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Día 76 de 365 · 17 de marzo

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Números 34

1Entonces el Señor habló a Moisés: 2«Manda a los israelitas y diles: “Cuando entren en la tierra de Canaán, esta es la tierra que les tocará como herencia, la tierra de Canaán según sus fronteras. 3Su límite sur será desde el desierto de Zin, por la frontera de Edom, y su frontera sur será desde el extremo del mar Salado hacia el oriente. 4Luego, la frontera de ustedes cambiará de dirección, del sur a la subida de Acrabim y continuará a Zin, y su término será al sur de Cades Barnea; y llegará a Hasaradar y continuará hasta Asmón. 5Y la frontera cambiará de dirección de Asmón al torrente de Egipto, y su término será el mar Grande.
6”En cuanto a la frontera occidental, tendrán el mar Grande, esto es, su costa; esta será su frontera occidental.
7”Y esta será su frontera norte: trazarán la línea fronteriza desde el mar Grande hasta el monte Hor. 8Trazarán una línea desde el monte Hor hasta Lebo Hamat, y el término de la frontera será Zedad; 9y la frontera seguirá hacia Zifrón, y su término será Hazar Enán. Esta será su frontera norte.
10”Para su frontera oriental, trazarán también una línea desde Hazar Enán hasta Sefam, 11y la frontera descenderá de Sefam a Ribla, sobre el lado oriental de Aín; y la frontera descenderá y alcanzará la ribera sobre el lado oriental del mar de Cineret. 12Y la frontera descenderá al Jordán, y su término será el mar Salado. Esta será la tierra de ustedes, según sus fronteras alrededor” ».
13Entonces Moisés dio órdenes a los israelitas y les dijo: «Esta es la tierra que repartirán por sorteo entre ustedes como posesión, la cual el Señor ha ordenado dar a las nueve tribus y a la media tribu. 14Pues la tribu de los hijos de Rubén ha recibido lo suyo según sus casas paternas, y la tribu de los hijos de Gad según sus casas paternas y la media tribu de Manasés han recibido su posesión. 15Las dos tribus y la media tribu han recibido su posesión al otro lado del Jordán, frente a Jericó, al oriente, hacia la salida del sol».
16Entonces el Señor dijo a Moisés: 17«Estos son los nombres de los hombres que les repartirán la tierra por heredad: el sacerdote Eleazar y Josué, hijo de Nun. 18De cada tribu tomarás un jefe para repartir la tierra por heredad. 19Y estos son los nombres de los hombres: de la tribu de Judá, Caleb, hijo de Jefone. 20De la tribu de los hijos de Simeón, Semuel, hijo de Amiud. 21De la tribu de Benjamín, Elidad, hijo de Quislón. 22De la tribu de los hijos de Dan, un jefe: Buqui, hijo de Jogli. 23De los hijos de José: de la tribu de los hijos de Manasés, un jefe: Haniel, hijo de Efod. 24De la tribu de los hijos de Efraín, un jefe: Kemuel, hijo de Siftán. 25De la tribu de los hijos de Zabulón, un jefe: Elizafán, hijo de Parnac. 26De la tribu de los hijos de Isacar, un jefe: Paltiel, hijo de Azán. 27De la tribu de los hijos de Aser, un jefe: Ahiud, hijo de Selomi. 28Y de la tribu de los hijos de Neftalí, un jefe: Pedael, hijo de Amiud». 29Estos son los que el Señormandó que repartieran la heredad a los israelitas en la tierra de Canaán.

