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Día 357 de 365 · 23 de diciembre

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Miqueas 1

1Palabra del Señor que vino a Miqueas de Moréset en los días de Jotam, Acaz y Ezequías, reyes de Judá; lo que vio acerca de Samaria y Jerusalén.
2Oigan, pueblos todos,
Escucha, tierra y cuanto hay en ti;
Sea el Señor Dios testigo contra ustedes,
El Señor desde Su santo templo.
3Porque el Señor sale de Su lugar,
Y descenderá y caminará sobre las alturas de la tierra.
4Debajo de Él los montes se derretirán,
Y los valles se partirán,
Como la cera ante el fuego,
Como las aguas derramadas por una pendiente.
5Todo esto por la rebelión de Jacob
Y por los pecados de la casa de Israel.
¿Cuál es la rebelión de Jacob?
¿No es Samaria?
¿Cuál es el lugar alto de Judá?
¿No es Jerusalén?
6Haré, pues, de Samaria un montón de ruinas en el campo,
Lugares para plantar viñas;
Derramaré sus piedras por el valle,
Y pondré al descubierto sus cimientos.
7Todos sus ídolos serán destrozados,
Y todas sus ganancias serán quemadas por el fuego.
Destruiré todas sus imágenes,
Porque las obtuvo de ganancias de ramera,
Y a ganancias de ramera volverán.
8¶Por eso me lamentaré y gemiré,
Andaré descalzo y desnudo.
Daré aullidos como los chacales
Y lamentos como los avestruces.
9Porque es incurable su herida,
Pues ha llegado hasta Judá;
Se ha acercado hasta la puerta de mi pueblo,
Hasta Jerusalén.
10En Gat no lo anuncien,
Tampoco lloren.
En Bet le Afrá revuélcate en el polvo.
11Vete al cautiverio, habitante de Safir, en vergonzosa desnudez.
La que habita en Zaanán no escapa.
La lamentación de Bet Esel es
Que Él quitará de ustedes su apoyo.
12Porque se debilita esperando el bien
La que habita en Marot,
Pues la calamidad ha descendido del Señor
Hasta la puerta de Jerusalén.
13Ata al carro los corceles,
Habitante de Laquis
(Ella fue el principio de pecado
Para la hija de Sión);
Porque en ti fueron halladas
Las rebeliones de Israel.
14Por tanto, darás presentes de despedida
A Moréset Gat;
Las casas de Aczib serán un engaño
Para los reyes de Israel.
15Además, traeré contra ti
Al que toma posesión,
Oh habitante de Maresa.
Hasta Adulam se irá la gloria de Israel.
16Arráncate los cabellos y aféitate
Por los hijos de tus delicias;
Ensancha tu calva como la del buitre,
Porque irán al cautiverio lejos de ti.

Miqueas 2

1¡Ay de los que planean la iniquidad,
Los que traman el mal en sus camas!
Al clarear la mañana lo ejecutan,
Porque está en el poder de sus manos.
2Codician campos y se apoderan de ellos,
Codician casas y las toman.
Roban al dueño y a su casa,
Al hombre y a su heredad.
3Por tanto, así dice el Señor:
«Estoy planeando traer contra esta familia un mal,
Del cual no librarán su cuello.
No andarán erguidos,
Porque será un tiempo malo.
4-»En aquel día se dirá contra ustedes un refrán
Y se proferirá esta amarga lamentación:
“Hemos sido totalmente destruidos;
Él ha cambiado la porción de mi pueblo.
¡Cómo me la ha quitado!
Al infiel ha repartido nuestros campos”.
5-»Por tanto, no habrá quién eche el cordel para ustedes
Por sorteo en la asamblea del Señor.
6¶“No profeticen”, dicen, y profetizan.
Aunque ellos no profeticen acerca de estas cosas,
No serán retenidos los reproches.
7-»¿No se dice, oh casa de Jacob:
“¿Es impaciente el Espíritu del Señor?
¿Son estas Sus obras?”?
¿No hacen bien Mis palabras
Al que camina rectamente?
8-»Hace poco Mi pueblo se ha levantado como enemigo.
De sobre las vestiduras arrebatan el manto
A los que pasan confiados,
A los que vuelven de la guerra.
9-»A las mujeres de Mi pueblo arrojan
De la casa de sus delicias;
De sus hijos arrebatan Mi gloria para siempre.
10-»Levántense y marchen,
Pues este no es lugar de descanso
Por la impureza que trae destrucción,
Destrucción dolorosa.
11-»Si un hombre, andando tras el viento y la falsedad,
Hablara mentiras, diciendo:
“Les hablaré del vino y del licor”,
Ese sería el profeta para este pueblo.
12¶»Ciertamente los reuniré a todos, oh Jacob,
Ciertamente recogeré al remanente de Israel,
Los agruparé como ovejas en el redil;
Como rebaño en medio de su pastizal,
Harán estruendo por la multitud de hombres.
13-»El que abre brecha subirá delante de ellos;
Abrirán brecha, pasarán la puerta y saldrán por ella;
Su rey pasará delante de ellos,
Y el Señora su cabeza».

