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Día 63 de 365 · 4 de marzo

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Números 8

1Entonces el Señor dijo a Moisés: 2«Habla a Aarón y dile: “Cuando pongas las lámparas, las siete lámparas alumbrarán al frente del candelabro” ». 3Y así lo hizo Aarón; puso las lámparas al frente del candelabro, como el Señor había ordenado a Moisés. 4Así estaba hecho el candelabro: de oro labrado a martillo; desde su base hasta sus flores fue obra labrada a martillo; según el modelo que el Señor le mostró a Moisés, así hizo el candelabro.
5De nuevo el Señor habló a Moisés y le dijo: 6«Toma de entre los israelitas a los levitas y purifícalos. 7Así harás con ellos para su purificación: rociarás sobre ellos agua purificadora, y que ellos hagan pasar una navaja sobre todo su cuerpo, laven sus ropas y quedarán purificados. 8Tomarán entonces un novillo con su ofrenda de cereal, flor de harina mezclada con aceite; y tú tomarás otro novillo como ofrenda por el pecado. 9Y harás que se acerquen los levitas delante de la tienda de reunión. Reunirás también a toda la congregación de los israelitas, 10y presentarás a los levitas delante del Señor; y los israelitas pondrán sus manos sobre los levitas.
11»Entonces Aarón presentará a los levitas delante del Señor, como ofrenda mecida de los israelitas, para que ellos puedan cumplir el ministerio del Señor. 12Los levitas pondrán sus manos sobre la cabeza de los novillos, y entonces ofrecerán uno como ofrenda por el pecado y el otro como holocausto al Señor, para hacer expiación por los levitas. 13Harás que los levitas estén de pie delante de Aarón y delante de sus hijos, para presentarlos como ofrenda mecida al Señor.
14»Así separarás a los levitas de entre los israelitas, y los levitas serán Míos. 15Y después de eso, los levitas podrán entrar para ministrar en la tienda de reunión, tú los purificarás y los presentarás como ofrenda mecida; 16porque son enteramente dedicados para Mí de entre los israelitas. Los he tomado para Mí en lugar de todo primer fruto de la matriz, los primogénitos de todos los israelitas. 17Porque Míos son todos los primogénitos de entre los israelitas, tanto de hombres como de animales; el día en que herí a todo primogénito en la tierra de Egipto, los santifiqué para Mí. 18Pero he tomado a los levitas en lugar de los primogénitos de entre los israelitas. 19Y he dado a los levitas como un don a Aarón y a sus hijos de entre los israelitas, para cumplir el ministerio de los israelitas en la tienda de reunión y para hacer expiación en favor de los israelitas, para que no haya plaga entre ellos al acercarse al santuario».
20Moisés, Aarón y toda la congregación de los israelitas hicieron así a los levitas. Conforme a todo lo que el Señor había mandado a Moisés acerca de los levitas, así hicieron con ellos los israelitas. 21Los levitas se purificaron a sí mismos de pecados, y lavaron sus ropas; y Aarón los presentó como ofrenda mecida delante del Señor. También Aarón hizo expiación por ellos para purificarlos. 22Entonces, después de eso, los levitas entraron para cumplir su ministerio en la tienda de reunión delante de Aarón y delante de sus hijos. Como el Señor había ordenado a Moisés acerca de los levitas, así hicieron con ellos.
23Entonces el Señor le dijo a Moisés: 24«Esto es lo que se refiere a los levitas: desde los veinticinco años en adelante entrarán a cumplir el servicio en el ministerio de la tienda de reunión. 25Pero a los cincuenta años se jubilarán de ejercer el ministerio, y no trabajarán más. 26Sin embargo, pueden ayudar a sus hermanos en la tienda de reunión a cumplir sus obligaciones, pero no a ejercer el ministerio. Así harás con los levitas en cuanto a sus obligaciones».

