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Día 49 de 365 · 18 de febrero

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Levítico 7

1”Esta es la ley de la ofrenda por la culpa; es cosa santísima. 2En el lugar donde degüellan el holocausto han de degollar la ofrenda por la culpa, y el sacerdote rociará su sangre sobre el altar por todos los lados. 3Luego ofrecerá de ella toda la grasa: la cola gorda, la grasa que cubre las entrañas, 4los dos riñones con la grasa que hay sobre ellos y sobre los lomos, y quitará el lóbulo del hígado con los riñones. 5Y el sacerdote los quemará sobre el altar como ofrenda encendida para el Señor. Es una ofrenda por la culpa. 6Todo varón de entre los sacerdotes puede comer de ella. Se comerá en un lugar santo; es cosa santísima.
7”La ofrenda por la culpa es como la ofrenda por el pecado, hay una misma ley para ambas; le pertenecerá al sacerdote que hace expiación con ella. 8También al sacerdote que presente el holocausto de alguien, la piel del holocausto que haya presentado será para él. 9De la misma manera, toda ofrenda de cereal que sea cocida al horno, y todo lo que sea preparado en cazuela o en sartén, pertenecerá al sacerdote que la presente. 10Y toda ofrenda de cereal mezclada con aceite, o seca, pertenecerá a todos los hijos de Aarón, a todos por igual.
11”Esta es la ley del sacrificio de la ofrenda de paz que será ofrecido al Señor: 12Si lo ofrece en acción de gracias, entonces, junto con el sacrificio de acción de gracias, ofrecerá tortas sin levadura amasadas con aceite, y hojaldres sin levadura untados con aceite, y tortas de flor de harina bien mezclada, amasadas con aceite. 13Con el sacrificio de sus ofrendas de paz en acción de gracias, presentará su ofrenda con tortas de pan leudado. 14Y de ello presentará una parte de cada ofrenda como contribución al Señor; será para el sacerdote que rocía la sangre de las ofrendas de paz.
15En cuanto a la carne del sacrificio de sus ofrendas de paz en acción de gracias, se comerá el día que la ofrezca; no dejará nada hasta la mañana siguiente. 16Pero si el sacrificio de su ofrenda es por un voto o una ofrenda voluntaria, se comerá en el día que ofrezca el sacrificio; y al día siguiente se podrá comer lo que quede; 17pero lo que quede de la carne del sacrificio será quemado en el fuego al tercer día. 18De manera que si se come de la carne del sacrificio de sus ofrendas de paz en el tercer día, el que la ofrezca no será acepto, ni se le tendrá en cuenta. Será cosa ofensiva, y la persona que coma de ella llevará su propia iniquidad.
