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Día 359 de 365 · 25 de diciembre

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Miqueas 5

1 Reúne ahora tus tropas, hija de guerreros;
Han puesto sitio contra nosotros.
Con una vara herirán en la mejilla al juez de Israel.
2 Pero tú, Belén Efrata,
Aunque eres pequeña entre las familias de Judá,
De ti me saldrá el que ha de ser gobernante en Israel.
Y sus orígenes son desde tiempos antiguos,
Desde los días de la eternidad.
3Por tanto, Él los abandonará hasta el tiempo
En que dé a luz la que ha de dar a luz.
Entonces el resto de sus hermanos
Volverá a los israelitas.
4Y Él se afirmará y pastoreará Su rebaño
Con el poder del Señor,
Con la majestad del nombre del Señor Su Dios.
Y permanecerán,
Porque en aquel tiempo Él será engrandecido
Hasta los confines de la tierra.
5Él será nuestra paz.
Cuando el asirio invada nuestra tierra,
Y cuando pisotee nuestros palacios,
Levantaremos contra él
Siete pastores y ocho príncipes del pueblo.
6Y ellos pastorearán la tierra de Asiria con espada,
La tierra de Nimrod en sus puertas;
Él nos librará del asirio
Cuando invada nuestra tierra
Y pisotee nuestro territorio.
7¶Entonces el remanente de Jacob,
En medio de muchos pueblos,
Será como rocío que viene del Señor,
Como lluvias sobre la hierba
Que no espera al hombre
Ni aguarda a los hijos de los hombres.
8El remanente de Jacob
Será entre las naciones,
En medio de muchos pueblos,
Como león entre las fieras de la selva,
Como leoncillo entre los rebaños de ovejas,
Que si pasa,
Pisotea y desgarra,
Y no hay quien libre.
9Se alzará tu mano contra tus adversarios,
Y todos tus enemigos serán exterminados.
10¶«Y sucederá en aquel día», declara el Señor,
«Que exterminaré tus caballos de en medio de ti,
También destruiré tus carros.
11-»Exterminaré además las ciudades de tu tierra,
Y derribaré todas tus fortalezas.
12-»Exterminaré las hechicerías de tu mano,
Y no tendrás más adivinos.
13-»Exterminaré tus imágenes talladas
Y tus pilares sagrados de en medio de ti,
Y ya no te postrarás más
Ante la obra de tus manos.
14-»Arrancaré tus Aseras de en medio de ti,
Y destruiré tus ciudades.
15-»Y con ira y furor tomaré venganza
De las naciones que no obedecieron».

Miqueas 6

1Oigan ahora lo que dice el Señor:
«Levántate, litiga con los montes,
Y oigan las colinas tu voz.
2-»Oigan, montes, la acusación del Señor,
Y ustedes, perdurables cimientos de la tierra,
Porque el Señor tiene litigio contra Su pueblo,
Y con Israel entablará juicio.
3-»Pueblo Mío, ¿qué te he hecho,
O en qué te he molestado? ¡Respóndeme!
4-»Pues Yo te hice subir de la tierra de Egipto,
Y de la casa de servidumbre te redimí,
Y envié delante de ti a Moisés, a Aarón y a Miriam.
5-»Pueblo Mío, acuérdate ahora
De lo que tramó Balac, rey de Moab,
Y de lo que le respondió Balaam, hijo de Beor,
Desde Sitim hasta Gilgal,
Para que conozcas las justicias del Señor».
6¶¿Con qué me presentaré al Señor
Y me postraré ante el Dios de lo alto?
¿Me presentaré delante de Él con holocaustos,
Con becerros de un año?
7¿Se agrada el Señor de millares de carneros,
De miríadas de ríos de aceite?
¿Ofreceré mi primogénito por mi rebeldía,
El fruto de mis entrañas por el pecado de mi alma?
8Él te ha declarado, oh hombre, lo que es bueno.
¿Y qué es lo que demanda el Señor de ti,
Sino solo practicar la justicia, amar la misericordia,
Y andar humildemente con tu Dios?
9¶La voz del Señor clamará a la ciudad
(Prudente es temer Tu nombre):
«Escucha, oh tribu, ¿quién ha señalado su tiempo?
10-»¿Hay todavía alguien en casa del impío
Con tesoros de impiedad
Y medida escasa que es maldita?
11-»¿Puedo justificar balanzas falsas
Y bolsa de pesas engañosas?
12-»Porque los ricos de la ciudad están llenos de violencia,
Sus habitantes hablan mentiras
Y su lengua es engañosa en su boca.
13-»Por eso Yo también te haré enfermar, hiriéndote,
Asolándote por tus pecados.
14-»Tú comerás, pero no te saciarás,
Y tu maldad estará en medio de ti.
Apartarás, pero nada salvarás,
Y lo que salves, Yo lo entregaré a la espada.
15-»Sembrarás, pero no segarás;
Pisarás la oliva, pero no te ungirás con aceite,
Y la uva, pero no beberás vino.
16-»Han sido guardados los estatutos de Omri
Y todas las obras de la casa de Acab,
Y andas en sus consejos.
Por tanto te entregaré a la destrucción,
Y a tus habitantes a la burla.
Ustedes tendrán que soportar el oprobio de Mi pueblo».

