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Día 81 de 365 · 22 de marzo

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Deuteronomio 8

1»Todos los mandamientos que yo te ordeno hoy, tendrán cuidado de ponerlos por obra, a fin de que vivan y se multipliquen, y entren y tomen posesión de la tierra que el Señor juró dar a sus padres. 2Y te acordarás de todo el camino por donde el Señor tu Dios te ha traído por el desierto durante estos cuarenta años, para humillarte, probándote, a fin de saber lo que había en tu corazón, si guardarías o no Sus mandamientos. 3Él te humilló, y te dejó tener hambre, y te alimentó con el maná que tú no conocías, ni tus padres habían conocido, para hacerte entender que el hombre no solo vive de pan, sino que vive de todo lo que procede de la boca del Señor. 4Tu ropa no se gastó sobre ti, ni se hinchó tu pie durante estos cuarenta años.
5»Por tanto, debes comprender en tu corazón que el Señor tu Dios te estaba disciplinando, así como un hombre disciplina a su hijo. 6Guardarás, pues, los mandamientos del Señor tu Dios, para andar en Sus caminos y para temerlo. 7Porque el Señor tu Dios te trae a una tierra buena, a una tierra de corrientes de aguas, de fuentes y manantiales que fluyen por valles y colinas; 8una tierra de trigo y cebada, de viñas, higueras y granados; una tierra de aceite de oliva y miel; 9una tierra donde comerás el pan sin escasez, donde nada te faltará; una tierra cuyas piedras son hierro, y de cuyos montes puedes sacar cobre. 10Cuando hayas comido y te hayas saciado, bendecirás al Señor tu Dios por la buena tierra que Él te ha dado.
11»Cuídate de no olvidar al Señor tu Dios dejando de guardar Sus mandamientos, Sus ordenanzas y Sus estatutos que yo te ordeno hoy; 12no sea que cuando hayas comido y te hayas saciado, y hayas construido buenas casas y habitado en ellas, 13y cuando tus vacas y tus ovejas se multipliquen, y tu plata y oro se multipliquen, y todo lo que tengas se multiplique, 14entonces tu corazón se enorgullezca, y te olvides del Señor tu Dios que te sacó de la tierra de Egipto de la casa de servidumbre. 15Él te condujo a través del inmenso y terrible desierto, con sus serpientes abrasadoras y escorpiones, tierra sedienta donde no había agua; Él sacó para ti agua de la roca de pedernal. 16En el desierto te alimentó con el maná que tus padres no habían conocido, para humillarte y probarte, y para finalmente hacerte bien. 17No sea que digas en tu corazón: “Mi poder y la fuerza de mi mano me han producido esta riqueza”. 18Pero acuérdate del Señor tu Dios, porque Él es el que te da poder para hacer riquezas, a fin de confirmar Su pacto, el cual juró a tus padres como en este día.
19»Pero sucederá que si alguna vez te olvidas del Señor tu Dios, y vas en pos de otros dioses, y los sirves y los adoras, yo testifico contra ustedes hoy, que ciertamente perecerán. 20Como las naciones que el Señor destruye delante de ustedes, así perecerán ustedes, porque no oyeron la voz del Señorsu Dios.

