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Día 69 de 365 · 10 de marzo

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Números 20

1Toda la congregación de los israelitas llegaron al desierto de Zin en el mes primero; y el pueblo se quedó en Cades. Allí murió Miriam y allí la sepultaron.
2Y no había agua para la congregación; y se juntaron contra Moisés y Aarón. 3El pueblo discutió con Moisés y le dijo: «¡Ojalá hubiéramos perecido cuando nuestros hermanos murieron delante del Señor! 4¿Por qué, pues, has traído al pueblo del Señor a este desierto, para que nosotros y nuestros animales muramos aquí? 5¿Y por qué nos hiciste subir de Egipto, para traernos a este miserable lugar? No es lugar de siembras, ni de higueras, ni de viñas, ni de granados, ni aun hay agua para beber».
6Entonces Moisés y Aarón fueron de delante de la asamblea a la puerta de la tienda de reunión, y se postraron sobre sus rostros; y se les apareció la gloria del Señor. 7Y el Señor habló a Moisés: 8«Toma la vara y reúne a la congregación, tú y tu hermano Aarón, y hablen a la peña a la vista de ellos, para que la peña dé su agua. Así sacarás para ellos agua de la peña, y beban la congregación y sus animales». 9Tomó Moisés la vara de la presencia del Señor, tal como Él se lo había ordenado; 10y Moisés y Aarón reunieron al pueblo ante la peña. Y él les dijo: «Oigan, ahora, rebeldes. ¿Sacaremos agua de esta peña para ustedes?». 11Entonces Moisés levantó su mano y golpeó la peña dos veces con su vara, y brotó agua en abundancia, y bebió el pueblo y sus animales.
12Y el Señor dijo a Moisés y a Aarón: «Porque ustedes no me creyeron a fin de tratarme como santo ante los ojos de los israelitas, por tanto no conducirán a este pueblo a la tierra que les he dado». 13Aquellas fueron las aguas de Meriba porque los israelitas discutieron con el Señor, y Él manifestó Su santidad entre ellos.
14Moisés envió mensajeros desde Cades al rey de Edom, diciéndole: «Así ha dicho su hermano Israel: “Usted sabe todas las dificultades que nos han sobrevenido; 15que nuestros padres descendieron a Egipto, y estuvimos por largo tiempo en Egipto, y los egipcios nos maltrataron a nosotros y a nuestros padres. 16Pero cuando clamamos al Señor, Él oyó nuestra voz y envió un ángel y nos sacó de Egipto. Ahora estamos en Cades, un pueblo de la frontera de tu territorio. 17Permítanos, por favor, pasar por su tierra. No pasaremos por campo labrado ni por viñedo; ni siquiera beberemos agua de pozo. Iremos por el camino real, sin volver a la derecha ni a la izquierda hasta que crucemos su territorio” ». 18Pero, Edom le respondió: «Tú no pasarás por mi tierra; para que no salga yo con espada a tu encuentro».
19Entonces los israelitas le contestaron: «Iremos por el camino principal, y si yo y mi ganado bebemos de su agua, entonces le pagaré su precio. Solamente déjeme pasar a pie, nada más». 20Pero él dijo: «Tú no pasarás». Y Edom salió a su encuentro con mucha gente y con mano fuerte. 21Rehusó, pues, Edom dejar pasar a Israel por su territorio, así que Israel tuvo que desviarse.
22Partiendo de Cades, toda la congregación de los israelitas llegó al monte Hor. 23El Señor habló a Moisés y a Aarón en el monte Hor, en la frontera de la tierra de Edom y les dijo: 24«Aarón será reunido a su pueblo, pues no entrará a la tierra que Yo he dado a los israelitas, porque ustedes se rebelaron contra Mi orden en las aguas de Meriba. 25Toma a Aarón y a su hijo Eleazar y tráelos al monte Hor; 26y quítale a Aarón sus vestidos y ponlos sobre su hijo Eleazar. Entonces Aarón será reunido a su pueblo, y morirá allí».
27Moisés hizo tal como el Señor le ordenó, y subieron al monte Hor ante los ojos de toda la congregación. 28Y después que Moisés le quitó a Aarón sus vestidos y se los puso a su hijo Eleazar, Aarón murió allí sobre la cumbre del monte, y Moisés y Eleazar descendieron del monte. 29Cuando toda la congregación vio que Aarón había muerto, toda la casa de Israel lloró a Aarón por treinta días.

