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Día 79 de 365 · 20 de marzo

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Deuteronomio 4

1»Ahora pues, oh Israel, escucha los estatutos y los decretos que yo les enseño para que los cumplan, a fin de que vivan y entren a tomar posesión de la tierra que el Señor, el Dios de sus padres, les da. 2Ustedes no añadirán nada a la palabra que yo les mando, ni quitarán nada de ella, para que guarden los mandamientos del Señor su Dios que yo les mando. 3Sus ojos han visto lo que el Señor hizo en el caso de Baal Peor, pues a todo hombre que siguió a Baal Peor, el Señor, su Dios lo destruyó de en medio de ti. 4Pero ustedes, que permanecieron fieles al Señor su Dios, todos están vivos hoy.
5»Miren, yo les he enseñado estatutos y decretos tal como el Señor mi Dios me ordenó, para que así los cumplan en medio de la tierra en que van a entrar para poseerla. 6Así que guárdenlos y pónganlos por obra, porque esta será su sabiduría y su inteligencia ante los ojos de los pueblos que al escuchar todos estos estatutos, dirán: “Ciertamente esta gran nación es un pueblo sabio e inteligente”. 7Porque, ¿qué nación grande hay que tenga un dios tan cerca de ella como está el Señor nuestro Dios siempre que lo invocamos? 8¿O qué nación grande hay que tenga estatutos y decretos tan justos como toda esta ley que hoy pongo delante de ustedes?
9»Por tanto, cuídate y guarda tu alma con diligencia, para que no te olvides de las cosas que tus ojos han visto, y no se aparten de tu corazón todos los días de tu vida; sino que las hagas saber a tus hijos y a tus nietos. 10Recuerda el día que estuviste delante del Señor tu Dios en Horeb, cuando el Señor me dijo: “Reúneme el pueblo para que Yo les haga oír Mis palabras, a fin de que aprendan a temerme todos los días que vivan sobre la tierra y las enseñen a sus hijos”. 11Ustedes se acercaron, pues, y permanecieron al pie del monte, y el monte ardía en fuego hasta el mismo cielo: oscuridad, nube y densas tinieblas.
12»Entonces el Señor les habló de en medio del fuego; oyeron su voz, solo la voz, pero no vieron figura alguna. 13Y Él les declaró Su pacto, el cual les mandó poner por obra: esto es, los Diez Mandamientos, y los escribió en dos tablas de piedra. 14El Señor me ordenó en aquella ocasión que les enseñara estatutos y decretos, a fin de que los cumplieran en la tierra a la cual van a entrar para poseerla.
15»Así que tengan mucho cuidado, ya que no vieron ninguna figura el día en que el Señor les habló en Horeb de en medio del fuego; 16no sea que se corrompan y hagan para ustedes una imagen tallada semejante a cualquier figura: semejanza de varón o de hembra, 17semejanza de cualquier animal que está en la tierra, semejanza de cualquier ave que vuela en el cielo, 18semejanza de cualquier animal que se arrastra sobre la tierra, semejanza de cualquier pez que hay en las aguas debajo de la tierra. 19Y ten cuidado, no sea que levantes los ojos al cielo y veas el sol, la luna, las estrellas y todo el ejército del cielo, y seas impulsado a adorarlos y servirlos, cosas que el Señor tu Dios ha concedido a todos los pueblos debajo de todos los cielos. 20Pero a ustedes el Señor los ha tomado y los ha sacado del horno de hierro, de Egipto, para que fueran pueblo de Su heredad como lo son ahora.
21»Y el Señor se enojó conmigo por causa de ustedes, y juró que yo no pasaría el Jordán, ni entraría en la buena tierra que el Señor tu Dios te da por heredad. 22Porque yo moriré en esta tierra, no cruzaré el Jordán; pero ustedes pasarán y tomarán posesión de esta buena tierra. 23Tengan cuidado, pues, no sea que olviden el pacto que el Señor su Dios hizo con ustedes, y se hagan imagen tallada en forma de cualquier cosa que el Señor tu Dios te ha prohibido. 24Porque el Señor tu Dios es fuego consumidor, un Dios celoso.
