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Día 356 de 365 · 22 de diciembre

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TAMAÑO

Jonás 3

1La palabra del Señor vino por segunda vez a Jonás: 2«Levántate, ve a Nínive, la gran ciudad, y proclama en ella el mensaje que Yo te diré». 3Y Jonás se levantó y fue a Nínive conforme a la palabra del Señor. Nínive era una ciudad muy grande, de un recorrido de tres días. 4Entonces Jonás comenzó a recorrer la ciudad camino de un día, y proclamaba: «Dentro de cuarenta días Nínive será arrasada».
5Entonces los habitantes de Nínive creyeron en Dios, y proclamaron ayuno y se vistieron de cilicio desde el mayor hasta el menor de ellos. 6Cuando llegó la noticia al rey de Nínive, se levantó de su trono, se despojó de su manto, se cubrió de cilicio y se sentó sobre ceniza. 7Y mandó proclamar y anunciar en Nínive, por decreto del rey y de sus grandes: «Ni hombre ni animal, ni buey ni oveja prueben cosa alguna. No dejen que pasten o beban agua. 8Cúbranse de cilicio hombres y animales, y clamen a Dios con fuerza, y vuélvase cada uno de su mal camino y de la violencia que hay en sus manos. 9¡Quién sabe! Quizá Dios se vuelva, se arrepienta y aparte el ardor de Su ira, y no perezcamos».
10Cuando Dios vio sus acciones, que se habían apartado de su mal camino, entonces Dios se arrepintió del mal que había dicho que les haría, y no lohizo.

Jonás 4

1Pero esto desagradó a Jonás en gran manera, y se enojó. 2Y oró al Señor: «¡Ah Señor! ¿No era esto lo que yo decía cuando aún estaba en mi tierra? Por eso me anticipé a huir a Tarsis. Porque yo sabía que Tú eres un Dios clemente y compasivo, lento para la ira y rico en misericordia, y que te arrepientes del mal anunciado. 3Y ahora, oh Señor, te ruego que me quites la vida, porque mejor me es la muerte que la vida». 4Y el Señor dijo: «¿Tienes acaso razón para enojarte?».
5Entonces salió Jonás de la ciudad y se sentó al oriente de la misma. Allí se hizo un cobertizo y se sentó bajo la sombra de él, hasta ver qué sucedería en la ciudad. 6Y el Señor Dios dispuso que una planta creciera sobre Jonás para que hiciera sombra sobre su cabeza y lo librara de su incomodidad. Y Jonás se alegró grandemente por la planta. 7Pero al rayar el alba del día siguiente Dios dispuso que un gusano atacara la planta, y esta se secó. 8Y sucedió que al salir el sol, Dios dispuso un sofocante viento del este, y el sol hirió la cabeza de Jonás, así que él desfallecía, y con toda su alma deseaba morir, y decía: «Mejor me es la muerte que la vida».
9Entonces Dios le preguntó a Jonás: «¿Tienes acaso razón para enojarte por causa de la planta?». «Tengo mucha razón para enojarme hasta la muerte», le respondió. 10Entonces el Señor le dijo: «Tú te apiadaste de la planta por la que no trabajaste ni hiciste crecer, que nació en una noche y en una noche pereció, 11¿y no he de apiadarme Yo de Nínive, la gran ciudad, en la que hay más de 120,000 personas que no saben distinguir entre su derecha y su izquierda, y tambiénmuchos animales?».

