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Día 77 de 365 · 18 de marzo

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Números 36

1Y los jefes de las casas paternas de la familia de los hijos de Galaad, hijo de Maquir, hijo de Manasés, de las familias de los hijos de José, se acercaron y hablaron ante Moisés y ante los jefes, las cabezas de las casas paternas de los israelitas. 2Y dijeron: «El Señor ordenó a mi señor dar la tierra por sorteo a los israelitas por heredad, y el Señor ordenó a mi señor dar la heredad de Zelofehad, nuestro hermano, a sus hijas. 3Pero si ellas se casan con alguien de los hijos de las otras tribus de los israelitas, su heredad será quitada de la herencia de nuestros padres, y será añadida a la heredad de la tribu a la que ellos pertenezcan; y así será quitada de nuestra heredad. 4Y cuando llegue el jubileo de los israelitas, entonces su heredad será añadida a la heredad de la tribu a la que ellos pertenezcan; así su heredad será quitada de la heredad de la tribu de nuestros padres».
5Entonces Moisés ordenó a los israelitas, conforme a la palabra del Señor y dijo: «La tribu de los hijos de José tiene razón en lo que dice. 6Esto es lo que el Señor ha ordenado tocante a las hijas de Zelofehad: “Cásense con el que bien les parezca; pero deben casarse dentro de la familia de la tribu de su padre”. 7Así, ninguna heredad de los israelitas será traspasada de tribu a tribu, pues los israelitas retendrán cada uno la heredad de la tribu de sus padres. 8Y toda hija que entre en posesión de una heredad en alguna de las tribus de los israelitas, se casará con alguien de la familia de la tribu de su padre, a fin de que los israelitas posean cada uno la heredad de sus padres. 9De esta manera, ninguna heredad será traspasada de una tribu a otra tribu, pues las tribus de los israelitas retendrán cada una su propia heredad».
10Y las hijas de Zelofehad hicieron tal como el Señor había ordenado a Moisés, 11pues Maala, Tirsa, Hogla, Milca y Noa, las hijas de Zelofehad, se casaron con los hijos de sus tíos. 12Se casaron con los de las familias de los hijos de Manasés, hijo de José, y su heredad permaneció con la tribu de la familia de su padre.
13Estos son los mandamientos y las ordenanzas que el Señor dio a los israelitas por medio de Moisés en las llanuras de Moab, junto al Jordán, frente aJericó.