25»Cuando hayan engendrado hijos y nietos, y hayan permanecido largo tiempo en la tierra, y se corrompan y hagan un ídolo en forma de cualquier cosa, y hagan lo que es malo ante los ojos del Señor su Dios para provocarlo a ira, 26hoy pongo por testigo contra ustedes al cielo y a la tierra, que pronto serán totalmente exterminados de la tierra donde van a pasar el Jordán para poseerla. No vivirán por mucho tiempo en ella, sino que serán totalmente destruidos. 27El Señor los dispersará entre los pueblos, y quedarán pocos en número entre las naciones adonde el Señor los llevará. 28Allí ustedes servirán a dioses hechos por manos de hombre, de madera y de piedra, que no ven, ni oyen, ni comen, ni huelen.
29»Pero desde allí buscarás al Señor tu Dios, y lo hallarás si lo buscas con todo tu corazón y con toda tu alma. 30En los postreros días, cuando estés angustiado y todas esas cosas te sobrevengan, volverás al Señor tu Dios y escucharás Su voz. 31Pues el Señor tu Dios es Dios compasivo; no te abandonará, ni te destruirá, ni olvidará el pacto que Él juró a tus padres.
32»Ciertamente, pregunta ahora acerca de los tiempos pasados que fueron antes de ti, desde el día en que Dios creó al hombre sobre la tierra; averigua desde un extremo de los cielos hasta el otro. ¿Se ha hecho cosa tan grande como esta, o se ha oído algo como esto? 33¿Ha oído pueblo alguno la voz de Dios, hablando de en medio del fuego, como tú la has oído, y ha sobrevivido? 34¿O ha intentado dios alguno tomar para sí una nación de en medio de otra nación, con pruebas, con señales y maravillas, con guerra y mano fuerte y con brazo extendido y hechos aterradores, como el Señor tu Dios hizo por ti en Egipto delante de tus ojos? 35A ti te fue mostrado, para que supieras que el Señor, Él es Dios; ningún otro hay fuera de Él.
36»Desde los cielos el Señor te hizo oír Su voz para disciplinarte; y sobre la tierra te hizo ver Su gran fuego, y oíste Sus palabras de en medio del fuego. 37Porque Él amó a tus padres, por eso escogió a su descendencia después de ellos; y personalmente te sacó de Egipto con Su gran poder, 38expulsando delante de ti naciones más grandes y más poderosas que tú, para hacerte entrar y darte la tierra de ellos por heredad, como sucede hoy. 39Por tanto, reconoce hoy y reflexiona en tu corazón, que el Señor es Dios arriba en los cielos y abajo en la tierra; no hay otro. 40Así pues, guardarás Sus estatutos y Sus mandamientos que yo te ordeno hoy, a fin de que te vaya bien a ti y a tus hijos después de ti, y para que prolongues tus días sobre la tierra que el Señor tu Dios te da para siempre».
41Entonces Moisés designó tres ciudades al otro lado del Jordán, al oriente, 42para que huyera allí el que involuntariamente hubiera matado a su vecino sin haber tenido enemistad contra él en el pasado; y huyendo a una de estas ciudades, salvara su vida: 43Beser en el desierto, sobre la meseta, para los rubenitas, Ramot en Galaad para los gaditas, y Golán en Basán para los de Manasés.
44Esta es, pues, la ley que Moisés puso delante de los israelitas. 45Estos son los testimonios, los estatutos y las ordenanzas que Moisés dio a los israelitas cuando salieron de Egipto, 46al otro lado del Jordán en el valle frente a Bet Peor, en la tierra de Sehón, rey de los amorreos, que habitaba en Hesbón, a quien Moisés y los israelitas derrotaron cuando salieron de Egipto. 47Y tomaron posesión de su tierra y de la tierra de Og, rey de Basán, los dos reyes de los amorreos que estaban al otro lado del Jordán hacia el oriente, 48desde Aroer, que está a la orilla del valle del Arnón, hasta el monte Sión, es decir, Hermón, 49con todo el Arabá al otro lado del Jordán, al oriente, hasta el mar del Arabá, al piede las laderas del monte Pisga.

