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Día 37 de 365 · 6 de febrero

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Éxodo 23

1»No propagarás falso rumor. No te concertarás con el impío para ser testigo falso. 2No seguirás a la multitud para hacer el mal, ni testificarás en un pleito inclinándote a la multitud para pervertir la justicia. 3Tampoco serás parcial al pobre en su pleito.
4»Si encuentras extraviado el buey de tu enemigo o su asno, ciertamente se lo devolverás. 5Si ves caído debajo de su carga el asno de uno que te aborrece, no se lo dejarás a él solo, ciertamente lo ayudarás a levantarlo.
6»No pervertirás el derecho de tu hermano menesteroso en su pleito.
7»Aléjate de acusación falsa, y no mates al inocente ni al justo, porque Yo no absolveré al culpable. 8No aceptarás soborno, porque el soborno ciega aun al de vista clara y pervierte las palabras del justo.
9»No oprimirás al extranjero, porque ustedes conocen los sentimientos del extranjero, ya que ustedes también fueron extranjeros en la tierra de Egipto.
10»Seis años sembrarás tu tierra y recogerás su producto; 11pero el séptimo año la dejarás descansar, sin cultivar, para que coman los pobres de tu pueblo, y de lo que ellos dejen, coman los animales del campo. Lo mismo harás con tu viña y con tu olivar. 12Seis días trabajarás, pero el séptimo día dejarás de trabajar, para que descansen tu buey y tu asno, y para que el hijo de tu sierva, así como el extranjero renueven sus fuerzas.
13»Y en cuanto a todo lo que les he dicho, estén alerta; no mencionen ni se oiga en sus labios el nombre de otros dioses.
14»Tres veces al año me celebrarán fiesta. 15Guardarás la Fiesta de los Panes sin Levadura. Siete días comerás pan sin levadura, como Yo te mandé, en el tiempo señalado del mes de Abib, pues en él saliste de Egipto. Y nadie se presentará ante Mí con las manos vacías. 16También guardarás la fiesta de la siega de los primeros frutos de tus labores, de lo que siembres en el campo, y la fiesta de la cosecha al fin del año cuando recojas del campo el fruto de tu trabajo. 17Tres veces al año se presentarán todos tus varones delante del Señor Dios.
18»No ofrecerás la sangre de Mi sacrificio con pan leudado, ni la grasa de Mi fiesta quedará hasta la mañana. 19Traerás lo mejor de las primicias de tu tierra a la casa del Señor tu Dios. No cocerás el cabrito en la leche de su madre.
20»Yo enviaré un ángel delante de ti, para que te guarde en el camino y te traiga al lugar que Yo he preparado. 21Sé prudente delante de él y obedece su voz. No seas rebelde contra él, pues no perdonará la rebelión de ustedes, porque en él está Mi nombre. 22Pero si en verdad obedeces su voz y haces todo lo que Yo digo, entonces seré enemigo de tus enemigos y adversario de tus adversarios.
23»Pues Mi ángel irá delante de ti y te llevará a la tierra del amorreo, del hitita, del ferezeo, del cananeo, del heveo y del jebuseo; y los destruiré por completo. 24No adorarás sus dioses, ni los servirás, ni harás lo que ellos hacen; sino que los derribarás totalmente y harás pedazos sus pilares sagrados. 25Pero ustedes servirán al Señor su Dios. Él bendecirá tu pan y tu agua. Yo quitaré las enfermedades de en medio de ti. 26En tu tierra no habrá mujer que aborte ni que sea estéril. Haré que se cumpla el número de tus días.
27»Enviaré Mi terror delante de ti, y llenaré de confusión a todo pueblo donde llegues; y haré que todos tus enemigos vuelvan la espalda ante ti. 28Enviaré avispas delante de ti para que echen fuera de delante de ti a los heveos, a los cananeos y a los hititas. 29No los echaré de delante de ti en un solo año, a fin de que la tierra no quede desolada y se multipliquen contra ti las bestias del campo. 30Poco a poco los echaré de delante de ti, hasta que te multipliques y tomes posesión de la tierra.
31»Fijaré tus límites desde el mar Rojo hasta el mar de los filisteos, y desde el desierto hasta el río Éufrates. Porque en tus manos entregaré a los habitantes de esa tierra, y tú los echarás de delante de ti. 32No harás pacto con ellos ni con sus dioses. 33Ellos no habitarán en tu tierra, no sea que te hagan pecar contra Mí. Porque si sirves a sus dioses, ciertamente esto será tropezaderopara ti».