Números 21

1Cuando el cananeo, el rey de Arad, que habitaba en el Neguev, oyó que Israel subía por el camino de Atarim, peleó contra Israel y le tomó algunos prisioneros. 2Entonces Israel hizo un voto al Señor y dijo: «Si en verdad entregas a este pueblo en mis manos, yo destruiré por completo sus ciudades». 3Y oyó el Señor la voz de Israel y les entregó a los cananeos; e Israel los destruyó por completo, a ellos y a sus ciudades. Por eso se llamó a aquel lugar Horma.
4Partieron del monte Hor, por el camino del mar Rojo, para rodear la tierra de Edom, y el pueblo se impacientó por causa del viaje. 5Y el pueblo habló contra Dios y Moisés: «¿Por qué nos han sacado de Egipto para morir en el desierto? Pues no hay comida ni agua, y detestamos este alimento tan miserable». 6Y el Señor envió serpientes abrasadoras entre el pueblo, y mordieron al pueblo, y mucha gente de Israel murió. 7Entonces el pueblo vino a Moisés y dijo: «Hemos pecado, porque hemos hablado contra el Señor y contra ti; intercede con el Señor para que quite las serpientes de entre nosotros». Y Moisés intercedió por el pueblo. 8El Señor dijo a Moisés: «Hazte una serpiente abrasadora y ponla sobre un asta; y acontecerá que cuando todo el que sea mordido la mire, vivirá». 9Y Moisés hizo una serpiente de bronce y la puso sobre el asta; y sucedía que cuando una serpiente mordía a alguien, y este miraba a la serpiente de bronce, vivía.
10Después los israelitas salieron y acamparon en Obot. 11Y salieron de Obot y acamparon en Ije Abarim, en el desierto que está frente a Moab, al oriente. 12De allí salieron y acamparon en el valle de Zered. 13De allí salieron y acamparon al otro lado del Arnón, que está en el desierto y que sale del territorio de los amorreos, pues el Arnón es la frontera de Moab, entre Moab y los amorreos. 14Por tanto se dice en el Libro de las Guerras del Señor:
«Vaheb que está en Sufa
Y los arroyos del Arnón,
15Y la ladera de los arroyos
Que llega hasta el sitio de Ar
Y descansa en la frontera de Moab».
16Y de allí continuaron hasta Beer; este es el pozo donde el Señor le dijo a Moisés: «Reúne al pueblo y les daré agua».
17Entonces cantó Israel este cántico:
«¡Salta, oh pozo! A él canten.
18-»El pozo que cavaron los jefes,
Que los nobles del pueblo hicieron
Con el cetro y con sus báculos».
Y desde el desierto fueron a Mataná. 19Y de Mataná a Nahaliel, y de Nahaliel a Bamot, 20y de Bamot al valle que está en la tierra de Moab, en la cumbre del Pisga, que da al desierto.
21Entonces Israel envió mensajeros a Sehón, rey de los amorreos, diciéndole: 22«Déjeme pasar por su tierra. No nos desviaremos, ni por campos ni por viñedos, ni beberemos agua de pozo. Iremos por el camino real hasta que hayamos cruzado sus fronteras». 23Pero Sehón no permitió a Israel pasar por su territorio. Y reunió Sehón a todo su pueblo y salió al encuentro de Israel en el desierto, y llegó a Jahaza y peleó contra Israel. 24Pero Israel lo hirió a filo de espada y tomó posesión de su tierra desde el Arnón hasta el Jaboc, hasta la frontera con los amonitas, porque Jazer era la frontera de los amonitas. 25Israel tomó todas estas ciudades, y habitó Israel en todas las ciudades de los amorreos, en Hesbón y en todas sus aldeas. 26Porque Hesbón era la ciudad de Sehón, rey de los amorreos, quien había peleado contra el rey anterior de Moab y le había quitado de su mano toda su tierra, hasta el Arnón. 27Por eso dicen los que usan proverbios:
«Vengan a Hesbón. Sea edificada.
Sea establecida la ciudad de Sehón.
28-»Porque fuego salió de Hesbón,
Una llama del pueblo de Sehón;
Devoró a Ar de Moab,
A los señores de las alturas del Arnón.
29-»¡Ay de ti, Moab!
¡Destruido eres, oh pueblo de Quemos!
Ha dado a sus hijos como fugitivos
Y a sus hijas a la cautividad,
A un rey amorreo, Sehón.
30-»Pero nosotros los hemos arrojado;
Hesbón está destruido hasta Dibón;
Después también asolamos hasta Nofa,
La que llega hasta Medeba».
31Así habitó Israel en la tierra de los amorreos. 32Moisés envió a reconocer a Jazer, y tomaron sus villas y expulsaron a los amorreos que vivían allí.
33Después se volvieron y subieron por el camino de Basán; y Og, rey de Basán, salió con todo su pueblo para presentarles batalla en Edrei. 34Pero el Señor dijo a Moisés: «No le tengas miedo porque lo he entregado en tu mano, y a todo su pueblo y a su tierra. Harás con él como hiciste con Sehón, rey de los amorreos, el que habitaba en Hesbón». 35Así que lo mataron a él, a sus hijos y a todo su pueblo, hasta que no le quedó remanente; y tomaron posesión de su tierra.

