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Día 66 de 365 · 7 de marzo

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Números 14

1Entonces toda la congregación levantó la voz y clamó, y el pueblo lloró aquella noche. 2Todos los israelitas murmuraron contra Moisés y Aarón, y toda la congregación les dijo: «¡Ojalá hubiéramos muerto en la tierra de Egipto! ¡Ojalá hubiéramos muerto en este desierto! 3¿Por qué nos trae el Señor a esta tierra para caer a espada? Nuestras mujeres y nuestros hijos van a caer cautivos. ¿No sería mejor que nos volviéramos a Egipto?». 4Y se decían unos a otros: «Nombremos un jefe y volvamos a Egipto».
5Entonces Moisés y Aarón cayeron sobre sus rostros en presencia de toda la asamblea de la congregación de los israelitas. 6Y Josué, hijo de Nun, y Caleb, hijo de Jefone, que eran de los que habían reconocido la tierra, rasgaron sus vestidos; 7y hablaron a toda la congregación de los israelitas y dijeron: «La tierra por la que pasamos para reconocerla es una tierra buena en gran manera. 8Si el Señor se agrada de nosotros, nos llevará a esa tierra y nos la dará; es una tierra que mana leche y miel. 9Solo que ustedes no se rebelen contra el Señor, ni tengan miedo de la gente de la tierra, pues serán presa nuestra. Su protección les ha sido quitada, y el Señor está con nosotros; no les tengan miedo». 10Pero toda la congregación dijo que los apedrearan. Entonces la gloria del Señor apareció en la tienda de reunión a todos los israelitas.
11Y el Señor dijo a Moisés: «¿Hasta cuándo me desdeñará este pueblo? ¿Y hasta cuándo no creerán en Mí a pesar de todas las señales que he hecho en medio de ellos? 12Los heriré con pestilencia y los desalojaré, y a ti te haré una nación más grande y poderosa que ellos».
13Pero Moisés respondió al Señor: «Entonces lo oirán los egipcios, pues Tú sacaste a este pueblo de en medio de ellos con Tu poder, 14y se lo dirán a los habitantes de esta tierra. Estos han oído que Tú, oh Señor, estás en medio de Tu pueblo, porque Tú, oh Señor, eres visto cara a cara cuando Tu nube está sobre ellos; y Tú vas delante de ellos de día en una columna de nube, y de noche en una columna de fuego. 15Pero si Tú destruyes a este pueblo como a un solo hombre, entonces las naciones que han oído de Tu fama, dirán: 16“Porque el Señor no pudo introducir a este pueblo a la tierra que les había prometido con juramento, por eso los mató en el desierto”.
17»Pero ahora, yo te ruego que sea engrandecido el poder del Señor, tal como Tú lo has declarado: 18“El Señor es lento para la ira y abundante en misericordia, y perdona la iniquidad y la transgresión; pero de ninguna manera tendrá por inocente al culpable; sino que castigará la iniquidad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y la cuarta generación”. 19Perdona, te ruego, la iniquidad de este pueblo conforme a la grandeza de Tu misericordia, así como has perdonado a este pueblo desde Egipto hasta aquí».
