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Día 71 de 365 · 12 de marzo

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Números 24

1Cuando Balaam vio que agradaba al Señor bendecir a Israel, no fue como otras veces a buscar presagios, sino que puso su rostro hacia el desierto. 2Y levantó Balaam sus ojos y vio a Israel acampado por tribus; y vino sobre él el Espíritu de Dios. 3Y comenzando su discurso, dijo:
«Oráculo de Balaam, hijo de Beor,
Y oráculo del hombre de ojos abiertos;
4Oráculo del que escucha las palabras de Dios,
Del que ve la visión del Todopoderoso;
Caído, pero con los ojos descubiertos.
5-»¡Cuán hermosas son tus tiendas, oh Jacob;
Tus moradas, oh Israel!
6-»Como valles que se extienden,
Como jardines junto al río,
Como áloes plantados por el Señor,
Como cedros junto a las aguas.
7-»Agua correrá de sus baldes,
Y su simiente estará junto a muchas aguas;
Más grande que Agag será su rey,
Y su reino será exaltado.
8-»Dios lo saca de Egipto;
Es para Israel como los cuernos del búfalo.
Devorará a las naciones que son sus adversarios,
Y desmenuzará sus huesos,
Y los traspasará con sus flechas.
9-»Se agazapa, se echa como león,
O como leona ¿quién se atreverá a despertarlo?
Benditos los que te bendigan,
Y malditos los que te maldigan».
10Entonces se encendió la ira de Balac contra Balaam, y palmoteando, dijo Balac a Balaam: «Te llamé para maldecir a mis enemigos, pero los has llenado de bendiciones estas tres veces. 11Ahora pues, huye a tu lugar. Yo dije que te colmaría de honores, pero mira, el Señor te ha privado de honores». 12Y Balaam dijo a Balac: «¿No les hablé yo también a los mensajeros que me enviaste y les dije: 13“Aunque Balac me diera su casa llena de plata y oro, no podría yo traspasar el mandamiento del Señor para hacer lo bueno o lo malo de mi propia iniciativa. Lo que hable el Señor, eso hablaré”? 14Ahora, mira, me voy a mi pueblo; pero ven, y te advertiré lo que este pueblo hará a tu pueblo en los días venideros». 15Y comenzando su discurso, dijo:
«Oráculo de Balaam, hijo de Beor,
Y oráculo del hombre de ojos abiertos.
16-»Oráculo del que escucha las palabras de Dios,
Y conoce la sabiduría del Altísimo;
Del que ve la visión del Todopoderoso,
Caído, pero con los ojos descubiertos.
17-»Lo veo, pero no ahora;
Lo contemplo, pero no cerca;
Una estrella saldrá de Jacob,
Y un cetro se levantará de Israel
Que aplastará la frente de Moab
Y derrumbará a todos los hijos de Set.
18-»Edom será una posesión,
También será una posesión Seir, su enemigo;
Mientras que Israel se conducirá con valor.
19-»De Jacob saldrá el que tendrá dominio,
Y destruirá al remanente de la ciudad».
20Al ver a Amalec, continuó su discurso, y dijo:
«Amalec fue la primera de las naciones,
Pero su fin será destrucción».
21Después vio al quenita, y continuó su discurso, y dijo:
«Perdurable es tu morada,
Y en la peña está puesto tu nido.
22-»No obstante, el quenita será consumido;
¿Hasta cuándo te tendrá cautivo Asiria?».
23Y continuando su discurso, dijo:
«¡Ay! ¿Quién puede vivir, si Dios no lo ha ordenado?
24-»Pero las naves vendrán de la costa de Quitim,
Y afligirán a Asiria y afligirán a Heber;
Pero él también perecerá para siempre».
25Entonces se levantó Balaam y se marchó, y volvió a su lugar; también Balac se fue por su camino.