Juan 1

1En el principio ya existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios. 2Él estaba en el principio con Dios. 3Todas las cosas fueron hechas por medio de Él, y sin Él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. 4En Él estaba la vida, y la vida era la Luz de los hombres. 5La Luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la comprendieron.
6Vino al mundo un hombre enviado por Dios, cuyo nombre era Juan. 7Este vino como testigo para testificar de la Luz, a fin de que todos creyeran por medio de él. 8No era él la Luz, sino que vino para dar testimonio de la Luz.
9Existía la Luz verdadera que, al venir al mundo, alumbra a todo hombre.
10Él estaba en el mundo, y el mundo fue hecho por medio de Él, y el mundo no lo conoció. 11A lo Suyo vino, y los Suyos no lo recibieron. 12Pero a todos los que lo recibieron, les dio el derecho de llegar a ser hijos de Dios, es decir, a los que creen en Su nombre, 13que no nacieron de sangre, ni de la voluntad de la carne, ni de la voluntad del hombre, sino de Dios.
14El Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros, y vimos Su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad. 15Juan dio* testimonio de Él y clamó: «Este era del que yo decía: “El que viene después de mí, es antes de mí, porque era primero que yo” ». 16Pues de Su plenitud todos hemos recibido, y gracia sobre gracia. 17Porque la ley fue dada por medio de Moisés; la gracia y la verdad fueron hechas realidad por medio de Jesucristo. 18Nadie ha visto jamás a Dios; el unigénito Dios, que está en el seno del Padre, Él lo ha dado a conocer.
19Este es el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron sacerdotes y levitas de Jerusalén a preguntarle: «¿Quién eres tú?». 20Y él confesó y no negó, pero confesó: «Yo no soy el Cristo». 21«¿Entonces, qué?», le preguntaron, «¿Eres Elías?». Y él dijo*: «No lo soy». «¿Eres el Profeta?». «No», respondió Juan. 22Entonces le preguntaron: «¿Quién eres? Ya que tenemos que dar respuesta a los que nos enviaron. ¿Qué dices de ti mismo?». 23Juan les respondió: «Yo soy la voz del que clama en el desierto: “Enderecen el camino del Señor”, como dijo el profeta Isaías».
24Los que habían sido enviados eran de los fariseos, 25y le preguntaron: «Entonces, ¿por qué bautizas, si tú no eres el Cristo, ni Elías, ni el Profeta?».
26Juan les respondió: «Yo bautizo en agua, pero entre ustedes está Uno a quien ustedes no conocen. 27Él es el que viene después de mí, a quien yo no soy digno de desatar la correa de la sandalia».
28Estas cosas sucedieron en Betania, al otro lado del Jordán, donde Juan estaba bautizando.
29Al día siguiente Juan vio* a Jesús que venía hacia él, y dijo*: «Ahí está el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. 30Este es Aquel de quien yo dije: “Después de mí viene un Hombre que es antes de mí porque era primero que yo”. 31Yo no lo conocía, pero para que Él fuera manifestado a Israel, por esto yo vine bautizando en agua».
32Juan también dio testimonio, diciendo: «He visto al Espíritu que descendía del cielo como paloma, y se posó sobre Él. 33Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar en agua me dijo: “Aquel sobre quien veas al Espíritu descender y posarse sobre Él, Este es el que bautiza en el Espíritu Santo”. 34Y yo lo he visto y he dado testimonio de que Este es el Hijo de Dios».
35Al día siguiente Juan estaba otra vez allí con dos de sus discípulos, 36y vio a Jesús que pasaba, y dijo*: «Ahí está el Cordero de Dios». 37Y los dos discípulos le oyeron hablar, y siguieron a Jesús. 38Jesús se volvió, y viendo que lo seguían, les dijo*: «¿Qué buscan?». Y ellos le dijeron: «Rabí (que traducido quiere decir Maestro), ¿dónde te hospedas?». 39«Vengan y verán», les dijo* Jesús. Entonces fueron y vieron dónde se hospedaba; y se quedaron con Él aquel día, porque eran como las cuatro de la tarde.
40Uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron a Jesús, era Andrés, hermano de Simón Pedro. 41Él encontró* primero a su hermano Simón, y le dijo*: «Hemos hallado al Mesías» (que traducido quiere decir, Cristo). 42Entonces lo trajo a Jesús. Jesús mirándolo, dijo: «Tú eres Simón, hijo de Juan; tú serás llamado Cefas», que quiere decir Pedro.
43Al día siguiente Jesús se propuso salir para Galilea, y encontró* a Felipe, y le dijo*: «Sígueme». 44Felipe era de Betsaida, de la ciudad de Andrés y de Pedro. 45Felipe encontró* a Natanael y le dijo*: «Hemos hallado a Aquel de quien escribió Moisés en la ley, y también los profetas, a Jesús de Nazaret, el hijo de José». 46Y Natanael le dijo: «¿Puede algo bueno salir de Nazaret?». «Ven, y ve», le dijo* Felipe.
47Jesús vio venir a Natanael y dijo* de él: «Ahí tienen a un verdadero israelita en quien no hay engaño». 48Natanael le preguntó*: «¿Cómo es que me conoces?». Jesús le respondió: «Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi». 49«Rabí, Tú eres el Hijo de Dios, Tú eres el Rey de Israel», respondió Natanael.
50Jesús le contestó: «¿Porque te dije que te vi debajo de la higuera, crees? Cosas mayores que estas verás». 51También le dijo*: «En verdad les digo que verán el cielo abierto y a los ángeles de Dios subiendo y bajando sobre el Hijo del Hombre».

