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Día 74 de 365 · 15 de marzo

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Números 30

1Entonces Moisés habló a los jefes de las tribus de los israelitas: «Esto es lo que el Señor ha ordenado. 2Si un hombre hace un voto al Señor, o hace un juramento para imponerse una obligación, no faltará a su palabra; hará conforme a todo lo que salga de su boca. 3Asimismo, si una mujer hace un voto al Señor, y se impone una obligación en su juventud estando en casa de su padre, 4y su padre escucha su voto y la obligación que se ha impuesto, y su padre no le dice nada, entonces todos los votos de ella serán firmes, y toda obligación que se ha impuesto será firme. 5Pero si su padre se lo prohíbe el día en que se entera de ello, ninguno de sus votos ni las obligaciones que se ha impuesto serán firmes. El Señor la perdonará porque su padre se lo prohibió.
6»Si ella se casa mientras está bajo sus votos o bajo la declaración imprudente de sus labios con que se ha atado, 7y su marido se entera de ello y no le dice nada el día en que lo oye, entonces su voto permanecerá firme, y las obligaciones que se ha impuesto, serán firmes. 8Pero si el día en que su marido se entera de ello, se lo prohíbe, entonces él anulará el voto bajo el cual ella está, y la declaración imprudente de sus labios con que se ha comprometido, y el Señor la perdonará.
9»Pero el voto de una viuda o de una divorciada, todo aquello por lo cual se ha comprometido, será firme contra ella. 10Sin embargo, si hizo el voto en casa de su marido, o se impuso una obligación por juramento, 11y su marido lo oyó, pero no le dijo nada y no se lo prohibió, entonces sus votos serán firmes, y toda obligación que se impuso será firme. 12Pero si el marido en verdad los anula el día en que se entera de ello, entonces todo lo que salga de los labios de ella en relación con sus votos, o en relación con la obligación de sí misma, no será firme; su marido los ha anulado, y el Señor la perdonará.
13»Todo voto y todo juramento de obligación para humillarse a sí misma, su marido puede confirmarlo o su marido puede anularlo. 14Pero si en verdad el marido nunca le dice nada a ella, entonces confirma todos sus votos o todas sus obligaciones que están sobre ella; las ha confirmado porque no le dijo nada el día en que se enteró de ello. 15Pero si en verdad él los anula después de haberlos oído, entonces él llevará la culpa de ella».
16Estos son los estatutos que el Señor mandó a Moisés, entre un marido y su mujer, y entre un padre y su hija que durante su juventud está aúnen casa de su padre.