Hechos 10

1 Había en Cesarea un hombre llamado Cornelio, centurión de la cohorte llamada la Italiana, 2piadoso y temeroso de Dios con toda su casa, que daba muchas limosnas al pueblo judío y oraba a Dios continuamente. 3Como a la hora novena, vio claramente en una visión a un ángel de Dios que entraba a donde él estaba y le decía: «Cornelio». 4Mirándolo fijamente y atemorizado, Cornelio dijo: «¿Qué quieres, Señor?». Y el ángel le dijo: «Tus oraciones y limosnas han ascendido como memorial delante de Dios. 5Envía ahora algunos hombres a Jope, y manda traer a un hombre llamado Simón, que también se llama Pedro. 6Este se hospeda con un curtidor llamado Simón, cuya casa está junto al mar». 7Después que se había ido el ángel que le hablaba, Cornelio llamó a dos de los criados y a un soldado piadoso de los que constantemente le servían. 8Después de explicarles todo, los envió a Jope.
9Al día siguiente, mientras ellos iban por el camino y se acercaban a la ciudad, Pedro subió a la azotea a orar como al mediodía. 10Tuvo hambre y deseaba comer; pero mientras le preparaban algo de comer, le sobrevino un éxtasis. 11Vio* el cielo abierto y un objeto semejante a un gran lienzo que descendía, bajado a la tierra por las cuatro puntas. 12Había en él toda clase de cuadrúpedos y reptiles de la tierra, y aves del cielo.
13Y oyó una voz: «Levántate, Pedro, mata y come». 14Pero Pedro dijo: «De ninguna manera, Señor, porque yo jamás he comido nada impuro o inmundo». 15De nuevo, por segunda vez, llegó a él una voz: «Lo que Dios ha limpiado, no lo llames tú impuro». 16Esto sucedió tres veces, e inmediatamente el lienzo fue recogido al cielo.
17Mientras Pedro estaba perplejo pensando en lo que significaría la visión que había visto, en ese momento los hombres que habían sido enviados por Cornelio, después de haber preguntado por la casa de Simón, se aparecieron a la puerta. 18Y llamando, preguntaron si allí se hospedaba Simón, el que también se llamaba Pedro.
19Mientras Pedro meditaba sobre la visión, el Espíritu le dijo: «Mira, tres hombres te buscan. 20Levántate, pues, desciende y no dudes en acompañarlos, porque Yo los he enviado».
21Pedro descendió a donde estaban los hombres, y les dijo: «Yo soy el que buscan; ¿cuál es la causa por la que han venido?». 22Y ellos dijeron: «A Cornelio el centurión, un hombre justo y temeroso de Dios, y que es muy estimado por toda la nación de los judíos, le fue ordenado por un santo ángel que hiciera venir a usted a su casa para oír sus palabras». 23Entonces Pedro los invitó a entrar y los hospedó.
Al día siguiente se levantó y fue con ellos, y algunos de los hermanos de Jope lo acompañaron.
24Al otro día entró en Cesarea. Cornelio los estaba esperando y había reunido a sus parientes y amigos íntimos. 25Cuando Pedro iba a entrar, Cornelio salió a recibirlo, y postrándose a sus pies, lo adoró. 26Pero Pedro lo levantó, diciendo: «Ponte de pie; yo también soy hombre».
