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Día 7 de 365 · 7 de enero

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Génesis 13

1Abram subió desde Egipto al Neguev, él y su mujer con todo lo que poseía; y con él iba Lot. 2Abram era muy rico en ganado, en plata y en oro. 3Y anduvo en sus jornadas desde el Neguev hasta Betel, al lugar donde su tienda había estado al principio, entre Betel y Hai, 4al lugar del altar que antes había hecho allí. Allí Abram invocó el nombre del Señor.
5También Lot, que andaba con Abram, tenía ovejas, vacas y tiendas. 6Pero la tierra no podía sostenerlos para que habitaran juntos, porque sus posesiones eran tantas que ya no podían habitar juntos. 7Hubo, pues, problema entre los pastores del ganado de Abram y los pastores del ganado de Lot. Los cananeos y los ferezeos habitaban entonces en aquella tierra.
8Así que Abram dijo a Lot: «Te ruego que no haya problema entre nosotros, ni entre mis pastores y tus pastores, porque somos hermanos. 9¿No está toda la tierra delante de ti? Te ruego que te separes de mí. Si vas a la izquierda, yo iré a la derecha; y si a la derecha, yo iré a la izquierda». 10Y alzó Lot los ojos y vio todo el valle del Jordán, el cual estaba bien regado por todas partes (esto fue antes de que el Señor destruyera a Sodoma y Gomorra) como el huerto del Señor, como la tierra de Egipto rumbo a Zoar.
11Lot escogió para sí todo el valle del Jordán, y viajó Lot hacia el oriente. Así se separaron el uno del otro. 12Abram se estableció en la tierra de Canaán, en tanto que Lot se estableció en las ciudades del valle, y fue poniendo sus tiendas hasta Sodoma. 13Pero los hombres de Sodoma eran malos y pecadores en gran manera contra el Señor.
14Y el Señor dijo a Abram después que Lot se había separado de él: «Alza ahora los ojos y mira desde el lugar donde estás hacia el norte, el sur, el oriente y el occidente, 15pues toda la tierra que ves te la daré a ti y a tu descendencia para siempre. 16Haré tu descendencia como el polvo de la tierra; de manera que si alguien puede contar el polvo de la tierra, también tu descendencia podrá contarse. 17Levántate, recorre la tierra a lo largo y a lo ancho de ella, porque a ti te la daré».
18Entonces Abram levantó su tienda, y fue y habitó en el encinar de Mamre, que está en Hebrón, y allí edificó un altar al Señor.

Génesis 14

1Aconteció en los días de Amrafel, rey de Sinar, de Arioc, rey de Elasar, de Quedorlaomer, rey de Elam, y de Tidal, rey de Goyim, 2que estos hicieron guerra a Bera, rey de Sodoma, y a Birsa, rey de Gomorra, a Sinab, rey de Adma, a Semeber, rey de Zeboim, y al rey de Bela, es decir, Zoar. 3Estos últimos se reunieron como aliados en el valle de Sidim, es decir, el mar Salado.
4Doce años habían servido a Quedorlaomer, pero en el año trece se rebelaron. 5En el año catorce, Quedorlaomer y los reyes que estaban con él, vinieron y derrotaron a los refaítas en Astarot Karnaim, a los zuzitas en Ham, a los emitas en Save Quiriataim, 6y a los horeos en el monte de Seir hasta El Parán, que está junto al desierto. 7Entonces volvieron a En Mispat, es decir, Cades, y conquistaron todo el territorio de los amalecitas, y también a los amorreos que habitaban en Hazezon Tamar.
8Entonces el rey de Sodoma, con el rey de Gomorra, el rey de Adma, el rey de Zeboim y el rey de Bela, es decir, Zoar, salieron y les presentaron batalla en el valle de Sidim: 9es decir, a Quedorlaomer, rey de Elam, a Tidal, rey de Goyim, a Amrafel, rey de Sinar, y a Arioc, rey de Elasar; cuatro reyes contra cinco. 10El valle de Sidim estaba lleno de pozos de asfalto, y el rey de Sodoma y el de Gomorra al huir cayeron allí. Y los demás huyeron a los montes.
11Entonces tomaron todos los bienes de Sodoma y Gomorra con todas sus provisiones, y se fueron. 12Se llevaron también a Lot, sobrino de Abram, con todas sus posesiones, pues él habitaba en Sodoma, y se fueron.
13Uno de los que escaparon vino y se lo hizo saber a Abram el hebreo, que habitaba en el encinar de Mamre el amorreo, hermano de Escol y hermano de Aner, y estos eran aliados de Abram. 14Al oír Abram que su sobrino había sido llevado cautivo, movilizó a sus hombres adiestrados nacidos en su casa, 318 en total, y salió en su persecución hasta Dan.
15Por la noche, él, con sus siervos, organizó sus fuerzas contra ellos, y los derrotó y los persiguió hasta Hoba, que está al norte de Damasco. 16Y recobró todos sus bienes, también a su sobrino Lot con sus posesiones, y también a las mujeres y a la demás gente.
17A su regreso después de derrotar a Quedorlaomer y a los reyes que estaban con él, salió a su encuentro el rey de Sodoma en el valle de Save, es decir, el valle del Rey. 18Y Melquisedec, rey de Salem, sacó pan y vino; él era sacerdote del Dios Altísimo. 19Él lo bendijo, diciendo:
«Bendito sea Abram del Dios Altísimo,
Creador del cielo y de la tierra;
20Y bendito sea el Dios Altísimo
Que entregó a tus enemigos en tu mano».
Y Abram le dio el diezmo de todo.
21El rey de Sodoma dijo a Abram: «Dame las personas y toma para ti los bienes». 22Y Abram dijo al rey de Sodoma: «He jurado al Señor, Dios Altísimo, creador del cielo y de la tierra, 23que no tomaré ni un hilo ni una correa de zapato, ni ninguna cosa suya, para que no diga: “Yo enriquecí a Abram”. 24Nada tomaré, excepto lo que los jóvenes han comido y la parte de los hombres que fueron conmigo: Aner, Escol y Mamre. Ellos tomarán su parte».

