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Día 78 de 365 · 19 de marzo

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Deuteronomio 2

1»Después nos volvimos y salimos hacia el desierto por el camino del mar Rojo, como el Señor me había mandado, y por muchos días dimos vueltas al monte Seir. 2Entonces el Señor me habló: 3“Ustedes han dado ya bastantes vueltas alrededor de este monte. Vuélvanse ahora hacia el norte, 4y da orden al pueblo, diciendo: ‘Ustedes van a pasar por el territorio de sus hermanos, los hijos de Esaú que habitan en Seir, y ellos les tendrán miedo. Así que tengan mucho cuidado; 5no los provoquen, porque no les daré nada de su tierra, ni siquiera la huella de un pie, porque a Esaú he dado el monte Seir por posesión. 6Les comprarán con dinero los alimentos para comer, y también con dinero comprarán de ellos agua para beber. 7Pues el Señor tu Dios te ha bendecido en todo lo que has hecho; Él ha conocido tu peregrinar a través de este inmenso desierto. Por cuarenta años el Señor tu Dios ha estado contigo; nada te ha faltado’ ”.
8»Pasamos, pues, de largo a nuestros hermanos, los hijos de Esaú que habitan en Seir, lejos del camino del Arabá, lejos de Elat y de Ezión Geber. Y nos volvimos, y pasamos por el camino del desierto de Moab. 9Entonces el Señor me dijo: “No molestes a Moab, ni los provoques a la guerra, porque no te daré nada de su tierra por posesión, pues he dado Ar a los hijos de Lot por posesión. 10(Antes habitaban allí los emitas, un pueblo tan grande, numeroso y alto como los anaceos. 11Como los anaceos, ellos también son considerados gigantes, pero los moabitas los llaman emitas. 12Los horeos habitaban antes en Seir, pero los hijos de Esaú los desalojaron y los destruyeron delante de ellos, y se establecieron en su lugar, tal como Israel hizo con la tierra que el Señor les dio en posesión).
13”Levántense ahora, y crucen el torrente de Zered”, dijo el Señor. Y cruzamos el torrente de Zered. 14El tiempo que nos llevó para venir de Cades Barnea, hasta que cruzamos el torrente de Zered, fue de treinta y ocho años; hasta que pereció toda la generación de los hombres de guerra de en medio del campamento, como el Señor les había jurado. 15Además, la mano del Señor fue contra ellos, para destruirlos de en medio del campamento, hasta que todos perecieron.
16»Cuando todos los hombres de guerra ya habían perecido de entre el pueblo, 17el Señor me habló: 18“Tú cruzarás hoy por Ar la frontera de Moab. 19Y cuando llegues frente a los amonitas, no los molestes ni los provoques, porque no te daré en posesión nada de la tierra de los amonitas, pues se la he dado a los hijos de Lot por heredad”. 20(Esta región es también conocida como la tierra de los gigantes, porque antiguamente habitaban gigantes en ella, a los que los amonitas llaman zomzomeos, 21pueblo grande, numeroso y alto como los anaceos, pero que el Señor destruyó delante de ellos. Y los amonitas los desalojaron y se establecieron en su lugar, 22tal como Dios hizo con los hijos de Esaú, que habitan en Seir, cuando destruyó a los horeos delante de ellos; y ellos los desalojaron, y se establecieron en su lugar hasta hoy. 23Y a los aveos que habitaban en aldeas hasta Gaza, los caftoreos, que salieron de Caftor, los destruyeron y se establecieron en su lugar).
24“Levántense; pónganse en marcha y pasen por el valle del Arnón. Mira, he entregado en tu mano a Sehón amorreo, rey de Hesbón, y a su tierra; comienza a tomar posesión y entra en batalla con él. 25Hoy comenzaré a infundir el espanto y terror tuyo sobre los pueblos debajo del cielo, quienes, al oír tu fama, temblarán y se angustiarán a causa de ti”.
26»Entonces, desde el desierto de Cademot, envié mensajeros a Sehón, rey de Hesbón, con palabras de paz, diciéndole: 27“Déjeme pasar por su tierra; solamente iré por el camino, sin apartarme ni a la derecha ni a la izquierda. 28Me venderá comestibles por dinero para que yo pueda comer, y me dará agua por dinero para que pueda beber; déjeme tan solo pasar a pie, 29tal como hicieron conmigo los hijos de Esaú que habitan en Seir y los moabitas que habitan en Ar, hasta que cruce el Jordán a la tierra que el Señor nuestro Dios nos da”. 30Pero Sehón, rey de Hesbón, no quiso dejarnos pasar por su tierra porque el Señor tu Dios endureció su espíritu e hizo obstinado su corazón, a fin de entregarlo en tus manos, como lo está hoy. 31Y el Señor me dijo: “Mira, he comenzado a entregar a Sehón y su tierra en tus manos. Comienza a ocuparla para que poseas la tierra”.
32»Entonces Sehón salió con todo su pueblo a encontrarnos en batalla en Jahaza. 33Y el Señor nuestro Dios lo entregó a nosotros; y lo derrotamos a él, a sus hijos y a todo su pueblo. 34En aquel tiempo tomamos todas sus ciudades, y exterminamos a hombres, mujeres y niños de cada ciudad. No dejamos ningún sobreviviente. 35Tomamos solamente como nuestro botín los animales y los despojos de las ciudades que habíamos capturado. 36Desde Aroer, que está a la orilla del valle del Arnón, y desde la ciudad que está en el valle, aun hasta Galaad, no hubo ciudad inaccesible para nosotros; el Señor nuestro Dios nos las entregó todas. 37Pero, conforme a todo lo que el Señor nuestro Dios había prohibido, no te acercaste a la tierra de los amonitas, a todo lo largo del arroyo Jaboc, ni a las ciudades del monte.