27Conversando con él, entró y halló* mucha gente reunida. 28Entonces Pedro les dijo: «Ustedes saben que no es lícito para un judío asociarse con un extranjero o visitarlo, pero Dios me ha mostrado que a ningún hombre debo llamar impuro o inmundo. 29Por eso, cuando mandaron a buscarme, vine sin poner ninguna objeción. Pregunto, pues, ¿por qué causa me han llamado?».
30Y Cornelio respondió: «Hace cuatro días, a esta misma hora, estaba yo orando en mi casa a la hora novena; y un hombre con vestiduras resplandecientes, se puso delante de mí, 31y dijo*: “Cornelio, tu oración ha sido oída, y tus obras de caridad han sido recordadas delante de Dios. 32Envía unos hombres a Jope, y haz llamar a Simón, que también se llama Pedro; él está hospedado en casa de Simón el curtidor, junto al mar”. 33Por tanto, al instante envié a buscarte, y has hecho bien en venir. Ahora, pues, todos nosotros estamos aquí presentes delante de Dios, para oír todo lo que el Señor te ha mandado».
34Entonces Pedro tomó la palabra, y dijo:
«Ciertamente ahora entiendo que Dios no hace acepción de personas, 35sino que en toda nación el que le teme y hace lo justo, le es acepto. 36El mensaje que Él envió al pueblo de Israel, predicando paz por medio de Jesucristo, que Él es Señor de todos.
37»Ustedes saben lo que ocurrió en toda Judea, comenzando desde Galilea, después del bautismo que Juan predicó, 38cómo Dios ungió a Jesús de Nazaret con el Espíritu Santo y con poder, el cual anduvo haciendo bien y sanando a todos los oprimidos por el diablo; porque Dios estaba con Él.
39»Nosotros somos testigos de todas las cosas que hizo en la tierra de los judíos y en Jerusalén. Y también le dieron muerte, colgándolo en una cruz. 40Pero Dios lo resucitó al tercer día e hizo que se manifestara, 41no a todo el pueblo, sino a los testigos que fueron escogidos de antemano por Dios, es decir, a nosotros que comimos y bebimos con Él después que resucitó de los muertos.
42»Y nos mandó predicar al pueblo, y testificar con toda solemnidad que este Jesús es el que Dios ha designado como Juez de los vivos y de los muertos. 43De Él dan testimonio todos los profetas, de que por Su nombre, todo el que cree en Él recibe el perdón de los pecados».
44Mientras Pedro aún hablaba estas palabras, el Espíritu Santo cayó sobre todos los que escuchaban el mensaje. 45Todos los creyentes que eran de la circuncisión, que habían venido con Pedro, se quedaron asombrados, porque el don del Espíritu Santo había sido derramado también sobre los gentiles, 46pues los oían hablar en lenguas y exaltar a Dios. Entonces Pedro dijo:
47«¿Puede acaso alguien negar el agua para que sean bautizados estos que han recibido el Espíritu Santo lo mismo que nosotros?». 48Y mandó que fueran bautizados en el nombre de Jesucristo. Entonces le pidieron que se quedara con ellosunos días.