Éxodo 24

1Entonces Dios dijo a Moisés: «Sube hacia el Señor, tú y Aarón, Nadab y Abiú, y setenta de los ancianos de Israel, y adorarán desde lejos. 2Sin embargo, Moisés se acercará solo al Señor. Ellos no se acercarán, ni el pueblo subirá con él».
3Moisés vino y contó al pueblo todas las palabras del Señor y todas las ordenanzas. Todo el pueblo respondió a una voz, y dijo: «Haremos todas las palabras que el Señor ha dicho».
4Moisés escribió todas las palabras del Señor. Levantándose muy de mañana, edificó un altar al pie del monte, con doce columnas por las doce tribus de Israel. 5Y envió jóvenes israelitas, que ofrecieron holocaustos y sacrificaron novillos como ofrendas de paz al Señor. 6Moisés tomó la mitad de la sangre y la puso en vasijas, y la otra mitad de la sangre la roció sobre el altar.
7Luego tomó el libro del pacto y lo leyó a oídos del pueblo, y ellos dijeron: «Todo lo que el Señor ha dicho haremos y obedeceremos». 8Entonces Moisés tomó la sangre y la roció sobre el pueblo, y dijo: «Esta es la sangre del pacto que el Señor ha hecho con ustedes, según todas estas palabras».
9Y subió Moisés con Aarón, Nadab y Abiú, y setenta de los ancianos de Israel; 10y vieron al Dios de Israel. Debajo de Sus pies había como un embaldosado de zafiro, tan claro como el mismo cielo. 11Pero Él no extendió Su mano contra los príncipes de los israelitas. Ellos vieron a Dios, y comieron y bebieron.
12Y el Señor dijo a Moisés: «Sube hasta Mí, al monte, y espera allí, y te daré las tablas de piedra con la ley y los mandamientos que he escrito para instrucción de ellos». 13Moisés se levantó con Josué su ayudante, y subió Moisés al monte de Dios, 14y dijo a los ancianos: «Espérennos aquí hasta que volvamos a ustedes. Aarón y Hur estarán con ustedes. El que tenga algún asunto legal, acuda a ellos».
15Entonces Moisés subió al monte, y la nube cubrió el monte. 16Y la gloria del Señor reposó sobre el monte Sinaí, y la nube lo cubrió por seis días. Al séptimo día, Dios llamó a Moisés de en medio de la nube. 17A los ojos de los israelitas la apariencia de la gloria del Señor era como un fuego consumidor sobre la cumbre del monte. 18Moisés entró en medio de la nube, y subió al monte. Moisés estuvo en el monte cuarenta días y cuarenta noches.