20Entonces el Señor dijo: «Los he perdonado según tu palabra; 21pero ciertamente, vivo Yo, que toda la tierra será llena de la gloria del Señor. 22Ciertamente todos los que han visto Mi gloria y las señales que hice en Egipto y en el desierto, y que me han puesto a prueba estas diez veces y no han oído Mi voz, 23no verán la tierra que juré a sus padres, ni la verá ninguno de los que me desdeñaron. 24Pero a Mi siervo Caleb, porque ha habido en él un espíritu distinto y me ha seguido plenamente, lo introduciré a la tierra donde entró, y su descendencia tomará posesión de ella. 25Ahora bien, los amalecitas y los cananeos moran en los valles. Mañana, ustedes vuelvan y partan para el desierto, camino del mar Rojo».
26Y el Señor habló a Moisés y a Aarón y les dijo: 27«¿Hasta cuándo tendré que sobrellevar a esta congregación malvada que murmura contra Mí? He oído las quejas de los israelitas, que murmuran contra Mí. 28Diles: “Vivo Yo”, declara el Señor, “que tal como han hablado a mis oídos, así haré Yo con ustedes. 29En este desierto caerán los cadáveres de ustedes, todos sus enumerados de todos los contados de veinte años arriba, que han murmurado contra Mí. 30De cierto que ustedes no entrarán en la tierra en la cual juré establecerlos, excepto Caleb, hijo de Jefone, y Josué, hijo de Nun. 31Sin embargo, sus pequeños, de quienes dijeron que serían presa del enemigo, a ellos los introduciré, y conocerán la tierra que ustedes han despreciado. 32Pero en cuanto a ustedes, sus cadáveres caerán en este desierto. 33Y sus hijos serán pastores por cuarenta años en el desierto, y sufrirán por la infidelidad de ustedes, hasta que sus cadáveres queden en el desierto. 34Según el número de los días que ustedes reconocieron la tierra, cuarenta días, por cada día llevarán su culpa un año, hasta cuarenta años, y conocerán Mi enemistad. 35Yo, el Señor, he hablado; ciertamente esto haré a toda esta perversa congregación que se han juntado contra Mí. En este desierto serán destruidos, y aquí morirán” ».
36En cuanto a los hombres a quienes Moisés envió a reconocer la tierra, y que volvieron e hicieron murmurar contra él a toda la congregación dando un mal informe acerca de la tierra, 37aquellos hombres que dieron el mal informe acerca de la tierra, murieron debido a una plaga delante del Señor. 38Pero Josué, hijo de Nun, y Caleb, hijo de Jefone, sobrevivieron de entre aquellos hombres que fueron a reconocer la tierra.
39Cuando Moisés habló estas palabras a todos los israelitas, el pueblo lloró mucho. 40Y se levantaron muy de mañana y subieron a la cumbre del monte, y dijeron: «Aquí estamos; subamos al lugar que el Señor ha dicho, porque hemos pecado». 41Pero Moisés dijo: «¿Por qué, entonces, quebrantan ustedes el mandamiento del Señor, si esto no les saldrá bien? 42No suban, no sea que sean derribados delante de sus enemigos, pues el Señor no está entre ustedes. 43Pues los amalecitas y los cananeos estarán allí frente a ustedes, y caerán a espada por cuanto se han negado a seguir al Señor. Y el Señor no estará con ustedes». 44Pero ellos se obstinaron en subir a la cumbre del monte; mas ni el arca del pacto del Señor ni Moisés se apartaron del campamento. 45Entonces descendieron los amalecitas y los cananeos que habitaban en la región montañosa, y los hirieron y los derrotaron persiguiéndoloshasta Horma.