19”La carne que toque cualquier cosa inmunda no se comerá; se quemará en el fuego. En cuanto a otra carne, cualquiera que esté limpio puede comer de ella. 20Pero la persona que coma la carne del sacrificio de las ofrendas de paz que pertenecen al Señor, estando inmunda, esa persona será exterminada de entre su pueblo. 21Y cuando alguien toque alguna cosa inmunda, ya sea inmundicia humana o un animal inmundo, o cualquier cosa abominable e inmunda y coma de la carne del sacrificio de la ofrenda de paz que pertenece al Señor, esa persona será exterminada de entre su pueblo” ».
22Después el Señor habló a Moisés: 23«Diles a los israelitas: “No comerán ninguna grasa de buey, ni de cordero, ni de cabra. 24La grasa de un animal muerto y la grasa de un animal despedazado por las fieras podrá servir para cualquier uso, pero ciertamente no deben comerlo. 25Porque cualquiera que coma la grasa del animal del cual se ofrece una ofrenda encendida al Señor, la persona que coma será exterminada de entre su pueblo. 26Y ustedes no comerán sangre, ni de ave ni de animal, en ningún lugar en que habiten. 27Toda persona que coma cualquier clase de sangre, esa persona será exterminada de entre su pueblo” ».
28Entonces el Señor habló a Moisés: 29«Di a los israelitas: “El que ofrezca el sacrificio de sus ofrendas de paz al Señor, traerá su ofrenda del sacrificio de sus ofrendas de paz al Señor. 30Sus propias manos traerán ofrendas encendidas al Señor. Traerá la grasa con el pecho, para que el pecho sea presentado como ofrenda mecida delante del Señor. 31El sacerdote quemará el sebo sobre el altar; pero el pecho pertenecerá a Aarón y a sus hijos. 32Y ustedes darán al sacerdote la pierna derecha como contribución de los sacrificios de sus ofrendas de paz. 33Aquel que de entre los hijos de Aarón ofrezca la sangre de las ofrendas de paz y la grasa, recibirá la pierna derecha como su porción. 34Pues Yo he tomado de los israelitas, de los sacrificios de sus ofrendas de paz, el pecho de la ofrenda mecida y la pierna de la contribución, y los he dado al sacerdote Aarón y a sus hijos, como su porción para siempre de parte de los israelitas.
35”Esta es la porción consagrada a Aarón y la porción consagrada a sus hijos de las ofrendas encendidas para el Señor, desde el día en que Moisés los presentó para ministrar como sacerdotes al Señor. 36El Señor había ordenado que se les diera esa porción de parte de los israelitas el día en que Él los ungió. Es la porción de ellos para siempre, por todas sus generaciones” ».
37Esta es la ley del holocausto, de la ofrenda de cereal, de la ofrenda por el pecado, de la ofrenda por la culpa, de la ofrenda de consagración y del sacrificio de las ofrendas de paz. 38El Señor la ordenó a Moisés en el monte Sinaí, el día en que Él mandó a los israelitas que presentaran sus ofrendas al Señoren el desierto de Sinaí.

