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Día 75 de 365 · 16 de marzo

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Números 32

1Los hijos de Rubén y los hijos de Gad tenían una cantidad muy grande de ganado. Por eso, cuando vieron la tierra de Jazer y la tierra de Galaad, que en verdad era un lugar bueno para ganado, 2los hijos de Gad y los hijos de Rubén fueron y hablaron a Moisés, al sacerdote Eleazar y a los jefes de la congregación y les dijeron: 3«Atarot, Dibón, Jazer, Nimra, Hesbón, Eleale, Sebam, Nebo y Beón, 4la tierra que el Señor conquistó delante de la congregación de Israel es tierra para ganado; y tus siervos tienen ganado. 5Si hemos hallado gracia ante tus ojos, que se dé esta tierra a tus siervos como posesión; no nos hagas pasar el Jordán», le dijeron.
6Pero Moisés dijo a los gaditas y a los rubenitas: «¿Irán sus hermanos a la guerra, mientras ustedes se quedan aquí? 7¿Por qué desalientan a los israelitas a fin de que no pasen a la tierra que el Señor les ha dado? 8Esto es lo que los padres de ustedes hicieron cuando los envié de Cades Barnea a ver la tierra. 9Pues cuando subieron hasta el valle de Escol, y vieron la tierra, desalentaron a los israelitas para que no entraran a la tierra que el Señor les había dado. 10La ira del Señor se encendió aquel día y juró y dijo: 11“Ninguno de estos hombres que salieron de Egipto, de veinte años arriba, verá la tierra que juré a Abraham, a Isaac y a Jacob, porque no me siguieron fielmente, 12sino Caleb, hijo de Jefone el cenezeo, y Josué, hijo de Nun, pues ellos han seguido fielmente al Señor”.
13»La ira del Señor se encendió contra Israel, y los hizo vagar en el desierto por cuarenta años, hasta que fue acabada toda la generación de los que habían hecho mal ante los ojos del Señor. 14Ahora ustedes se han levantado en lugar de sus padres, prole de hombres pecadores, para añadir aún más a la ardiente ira del Señor contra Israel. 15Pues si dejan de seguirle, otra vez Él los abandonará en el desierto, y ustedes destruirán a todo este pueblo».
16Entonces ellos se acercaron a él, y le dijeron: «Edificaremos aquí establos para nuestro ganado y ciudades para nuestros pequeños; 17pero nosotros nos armaremos para ir delante de los israelitas hasta que los introduzcamos en su lugar, mientras que nuestros pequeños se quedarán en las ciudades fortificadas por causa de los habitantes de la tierra. 18No volveremos a nuestros hogares hasta que cada uno de los israelitas haya ocupado su heredad. 19Porque no tendremos heredad con ellos al otro lado del Jordán y más allá, pues nuestra heredad nos ha tocado de este lado del Jordán, al oriente».
20Y Moisés les dijo: «Si hacen esto, si se arman delante del Señor para la guerra, 21y todos sus guerreros cruzan el Jordán delante del Señor hasta que Él haya expulsado a Sus enemigos delante de Él, 22y la tierra quede sometida delante del Señor; después volverán y quedarán libres de obligación para con el Señor y para con Israel; y esta tierra será de ustedes en posesión delante del Señor. 23Pero si no lo hacen así, miren, habrán pecado ante el Señor, y tengan por seguro que su pecado los alcanzará. 24Edifíquense ciudades para sus pequeños, y rediles para sus ovejas; y hagan lo que han prometido». 25Entonces los gaditas y los rubenitas hablaron a Moisés y dijeron: «Tus siervos harán tal como mi señor ordena. 26Nuestros pequeños, nuestras mujeres, nuestro ganado y nuestros rebaños quedarán allí en las ciudades de Galaad; 27mientras tus siervos, todos los que están armados para la guerra, cruzarán delante del Señor para la batalla, tal como mi señor dice».
28Así lo ordenó Moisés en relación a ellos, al sacerdote Eleazar, a Josué, hijo de Nun, y a los jefes de las casas paternas de las tribus de los israelitas. 29Y Moisés les dijo: «Si los gaditas y los rubenitas, todos los que están armados para la batalla, cruzan con ustedes el Jordán en presencia del Señor, y la tierra es sometida delante de ustedes, entonces les darán a ellos la tierra de Galaad en posesión; 30pero si no cruzan armados con ustedes, tendrán la herencia entre ustedes en la tierra de Canaán». 31Los gaditas y los rubenitas respondieron: «Como el Señor ha dicho a sus siervos, así haremos. 32Nosotros cruzaremos armados en la presencia del Señor a la tierra de Canaán, y la posesión de nuestra heredad quedará con nosotros de este lado del Jordán».
33Entonces Moisés dio a los gaditas, y a los rubenitas, y a la media tribu de Manasés, hijo de José, el reino de Sehón, rey de los amorreos, y el reino de Og, rey de Basán: la tierra con sus ciudades, con sus territorios, y las ciudades de la tierra circunvecina.
34Los gaditas construyeron a Dibón, Atarot, Aroer, 35Atarot Sofán, Jazer, Jogbeha, 36Bet Nimra y Bet Arán, ciudades fortificadas, y rediles para las ovejas.
37Los rubenitas construyeron a Hesbón, Eleale y Quiriataim, 38y Nebo, y Baal Meón, cambiando sus nombres, y Sibma; y dieron otros nombres a las ciudades que edificaron.
39Los hijos de Maquir, hijo de Manasés, fueron a Galaad y la tomaron, y expulsaron a los amorreos que estaban en ella. 40Entonces Moisés dio Galaad a Maquir, hijo de Manasés, y este habitó en ella. 41Jair, hijo de Manasés, fue y conquistó sus pueblos, y los llamó Havot Jair. 42También Noba fue y conquistó a Kenat y sus aldeas, y la llamó Noba, igual que él.