Mateo 7

1 »No juzguen para que no sean juzgados. 2Porque con el juicio con que ustedes juzguen, serán juzgados; y con la medida con que midan, se les medirá.
3 »¿Por qué miras la mota que está en el ojo de tu hermano, y no te das cuenta de la viga que está en tu propio ojo? 4¿O cómo puedes decir a tu hermano: “Déjame sacarte la mota del ojo”, cuando la viga está en tu ojo? 5¡Hipócrita! Saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás con claridad para sacar la mota del ojo de tu hermano.
6 »No den lo santo a los perros, ni echen sus perlas delante de los cerdos, no sea que las huellen con sus patas, y volviéndose los despedacen a ustedes.
7 »Pidan, y se les dará; busquen, y hallarán; llamen , y se les abrirá. 8Porque todo el que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. 9¿O qué hombre hay entre ustedes que si su hijo le pide pan, le dará una piedra, 10o si le pide un pescado, le dará una serpiente? 11Pues si ustedes, siendo malos, saben dar buenas dádivas a sus hijos, ¿cuánto más su Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que le piden?
12 »Por eso, todo cuanto quieran que los hombres les hagan, así también hagan ustedes con ellos, porque esta es la ley y los profetas.
13 »Entren por la puerta estrecha, porque ancha es la puerta y amplia es la senda que lleva a la perdición , y muchos son los que entran por ella. 14Pero estrecha es la puerta y angosta la senda que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan.
15 »Cuídense de los falsos profetas, que vienen a ustedes con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. 16Por sus frutos los conocerán. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de los cardos? 17Así, todo árbol bueno da frutos buenos; pero el árbol malo da frutos malos. 18Un árbol bueno no puede producir frutos malos, ni un árbol malo producir frutos buenos. 19Todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado al fuego. 20Así que, por sus frutos los conocerán.
21 »No todo el que me dice: “Señor, Señor”, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de Mi Padre que está en los cielos. 22Muchos me dirán en aquel día: “Señor, Señor, ¿no profetizamos en Tu nombre, y en Tu nombre echamos fuera demonios, y en Tu nombre hicimos muchos milagros?”. 23Entonces les declararé: “Jamás los conocí; apártense de Mí, los que practican la iniquidad”.
24 »Por tanto, cualquiera que oye estas palabras Mías y las pone en práctica, será semejante a un hombre sabio que edificó su casa sobre la roca; 25y cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos y azotaron aquella casa; pero no se cayó, porque había sido fundada sobre la roca.
26 »Todo el que oye estas palabras Mías y no las pone en práctica, será semejante a un hombre insensato que edificó su casa sobre la arena; 27y cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos y azotaron aquella casa; y cayó, y grande fue su destrucción».
28Cuando Jesús terminó estas palabras, las multitudes se admiraban de Su enseñanza; 29porque les enseñaba como unoque tiene autoridad, y no como sus escribas.

