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Día 65 de 365 · 6 de marzo

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Números 12

1Entonces Miriam y Aarón hablaron contra Moisés por causa de la mujer cusita con quien se había casado, pues se había casado con una mujer cusita; 2y dijeron: «¿Es cierto que el Señor ha hablado solo mediante Moisés? ¿No ha hablado también mediante nosotros?». Y el Señor lo oyó. 3Moisés era un hombre muy humilde, más que cualquier otro hombre sobre la superficie de la tierra. 4Y el Señor de repente les dijo a Moisés, a Aarón y a Miriam: «Salgan ustedes tres a la tienda de reunión». Y salieron los tres. 5Entonces el Señor descendió en una columna de nube y se puso a la puerta de la tienda; y llamó a Aarón y a Miriam. Y cuando los dos se adelantaron, 6Él dijo:
«Oigan ahora Mis palabras:
Si entre ustedes hay profeta,
Yo, el Señor, me manifestaré a él en visión.
Hablaré con él en sueños.
7-»No así con Mi siervo Moisés;
En toda Mi casa él es fiel.
8-»Cara a cara hablo con él,
Abiertamente y no en dichos oscuros,
Y él contempla la imagen del Señor.
¿Por qué, pues, no temieron
Hablar contra Mi siervo, contra Moisés?».
9Y se encendió la ira del Señor contra ellos, y Él se fue. 10Pero cuando la nube se retiró de sobre la tienda, vieron que Miriam estaba leprosa, blanca como la nieve. Y cuando Aarón se volvió hacia Miriam, vio que estaba leprosa. 11Entonces Aarón dijo a Moisés: «Señor mío, te ruego que no nos cargues este pecado, en el cual hemos obrado neciamente y con el cual hemos pecado. 12No permitas que ella sea como quien nace muerto, que cuando sale del vientre de su madre su carne ya está medio consumida». 13Y Moisés clamó al Señor y dijo: «Oh Dios, sánala ahora, te ruego». 14Pero el Señor le respondió a Moisés: «Si su padre le hubiera escupido a ella en el rostro, ¿no llevaría su vergüenza por siete días? Que sea echada fuera del campamento por siete días, y después puede ser admitida de nuevo». 15Miriam fue confinada fuera del campamento por siete días y el pueblo no se puso en marcha hasta que Miriam volvió.
16Después el pueblo salió de Hazerot y acampó en el desierto de Parán.