Números 33

1Estas son las jornadas de los israelitas, que salieron de la tierra de Egipto por sus ejércitos, bajo la dirección de Moisés y Aarón. 2Moisés anotó los puntos de partida según sus jornadas, por el mandamiento del Señor, y estas son sus jornadas, conforme a sus puntos de partida. 3El mes primero salieron de Ramsés el día quince del mes primero; el día después de la Pascua, los israelitas marcharon con mano poderosa a la vista de todos los egipcios, 4mientras los egipcios sepultaban a todos sus primogénitos, a quienes el Señor había herido entre ellos. El Señor también había ejecutado juicios contra sus dioses.
5Entonces los israelitas salieron de Ramsés y acamparon en Sucot. 6Salieron de Sucot y acamparon en Etam, que está en el extremo del desierto. 7Salieron de Etam, se volvieron a Pi Hahirot, frente a Baal Zefón, y acamparon delante de Migdol. 8Salieron de delante de Hahirot y cruzaron por en medio del mar hasta el desierto; y anduvieron tres días en el desierto de Etam y acamparon en Mara. 9Salieron de Mara y llegaron a Elim; y en Elim había doce fuentes de agua y setenta palmeras; y acamparon allí. 10Salieron de Elim y acamparon junto al mar Rojo.
11Salieron del mar Rojo y acamparon en el desierto de Sin. 12Salieron del desierto de Sin y acamparon en Dofca. 13Salieron de Dofca y acamparon en Alús. 14Salieron de Alús y acamparon en Refidim; allí fue donde el pueblo no tuvo agua para beber. 15Salieron de Refidim y acamparon en el desierto de Sinaí. 16Salieron del desierto de Sinaí y acamparon en Kibrot Hataava.
17Salieron de Kibrot Hataava y acamparon en Hazerot. 18Salieron de Hazerot y acamparon en Ritma. 19Salieron de Ritma y acamparon en Rimón Peres. 20Salieron de Rimón Peres y acamparon en Libna. 21Salieron de Libna y acamparon en Rissa. 22Salieron de Rissa y acamparon en Ceelata.
23Salieron de Ceelata y acamparon en el monte Sefer. 24Salieron del monte Sefer y acamparon en Harada. 25Salieron de Harada y acamparon en Macelot. 26Salieron de Macelot y acamparon en Tahat. 27Salieron de Tahat y acamparon en Tara. 28Salieron de Tara y acamparon en Mitca.
29Salieron de Mitca y acamparon en Hasmona. 30Salieron de Hasmona y acamparon en Moserot. 31Salieron de Moserot y acamparon en Bene Jaacán. 32Salieron de Bene Jaacán y acamparon en Hor Haggidgad. 33Salieron de Hor Haggidgad y acamparon en Jotbata.
34Salieron de Jotbata y acamparon en Abrona. 35Salieron de Abrona y acamparon en Ezión Geber. 36Salieron de Ezión Geber y acamparon en el desierto de Zin, esto es, Cades. 37Salieron de Cades y acamparon en el monte Hor, al extremo de la tierra de Edom.
38Entonces el sacerdote Aarón subió al monte Hor por mandato del Señor, y allí murió, el año cuarenta después que los israelitas habían salido de la tierra de Egipto, el primer día del mes quinto. 39Aarón tenía 123 años de edad cuando murió en el monte Hor.
40Y el cananeo, el rey de Arad que habitaba en el Neguev, en la tierra de Canaán, oyó de la llegada de los israelitas.
41Entonces partieron del monte Hor y acamparon en Zalmona. 42Salieron de Zalmona y acamparon en Punón. 43Salieron de Punón y acamparon en Obot. 44Salieron de Obot y acamparon en Ije Abarim, en la frontera con Moab. 45Salieron de Ije Abarim y acamparon en Dibón Gad. 46Salieron de Dibón Gad y acamparon en Almón Diblataim. 47Salieron de Almón Diblataim y acamparon en los montes de Abarim, frente a Nebo. 48Partieron de los montes de Abarim y acamparon en las llanuras de Moab, junto al Jordán, frente a Jericó. 49Y acamparon junto al Jordán, desde Bet Jesimot hasta Abel Sitim, en las llanuras de Moab.
50Entonces el Señor habló a Moisés en las llanuras de Moab, junto al Jordán, frente a Jericó: 51«Habla a los israelitas, y diles: “Cuando crucen el Jordán a la tierra de Canaán, 52expulsarán a todos los habitantes de la tierra delante de ustedes, y destruirán todas sus piedras grabadas, y destruirán todas sus imágenes fundidas, y demolerán todos sus lugares altos; 53y tomarán posesión de la tierra y habitarán en ella, porque les he dado la tierra para que la posean. 54Heredarán la tierra por sorteo, por sus familias; a las más grandes darán más heredad, y a las más pequeñas darán menos heredad. Donde la suerte caiga a cada uno, eso será suyo. Heredarán conforme a las tribus de sus padres. 55Pero si no expulsan de delante de ustedes a los habitantes de la tierra, entonces sucederá que los que de ellos dejen serán como aguijones en sus ojos y como espinas en sus costados, y los hostigarán en la tierra en que habiten. 56Y sucederá que como pensaba hacerles a ellos, así les haré a ustedes” ».