Números 35

1El Señor habló a Moisés en las llanuras de Moab, junto al Jordán, frente a Jericó y le dijo: 2«Manda a los israelitas que de la herencia de su posesión den a los levitas ciudades en que puedan habitar; también darán a los levitas tierras de pasto alrededor de las ciudades. 3Las ciudades serán suyas para habitar; y sus tierras de pasto serán para sus animales, para sus ganados y para todas sus bestias.
4»Las tierras de pasto de las ciudades que darán a los levitas se extenderán desde la muralla de la ciudad hacia afuera 1,000 codos (450 metros) alrededor. 5Medirán también afuera de la ciudad, al lado oriental 2,000 codos (900 metros), al lado sur 2,000 codos, al lado occidental 2,000 codos, y al lado norte 2,000 codos, con la ciudad en el centro. Esto será de ellos para tierras de pasto en las ciudades.
6»De las ciudades que ustedes darán a los levitas, seis serán ciudades de refugio. Darán estas ciudades para que el que haya matado a alguien huya a ellas. Además de estas, les darán cuarenta y dos ciudades. 7Todas las ciudades que ustedes darán a los levitas serán cuarenta y ocho ciudades, junto con sus tierras de pasto. 8En cuanto a las ciudades que darán de la posesión de los israelitas, tomarán más del más grande y tomarán menos del más pequeño; cada uno dará algunas de sus ciudades a los levitas en proporción a la posesión que herede».
9Luego el Señor dijo a Moisés: 10«Habla a los israelitas, y diles: “Cuando crucen el Jordán a la tierra de Canaán, 11escogerán para ustedes ciudades para que sean sus ciudades de refugio, a fin de que pueda huir allí el que haya matado a alguna persona sin intención. 12Las ciudades serán para ustedes como refugio contra el vengador, para que el que haya matado a alguien no muera hasta que comparezca delante de la congregación para juicio.
13”Las ciudades que darán serán sus seis ciudades de refugio. 14Darán tres ciudades al otro lado del Jordán y tres ciudades en la tierra de Canaán; serán ciudades de refugio. 15Estas seis ciudades serán por refugio para los israelitas, y para el extranjero y para el peregrino entre ellos, para que huya allí cualquiera que sin intención mate a una persona.
16”Pero si lo hirió con un objeto de hierro, y murió, es un asesino; al asesino ciertamente se le dará muerte. 17Y si lo hirió con una piedra en la mano, por la cual pueda morir, y muere, es un asesino; al asesino ciertamente se le dará muerte. 18O si lo golpeó con un objeto de madera en la mano, por lo cual pueda morir, y muere, es un asesino; al asesino ciertamente se le dará muerte. 19El vengador de sangre, él mismo dará muerte al asesino; le dará muerte cuando se encuentre con él. 20Y si lo empujó con odio, o le arrojó algo mientras lo acechaba, y murió, 21o si lo hirió con la mano en enemistad, y murió, al que lo hirió ciertamente se le dará muerte; es un asesino. El vengador de sangre dará muerte al asesino cuando se encuentre con él.
22”Pero si lo empujó súbitamente sin enemistad, o le arrojó algo sin acecharlo, 23o tiró cualquier piedra que pudo matarlo, y sin ver que le cayó encima, murió, no siendo su enemigo ni procurando herirlo, 24entonces la congregación juzgará entre el que mató y el vengador de la sangre conforme a estas ordenanzas. 25La congregación librará al acusado de la mano del vengador de sangre, y la congregación lo restaurará a la ciudad de refugio a la cual huyó; y vivirá en ella hasta la muerte del sumo sacerdote que fue ungido con óleo santo.
26”Pero si el que causó la muerte del otro sale alguna vez de los límites de la ciudad de refugio a la cual pudo huir, 27y el vengador de sangre lo encuentra fuera de los límites de la ciudad de refugio, y el vengador de sangre mata al acusado, no será culpable de sangre. 28Porque el acusado debió haber permanecido en la ciudad de refugio hasta la muerte del sumo sacerdote. Pero después de la muerte del sumo sacerdote, el que mató a otro volverá a su tierra.
29”Estas cosas serán por norma de derecho para ustedes por sus generaciones en todas sus moradas. 30Si alguien mata a una persona, al asesino se le dará muerte ante la evidencia de testigos, pero a ninguna persona se le dará muerte por el testimonio de un solo testigo. 31Además, ustedes no tomarán rescate por la vida de un asesino que es culpable de muerte, sino que de cierto se le dará muerte; 32y no tomarán rescate por el que ha huido a la ciudad de refugio para que vuelva y habite en la tierra antes de la muerte del sacerdote. 33Así que no contaminarán la tierra en que están; porque la sangre contamina la tierra, y no se puede hacer expiación por la tierra, por la sangre derramada en ella, excepto mediante la sangre del que la derramó. 34Y no contaminarán la tierra en que ustedes viven, en medio de la cual Yo habito, pues Yo, el Señor, habito en medio de los israelitas” ».