Números 13

1Entonces el Señor habló a Moisés: 2«Tú mismo envía hombres a fin de que reconozcan la tierra de Canaán, que voy a dar a los israelitas. Enviarás un hombre de cada una de las tribus de sus padres, cada uno de ellos jefe entre ellos». 3Y Moisés los envió desde el desierto de Parán, al mandato del Señor; todos aquellos hombres eran jefes de los israelitas. 4Y estos eran sus nombres: de la tribu de Rubén, Samúa, hijo de Zacur; 5de la tribu de Simeón, Safat, hijo de Hori; 6de la tribu de Judá, Caleb, hijo de Jefone; 7de la tribu de Isacar, Igal, hijo de José; 8de la tribu de Efraín, Oseas, hijo de Nun; 9de la tribu de Benjamín, Palti, hijo de Rafú; 10de la tribu de Zabulón, Gadiel, hijo de Sodi; 11de la tribu de los hijos de José y de la tribu de Manasés, Gadi, hijo de Susi; 12de la tribu de Dan, Amiel, hijo de Gemali; 13de la tribu de Aser, Setur, hijo de Micael; 14de la tribu de Neftalí, Nahbi, hijo de Vapsi; 15de la tribu de Gad, Geuel, hijo de Maqui. 16Así se llamaban los hombres a quienes Moisés envió a reconocer la tierra; pero a Oseas, hijo de Nun, Moisés lo llamó Josué.
17Cuando Moisés los envió a reconocer la tierra de Canaán, les dijo: «Suban allá, al Neguev; después suban a la región montañosa. 18Vean cómo es la tierra, y si la gente que habita en ella es fuerte o débil, si son pocos o muchos; 19y cómo es la tierra en que viven, si es buena o mala; y cómo son las ciudades en que habitan, si son como campamentos abiertos o con fortificaciones; 20y cómo es el terreno, si fértil o estéril. ¿Hay allí árboles o no? Procuren obtener algo del fruto de la tierra». Aquel tiempo era el tiempo de las primeras uvas maduras.
21Entonces ellos subieron y reconocieron la tierra desde el desierto de Zin hasta Rehob, en Lebo Hamat. 22Y subieron por el Neguev, y llegaron hasta Hebrón, donde estaban Ahimán, Sesai y Talmai, los descendientes de Anac. Hebrón fue edificada siete años antes que Zoán en Egipto.
23Y llegaron hasta el valle de Escol y de allí cortaron un sarmiento con un solo racimo de uvas; y lo llevaban en un palo entre dos hombres, con algunas de las granadas y de los higos. 24A aquel lugar se le llamó valle de Escol por razón del racimo que los israelitas cortaron allí.
25Y volvieron de reconocer la tierra después de cuarenta días, 26y fueron y se presentaron a Moisés, a Aarón, y a toda la congregación de los israelitas en el desierto de Parán, en Cades; y les dieron un informe a ellos y a toda la congregación, y les enseñaron el fruto de la tierra. 27Y le contaron a Moisés, y le dijeron: «Fuimos a la tierra adonde nos enviaste; ciertamente mana leche y miel, y este es el fruto de ella. 28Solo que es fuerte el pueblo que habita en la tierra, y las ciudades, fortificadas y muy grandes; y además vimos allí a los descendientes de Anac. 29Amalec habita en la tierra del Neguev, y los hititas, los jebuseos y los amorreos habitan en la región montañosa, y los cananeos habitan junto al mar y a la ribera del Jordán».
30Entonces Caleb calmó al pueblo delante de Moisés, y dijo: «Debemos ciertamente subir y tomar posesión de ella, porque sin duda la conquistaremos». 31Pero los hombres que habían subido con él dijeron: «No podemos subir contra ese pueblo, porque es más fuerte que nosotros». 32Y dieron un mal informe a los israelitas de la tierra que habían reconocido, diciendo: «La tierra por la que hemos ido para reconocerla es una tierra que devora a sus habitantes, y toda la gente que vimos en ella son hombres de gran estatura. 33Vimos allí también a los gigantes (los hijos de Anac son parte de la raza delos gigantes); y a nosotros nos pareció que éramos como langostas; y así parecíamos ante sus ojos».