Juan 7

1Después de esto, Jesús andaba por Galilea, pues no deseaba andar por Judea porque los judíos lo querían matar. 2La fiesta de los judíos, la de los Tabernáculos, estaba cerca. 3Por eso los hermanos de Jesús le dijeron: «Sal de aquí, y vete a Judea para que también Tus discípulos vean las obras que Tú haces. 4Porque nadie hace nada en secreto cuando procura ser conocido en público. Si haces estas cosas, muéstrate al mundo». 5Porque ni aun Sus hermanos creían en Él.
6Entonces Jesús les dijo*: «Mi tiempo aún no ha llegado, pero el tiempo de ustedes es siempre oportuno. 7El mundo no puede odiarlos a ustedes, pero me odia a Mí, porque Yo doy testimonio de él, que sus acciones son malas. 8Suban ustedes a la fiesta; Yo no subo a esta fiesta porque Mi tiempo aún no se ha cumplido».
9Y habiéndoles dicho esto, se quedó en Galilea.
10Pero cuando Sus hermanos subieron a la fiesta, entonces Jesús también subió; no abiertamente, sino en secreto. 11Por eso los judíos lo buscaban en la fiesta y decían: «¿Dónde está Ese?».
12Y había mucha murmuración entre la gente acerca de Él. Unos decían: «Él es bueno». Otros decían: «No, al contrario, extravía a la gente». 13Sin embargo, nadie hablaba abiertamente de Él por miedo a los judíos.
14A la mitad de la fiesta, Jesús subió al templo y se puso a enseñar. 15Entonces los judíos se maravillaban, diciendo: «¿Cómo puede Este saber de letras sin haber estudiado?».
16Jesús entonces les respondió: «Mi enseñanza no es Mía, sino del que me envió. 17Si alguno está dispuesto a hacer la voluntad de Dios, sabrá si Mi enseñanza es de Dios o si hablo de Mí mismo. 18El que habla de sí mismo busca su propia gloria; pero Aquel que busca la gloria del que lo envió, Él es verdadero y no hay injusticia en Él. 19¿No les dio Moisés la ley, y sin embargo ninguno de ustedes la cumple? ¿Por qué me quieren matar?».
20La multitud contestó: «¡Tienes un demonio! ¿Quién te quiere matar?». 21Jesús les respondió: «Una sola obra hice y todos se admiran. 22Por eso Moisés les ha dado la circuncisión (no porque sea de Moisés, sino de los padres), y en el día de reposo ustedes circuncidan al hombre. 23Y si para no violar la ley de Moisés un hombre recibe la circuncisión aún en el día de reposo, ¿por qué están enojados conmigo porque sané por completo a un hombre en el día de reposo? 24No juzguen por la apariencia, sino juzguen con juicio justo».
25Entonces algunos de Jerusalén decían: «¿No es Este al que procuran matar? 26Y vean, habla en público y no le dicen nada. ¿No será que en verdad los gobernantes reconocen que Este es el Cristo? 27Sin embargo, nosotros sabemos de dónde es Este; pero cuando venga el Cristo, nadie sabrá de dónde es».