Números 15

1Y el Señor dijo a Moisés: 2«Habla a los israelitas, y diles: “Cuando entren en la tierra que Yo les doy por morada, 3y presenten, de vacas o de ovejas, una ofrenda encendida al Señor en holocausto o sacrificio para cumplir un voto especial, o como ofrenda voluntaria, o para ofrecer en sus fiestas señaladas aroma agradable al Señor, 4entonces el que presente su ofrenda, traerá al Señor una ofrenda de cereal de una décima de un efa (2.2 litros) de flor de harina mezclada con un cuarto de un hin (un litro) de aceite. 5Tú prepararás vino para la libación, un cuarto de un hin (un litro) con el holocausto o para el sacrificio, por cada cordero.
6”Por un carnero prepararás como ofrenda de cereal 4.4 litros de flor de harina mezclada con 1.2 litros de aceite; 7y para la libación ofrecerás 1.2 litros de vino, como aroma suave al Señor. 8Cuando prepares un novillo, como holocausto o sacrificio para cumplir un voto especial, o para las ofrendas de paz al Señor, 9entonces ofrecerás con el novillo una ofrenda de cereal de 6.6 litros de flor de harina mezclada con 2 litros de aceite; 10y ofrecerás como libación 2 litros de vino como ofrenda encendida, como aroma agradable al Señor.
11”Así se hará con cada buey, o con cada carnero, o con cada uno de los corderos o de las cabras. 12Según el número que ustedes preparen, así harán con cada uno conforme a su número. 13Todo nativo hará estas cosas en esta forma al presentar una ofrenda encendida, como aroma agradable al Señor. 14Y si un extranjero reside con ustedes, o uno que esté entre ustedes por sus generaciones, y desea presentar una ofrenda encendida como aroma agradable al Señor, como lo hacen ustedes, así lo hará él. 15En cuanto a la asamblea, un estatuto habrá para ustedes y para el extranjero que reside con ustedes, un estatuto perpetuo por sus generaciones; como ustedes son, así será el extranjero delante del Señor. 16Una sola ley habrá, una sola ordenanza, para ustedes y para el extranjero que reside con ustedes” ».
17Después el Señor dijo a Moisés: 18«Habla a los israelitas, y diles: “Cuando entren en la tierra adonde los llevo, 19será que cuando coman de la comida de la tierra, elevarán una ofrenda al Señor. 20De las primicias de su masa elevarán una torta como ofrenda; como la ofrenda de la era, así la elevarán. 21De las primicias de su masa darán al Señor una ofrenda por sus generaciones.
22”Pero cuando ustedes yerren y no observen todos estos mandamientos que el Señor ha hablado a Moisés, 23todo lo que el Señor les ha mandado por medio de Moisés, desde el día en que el Señor dio mandamiento, en el futuro, por todas sus generaciones, 24entonces sucederá que si se hizo inadvertidamente, sin el conocimiento de la congregación, toda la congregación ofrecerá un novillo como holocausto, como aroma agradable al Señor, con su ofrenda de cereal y su libación, según la ordenanza, y un macho cabrío como ofrenda por el pecado. 25Entonces el sacerdote hará expiación por toda la congregación de los israelitas, y serán perdonados, pues fue un error. Cuando presenten su ofrenda, una ofrenda encendida al Señor, y su ofrenda por el pecado delante del Señor por su error, 26será perdonada toda la congregación de los israelitas, y el extranjero que reside entre ellos, pues sucedió a todo el pueblo por error.
27”También, si una persona peca inadvertidamente, ofrecerá una cabra de un año como ofrenda por el pecado. 28Y el sacerdote hará expiación delante del Señor por la persona que ha cometido error, cuando peca inadvertidamente, haciendo expiación por él, y será perdonado. 29Para el que es nativo entre los israelitas y para el extranjero que reside entre ellos, ustedes tendrán una sola ley para el que haga algo inadvertidamente. 30Pero aquel que obre con desafío, ya sea nativo o extranjero, ese blasfema contra el Señor, y esa persona será exterminada de entre su pueblo. 31Porque ha despreciado la palabra del Señor, y ha quebrantado Su mandamiento, esa persona será enteramente exterminada; su culpa caerá sobre ella” ».
32Cuando los israelitas estaban en el desierto, encontraron a un hombre que recogía leña en el día de reposo. 33Los que lo encontraron recogiendo leña, lo llevaron a Moisés y a Aarón y a toda la congregación; 34y lo pusieron bajo custodia, porque no se había aclarado qué debería hacerse con él. 35Entonces el Señor dijo a Moisés: «Ciertamente al hombre se le dará muerte; toda la congregación lo apedreará fuera del campamento». 36Y toda la congregación lo sacó fuera del campamento y lo apedrearon, y murió, tal como el Señor había ordenado a Moisés.
37También el Señor habló a Moisés y dijo: 38«Habla a los israelitas y diles que se hagan flecos en los bordes de sus vestidos, por sus generaciones, y que pongan en el fleco de cada borde un cordón azul. 39Y el fleco les servirá a ustedes para que cuando lo vean se acuerden de todos los mandamientos del Señor, a fin de que los cumplan y no sigan ni a su corazón ni a sus ojos, tras los cuales se han prostituido, 40para que se acuerden de cumplir todos Mis mandamientos y sean santos a su Dios. 41Yo soy el Señor su Dios que los saqué de la tierra de Egipto para ser el Dios de ustedes. Yo soy el Señorsu Dios».