Lucas 21

1Levantando Jesús la vista, vio a los ricos que echaban sus ofrendas en el arca del tesoro. 2Vio también a una viuda pobre que echaba allí dos pequeñas monedas de cobre;
3y dijo: «En verdad les digo, que esta viuda tan pobre echó más que todos ellos; 4porque todos ellos echaron en la ofrenda de lo que les sobra, pero ella, de su pobreza, echó todo lo que tenía para vivir».
5Mientras algunos estaban hablando del templo, de cómo estaba adornado con hermosas piedras y ofrendas votivas, Jesús dijo: 6«En cuanto a estas cosas que ustedes están mirando, vendrán días en que no quedará piedra sobre piedra que no sea derribada».
7Ellos le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo sucederá esto, y qué señal habrá cuando estas cosas vayan a suceder?». 8Jesús respondió: «Cuídense de no ser engañados; porque muchos vendrán en Mi nombre, diciendo: “Yo soy el Cristo”, y: “El tiempo está cerca”. No los sigan. 9Y cuando oigan de guerras y disturbios, no se aterroricen; porque estas cosas tienen que suceder primero, pero el fin no sucederá inmediatamente».
10Entonces les dijo: «Se levantará nación contra nación y reino contra reino; 11habrá grandes terremotos, y plagas y hambres en diversos lugares; y habrá terrores y grandes señales del cielo.
12 »Pero antes de todas estas cosas, a ustedes les echarán mano, y los perseguirán, entregándolos a las sinagogas y cárceles, llevándolos ante reyes y gobernadores por causa de Mi nombre. 13Esto les dará oportunidad de testificar. 14Por tanto, propónganse en sus corazones no preparar de antemano su defensa; 15porque Yo les daré a ustedes palabras y sabiduría que ninguno de sus adversarios podrá resistir ni contradecir.
16 »Pero serán entregados aun por padres, hermanos, parientes y amigos; y matarán a algunos de ustedes, 17y serán odiados de todos por causa de Mi nombre. 18Sin embargo, ni un cabello de su cabeza perecerá. 19Con su perseverancia ganarán sus almas.
20 »Pero cuando ustedes vean a Jerusalén rodeada de ejércitos, sepan entonces que su desolación está cerca. 21Entonces los que estén en Judea, huyan a los montes, y los que estén en medio de la ciudad, aléjense; y los que estén en los campos, no entren en ella. 22Porque estos son días de venganza, para que se cumplan todas las cosas que están escritas.
23 »¡Ay de las que estén encinta y de las que estén criando en aquellos días! Porque habrá una gran calamidad sobre la tierra, e ira para este pueblo. 24Caerán a filo de espada y serán llevados cautivos a todas las naciones. Jerusalén será pisoteada por los gentiles, hasta que los tiempos de los gentiles se cumplan.
25 »Habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas, y sobre la tierra, angustia entre las naciones, perplejas a causa del rugido del mar y de las olas, 26desfalleciendo los hombres por el temor y la expectación de las cosas que vendrán sobre el mundo; porque las potencias de los cielos serán sacudidas.
27 »Entonces verán al Hijo del Hombre que viene en una nube con poder y gran gloria. 28Cuando estas cosas empiecen a suceder, levántense y alcen la cabeza, porque se acerca su redención».
29Jesús les dijo también una parábola: «Miren la higuera y todos los árboles. 30Cuando ya brotan las hojas, al verlo, ustedes mismos saben que el verano ya está cerca. 31Asimismo ustedes, cuando vean que suceden estas cosas, sepan que el reino de Dios está cerca. 32En verdad les digo que no pasará esta generación hasta que todo esto suceda. 33El cielo y la tierra pasarán, pero Mis palabras no pasarán.
34 »Estén alerta, no sea que sus corazones se carguen con disipación, embriaguez y con las preocupaciones de la vida, y aquel día venga súbitamente sobre ustedes como un lazo; 35porque vendrá sobre todos los que habitan sobre la superficie de toda la tierra. 36Pero velen en todo tiempo, orando para que tengan fuerza para escapar de todas estas cosas que están por suceder, y puedan estar en pie delante del Hijo del Hombre».
37Durante el día Jesús enseñaba en el templo, pero al oscurecer salía y pasaba la noche en el monte llamado de los Olivos. 38Y todo el pueblo iba temprano al temploa escuchar a Jesús.

Salmo 65

Para el director del coro. Salmo de David. Cántico.
1Silencio habrá delante de Ti, y alabanza en Sión, oh Dios.
A Ti se cumplirá el voto.
2¡Oh Tú, que escuchas la oración!
Hasta Ti viene todo hombre.
3Las iniquidades prevalecen contra mí,
Pero nuestras transgresiones Tú las perdonas.
4Cuán bienaventurado es aquel que Tú escoges, y acercas a Ti,
Para que more en Tus atrios.
Seremos saciados con el bien de Tu casa,
Tu santo templo.
5¶Con grandes prodigios nos respondes en justicia,
Oh Dios de nuestra salvación,
Tú eres la confianza de todos los términos de la tierra y del más lejano mar;
6El que afirma los montes con Su poder,
Ceñido de potencia;
7El que calma el rugido de los mares,
El estruendo de las olas,
Y el tumulto de los pueblos.
8Por eso los que moran en los confines de la tierra temen Tus obras,
Tú haces cantar de júbilo a la aurora y al ocaso.
9¶Tú visitas la tierra y la riegas en abundancia,
En gran manera la enriqueces.
El río de Dios rebosa de agua;
Tú les preparas su grano, porque así preparas la tierra.
10Riegas sus surcos abundantemente,
Allanas sus camellones,
La ablandas con lluvias,
Bendices sus renuevos.
11Tú has coronado el año con Tus bienes,
Y Tus huellas destilan grasa.
12Destilan los pastos del desierto,
Y los collados se adornan de alegría.
13Las praderas se visten de rebaños,
Y los valles se cubren de grano;
Dan voces de júbilo, sí, cantan.