Números 9

1El Señor habló así a Moisés en el desierto de Sinaí, en el primer mes del segundo año de su salida de la tierra de Egipto: 2«Que los israelitas celebren la Pascua a su tiempo señalado. 3En el día catorce de este mes, al atardecer, ustedes la celebrarán a su tiempo señalado; la celebrarán conforme a todos sus estatutos y conforme a todas sus ordenanzas». 4Mandó, pues, Moisés a los israelitas que celebraran la Pascua. 5Y celebraron la Pascua en el mes primero, en el día catorce del mes, al atardecer, en el desierto de Sinaí; tal como el Señor había ordenado a Moisés, así lo hicieron los israelitas. 6Pero había algunos hombres que estaban inmundos por causa de una persona muerta, y no pudieron celebrar la Pascua aquel día. Y vinieron ante Moisés y Aarón aquel día, 7y aquellos hombres les dijeron: «Aunque estemos inmundos por causa de una persona muerta, ¿por qué se nos impide presentar la ofrenda del Señor en su tiempo señalado entre los israelitas?». 8Entonces Moisés les dijo: «Esperen, y oiré lo que el Señor ordene acerca de ustedes».
9Entonces el Señor dijo a Moisés: 10«Habla a los israelitas y diles: “Si alguien de ustedes o de sus descendientes está inmundo por causa de un muerto, o anda lejos de viaje, puede, sin embargo, celebrar la Pascua al Señor. 11La celebrarán a los catorce días del segundo mes, al atardecer; la comerán con pan sin levadura y hierbas amargas. 12Nada dejarán de ella hasta la mañana, ni quebrarán hueso de ella; conforme a todos los estatutos de la Pascua la celebrarán. 13Pero si alguien que está limpio y no anda de viaje, deja de celebrar la Pascua, esa persona será eliminada de entre su pueblo, porque no presentó la ofrenda del Señor a su tiempo señalado. Ese hombre llevará su pecado. 14Y si un extranjero reside entre ustedes y celebra la Pascua al Señor, conforme al estatuto de la Pascua y conforme a su ordenanza lo hará; ustedes tendrán un solo estatuto, tanto para el extranjero como para el nativo de la tierra” ».
15El día que fue erigido el tabernáculo, la nube cubrió el tabernáculo, la tienda del testimonio, y al atardecer estaba sobre el tabernáculo algo que parecía de fuego, hasta la mañana. 16Así sucedía continuamente; la nube lo cubría de día, y la apariencia de fuego de noche. 17Y cuando la nube se levantaba de sobre la tienda, enseguida los israelitas partían; y en el lugar donde la nube se detenía, allí acampaban los israelitas.
18Al mandato del Señor los israelitas partían, y al mandato del Señor acampaban; mientras la nube estaba sobre el tabernáculo, permanecían acampados. 19Aun cuando la nube se detenía sobre el tabernáculo por muchos días, los israelitas guardaban la ordenanza del Señor y no partían. 20Cuando la nube permanecía algunos días sobre el tabernáculo, según la orden del Señor, permanecían acampados; y según la orden del Señor, partían. 21Pero cuando la nube permanecía desde el atardecer hasta la mañana, y la nube se levantaba por la mañana, ellos partían; y si permanecía durante el día y durante la noche, cuando la nube se levantaba, ellos partían. 22Ya fuera que la nube se detuviera sobre el tabernáculo permaneciendo sobre él dos días, o un mes, o un año, los israelitas permanecían acampados y no partían; pero cuando se levantaba, partían. 23Al mandato del Señor acampaban, y al mandato del Señor partían; guardaban la ordenanza del Señor según el mandato del Señor por mediode Moisés.