Deuteronomio 1

1Estas son las palabras que Moisés habló a todo Israel al otro lado del río Jordán, en el desierto, en el Arabá, frente a Suf, entre Parán, Tofel, Labán, Hazerot y Dizahab. 2Hay once días de camino desde Horeb hasta Cades Barnea por el camino del monte Seir. 3En el año cuarenta, el mes undécimo, el primer día del mes, Moisés habló a los israelitas conforme a todo lo que el Señor le había ordenado que les diera, 4después de haber derrotado a Sehón, rey de los amorreos, que habitaba en Hesbón, y a Og, rey de Basán, que habitaba en Astarot y en Edrei.
5Al otro lado del Jordán, en la tierra de Moab, Moisés comenzó a explicar esta ley: 6«El Señor nuestro Dios nos habló en Horeb y dijo: “Ustedes han permanecido bastante tiempo en este monte. 7Vuélvanse; pónganse en marcha y vayan a la región montañosa de los amorreos, y a todos sus vecinos, en el Arabá, en la región montañosa, en el valle, en el Neguev, y por la costa del mar, la tierra de los cananeos y el Líbano, hasta el gran río, el río Éufrates. 8Miren, he puesto la tierra delante de ustedes. Entren y tomen posesión de la tierra que el Señor juró dar a sus padres Abraham, Isaac y Jacob, a ellos y a su descendencia después de ellos”.
9»En aquel tiempo les hablé: “Yo solo no puedo llevar la carga de todos ustedes. 10El Señor su Dios los ha multiplicado y hoy son como las estrellas del cielo en multitud. 11Que el Señor, el Dios de sus padres, los multiplique mil veces más de lo que son y los bendiga, tal como les ha prometido. 12¿Cómo puedo yo solo llevar el peso y la carga de ustedes y sus pleitos? 13Escojan de entre sus tribus hombres sabios, entendidos y expertos, y yo los nombraré como sus jefes”. 14Entonces ustedes me respondieron: “Bueno es que se haga lo que has dicho”. 15Así que tomé a los principales de sus tribus, hombres sabios y expertos, y los nombré como dirigentes suyos: jefes de mil, de cien, de cincuenta y de diez, y oficiales para sus tribus.
16»En aquella ocasión di órdenes a sus jueces y les dije: “Oigan los pleitos entre sus hermanos, y juzguen justamente entre un hombre y su hermano, o el extranjero que está con él. 17No mostrarán parcialidad en el juicio; lo mismo oirán al pequeño que al grande. No tendrán temor del hombre, porque el juicio es de Dios. El caso que sea muy difícil para ustedes, me lo traerán a mí, y yo lo oiré”. 18En aquella misma ocasión les mandé todas las cosas que debían hacer.
19»Entonces salimos de Horeb y pasamos por todo aquel vasto y terrible desierto que ustedes vieron, camino de la región montañosa de los amorreos, tal como el Señor nuestro Dios nos había mandado, y llegamos a Cades Barnea. 20Y les dije: “Han llegado a la región montañosa de los amorreos que el Señor nuestro Dios nos va a dar. 21Mira, Israel, el Señor tu Dios ha puesto la tierra delante de ti; sube, toma posesión de ella, como el Señor, el Dios de tus padres, te ha dicho. No temas ni te acobardes”.
22»Entonces todos ustedes se acercaron a mí, y dijeron: “Enviemos hombres delante de nosotros, que nos exploren la tierra, y nos traigan noticia del camino por el cual hemos de subir y de las ciudades a las cuales entraremos”. 23Me agradó el plan, y tomé a doce hombres de entre ustedes, un hombre por cada tribu. 24Ellos salieron y subieron a la región montañosa, y llegaron hasta el valle de Escol, y reconocieron la tierra. 25Entonces tomaron en sus manos del fruto de la tierra y nos lo trajeron; y nos dieron un informe y dijeron: “Es una tierra buena que el Señor nuestro Dios nos da”.
26»Sin embargo, ustedes no quisieron subir, y se rebelaron contra el mandato del Señor su Dios. 27Murmuraron en sus tiendas y dijeron: “Porque el Señor nos aborrece, nos ha sacado de la tierra de Egipto para entregarnos en manos de los amorreos y destruirnos. 28¿Adónde subiremos? Nuestros hermanos nos han atemorizado, diciendo: ‘El pueblo es más grande y más alto que nosotros; las ciudades son grandes y fortificadas hasta el cielo. Y además vimos allí a los hijos de Anac’ ”.
29»Entonces yo les dije: “No teman ni les tengan miedo. 30El Señor su Dios, que va delante de ustedes, Él peleará por ustedes, así como lo hizo delante de sus ojos en Egipto 31y en el desierto, donde has visto cómo el Señor tu Dios te llevó, como un hombre lleva a su hijo, por todo el camino que anduvieron hasta llegar a este lugar”. 32Pero con todo esto, ustedes no confiaron en el Señor su Dios, 33que iba delante de ustedes en el camino para buscarles lugar donde acampar, con fuego de noche y nube de día, para mostrarles el camino por donde debían andar.
34»Entonces el Señor oyó la voz de las palabras de ustedes, y se enojó y juró: 35“Ninguno de estos hombres, esta generación perversa, verá la buena tierra que juré dar a sus padres, 36excepto Caleb, hijo de Jefone; él la verá, y a él y a sus hijos daré la tierra que ha pisado, pues él ha seguido fielmente al Señor”. 37El Señor se enojó también contra mí por causa de ustedes y dijo: “Tampoco tú entrarás allá. 38Josué, hijo de Nun, que está delante de ti, él entrará allá; anímale, porque él hará que Israel la posea. 39Además, en cuanto a los pequeños, que ustedes dijeron que vendrían a ser presa, y sus hijos, que hoy no tienen conocimiento del bien ni del mal, entrarán allá, y a ellos les daré la tierra y ellos la poseerán. 40Pero ustedes, vuélvanse y vayan hacia el desierto por el camino del mar Rojo”.
41»Entonces ustedes respondieron: “Hemos pecado contra el Señor; nosotros subiremos y pelearemos tal como el Señor nuestro Dios nos ha mandado”. Y cada uno de ustedes se puso sus armas de guerra, y pensaron que era fácil subir a la región montañosa. 42Pero el Señor me dijo: “Diles: ‘No suban, ni peleen, pues Yo no estoy entre ustedes; para que no sean derrotados por sus enemigos’ ”. 43Así les hablé, pero no quisieron escuchar. Al contrario, se rebelaron contra el mandamiento del Señor, y obraron con orgullo, y subieron a la región montañosa. 44Los amorreos que moraban en aquella región montañosa salieron contra ustedes, y los persiguieron como lo hacen las abejas, y los derrotaron desde Seir hasta Horma. 45Entonces volvieron y lloraron delante del Señor, pero el Señor no escuchó su voz, ni les hizo caso. 46Por eso ustedes permanecieron en Cades muchos días, los días que pasaron allí.

