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Día 64 de 365 · 5 de marzo

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Números 10

1El Señor dijo a Moisés: 2«Hazte dos trompetas de plata; las harás labradas a martillo. Y te servirán para convocar a la congregación y para dar la orden de poner en marcha los campamentos. 3Cuando se toquen las dos, toda la congregación se reunirá junto a ti a la puerta de la tienda de reunión. 4Cuando se toque una sola, entonces se reunirán junto a ti los principales, los jefes de las divisiones de Israel.
5»Pero cuando ustedes toquen alarma, marcharán los que estén acampados al oriente. 6Y cuando toquen alarma la segunda vez, marcharán los acampados al sur; se tocará una alarma para que ellos se pongan en marcha. 7Sin embargo, cuando se convoque la asamblea, tocarán, pero no con toque de alarma. 8Además, los hijos de Aarón, los sacerdotes, tocarán las trompetas; y les será a ustedes por estatuto perpetuo por sus generaciones.
9»Cuando vayan a la guerra en su tierra contra el adversario que los ataque, tocarán alarma con las trompetas a fin de que el Señor su Dios se acuerde de ustedes, y sean salvados de sus enemigos. 10Asimismo, en el día de su alegría, en sus fiestas señaladas y en el primer día de sus meses, tocarán las trompetas durante sus holocaustos y durante los sacrificios de sus ofrendas de paz; y serán para ustedes como recordatorio delante de su Dios. Yo soy el Señor su Dios».
11En el año segundo, en el mes segundo, el día veinte del mes, la nube se levantó de sobre el tabernáculo del testimonio; 12y los israelitas salieron, según su orden de marcha, del desierto de Sinaí. Y la nube se detuvo en el desierto de Parán. 13Así marcharon la primera vez conforme al mandamiento del Señor por medio de Moisés. 14La bandera del campamento de los hijos de Judá, según sus ejércitos, salió primero, con Naasón, hijo de Aminadab, al frente de su ejército; 15Natanael, hijo de Zuar, al frente del ejército de la tribu de los hijos de Isacar; 16Eliab, hijo de Helón, al frente del ejército de la tribu de los hijos de Zabulón.
17Entonces el tabernáculo fue desarmado; y los hijos de Gersón, y los hijos de Merari, que llevaban el tabernáculo, partieron. 18Después salió la bandera del campamento de Rubén, según sus ejércitos, con Elisur, hijo de Sedeur, al frente de su ejército; 19Selumiel, hijo de Zurisadai, al frente del ejército de la tribu de Simeón, 20y Eliasaf, hijo de Deuel, estaba al frente del ejército de la tribu de los hijos de Gad.
21Luego se pusieron en marcha los coatitas llevando los objetos sagrados; y el tabernáculo fue erigido antes de que ellos llegaran. 22Después salió la bandera del campamento de los hijos de Efraín, según sus ejércitos, con Elisama, hijo de Amiud, al frente de su ejército; 23Gamaliel, hijo de Pedasur, al frente del ejército de la tribu de los hijos de Manasés; 24y Abidán, hijo de Gedeoni, al frente del ejército de la tribu de los hijos de Benjamín.
25Después salió la bandera del campamento de los hijos de Dan, según sus ejércitos, los cuales formaban la retaguardia de todos los campamentos, con Ahiezer, hijo de Amisadai, al frente de su ejército; 26Pagiel, hijo de Ocrán, al frente del ejército de la tribu de los hijos de Aser; 27y Ahira, hijo de Enán, al frente del ejército de la tribu de los hijos de Neftalí. 28Este fue el orden de marcha de los israelitas por sus ejércitos cuando partieron.
29Entonces Moisés dijo a Hobab, hijo de Reuel madianita, suegro de Moisés: «Nosotros salimos hacia el lugar del cual el Señor dijo: “Yo se lo daré a ustedes”. Ven con nosotros y te haremos bien, pues el Señor ha prometido el bien a Israel». 30Pero él le dijo: «No iré, sino que me iré a mi tierra y a mi familia». 31Después dijo Moisés: «Te ruego que no nos dejes, puesto que tú sabes dónde debemos acampar en el desierto, y serás como ojos para nosotros. 32Y será que si vienes con nosotros, el bien que el Señor nos haga, te haremos nosotros».
33Así partieron desde el monte del Señor tres días de camino, y el arca del pacto del Señor iba delante de ellos por los tres días, buscándoles un lugar dónde descansar. 34La nube del Señor iba sobre ellos de día desde que partieron del campamento.
35Y sucedía que cuando el arca se ponía en marcha, Moisés decía:
«¡Levántate, oh Señor!
Y sean dispersados Tus enemigos,
Huyan de Tu presencia los que te aborrecen».
36Y cuando el arca descansaba, él decía:
«Vuelve, oh Señor,
Alos millares de millares de Israel».