Salmo 7

Sigaión de David, que cantó al Señor acerca de Cus, el benjamita.
1Oh Señor, Dios mío, en Ti me refugio;
Sálvame de todo el que me persigue, y líbrame,
2No sea que alguno desgarre mi vida como león,
Y me despedace sin que haya quien me libre.
3¶Oh Señor, Dios mío, si yo he hecho esto,
Si hay en mis manos injusticia,
4Si he pagado con el mal al que estaba en paz conmigo,
O he despojado al que sin causa era mi adversario,
5Que el enemigo me persiga y me alcance;
Que pisotee en tierra mi vida
Y eche en el polvo mi gloria. (Selah)
6¶Levántate, oh Señor, en Tu ira;
Álzate contra la furia de mis adversarios,
Y despiértate en favor mío; Tú has establecido juicio.
7Que te rodee la asamblea de los pueblos,
Y Tú en lo alto regresa sobre ella.
8El Señor juzga a los pueblos.
Júzgame oh Señor, conforme a mi justicia y a la integridad que hay en mí.
9Que se acabe la maldad de los impíos, pero establece Tú al justo,
Porque el Dios justo prueba los corazones y las mentes.
10Mi escudo está en Dios,
Que salva a los rectos de corazón.
11Dios es juez justo,
Y un Dios que se indigna cada día contra el impío.
12¶Y si el impío no se arrepiente, Él afilará Su espada;
Tensado y preparado está Su arco.
13Ha preparado también Sus armas de muerte;
Hace de Sus flechas saetas ardientes.
14Miren, el impío con la maldad sufre dolores,
Y concibe la iniquidad y da a luz el engaño.
15Ha cavado una fosa y la ha ahondado,
Y ha caído en el hoyo que hizo.
16Su iniquidad volverá sobre su cabeza,
Y su violencia descenderá sobre su coronilla.
17¶Daré gracias al Señor conforme a Su justicia,
Y cantaré alabanzas al nombre del Señor, el Altísimo.

Proverbios 7

1Hijo mío, guarda mis palabras
Y atesora mis mandamientos contigo.
2Guarda mis mandamientos y vivirás,
Y mi enseñanza como la niña de tus ojos.
3Átalos a tus dedos,
Escríbelos en la tabla de tu corazón.
4Di a la sabiduría: «Tú eres mi hermana»,
Y llama a la inteligencia tu mejor amiga,
5Para que te guarden de la mujer extraña,
De la desconocida que lisonjea con sus palabras.
6¶Porque desde la ventana de mi casa
Miraba por la celosía,
7Y vi entre los simples,
Distinguí entre los muchachos
A un joven falto de juicio,
8Pasando por la calle, cerca de su esquina;
Iba camino de su casa,
9Al atardecer, al anochecer,
En medio de la noche y la oscuridad.
10Entonces una mujer le sale al encuentro,
Vestida como ramera y astuta de corazón.
11Es alborotadora y rebelde,
Sus pies no permanecen en casa;
12 Está ya en las calles, ya en las plazas,
Y acecha por todas las esquinas.
13Así que ella lo agarra y lo besa,
Y descarada le dice:
14«Tenía que ofrecer ofrendas de paz,
Y hoy he cumplido mis votos;
15Por eso he salido a encontrarte,
Buscando tu rostro con ansiedad, y te he hallado.
16-»He tendido mi lecho con colchas,
Con linos de Egipto en colores.
17-»He rociado mi cama
Con mirra, áloes y canela.
18-»Ven, embriaguémonos de amor hasta la mañana,
Deleitémonos con caricias.
19-»Porque mi marido no está en casa,
Se ha ido a un largo viaje;
20Se ha llevado en la mano la bolsa del dinero,
Volverá a casa para la luna llena».
21Con sus palabras persuasivas lo atrae,
Lo seduce con sus labios lisonjeros.
22Al instante la sigue
Como va el buey al matadero,
O como uno en grillos al castigo de un necio,
23Hasta que una flecha le traspasa el hígado;
Como el ave que se precipita en la trampa,
Y no sabe que esto le costará la vida.
24¶Ahora pues, hijos míos, escúchenme,
Y presten atención a las palabras de mi boca.
25No se desvíe tu corazón hacia sus caminos,
No te extravíes en sus sendas.
26Porque muchas son las víctimas derribadas por ella,
Y numerosos los que ha matado.
27Su casa es el camino al Seol,
Que desciende a las cámaras de la muerte.

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