Levítico 8

1Entonces el Señor dijo a Moisés: 2«Toma a Aarón y con él a sus hijos, y las vestiduras, el aceite de la unción, el novillo de la ofrenda por el pecado, los dos carneros y la cesta de los panes sin levadura; 3y reúne a toda la congregación a la entrada de la tienda de reunión». 4Moisés hizo tal como el Señor le ordenó, y cuando la congregación se había reunido a la entrada de la tienda de reunión, 5Moisés dijo a la congregación: «Esto es lo que el Señor ha ordenado hacer».
6Entonces Moisés hizo que Aarón y sus hijos se acercaran, y los lavó con agua. 7Puso sobre él la túnica, lo ciñó con el cinturón y lo vistió con el manto; luego le puso el efod, y lo ciñó con el cinto tejido del efod, con el cual se lo ató. 8Después le puso el pectoral, y dentro del pectoral puso el Urim y el Tumim. 9Puso también la tiara sobre su cabeza, y sobre la tiara, al frente, puso la lámina de oro, la diadema santa, tal como el Señor había ordenado a Moisés.
10Entonces Moisés tomó el aceite de la unción y ungió el tabernáculo y todo lo que en él había, y los consagró. 11Con el aceite roció el altar siete veces y ungió el altar y todos sus utensilios, así como la pila y su base, para consagrarlos. 12Después derramó del aceite de la unción sobre la cabeza de Aarón y lo ungió, para consagrarlo.
13Luego Moisés hizo que los hijos de Aarón se acercaran y los vistió con túnicas, los ciñó con cinturones, y les ajustó las tiaras tal como el Señor había ordenado a Moisés.
14Entonces trajo el novillo de la ofrenda por el pecado, y Aarón y sus hijos pusieron sus manos sobre la cabeza del novillo de la ofrenda por el pecado. 15Después Moisés lo degolló y tomó la sangre y con su dedo puso parte de ella en los cuernos del altar por todos los lados, y purificó el altar. Luego derramó el resto de la sangre al pie del altar y lo consagró, para hacer expiación por él.
16Tomó también toda la grasa que había en las entrañas y el lóbulo del hígado, y los dos riñones con su grasa, y Moisés los quemó sobre el altar. 17Pero el novillo, con su piel, su carne y su estiércol, lo quemó en el fuego fuera del campamento, tal como el Señor había mandado a Moisés.
18Entonces presentó el carnero del holocausto, y Aarón y sus hijos pusieron sus manos sobre la cabeza del carnero. 19Y Moisés lo degolló y roció la sangre sobre el altar, por todos los lados. 20Cuando había cortado el carnero en pedazos, Moisés quemó la cabeza, los pedazos y el sebo. 21Después de lavar las entrañas y las patas con agua, Moisés quemó todo el carnero sobre el altar. Fue holocausto de aroma agradable; fue ofrenda encendida para el Señor, tal como el Señor había ordenado a Moisés.
22Luego presentó el segundo carnero, el carnero de la consagración, y Aarón y sus hijos pusieron sus manos sobre la cabeza del carnero. 23Moisés lo degolló y tomó de la sangre y la puso en el lóbulo de la oreja derecha de Aarón, en el pulgar de su mano derecha y en el pulgar de su pie derecho. 24Hizo también que se acercaran los hijos de Aarón; y Moisés puso sangre en el lóbulo de la oreja derecha de ellos, en el pulgar de su mano derecha y en el pulgar de su pie derecho. Entonces Moisés roció el resto de la sangre sobre el altar, por todos los lados. 25Después tomó la grasa y la cola gorda, y toda la grasa que estaba en las entrañas, el lóbulo del hígado, los dos riñones con su grasa y la pierna derecha. 26Y de la cesta de los panes sin levadura que estaba delante del Señor, tomó una torta sin levadura, una torta de pan mezclada con aceite y un hojaldre, y los puso sobre las porciones de grasa y sobre la pierna derecha. 27Entonces lo puso todo en las manos de Aarón y en las manos de sus hijos, y lo presentó como una ofrenda mecida delante del Señor.
28Después Moisés tomó todo esto de las manos de ellos y lo quemó en el altar con el holocausto. Fue una ofrenda de consagración como aroma agradable, ofrenda encendida para el Señor. 29Moisés tomó también el pecho y lo presentó como ofrenda mecida delante del Señor; era la porción del carnero de la consagración que pertenecía a Moisés, tal como el Señor le había ordenado.
30Moisés tomó del aceite de la unción y de la sangre que estaba sobre el altar, y roció a Aarón y sus vestiduras, y a sus hijos y las vestiduras de sus hijos; y consagró a Aarón y sus vestiduras, y a sus hijos y las vestiduras de sus hijos con él.
31Entonces Moisés dijo a Aarón y a sus hijos: «Cuezan la carne a la entrada de la tienda de reunión, y cómanla allí junto con el pan que está en la cesta de la ofrenda de consagración, tal como lo he ordenado, diciendo: “Aarón y sus hijos lo comerán”. 32El resto de la carne y del pan ustedes lo quemarán en el fuego. 33Y no saldrán de la entrada de la tienda de reunión por siete días, hasta que termine el tiempo de su consagración; porque por siete días serán consagrados. 34El Señor ha mandado hacer tal como se ha hecho hoy, para hacer expiación a favor de ustedes. 35Además, permanecerán a la entrada de la tienda de reunión día y noche por siete días, y guardarán la ordenanza del Señor para que no mueran, porque así se me ha ordenado». 36Y Aarón y sus hijos hicieron todas las cosas que el Señorhabía ordenado por medio de Moisés.