Números 11

1El pueblo comenzó a quejarse en la adversidad a oídos del Señor; y cuando el Señor lo oyó, se encendió Su ira, y el fuego del Señor ardió entre ellos y consumió un extremo del campamento. 2Entonces el pueblo clamó a Moisés, y Moisés oró al Señor y el fuego se apagó. 3Y se le dio a aquel lugar el nombre de Tabera, porque el fuego del Señor había ardido entre ellos.
4El populacho que estaba entre ellos tenía un deseo insaciable; y también los israelitas volvieron a llorar, y dijeron: «¿Quién nos dará carne para comer? 5Nos acordamos del pescado que comíamos gratis en Egipto, de los pepinos, de los melones, los puerros, las cebollas y los ajos; 6pero ahora no tenemos apetito. Nada hay para nuestros ojos excepto este maná». 7Y el maná era como una semilla de cilantro, y su aspecto como el del bedelio. 8El pueblo iba, lo recogía y lo molía entre dos piedras de molino, o lo machacaba en el mortero, y lo hervía en el caldero y hacía tortas con él; y tenía el sabor de tortas cocidas con aceite. 9Cuando el rocío caía en el campamento por la noche, con él caía el maná.
10Y Moisés oyó llorar al pueblo, por sus familias, cada uno a la puerta de su tienda; y la ira del Señor se encendió en gran manera, y a Moisés no le agradó. 11Entonces Moisés dijo al Señor: «¿Por qué has tratado tan mal a Tu siervo? ¿Y por qué no he hallado gracia ante Tus ojos para que hayas puesto la carga de todo este pueblo sobre mí? 12¿Acaso concebí yo a todo este pueblo? ¿Fui yo quien lo dio a luz para que me dijeras: “Llévalo en tu seno, como la nodriza lleva al niño de pecho, a la tierra que Yo juré a sus padres”? 13¿De dónde he de conseguir carne para dar a todo este pueblo? Porque claman a mí, diciendo: “Danos carne para que comamos”. 14Yo solo no puedo llevar a todo este pueblo, porque es mucha carga para mí. 15Y si así me vas a tratar, te ruego que me mates si he hallado gracia ante Tus ojos, y no me permitas ver mi desventura».
16Entonces el Señor dijo a Moisés: «Reúneme a setenta hombres de los ancianos de Israel, a quienes tú conozcas como los ancianos del pueblo y a sus oficiales, y tráelos a la tienda de reunión y que permanezcan allí contigo. 17Entonces descenderé y hablaré contigo allí, y tomaré del Espíritu que está sobre ti y lo pondré sobre ellos, y llevarán contigo la carga del pueblo para que no la lleves tú solo. 18Y dile al pueblo: “Conságrense para mañana, y comerán carne, pues han llorado a oídos del Señor, diciendo: ‘¡Quién nos diera de comer carne! Porque nos iba mejor en Egipto’. El Señor, pues, les dará carne y comerán. 