Deuteronomio 5

1Entonces llamó Moisés a todo Israel y les dijo: «Oye, oh Israel, los estatutos y ordenanzas que hablo hoy a oídos de ustedes, para que los aprendan y pongan por obra. 2El Señor nuestro Dios hizo un pacto con nosotros en Horeb. 3No hizo el Señor este pacto con nuestros padres, sino con nosotros, con todos aquellos de nosotros que estamos vivos aquí hoy. 4Cara a cara el Señor habló con ustedes en el monte de en medio del fuego, 5mientras yo estaba en aquella ocasión entre el Señor y ustedes para declararles la palabra del Señor, porque temían a causa del fuego y no subieron al monte. Y Él dijo:
6“Yo soy el Señor tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de la casa de servidumbre.
7”No tendrás otros dioses delante de Mí.
8”No te harás ningún ídolo, ni semejanza alguna de lo que está arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. 9No los adorarás ni los servirás; porque Yo, el Señor tu Dios, soy Dios celoso, que castigo la iniquidad de los padres sobre los hijos, y sobre la tercera y la cuarta generación de los que me aborrecen, 10pero que muestro misericordia a millares, a los que me aman y guardan Mis mandamientos.
11”No tomarás en vano el nombre del Señor tu Dios, porque el Señor no tendrá por inocente a quien tome Su nombre en vano.
12”Guardarás el día de reposo para santificarlo, como el Señor tu Dios lo ha mandado. 13Seis días trabajarás y harás todo tu trabajo, 14mas el séptimo día es día de reposo para el Señor tu Dios; no harás en él ningún trabajo, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu buey, ni tu asno, ni ninguno de tus animales, ni el extranjero que está contigo, para que tu siervo y tu sierva también descansen como tú. 15Acuérdate que fuiste esclavo en la tierra de Egipto, y que el Señor tu Dios te sacó de allí con mano fuerte y brazo extendido; por tanto, el Señor tu Dios te ha ordenado que guardes el día de reposo.
16”Honra a tu padre y a tu madre, como el Señor tu Dios te ha mandado, para que tus días sean prolongados y te vaya bien en la tierra que el Señor tu Dios te da.
17”No matarás.
18”No cometerás adulterio.
19”No hurtarás.
20”No darás falso testimonio contra tu prójimo.
21”No codiciarás la mujer de tu prójimo, y no desearás la casa de tu prójimo, ni su campo, ni su siervo, ni su sierva, ni su buey, ni su asno, ni nada que sea de tu prójimo”.
22»Estas palabras habló el Señor a toda la asamblea de ustedes en el monte, de en medio del fuego, de la nube y de las densas tinieblas con una gran voz, y no añadió más. Y las escribió en dos tablas de piedra y me las dio. 23Y cuando ustedes oyeron la voz de en medio de las tinieblas, mientras el monte ardía con fuego, se acercaron a mí, todos los jefes de sus tribus y sus ancianos, 24y dijeron: “El Señor nuestro Dios nos ha mostrado Su gloria y Su grandeza, y hemos oído Su voz de en medio del fuego; hoy hemos visto que Dios habla con el hombre, y este aún vive. 25Ahora pues, ¿por qué hemos de morir? Porque este gran fuego nos consumirá; si seguimos oyendo la voz del Señor nuestro Dios, entonces moriremos. 26Porque, ¿qué hombre hay que haya oído la voz del Dios vivo hablando de en medio del fuego, como nosotros, y haya sobrevivido? 27Acércate tú, y oye lo que el Señor nuestro Dios dice; entonces dinos todo lo que el Señor nuestro Dios te diga, y lo escucharemos y lo haremos”.
28»El Señor oyó la voz de las palabras de ustedes cuando me hablaron y el Señor me dijo: “He oído la voz de las palabras de este pueblo, que ellos te han hablado. Han hecho bien en todo lo que han dicho. 29¡Oh, si ellos tuvieran tal corazón que me temieran, y guardaran siempre todos Mis mandamientos, para que les fuera bien a ellos y a sus hijos para siempre! 30Ve y diles: ‘Vuelvan a sus tiendas’. 31Pero tú, quédate aquí conmigo, para que Yo te diga todos los mandamientos, los estatutos y los decretos que les enseñarás, a fin de que los cumplan en la tierra que les doy en posesión”. 32Así que cuiden de hacer tal como el Señor su Dios les ha mandado; no se desvíen a la derecha ni a la izquierda. 33Anden en todo el camino que el Señor su Dios les ha mandado, a fin de que vivan y les vaya bien, y prolonguen susdías en la tierra que van a poseer.