Deuteronomio 3

1»Volvimos, pues, y subimos por el camino de Basán, y Og, rey de Basán, nos salió al encuentro con todo su pueblo para pelear en Edrei. 2Pero el Señor me dijo: “No le tengas miedo, porque Yo lo he entregado en tu mano a todo su pueblo y su tierra; y harás con él tal como hiciste con Sehón, rey de los amorreos, que habitaba en Hesbón”. 3Así que el Señor nuestro Dios también entregó en nuestra mano a Og, rey de Basán, con todo su pueblo, y los herimos hasta que no quedaron sobrevivientes. 4Conquistamos en aquel entonces todas sus ciudades; no quedó ciudad que no les tomáramos: sesenta ciudades, toda la región de Argob, el reino de Og en Basán. 5Todas estas eran ciudades fortificadas con altas murallas, puertas y barras, aparte de muchos otros pueblos sin murallas. 6Las destruimos totalmente, como hicimos con Sehón, rey de Hesbón, exterminando a todos los hombres, mujeres y niños de cada ciudad. 7Pero tomamos como nuestro botín todos los animales y los despojos de las ciudades.
8»Tomamos entonces la tierra de mano de los dos reyes de los amorreos que estaban del otro lado del Jordán, desde el valle del Arnón hasta el monte Hermón 9(los sidonios llaman Sirión, a Hermón, y los amorreos lo llaman Senir): 10todas las ciudades de la meseta, todo Galaad y todo Basán, hasta Salca y Edrei, ciudades del reino de Og en Basán. 11Porque solo Og, rey de Basán, quedaba de los gigantes. Su cama era una cama de hierro; está en Rabá, ciudad de los amonitas. Tenía 9 codos (4 metros) de largo y 4 codos (1.6 metros) de ancho, según el codo de un hombre.
12»Tomamos posesión, pues, de esta tierra en aquel tiempo. Desde Aroer, que está en el valle del Arnón, y la mitad de la región montañosa de Galaad y sus ciudades, se la di a los rubenitas y a los gaditas. 13Y el resto de Galaad y todo Basán, el reino de Og, toda la región de Argob, se la di a la media tribu de Manasés. (En cuanto a todo Basán, se le llama la tierra de los gigantes. 14Jair, hijo de Manasés, tomó toda la región de Argob hasta la frontera con Gesur y Maaca, y la llamó, es decir a Basán, según su propio nombre, Havot Jair, como se llama hasta hoy). 15A Maquir le di Galaad. 16A los rubenitas y a los gaditas les di desde Galaad hasta el valle del Arnón, el medio del valle como frontera, hasta el arroyo Jaboc, frontera de los amonitas; 17también el Arabá, con el Jordán como frontera, desde el Cineret hasta el mar del Arabá, el mar Salado, al pie de las laderas del Pisga al oriente.
18»En aquel tiempo yo les ordené a ustedes: “El Señor su Dios les ha dado esta tierra para poseerla. Todos ustedes, hombres valientes, cruzarán armados delante de sus hermanos, los israelitas. 19Pero sus mujeres, sus pequeños y su ganado (yo sé que ustedes tienen mucho ganado) permanecerán en las ciudades que les he dado, 20hasta que el Señor dé reposo a sus compatriotas como a ustedes, y ellos posean también la tierra que el Señor, Dios de ustedes, les dará al otro lado del Jordán. Entonces podrán volver cada hombre a la posesión que les he dado”.
21»En aquel tiempo le ordené a Josué: “Tus ojos han visto todo lo que el Señor, Dios de ustedes, ha hecho a estos dos reyes; así hará el Señor a todos los reinos por los cuales vas a pasar. 22No les teman, porque el Señor su Dios es el que pelea por ustedes”.
23»Yo también supliqué al Señor en aquel tiempo: 24“Oh Señor Dios, Tú has comenzado a mostrar a Tu siervo Tu grandeza y Tu mano poderosa; porque ¿qué dios hay en los cielos o en la tierra que pueda hacer obras y hechos tan poderosos como los Tuyos? 25Permíteme, te suplico, cruzar y ver la buena tierra que está al otro lado del Jordán, aquella buena región montañosa y el Líbano”.
26»Pero el Señor se enojó conmigo por causa de ustedes, y no me escuchó; y el Señor me dijo: “¡Basta! No me hables más de esto. 27Sube a la cumbre del monte Pisga y alza tus ojos al occidente, al norte, al sur y al oriente, y mírala con tus propios ojos, porque tú no cruzarás este Jordán. 28Pero encarga a Josué, y anímalo y fortalécelo, porque él pasará a la cabeza de este pueblo, y él les dará por heredad la tierra que tú verás”. 29Así que nos quedamos en el valle frente a Bet Peor.