Juan 9

1Al pasar Jesús, vio a un hombre ciego de nacimiento. 2Y Sus discípulos le preguntaron: «Rabí, ¿quién pecó, este o sus padres, para que naciera ciego?». 3Jesús respondió: «Ni este pecó, ni sus padres; sino que está ciego para que las obras de Dios se manifiesten en él. 4Nosotros debemos hacer las obras del que me envió mientras es de día; la noche viene cuando nadie puede trabajar. 5Mientras estoy en el mundo, Yo soy la Luz del mundo».
6Habiendo dicho esto, escupió en tierra, e hizo barro con la saliva y le untó el barro en los ojos al ciego, 7y le dijo: «Ve y lávate en el estanque de Siloé» (que quiere decir Enviado). El ciego fue, pues, y se lavó y regresó viendo.
8Entonces los vecinos y los que antes lo habían visto que era mendigo, decían: «¿No es este el que se sentaba y mendigaba?». 9«Él es», decían unos. «No, pero se parece a él», decían otros. Él decía: «Yo soy». 10Entonces le decían: «¿Cómo te fueron abiertos los ojos?». 11Él respondió: «El hombre que se llama Jesús hizo barro, lo untó sobre mis ojos y me dijo: “Ve al estanque de Siloé y lávate”. Así que fui, me lavé y recibí la vista». 12«¿Dónde está Él?», le preguntaron. Y él les dijo*: «No lo sé».
13Llevaron* ante los fariseos al que antes había sido ciego. 14Y era día de reposo el día en que Jesús hizo el barro y le abrió los ojos. 15Por eso los fariseos volvieron también a preguntarle cómo había recibido la vista. Y él les dijo: «Me puso barro sobre los ojos, y me lavé y veo».
16Por eso algunos de los fariseos decían: «Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el día de reposo». Pero otros decían: «¿Cómo puede un hombre pecador hacer tales señales?». Y había división entre ellos. 17Entonces preguntaron* otra vez al ciego: «¿Qué dices tú de Él, ya que te abrió los ojos?». «Es un profeta», les respondió.
18Pero los judíos no le creyeron que había sido ciego, y que había recibido la vista, hasta que llamaron a los padres del que había recibido la vista, 19y les preguntaron: «¿Es este su hijo, el que ustedes dicen que nació ciego? ¿Cómo es que ahora ve?». 20Entonces sus padres les contestaron: «Sabemos que este es nuestro hijo, y que nació ciego; 21pero cómo es que ahora ve, no lo sabemos; o quién le abrió los ojos, nosotros no lo sabemos. Pregúntenle a él; ya es mayor de edad, él hablará por sí mismo». 22Sus padres dijeron esto porque tenían miedo a los judíos; porque los judíos ya se habían puesto de acuerdo en que si alguien confesaba que Jesús era el Cristo, fuera expulsado de la sinagoga. 23Por eso sus padres dijeron: «Ya es mayor de edad; pregúntenle a él».
24Por segunda vez los judíos llamaron al hombre que había sido ciego y le dijeron: «Da gloria a Dios; nosotros sabemos que este hombre es un pecador». 25Entonces él les contestó: «Si es pecador, no lo sé; una cosa sé: que yo era ciego y ahora veo». 26Ellos volvieron a preguntarle: «¿Qué te hizo? ¿Cómo te abrió los ojos?». 27Él les contestó: «Ya les dije y no escucharon; ¿por qué quieren oírlo otra vez? ¿Es que también ustedes quieren hacerse discípulos suyos?».