Deuteronomio 9

1»Oye, Israel: Hoy vas a pasar el Jordán para entrar a desposeer a naciones más grandes y más poderosas que tú, ciudades grandes y fortificadas hasta el cielo, 2un pueblo grande y alto, los hijos de los anaceos, a quienes conoces y de quienes has oído decir: “¿Quién puede resistir ante los hijos de Anac?”. 3Comprende, pues, hoy, que es el Señor tu Dios el que pasa delante de ti como fuego consumidor. Él los destruirá y los humillará delante de ti, para que los expulses y los destruyas rápidamente, tal como el Señor te ha dicho.
4»No digas en tu corazón cuando el Señor tu Dios los haya echado de delante de ti: “Por mi justicia el Señor me ha hecho entrar para poseer esta tierra”, sino que es a causa de la maldad de estas naciones que el Señor las expulsa de delante de ti. 5No es por tu justicia ni por la rectitud de tu corazón que vas a poseer su tierra, sino que por la maldad de estas naciones el Señor tu Dios las expulsa de delante de ti, para confirmar el pacto que el Señor juró a tus padres Abraham, Isaac y Jacob. 6Comprende, pues, que no es por tu justicia que el Señor tu Dios te da esta buena tierra para poseerla, pues eres un pueblo terco.
7»Acuérdate; no olvides cómo provocaste a ira al Señor tu Dios en el desierto; desde el día en que saliste de la tierra de Egipto hasta que ustedes llegaron a este lugar, han sido rebeldes contra el Señor. 8Hasta en Horeb provocaron a ira al Señor, y el Señor se enojó tanto contra ustedes que estuvo a punto de destruirlos. 9Cuando subí al monte para recibir las tablas de piedra, las tablas del pacto que el Señor había hecho con ustedes, me quedé en el monte cuarenta días y cuarenta noches; no comí pan ni bebí agua. 10El Señor me dio las dos tablas de piedra escritas por el dedo de Dios; y en ellas estaban todas las palabras que el Señor les había dicho en el monte, de en medio del fuego, el día de la asamblea.
11»Y aconteció después de cuarenta días y cuarenta noches, que el Señor me dio las dos tablas de piedra, las tablas del pacto. 12Entonces el Señor me dijo: “Levántate; baja aprisa de aquí, porque tu pueblo que sacaste de Egipto se ha corrompido. Pronto se han apartado del camino que Yo les había ordenado; se han hecho un ídolo de fundición”. 13También el Señor me habló y dijo: “He visto a este pueblo, y en verdad es un pueblo terco. 14Déjame que los destruya y borre su nombre de debajo del cielo; y de ti haré una nación más grande y más poderosa que ellos”. 15Y volví, y descendí del monte mientras el monte ardía en fuego, y las dos tablas del pacto estaban en mis dos manos. 16Y vi que en verdad ustedes habían pecado contra el Señor su Dios. Se habían hecho un becerro de fundición; pronto se habían apartado del camino que el Señor les había ordenado. 17Tomé las dos tablas, las arrojé de mis manos y las hice pedazos delante de ustedes.
18»Entonces me postré delante del Señor como al principio, por cuarenta días y cuarenta noches; no comí pan ni bebí agua, a causa de todo el pecado que habían cometido al hacer lo malo ante los ojos del Señor, provocando así Su ira. 19Porque temí la ira y el furor con que el Señor estaba enojado contra ustedes para destruirlos, pero el Señor me escuchó también esta vez. 20El Señor se enojó tanto con Aarón que quiso destruirlo; y también intercedí por Aarón al mismo tiempo. 21Y tomé el objeto del pecado de ustedes, el becerro que se habían hecho, y lo quemé en el fuego, y lo hice pedazos, desmenuzándolo hasta que quedó tan fino como el polvo; y eché su polvo al arroyo que bajaba del monte.
22»Nuevamente, en Tabera, en Masah y en Kibrot Hataava, provocaron a ira al Señor. 23Y cuando el Señor los envió de Cades Barnea, diciendo: “Suban y tomen posesión de la tierra que Yo les he dado”, entonces se rebelaron contra la orden del Señor su Dios; no le creyeron, ni escucharon Su voz. 24Ustedes han sido rebeldes al Señor desde el día en que los conocí.
25»Entonces me postré delante del Señor los cuarenta días y cuarenta noches, lo cual hice porque el Señor había dicho que los iba a destruir. 26Oré al Señor, y dije: “Oh Señor Dios, no destruyas a Tu pueblo, a Tu heredad, que Tú has redimido con Tu grandeza, que Tú has sacado de Egipto con mano fuerte. 27Acuérdate de Tus siervos Abraham, Isaac y Jacob; no mires la dureza de este pueblo ni su maldad ni su pecado. 28De otra manera los de la tierra de donde Tú nos sacaste dirán: ‘Por cuanto el Señor no pudo hacerlos entrar en la tierra que les había prometido y porque los aborreció, los sacó para hacerlos morir en el desierto’. 29Sin embargo, ellos son Tu pueblo, Tu heredad, a quien Tú has sacado con Tu gran poder y Tu brazo extendido”.