Proverbios 3

1Hijo mío, no te olvides de mi enseñanza,
Y tu corazón guarde mis mandamientos,
2Porque largura de días y años de vida
Y paz te añadirán.
3La misericordia y la verdad nunca se aparten de ti;
Átalas a tu cuello,
Escríbelas en la tabla de tu corazón.
4Así hallarás favor y buena estimación
Ante los ojos de Dios y de los hombres.
5Confía en el Señor con todo tu corazón,
Y no te apoyes en tu propio entendimiento.
6Reconócelo en todos tus caminos,
Y Él enderezará tus sendas.
7No seas sabio a tus propios ojos;
Teme al Señor y apártate del mal.
8Será medicina para tu cuerpo
Y alivio para tus huesos.
9Honra al Señor con tus bienes
Y con las primicias de todos tus frutos;
10Entonces tus graneros se llenarán con abundancia
Y tus lagares rebosarán de vino nuevo.
11Hijo mío, no rechaces la disciplina del Señor
Ni aborrezcas Su reprensión,
12Porque el Señor ama a quien reprende,
Como un padre al hijo en quien se deleita.
13¶Bienaventurado el hombre que halla sabiduría
Y el hombre que adquiere entendimiento.
14Porque su ganancia es mejor que la ganancia de la plata,
Y sus utilidades mejor que el oro fino.
15Es más preciosa que las joyas,
Y nada de lo que deseas se compara con ella.
16Larga vida hay en su mano derecha,
En su mano izquierda, riquezas y honra.
17Sus caminos son caminos agradables
Y todas sus sendas, paz.
18Es árbol de vida para los que echan mano de ella,
Y felices son los que la abrazan.
19Con sabiduría fundó el Señor la tierra,
Con inteligencia estableció los cielos.
20Con su conocimiento los abismos fueron divididos
Y los cielos destilan rocío.
21Hijo mío, no se aparten estas cosas de tus ojos;
Guarda la prudencia y la discreción,
22Y serán vida para tu alma
Y adorno para tu cuello.
23Entonces andarás con seguridad por tu camino,
Y tu pie no tropezará.
24Cuando te acuestes no tendrás temor,
Sí, te acostarás y será dulce tu sueño.
25No temerás el pavor repentino,
Ni el ataque de los impíos cuando venga,
26Porque el Señor será tu confianza,
Y guardará tu pie de ser apresado.
27¶No niegues el bien a quien se le debe,
Cuando esté en tu mano el hacerlo.
28No digas a tu prójimo: «Ve y vuelve,
Y mañana te lo daré»,
Cuando lo tienes contigo.
29No trames el mal contra tu prójimo,
Mientras habite seguro a tu lado.
30No pelees con nadie sin motivo,
Si no te ha hecho daño.
31No envidies al hombre violento,
Y no escojas ninguno de sus caminos.
32Porque el hombre perverso es abominación para el Señor;
Pero Él es amigo íntimo de los rectos.
33La maldición del Señor está sobre la casa del impío,
Pero Él bendice la morada del justo.
34Ciertamente Él se burla de los burladores,
Pero da gracia a los afligidos.
35El sabio heredará honra,
Pero los necios hacen resaltar sudeshonra.

Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © The Lockman Foundation — cortesía de YouVersion.

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