Marcos 9

1Y Jesús les decía: «En verdad les digo que hay algunos de los que están aquí que no probarán la muerte hasta que vean el reino de Dios después de que haya venido con poder».
2Seis días después, Jesús tomó* con Él a Pedro, a Jacobo y a Juan, y los llevó* a ellos solos a un monte alto; y se transfiguró delante de ellos. 3Sus vestiduras se volvieron resplandecientes, muy blancas, tal como ningún lavandero sobre la tierra las puede blanquear. 4Y se les apareció Elías junto con Moisés, y estaban hablando con Jesús. 5Entonces Pedro dijo* a Jesús: «Rabí, bueno es que estemos aquí; hagamos tres enramadas, una para Ti, otra para Moisés y otra para Elías».
6Porque él no sabía qué decir, pues estaban aterrados. 7Entonces se formó una nube que los cubrió, y una voz salió de la nube: «Este es Mi Hijo amado; oigan a Él». 8Y enseguida miraron en derredor, pero ya no vieron a nadie con ellos, sino a Jesús solo.
9Cuando bajaban del monte, Jesús les ordenó que no contaran a nadie lo que habían visto, hasta que el Hijo del Hombre resucitara de entre los muertos. 10Y se guardaron para sí lo que fue dicho, discutiendo entre sí qué significaría eso de resucitar de entre los muertos. 11Le preguntaron a Jesús: «¿Por qué dicen los escribas que Elías debe venir primero?».
12 «Es cierto que Elías, al venir primero, restaurará todas las cosas», les dijo. «Y, sin embargo, ¿cómo está escrito del Hijo del Hombre que ha de padecer mucho y ser despreciado? 13Pero Yo les digo que Elías ya ha venido, y le hicieron cuanto quisieron, tal como está escrito de él».
14Cuando regresaron adonde estaban los otros discípulos, vieron una gran multitud que los rodeaba, y a unos escribas que discutían con ellos. 15Enseguida, cuando toda la multitud vio a Jesús, quedó sorprendida, y corriendo hacia Él, lo saludaban. 16«¿Qué discuten con ellos?», les preguntó.
17Y uno de la multitud le respondió: «Maestro, te he traído a mi hijo que tiene un espíritu mudo, 18y siempre que se apodera de él, lo derriba, y echa espumarajos, cruje los dientes y se va consumiendo. Dije a Tus discípulos que expulsaran al espíritu, pero no pudieron».
19Jesús les dijo*: «¡Oh generación incrédula! ¿Hasta cuándo estaré con ustedes? ¿Hasta cuándo los tendré que soportar? ¡Traigan al muchacho!». 20Y lo llevaron ante Él. Cuando el espíritu vio a Jesús, al instante sacudió con violencia al muchacho, y este, cayendo a tierra, se revolcaba echando espumarajos. 21Jesús preguntó al padre: «¿Cuánto tiempo hace que le sucede esto?». «Desde su niñez», respondió. 22«Muchas veces ese espíritu lo ha echado en el fuego y también en el agua para destruirlo. Pero si Tú puedes hacer algo, ten misericordia de nosotros y ayúdanos».
23 «¿Cómo “si Tú puedes?” », le dijo Jesús. «Todas las cosas son posibles para el que cree». 24Al instante el padre del muchacho gritó y dijo: «Creo; ayúdame en mi incredulidad». 25Cuando Jesús vio que la gente corría a reunirse, reprendió al espíritu inmundo, diciéndole: «Espíritu mudo y sordo, Yo te ordeno: sal de él y no vuelvas a entrar en él».
26Después de gritar y de sacudirlo con terribles convulsiones, el espíritu salió: y el muchacho quedó como muerto, tanto, que la mayoría de ellos decían: «¡Está muerto!». 27Pero Jesús, tomándolo de la mano, lo levantó, y él se puso en pie. 28Cuando Jesús entro en casa, Sus discípulos le preguntaban en privado: «¿Por qué nosotros no pudimos expulsarlo?». 29Jesús les dijo: «Esta clase con nada puede salir, sino con oración».
30Saliendo de allí, iban pasando por Galilea, y Él no quería que nadie lo supiera. 31Porque enseñaba a Sus discípulos, y les decía: «El Hijo del Hombre será entregado en manos de los hombres y lo matarán; y después de muerto, a los tres días resucitará». 32Pero ellos no entendían lo que les decía, y tenían miedo de preguntar a Jesús.
33Llegaron a Capernaúm; y estando ya en la casa, Jesús les preguntaba: «¿Qué discutían por el camino?». 34Pero ellos guardaron silencio, porque en el camino habían discutido entre sí quién de ellos era el mayor. 35Jesús se sentó, llamó a los doce discípulos y les dijo*: «Si alguien desea ser el primero, será el último de todos y el servidor de todos». 36Tomando a un niño, lo puso en medio de ellos; y tomándolo en los brazos les dijo: 37«El que reciba a un niño como este en Mi nombre, me recibe a Mí; y el que me recibe a Mí, no me recibe a Mí, sino a Aquel que me envió».
38«Maestro», dijo Juan, «vimos a uno echando fuera demonios en Tu nombre, y tratamos de impedírselo, porque no nos seguía». 39Pero Jesús dijo: «No se lo impidan, porque no hay nadie que haga un milagro en Mi nombre, y que pueda enseguida hablar mal de Mí. 40Pues el que no está contra nosotros, por nosotros está. 41Porque cualquiera que les dé a ustedes a beber un vaso de agua, por razón de su nombre como seguidores de Cristo, en verdad les digo que no perderá su recompensa. 42Cualquiera que haga pecar a uno de estos pequeñitos que creen en Mí, mejor le fuera si le hubieran atado al cuello una piedra de molino de las que mueve un asno, y lo hubieran echado al mar.
43 »Si tu mano te es ocasión de pecar , córtala; te es mejor entrar en la vida manco, que teniendo las dos manos ir al infierno , al fuego que no se apaga, 44donde el gusano de ellos no muere, y el fuego no se apaga. 45Y si tu pie te es ocasión de pecar, córtalo; te es mejor entrar cojo a la vida, que teniendo los dos pies ser echado al infierno, 46donde el gusano de ellos no muere, y el fuego no se apaga. 47Y si tu ojo te es ocasión de pecar, sácatelo; te es mejor entrar al reino de Dios con un solo ojo, que teniendo dos ojos ser echado al infierno, 48donde el gusano de ellos no muere, y el fuego no se apaga. 49Porque todos serán salados con fuego. 50La sal es buena; pero si la sal se vuelve insípida, ¿con qué la sazonarán? Tengan sal en ustedes y estén en paz los unos con los otros».