Lucas 22

1Se acercaba la Fiesta de los Panes sin Levadura, llamada la Pascua. 2Y los principales sacerdotes y los escribas buscaban cómo dar muerte a Jesús, pero temían al pueblo.
3Entonces Satanás entró en Judas, llamado Iscariote, que pertenecía al número de los doce apóstoles. 4Y él fue y discutió con los principales sacerdotes y con los oficiales sobre cómo entregarles a Jesús. 5Ellos se alegraron y convinieron en darle dinero. 6Él aceptó, y buscaba una oportunidad para entregar a Jesús sin hacer un escándalo.
7Llegó el día de la Fiesta de los Panes sin Levadura en que debía sacrificarse el cordero de la Pascua. 8Entonces Jesús envió a Pedro y a Juan, diciéndoles: «Vayan y preparen la Pascua para nosotros, para que la comamos». 9«¿Dónde deseas que la preparemos?», le preguntaron.
10Y Él les respondió: «Miren, al entrar en la ciudad, les saldrá al encuentro un hombre que lleva un cántaro de agua; síganlo a la casa donde entre. 11Y dirán al dueño de la casa: “El Maestro te dice: ‘¿Dónde está la habitación, en la cual pueda comer la Pascua con Mis discípulos?’ ”. 12Entonces él les mostrará un gran aposento alto, dispuesto; prepárenla allí». 13Ellos fueron y encontraron todo tal como Él les había dicho; y prepararon la Pascua.
14Cuando llegó la hora, Jesús se sentó a la mesa, y con Él los apóstoles, 15y les dijo: «Intensamente he deseado comer esta Pascua con ustedes antes de padecer; 16porque les digo que nunca más volveré a comerla hasta que se cumpla en el reino de Dios».
17Y tomando una copa, después de haber dado gracias, dijo: «Tomen esto y repártanlo entre ustedes; 18porque les digo que de ahora en adelante no beberé del fruto de la vid, hasta que venga el reino de Dios».
19Y tomando el pan, después de haber dado gracias, lo partió, y les dio, diciendo: «Esto es Mi cuerpo que por ustedes es dado; hagan esto en memoria de Mí». 20De la misma manera tomó la copa después de haber cenado, diciendo: «Esta copa es el nuevo pacto en Mi sangre, que es derramada por ustedes.
21 »Pero, vean, la mano del que me entrega está junto a Mí en la mesa. 22Porque en verdad, el Hijo del Hombre va según se ha determinado; pero ¡ay de aquel hombre por quien Él es entregado!». 23Entonces ellos comenzaron a discutir entre sí quién de ellos sería el que iba a hacer esto.
24Surgió también entre ellos una discusión, sobre cuál de ellos debía ser considerado como el mayor.
25Y Jesús les dijo: «Los reyes de los gentiles se enseñorean de ellos; y los que tienen autoridad sobre ellos son llamados bienhechores. 26Pero no es así con ustedes; antes, el mayor entre ustedes hágase como el menor, y el que dirige como el que sirve. 27Porque, ¿cuál es mayor, el que se sienta a la mesa, o el que sirve? ¿No lo es el que se sienta a la mesa? Sin embargo, entre ustedes Yo soy como el que sirve.
28 »Ustedes son los que han permanecido junto a Mí en Mis pruebas; 29y así como Mi Padre me ha otorgado un reino, Yo les otorgo 30que coman y beban a Mi mesa en Mi reino; y se sentarán en tronos juzgando a las doce tribus de Israel.
31 »Simón, Simón, mira que Satanás los ha reclamado a ustedes para zarandearlos como a trigo; 32pero Yo he rogado por ti para que tu fe no falle; y tú, una vez que hayas regresado, fortalece a tus hermanos».
33Y Pedro le dijo: «Señor, estoy dispuesto a ir adonde vayas, tanto a la cárcel como a la muerte». 34Pero Jesús le dijo: «Te digo, Pedro, que el gallo no cantará hoy hasta que tú hayas negado tres veces que me conoces».