Hechos 8

1Y Saulo estaba de completo acuerdo con ellos en su muerte.
En aquel día se desató una gran persecución en contra de la iglesia en Jerusalén, y todos fueron esparcidos por las regiones de Judea y Samaria, excepto los apóstoles. 2Algunos hombres piadosos sepultaron a Esteban y lloraron a gran voz por él. 3Pero Saulo hacía estragos en la iglesia entrando de casa en casa, y arrastrando a hombres y mujeres, los echaba en la cárcel.
4Así que los que habían sido esparcidos iban predicando la palabra. 5Felipe, descendiendo a la ciudad de Samaria, les predicaba a Cristo. 6Y las multitudes unánimes prestaban atención a lo que Felipe decía, al oír y ver las señales que hacía. 7Porque de muchos que tenían espíritus inmundos, estos salían de ellos gritando a gran voz; y muchos que habían sido paralíticos y cojos eran sanados. 8Y había gran regocijo en aquella ciudad.
9Hacía tiempo que cierto hombre llamado Simón, estaba ejerciendo la magia en la ciudad y asombrando a la gente de Samaria, pretendiendo ser un gran personaje; 10y todos, desde el menor hasta el mayor, le prestaban atención, y decían: «Este es el que se llama el Gran Poder de Dios».
11Le prestaban atención porque por mucho tiempo los había asombrado con sus artes mágicas. 12Pero cuando creyeron a Felipe, que anunciaba las buenas nuevas del reino de Dios y el nombre de Cristo Jesús, se bautizaban, tanto hombres como mujeres. 13Y aun Simón mismo creyó; y después de bautizarse, continuó con Felipe, y estaba atónito al ver las señales y los grandes milagros que se hacían.
14Cuando los apóstoles que estaban en Jerusalén oyeron que Samaria había recibido la palabra de Dios, les enviaron a Pedro y a Juan, 15quienes descendieron y oraron por ellos para que recibieran el Espíritu Santo. 16Porque todavía no había descendido el Espíritu Santo sobre ninguno de ellos; solo habían sido bautizados en el nombre del Señor Jesús. 17Entonces Pedro y Juan les imponían las manos, y recibían el Espíritu Santo.
18Cuando Simón vio que el Espíritu se daba por la imposición de las manos de los apóstoles, les ofreció dinero, 19y les dijo: «Denme también a mí esta autoridad, de manera que todo aquel sobre quien ponga mis manos reciba el Espíritu Santo».
20Entonces Pedro le contestó: «Que tu plata perezca contigo, porque pensaste que podías obtener el don de Dios con dinero. 21No tienes parte ni suerte en este asunto, porque tu corazón no es recto delante de Dios. 22Por tanto, arrepiéntete de esta tu maldad, y ruega al Señor que si es posible se te perdone el intento de tu corazón. 23Porque veo que estás en hiel de amargura y en cadena de iniquidad».
24Pero Simón respondió: «Rueguen ustedes al Señor por mí, para que no me sobrevenga nada de lo que han dicho».
25Y ellos, después de haber testificado solemnemente y hablado la palabra del Señor, iniciaron el regreso a Jerusalén anunciando el evangelio en muchas aldeas de los samaritanos.
26Un ángel del Señor le dijo a Felipe: «Levántate y ve hacia el sur, al camino que desciende de Jerusalén a Gaza». Este es un camino desierto. 27Él se levantó y fue. Y había un eunuco etíope, alto oficial de Candace, reina de los etíopes, el cual estaba encargado de todos sus tesoros, que había venido a Jerusalén para adorar. 28Regresaba a su país sentado en su carruaje, y leía al profeta Isaías. 29Y el Espíritu dijo a Felipe: «Ve y júntate a ese carruaje».
30Cuando Felipe se acercó corriendo, le oyó leer al profeta Isaías, y le preguntó: «¿Entiende usted lo que lee?». 31El eunuco le respondió: «¿Cómo podré, a menos que alguien me guíe?». E invitó a Felipe a que subiera y se sentara con él. 32El pasaje de la Escritura que estaba leyendo era este:
«Como oveja fue llevado al matadero;
Y como cordero, mudo delante del que lo trasquila,
No abre Él Su boca.
33-»En Su humillación no se le hizo justicia;
¿Quién contará Su generación?
Porque Su vida es quitada de la tierra».
34El eunuco le dijo a Felipe: «Le ruego que me diga, ¿de quién dice esto el profeta? ¿De sí mismo, o de algún otro?». 35Entonces Felipe, comenzando con este pasaje de la Escritura, le anunció el evangelio de Jesús. 36Yendo por el camino, llegaron a un lugar donde había agua; y el eunuco dijo*: «Ahí hay agua. ¿Qué impide que yo sea bautizado?». 37Y Felipe le dijo: «Si usted cree con todo su corazón, puede». «Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios», respondió el eunuco.
38Y mandó parar el carruaje; ambos descendieron al agua, y Felipe lo bautizó. 39Al salir ellos del agua, el Espíritu del Señor arrebató a Felipe; y no lo vio más el eunuco, que continuó su camino gozoso. 40Pero Felipe se encontró en Azoto, y por donde pasaba, anunciaba el evangelio en todas las ciudades, hasta que llegó a Cesarea.