28Jesús entonces, mientras enseñaba en el templo, exclamó en alta voz: «Ustedes me conocen y saben de dónde soy. Yo no he venido por decisión propia, pero Aquel que me envió es verdadero, a quien ustedes no conocen. 29Yo lo conozco, porque procedo de Él, y Él me envió».
30Procuraban, pues, prender a Jesús; pero nadie le echó mano porque todavía no había llegado Su hora. 31Pero muchos de la multitud creyeron en Él, y decían: «Cuando el Cristo venga, ¿acaso hará más señales que las que Este ha hecho?».
32Los fariseos oyeron a la multitud murmurando estas cosas acerca de Él. Entonces los principales sacerdotes y los fariseos enviaron guardias para que lo prendieran. 33Pero Jesús dijo: «Por un poco más de tiempo estoy con ustedes; después voy a Aquel que me envió. 34Me buscarán y no me hallarán; y donde Yo esté, ustedes no pueden ir».
35Decían entonces los judíos entre sí: «¿Adónde piensa irse Este que no lo podamos encontrar? ¿Será acaso que quiere irse a la dispersión entre los griegos y enseñar a los griegos? 36¿Qué quiere decir esto que ha dicho: “Me buscarán y no me hallarán; y donde Yo esté, ustedes no podrán ir”?».
37En el último día, el gran día de la fiesta, Jesús puesto en pie, exclamó en alta voz: «Si alguien tiene sed, que venga a Mí y beba. 38El que cree en Mí, como ha dicho la Escritura: “De lo más profundo de su ser brotarán ríos de agua viva” ». 39Pero Él decía esto del Espíritu, que los que habían creído en Él habían de recibir; porque el Espíritu no había sido dado todavía, pues Jesús aún no había sido glorificado.
40Entonces algunos de la multitud, cuando oyeron estas palabras, decían: «Verdaderamente Este es el Profeta». 41Otros decían: «Este es el Cristo». Pero otros decían: «¿Acaso el Cristo ha de venir de Galilea? 42¿No ha dicho la Escritura que el Cristo viene de la descendencia de David, y de Belén, la aldea de donde era David?». 43Así que surgió una división entre la multitud por causa de Él. 44Y algunos de ellos querían prender a Jesús, pero nadie le echó mano.
45Entonces los guardias vinieron a los principales sacerdotes y fariseos, y estos les dijeron: «¿Por qué no lo trajeron?». 46Los guardias respondieron: «¡Jamás hombre alguno ha hablado como este hombre habla!».
47Entonces los fariseos les contestaron: «¿Es que también ustedes se han dejado engañar? 48¿Acaso ha creído en Él alguien de los gobernantes o de los fariseos? 49Pero esta multitud que no conoce de la ley, maldita es».
50Nicodemo, el que había venido a Jesús antes, y que era uno de ellos, les dijo*: 51«¿Acaso juzga nuestra ley a un hombre a menos que le oiga primero y sepa lo que hace?». 52Ellos le respondieron: «¿Es que tú también eres de Galilea? Investiga, y verás que ningún profeta sale de Galilea». 53Y cada uno se fue a su casa.