19No comerán un día, ni dos días, ni cinco días, ni diez días, ni veinte días, 20sino todo un mes, hasta que les salga por las narices y les sea aborrecible, porque han rechazado al Señor, que está entre ustedes, y han llorado delante de Él, diciendo: ‘¿Por qué salimos de Egipto?’ ” ». 21Pero Moisés dijo: «El pueblo, en medio del cual estoy, llega a 600,000 de a pie; y Tú has dicho: “Les daré carne a fin de que coman, por todo un mes”. 22¿Sería suficiente degollar para ellos las ovejas y los bueyes? ¿O sería suficiente juntar para ellos todos los peces del mar?». 23Y el Señor dijo a Moisés: «¿Está limitado el poder del Señor? Ahora verás si Mi palabra se te cumple o no».
24Salió Moisés y dijo al pueblo las palabras del Señor. Reunió después a setenta hombres de los ancianos del pueblo y los colocó alrededor de la tienda. 25Entonces el Señor descendió en la nube y le habló; y tomó del Espíritu que estaba sobre él y lo colocó sobre los setenta ancianos. Y sucedió que cuando el Espíritu reposó sobre ellos, profetizaron; pero no volvieron a hacerlo más.
26Pero dos hombres habían quedado en el campamento; uno se llamaba Eldad, y el otro se llamaba Medad. Y el Espíritu reposó sobre ellos, (ellos estaban entre los que se habían inscrito, pero no habían salido a la tienda), y profetizaron en el campamento. 27Y un joven corrió y avisó a Moisés: «Eldad y Medad están profetizando en el campamento». 28Entonces respondió Josué, hijo de Nun, ayudante de Moisés desde su juventud: «Moisés, señor mío, detenlos». 29Pero Moisés le dijo: «¿Tienes celos por causa mía? ¡Ojalá todo el pueblo del Señor fuera profeta, que el Señor pusiera Su Espíritu sobre ellos!». 30Después Moisés volvió al campamento, y con él los ancianos de Israel.
31Y salió de parte del Señor un viento que trajo codornices desde el mar y las dejó caer junto al campamento, como un día de camino de este lado, y un día de camino del otro lado, por todo alrededor del campamento, y como 2 codos (90 centímetros) de espesor sobre la superficie de la tierra. 32Y el pueblo estuvo levantado todo el día, toda la noche, y todo el día siguiente, y recogieron las codornices, y las tendieron para sí por todos los alrededores del campamento; el que recogió menos, recogió diez montones (homeres: 2 toneladas). 33Pero mientras la carne estaba aún entre sus dientes, antes que la masticaran, la ira del Señor se encendió contra el pueblo, y el Señor hirió al pueblo con una plaga muy mala. 34Por eso llamaron a aquel lugar Kibrot Hataava, porque allí sepultaron a los que habían sido codiciosos. 35Y de Kibrot Hataava el pueblo salió para Hazerot, y permaneció en Hazerot.