Hechos 7

1El sumo sacerdote dijo: «¿Es esto así?».
2Esteban respondió: «Escúchenme, hermanos y padres. El Dios de gloria apareció a nuestro padre Abraham cuando estaba en Mesopotamia, antes que habitara en Harán, 3y le dijo: “Sal de tu tierra y de tu familia, y ve a la tierra que Yo te mostraré”.
4»Entonces Abraham salió de la tierra de los caldeos y se estableció en Harán. Y de allí, después de la muerte de su padre, Dios lo trasladó a esta tierra en la cual ahora ustedes habitan. 5No le dio en ella heredad, ni siquiera la medida de la planta del pie, y sin embargo, aunque no tenía hijo, prometió que se la daría en posesión a él y a su descendencia después de él. 6Y Dios dijo así: “Que sus descendientes serían extranjeros en una tierra extraña, y que serían esclavizados y maltratados por 400 años. 7Pero Yo mismo juzgaré a cualquier nación de la cual sean esclavos”, dijo Dios, “y después de eso saldrán y me servirán en este lugar”. 8Dios le dio el pacto de la circuncisión; y así Abraham vino a ser el padre de Isaac, y lo circuncidó al octavo día; e Isaac vino a ser el padre de Jacob, y Jacob de los doce patriarcas.
9»Los patriarcas tuvieron envidia de José y lo vendieron para Egipto. Pero Dios estaba con él, 10y lo rescató de todas sus aflicciones. Le dio gracia y sabiduría delante de Faraón, rey de Egipto, y este lo puso por gobernador sobre Egipto y sobre toda su casa.
11»Entonces vino hambre sobre todo Egipto y Canaán, y con ella gran aflicción, y nuestros padres no hallaban alimentos. 12Pero cuando Jacob supo que había grano en Egipto, envió a nuestros padres allá la primera vez. 13En la segunda visita, José se dio a conocer a sus hermanos, y conoció Faraón la familia de José. 14José, enviando mensaje, mandó llamar a Jacob su padre y a toda su familia, en total setenta y cinco personas.
15»Y Jacob descendió a Egipto, y allí murió él y también nuestros padres. 16De allí fueron trasladados a Siquem, y puestos en el sepulcro que por una suma de dinero había comprado Abraham a los hijos de Hamor en Siquem.
17»Pero a medida que se acercaba el tiempo de la promesa que Dios había confirmado a Abraham, el pueblo crecía y se multiplicaba en Egipto, 18hasta que surgió otro rey en Egipto que no sabía nada de José. 19Este rey, obrando con astucia contra nuestro pueblo, maltrató a nuestros padres, a fin de que expusieran a la muerte a sus niños para que no vivieran.
20»Fue por ese tiempo que Moisés nació. Era hermoso a la vista de Dios, y fue criado por tres meses en la casa de su padre. 21Después de ser abandonado para morir, la hija de Faraón se lo llevó y lo crió como su propio hijo. 22Moisés fue instruido en toda la sabiduría de los egipcios, y era un hombre poderoso en palabras y en hechos.
23»Pero cuando iba a cumplir la edad de cuarenta años, sintió en su corazón el deseo de visitar a sus hermanos, los israelitas. 24Al ver que uno de ellos era tratado injustamente, lo defendió y vengó al oprimido, matando al egipcio. 25Pensaba que sus hermanos entendían que Dios les estaba dando libertad por medio de él, pero ellos no entendieron.
26»Al día siguiente se les presentó, cuando dos de ellos reñían, y trató de poner paz entre ellos, diciendo: “Varones, ustedes son hermanos, ¿por qué se hieren el uno al otro?”. 27Pero el que estaba hiriendo a su prójimo lo empujó, diciendo: “¿Quién te ha puesto por gobernante y juez sobre nosotros? 28¿Acaso quieres matarme como mataste ayer al egipcio?”. 29Al oír estas palabras, Moisés huyó y se convirtió en extranjero en la tierra de Madián, donde fue padre de dos hijos.
30»Pasados cuarenta años, se le apareció un ángel en el desierto del monte Sinaí, en la llama de una zarza que ardía. 31Al ver esto, Moisés se maravillaba de la visión, y al acercarse para ver mejor, vino a él la voz del Señor: 32“Yo soy el Dios de tus padres, el Dios de Abraham, de Isaac, y de Jacob”. Moisés temblando, no se atrevía a mirar.