35Y Él les dijo a todos: «Cuando los envié sin bolsa, ni alforja, ni sandalias, ¿acaso les faltó algo?». «No, nada», contestaron ellos. 36Entonces les dijo: «Pero ahora, el que tenga una bolsa, que la lleve consigo, de la misma manera también una alforja, y el que no tenga espada, venda su manto y compre una. 37Porque les digo que es necesario que en Mí se cumpla esto que está escrito: “Y con los transgresores fue contado”; pues ciertamente, lo que se refiere a Mí, tiene su cumplimiento».
38Y ellos dijeron: «Señor, aquí hay dos espadas». «Es suficiente», les respondió.
39Saliendo Jesús, se encaminó, como de costumbre, hacia el monte de los Olivos; y los discípulos también lo siguieron. 40Cuando llegó al lugar, les dijo: «Oren para que no entren en tentación».
41Y se apartó de ellos como a un tiro de piedra, y poniéndose de rodillas, oraba, 42diciendo: «Padre, si es Tu voluntad, aparta de Mí esta copa; pero no se haga Mi voluntad, sino la Tuya». 43Entonces se apareció un ángel del cielo, que lo fortalecía. 44Y estando en agonía, oraba con mucho fervor; y Su sudor se volvió como gruesas gotas de sangre, que caían sobre la tierra.
45Cuando se levantó de orar, fue a los discípulos y los halló dormidos a causa de la tristeza, 46y les dijo: «¿Por qué duermen? Levántense y oren para que no entren en tentación».
47Mientras todavía estaba Él hablando, llegó una multitud, y el que se llamaba Judas, uno de los doce apóstoles, iba delante de ellos, y se acercó para besar a Jesús. 48Pero Jesús le dijo: «Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del Hombre?». 49Cuando los que rodeaban a Jesús vieron lo que iba a suceder, dijeron: «Señor, ¿heriremos a espada?».
50Y uno de ellos hirió al siervo del sumo sacerdote y le cortó la oreja derecha. 51Pero Jesús dijo: «¡Deténganse! Basta de esto». Y tocando la oreja al siervo, lo sanó. 52Entonces Jesús dijo a los principales sacerdotes, a los oficiales del templo y a los ancianos que habían venido contra Él: «¿Cómo contra un ladrón han salido con espadas y palos? 53Cuando estaba con ustedes cada día en el templo, no me echaron mano; pero esta hora y el poder de las tinieblas son de ustedes».
54Después de arrestar a Jesús, se lo llevaron y lo condujeron a la casa del sumo sacerdote; y Pedro los seguía de lejos. 55Después que encendieron una hoguera en medio del patio, y de sentarse juntos, Pedro se sentó entre ellos. 56Una sirvienta, al verlo sentado junto a la lumbre, fijándose en él detenidamente, dijo: «También este estaba con Él». 57Pero él lo negó, diciendo: «Mujer, yo no lo conozco».
58Un poco después, otro al verlo, dijo: «¡Tú también eres uno de ellos!». «¡Hombre, no es cierto!», le dijo Pedro. 59Pasada como una hora, otro insistía, diciendo: «Ciertamente este también estaba con Él, pues él también es galileo». 60Pero Pedro dijo: «Hombre, yo no sé de qué hablas». Al instante, estando él todavía hablando, cantó un gallo.
61El Señor se volvió y miró a Pedro. Entonces Pedro recordó la palabra del Señor, de cómo le había dicho: «Antes que el gallo cante hoy, me negarás tres veces». 62Y saliendo fuera, lloró amargamente.
63Los hombres que tenían a Jesús bajo custodia, se burlaban de Él y lo golpeaban; 64Le vendaron los ojos, y le preguntaban: «Adivina, ¿quién es el que te ha golpeado?». 65También decían muchas otras cosas contra Él, blasfemando.
66Cuando se hizo de día, se reunió el Concilio de los ancianos del pueblo, tanto los principales sacerdotes como los escribas, y llevaron a Jesús ante su Concilio, diciendo: 67«Si Tú eres el Cristo, dínoslo». Pero Él les dijo: «Si se los digo, no creerán; 68y si les pregunto, no responderán. 69Pero de ahora en adelante, el Hijo del Hombre estará sentado a la diestra del poder de Dios».
70Dijeron todos: «Entonces, ¿Tú eres el Hijo de Dios?». «Ustedes dicen que Yo soy», les respondió Jesús. 71Y ellos dijeron: «¿Qué necesidad tenemos ya de testimonio? Pues nosotros mismos lo hemos oído de Su propia boca».