Juan 13

1Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que Su hora había llegado para pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los Suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin.
2Y durante la cena, como ya el diablo había puesto en el corazón de Judas Iscariote, hijo de Simón, el que lo entregara, 3Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todas las cosas en Sus manos, y que de Dios había salido y a Dios volvía, 4se levantó* de la cena y se quitó* el manto, y tomando una toalla, se la ciñó. 5Luego echó* agua en una vasija, y comenzó a lavar los pies de los discípulos y a secárselos con la toalla que tenía ceñida.
6Cuando llegó* a Simón Pedro, este le dijo*: «Señor, ¿Tú me vas a lavar a mí los pies?». 7Jesús le respondió: «Ahora tú no comprendes lo que Yo hago, pero lo entenderás después». 8«¡Jamás me lavarás los pies!», le dijo* Pedro. «Si no te lavo, no tienes parte conmigo», le respondió Jesús. 9Simón Pedro le dijo*: «Señor, entonces no solo los pies, sino también las manos y la cabeza». 10Jesús le dijo*: «El que se ha bañado no necesita lavarse, excepto los pies, pues está todo limpio; y ustedes están limpios, pero no todos».
11Porque sabía quién lo iba a entregar; por eso dijo: «No todos están limpios».
12Entonces, cuando acabó de lavarles los pies, tomó Su manto, y sentándose a la mesa otra vez, les dijo: «¿Saben lo que les he hecho? 13Ustedes me llaman Maestro y Señor; y tienen razón, porque lo soy. 14Pues si Yo, el Señor y el Maestro, les lavé los pies, ustedes también deben lavarse los pies unos a otros. 15Porque les he dado ejemplo, para que como Yo les he hecho, también ustedes lo hagan.
16 »En verdad les digo, que un siervo no es mayor que su señor, ni un enviado es mayor que el que lo envió. 17Si saben esto, serán felices si lo practican.
18 No hablo de todos ustedes. Yo conozco a los que he escogido; pero es para que se cumpla la Escritura: “El que come Mi pan ha levantado contra Mí su talón”. 19Se lo digo desde ahora, antes de que pase, para que cuando suceda, crean que Yo soy. 20En verdad les digo, que el que recibe al que Yo envíe, me recibe a Mí; y el que me recibe a Mí, recibe a Aquel que me envió».
21Habiendo dicho Jesús esto, se angustió en espíritu, y testificó y dijo: «En verdad les digo que uno de ustedes me entregará». 22Los discípulos se miraban unos a otros, y estaban perplejos sin saber de quién hablaba.
23Uno de Sus discípulos, el que Jesús amaba, estaba a la mesa reclinado en el pecho de Jesús. 24Por eso Simón Pedro le hizo* señas, y le dijo*: «Dinos de quién habla». 25Entonces él, recostándose de nuevo sobre el pecho de Jesús, le dijo*: «Señor, ¿quién es?».
26Entonces Jesús respondió*: «Es aquel a quien Yo le dé el pedazo de pan que voy a mojar». Y después de mojar el pedazo de pan, lo tomó* y se lo dio* a Judas, hijo de Simón Iscariote. 27Y después de comer el pan, Satanás entró en él. Entonces Jesús le dijo*: «Lo que vas a hacer, hazlo pronto».
28Pero ninguno de los que estaban sentados a la mesa entendió por qué le dijo esto. 29Porque algunos pensaban que como Judas tenía la bolsa del dinero, Jesús le decía: «Compra lo que necesitamos para la fiesta», o que diera algo a los pobres. 30Y Judas, después de recibir el bocado, salió inmediatamente; y ya era de noche.
31Entonces, cuando salió, Jesús dijo*: «Ahora es glorificado el Hijo del Hombre, y Dios es glorificado en Él. 32Si Dios es glorificado en Él, Dios también lo glorificará en Él mismo, y lo glorificará enseguida. 33Hijitos, estaré con ustedes un poco más de tiempo. Me buscarán, y como dije a los judíos, ahora también les digo a ustedes: “adonde Yo voy, ustedes no pueden ir”.
34 »Un mandamiento nuevo les doy: “que se amen los unos a los otros”; que como Yo los he amado, así también se amen los unos a los otros. 35En esto conocerán todos que son Mis discípulos, si se tienen amor los unos a los otros».
36«Señor, ¿adónde vas?», le preguntó* Simón Pedro. Jesús respondió: «Adonde Yo voy, tú no me puedes seguir ahora, pero me seguirás después». 37Pedro le dijo*: «Señor, ¿por qué no te puedo seguir ahora mismo? ¡Yo daré mi vida por Ti!». 38Jesús le respondió*: «¿Tu vida darás por Mí? En verdad te digo, que no cantará el gallo sin que antes me hayas negado tres veces.

