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Día 8 de 365 · 8 de enero

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Génesis 15

1Después de estas cosas la palabra del Señor vino a Abram en visión, diciendo:
«No temas, Abram,
Yo soy un escudo para ti;
Tu recompensa será muy grande».
2Y Abram dijo: «Oh Señor Dios, ¿qué me darás, puesto que yo estoy sin hijos, y el heredero de mi casa es Eliezer de Damasco?». 3Dijo además Abram: «No me has dado descendencia, y uno nacido en mi casa es mi heredero».
4Pero la palabra del Señor vino a él, diciendo: «Tu heredero no será este, sino uno que saldrá de tus entrañas, él será tu heredero». 5El Señor lo llevó fuera, y le dijo: «Ahora mira al cielo y cuenta las estrellas, si te es posible contarlas». Y añadió: «Así será tu descendencia».
6Y Abram creyó en el Señor, y Él se lo reconoció por justicia. 7Y le dijo: «Yo soy el Señor que te saqué de Ur de los caldeos, para darte esta tierra para que la poseas». 8Entonces Abram le preguntó: «Oh Señor Dios, ¿cómo puedo saber que la poseeré?». 9El Señor le respondió: «Tráeme una novilla de tres años, una cabra de tres años, un carnero de tres años, una tórtola y un pichón». 10Abram le trajo todos estos, los partió por la mitad, y puso cada mitad enfrente de la otra; pero no partió las aves. 11Y las aves de rapiña descendían sobre los animales sacrificados, pero Abram las ahuyentaba.
12A la puesta del sol un profundo sueño cayó sobre Abram. El terror de una gran oscuridad cayó sobre él. 13Y Dios dijo a Abram: «Ten por cierto que tus descendientes serán extranjeros en una tierra que no es suya, donde serán esclavizados y oprimidos durante 400 años. 14Pero Yo también juzgaré a la nación a la cual servirán, y después saldrán de allí con grandes riquezas. 15Tú irás a tus padres en paz, y serás sepultado en buena vejez.
16»En la cuarta generación ellos regresarán acá, porque hasta entonces no habrá llegado a su colmo la iniquidad de los amorreos». 17Y sucedió que cuando el sol ya se había puesto, hubo densas tinieblas, y apareció un horno humeante y una antorcha de fuego que pasó por entre las mitades de los animales.
18En aquel día el Señor hizo un pacto con Abram, diciendo:
«A tu descendencia he dado esta tierra,
Desde el río de Egipto hasta el río grande, el río Éufrates:
19la tierra de los quenitas, los cenezeos, los cadmoneos, 20los hititas, los ferezeos, los refaítas, 21los amorreos, los cananeos, los gergeseos y los jebuseos».

Génesis 16

1Sarai, mujer de Abram, no le había dado a luz hijo alguno. Pero ella tenía una sierva egipcia que se llamaba Agar. 2Entonces Sarai dijo a Abram: «Mira, el Señor me ha impedido tener hijos. Llégate, te ruego, a mi sierva; quizá por medio de ella yo tenga hijos». Y Abram escuchó la voz de Sarai. 3Después de diez años de habitar Abram en la tierra de Canaán, Sarai, mujer de Abram, tomó a su sierva Agar la egipcia, y se la dio a su marido Abram por mujer.
4Y Abram se llegó a Agar, y ella concibió. Cuando ella vio que había concebido, miraba con desprecio a su señora. 5Entonces Sarai dijo a Abram: «Recaiga sobre ti mi agravio. Yo entregué a mi sierva en tus brazos. Pero cuando ella vio que había concebido, me miró con desprecio. Juzgue el Señor entre tú y yo». 6Pero Abram dijo a Sarai: «Mira, tu sierva está bajo tu poder; haz con ella lo que mejor te parezca». Y Sarai trató muy mal a Agar y ella huyó de su presencia.
7El ángel del Señor la encontró junto a una fuente de agua en el desierto, junto a la fuente en el camino de Shur, 8y le dijo: «Agar, sierva de Sarai, ¿de dónde has venido y a dónde vas?». Ella le respondió: «Huyo de la presencia de mi señora Sarai». 9«Vuelve a tu señora y sométete a su autoridad», le dijo el ángel del Señor.
10El ángel del Señor añadió: «Multiplicaré de tal manera tu descendencia que no se podrá contar por su multitud». 11El ángel del Señor le dijo además:
«Has concebido
Y darás a luz un hijo;
Y le llamarás Ismael,
Porque el Señor ha oído tu aflicción.
12-»Él será hombre indómito como asno montés;
Su mano será contra todos,
Y la mano de todos contra él,
Y habitará separado de todos sus hermanos».
13 Agar llamó el nombre del Señor que le había hablado: «Tú eres un Dios que ve»; porque dijo: «¿Estoy todavía con vida después de ver a Dios?». 14Por eso se llamó a aquel pozo Beer Lajai Roi, el cual está entre Cades y Bered.
15Agar le dio un hijo a Abram, y Abram le puso el nombre de Ismael al hijo que Agar le había dado. 16Abram tenía86 años cuando Agar dio a luz a Ismael.