Juan 8

1Pero Jesús se fue al monte de los Olivos. 2Al amanecer, vino otra vez al templo, y todo el pueblo venía a Él; y sentándose, les enseñaba. 3Los escribas y los fariseos trajeron* a una mujer sorprendida en adulterio, y poniéndola en medio, 4dijeron* a Jesús: «Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo del adulterio. 5Y en la ley, Moisés nos ordenó apedrear a esta clase de mujeres. ¿Tú, pues, qué dices?».
6Decían esto, poniendo a prueba a Jesús, para tener de qué acusarlo. Pero Jesús se inclinó y con el dedo escribía en la tierra. 7Pero como insistían en preguntar, Jesús se enderezó y les dijo: «El que de ustedes esté sin pecado, sea el primero en tirarle una piedra».
8E inclinándose de nuevo, escribía en la tierra. 9Al oír ellos esto, se fueron retirando uno a uno comenzando por los de mayor edad, y dejaron solo a Jesús y a la mujer que estaba en medio. 10Enderezándose Jesús, le dijo: «Mujer, ¿dónde están ellos? ¿Ninguno te ha condenado?».
11«Ninguno, Señor», respondió ella. Entonces Jesús le dijo: «Yo tampoco te condeno. Vete; y desde ahora no peques más».
12Jesús les habló otra vez, diciendo: «Yo soy la Luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la Luz de la vida». 13Entonces los fariseos le dijeron: «Tú das testimonio de Ti mismo; Tu testimonio no es verdadero».
14Jesús les respondió: «Aunque Yo doy testimonio de Mí mismo, Mi testimonio es verdadero, porque Yo sé de dónde he venido y adónde voy; pero ustedes no saben de dónde vengo ni adónde voy. 15Ustedes juzgan según la carne; Yo no juzgo a nadie. 16Pero si Yo juzgo, Mi juicio es verdadero; porque no soy Yo solo, sino Yo y el Padre que me envió. 17Aun en la ley de ustedes está escrito que el testimonio de dos hombres es verdadero. 18Yo soy el que doy testimonio de Mí mismo, y el Padre que me envió da testimonio de Mí».
19Entonces le decían: «¿Dónde está Tu Padre?». «Ustedes no me conocen a Mí ni a Mi Padre», les respondió Jesús. «Si me conocieran, conocerían también a Mi Padre».
20Estas palabras las pronunció en el lugar del tesoro, cuando enseñaba en el templo; y nadie lo prendió, porque todavía no había llegado Su hora.
21Entonces Jesús les dijo de nuevo: «Yo me voy, y me buscarán, y ustedes morirán en su pecado; adonde Yo voy, ustedes no pueden ir». 22Por eso los judíos decían: «¿Acaso se va a suicidar, puesto que dice: “Adonde Yo voy, ustedes no pueden ir”?».
23Y Jesús les decía: «Ustedes son de abajo, Yo soy de arriba; ustedes son de este mundo, Yo no soy de este mundo. 24Por eso les dije que morirán en sus pecados; porque si no creen que Yo soy, morirán en sus pecados».
25«¿Tú quién eres?», le preguntaron. Jesús les contestó: «¿Qué les he estado diciendo desde el principio? 26Tengo mucho que decir y juzgar de ustedes, pero Aquel que me envió es veraz; y Yo, las cosas que oí de Él, estas digo al mundo».
27Ellos no comprendieron que les hablaba del Padre. 28Por eso Jesús les dijo: «Cuando ustedes levanten al Hijo del Hombre, entonces sabrán que Yo soy y que no hago nada por Mi cuenta, sino que hablo estas cosas como el Padre me enseñó. 29Y Aquel que me envió está conmigo; no me ha dejado solo, porque Yo siempre hago lo que le agrada». 30Al hablar estas cosas, muchos creyeron en Él.