Números 25

1Mientras Israel habitaba en Sitim, el pueblo comenzó a prostituirse con las hijas de Moab. 2Y estas invitaron al pueblo a los sacrificios que hacían a sus dioses, y el pueblo comió y se postró ante sus dioses. 3Así Israel se unió a Baal de Peor, y se encendió la ira del Señor contra Israel. 4Y el Señor dijo a Moisés: «Toma a todos los jefes del pueblo y ejecútalos delante del Señor a plena luz del día, para que se aparte de Israel la ardiente ira del Señor». 5Entonces Moisés dijo a los jueces de Israel: «Cada uno de ustedes mate a aquellos de los suyos que se han unido a Baal de Peor».
6Entonces un hombre, uno de los israelitas, vino y presentó una madianita a sus parientes, a la vista de Moisés y a la vista de toda la congregación de los israelitas, que lloraban a la puerta de la tienda de reunión. 7Cuando lo vio Finees, hijo de Eleazar, hijo del sacerdote Aarón, se levantó de en medio de la congregación, y tomando una lanza en su mano, 8fue tras el hombre de Israel, entró en la alcoba y los traspasó a los dos, al hombre de Israel y a la mujer por su vientre. Y así cesó la plaga sobre los israelitas. 9Y los que murieron por la plaga fueron 24,000.
10Entonces el Señor dijo a Moisés: 11«Finees, hijo de Eleazar, hijo del sacerdote Aarón, ha apartado Mi furor de los israelitas porque demostró su celo por Mí entre ellos, y en Mi celo no he destruido a los israelitas. 12Por tanto, dile: “Ciertamente Yo le doy Mi pacto de paz; 13y será para él y para su descendencia después de él, un pacto de sacerdocio perpetuo, porque tuvo celo por su Dios e hizo expiación por los israelitas” ».
14El nombre del hombre de Israel que fue muerto con la madianita era Zimri, hijo de Salu, jefe de una casa paterna de Simeón. 15Y el nombre de la mujer madianita que fue muerta era Cozbi, hija de Zur, el cual era cabeza del pueblo de una casa paterna en Madián.
16Entonces el Señor habló a Moisés y le dijo: 17«Hostiguen a los madianitas y hiéranlos; 18pues ellos han sido hostiles a ustedes con sus engaños, con los que los engañaron en el asunto de Peor, y en el asunto de Cozbi, hija del jefe de Madián, hermana de ellos, que fue muerta el día de la plaga por causa de Peor».

Juan 3

1Había un hombre de los fariseos, llamado Nicodemo, prominente entre los judíos. 2Este vino a Jesús de noche y le dijo: «Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro, porque nadie puede hacer las señales que Tú haces si Dios no está con él».
3Jesús le contestó: «En verdad te digo que el que no nace de nuevo no puede ver el reino de Dios».
4Nicodemo le dijo*: «¿Cómo puede un hombre nacer siendo ya viejo? ¿Acaso puede entrar por segunda vez en el vientre de su madre y nacer?».
5Jesús respondió: «En verdad te digo que el que no nace de agua y del Espíritu no puede entrar en el reino de Dios. 6Lo que es nacido de la carne, carne es, y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. 7No te asombres de que te haya dicho: “Tienen que nacer de nuevo”. 8El viento sopla por donde quiere, y oyes su sonido, pero no sabes de dónde viene ni adónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu».
9Nicodemo le preguntó: «¿Cómo puede ser esto?». 10Jesús le respondió: «Tú eres maestro de Israel, ¿y no entiendes estas cosas? 11En verdad te digo que hablamos lo que sabemos y damos testimonio de lo que hemos visto, pero ustedes no reciben nuestro testimonio. 12Si les he hablado de las cosas terrenales, y no creen, ¿cómo creerán si les hablo de las celestiales? 13Nadie ha subido al cielo, sino Aquel que bajó del cielo, es decir, el Hijo del Hombre que está en el cielo.
14 »Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que sea levantado el Hijo del Hombre, 15para que todo aquel que cree, tenga en Él vida eterna.
16 »Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a Su Hijo unigénito, para que todo aquel que cree en Él, no se pierda, sino que tenga vida eterna. 17Porque Dios no envió a Su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por Él. 18El que cree en Él no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios.
19 »Y este es el juicio: que la Luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la Luz, pues sus acciones eran malas. 20Porque todo el que hace lo malo odia la Luz, y no viene a la Luz para que sus acciones no sean expuestas. 21Pero el que practica la verdad viene a la Luz, para que sus acciones sean manifestadas que han sido hechas en Dios».
22Después de esto Jesús vino con Sus discípulos a la tierra de Judea, y estaba allí con ellos, y bautizaba. 23Juan también bautizaba en Enón, cerca de Salim, porque allí había mucha agua; y muchos venían y eran bautizados. 24Porque Juan todavía no había sido puesto en la cárcel.
25Surgió entonces una discusión entre los discípulos de Juan y un judío acerca de la purificación. 26Vinieron a Juan y le dijeron: «Rabí, mira, Aquel que estaba contigo al otro lado del Jordán, de quien diste testimonio, está bautizando y todos van a Él».
27Juan les respondió: «Ningún hombre puede recibir nada si no le es dado del cielo. 28Ustedes mismos me son testigos de que dije: “Yo no soy el Cristo, sino que he sido enviado delante de Él”. 29El que tiene la novia es el novio, pero el amigo del novio, que está allí y le oye, se alegra en gran manera con la voz del novio. Y por eso, este gozo mío se ha completado. 30Es necesario que Él crezca, y que yo disminuya.
31»El que procede de arriba está por encima de todos; el que es de la tierra, procede de la tierra y de la tierra habla. El que procede del cielo está sobre todos. 32Lo que Él ha visto y oído, de eso da testimonio; y nadie recibe Su testimonio. 33El que ha recibido Su testimonio ha certificado esto: que Dios es veraz. 34Porque Aquel a quien Dios ha enviado habla las palabras de Dios, pues Él da el Espíritu sin medida.
35»El Padre ama al Hijo y ha entregado todas las cosas en Su mano. 36El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que no obedeceal Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios permanece sobre él».