Lucas 5

1Aconteció que mientras la multitud se agolpaba sobre Él para oír la palabra de Dios, estando Jesús junto al lago de Genesaret, 2vio dos barcas que estaban a la orilla del lago, pero los pescadores habían bajado de ellas y lavaban las redes. 3Subiendo a una de las barcas, que era de Simón, pidió que se separara un poco de tierra; y sentándose, enseñaba a las multitudes desde la barca. 4Al terminar de hablar, dijo a Simón: «Sal a la parte más profunda y echen sus redes para pescar».
5Simón le contestó: «Maestro, hemos estado trabajando toda la noche y no hemos pescado nada, pero porque Tú lo pides, echaré las redes». 6Cuando lo hicieron, encerraron una gran cantidad de peces, de modo que sus redes se rompían. 7Entonces hicieron señas a sus compañeros que estaban en la otra barca para que vinieran a ayudarlos. Y vinieron y llenaron ambas barcas, de tal manera que se hundían.
8Al ver esto, Simón Pedro cayó a los pies de Jesús, diciendo: «¡Apártate de mí, Señor, pues soy hombre pecador!». 9Porque el asombro se había apoderado de él y de todos sus compañeros, por la gran pesca que habían hecho; 10y lo mismo les sucedió también a Jacobo y a Juan, hijos de Zebedeo, que eran socios de Simón. Y Jesús dijo a Simón: «No temas; desde ahora serás pescador de hombres». 11Y después de traer las barcas a tierra, dejándolo todo, siguieron a Jesús.
12Estando Jesús en una de las ciudades, había allí un hombre lleno de lepra, y cuando vio a Jesús, cayó sobre su rostro y le rogó: «Señor, si quieres, puedes limpiarme». 13Extendiendo Jesús la mano, lo tocó, diciendo: «Quiero; sé limpio». Y al instante la lepra lo dejó. 14Y Él le mandó que no se lo dijera a nadie. «Pero anda», le dijo, «muéstrate al sacerdote y da una ofrenda por tu purificación según lo ordenó Moisés, para que les sirva de testimonio».
15Su fama se difundía cada vez más, y grandes multitudes se congregaban para oír a Jesús y ser sanadas de sus enfermedades. 16Pero con frecuencia Él se retiraba a lugares solitarios y oraba.
17Y un día que Él estaba enseñando, estaban allí sentados algunos fariseos y maestros de la ley que habían venido de todas las aldeas de Galilea y Judea, y de Jerusalén; y el poder del Señor estaba con Él para sanar. 18Y unos hombres trajeron en una camilla a un hombre que estaba paralítico; y trataban de meterlo y ponerlo delante de Jesús. 19No hallando cómo introducirlo debido a la multitud, subieron a la azotea y lo bajaron con la camilla a través del techo, poniéndolo en medio, delante de Jesús. 20Al ver Jesús la fe de ellos, dijo: «Hombre, tus pecados te son perdonados».
21Entonces los escribas y fariseos comenzaron a razonar, diciendo: «¿Quién es Este que habla blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados, sino solo Dios?». 22Conociendo Jesús sus pensamientos, les respondió: «¿Por qué razonan en sus corazones? 23¿Qué es más fácil, decir: “Tus pecados te son perdonados”, o decir: “Levántate y anda”? 24Pues para que sepan que el Hijo del Hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados», dijo al paralítico: «A ti te digo: levántate, toma tu camilla y vete a tu casa».
25Al instante se levantó delante de ellos, tomó la camilla en que había estado acostado, y se fue a su casa glorificando a Dios. 26El asombro se apoderó de todos y glorificaban a Dios; y se llenaron de temor, diciendo: «Hoy hemos visto cosas extraordinarias».
27Después de esto, Jesús salió y se fijó en un recaudador de impuestos llamado Leví, sentado en la oficina de los tributos, y le dijo: «Sígueme». 28Y él, dejándolo todo, se levantó y lo seguía.
29Leví le ofreció un gran banquete en su casa, y había un grupo grande de recaudadores de impuestos y de otros que estaban sentados a la mesa con ellos. 30Y los fariseos y sus escribas se quejaban a los discípulos de Jesús, diciendo: «¿Por qué comen y beben ustedes con los recaudadores de impuestos y con los pecadores?». 31Jesús les respondió: «Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los que están enfermos. 32No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento».
33Ellos dijeron a Jesús: «Los discípulos de Juan ayunan con frecuencia y hacen oraciones; los de los fariseos también hacen lo mismo, pero los Tuyos comen y beben». 34Entonces Jesús les dijo: «¿Acaso pueden hacer que los acompañantes del novio ayunen mientras el novio está con ellos? 35Pero vendrán días cuando el novio les será quitado, entonces ayunarán en aquellos días».
36También les dijo una parábola: «Nadie corta un pedazo de un vestido nuevo y lo pone en un vestido viejo; porque entonces romperá el nuevo, y el pedazo del nuevo no armonizará con el viejo. 37Y nadie echa vino nuevo en odres viejos, porque entonces el vino nuevo romperá los odres y se derramará, y los odres se perderán, 38sino que el vino nuevo debe echarse en odres nuevos. 39Y nadie, después de beber vino añejo, desea vino nuevo, porque dice: “El añejo es mejor” ».