Juan 10

1 »En verdad les digo, que el que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que sube por otra parte, ese es ladrón y salteador. 2Pero el que entra por la puerta, es el pastor de las ovejas. 3A este le abre el portero, y las ovejas oyen su voz; llama a sus ovejas por nombre y las conduce afuera. 4Cuando saca todas las suyas, va delante de ellas, y las ovejas lo siguen porque conocen su voz. 5Pero a un desconocido no seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños».
6Jesús les habló por medio de esta comparación, pero ellos no entendieron qué era lo que les decía.
7Entonces Jesús les dijo de nuevo: «En verdad les digo: Yo soy la puerta de las ovejas. 8Todos los que vinieron antes de Mí son ladrones y salteadores, pero las ovejas no les hicieron caso. 9Yo soy la puerta; si alguno entra por Mí, será salvo; y entrará y saldrá y hallará pasto. 10El ladrón solo viene para robar, matar y destruir. Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.
11 »Yo soy el buen pastor; el buen pastor da Su vida por las ovejas. 12Pero el que es un asalariado y no un pastor, que no es el dueño de las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye, entonces el lobo las arrebata y las dispersa. 13El asalariado huye porque solo trabaja por el pago y no le importan las ovejas. 14Yo soy el buen pastor, y conozco Mis ovejas y ellas me conocen, 15al igual que el Padre me conoce y Yo conozco al Padre, y doy Mi vida por las ovejas.
16 »Tengo otras ovejas que no son de este redil; a esas también Yo debo traerlas, y oirán Mi voz, y serán un rebaño con un solo pastor. 17Por eso el Padre me ama, porque Yo doy Mi vida para tomarla de nuevo. 18Nadie me la quita, sino que Yo la doy de Mi propia voluntad. Tengo autoridad para darla, y tengo autoridad para tomarla de nuevo. Este mandamiento recibí de Mi Padre».
19Volvió a surgir una división entre los judíos por estas palabras. 20Y muchos de ellos decían: «Tiene un demonio y está loco. ¿Por qué le hacen caso?». 21Otros decían: «Estas no son palabras de un endemoniado. ¿Puede acaso un demonio abrir los ojos de los ciegos?».
22En esos días se celebraba en Jerusalén la fiesta de la Dedicación. 23Era invierno, y Jesús andaba por el templo, en el pórtico de Salomón. 24Entonces los judíos lo rodearon, y le decían: «¿Hasta cuándo nos vas a tener en suspenso? Si Tú eres el Cristo, dínoslo claramente».
25Jesús les respondió: «Se lo he dicho a ustedes y no creen; las obras que Yo hago en el nombre de Mi Padre, estas dan testimonio de Mí. 26Pero ustedes no creen porque no son de Mis ovejas. 27Mis ovejas oyen Mi voz; Yo las conozco y me siguen. 28Yo les doy vida eterna y jamás perecerán, y nadie las arrebatará de Mi mano. 29Mi Padre que me las dio es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano del Padre. 30Yo y el Padre somos uno».
31Los judíos volvieron a tomar piedras para tirárselas. 32Entonces Jesús les dijo: «Les he mostrado muchas obras buenas que son del Padre. ¿Por cuál de ellas me apedrean?». 33Los judíos le contestaron: «No te apedreamos por ninguna obra buena, sino por blasfemia; y porque Tú, siendo hombre, te haces Dios».
34Jesús les respondió: «¿No está escrito en su ley: “Yo dije: son dioses”? 35Si a aquellos, a quienes vino la palabra de Dios, los llamó dioses, (y la Escritura no se puede violar), 36¿al que el Padre santificó y envió al mundo, ustedes dicen: “Blasfemas”, porque dije: “Yo soy el Hijo de Dios”? 37Si no hago las obras de Mi Padre, no me crean; 38pero si las hago, aunque a Mí no me crean, crean a las obras; para que sepan y entiendan que el Padre está en Mí y Yo en el Padre».
39Por eso procuraban otra vez prender a Jesús, pero Él se les escapó de entre las manos.
40Se fue de nuevo al otro lado del Jordán, al lugar donde primero había estado bautizando Juan, y se quedó allí. 41Muchos vinieron a Él y decían: «Aunque Juan no hizo ninguna señal, sin embargo, todo lo que Juan dijo de Este era verdad». 42Y muchos creyeron allí en Jesús.