Salmo 59

Para el director del coro; según tonada de «No destruyas». Mictam de David, cuando Saúl envió hombres y vigilaron la casa para matarlo.
1Líbrame de mis enemigos, Dios mío;
Ponme a salvo en lo alto, lejos de los que se levantan contra mí.
2Líbrame de los que hacen iniquidad,
Y sálvame de los hombres sanguinarios.
3Porque han puesto emboscada contra mi vida;
Hombres feroces me atacan,
Pero no es por mi transgresión, ni por mi pecado, Señor.
4Sin culpa mía, corren y se preparan contra mí.
Despierta para ayudarme, y mira.
5Tú, Señor, Dios de los ejércitos, Dios de Israel,
Despierta para castigar a todas las naciones;
No tengas piedad de ningún malvado traidor. (Selah)
6Regresan al anochecer, aúllan como perros,
Y rondan por la ciudad.
7Mira, echan espuma por la boca;
Hay espadas en sus labios,
Pues dicen: «¿Quién oye?».
8Pero Tú, oh Señor, te ríes de ellos;
Te burlas de todas las naciones.
9A causa de su fuerza esperaré en Ti,
Porque Dios es mi baluarte.
10Mi Dios en Su misericordia vendrá a mi encuentro;
Dios me permitirá verme victorioso sobre mis enemigos.
11No los mates, para que mi pueblo no se olvide;
Dispérsalos con Tu poder, y humíllalos,
Oh Señor, escudo nuestro.
12 Por el pecado de su boca y la palabra de sus labios,
Sean presos en su orgullo,
Y a causa de las maldiciones y mentiras que profieren.
13Acábalos en Tu furor, acábalos, para que ya no existan;
Para que los hombres sepan que Dios gobierna en Jacob
Hasta los confines de la tierra. (Selah)
14Regresan al anochecer, aúllan como perros,
Y rondan por la ciudad;
15Merodean buscando qué devorar,
Y si no se sacian, gruñen.
16¶Pero yo cantaré de Tu poder;
Sí, gozoso cantaré por la mañana Tu misericordia;
Porque Tú has sido mi baluarte
Y refugio en el día de mi angustia.
17Oh fortaleza mía, a Ti cantaré alabanzas;
Porque mi baluarte es Dios, el Dios que me muestra misericordia.

Proverbios 18

1El que vive aislado busca su propio deseo,
Contra todo consejo se encoleriza.
2El necio no se deleita en la prudencia,
Sino solo en revelar su corazón.
3Cuando llega el impío, llega también el desprecio,
Y con la deshonra viene la afrenta.
4Aguas profundas son las palabras de la boca del hombre;
Arroyo que fluye, la fuente de la sabiduría.
5No es bueno mostrar preferencia por el impío,
Para ignorar al justo en el juicio.
6Los labios del necio provocan riña,
Y su boca llama a los golpes.
7La boca del necio es su ruina,
Y sus labios una trampa para su alma.
8Las palabras del chismoso son como bocados deliciosos,
Y penetran hasta el fondo de las entrañas.
9También el que es negligente en su trabajo
Es hermano del que destruye.
10El nombre del Señor es torre fuerte,
A ella corre el justo y está a salvo.
11La fortuna del rico es su ciudad fortificada,
Y como muralla alta en su imaginación.
12Antes de la destrucción el corazón del hombre es altivo,
Pero a la gloria precede la humildad.
13El que responde antes de escuchar,
Cosecha necedad y vergüenza.
14El espíritu del hombre puede soportar su enfermedad,
Pero el espíritu quebrantado, ¿quién lo puede sobrellevar?
15El corazón del prudente adquiere conocimiento,
Y el oído del sabio busca el conocimiento.
16La dádiva del hombre le abre camino
Y lo lleva ante la presencia de los grandes.
17Justo parece el primero que defiende su causa
Hasta que otro viene y lo examina.
18La suerte pone fin a los pleitos
Y decide entre los poderosos.
19El hermano ofendido es más difícil de ganar que una ciudad fortificada,
Y los pleitos son como cerrojos de fortaleza.
20Con el fruto de su boca el hombre sacia su vientre,
Con el producto de sus labios se saciará.
21Muerte y vida están en poder de la lengua,
Y los que la aman comerán su fruto.
22El que halla esposa halla algo bueno
Y alcanza el favor del Señor.
23El pobre habla suplicando,
Pero el rico responde con dureza.
24El hombre de muchos amigos se arruina,
Pero hay amigomás unido que un hermano.

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