Salmo 37

Salmo de David.
1No te irrites a causa de los malhechores;
No tengas envidia de los que practican la iniquidad.
2Porque como la hierba pronto se secarán
Y se marchitarán como la hierba verde.
3Confía en el Señor, y haz el bien;
Habita en la tierra, y cultiva la fidelidad.
4Pon tu delicia en el Señor,
Y Él te dará las peticiones de tu corazón.
5Encomienda al Señor tu camino,
Confía en Él, que Él actuará;
6Hará resplandecer tu justicia como la luz,
Y tu derecho como el mediodía.
7¶Confía callado en el Señor y espera en Él con paciencia;
No te irrites a causa del que prospera en su camino,
Por el hombre que lleva a cabo sus intrigas.
8Deja la ira y abandona el furor;
No te irrites, solo harías lo malo.
9Porque los malhechores serán exterminados,
Pero los que esperan en el Señor poseerán la tierra.
10Un poco más y no existirá el impío;
Buscarás con cuidado su lugar, pero él no estará allí.
11Pero los humildes poseerán la tierra
Y se deleitarán en abundante prosperidad.
12¶El impío trama contra el justo,
Y contra él rechina sus dientes.
13El Señor se ríe de él,
Porque ve que su día se acerca.
14Los impíos han sacado la espada y entesado el arco
Para abatir al afligido y al necesitado,
Para matar a los de recto proceder.
15Su espada les atravesará su propio corazón,
Y sus arcos serán quebrados.
16¶Mejor es lo poco del justo
Que la abundancia de muchos impíos.
17Porque los brazos de los impíos serán quebrados,
Pero el Señor sostiene a los justos.
18El Señor conoce los días de los íntegros,
Y su herencia será perpetua.
19No serán avergonzados en el tiempo malo,
Y en días de hambre se saciarán.
20Pero los impíos perecerán,
Y los enemigos del Señor serán como las flores de los prados;
Desaparecen, se desvanecen como el humo.
21El impío pide prestado y no paga,
Pero el justo es compasivo y da.
22Porque los que son bendecidos por el Señor poseerán la tierra,
Pero los maldecidos por Él serán exterminados.
23¶Por el Señor son ordenados los pasos del hombre,
Y el Señor se deleita en su camino.
24Cuando caiga, no quedará derribado,
Porque el Señor sostiene su mano.
25Yo fui joven, y ya soy viejo,
Y no he visto al justo desamparado,
Ni a su descendencia mendigando pan.
26Todo el día es compasivo y presta,
Y su descendencia es para bendición.
27¶Apártate del mal y haz el bien,
Y tendrás morada para siempre.
28Porque el Señor ama la justicia,
Y no abandona a Sus santos;
Ellos son preservados para siempre,
Pero la descendencia de los impíos será exterminada.
29Los justos poseerán la tierra,
Y para siempre morarán en ella.
30La boca del justo profiere sabiduría
Y su lengua habla rectitud.
31La ley de su Dios está en su corazón;
No vacilan sus pasos.
32El impío acecha al justo
Y procura matarlo.
33El Señor no dejará al justo en sus manos,
Ni permitirá que lo condenen cuando sea juzgado.
34Espera en el Señor y guarda Su camino,
Y Él te exaltará para que poseas la tierra.
Cuando los impíos sean exterminados, tú lo verás.
35¶He visto al impío, violento,
Extenderse como frondoso árbol en su propio suelo.
36Luego pasó, y ya no estaba;
Lo busqué, pero no se pudo encontrar.
37Observa al que es íntegro, mira al que es recto;
Porque el hombre de paz tendrá descendencia.
38Pero los transgresores serán destruidos a una;
La posteridad de los impíos será exterminada.
39Pero la salvación de los justos viene del Señor;
Él es su fortaleza en el tiempo de la angustia.
40El Señor los ayuda y los libra;
Los libra de los impíos y los salva,
Porque en Él se refugian.