Salmo 78

Masquil de Asaf.
1Escucha, pueblo mío, mi enseñanza;
Inclinen ustedes su oído a las palabras de mi boca.
2En parábolas abriré mi boca;
Hablaré enigmas de la antigüedad,
3Que hemos oído y conocido,
Y que nuestros padres nos han contado.
4No lo ocultaremos a sus hijos,
Sino que contaremos a la generación venidera las alabanzas del Señor,
Su poder y las maravillas que hizo.
5¶Porque Él estableció un testimonio en Jacob,
Y puso una ley en Israel,
La cual ordenó a nuestros padres
Que enseñaran a sus hijos,
6Para que la generación venidera lo supiera, aun los hijos que habían de nacer,
Y estos se levantaran y lo contaran a sus hijos,
7Para que ellos pusieran su confianza en Dios,
Y no se olvidaran de las obras de Dios
Sino que guardaran Sus mandamientos;
8Y que no fueran como sus padres,
Una generación porfiada y rebelde,
Generación que no preparó su corazón,
Y cuyo espíritu no fue fiel a Dios.
9¶Los hijos de Efraín eran arqueros bien equipados,
Pero volvieron las espaldas el día de la batalla.
10No guardaron el pacto de Dios
Y rehusaron andar en Su ley;
11Olvidaron Sus obras
Y los milagros que les había mostrado.
12Él hizo maravillas en presencia de sus padres,
En la tierra de Egipto, en el campo de Zoán.
13Dividió el mar y los hizo pasar,
Y contuvo las aguas como en un montón.
14Después los guió de día con la nube
Y toda la noche con un resplandor de fuego.
15Partió las rocas en el desierto,
Y les dio agua tan abundante como las profundidades del océano;
16Hizo salir corrientes de la peña
E hizo descender aguas como ríos.
17¶Pero aún siguieron pecando contra Él,
Rebelándose contra el Altísimo en el desierto.
18Y en sus corazones tentaron a Dios,
Pidiendo comida a su gusto.
19Hablaron contra Dios,
Y dijeron: «¿Podrá Dios preparar mesa en el desierto?
20-»Entonces Él golpeó la roca y brotaron aguas,
Y torrentes se desbordaron;
¿Podrá también dar pan?
¿Proveerá carne para Su pueblo?».
21¶Por tanto, al oírlo, el Señor se indignó;
Un fuego se encendió contra Jacob,
Y aumentó también la ira contra Israel,
22Porque no creyeron en Dios,
Ni confiaron en Su salvación.
23Sin embargo, dio órdenes a las nubes arriba,
Y abrió las puertas de los cielos;
24Hizo llover sobre ellos maná para comer,
Y les dio comida del cielo.
25Pan de ángeles comió el hombre;
Dios les mandó comida hasta saciarlos.
26Hizo soplar en el cielo el viento del este,
Y con Su poder dirigió el viento del este,
27Él hizo llover sobre ellos carne como polvo,
Aladas aves como arena de los mares,
28Y las hizo caer en medio del campamento,
Alrededor de sus viviendas.
29Comieron y quedaron bien saciados,
Y les concedió su deseo.
30Antes de que hubieran satisfecho su deseo,
Mientras la comida aún estaba en su boca,
31La ira de Dios se alzó contra ellos
Y mató a algunos de los más robustos,
Y subyugó a los escogidos de Israel.
32A pesar de todo esto, todavía pecaron
Y no creyeron en Sus maravillas.
33Él, pues, hizo terminar sus días en vanidad,
Y sus años en terror súbito.
34¶Cuando los hería de muerte, entonces lo buscaban,
Y se volvían y buscaban con diligencia a Dios;
35Se acordaban de que Dios era su Roca,
Y el Dios Altísimo su Redentor.