Lucas 19

1Cuando Jesús entró en Jericó, pasaba por la ciudad. 2Y un hombre llamado Zaqueo, que era jefe de los recaudadores de impuestos y era rico, 3trataba de ver quién era Jesús, pero no podía a causa de la multitud, ya que Zaqueo era de pequeña estatura. 4Corriendo delante, se subió a un árbol sicómoro y así lo podría ver, porque Jesús estaba a punto de pasar por allí.
5Cuando Jesús llegó al lugar, miró hacia arriba y le dijo: «Zaqueo, date prisa y desciende, porque hoy debo quedarme en tu casa». 6Entonces él se apresuró a descender y lo recibió con gozo. 7Al ver esto, todos murmuraban: «Ha ido a hospedarse con un hombre pecador».
8Pero Zaqueo, puesto en pie, dijo a Jesús: «Señor, la mitad de mis bienes daré a los pobres, y si en algo he defraudado a alguien, se lo restituiré cuadruplicado». 9«Hoy ha venido la salvación a esta casa», le dijo Jesús, «ya que él también es hijo de Abraham; 10porque el Hijo del Hombre ha venido a buscar y a salvar lo que se había perdido».
11Estando ellos oyendo estas cosas, Jesús continuó diciendo una parábola, porque Él estaba cerca de Jerusalén y ellos pensaban que el reino de Dios iba a aparecer de un momento a otro. 12Por eso dijo: «Cierto hombre de familia noble fue a un país lejano a recibir un reino para sí y después volver. 13Llamando a diez de sus siervos, les repartió diez minas y les dijo: “Negocien con esto hasta que yo regrese”. 14Pero sus ciudadanos lo odiaban, y enviaron una delegación tras él, diciendo: “No queremos que este reine sobre nosotros”.
15 »Y al regresar él, después de haber recibido el reino, mandó llamar a su presencia a aquellos siervos a los cuales había dado el dinero, para saber lo que habían ganado negociando . 16Se presentó el primero, diciendo: “Señor, su moneda se ha multiplicado diez veces”. 17Y él le dijo: “Bien hecho, buen siervo, puesto que has sido fiel en lo muy poco, ten autoridad sobre diez ciudades”. 18Entonces vino el segundo, diciendo: “Su moneda, señor, se ha multiplicado cinco veces”. 19Dijo también a este: “Y tú vas a estar sobre cinco ciudades”.
20 »Y vino otro, diciendo: “Señor, aquí está su moneda, que he tenido guardada en un pañuelo; 21pues a usted le tenía miedo, porque es un hombre exigente, que recoge lo que no depositó y siega lo que no sembró”. 22Él le contestó*: “Siervo inútil, por tus propias palabras te voy a juzgar. ¿Sabías que yo soy un hombre exigente, que recojo lo que no deposité y siego lo que no sembré? 23Entonces, ¿por qué no pusiste mi dinero en el banco, y al volver yo, lo hubiera recibido con los intereses?”. 24Y dijo a los que estaban presentes: “Quítenle la moneda y dénsela al que tiene las diez monedas”. 25Ellos le dijeron: “Señor, él ya tiene diez monedas”. 26Les digo, que a cualquiera que tiene, más le será dado, pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará. 27Pero a estos mis enemigos, que no querían que reinara sobre ellos, tráiganlos acá y mátenlos delante de mí».
28Habiendo dicho esto, Jesús iba delante, subiendo hacia Jerusalén.
29Cuando se acercó a Betfagé y a Betania, cerca del monte que se llama de los Olivos, envió a dos de los discípulos, 30diciéndoles: «Vayan a la aldea que está enfrente, en la cual, al entrar, encontrarán un pollino atado sobre el cual nunca se ha montado nadie; desátenlo y tráiganlo. 31Y si alguien les pregunta: “¿Por qué lo desatan?”, de esta manera hablarán: “Porque el Señor lo necesita” ».
32Entonces los enviados fueron y lo encontraron como Él les había dicho. 33Mientras desataban el pollino, sus dueños les dijeron: «¿Por qué desatan el pollino?». 34Les respondieron: «Porque el Señor lo necesita». 35Lo trajeron a Jesús, y echando sus mantos sobre el pollino, pusieron a Jesús sobre él. 36Y mientras Él iba avanzando, tendían sus mantos por el camino.
37Cuando ya se acercaba, junto a la bajada del monte de los Olivos, toda la multitud de los discípulos, regocijándose, comenzó a alabar a Dios a gran voz por todas las maravillas que habían visto, 38diciendo:
«¡Bendito el Rey que viene en el nombre del Señor!
¡Paz en el cielo y gloria en las alturas!».
39Entonces algunos de los fariseos de entre la multitud le dijeron: «Maestro, reprende a Tus discípulos». 40Pero Él respondió: «Les digo que si estos se callan, las piedras clamarán».
41Cuando Jesús se acercó, al ver la ciudad, lloró sobre ella, 42diciendo: «¡Si tú también hubieras sabido en este día lo que conduce a la paz! Pero ahora está oculto a tus ojos. 43Porque sobre ti vendrán días, cuando tus enemigos echarán terraplén delante de ti, te sitiarán y te acosarán por todas partes. 44Te derribarán a tierra, y a tus hijos dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, porque no conociste el tiempo de tu visitación».
45Entrando Jesús en el templo, comenzó a echar fuera a los que vendían, 46diciéndoles: «Escrito está: “Mi casa será casa de oración pero ustedes la han hecho cueva de ladrones” ».
47Jesús enseñaba diariamente en el templo. Pero los principales sacerdotes, los escribas y los más prominentes del pueblo procuraban matar a Jesús; 48y no encontraban la manera de hacerlo, porque todo el pueblo estaba pendiente de Él, escuchando lo que decía.