Números 31

1Entonces el Señor dijo a Moisés: 2«Toma completa venganza sobre los madianitas por los israelitas; después serás reunido a tu pueblo». 3Y Moisés habló al pueblo y le dijo: «Armen a algunos hombres de entre ustedes para la guerra, a fin de que suban contra Madián para ejecutar la venganza del Señor en Madián. 4Enviarán a la guerra 1,000 de cada tribu, de todas las tribus de Israel».
5Entonces se prepararon de entre los miles de Israel 1,000 de cada tribu, 12,000 hombres armados para la guerra. 6Y Moisés los envió a la guerra, 1,000 de cada tribu, y a Finees, hijo del sacerdote Eleazar, a la guerra con ellos, con los vasos sagrados y las trompetas en su mano para la alarma.
7Los israelitas hicieron guerra contra Madián, tal como el Señor había ordenado a Moisés, y mataron a todos los varones. 8Junto con sus muertos, mataron a los reyes de Madián: Evi, Requem, Zur, Hur y Reba, los cinco reyes de Madián. También mataron a espada a Balaam, hijo de Beor. 9Y los israelitas tomaron cautivas a las mujeres de Madián y a sus pequeños; y saquearon todo su ganado, todos sus rebaños y todos sus bienes. 10Después prendieron fuego a todas las ciudades donde habitaban y a todos sus campamentos. 11Y tomaron todo el despojo y todo el botín, tanto de hombres como de animales. 12Los cautivos, el botín y los despojos los trajeron a Moisés, al sacerdote Eleazar y a la congregación de los israelitas, al campamento en las llanuras de Moab que están junto al Jordán, frente a Jericó.
13Moisés y el sacerdote Eleazar, y todos los jefes de la congregación salieron a recibirlos fuera del campamento. 14Moisés se enojó con los oficiales del ejército, los capitanes de miles y los capitanes de cientos, que volvían del servicio en la guerra, 15y Moisés les dijo: «¿Han dejado con vida a todas las mujeres? 16Estas fueron la causa de que los israelitas, por el consejo de Balaam, fueran infieles al Señor en el asunto de Peor, por lo que hubo plaga entre la congregación del Señor. 17Ahora pues, maten a todo varón entre los niños, y maten a toda mujer que haya conocido varón acostándose con él. 18Pero a todas las jóvenes que no hayan conocido varón acostándose con él, las dejarán con vida para ustedes. 19Y ustedes, acampen fuera del campamento por siete días; todo el que haya matado a una persona y todo el que haya tocado a un muerto, purifíquense, ustedes y sus cautivos, al tercero y al séptimo día. 20Y purificarán todo vestido, todo artículo de cuero y toda obra de pelo de cabra y todo objeto de madera».
21Entonces el sacerdote Eleazar dijo a los hombres de guerra que habían ido a la batalla: «Este es el estatuto de la ley que el Señor ha ordenado a Moisés: 22solo el oro, la plata, el bronce, el hierro, el estaño y el plomo, 23todo lo que resiste el fuego, pasarán por el fuego y será limpio, pero será purificado con el agua para la impureza. Pero todo lo que no resiste el fuego lo pasarán por agua. 24Y en el séptimo día lavarán su ropa y serán limpios; después podrán entrar al campamento».
25Entonces el Señor dijo a Moisés: 26«Cuenta el botín que fue tomado tanto de hombres como de animales; tú con el sacerdote Eleazar, y los jefes de las casas paternas de la congregación, 27y divide en mitades el botín entre los guerreros que salieron a la batalla y toda la congregación. 28Y toma un tributo para el Señor de los hombres de guerra que salieron a la batalla, uno por cada 500 tanto de las personas como de los bueyes, de los asnos y de las ovejas; 29tómalo de la mitad de ellos, y dáselo al sacerdote Eleazar, como ofrenda al Señor. 30De la mitad de los israelitas tomarás uno de cada cincuenta, tanto de las personas como de los bueyes, de los asnos y de las ovejas, de cualquier animal, y los darás a los levitas que guardan el tabernáculo del Señor». 31Moisés y el sacerdote Eleazar hicieron tal como el Señor había ordenado a Moisés.
32Y el botín que quedó del despojo que los hombres de guerra habían tomado fue de 675,000 ovejas, 3372,000 cabezas de ganado, 34y 61,000 asnos; 35y de los seres humanos, de las mujeres que no habían conocido varón acostándose con él, fueron en total 32,000. 36Y la mitad, la porción para los que salieron a la guerra, fue de 337,500 ovejas el número; 37el tributo al Señor fue de 675 ovejas; 38y las cabezas de ganado, 36,000 de las cuales el tributo al Señor fue de 72; 39y los asnos, 30,500 de los cuales el tributo al Señor fue de 61. 40Y los seres humanos, 16,000 de los cuales el tributo al Señor fue de 32 personas. 41Moisés dio el tributo, que era la ofrenda del Señor, al sacerdote Eleazar, tal como el Señor había ordenado a Moisés.
42En cuanto a la mitad para los israelitas, que Moisés había apartado de los hombres que habían ido a la guerra, 43la mitad del botín de la congregación fue de 337,500 ovejas, 4436,000 cabezas de ganado, 4530,500 asnos, 46y 16,000 seres humanos. 47De la mitad del botín de los israelitas, Moisés tomó uno de cada 50, tanto de hombres como de animales, y se los dio a los levitas, los cuales estaban encargados del tabernáculo del Señor, tal como el Señor había ordenado a Moisés.
48Entonces los oficiales que estaban sobre los miles del ejército, los capitanes de miles y los capitanes de cientos, se acercaron a Moisés; 49y dijeron a Moisés: «Tus siervos han levantado un censo de los hombres de guerra que están a nuestro cargo, y no falta ninguno de nosotros. 50Por tanto, hemos traído al Señor, como ofrenda, lo que cada hombre ha hallado: objetos de oro, pulseras, brazaletes, anillos, pendientes y collares, para hacer expiación por nosotros ante el Señor».
51Moisés y el sacerdote Eleazar recibieron de ellos el oro y toda clase de objetos labrados. 52Y el total del oro de la ofrenda que ellos ofrecieron al Señor, de los capitanes de miles y de los capitanes de cientos, fue de 16,750 siclos (191 kilos). 53Los hombres de guerra habían tomado botín, cada hombre tomó algo para sí mismo. 54Moisés y el sacerdote Eleazar recibieron el oro de los capitanes de miles y de cientos, y lo llevaron a la tienda de reunión como memorial para los israelitas delante del Señor.