36Pero con su boca lo engañaban
Y con su lengua le mentían.
37Pues su corazón no era leal para con Él,
Ni eran fieles a Su pacto.
38Pero Él, siendo compasivo, perdonaba sus iniquidades y no los destruía;
Muchas veces contuvo Su ira,
Y no despertó todo Su furor.
39Se acordaba de que ellos eran carne,
Un soplo que pasa y no vuelve.
40¶¡Cuántas veces se rebelaron contra Él en el desierto,
Y lo entristecieron en las soledades!
41Tentaron a Dios una y otra vez,
Y afligieron al Santo de Israel.
42No se acordaron de Su poder,
Del día que los redimió del adversario,
43Cuando hizo Sus señales en Egipto,
Y Sus prodigios en el campo de Zoán.
44Convirtió en sangre sus ríos
Y sus corrientes, y no pudieron beber.
45Envió entre ellos enjambres de moscas que los devoraban,
Y ranas que los destruían.
46Entregó también sus cosechas al saltamontes,
Y el fruto de su trabajo a la langosta.
47Destruyó sus viñas con granizo,
Y sus sicómoros con escarcha.
48Entregó también al granizo sus ganados,
Y sus rebaños a los rayos.
49Envió sobre ellos el ardor de Su ira,
Furia, indignación y angustia,
Un ejército de ángeles destructores.
50Preparó senda para Su ira;
No libró sus almas de la muerte,
Sino que entregó sus vidas a la plaga,
51E hirió a todos los primogénitos en Egipto,
Las primicias de su virilidad en las tiendas de Cam.
52Pero a Su pueblo lo sacó como a ovejas,
Como a rebaño los condujo en el desierto;
53Los guió con seguridad, de modo que no temieron,
Pero el mar se tragó a sus enemigos.
54¶Los trajo, pues, a Su tierra santa,
A esta tierra montañosa que Su diestra había adquirido.
55Y expulsó a las naciones de delante de ellos;
Las repartió con medida por herencia,
E hizo habitar en sus tiendas a las tribus de Israel.
56Sin embargo, ellos pusieron a prueba y provocaron al Dios Altísimo,
Y no guardaron Sus testimonios,
57Sino que se volvieron atrás y fueron desleales como sus padres;
Se desviaron como arco engañoso.
58Lo provocaron con sus lugares altos,
Y despertaron Sus celos con sus imágenes talladas.
59Al oírlo Dios, se indignó,
Y aborreció a Israel en gran manera.
60Abandonó la morada en Silo,
La tienda que había levantado entre los hombres,
61Y entregó al cautiverio Su poderío,
Y Su gloria en manos del adversario.
62Entregó también Su pueblo a la espada,
Y se indignó contra Su heredad.
63El fuego consumió a sus jóvenes,
Y no tuvieron canciones de bodas sus vírgenes.
64Sus sacerdotes cayeron a espada,
Y sus viudas no pudieron llorar.
65¶Entonces despertó el Señor como de un sueño,
Como guerrero vencido por el vino,
66E hizo retroceder a Sus adversarios,
Poniendo sobre ellos una afrenta perpetua.
67Desechó también la tienda de José,
Y no escogió a la tribu de Efraín,
68Sino que escogió a la tribu de Judá,
Al monte Sión que Él amaba.
69Y edificó Su santuario como las alturas,
Como la tierra que ha fundado para siempre.
70Escogió también a David Su siervo,
Lo tomó de entre los rediles de las ovejas;
71Lo trajo de cuidar las ovejas con sus corderitos,
Para pastorear a Jacob, Su pueblo,
Y a Israel, Su heredad.
72Y él los pastoreó según la integridad de su corazón,
Y los guió con la destreza de sus manos.