Salmo 63

Salmo de David, cuando estaba en el desierto de Judá.
1Oh Dios, Tú eres mi Dios; te buscaré con afán.
Mi alma tiene sed de Ti, mi carne te anhela
Cual tierra seca y árida donde no hay agua.
2Así te contemplaba en el santuario,
Para ver Tu poder y Tu gloria.
3Porque Tu misericordia es mejor que la vida,
Mis labios te alabarán.
4Así te bendeciré mientras viva,
En Tu nombre alzaré mis manos.
5Como con médula y grasa está saciada mi alma;
Y con labios jubilosos te alaba mi boca.
6¶Cuando en mi lecho me acuerdo de Ti,
En Ti medito durante las vigilias de la noche.
7Porque Tú has sido mi ayuda,
Y a la sombra de Tus alas canto gozoso.
8A Ti se aferra mi alma;
Tu diestra me sostiene.
9¶Pero los que buscan mi vida para destruirla,
Caerán a las profundidades de la tierra.
10Serán entregados al poder de la espada;
Presa serán de las zorras.
11Pero el rey se regocijará en Dios;
Y todo el que por Él jura se gloriará,
Porque la boca de los que dicen mentiras será cerrada.

Proverbios 1

1Los proverbios de Salomón, hijo de David, rey de Israel:
2Para aprender sabiduría e instrucción,
Para discernir dichos profundos,
3Para recibir instrucción en sabia conducta,
Justicia, juicio y equidad;
4Para dar a los simples prudencia,
Y a los jóvenes conocimiento y discreción.
5El sabio oirá y crecerá en conocimiento,
Y el inteligente adquirirá habilidad,
6Para entender proverbio y metáfora,
Las palabras de los sabios y sus enigmas.
7¶El temor del Señor es el principio de la sabiduría;
Los necios desprecian la sabiduría y la instrucción.
8¶Oye, hijo mío, la instrucción de tu padre
Y no abandones la enseñanza de tu madre;
9Porque son guirnalda de gracia para tu cabeza,
Y collares para tu cuello.
10Hijo mío, si los pecadores te quieren seducir,
No consientas.
11Si dicen: «Ven con nosotros,
Pongámonos al acecho para derramar sangre,
Sin causa asechemos al inocente,
12Devorémoslos vivos como el Seol,
Enteros, como los que descienden al abismo;
13Hallaremos toda clase de preciadas riquezas,
Llenaremos nuestras casas de botín;
14Echa tu suerte con nosotros,
Todos tendremos una bolsa»,
15Hijo mío, no andes en el camino con ellos.
Aparta tu pie de su senda,
16Porque sus pies corren hacia el mal,
Y se apresuran a derramar sangre.
17Porque es en vano tender la red
Ante los ojos de cualquier ave;
18Pero ellos a su propia sangre acechan,
Tienden lazo a sus propias vidas.
19Tales son los caminos de todo el que se beneficia por la violencia:
Que quita la vida de sus poseedores.
20¶La sabiduría clama en la calle,
En las plazas alza su voz;
21Clama en las esquinas de las calles concurridas;
A la entrada de las puertas de la ciudad pronuncia sus discursos:
22«¿Hasta cuándo, oh simples, amarán la simpleza,
Y los burladores se deleitarán en hacer burla,
Y los necios aborrecerán el conocimiento?
23-»Vuélvanse a mi reprensión,
Y derramaré mi espíritu sobre ustedes;
Les haré conocer mis palabras.
24-»Porque he llamado y han rehusado oír,
He extendido mi mano y nadie ha hecho caso.
25-»Han desatendido todo consejo mío
Y no han deseado mi reprensión.
26-»También yo me reiré de la calamidad de ustedes,
Me burlaré cuando sobrevenga lo que temen,
27Cuando venga como tormenta lo que temen
Y su calamidad sobrevenga como torbellino,
Cuando vengan sobre ustedes tribulación y angustia.
28-»Entonces me invocarán, pero no responderé;
Me buscarán con diligencia, pero no me hallarán,
29Porque odiaron el conocimiento,
Y no escogieron el temor del Señor,
30Ni quisieron aceptar mi consejo,
Y despreciaron toda mi reprensión.
31-»Comerán del fruto de su conducta,
Y de sus propias artimañas se hartarán.
32-»Porque el desvío de los simples los matará,
Y la complacencia de los necios los destruirá.
33-»Pero el que me escucha vivirá seguro,
Y descansará, sin temor al mal».

Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © The Lockman Foundation — cortesía de YouVersion.

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