Lucas 20

1Aconteció que en uno de los días, cuando Jesús enseñaba a la gente en el templo y anunciaba el evangelio, se enfrentaron a Él los principales sacerdotes y los escribas con los ancianos, 2y le dijeron: «Dinos, ¿con qué autoridad haces estas cosas, o quién te dio esta autoridad?».
3Jesús les respondió: «Yo también les haré una pregunta; quiero que me digan: 4El bautismo de Juan, ¿era del cielo o de los hombres?». 5Y ellos razonaban entre sí, diciendo: «Si decimos: “Del cielo”, Él dirá: “¿Por qué no le creyeron?”. 6Pero si decimos: “De los hombres”, todo el pueblo nos matará a pedradas, pues están convencidos de que Juan era un profeta».
7Y respondieron que no sabían de dónde era. 8Jesús entonces les dijo: «Tampoco Yo les diré con qué autoridad hago estas cosas».
9Entonces comenzó a contar al pueblo esta parábola: «Un hombre plantó una viña, y la arrendó a labradores, y se fue de viaje por mucho tiempo. 10Al tiempo de la vendimia envió un siervo a los labradores para que le dieran parte del fruto de la viña; pero los labradores, después de golpearlo, lo enviaron con las manos vacías. 11Volvió a enviar otro siervo; y ellos también a este, después de golpearlo y ultrajarlo, lo enviaron con las manos vacías. 12Después envió un tercero; y a este también lo hirieron y echaron fuera.
13 »Entonces el dueño de la viña dijo: “¿Qué haré? Enviaré a mi hijo amado; quizá a él lo respetarán”. 14Pero cuando los labradores lo vieron, razonaron entre sí, diciendo: “Este es el heredero; vamos a matarlo para que la heredad sea nuestra”. 15Y arrojándolo fuera de la viña, lo mataron. Por tanto, ¿qué les hará el dueño de la viña? 16Vendrá y destruirá a estos labradores, y dará la viña a otros». Y cuando ellos oyeron esto, dijeron: «¡Nunca suceda tal cosa!».
17Pero Él, mirándolos fijamente, dijo: «Entonces, ¿qué quiere decir esto que está escrito:
“La piedra que desecharon los constructores,
Esa, en piedra angular se ha convertido”?
18 Todo el que caiga sobre esa piedra será hecho pedazos; y sobre quien ella caiga, lo esparcirá como polvo».
19Los escribas y los principales sacerdotes procuraron arrestar a Jesús en aquella misma hora, porque comprendieron que contra ellos había dicho esta parábola; pero temieron al pueblo. 20Para sorprender a Jesús en alguna declaración, lo acechaban, enviando espías que fingieran ser justos, y así lo podrían entregar al poder y autoridad del gobernador.
21Y le preguntaron: «Maestro, sabemos que hablas y enseñas rectamente, y no te guías por las apariencias, sino que enseñas con verdad el camino de Dios. 22¿Nos es lícito pagar impuesto a César, o no?». 23Pero Jesús, percibiendo su astucia, les dijo: 24«Traigan un denario. ¿De quién es la imagen y la inscripción que lleva?». «De César», contestaron.
25Entonces Jesús les dijo: «Pues den a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios». 26Y no podían sorprender a Jesús en palabra alguna delante del pueblo; y maravillados de Su respuesta, se callaron.
27Acercándose a Él algunos de los saduceos, los que dicen que no hay resurrección, 28Le dijeron: «Maestro, Moisés nos escribió: “Si el hermano de alguien muere, siendo casado, y no deja hijos, que su hermano tome la mujer y levante descendencia a su hermano”. 29Eran, pues, siete hermanos; y el primero tomó esposa, y murió sin dejar hijos; 30y el segundo 31y el tercero la tomaron; y de la misma manera también los siete, y murieron sin dejar hijos. 32Por último, murió también la mujer. 33Por tanto, en la resurrección, ¿de cuál de ellos será esposa la mujer? Porque los siete la tuvieron por mujer».
34Jesús les respondió: «Los hijos de este siglo se casan y son dados en matrimonio. 35Pero los que son tenidos por dignos de alcanzar aquel siglo y la resurrección de entre los muertos, ni se casan ni son dados en matrimonio. 36Tampoco pueden morir, pues son como ángeles, y son hijos de Dios, siendo hijos de la resurrección. 37Pero que los muertos resucitan, aun Moisés lo enseñó, en aquel pasaje sobre la zarza ardiendo, donde llama al Señor, el Dios de Abraham, y Dios de Isaac, y Dios de Jacob. 38Él no es Dios de muertos, sino de vivos; porque todos viven para Él».
39Algunos de los escribas respondieron: «Maestro, bien has hablado». 40Y ya no se atrevían a hacer más preguntas.
41Entonces Jesús les preguntó: «¿Cómo es que dicen que el Cristo es hijo de David? 42Pues David mismo dice en el libro de los Salmos:
El Señor dijo a mi Señor:
“Siéntate a Mi diestra,
43 Hasta que ponga a Tus enemigos por estrado de Tus pies” ».
44 «David, por tanto, lo llama “Señor”. ¿Cómo, pues, es Él su hijo?».
45Mientras todo el pueblo escuchaba, dijo a Sus discípulos: 46«Cuídense de los escribas, a quienes les gusta andar con vestiduras largas, y son amantes de los saludos respetuosos en las plazas, y de ocupar los primeros asientos en las sinagogas y los lugares de honor en los banquetes; 47que devoran las casas de las viudas, y por las apariencias hacen largas oraciones; ellos recibirán mayor condenación».