Proverbios 16

1Los propósitos del corazón son del hombre,
Pero la respuesta de la lengua es del Señor.
2Todos los caminos del hombre son limpios ante sus propios ojos,
Pero el Señor sondea los espíritus.
3Encomienda tus obras al Señor,
Y tus propósitos se afianzarán.
4Todas las cosas hechas por el Señor tienen su propio fin,
Hasta el impío, para el día del mal.
5Abominación al Señor es todo el que es altivo de corazón;
Ciertamente no quedará sin castigo.
6Con misericordia y verdad se expía la culpa,
Y con el temor del Señor el hombre se aparta del mal.
7Cuando los caminos del hombre son agradables al Señor,
Aun a sus enemigos hace que estén en paz con él.
8Mejor es poco con justicia,
Que gran ganancia con injusticia.
9La mente del hombre planea su camino,
Pero el Señor dirige sus pasos.
10Decisión divina hay en los labios del rey;
En el juicio no debe errar su boca.
11El peso y las balanzas justas son del Señor;
Todas las pesas de la bolsa son obra Suya.
12Es abominación para los reyes cometer iniquidad,
Porque el trono se afianza en la justicia.
13El agrado de los reyes son los labios justos,
Y amado será el que hable lo recto.
14El furor del rey es como mensajero de muerte,
Pero el hombre sabio lo aplacará.
15En el resplandor del rostro del rey hay vida,
Y su favor es como nube de lluvia tardía.
16Adquirir sabiduría, cuánto mejor que el oro,
Y adquirir inteligencia es preferible a la plata.
17La senda de los rectos es apartarse del mal;
El que guarda su camino preserva su alma.
18Delante de la destrucción va el orgullo,
Y delante de la caída, la arrogancia de espíritu.
19Mejor es ser de espíritu humilde con los pobres
Que dividir el botín con los soberbios.
20El que pone atención a la palabra hallará el bien,
Y el que confía en el Señor es bienaventurado.
21El sabio de corazón será llamado prudente,
Y la dulzura de palabras aumenta la persuasión.
22El entendimiento es fuente de vida para el que lo posee,
Pero la instrucción de los necios es necedad.
23El corazón del sabio enseña a su boca
Y añade persuasión a sus labios.
24Panal de miel son las palabras agradables,
Dulces al alma y salud para los huesos.
25Hay camino que al hombre le parece derecho,
Pero al final es camino de muerte.
26El apetito del trabajador para él trabaja,
Porque su boca lo impulsa.
27El hombre indigno planea el mal,
Y sus palabras son como fuego abrasador.
28El hombre perverso provoca pleitos,
Y el chismoso separa a los mejores amigos.
29El hombre violento provoca a su prójimo
Y lo guía por camino que no es bueno.
30El que guiña los ojos lo hace para tramar perversidades;
El que aprieta los labios ya hizo el mal.
31La cabeza canosa es corona de gloria,
Y se encuentra en el camino de la justicia.
32Mejor es el lento para la ira que el poderoso,
Y el que domina su espíritu que el que toma una ciudad.
33La suerte se echa en el regazo,
Pero del Señor viene todadecisión.

Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © The Lockman Foundation — cortesía de YouVersion.

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