31Entonces Jesús decía a los judíos que habían creído en Él: «Si ustedes permanecen en Mi palabra, verdaderamente son Mis discípulos; 32y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres». 33Ellos le contestaron: «Somos descendientes de Abraham y nunca hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices Tú: “Serán libres”?».
34Jesús les respondió: «En verdad les digo que todo el que comete pecado es esclavo del pecado; 35y el esclavo no queda en la casa para siempre; el hijo permanece para siempre. 36Así que, si el Hijo los hace libres, ustedes serán realmente libres. 37Sé que ustedes son descendientes de Abraham; y sin embargo, me quieren matar porque Mi palabra no tiene aceptación en ustedes. 38Yo hablo lo que he visto con Mi Padre; ustedes, entonces, hacen también lo que oyeron de su padre».
39Ellos le contestaron: «Abraham es nuestro padre». Jesús les dijo*: «Si son hijos de Abraham, hagan las obras de Abraham. 40Pero ahora me quieren matar, a Mí que les he dicho la verdad que oí de Dios. Esto no lo hizo Abraham. 41Ustedes hacen las obras de su padre». Ellos le dijeron: «Nosotros no nacimos de fornicación; tenemos un Padre, es decir, Dios».
42Jesús les dijo: «Si Dios fuera su Padre, me amarían, porque Yo salí de Dios y vine de Él, pues no he venido por Mi propia iniciativa, sino que Él me envió. 43¿Por qué no entienden lo que digo? Porque no pueden oír Mi palabra.
44 »Ustedes son de su padre el diablo y quieren hacer los deseos de su padre. Él fue un asesino desde el principio, y no se ha mantenido en la verdad porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira , habla de su propia naturaleza, porque es mentiroso y el padre de la mentira . 45Pero porque Yo digo la verdad, no me creen. 46¿Quién de ustedes me prueba que tengo pecado? Y si digo verdad, ¿por qué ustedes no me creen? 47El que es de Dios escucha las palabras de Dios; por eso ustedes no escuchan, porque no son de Dios».
48Los judíos le contestaron: «¿No decimos con razón que Tú eres samaritano y que tienes un demonio?». 49Jesús respondió: «Yo no tengo ningún demonio, sino que honro a Mi Padre, y ustedes me deshonran a Mí. 50Pero Yo no busco Mi gloria; hay Uno que la busca, y juzga. 51En verdad les digo que si alguien guarda Mi palabra, no verá jamás la muerte».
52Los judíos le dijeron: «Ahora sí sabemos que tienes un demonio. Abraham murió, y también los profetas, y Tú dices: “Si alguien guarda Mi palabra no probará jamás la muerte”. 53¿Eres Tú acaso mayor que nuestro padre Abraham que murió? Los profetas también murieron; ¿quién crees que eres?».
54Jesús respondió: «Si Yo mismo me glorifico, Mi gloria no es nada; es Mi Padre el que me glorifica, de quien ustedes dicen: “Él es nuestro Dios”. 55Ustedes no lo han conocido, pero Yo lo conozco; y si digo que no lo conozco seré un mentiroso como ustedes; pero lo conozco y guardo Su palabra. 56Abraham, el padre de ustedes, se regocijó esperando ver Mi día; y lo vio y se alegró».
57Por esto los judíos le dijeron: «Aún no tienes cincuenta años, ¿y has visto a Abraham?». 58Jesús les dijo: «En verdad les digo, que antes que Abraham naciera, Yo soy». 59Entonces tomaron piedras para tirárselas, pero Jesús se ocultó y salió del templo.

