y el hombre de malos designios es aborrecido.
18Los simples heredan necedad,
Pero los prudentes son coronados de conocimiento.
19Los malos se inclinarán ante los buenos,
Y los impíos, a las puertas del justo.
20Aun por su vecino es odiado el pobre,
Pero muchos son los que aman al rico.
21El que desprecia a su prójimo peca,
Pero es feliz el que se apiada de los pobres.
22¿No se perderán los que traman el mal?
Pero misericordia y verdad recibirán los que planean el bien.
23En todo trabajo hay ganancia,
Pero el vano hablar conduce solo a la pobreza.
24La corona de los sabios es su riqueza,
Pero la necedad de los necios es insensatez.
25El testigo veraz salva vidas,
Pero el que habla mentiras es traidor.
26En el temor del Señor hay confianza segura,
Y a los hijos dará refugio.
27El temor del Señor es fuente de vida,
Para evadir los lazos de la muerte.
28En la multitud del pueblo está la gloria del rey,
Pero en la falta de pueblo está la ruina del príncipe.
29El lento para la ira tiene gran prudencia,
Pero el que es irascible ensalza la necedad.
30Un corazón apacible es vida para el cuerpo,
Pero las pasiones son podredumbre de los huesos.
31El que oprime al pobre afrenta a su Hacedor,
Pero el que se apiada del necesitado lo honra.
32El impío es derribado por su maldad,
Pero el justo tiene un refugio cuando muere.
33En el corazón del prudente reposa la sabiduría,
Pero en medio de los necios no se da a conocer.
34La justicia engrandece a la nación,
Pero el pecado es afrenta para los pueblos.
35El favor del rey es para el siervo que obra sabiamente,
Pero su enojo es contra el que obra vergonzosamente.

Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © The Lockman Foundation — cortesía de YouVersion.

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