Salmo 75

Para el director del coro; según tonada de «No destruyas». Salmo de Asaf. Cántico.
1Te damos gracias, oh Dios, te damos gracias,
Pues cercano está Tu nombre;
Los hombres declaran Tus maravillas.
2«Cuando Yo escoja el tiempo oportuno,
Seré Yo quien juzgará con equidad.
3-»Tiemblan la tierra y todos sus moradores,
Pero Yo sostengo sus columnas. (Selah)
4Dije a los orgullosos: “No se jacten”;
Y a los impíos: “No alcen la frente;
5No levanten en alto su frente;
No hablen con orgullo insolente” ».
6¶Porque ni del oriente ni del occidente,
Ni del desierto viene el enaltecimiento,
7Sino que Dios es el Juez;
A uno humilla y a otro ensalza.
8Porque hay una copa en la mano del Señor, y el vino se fermenta,
Lleno de mixtura, y de este Él sirve;
Ciertamente lo sorberán hasta el fondo y lo beberán todos los impíos de la tierra.
9¶Pero yo lo anunciaré para siempre;
Cantaré alabanzas al Dios de Jacob.
10Quebraré todo el poderío de los impíos,
Pero el poderíodel justo será ensalzado.

Proverbios 13

1El hijo sabio acepta la disciplina de su padre,
Pero el insolente no escucha la reprensión.
2Del fruto de su boca el hombre comerá el bien,
Pero el deseo de los traidores es la violencia.
3El que guarda su boca, preserva su vida;
El que mucho abre sus labios, termina en ruina.
4El alma del perezoso desea mucho, pero nada consigue,
Sin embargo, el alma de los diligentes queda satisfecha.
5El justo aborrece la falsedad,
Pero el impío causa repugnancia y vergüenza.
6La justicia guarda al íntegro en su camino,
Pero la maldad destruye al pecador.
7Hay quien pretende ser rico, y nada tiene;
Hay quien pretende ser pobre, y tiene una gran fortuna.
8El rescate de la vida de un hombre está en sus riquezas,
Pero el pobre no oye amenazas.
9La luz de los justos brilla alegremente,
Pero la lámpara de los impíos se apaga.
10Por la soberbia solo viene la contienda,
Pero con los que reciben consejos está la sabiduría.
11La fortuna obtenida con fraude disminuye,
Pero el que la recoge con trabajo la aumenta.
12La esperanza que se demora enferma el corazón,
Pero el deseo cumplido es árbol de vida.
13El que desprecia la palabra pagará por ello,
Pero el que teme el mandamiento será recompensado.
14La enseñanza del sabio es fuente de vida,
Para apartarse de los lazos de la muerte.
15El buen entendimiento produce favor,
Pero el camino de los malvados es difícil.
16Todo hombre prudente obra con conocimiento,
Pero el necio ostenta necedad.
17El mensajero perverso cae en la adversidad,
Pero el enviado fiel trae sanidad.
18Pobreza y vergüenza vendrán al que desprecia la instrucción,
Pero el que acepta la reprensión será honrado.
19Deseo cumplido es dulzura para el alma,
Pero es abominación para los necios el apartarse del mal.
20El que anda con sabios será sabio,
Pero el compañero de los necios sufrirá daño.
21A los pecadores los persigue el mal,
Pero los justos serán recompensados con el bien.
22El hombre bueno deja herencia a los hijos de sus hijos,
Pero la riqueza del pecador está reservada para el justo.
23El terreno de los pobres tiene mucho de comer,
Pero se pierde por la injusticia.
24El que evita la vara odia a su hijo,
Pero el que lo ama lo disciplina con diligencia.
25El justo come hasta saciar su alma,
Pero el vientre de los impíos sufre escasez.

Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © The Lockman Foundation — cortesía de YouVersion.

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