33»Pero el Señor le dijo: “Quítate las sandalias de los pies, porque el lugar donde estás es tierra santa. 34Ciertamente he visto la opresión de Mi pueblo en Egipto y he oído sus gemidos, y he descendido para librarlos; ven ahora y te enviaré a Egipto”.
35Este Moisés, a quien ellos rechazaron, diciendo: “¿Quién te ha puesto por gobernante y juez?” es el mismo que Dios envió para ser gobernante y libertador con la ayuda del ángel que se le apareció en la zarza. 36Este hombre los sacó, haciendo prodigios y señales en la tierra de Egipto, en el mar Rojo y en el desierto por cuarenta años.
37»Este es el mismo Moisés que dijo a los israelitas: “Dios les levantará un profeta como yo de entre sus hermanos”. 38Este es el que estaba en la congregación en el desierto junto con el ángel que le hablaba en el monte Sinaí, y con nuestros padres, y el que recibió palabras de vida para transmitirlas a ustedes, 39al cual nuestros padres no quisieron obedecer, sino que lo repudiaron, y en sus corazones desearon regresar a Egipto, 40diciendo a Aarón: “Haznos dioses que vayan delante de nosotros, porque a este Moisés que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos lo que le haya pasado”.
41»En aquellos días hicieron un becerro y ofrecieron sacrificio al ídolo, y se regocijaban en las obras de sus manos. 42Pero Dios se apartó de ellos y los entregó para que sirvieran al ejército del cielo, como está escrito en el libro de los profetas: “¿Acaso fue a Mí a quien ofrecieron víctimas y sacrificios en el desierto por cuarenta años, casa de Israel? 43También llevaron el tabernáculo de Moloc, y la estrella del dios Renfan, las imágenes que hicieron para adorarlas. Yo también los deportaré más allá de Babilonia”.
44»Nuestros padres tuvieron el tabernáculo del testimonio en el desierto, tal como le había ordenado que lo hiciera el que habló a Moisés, conforme al modelo que había visto. 45A su vez, habiéndolo recibido, nuestros padres lo introdujeron con Josué al tomar posesión de las naciones que Dios arrojó de delante de nuestros padres, hasta los días de David. 46Y David halló gracia delante de Dios, y pidió el favor de hallar una morada para el Dios de Jacob. 47Pero fue Salomón quien le edificó una casa.
48»Sin embargo, el Altísimo no habita en casas hechas por manos de hombres; como dice el profeta:
49“El cielo es Mi trono,
Y la tierra el estrado de Mis pies;
¿Qué casa me edificarán?”, dice el Señor,
“¿O cuál es el lugar de Mi reposo?
50-”¿No fue Mi mano la que hizo todas estas cosas?”.
51»Ustedes, que son tercos e incircuncisos de corazón y de oídos, resisten siempre al Espíritu Santo; como hicieron sus padres, así hacen también ustedes. 52¿A cuál de los profetas no persiguieron sus padres? Ellos mataron a los que antes habían anunciado la venida del Justo, del cual ahora ustedes se hicieron traidores y asesinos; 53ustedes que recibieron la ley por disposición de ángeles y sin embargo no la guardaron».
54Al oír esto, se sintieron profundamente ofendidos, y crujían los dientes contra él. 55Pero Esteban, lleno del Espíritu Santo, fijos los ojos en el cielo, vio la gloria de Dios y a Jesús de pie a la diestra de Dios; 56y dijo: «Veo los cielos abiertos, y al Hijo del Hombre de pie a la diestra de Dios».
57Entonces ellos gritaron a gran voz, y tapándose los oídos se lanzaron a una contra él. 58Echándolo fuera de la ciudad, comenzaron a apedrearlo; y los testigos pusieron sus mantos a los pies de un joven llamado Saulo. 59Y mientras lo apedreaban, Esteban invocaba al Señor y decía: «Señor Jesús, recibe mi espíritu».
60Cayendo de rodillas, clamó en alta voz: «Señor, no les tomes en cuenta este pecado». Habiendo dicho esto, durmió.