28Entonces lo insultaron, y le dijeron: «Tú eres discípulo de ese hombre; pero nosotros somos discípulos de Moisés. 29Nosotros sabemos que Dios habló a Moisés, pero en cuanto a Este, no sabemos de dónde es».
30El hombre les respondió: «Pues en esto hay algo asombroso, que ustedes no sepan de dónde es, y sin embargo, a mí me abrió los ojos. 31Sabemos que Dios no oye a los pecadores; pero si alguien teme a Dios y hace Su voluntad, a este oye. 32Desde el principio jamás se ha oído decir que alguien abriera los ojos a un ciego de nacimiento. 33Si Este no viniera de Dios, no podría hacer nada».
34Ellos le respondieron: «Tú naciste enteramente en pecados, ¿y tú nos enseñas a nosotros?». Y lo echaron fuera.
35Jesús oyó decir que lo habían echado fuera, y cuando lo encontró, le dijo: «¿Crees tú en el Hijo del Hombre?». 36Él le respondió: «¿Y quién es, Señor, para que yo crea en Él?». 37Jesús le dijo: «Pues tú lo has visto, y el que está hablando contigo, Ese es». 38Él entonces dijo: «Creo, Señor». Y lo adoró. 39Y Jesús dijo: «Yo vine a este mundo para juicio; para que los que no ven, vean, y para que los que ven se vuelvan ciegos».
40 Algunos de los fariseos que estaban con Él oyeron esto y le dijeron: «¿Acaso nosotros también somos ciegos?». 41Jesús les dijo: «Si ustedes fueran ciegos, no tendrían pecado; pero ahora, porquedicen: “Vemos”, su pecado permanece.

Salmo 77

Para el director del coro; según Jedutún.
Salmo de Asaf.
1Mi voz se eleva a Dios, y a Él clamaré;
Mi voz se eleva a Dios, y Él me oirá.
2En el día de mi angustia busqué al Señor;
En la noche mi mano se extendía sin cansarse;
Mi alma rehusaba ser consolada.
3Me acuerdo de Dios, y me siento turbado;
Me lamento, y mi espíritu desmaya. (Selah)
4Has mantenido abiertos mis párpados;
Estoy tan turbado que no puedo hablar.
5He pensado en los días pasados,
En los años antiguos.
6De noche me acordaré de mi canción;
En mi corazón meditaré,
Y mi espíritu indaga:
7¶¿Rechazará el Señor para siempre?
¿No mostrará más Su favor?
8¿Ha cesado para siempre Su misericordia?
¿Ha terminado para siempre Su promesa?
9¿Ha olvidado Dios tener piedad,
O ha retirado con Su ira Su compasión? (Selah)
10Entonces dije: «Este es mi dolor:
Que la diestra del Altísimo ha cambiado».
11¶Me acordaré de las obras del Señor;
Ciertamente me acordaré de Tus maravillas antiguas.
12Meditaré en toda Tu obra,
Y reflexionaré en Tus hechos.
13Santo es, oh Dios, Tu camino;
¿Qué dios hay grande como nuestro Dios?
14Tú eres el Dios que hace maravillas,
Has hecho conocer Tu poder entre los pueblos.
15Con Tu brazo has redimido a Tu pueblo,
A los hijos de Jacob y de José. (Selah)
16¶Las aguas te vieron, oh Dios,
Te vieron las aguas y temieron,
Los abismos también se estremecieron.
17Derramaron aguas las nubes,
Tronaron los nubarrones,
También Tus saetas centellearon por todos lados.
18La voz de Tu trueno estaba en el torbellino,
Los relámpagos iluminaron al mundo,
La tierra se estremeció y tembló.
19En el mar estaba Tu camino,
Y Tus sendas en las aguas inmensas,
Y no se conocieron Tus huellas.
20Como rebaño guiaste a Tu pueblo
Por mano de Moisés y de Aarón.