Salmo 76

Para el director del coro; con instrumentos de cuerdas. Salmo de Asaf. Cántico.
1Dios es conocido en Judá;
Grande es Su nombre en Israel.
2En Salem está Su tabernáculo,
Y en Sión Su morada.
3Allí quebró las flechas encendidas del arco,
El escudo, la espada y las armas de guerra. (Selah)
4¶Resplandeciente eres,
Más majestuoso que los montes de caza.
5Fueron despojados los fuertes de corazón;
Durmieron su sueño,
Y ninguno de los guerreros pudo usar sus manos.
6A Tu reprensión, oh Dios de Jacob,
Jinete y caballo cayeron en profundo sueño.
7Tú, solo Tú, has de ser temido;
¿Y quién podrá estar en pie en Tu presencia en el momento de Tu ira?
8¶Hiciste oír juicio desde los cielos;
Temió la tierra y enmudeció
9Cuando Dios se levantó para juzgar,
Para salvar a todos los humildes de la tierra. (Selah)
10Pues el furor del hombre te alabará;
Con un residuo de furor te ceñirás.
11¶Hagan votos ustedes al Señor su Dios, y cúmplanlos;
Todos los que están alrededor de Él traigan presentes al que debe ser temido.
12Él cortará el espíritu de los príncipes;
Temido es por los reyes de la tierra.

Proverbios 14

1La mujer sabia edifica su casa,
Pero la necia la derriba con sus manos.
2El que anda en rectitud teme al Señor,
Pero el de perversos caminos lo desprecia.
3En la boca del necio hay una vara para su espalda,
Pero los labios de los sabios los protegerán.
4Donde no hay bueyes, el pesebre está limpio,
Pero mucho rendimiento se obtiene por la fuerza del buey.
5El testigo veraz no mentirá,
Pero el testigo falso habla mentiras.
6El insolente busca sabiduría y no la halla,
Pero para el hombre entendido el conocimiento es fácil.
7Apártate de la presencia del necio,
Porque en él no discernirás palabras de conocimiento.
8La sabiduría del prudente está en entender su camino,
Pero la necedad de los necios es engaño.
9Los necios se ríen del pecado,
Pero entre los rectos hay buena voluntad.
10El corazón conoce su propia amargura,
Y un extraño no comparte su alegría.
11La casa de los impíos será destruida,
Pero la tienda de los rectos florecerá.
12Hay camino que al hombre le parece derecho,
Pero al final, es camino de muerte.
13Aun en la risa, el corazón puede tener dolor,
Y el final de la alegría puede ser tristeza.
14El de corazón descarriado se saciará de sus caminos,
Pero el hombre bueno estará satisfecho con el suyo.
15El simple todo lo cree,
Pero el prudente mira bien sus pasos.
16El sabio teme y se aparta del mal,
Pero el necio es arrogante y descuidado.
17El hombre pronto a la ira obra neciamente,
Y el hombre de malos designios es aborrecido.
18Los simples heredan necedad,
Pero los prudentes son coronados de conocimiento.
19Los malos se inclinarán ante los buenos,
Y los impíos, a las puertas del justo.
20Aun por su vecino es odiado el pobre,
Pero muchos son los que aman al rico.
21El que desprecia a su prójimo peca,
Pero es feliz el que se apiada de los pobres.
22¿No se perderán los que traman el mal?
Pero misericordia y verdad recibirán los que planean el bien.
23En todo trabajo hay ganancia,
Pero el vano hablar conduce solo a la pobreza.
24La corona de los sabios es su riqueza,
Pero la necedad de los necios es insensatez.
25El testigo veraz salva vidas,
Pero el que habla mentiras es traidor.
26En el temor del Señor hay confianza segura,
Y a los hijos dará refugio.
27El temor del Señor es fuente de vida,
Para evadir los lazos de la muerte.
28En la multitud del pueblo está la gloria del rey,
Pero en la falta de pueblo está la ruina del príncipe.
29El lento para la ira tiene gran prudencia,
Pero el que es irascible ensalza la necedad.
30Un corazón apacible es vida para el cuerpo,
Pero las pasiones son podredumbre de los huesos.
31El que oprime al pobre afrenta a su Hacedor,
Pero el que se apiada del necesitado lo honra.
32El impío es derribado por su maldad,
Pero el justo tiene un refugio cuando muere.
33En el corazón del prudente reposa la sabiduría,
Pero en medio de los necios no se da a conocer.
34La justicia engrandece a la nación,
Pero el pecado es afrenta para los pueblos.
35El favor del rey es para el siervo que obra sabiamente,
Pero su enojo es contra el que obra vergonzosamente.

Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © The Lockman Foundation — cortesía de YouVersion.

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