Juan 11

1Estaba enfermo cierto hombre llamado Lázaro, de Betania, la aldea de María y de su hermana Marta. 2María, cuyo hermano Lázaro estaba enfermo, fue la que ungió al Señor con perfume y le secó los pies con sus cabellos. 3Las hermanas entonces mandaron a decir a Jesús: «Señor, el que Tú amas está enfermo». 4Cuando Jesús lo oyó, dijo: «Esta enfermedad no es para muerte, sino para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por medio de ella». 5Y Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro.
6Cuando oyó, pues, que Lázaro estaba enfermo, entonces se quedó dos días más en el lugar donde estaba. 7Luego, después de esto, dijo* a Sus discípulos: «Vamos de nuevo a Judea». 8Los discípulos le dijeron*: «Rabí, hace poco que los judíos te querían apedrear, ¿y vas allá otra vez?». 9Jesús respondió: «¿No hay doce horas en el día? Si alguien anda de día no tropieza, porque ve la luz de este mundo. 10Pero si alguien anda de noche, tropieza, porque la luz no está en él».
11Dijo esto, y después añadió: «Nuestro amigo Lázaro se ha dormido; pero voy a despertarlo». 12Los discípulos entonces le dijeron: «Señor, si se ha dormido, se recuperará». 13Jesús había hablado de la muerte de Lázaro, pero ellos creyeron que hablaba literalmente del sueño. 14Entonces Jesús, por eso, les dijo claramente: «Lázaro ha muerto; 15y por causa de ustedes me alegro de no haber estado allí, para que crean; pero vamos a donde está él». 16Tomás, llamado el Dídimo, dijo entonces a sus condiscípulos: «Vamos nosotros también para morir con Él».
17Llegó, pues, Jesús y halló que ya hacía cuatro días que Lázaro estaba en el sepulcro. 18Betania estaba cerca de Jerusalén, como a tres kilómetros; 19y muchos de los judíos habían venido a la casa de Marta y María, para consolarlas por la muerte de su hermano. 20Entonces Marta, cuando oyó que Jesús venía, lo fue a recibir, pero María se quedó sentada en casa.
21Y Marta dijo a Jesús: «Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto. 22Aun ahora, yo sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá». 23«Tu hermano resucitará», le dijo* Jesús.
24Marta le contestó*: «Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día final». 25Jesús le contestó: «Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en Mí, aunque muera, vivirá, 26y todo el que vive y cree en Mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?». 27Ella le dijo*: «Sí, Señor; yo he creído que Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, o sea, el que viene al mundo».
28Habiendo dicho esto, Marta se fue y llamó a su hermana María, diciéndole en secreto: «El Maestro está aquí, y te llama». 29Tan pronto como ella lo oyó, se levantó* rápidamente y fue hacia Él.
30Porque Jesús aún no había entrado en la aldea, sino que todavía estaba en el lugar donde Marta lo había encontrado. 31Entonces los judíos que estaban con ella en la casa consolándola, cuando vieron que María se levantó de prisa y salió, la siguieron, suponiendo que iba al sepulcro a llorar allí.