Proverbios 15

1La suave respuesta aparta el furor,
Pero la palabra hiriente hace subir la ira.
2La lengua del sabio hace grato el conocimiento,
Pero la boca de los necios habla necedades.
3En todo lugar están los ojos del Señor,
Observando a los malos y a los buenos.
4La lengua apacible es árbol de vida,
Pero la perversidad en ella quebranta el espíritu.
5El necio rechaza la disciplina de su padre,
Pero es prudente el que acepta la reprensión.
6 En la casa del justo hay mucha riqueza,
Pero en las ganancias del impío hay turbación.
7Los labios de los sabios esparcen conocimiento,
Pero no así el corazón de los necios.
8El sacrificio de los impíos es abominación al Señor,
Pero la oración de los rectos es Su deleite.
9Abominación al Señor es el camino del impío,
Pero Él ama al que sigue la justicia.
10La disciplina severa es para el que abandona el camino;
El que aborrece la reprensión morirá.
11El Seol y el Abadón están delante del Señor,
¡Cuánto más los corazones de los hombres!
12El insolente no ama al que lo reprende,
Ni se allegará a los sabios.
13El corazón gozoso alegra el rostro,
Pero en la tristeza del corazón se quebranta el espíritu.
14El corazón inteligente busca conocimiento,
Pero la boca de los necios se alimenta de necedades.
15Todos los días del afligido son malos,
Pero el de corazón alegre tiene un banquete continuo.
16Mejor es poco con temor del Señor,
Que gran tesoro con turbación.
17Mejor es un plato de legumbres donde hay amor,
Que buey engordado con odio.
18El hombre irascible provoca riñas,
Pero el lento para la ira apacigua pleitos.
19El camino del perezoso es como un seto de espinos,
Pero la senda de los rectos es una calzada.
20El hijo sabio alegra al padre,
Pero el hombre necio desprecia a su madre.
21La necedad es alegría para el insensato,
Pero el hombre inteligente anda rectamente.
22Sin consulta, los planes se frustran,
Pero con muchos consejeros, triunfan.
23El hombre se alegra con la respuesta adecuada,
Y una palabra a tiempo, ¡cuán agradable es!
24La senda de la vida para el sabio es hacia arriba
Para que se aparte del Seol que está abajo.
25El Señor derribará la casa de los soberbios,
Pero afianzará los linderos de la viuda.
26Abominación al Señor son los planes perversos,
Pero son puras las palabras agradables.
27Perturba su casa el que tiene ganancias ilícitas,
Pero el que aborrece el soborno, vivirá.
28El corazón del justo medita cómo responder,
Pero la boca de los impíos habla lo malo.
29El Señor está lejos de los impíos,
Pero escucha la oración de los justos.
30La luz de los ojos alegra el corazón,
Y las buenas noticias fortalecen los huesos.
31Aquel cuyo oído escucha las reprensiones de la vida
Morará entre los sabios.
32El que tiene en poco la disciplina se desprecia a sí mismo,
Pero el que escucha las reprensiones adquiere entendimiento.
33El temor del Señor es instrucción de sabiduría,
Y antes de la gloria está la humildad.

Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © The Lockman Foundation — cortesía de YouVersion.

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