Mateo 8

1Cuando Jesús bajó del monte, grandes multitudes lo seguían. 2Y se acercó un leproso y se postró ante Él, diciendo: «Señor, si quieres, puedes limpiarme». 3Extendiendo Jesús la mano, lo tocó, diciendo: «Quiero; sé limpio». Y al instante quedó limpio de su lepra. 4Entonces Jesús le dijo*: «Mira, no se lo digas a nadie, sino ve, muéstrate al sacerdote y presenta la ofrenda que ordenó Moisés, para que les sirva de testimonio a ellos».
5Al entrar Jesús en Capernaúm, se acercó un centurión y le suplicó: 6«Señor, mi criado está postrado en casa, paralítico, sufriendo mucho».
7Y Jesús le dijo*: «Yo iré y lo sanaré». 8Pero el centurión respondió: «Señor, no soy digno de que Tú entres bajo mi techo; solamente di la palabra y mi criado quedará sano. 9Porque yo también soy hombre bajo autoridad, con soldados a mis órdenes; y digo a este: “Ve”, y va; y al otro: “Ven”, y viene; y a mi siervo: “Haz esto”, y lo hace».
10Al oírlo Jesús, se maravilló y dijo a los que lo seguían: «En verdad les digo que en Israel no he hallado en nadie una fe tan grande. 11Y les digo que vendrán muchos del oriente y del occidente, y se sentarán a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los cielos. 12Pero los hijos del reino serán arrojados a las tinieblas de afuera; allí será el llanto y el crujir de dientes».
13Entonces Jesús dijo al centurión: «Vete; así como has creído, te sea hecho». Y el criado fue sanado en esa misma hora.
14Cuando Jesús llegó a casa de Pedro, vio a la suegra de este que estaba en cama con fiebre. 15Le tocó la mano, y la fiebre la dejó; y ella se levantó y le servía.
16Y al atardecer, le trajeron muchos endemoniados; y expulsó a los espíritus con Su palabra, y sanó a todos los que estaban enfermos, 17para que se cumpliera lo que fue dicho por medio del profeta Isaías cuando dijo: «Él tomó nuestras flaquezas y llevó nuestras enfermedades».
18Viendo Jesús una multitud a Su alrededor, dio orden de pasar al otro lado del mar. 19Y un escriba se acercó y le dijo: «Maestro, te seguiré adondequiera que vayas». 20Jesús le respondió*: «Las zorras tienen madrigueras y las aves del cielo nidos, pero el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar la cabeza». 21Otro de los discípulos le dijo: «Señor, permíteme que vaya primero y entierre a mi padre». 22Pero Jesús le contestó*: «Ven tras Mí, y deja que los muertos entierren a sus muertos».
23Cuando entró Jesús en la barca, Sus discípulos lo siguieron. 24Y de pronto se desató una gran tormenta en el mar de Galilea, de modo que las olas cubrían la barca; pero Jesús estaba dormido. 25Llegándose a Él, lo despertaron, diciendo: «¡Señor, sálvanos, que perecemos!».
26Y Él les contestó*: «¿Por qué tienen miedo, hombres de poca fe?». Entonces Jesús se levantó, reprendió a los vientos y al mar, y sobrevino una gran calma. 27Los hombres se maravillaron, y decían: «¿Quién es Este, que aun los vientos y el mar lo obedecen?».
28Al llegar Jesús al otro lado, a la tierra de los gadarenos, fueron a Su encuentro dos endemoniados que salían de los sepulcros, violentos en extremo, de manera que nadie podía pasar por aquel camino. 29Y gritaron: «¿Qué hay entre Tú y nosotros, Hijo de Dios? ¿Has venido aquí para atormentarnos antes del tiempo?».
30A cierta distancia de ellos estaba paciendo una manada de muchos cerdos; 31y los demonios le rogaban: «Si vas a echarnos fuera, mándanos a la manada de cerdos». 32«¡Vayan!», les dijo Jesús. Y ellos salieron y entraron en los cerdos; y la manada entera se precipitó por un despeñadero al mar, y perecieron en las aguas.
33Los que cuidaban la manada huyeron; y fueron a la ciudad y lo contaron todo, incluso lo de los endemoniados. 34Y toda la ciudad salió al encuentro de Jesús; y cuando lo vieron, lerogaron que se fuera de su región.