Salmo 56

Para el director del coro; según la tonada de «La paloma silenciosa de los que están lejos». Mictam de David cuando los filisteos lo prendieron en Gat.
1Ten piedad de mí, oh Dios, porque el hombre me ha pisoteado;
Me oprime combatiéndome todo el día.
2Mis enemigos me han pisoteado todo el día,
Porque muchos son los que con soberbia pelean contra mí.
3El día en que temo,
Yo en Ti confío.
4En Dios, cuya palabra alabo,
En Dios he confiado, no temeré.
¿Qué puede hacerme el hombre?
5Todo el día pervierten mis palabras;
Todos sus pensamientos contra mí son para mal.
6Atacan, se esconden,
Espían mis pasos,
Como esperando para quitarme la vida.
7Por causa de la iniquidad, arrójalos,
En Tu ira humilla a los pueblos, oh Dios.
8¶Tú has tomado en cuenta mi vida errante;
Pon mis lágrimas en Tu frasco;
¿Acaso no están en Tu libro?
9Entonces mis enemigos retrocederán el día en que yo te invoque.
Esto sé: que Dios está a favor mío.
10En Dios, cuya palabra alabo,
En el Señor, cuya palabra honro;
11En Dios he confiado, no temeré.
¿Qué puede hacerme el hombre?
12Están sobre mí, oh Dios, los votos que te hice;
Ofrendas de acción de gracias te ofreceré.
13Pues Tú has librado mi alma de la muerte,
Y mis pies de tropiezo,
Para que yo pueda andar delante de Dios
En la luz de la vida.

Proverbios 15

1La suave respuesta aparta el furor,
Pero la palabra hiriente hace subir la ira.
2La lengua del sabio hace grato el conocimiento,
Pero la boca de los necios habla necedades.
3En todo lugar están los ojos del Señor,
Observando a los malos y a los buenos.
4La lengua apacible es árbol de vida,
Pero la perversidad en ella quebranta el espíritu.
5El necio rechaza la disciplina de su padre,
Pero es prudente el que acepta la reprensión.
6 En la casa del justo hay mucha riqueza,
Pero en las ganancias del impío hay turbación.
7Los labios de los sabios esparcen conocimiento,
Pero no así el corazón de los necios.
8El sacrificio de los impíos es abominación al Señor,
Pero la oración de los rectos es Su deleite.
9Abominación al Señor es el camino del impío,
Pero Él ama al que sigue la justicia.
10La disciplina severa es para el que abandona el camino;
El que aborrece la reprensión morirá.
11El Seol y el Abadón están delante del Señor,
¡Cuánto más los corazones de los hombres!
12El insolente no ama al que lo reprende,
Ni se allegará a los sabios.
13El corazón gozoso alegra el rostro,
Pero en la tristeza del corazón se quebranta el espíritu.
14El corazón inteligente busca conocimiento,
Pero la boca de los necios se alimenta de necedades.
15Todos los días del afligido son malos,
Pero el de corazón alegre tiene un banquete continuo.
16Mejor es poco con temor del Señor,
Que gran tesoro con turbación.
17Mejor es un plato de legumbres donde hay amor,
Que buey engordado con odio.
18El hombre irascible provoca riñas,
Pero el lento para la ira apacigua pleitos.
19El camino del perezoso es como un seto de espinos,
Pero la senda de los rectos es una calzada.
20El hijo sabio alegra al padre,
Pero el hombre necio desprecia a su madre.
21La necedad es alegría para el insensato,
Pero el hombre inteligente anda rectamente.
22Sin consulta, los planes se frustran,
Pero con muchos consejeros, triunfan.
23El hombre se alegra con la respuesta adecuada,
Y una palabra a tiempo, ¡cuán agradable es!
24La senda de la vida para el sabio es hacia arriba
Para que se aparte del Seol que está abajo.
25El Señor derribará la casa de los soberbios,
Pero afianzará los linderos de la viuda.
26Abominación al Señor son los planes perversos,
Pero son puras las palabras agradables.
27Perturba su casa el que tiene ganancias ilícitas,
Pero el que aborrece el soborno, vivirá.
28El corazón del justo medita cómo responder,
Pero la boca de los impíos habla lo malo.
29El Señor está lejos de los impíos,
Pero escucha la oración de los justos.
30La luz de los ojos alegra el corazón,
Y las buenas noticias fortalecen los huesos.
31Aquel cuyo oído escucha las reprensiones de la vida
Morará entre los sabios.
32El que tiene en poco la disciplina se desprecia a sí mismo,
Pero el que escucha las reprensiones adquiere entendimiento.
33El temor del Señor es instrucción de sabiduría,
Y antes de la gloria está la humildad.

Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © The Lockman Foundation — cortesía de YouVersion.

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