Salmo 69

Para el director del coro; según «Los lirios». Salmo de David.
1Sálvame, oh Dios,
Porque las aguas me han llegado hasta el alma.
2Me he hundido en cieno profundo, y no hay donde apoyar el pie;
He llegado a lo profundo de las aguas, y la corriente me cubre.
3Cansado estoy de llorar; reseca está mi garganta;
Mis ojos desfallecen mientras espero a mi Dios.
4Más que los cabellos de mi cabeza son los que sin causa me aborrecen;
Poderosos son los que quieren destruirme,
Sin razón son mis enemigos,
Me hacen devolver aquello que no robé.
5¶Oh Dios, Tú conoces mi insensatez,
Y mis transgresiones no te son ocultas.
6¡No se avergüencen de mí los que en Ti esperan, oh Señor, Dios de los ejércitos!
¡No sean humillados por mí los que te buscan, oh Dios de Israel!
7Pues por amor de Ti he sufrido insultos;
La ignominia ha cubierto mi rostro.
8Me he convertido en extraño para mis hermanos,
Y en extranjero para los hijos de mi madre.
9Porque el celo por Tu casa me ha consumido,
Y los insultos de los que te injurian han caído sobre mí.
10Cuando lloraba afligiendo con ayuno mi alma,
Eso se convirtió en afrenta para mí.
11Cuando hice de cilicio mi vestido,
Me convertí en proverbio para ellos.
12Hablan de mí los que se sientan a la puerta,
Y soy la canción de los borrachos.
13¶Pero yo elevo a Ti mi oración, oh Señor, en tiempo propicio;
Oh Dios, en la grandeza de Tu misericordia,
Respóndeme con Tu verdad salvadora.
14Sácame del cieno y no dejes que me hunda;
Sea yo librado de los que me odian, y de lo profundo de las aguas.
15No me cubra la corriente de las aguas,
Ni me trague el abismo,
Ni el pozo cierre sobre mí su boca.
16¶Respóndeme, oh Señor, pues buena es Tu misericordia;
Vuélvete a mí, conforme a Tu inmensa compasión,
17Y no escondas Tu rostro de Tu siervo,
Porque estoy en angustia; respóndeme pronto.
18Acércate a mi alma y redímela;
Por causa de mis enemigos, rescátame.
19Tú conoces mi afrenta, mi vergüenza y mi ignominia;
Todos mis adversarios están delante de Ti.
20¶La afrenta ha quebrantado mi corazón, y estoy enfermo;
Esperé compasión, pero no la hubo;
Busqué consoladores, pero no los hallé.
21Y por comida me dieron hiel,
Y para mi sed me dieron a beber vinagre.
22¶Que la mesa delante de ellos se convierta en lazo,
Y cuando estén en paz, se vuelva una trampa.
23Núblense sus ojos para que no puedan ver,
Y haz que sus lomos tiemblen continuamente.
24Derrama sobre ellos Tu indignación,
Y que el ardor de Tu ira los alcance.
25Sea desolado su campamento,
Y nadie habite en sus tiendas.
26Porque han perseguido al que ya Tú has herido,
Y cuentan del dolor de aquellos que Tú has traspasado.
27Añade iniquidad a su iniquidad,
Y que no entren en Tu justicia.
28Sean borrados del libro de la vida,
Y no sean inscritos con los justos.
29¶Pero yo estoy afligido y adolorido;
Tu salvación, oh Dios, me ponga en alto.
30Con cántico alabaré el nombre de Dios,
Y con acción de gracias lo exaltaré.
31Y esto agradará al Señor más que el sacrificio de un buey
O de un novillo con cuernos y pezuñas.
32 Esto han visto los humildes y se alegran.
Viva su corazón, ustedes los que buscan a Dios.
33Porque el Señor oye a los necesitados
Y no desprecia a los suyos que están presos.
34¶Alábenle los cielos y la tierra,
Los mares y todo lo que en ellos se mueve.
35Porque Dios salvará a Sión y edificará las ciudades de Judá,
Para que ellos moren allí y la posean.
36Y la descendencia de Sus siervos la heredará,
Y los que aman Su nombre morarán en ella.

