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Día 358 de 365 · 24 de diciembre

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Miqueas 3

1Y dije:
«Oigan ahora, jefes de Jacob
Y gobernantes de la casa de Israel.
¿No corresponde a ustedes conocer la justicia?
2-»Ustedes que aborrecen lo bueno y aman lo malo,
Que le arrancan al pueblo la piel de encima
Y la carne de sobre sus huesos;
3Ustedes que comen la carne de mi pueblo,
Les quitan su piel,
Quiebran sus huesos,
Y los hacen pedazos como para la olla,
Como carne dentro de la caldera».
4Entonces clamarán al Señor,
Pero Él no les responderá;
Sino que esconderá de ellos Su rostro en aquel tiempo,
Porque han hecho malas obras.
5¶Así dice el Señor acerca de los profetas
Que hacen errar a mi pueblo,
Los cuales cuando tienen algo que morder,
Proclaman: «Paz».
Pero contra aquel que no les pone nada en la boca,
Declaran guerra santa.
6Por tanto, para ustedes será noche sin visión,
Y oscuridad sin adivinación.
Se pondrá el sol sobre los profetas,
Y se oscurecerá el día sobre ellos.
7Los videntes serán avergonzados,
Y confundidos los adivinos.
Todos ellos se cubrirán la boca
Porque no hay respuesta de Dios.
8Yo, en cambio, estoy lleno de poder,
Del Espíritu del Señor,
Y de juicio y de valor,
Para dar a conocer a Jacob su rebelión,
Y a Israel su pecado.
9Oigan ahora esto, jefes de la casa de Jacob
Y gobernantes de la casa de Israel,
Que aborrecen la justicia
Y tuercen todo lo recto,
10Que edifican a Sión con sangre
Y a Jerusalén con iniquidad.
11Sus jefes juzgan por soborno,
Sus sacerdotes enseñan por precio,
Sus profetas adivinan por dinero,
Y se apoyan en el Señor, diciendo:
«¿No está el Señor en medio de nosotros?
No vendrá sobre nosotros mal alguno».
12Por tanto, a causa de ustedes,
Sión será arada como un campo,
Jerusalén se convertirá en un montón de ruinas,
Y el monte del templo serácomo las alturas de un bosque.

Miqueas 4

1Y sucederá en los últimos días
Que el monte de la casa del Señor
Será establecido como cabeza de los montes;
Se elevará sobre las colinas,
Y correrán a él los pueblos.
2Vendrán muchas naciones y dirán:
«Vengan y subamos al monte del Señor,
A la casa del Dios de Jacob,
Para que Él nos instruya en Sus caminos,
Y nosotros andemos en Sus sendas».
Porque de Sión saldrá la ley,
Y de Jerusalén la palabra del Señor.
3Él juzgará entre muchos pueblos,
Y enjuiciará a naciones poderosas y lejanas;
Entonces forjarán sus espadas en rejas de arado
Y sus lanzas en podaderas.
No alzará espada nación contra nación,
Ni se adiestrarán más para la guerra.
4Cada uno se sentará bajo su parra
Y bajo su higuera,
Y no habrá quien los atemorice,
Porque la boca del Señor de los ejércitos ha hablado.
5Aunque todos los pueblos anden
Cada uno en el nombre de su dios,
Nosotros andaremos
En el nombre del Señor nuestro Dios para siempre.
6¶«En aquel día», declara el Señor,
«Reuniré a la coja
Y recogeré a la perseguida,
A las que Yo había maltratado.
7-»Haré de la coja un remanente,
Y de la perseguida una nación fuerte.
Y el Señor reinará sobre ellos en el monte Sión
Desde ahora y para siempre.
8-»Y tú, torre del rebaño,
Colina de la hija de Sión,
Hasta ti vendrá,
Vendrá el antiguo dominio,
El reino de la hija de Jerusalén.
9¶»Ahora, ¿por qué gritas tan fuerte?
¿No hay rey en ti?
¿Ha perecido tu consejero,
Que el dolor te aflige como a mujer de parto?
10-»Retuércete y gime,
Hija de Sión,
Como mujer de parto,
Porque ahora saldrás de la ciudad
Y habitarás en el campo,
E irás hasta Babilonia.
Allí serás rescatada,
Allí te redimirá el Señor
De la mano de tus enemigos.
11-»Pero ahora se han juntado contra ti muchas naciones,
Que dicen: “Sea profanada,
Y que se deleiten en Sión nuestros ojos”.
12-»Pero ellos no conocen los pensamientos del Señor,
Ni comprenden Su propósito;
Porque los ha recogido como gavillas en la era.
13-»Levántate y trilla, hija de Sión,
Pues Yo haré tu cuerno de hierro
Y tus pezuñas de bronce,
Para que desmenuces a muchos pueblos,
Para que consagres al Señor su injusta ganancia,
Y sus riquezas al Señor de toda la tierra».