Salmo 49

Para el director del coro. Salmo de los hijos de Coré.
1Oigan esto, pueblos todos;
Escuchen, habitantes todos del mundo,
2Tanto humildes como encumbrados,
Ricos y pobres juntos.
3Mi boca hablará sabiduría,
Y la meditación de mi corazón será entendimiento.
4Inclinaré al proverbio mi oído,
Con el arpa declararé mi enigma.
5¶¿Por qué he de temer en los días de adversidad
Cuando la iniquidad de mis enemigos me rodee,
6 De los que confían en sus bienes
Y se jactan de la abundancia de sus riquezas?
7Nadie puede en manera alguna redimir a su hermano,
Ni dar a Dios rescate por él,
8Porque la redención de su alma es muy costosa,
Y debe abandonar el intento para siempre,
9Para que viva eternamente,
Para que no vea corrupción.
10¶Porque él ve que aun los sabios mueren;
El torpe y el necio perecen de igual manera,
Y dejan sus riquezas a otros.
11Su íntimo pensamiento es que sus casas serán eternas,
Y sus moradas por todas las generaciones;
A sus tierras han dado sus nombres.
12Pero el hombre, en su vanagloria, no permanecerá;
Es como las bestias que perecen.
13¶Este es el camino de los insensatos,
Y de los que después de ellos aprueban sus palabras. (Selah)
14Como ovejas son destinados para el Seol,
La muerte los pastoreará,
Los rectos los regirán por la mañana;
Su forma será para que el Seol la consuma,
De modo que no tienen morada.
15Pero Dios redimirá mi alma del poder del Seol,
Pues Él me recibirá. (Selah)
16¶No temas cuando alguien se enriquece,
Cuando la gloria de su casa aumenta;
17Porque nada se llevará cuando muera,
Ni su gloria descenderá con él.
18Aunque mientras viva, a sí mismo se felicite
(Y aunque los hombres te alaben cuando prosperes),
19Irá a reunirse con la generación de sus padres,
Quienes nunca verán la luz.
20El hombre en su vanagloria, pero sin entendimiento,
Es como las bestias que perecen.

Proverbios 18

1El que vive aislado busca su propio deseo,
Contra todo consejo se encoleriza.
2El necio no se deleita en la prudencia,
Sino solo en revelar su corazón.
3Cuando llega el impío, llega también el desprecio,
Y con la deshonra viene la afrenta.
4Aguas profundas son las palabras de la boca del hombre;
Arroyo que fluye, la fuente de la sabiduría.
5No es bueno mostrar preferencia por el impío,
Para ignorar al justo en el juicio.
6Los labios del necio provocan riña,
Y su boca llama a los golpes.
7La boca del necio es su ruina,
Y sus labios una trampa para su alma.
8Las palabras del chismoso son como bocados deliciosos,
Y penetran hasta el fondo de las entrañas.
9También el que es negligente en su trabajo
Es hermano del que destruye.
10El nombre del Señor es torre fuerte,
A ella corre el justo y está a salvo.
11La fortuna del rico es su ciudad fortificada,
Y como muralla alta en su imaginación.
12Antes de la destrucción el corazón del hombre es altivo,
Pero a la gloria precede la humildad.
13El que responde antes de escuchar,
Cosecha necedad y vergüenza.
14El espíritu del hombre puede soportar su enfermedad,
Pero el espíritu quebrantado, ¿quién lo puede sobrellevar?
15El corazón del prudente adquiere conocimiento,
Y el oído del sabio busca el conocimiento.
16La dádiva del hombre le abre camino
Y lo lleva ante la presencia de los grandes.
17Justo parece el primero que defiende su causa
Hasta que otro viene y lo examina.
18La suerte pone fin a los pleitos
Y decide entre los poderosos.
19El hermano ofendido es más difícil de ganar que una ciudad fortificada,
Y los pleitos son como cerrojos de fortaleza.
20Con el fruto de su boca el hombre sacia su vientre,
Con el producto de sus labios se saciará.
21Muerte y vida están en poder de la lengua,
Y los que la aman comerán su fruto.
22El que halla esposa halla algo bueno
Y alcanza el favor del Señor.
23El pobre habla suplicando,
Pero el rico responde con dureza.
24El hombre de muchos amigos se arruina,
Pero hay amigomás unido que un hermano.

Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © The Lockman Foundation — cortesía de YouVersion.

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