Juan 6

1Después de esto, Jesús se fue al otro lado del mar de Galilea, el de Tiberias. 2Y una gran multitud lo seguía, pues veían las señales que realizaba en los enfermos. 3Entonces Jesús subió al monte y se sentó allí con Sus discípulos. 4Estaba cerca la Pascua, la fiesta de los judíos.
5Cuando Jesús alzó los ojos y vio que una gran multitud venía hacia Él, dijo* a Felipe: «¿Dónde compraremos pan para que coman estos?». 6Pero decía esto para probarlo, porque Él sabía lo que iba a hacer. 7Felipe le respondió: «Doscientos denarios de pan no les bastarán para que cada uno reciba un pedazo».
8Uno de Sus discípulos, Andrés, hermano de Simón Pedro, dijo* a Jesús: 9«Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos pescados; pero ¿qué es esto para tantos?». 10«Hagan que la gente se siente», dijo Jesús. Y había mucha hierba en aquel lugar; así que se sentaron. El número de los hombres era de unos cinco mil.
11Entonces Jesús tomó los panes, y habiendo dado gracias, los repartió a los que estaban sentados; y lo mismo hizo con los pescados, dándoles todo lo que querían. 12Cuando se saciaron, dijo* a Sus discípulos: «Recojan los pedazos que sobran, para que no se pierda nada». 13Ellos los recogieron, y llenaron doce cestas con los pedazos de los cinco panes de cebada que sobraron a los que habían comido.
14La gente, entonces, al ver la señal que Jesús había hecho, decía: «Verdaderamente Este es el Profeta que había de venir al mundo».
15Por lo que Jesús, dándose cuenta de que iban a venir y por la fuerza hacerle rey, se retiró Él solo otra vez al monte.
16Al atardecer Sus discípulos bajaron hasta el mar, 17y subiendo en una barca, se dirigieron al otro lado del mar, hacia Capernaúm. Ya había oscurecido, y Jesús todavía no había venido adonde ellos estaban; 18y el mar estaba agitado porque soplaba un fuerte viento. 19Cuando habían remado unos 25 o 30 estadios (cuatro o cinco kilómetros), vieron* a Jesús caminando sobre el mar y que se acercaba a la barca, y se asustaron. 20Pero Él les dijo*: «Soy Yo; no teman».
21Entonces ellos querían recibir a Jesús en la barca, y la barca llegó enseguida a la tierra adonde iban.
22Al día siguiente, la multitud que había quedado al otro lado del mar se dio cuenta de que allí no había más que una barca, y que Jesús no había entrado en ella con Sus discípulos, sino que Sus discípulos se habían ido solos. 23Vinieron otras barcas de Tiberias cerca del lugar donde habían comido el pan después de que el Señor había dado gracias. 24Por tanto, cuando la gente vio que Jesús no estaba allí, ni tampoco Sus discípulos, subieron a las barcas y se fueron a Capernaúm buscando a Jesús. 25Cuando lo hallaron al otro lado del mar, le dijeron: «Rabí, ¿cuándo llegaste acá?».
26Jesús les respondió: «En verdad les digo, que me buscan, no porque hayan visto señales, sino porque han comido de los panes y se han saciado. 27Trabajen, no por el alimento que perece, sino por el alimento que permanece para vida eterna, el cual el Hijo del Hombre les dará, porque a Él es a quien el Padre, Dios, ha marcado con Su sello».
28Entonces le preguntaron: «¿Qué debemos hacer para poner en práctica las obras de Dios?». 29Jesús les respondió: «Esta es la obra de Dios: que crean en el que Él ha enviado».
30Le dijeron entonces: «¿Qué, pues, haces Tú como señal para que veamos y te creamos? ¿Qué obra haces? 31Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: “Les dio a comer pan del cielo” ». 32Entonces Jesús les dijo: «En verdad les digo, que no es Moisés el que les ha dado el pan del cielo, sino que es Mi Padre el que les da el verdadero pan del cielo. 33Porque el pan de Dios es el que baja del cielo, y da vida al mundo». 34«Señor, danos siempre este pan», le dijeron.