Hechos 9

1Saulo, respirando todavía amenazas y muerte contra los discípulos del Señor, fue al sumo sacerdote, 2y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, para que si encontraba algunos que pertenecieran al Camino, tanto hombres como mujeres, los pudiera llevar atados a Jerusalén.
3Y mientras viajaba, al acercarse a Damasco, de repente resplandeció a su alrededor una luz del cielo. 4Al caer a tierra, oyó una voz que le decía: «Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?».
5«¿Quién eres, Señor?», preguntó Saulo. El Señor respondió: «Yo soy Jesús a quien tú persigues; 6levántate, entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer».
7Los hombres que iban con él se detuvieron atónitos, oyendo la voz, pero sin ver a nadie. 8Saulo se levantó del suelo, y aunque sus ojos estaban abiertos, no veía nada; y llevándolo por la mano, lo trajeron a Damasco. 9Estuvo tres días sin ver, y no comió ni bebió.
10Había en Damasco cierto discípulo llamado Ananías; y el Señor le dijo en una visión: «Ananías». «Aquí estoy, Señor», contestó él. 11El Señor le dijo: «Levántate y ve a la calle que se llama Derecha, y pregunta en la casa de Judas por un hombre de Tarso llamado Saulo, porque él está orando, 12y ha visto en una visión a un hombre llamado Ananías, que entra y pone las manos sobre él para que recobre la vista».
13Pero Ananías respondió: «Señor, he oído de muchos acerca de este hombre, cuánto mal ha hecho a Tus santos en Jerusalén, 14y aquí tiene autoridad de los principales sacerdotes para prender a todos los que invocan Tu nombre».
15Pero el Señor le dijo: «Ve, porque él es Mi instrumento escogido, para llevar Mi nombre en presencia de los gentiles, de los reyes y de los israelitas; 16porque Yo le mostraré cuánto debe padecer por Mi nombre».
17Ananías fue y entró en la casa, y después de poner las manos sobre él, dijo: «Hermano Saulo, el Señor Jesús, que se te apareció en el camino por donde venías, me ha enviado para que recobres la vista y seas lleno del Espíritu Santo». 18Al instante cayeron de sus ojos como unas escamas, y recobró la vista; y se levantó y fue bautizado. 19Tomó alimentos y cobró fuerzas.
Y por varios días estuvo con los discípulos que estaban en Damasco.
20Enseguida se puso a predicar de Jesús en las sinagogas, diciendo: «Él es el Hijo de Dios». 21Y todos los que lo escuchaban estaban asombrados y decían: «¿No es este el que en Jerusalén destruía a los que invocaban este nombre, y el que había venido aquí con este propósito: para llevarlos atados ante los principales sacerdotes?». 22Pero Saulo seguía fortaleciéndose y confundiendo a los judíos que habitaban en Damasco, demostrando que este Jesús es el Cristo.
23Después de muchos días, los judíos tramaron deshacerse de él, 24pero su plan llegó al conocimiento de Saulo. Y aun vigilaban las puertas día y noche con el intento de matarlo; 25pero sus discípulos lo tomaron de noche y lo sacaron por una abertura en la muralla, bajándolo en una canasta.
26Cuando Saulo llegó a Jerusalén, trataba de juntarse con los discípulos; pero todos le temían, no creyendo que era discípulo. 27Pero Bernabé lo tomó y lo presentó a los apóstoles, y les contó cómo Saulo había visto al Señor en el camino, y que Él le había hablado, y cómo en Damasco había hablado con valor en el nombre de Jesús.
28Y estaba con ellos moviéndose libremente en Jerusalén, hablando con valor en el nombre del Señor. 29También hablaba y discutía con los judíos helenistas; pero estos intentaban matarlo. 30Pero cuando los hermanos lo supieron, lo llevaron a Cesarea, y de allí lo enviaron a Tarso.
31Entretanto la iglesia gozaba de paz por toda Judea, Galilea y Samaria, y era edificada; y andando en el temor del Señor y en la fortaleza del Espíritu Santo, seguía creciendo.
32Mientras Pedro viajaba por todas aquellas regiones, vino también a los santos que vivían en Lida. 33Allí encontró a un hombre llamado Eneas, que había estado postrado en cama por ocho años, porque estaba paralítico. 34Y Pedro le dijo: «Eneas, Jesucristo te sana; levántate y haz tu cama». Y al instante se levantó. 35Todos los que vivían en Lida y en Sarón lo vieron, y se convirtieron al Señor.
36Había entonces en Jope una discípula llamada Tabita, que traducido al griego es Dorcas; esta mujer era rica en obras buenas y de caridad que hacía continuamente. 37Y sucedió que en aquellos días se enfermó y murió; y lavado su cuerpo, lo pusieron en un aposento alto. 38Como Lida estaba cerca de Jope, los discípulos, al oír que Pedro estaba allí, le enviaron dos hombres, rogándole: «No tarde usted en venir a nosotros».
39Entonces Pedro se levantó y fue con ellos. Cuando llegó lo llevaron al aposento alto, y todas las viudas lo rodearon llorando, mostrando todas las túnicas y ropas que Dorcas solía hacer cuando estaba con ellas.
40Pero Pedro, haciendo salir a todos, se arrodilló y oró, y volviéndose al cadáver, dijo: «Tabita, levántate». Ella abrió los ojos, y al ver a Pedro, se incorporó. 41Él le dio la mano y la levantó; y llamando a los santos y a las viudas, la presentó viva. 42Esto se supo en todo Jope, y muchos creyeron en el Señor. 43Pedro se quedó en Jope muchos días con un tal Simón, que era curtidor.