32Al llegar María adonde estaba Jesús, cuando lo vio, se arrojó a Sus pies, diciendo: «Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto». 33Y cuando Jesús la vio llorando, y a los judíos que vinieron con ella llorando también, se conmovió profundamente en el espíritu, y se entristeció. 34«¿Dónde lo pusieron?», preguntó Jesús. «Señor, ven y ve», le dijeron*.
35Jesús lloró. 36Por eso los judíos decían: «Miren, cómo lo amaba». 37Pero algunos de ellos dijeron: «¿No podía Este, que abrió los ojos del ciego, haber evitado también que Lázaro muriera?».
38Entonces Jesús, de nuevo profundamente conmovido, fue* al sepulcro. Era una cueva, y tenía una piedra puesta sobre ella. 39«Quiten la piedra», dijo* Jesús. Marta, hermana del que había muerto, le dijo*: «Señor, ya huele mal, porque hace cuatro días que murió». 40Jesús le dijo*: «¿No te dije que si crees, verás la gloria de Dios?».
41Entonces quitaron la piedra. Jesús alzó los ojos, y dijo: «Padre, te doy gracias porque me has oído. 42Yo sabía que siempre me oyes; pero lo dije por causa de la multitud que me rodea, para que crean que Tú me has enviado». 43Habiendo dicho esto, gritó con fuerte voz: «¡Lázaro, sal fuera!».
44Y el que había muerto salió, los pies y las manos atados con vendas, y el rostro envuelto en un sudario. Jesús les dijo*: «Desátenlo, y déjenlo ir».
45Por esto muchos de los judíos que habían venido a ver a María, y vieron lo que Jesús había hecho, creyeron en Él. 46Pero algunos de ellos fueron a los fariseos y les contaron lo que Jesús había hecho.
47Entonces los principales sacerdotes y los fariseos convocaron un concilio, y decían: «¿Qué hacemos? Porque este hombre hace muchas señales. 48Si lo dejamos seguir así, todos van a creer en Él, y los romanos vendrán y nos quitarán nuestro lugar y nuestra nación». 49Pero uno de ellos, Caifás, que era sumo sacerdote ese año, les dijo: «Ustedes no saben nada, 50ni tienen en cuenta que les es más conveniente que un hombre muera por el pueblo, y no que toda la nación perezca».
51Ahora bien, no dijo esto de su propia iniciativa, sino que siendo el sumo sacerdote ese año, profetizó que Jesús iba a morir por la nación; 52y no solo por la nación, sino también para reunir en uno a los hijos de Dios que están esparcidos. 53Así que, desde ese día planearon entre sí matar a Jesús.
54Por eso Jesús ya no andaba públicamente entre los judíos, sino que se fue de allí a la región cerca del desierto, a una ciudad llamada Efraín; y se quedó allí con los discípulos. 55Estaba cerca la Pascua de los judíos, y muchos de la región subieron a Jerusalén antes de la Pascua para purificarse. 56Entonces buscaban a Jesús, y estando ellos en el templo, se decían unos a otros: «¿Qué les parece? ¿Que vendrá a la fiesta o no?». 57Y los principales sacerdotes y los fariseos habían dado órdenes de que si alguien sabía dónde estaba Jesús, diera aviso para que lo prendieran.