Salmo 64

Para el director del coro. Salmo de David.
1Escucha mi voz, oh Dios, en mi queja;
Guarda mi vida del terror del enemigo.
2Escóndeme de los planes secretos de los malhechores,
Del asalto de los obradores de iniquidad,
3Que afilan su lengua como espada,
Y lanzan palabras amargas como flecha,
4Para herir en oculto al íntegro;
Lo hieren repentinamente, y no temen.
5Se aferran en propósitos malignos;
Hablan de tender trampas en secreto,
Y dicen: «¿Quién las verá?».
6Traman injusticias, diciendo:
«Estamos listos con una trama bien concebida;
Pues los pensamientos del hombre y su corazón son profundos».
7¶Pero Dios les disparará con flecha;
Repentinamente serán heridos.
8Vuelven su lengua tropezadero contra sí mismos;
Todos los que los vean moverán la cabeza.
9Entonces todos los hombres temerán,
Declararán la obra de Dios
Y considerarán sus hechos.
10El justo se alegrará en el Señor, y en Él se refugiará;
Y todos los rectos de corazón se gloriarán.

Proverbios 2

1Hijo mío, si recibes mis palabras
Y atesoras mis mandamientos dentro de ti,
2Da oído a la sabiduría,
Inclina tu corazón al entendimiento.
3Porque si clamas a la inteligencia,
Alza tu voz por entendimiento;
4Si la buscas como a la plata,
Y la procuras como a tesoros escondidos,
5Entonces entenderás el temor del Señor
Y descubrirás el conocimiento de Dios.
6Porque el Señor da sabiduría,
De Su boca vienen el conocimiento y la inteligencia.
7Él reserva la prosperidad para los rectos
Y es escudo para los que andan en integridad,
8Guarda las sendas del juicio,
Y preserva el camino de Sus santos.
9Entonces discernirás justicia y juicio,
Equidad y todo buen sendero.
10Porque la sabiduría entrará en tu corazón,
Y el conocimiento será grato a tu alma;
11 La discreción velará sobre ti,
El entendimiento te protegerá,
12Para librarte de la senda del mal,
Del hombre que habla cosas perversas;
13De los que dejan las sendas de rectitud,
Para andar por los caminos tenebrosos;
14De los que se deleitan en hacer el mal
Y se regocijan en las perversidades del mal;
15Cuyas sendas son torcidas,
Y se extravían en sus senderos.
16 La discreción te librará de la mujer extraña,
De la desconocida que lisonjea con sus palabras,
17La cual deja al compañero de su juventud,
Y olvida el pacto de su Dios;
18Porque su casa se inclina hacia la muerte,
Y sus senderos hacia los muertos.
19Todos los que van a ella, no vuelven,
Ni alcanzan las sendas de la vida.
20Por tanto, andarás en el camino de los buenos
Y guardarás las sendas de los justos.
21Porque los rectos morarán en la tierra,
Y los íntegros permanecerán en ella;
22Pero los impíos serán cortados de la tierra,
Y los malvados serán desarraigados de ella.

Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © The Lockman Foundation — cortesía de YouVersion.

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