Salmo 71

1En Ti, oh Señor, me refugio;
Jamás sea yo avergonzado.
2Líbrame en Tu justicia, y rescátame;
Inclina a mí Tu oído, y sálvame.
3Sé para mí una roca de refugio, a la cual pueda ir continuamente;
Tú has dado mandamiento para salvarme,
Porque Tú eres mi roca y mi fortaleza.
4Dios mío, rescátame de la mano del impío,
De la mano del malhechor y del implacable,
5Porque Tú eres mi esperanza;
Oh Señor Dios, Tú eres mi confianza desde mi juventud.
6De Ti he recibido apoyo desde mi nacimiento;
Tú eres el que me sacó del seno de mi madre;
Para Ti es de continuo mi alabanza.
7¶He llegado a ser el asombro de muchos,
Porque Tú eres mi refugio fuerte.
8Llena está mi boca de Tu alabanza
Y de Tu gloria todo el día.
9No me rechaces en el tiempo de la vejez;
No me desampares cuando me falten las fuerzas.
10Porque mis enemigos han hablado de mí;
Y los que acechan mi vida han consultado entre sí,
11Diciendo: «Dios lo ha desamparado;
Persíganlo y aprésenlo, pues no hay quien lo libre».
12¶Oh Dios, no estés lejos de mí;
Dios mío, apresúrate a socorrerme.
13Sean avergonzados y consumidos los enemigos de mi alma;
Sean cubiertos de afrenta y de ignominia los que procuran mi mal.
14Pero yo esperaré continuamente,
Y aún te alabaré más y más.
15Todo el día contará mi boca
De Tu justicia y de Tu salvación,
Porque son innumerables.
16Vendré con los hechos poderosos de Dios el Señor;
Haré mención de Tu justicia, de la Tuya sola.
17¶Oh Dios, Tú me has enseñado desde mi juventud,
Y hasta ahora he anunciado Tus maravillas.
18Y aun en la vejez y las canas, no me desampares, oh Dios,
Hasta que anuncie Tu poder a esta generación,
Tu poderío a todos los que han de venir.
19Porque Tu justicia, oh Dios, alcanza hasta los cielos,
Tú que has hecho grandes cosas;
Oh Dios, ¿quién como Tú?
20Tú que me has hecho ver muchas angustias y aflicciones,
Me volverás a dar vida,
Y me levantarás de nuevo de las profundidades de la tierra.
21Aumenta Tú mi grandeza
Y vuelve a consolarme.
22¶Y yo te daré gracias con el arpa,
Cantaré Tu verdad, Dios mío;
A Ti cantaré alabanzas con la lira,
Oh Santo de Israel.
23Darán voces de júbilo mis labios, cuando te cante alabanzas,
Y mi alma, que Tú has redimido.
24También mi lengua hablará de Tu justicia todo el día,
Porque han sido avergonzados, porque han sido humillados, los que procuran mi mal.

Proverbios 9

1La sabiduría ha edificado su casa,
Ha labrado sus siete columnas;
2Ha preparado su alimento, ha mezclado su vino,
Ha puesto también su mesa;
3Ha enviado a sus doncellas, y clama
Desde los lugares más altos de la ciudad:
4«El que sea simple que entre aquí».
Al falto de entendimiento le dice:
5«Ven, come de mi pan,
Y bebe del vino que he mezclado.
6-»Abandona la necedad y vivirás;
Anda por el camino del entendimiento».
7¶El que instruye al insolente, atrae sobre sí deshonra,
Y el que reprende al impío recibe insultos.
8No reprendas al insolente, para que no te aborrezca;
Reprende al sabio, y te amará.
9Da instrucción al sabio, y será aún más sabio,
Enseña al justo, y aumentará su saber.
10El principio de la sabiduría es el temor del Señor,
Y el conocimiento del Santo es inteligencia.
11Pues por mí se multiplicarán tus días,
Y años de vida te serán añadidos.
12Si eres sabio, eres sabio para provecho tuyo,
Y si escarneces, tú solo lo sufrirás.
13¶La mujer insensata es alborotadora,
Es simple y no sabe nada.
14Se sienta a la puerta de su casa,
En un asiento, en los lugares altos de la ciudad,
15Llamando a los que pasan,
A los que van derechos por sus sendas:
16«El que sea simple, que entre aquí».
Y al falto de entendimiento, le dice:
17«Dulces son las aguas hurtadas,
Y el pan comido en secreto es sabroso».
18Pero él no sabe que allí están los muertos,
Quesus invitados están en las profundidades del Seol.

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