Salmo 58

Para el director del coro; según tonada de «No destruyas». Mictam de David.
1¿Hablan ustedes en verdad justicia, oh poderosos?
¿Juzgan rectamente, hijos de los hombres?
2No, pues en el corazón cometen iniquidad;
La violencia de sus manos reparten en la tierra.
3Desde la matriz están desviados los impíos;
Desde su nacimiento se descarrían los que hablan mentiras.
4Tienen veneno como veneno de serpiente;
Son como una cobra sorda que cierra su oído,
5Que no oye la voz de los que encantan,
Ni siquiera al más diestro encantador.
6¶Oh Dios, rompe los dientes de su boca;
Quiebra las muelas de los leoncillos, Señor.
7Que se diluyan como las aguas que corren;
Cuando disparen sus flechas, que sean como si estuvieran sin punta.
8 Que sean como el caracol, que se disuelve según se arrastra,
Como los que nacen muertos, que nunca ven el sol.
9Antes que las ollas de ustedes puedan sentir el fuego de los espinos,
Tanto los verdes como los que arden, los barrerá Él con torbellino.
10¶El justo se alegrará cuando vea la venganza,
Se lavará los pies en la sangre de los impíos;
11Entonces los hombres dirán: «Ciertamente hay recompensa para el justo,
Ciertamente hay un Dios que juzga en la tierra».

Proverbios 17

1Mejor es un bocado seco y con él tranquilidad,
Que una casa llena de banquetes con discordia.
2El siervo prudente prevalecerá sobre el hijo sin honra,
Y con los hermanos participará de la herencia.
3El crisol es para la plata y el horno para el oro,
Pero el Señor prueba los corazones.
4El malhechor escucha a los labios perversos;
El mentiroso presta atención a la lengua detractora.
5El que se burla del pobre afrenta a su Hacedor;
El que se regocija de la desgracia no quedará sin castigo.
6Corona de los ancianos son los nietos,
Y la gloria de los hijos son sus padres.
7No convienen al necio las palabras elocuentes,
Mucho menos al príncipe los labios mentirosos.
8Talismán es el soborno a los ojos de su dueño;
Dondequiera que se vuelva, prospera.
9El que cubre una falta busca afecto,
Pero el que repite el asunto separa a los mejores amigos.
10La reprensión penetra más en el que tiene entendimiento
Que cien azotes en el necio.
11El rebelde solo busca el mal,
Y un cruel mensajero se enviará contra él.
12Mejor es encontrarse con una osa privada de sus cachorros,
Que con un necio en su necedad.
13Al que devuelve mal por bien,
El mal no se apartará de su casa.
14El comienzo del pleito es como el soltar de las aguas;
Deja, pues, la riña antes de que empiece.
15El que justifica al impío y el que condena al justo,
Ambos son igualmente abominación al Señor.
16¿De qué sirve el precio en la mano del necio para comprar sabiduría
Cuando no tiene entendimiento?
17En todo tiempo ama el amigo,
Y el hermano nace para tiempo de angustia.
18El hombre falto de entendimiento se compromete,
Y sale fiador a favor de su prójimo.
19El que ama la transgresión, ama el pleito;
El que alza su puerta, busca la destrucción.
20El de corazón perverso nunca encuentra el bien,
Y el de lengua pervertida cae en el mal.
21El que engendra un necio, para su tristeza lo engendra,
Y el padre del necio no tiene alegría.
22El corazón alegre es buena medicina,
Pero el espíritu quebrantado seca los huesos.
23El impío recibe soborno bajo el manto
Para pervertir las sendas del derecho.
24En presencia del que tiene entendimiento está la sabiduría,
Pero los ojos del necio están en los extremos de la tierra.
25El hijo necio es pesadumbre de su padre
Y amargura para la que lo dio a luz.
26Ciertamente no es bueno multar al justo,
Ni golpear a los nobles por su rectitud.
27El que retiene sus palabras tiene conocimiento,
Y el de espíritu sereno es hombre entendido.
28Aun el necio, cuando calla, es tenido por sabio,
Cuando cierra los labios, porprudente.

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