Salmo 81

Para el director del coro; sobre Gitit. Salmo de Asaf.
1Canten con gozo a Dios, fortaleza nuestra;
Aclamen con júbilo al Dios de Jacob.
2Entonen canto de alabanza, y toquen el pandero,
La melodiosa lira con el arpa.
3Toquen la trompeta en la luna nueva,
En la luna llena, en el día de nuestra fiesta.
4Porque es estatuto para Israel,
Ordenanza del Dios de Jacob.
5Él lo estableció por testimonio en José,
Cuando salió sobre la tierra de Egipto.
Un lenguaje que yo no conocía, oí:
6¶«Yo libré su hombro de la carga,
Sus manos se libraron de las canastas.
7-»En la angustia llamaste, y Yo te rescaté;
Te respondí en el escondite del trueno;
En las aguas de Meriba te probé. (Selah)
8Oye, pueblo Mío, y te amonestaré.
¡Oh Israel, si tú me oyeras!
9-»No haya en ti dios ajeno,
Ni adores a dios extranjero.
10-»Yo, el Señor, soy tu Dios,
Que te saqué de la tierra de Egipto;
Abre bien tu boca y la llenaré.
11¶»Pero Mi pueblo no escuchó Mi voz;
Israel no me obedeció.
12-»Por eso los entregué a la dureza de su corazón,
Para que anduvieran en sus propias intrigas.
13-»¡Oh, si Mi pueblo me oyera,
Si Israel anduviera en Mis caminos!
14-»En un momento Yo subyugaría a sus enemigos
Y volvería Mi mano contra sus adversarios.
15-»Los que aborrecen al Señor le fingirían obediencia,
Y el tiempo de su castigo sería para siempre.
16-»Pero Yo te alimentaría con lo mejor del trigo,
Y con miel de la peña te saciaría».

Proverbios 19

1Mejor es el pobre que anda en su integridad
Que el de labios perversos y necio.
2Tampoco es bueno para una persona carecer de conocimiento,
Y el que se apresura con los pies peca.
3La insensatez del hombre pervierte su camino,
Y su corazón se irrita contra el Señor.
4La riqueza añade muchos amigos,
Pero el pobre es separado de su amigo.
5El testigo falso no quedará sin castigo,
Y el que cuenta mentiras no escapará.
6Muchos buscan el favor del generoso,
Y todo hombre es amigo del que da.
7Todos los hermanos del pobre lo aborrecen,
¡Cuánto más sus amigos se alejarán de él!
Los persigue con palabras, pero ellos se han ido.
8El que adquiere cordura ama su alma;
El que guarda la prudencia hallará el bien.
9El testigo falso no quedará sin castigo,
Y el que cuenta mentiras perecerá.
10Al necio no conviene la vida de lujo;
Mucho menos a un siervo gobernar a los príncipes.
11La discreción del hombre le hace lento para la ira,
Y su gloria es pasar por alto una ofensa.
12Como rugido de león es la ira del rey,
Y su favor como rocío sobre la hierba.
13El hijo necio es ruina de su padre,
Y gotera constante las contiendas de una esposa.
14Casa y riqueza son herencia de los padres,
Pero la mujer prudente viene del Señor.
15La pereza hace caer en profundo sueño,
Y el alma ociosa sufrirá hambre.
16El que guarda el mandamiento guarda su alma,
Pero el que desprecia sus caminos morirá.
17El que se apiada del pobre presta al Señor,
Y Él lo recompensará por su buena obra.
18Disciplina a tu hijo mientras hay esperanza,
Pero no desee tu alma causarle la muerte.
19El hombre de gran ira llevará el castigo,
Porque si tú lo rescatas, tendrás que hacerlo de nuevo.
20Escucha el consejo y acepta la corrección,
Para que seas sabio el resto de tus días.
21Muchos son los planes en el corazón del hombre,
Mas el consejo del Señor permanecerá.
22Lo que es deseable en un hombre es su bondad,
Y es mejor ser pobre que mentiroso.
23El temor del Señor conduce a la vida,
Para poder dormir satisfecho, sin ser tocado por el mal.
24El perezoso mete su mano en el plato,
Y ni aun a su boca la llevará.
25Golpea al insolente y el ingenuo se volverá astuto,
Pero reprende al que tiene inteligencia y ganará en conocimiento.
26El que asalta a su padre y echa fuera a su madre
Es un hijo que trae vergüenza y desgracia.
27Cesa, hijo mío, de escuchar la instrucción,
Y te desviarás de las palabras de sabiduría.
28El testigo perverso se burla de la justicia,
Y la boca de los impíos esparce iniquidad.
29Los juicios están preparados para los insolentes,
Y los azotes para la espalda de los necios.

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