Salmo 79

Salmo de Asaf.
1Oh Dios, las naciones han invadido Tu heredad;
Han profanado Tu santo templo;
Han dejado a Jerusalén en ruinas.
2Han dado los cadáveres de Tus siervos por comida a las aves del cielo,
La carne de Tus santos a las fieras de la tierra.
3Como agua han derramado su sangre alrededor de Jerusalén;
Y no hubo quien les diera sepultura.
4Hemos sido el oprobio de nuestros vecinos,
Escarnio y burla de los que nos rodean.
5¿Hasta cuándo, Señor? ¿Estarás enojado para siempre?
¿Arderán como fuego Tus celos?
6Derrama Tu furor sobre las naciones que no te conocen,
Y sobre los reinos que no invocan Tu nombre.
7Pues han devorado a Jacob
Y han asolado su morada.
8¶No recuerdes contra nosotros las iniquidades de nuestros antepasados;
Venga pronto a nuestro encuentro Tu compasión,
Porque estamos muy abatidos.
9Ayúdanos, oh Dios de nuestra salvación,
Por la gloria de Tu nombre;
Líbranos y perdona nuestros pecados por amor de Tu nombre.
10¿Por qué han de decir las naciones: «¿Dónde está su Dios?».
Sea notoria entre las naciones, a nuestra vista,
La venganza por la sangre derramada de Tus siervos.
11Llegue a Tu presencia el gemido del cautivo;
Conforme a la grandeza de Tu poder preserva a los condenados a muerte.
12Y devuelve a nuestros vecinos siete veces en su seno
La afrenta con que te han ofendido, Señor.
13Y nosotros, pueblo Tuyo y ovejas de Tu prado,
Te daremos gracias para siempre;
A todas las generaciones hablaremos de Tu alabanza.

Proverbios 17

1Mejor es un bocado seco y con él tranquilidad,
Que una casa llena de banquetes con discordia.
2El siervo prudente prevalecerá sobre el hijo sin honra,
Y con los hermanos participará de la herencia.
3El crisol es para la plata y el horno para el oro,
Pero el Señor prueba los corazones.
4El malhechor escucha a los labios perversos;
El mentiroso presta atención a la lengua detractora.
5El que se burla del pobre afrenta a su Hacedor;
El que se regocija de la desgracia no quedará sin castigo.
6Corona de los ancianos son los nietos,
Y la gloria de los hijos son sus padres.
7No convienen al necio las palabras elocuentes,
Mucho menos al príncipe los labios mentirosos.
8Talismán es el soborno a los ojos de su dueño;
Dondequiera que se vuelva, prospera.
9El que cubre una falta busca afecto,
Pero el que repite el asunto separa a los mejores amigos.
10La reprensión penetra más en el que tiene entendimiento
Que cien azotes en el necio.
11El rebelde solo busca el mal,
Y un cruel mensajero se enviará contra él.
12Mejor es encontrarse con una osa privada de sus cachorros,
Que con un necio en su necedad.
13Al que devuelve mal por bien,
El mal no se apartará de su casa.
14El comienzo del pleito es como el soltar de las aguas;
Deja, pues, la riña antes de que empiece.
15El que justifica al impío y el que condena al justo,
Ambos son igualmente abominación al Señor.
16¿De qué sirve el precio en la mano del necio para comprar sabiduría
Cuando no tiene entendimiento?
17En todo tiempo ama el amigo,
Y el hermano nace para tiempo de angustia.
18El hombre falto de entendimiento se compromete,
Y sale fiador a favor de su prójimo.
19El que ama la transgresión, ama el pleito;
El que alza su puerta, busca la destrucción.
20El de corazón perverso nunca encuentra el bien,
Y el de lengua pervertida cae en el mal.
21El que engendra un necio, para su tristeza lo engendra,
Y el padre del necio no tiene alegría.
22El corazón alegre es buena medicina,
Pero el espíritu quebrantado seca los huesos.
23El impío recibe soborno bajo el manto
Para pervertir las sendas del derecho.
24En presencia del que tiene entendimiento está la sabiduría,
Pero los ojos del necio están en los extremos de la tierra.
25El hijo necio es pesadumbre de su padre
Y amargura para la que lo dio a luz.
26Ciertamente no es bueno multar al justo,
Ni golpear a los nobles por su rectitud.
27El que retiene sus palabras tiene conocimiento,
Y el de espíritu sereno es hombre entendido.
28Aun el necio, cuando calla, es tenido por sabio,
Cuando cierra los labios, porprudente.

Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © The Lockman Foundation — cortesía de YouVersion.

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