35Jesús les dijo: «Yo soy el pan de la vida; el que viene a Mí no tendrá hambre, y el que cree en Mí nunca tendrá sed. 36Pero ya les dije que aunque me han visto, no creen. 37Todo lo que el Padre me da, vendrá a Mí; y al que viene a Mí, de ningún modo lo echaré fuera. 38Porque he descendido del cielo, no para hacer Mi voluntad, sino la voluntad del que me envió. 39Y esta es la voluntad del que me envió: que de todo lo que Él me ha dado Yo no pierda nada, sino que lo resucite en el día final. 40Porque esta es la voluntad de Mi Padre: que todo aquel que ve al Hijo y cree en Él, tenga vida eterna, y Yo mismo lo resucitaré en el día final».
41Por eso los judíos murmuraban de Él, porque había dicho: «Yo soy el pan que descendió del cielo». 42Y decían: «¿No es este Jesús, el hijo de José, cuyo padre y madre nosotros conocemos? ¿Cómo es que ahora dice: “Yo he descendido del cielo”?».
43Jesús les dijo: «No murmuren entre sí. 44Nadie puede venir a Mí si no lo trae el Padre que me envió, y Yo lo resucitaré en el día final. 45Escrito está en los profetas: “Y todos serán enseñados por Dios”. Todo el que ha oído y aprendido del Padre, viene a Mí. 46No es que alguien haya visto al Padre; sino Aquel que viene de Dios, Él ha visto al Padre. 47En verdad les digo: el que cree, tiene vida eterna.
48 »Yo soy el pan de la vida. 49Los padres de ustedes comieron el maná en el desierto, y murieron. 50Este es el pan que desciende del cielo, para que el que coma de él, no muera. 51Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguien come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que Yo también daré por la vida del mundo es Mi carne».
52Los judíos, por tanto, discutían entre sí, diciendo: «¿Cómo puede Este darnos a comer Su carne?». 53Entonces Jesús les dijo: «En verdad les digo, que si no comen la carne del Hijo del Hombre y beben Su sangre, no tienen vida en ustedes. 54El que come Mi carne y bebe Mi sangre, tiene vida eterna, y Yo lo resucitaré en el día final. 55Porque Mi carne es verdadera comida, y Mi sangre es verdadera bebida.
56 »El que come Mi carne y bebe Mi sangre, permanece en Mí y Yo en él. 57Como el Padre que vive me envió, y Yo vivo por el Padre, asimismo el que me come, él también vivirá por Mí. 58Este es el pan que descendió del cielo; no como el que los padres de ustedes comieron, y murieron; el que come este pan vivirá para siempre».
59Esto dijo Jesús en la sinagoga, cuando enseñaba en Capernaúm.
60Por eso muchos de Sus discípulos, cuando oyeron esto, dijeron: «Dura es esta declaración; ¿quién puede escucharla?». 61Pero Jesús, consciente de que Sus discípulos murmuraban por esto, les dijo: «¿Esto los escandaliza? 62¿Pues qué si vieran al Hijo del Hombre ascender adonde estaba antes?
63 »El Espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que Yo les he hablado son espíritu y son vida. 64Pero hay algunos de ustedes que no creen». Porque Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían, y quién era el que lo iba a traicionar. 65También decía: «Por eso les he dicho que nadie puede venir a Mí si no se lo ha concedido el Padre».
66Como resultado de esto muchos de Sus discípulos se apartaron y ya no andaban con Él. 67Entonces Jesús dijo a los doce discípulos: «¿Acaso también ustedes quieren irse?». 68Simón Pedro le respondió: «Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. 69Y nosotros hemos creído y sabemos que Tú eres el Santo de Dios». 70Jesús les respondió: «¿No los escogí Yo a ustedes, los doce, y sin embargo uno de ustedes es un diablo?». 71Él se refería a Judas, hijo de Simón Iscariote, porque este, uno de los doce, lo iba a entregar.