Proverbios 6

1Hijo mío, si has salido fiador por tu prójimo,
Si has dado promesa a un extraño,
2 Si te has enredado con las palabras de tu boca,
Si con las palabras de tu boca has sido atrapado,
3Haz esto ahora, hijo mío, y líbrate,
Ya que has caído en la mano de tu prójimo:
Ve, humíllate e importuna a tu prójimo.
4No des sueño a tus ojos
Ni adormecimiento a tus párpados;
5Líbrate como la gacela de la mano del cazador
Y como ave de la mano del que caza.
6¶Ve, mira la hormiga, perezoso,
Observa sus caminos, y sé sabio.
7La cual sin tener jefe,
Ni oficial ni señor,
8Prepara en el verano su alimento
Y recoge en la cosecha su sustento.
9¿Hasta cuándo, perezoso, estarás acostado?
¿Cuándo te levantarás de tu sueño?
10«Un poco de dormir, un poco de dormitar,
Un poco de cruzar las manos para descansar»,
11Y vendrá tu pobreza como vagabundo,
Y tu necesidad como un hombre armado.
12¶La persona indigna, el hombre malvado,
Es el que anda con boca perversa,
13El que guiña los ojos, el que hace señas con los pies,
El que señala con los dedos,
14El que con perversidad en su corazón, continuamente trama el mal,
El que siembra discordia.
15Por tanto, su desgracia vendrá de repente;
Al instante será quebrantado, y no habrá remedio.
16¶Seis cosas hay que el Señor odia,
Y siete son abominación para Él:
17Ojos soberbios, lengua mentirosa,
Manos que derraman sangre inocente,
18Un corazón que trama planes perversos,
Pies que corren rápidamente hacia el mal,
19Un testigo falso que dice mentiras,
Y el que siembra discordia entre hermanos.
20¶Hijo mío, guarda el mandamiento de tu padre
Y no abandones la enseñanza de tu madre;
21Átalos de continuo en tu corazón,
Enlázalos a tu cuello.
22Cuando andes, te guiarán;
Cuando duermas, velarán por ti;
Al despertarte, hablarán contigo.
23Porque el mandamiento es lámpara, y la enseñanza luz,
Y camino de vida las reprensiones de la instrucción,
24Para librarte de la mujer mala,
De la lengua suave de la desconocida.
25No codicies su hermosura en tu corazón,
Ni dejes que te cautive con sus párpados.
26Porque por causa de una ramera uno es reducido a un pedazo de pan,
Pero la adúltera anda a la caza de la vida preciosa.
27¿Puede un hombre poner fuego en su seno
Sin que arda su ropa?
28¿O puede caminar un hombre sobre carbones encendidos
Sin que se quemen sus pies?
29Así es el que se llega a la mujer de su prójimo;
Cualquiera que la toque no quedará sin castigo.
30No se desprecia al ladrón si roba
Para saciarse cuando tiene hambre;
31Pero cuando es sorprendido, debe pagar siete veces;
Tiene que dar todos los bienes de su casa.
32El que comete adulterio no tiene entendimiento;
El que lo hace destruye su alma.
33Heridas y vergüenza hallará,
Y su afrenta no se borrará.
34Porque los celos enfurecen al hombre,
Y no perdonará en el día de la venganza.
35No aceptará ningún rescate,
Ni se dará por satisfecho aunque le des muchos presentes.

Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © The Lockman Foundation — cortesía de YouVersion.

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