Salmo 57

Para el director del coro; según tonada de «No destruyas». Mictam de David, en la cueva, cuando huía de Saúl.
1Ten piedad de mí, oh Dios, ten piedad de mí,
Porque en Ti se refugia mi alma;
En la sombra de Tus alas me ampararé
Hasta que la destrucción pase.
2Clamaré al Dios Altísimo,
Al Dios que todo lo hace para mí.
3Él enviará desde los cielos y me salvará;
Él reprocha al que me pisotea. (Selah)
Dios enviará Su misericordia y Su verdad.
4¶Mi alma está entre leones;
Tengo que acostarme entre los que vomitan fuego;
Entre los hijos de los hombres, cuyos dientes son lanzas y saetas,
Y cuya lengua es espada afilada.
5Exaltado seas sobre los cielos, oh Dios;
Sea Tu gloria sobre toda la tierra.
6Han tendido una red para mis pasos;
Mi alma está abatida;
Han cavado una fosa delante de mí,
Pero ellos mismos han caído en medio de ella. (Selah)
7¶Firme está mi corazón, oh Dios, mi corazón está firme;
¡Cantaré y entonaré salmos!
8¡Despierta, gloria mía!
¡Despierten, arpa y lira!
¡A la aurora despertaré!
9Te alabaré entre los pueblos, Señor;
Te cantaré alabanzas entre las naciones.
10Porque grande, hasta los cielos, es Tu misericordia,
Y hasta el firmamento Tu verdad.
11Exaltado seas sobre los cielos, oh Dios;
Sobre toda la tierra seaTu gloria.

Proverbios 16

1Los propósitos del corazón son del hombre,
Pero la respuesta de la lengua es del Señor.
2Todos los caminos del hombre son limpios ante sus propios ojos,
Pero el Señor sondea los espíritus.
3Encomienda tus obras al Señor,
Y tus propósitos se afianzarán.
4Todas las cosas hechas por el Señor tienen su propio fin,
Hasta el impío, para el día del mal.
5Abominación al Señor es todo el que es altivo de corazón;
Ciertamente no quedará sin castigo.
6Con misericordia y verdad se expía la culpa,
Y con el temor del Señor el hombre se aparta del mal.
7Cuando los caminos del hombre son agradables al Señor,
Aun a sus enemigos hace que estén en paz con él.
8Mejor es poco con justicia,
Que gran ganancia con injusticia.
9La mente del hombre planea su camino,
Pero el Señor dirige sus pasos.
10Decisión divina hay en los labios del rey;
En el juicio no debe errar su boca.
11El peso y las balanzas justas son del Señor;
Todas las pesas de la bolsa son obra Suya.
12Es abominación para los reyes cometer iniquidad,
Porque el trono se afianza en la justicia.
13El agrado de los reyes son los labios justos,
Y amado será el que hable lo recto.
14El furor del rey es como mensajero de muerte,
Pero el hombre sabio lo aplacará.
15En el resplandor del rostro del rey hay vida,
Y su favor es como nube de lluvia tardía.
16Adquirir sabiduría, cuánto mejor que el oro,
Y adquirir inteligencia es preferible a la plata.
17La senda de los rectos es apartarse del mal;
El que guarda su camino preserva su alma.
18Delante de la destrucción va el orgullo,
Y delante de la caída, la arrogancia de espíritu.
19Mejor es ser de espíritu humilde con los pobres
Que dividir el botín con los soberbios.
20El que pone atención a la palabra hallará el bien,
Y el que confía en el Señor es bienaventurado.
21El sabio de corazón será llamado prudente,
Y la dulzura de palabras aumenta la persuasión.
22El entendimiento es fuente de vida para el que lo posee,
Pero la instrucción de los necios es necedad.
23El corazón del sabio enseña a su boca
Y añade persuasión a sus labios.
24Panal de miel son las palabras agradables,
Dulces al alma y salud para los huesos.
25Hay camino que al hombre le parece derecho,
Pero al final es camino de muerte.
26El apetito del trabajador para él trabaja,
Porque su boca lo impulsa.
27El hombre indigno planea el mal,
Y sus palabras son como fuego abrasador.
28El hombre perverso provoca pleitos,
Y el chismoso separa a los mejores amigos.
29El hombre violento provoca a su prójimo
Y lo guía por camino que no es bueno.
30El que guiña los ojos lo hace para tramar perversidades;
El que aprieta los labios ya hizo el mal.
31La cabeza canosa es corona de gloria,
Y se encuentra en el camino de la justicia.
32Mejor es el lento para la ira que el poderoso,
Y el que domina su espíritu que el que toma una ciudad.
33La suerte se echa en el regazo,
Pero del Señor viene todadecisión.

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