Salmo 74

Masquil de Asaf.
1Oh Dios, ¿por qué nos has rechazado para siempre?
¿Por qué se enciende Tu ira contra las ovejas de Tu prado?
2Acuérdate de Tu congregación, la que adquiriste desde los tiempos antiguos,
La que redimiste para que fuera la tribu de Tu heredad,
Y de este monte Sión donde has habitado.
3Dirige Tus pasos hacia las ruinas eternas;
Todo lo que hay en el santuario lo ha dañado el enemigo.
4Tus adversarios han rugido en medio de Tu lugar de reunión;
Han puesto sus estandartes por señales.
5Parece como si alguien hubiera levantado
El hacha en espeso bosque.
6Y ahora, toda su obra de talla
Hacen pedazos con hachas y martillos.
7Han quemado Tu santuario hasta los cimientos;
Han profanado la morada de Tu nombre.
8Dijeron en su corazón: «Arrasémoslos por completo».
Han quemado todos los santuarios de Dios en la tierra.
9No vemos nuestras señales;
Ya no queda profeta,
Ni hay entre nosotros quien sepa hasta cuándo.
10¿Hasta cuándo, oh Dios, blasfemará el adversario?
¿Despreciará el enemigo Tu nombre para siempre?
11¿Por qué retiras Tu mano, Tu diestra?
¡Sácala de dentro de Tu seno, destrúyelos!
12¶Con todo, Dios es mi rey desde la antigüedad,
El que hace obras de salvación en medio de la tierra.
13Tú dividiste el mar con Tu poder;
Quebraste las cabezas de los monstruos en las aguas.
14Tú aplastaste las cabezas de Leviatán;
Lo diste por comida a los moradores del desierto.
15Tú abriste fuentes y torrentes;
Tú secaste ríos inagotables.
16Tuyo es el día, Tuya es también la noche;
Tú has preparado la lumbrera y el sol.
17Tú has establecido todos los términos de la tierra;
Tú has hecho el verano y el invierno.
18¶Acuérdate de esto, Señor: que el enemigo ha blasfemado,
Y que un pueblo insensato ha despreciado Tu nombre.
19No entregues a las fieras el alma de Tu tórtola;
No olvides para siempre la vida de Tus afligidos.
20Mira el pacto, Señor,
Porque los lugares tenebrosos de la tierra están llenos de moradas de violencia.
21No vuelva avergonzado el oprimido;
Alaben Tu nombre el afligido y el necesitado.
22¶Levántate, oh Dios, defiende Tu causa;
Acuérdate de cómo el necio te injuria todo el día.
23No te olvides del vocerío de Tus adversarios,
Del tumulto de los que se levantan contra Ti, que sube continuamente.

Proverbios 12

1El que ama la instrucción ama el conocimiento,
Pero el que odia la reprensión es torpe.
2El bueno alcanzará el favor del Señor,
Pero Él condenará al hombre de malos designios.
3El hombre no se afianzará por medio de la impiedad,
Y la raíz de los justos no será removida.
4La mujer virtuosa es corona de su marido,
Pero la que lo avergüenza es como podredumbre en sus huesos.
5Los pensamientos de los justos son rectos,
Los consejos de los impíos, engañosos.
6Las palabras de los impíos son asechanzas sangrientas,
Pero a los rectos su boca los librará.
7Los impíos son derribados y ya no existen,
Pero la casa de los justos permanecerá.
8El hombre será alabado conforme a su discernimiento,
Pero el perverso de corazón será despreciado.
9Más vale el poco estimado que tiene siervo,
Que el que se alaba y carece de pan.
10El justo se preocupa de la vida de su ganado,
Pero las entrañas de los impíos son crueles.
11El que labra su tierra se saciará de pan,
Pero el que persigue lo vano carece de entendimiento.
12El impío codicia el botín de los malos,
Pero la raíz de los justos da fruto.
13En la transgresión de sus labios se enreda el malvado,
Pero el justo escapará del apuro.
14Por el fruto de su boca cada uno se saciará de bien,
Y las obras de las manos del hombre volverán a él.
15El camino del necio es recto a sus propios ojos,
Pero el que escucha consejos es sabio.
16El enojo del necio se conoce al instante,
Pero el prudente oculta la deshonra.
17El que habla verdad declara lo que es justo,
Pero el testigo falso, falsedad.
18Hay quien habla sin tino como golpes de espada,
Pero la lengua de los sabios sana.
19Los labios veraces permanecerán para siempre,
Pero la lengua mentirosa, solo por un momento.
20Hay engaño en el corazón de los que traman el mal,
Pero gozo en los consejeros de paz.
21Ningún daño sobreviene al justo,
Pero los impíos están llenos de pesares.
22Los labios mentirosos son abominación al Señor,
Pero los que obran fielmente son Su deleite.
23El hombre prudente oculta su conocimiento,
Pero el corazón de los necios proclama su necedad.
24La mano de los diligentes gobernará,
Pero la indolencia será sujeta a trabajos forzados.
25La ansiedad en el corazón del hombre lo deprime,
Pero la buena palabra lo alegra.
26El justo es guía para su prójimo,
Pero el camino de los impíos los extravía.
27El indolente no asa su presa,
Pero la posesión más preciosa del hombre es la diligencia.
28En la senda de la justicia está la vida,
Y en sucamino no hay muerte.

Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © The Lockman Foundation — cortesía de YouVersion.

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