Salmo 8

Para el director del coro; sobre Gitit. Salmo de David.
Posiblemente instrumento o melodía procedente de Gat.
1¡Oh Señor, Señor nuestro,
Cuán glorioso es Tu nombre en toda la tierra,
Que has desplegado Tu gloria sobre los cielos!
2Por boca de los infantes y de los niños de pecho has establecido Tu fortaleza,
Por causa de Tus adversarios,
Para hacer cesar al enemigo y al vengativo.
3¶Cuando veo Tus cielos, obra de Tus dedos,
La luna y las estrellas que Tú has establecido,
4 Digo: ¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él,
Y el hijo del hombre para que lo cuides?
5¡Sin embargo, lo has hecho un poco menor que los ángeles,
Y lo coronas de gloria y majestad!
6Tú le haces señorear sobre las obras de Tus manos;
Todo lo has puesto bajo sus pies:
7Todas las ovejas y los bueyes,
Y también las bestias del campo,
8Las aves de los cielos y los peces del mar,
Cuanto atraviesa las sendas de los mares.
9¶¡Oh Señor, Señor nuestro,
Cuán glorioso es Tu nombre en toda la tierra!

Proverbios 8

1¿No clama la sabiduría,
Y levanta su voz la prudencia?
2En la cima de las alturas, junto al camino,
Donde cruzan las sendas, se coloca;
3Junto a las puertas, a la salida de la ciudad,
En el umbral de las puertas, da voces:
4«Oh hombres, a ustedes clamo,
Para los hijos de los hombres es mi voz.
5-»Oh simples, aprendan prudencia;
Y ustedes, necios, aprendan sabiduría.
6-»Escuchen, porque hablaré cosas excelentes,
Y con el abrir de mis labios rectitud.
7-»Porque mi boca proferirá la verdad,
Abominación a mis labios es la impiedad.
8-»Conforme a la justicia son todas las palabras de mi boca,
No hay en ellas nada torcido ni perverso.
9-»Todas son sinceras para el que entiende,
Y rectas para los que han hallado conocimiento.
10-»Reciban mi instrucción y no la plata,
Y conocimiento antes que el oro escogido,
11Porque mejor es la sabiduría que las joyas,
Y todas las cosas deseables no pueden compararse con ella.
12¶»Yo, la sabiduría, habito con la prudencia,
Y he hallado conocimiento y discreción.
13-»El temor del Señor es aborrecer el mal.
El orgullo, la arrogancia, el mal camino
Y la boca perversa, yo aborrezco.
14-»Mío es el consejo y la prudencia,
Yo soy la inteligencia, el poder es mío.
15-»Por mí reinan los reyes,
Y los gobernantes decretan justicia.
16-»Por mí gobiernan los príncipes y los nobles,
Todos los que juzgan con justicia.
17-»Amo a los que me aman,
Y los que me buscan con diligencia me hallarán.
18-»Conmigo están las riquezas y el honor,
La fortuna duradera y la justicia.
19-»Mi fruto es mejor que el oro, que el oro puro,
Y mi ganancia es mejor que la plata escogida.
20-»Yo ando por el camino de la justicia,
Por en medio de las sendas del derecho,
21Para otorgar heredad a los que me aman
Y así llenar sus tesoros.
22¶»El Señor me poseyó al principio de Su camino,
Antes de Sus obras de tiempos pasados.
23-»Desde la eternidad fui establecida,
Desde el principio, desde los orígenes de la tierra.
24-»Cuando no había abismos fui engendrada,
Cuando no había manantiales abundantes en aguas.
25-»Antes que los montes fueran asentados,
Antes que las colinas, fui engendrada,
26Cuando Él no había hecho aún la tierra y los campos,
Ni el polvo primero del mundo.
27-»Cuando estableció los cielos, allí estaba yo;
Cuando trazó un círculo sobre la superficie del abismo,
28Cuando arriba afirmó los cielos,
Cuando las fuentes del abismo se afianzaron,
29Cuando al mar puso sus límites
Para que las aguas no transgredieran Su mandato,
Cuando señaló los cimientos de la tierra,
30Yo estaba entonces junto a Él, como arquitecto;
Yo era Su delicia de día en día,
Regocijándome en todo tiempo en Su presencia,
31Regocijándome en el mundo, en Su tierra,
Y teniendo mis delicias con los hijos de los hombres.
32¶»Ahora pues, hijos, escúchenme,
Porque bienaventurados son los que guardan mis caminos.
33-»Escuchen la instrucción y sean sabios,
Y no la desprecien.
34-»Bienaventurado el hombre que me escucha,
Velando a mis puertas día a día,
Aguardando en los postes de mi entrada.
35-»Porque el que me halla, halla la vida
Y alcanza el favor del Señor.
36-»Pero el que peca contra mí, a sí mismo se daña;
Todos los que me odian, aman la muerte».

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