Proverbios 7

1Hijo mío, guarda mis palabras
Y atesora mis mandamientos contigo.
2Guarda mis mandamientos y vivirás,
Y mi enseñanza como la niña de tus ojos.
3Átalos a tus dedos,
Escríbelos en la tabla de tu corazón.
4Di a la sabiduría: «Tú eres mi hermana»,
Y llama a la inteligencia tu mejor amiga,
5Para que te guarden de la mujer extraña,
De la desconocida que lisonjea con sus palabras.
6¶Porque desde la ventana de mi casa
Miraba por la celosía,
7Y vi entre los simples,
Distinguí entre los muchachos
A un joven falto de juicio,
8Pasando por la calle, cerca de su esquina;
Iba camino de su casa,
9Al atardecer, al anochecer,
En medio de la noche y la oscuridad.
10Entonces una mujer le sale al encuentro,
Vestida como ramera y astuta de corazón.
11Es alborotadora y rebelde,
Sus pies no permanecen en casa;
12 Está ya en las calles, ya en las plazas,
Y acecha por todas las esquinas.
13Así que ella lo agarra y lo besa,
Y descarada le dice:
14«Tenía que ofrecer ofrendas de paz,
Y hoy he cumplido mis votos;
15Por eso he salido a encontrarte,
Buscando tu rostro con ansiedad, y te he hallado.
16-»He tendido mi lecho con colchas,
Con linos de Egipto en colores.
17-»He rociado mi cama
Con mirra, áloes y canela.
18-»Ven, embriaguémonos de amor hasta la mañana,
Deleitémonos con caricias.
19-»Porque mi marido no está en casa,
Se ha ido a un largo viaje;
20Se ha llevado en la mano la bolsa del dinero,
Volverá a casa para la luna llena».
21Con sus palabras persuasivas lo atrae,
Lo seduce con sus labios lisonjeros.
22Al instante la sigue
Como va el buey al matadero,
O como uno en grillos al castigo de un necio,
23Hasta que una flecha le traspasa el hígado;
Como el ave que se precipita en la trampa,
Y no sabe que esto le costará la vida.
24¶Ahora pues, hijos míos, escúchenme,
Y presten atención a las palabras de mi boca.
25No se desvíe tu corazón hacia sus caminos,
No te extravíes en sus sendas.
26Porque muchas son las víctimas derribadas por ella,
Y numerosos los que ha matado.
27Su casa es el camino al Seol,
Que desciende a las cámaras de la muerte.

Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © The Lockman Foundation — cortesía de YouVersion.

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