Salmo 66

Para el director del coro. Cántico. Salmo.
1Aclamen con júbilo a Dios, habitantes de toda la tierra;
2Canten la gloria de Su nombre;
Hagan gloriosa Su alabanza.
3Digan a Dios: «¡Cuán portentosas son Tus obras!
Por la grandeza de Tu poder, Tus enemigos fingirán que te obedecen.
4-»Toda la tierra te adorará,
Y cantará alabanzas a Ti,
Cantará alabanzas a Tu nombre». (Selah)
5¶Vengan y vean las obras de Dios,
Admirable en Sus hechos a favor de los hijos de los hombres.
6Convirtió el mar en tierra seca;
Cruzaron el río a pie;
Regocijémonos allí en Él.
7Él domina con Su poder para siempre;
Sus ojos velan sobre las naciones;
No se enaltezcan los rebeldes. (Selah)
8¶Bendigan, oh pueblos, a nuestro Dios,
Y hagan oír la voz de Su alabanza.
9Él es quien nos guarda con vida,
Y no permite que nuestros pies resbalen.
10Porque Tú nos has probado, oh Dios;
Nos has refinado como se refina la plata.
11Nos metiste en la red;
Carga pesada pusiste sobre nuestros lomos.
12Hiciste cabalgar hombres sobre nuestras cabezas;
Pasamos por el fuego y por el agua,
Pero Tú nos sacaste a un lugar de abundancia.
13Entraré en Tu casa con holocaustos;
A Ti cumpliré mis votos,
14Los que pronunciaron mis labios
Y habló mi boca cuando yo estaba en angustia.
15Te ofreceré holocaustos de animales engordados,
Con el humo de la ofrenda de carneros;
Haré una ofrenda de toros y machos cabríos. (Selah)
16¶Vengan y oigan, todos los que temen a Dios,
Y contaré lo que Él ha hecho por mi alma.
17Con mi boca clamé a Él,
Y ensalzado fue con mi lengua.
18Si observo iniquidad en mi corazón,
El Señor no me escuchará.
19Pero ciertamente Dios me ha oído;
Él atendió a la voz de mi oración.
20Bendito sea Dios,
Que no ha desechado mi oración,
Ni apartadode mí Su misericordia.

Proverbios 4

1Oigan, hijos, la instrucción de un padre,
Y presten atención para que ganen entendimiento,
2Porque les doy buena enseñanza;
No abandonen mi instrucción.
3Cuando yo fui hijo para mi padre,
Tierno y único a los ojos de mi madre,
4Entonces él me enseñaba y me decía:
«Retenga tu corazón mis palabras,
Guarda mis mandamientos y vivirás.
5-»Adquiere sabiduría, adquiere inteligencia;
No te olvides ni te apartes de las palabras de mi boca.
6-»No la abandones y ella velará sobre ti;
Ámala y ella te protegerá.
7-»Lo principal es la sabiduría; adquiere sabiduría,
Y con todo lo que obtengas adquiere inteligencia.
8-»Estímala, y ella te ensalzará;
Ella te honrará si tú la abrazas;
9Guirnalda de gracia pondrá en tu cabeza,
Corona de hermosura te entregará».
10¶Oye, hijo mío, recibe mis palabras,
Y muchos serán los años de tu vida.
11Por el camino de la sabiduría te he conducido,
Por sendas de rectitud te he guiado.
12Cuando andes, tus pasos no serán obstruidos,
Y si corres, no tropezarás.
13Aférrate a la instrucción, no la sueltes;
Guárdala, porque ella es tu vida.
14No entres en la senda de los impíos,
Ni vayas por el camino de los malvados.
15Evítalo, no pases por él;
Apártate de él y sigue adelante.
16Porque ellos no duermen a menos que hagan lo malo,
Y pierden el sueño si no han hecho caer a alguien.
17Porque comen pan de maldad,
Y beben vino de violencia.
18Pero la senda de los justos es como la luz de la aurora,
Que va aumentando en resplandor hasta que es pleno día.
19El camino de los impíos es como las tinieblas,
No saben en qué tropiezan.
20¶Hijo mío, presta atención a mis palabras;
Inclina tu oído a mis razones.
21Que no se aparten de tus ojos;
Guárdalas en medio de tu corazón.
22Porque son vida para los que las hallan,
Y salud para todo su cuerpo.
23Con toda diligencia guarda tu corazón,
Porque de él brotan los manantiales de la vida.
24Aparta de ti la boca perversa
Y aleja de ti los labios falsos.
25Miren tus ojos hacia adelante,
Y que tu mirada se fije en lo que está frente a ti.
26Fíjate en el sendero de tus pies,
Y todos tus caminos serán establecidos.
27No te desvíes a la derecha ni a la izquierda;
Aparta tu pie del mal.

Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © The Lockman Foundation — cortesía de YouVersion.

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