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Día 86 de 365 · 27 de marzo

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Deuteronomio 18

1»Los sacerdotes levitas, toda la tribu de Leví, no tendrán porción ni heredad con el resto de Israel. Ellos comerán de las ofrendas encendidas al Señor y de Su porción. 2No tendrán heredad entre sus hermanos; el Señor es su heredad, como les ha prometido.
3»Este será el derecho de los sacerdotes de parte del pueblo, de los que ofrecen como sacrificio buey u oveja: darán para el sacerdote la espaldilla, las quijadas y el cuajar. 4Le darás las primicias de tu grano, de tu vino nuevo, de tu aceite y del primer esquileo de tus ovejas. 5Porque el Señor tu Dios lo ha escogido, a él y a sus hijos de entre todas tus tribus, para que esté allí y sirva en el nombre del Señor, para siempre.
6»Y si un levita sale de alguna de tus ciudades, de cualquier parte de Israel en que resida, y llega con todo el deseo de su alma al lugar que el Señor escoja, 7él ministrará en el nombre del Señor su Dios, como todos sus hermanos levitas que están allí delante del Señor. 8Comerán porciones iguales, excepto lo que reciban de la venta de sus patrimonios.
9»Cuando entres en la tierra que el Señor tu Dios te da, no aprenderás a hacer las cosas abominables de esas naciones. 10No sea hallado en ti nadie que haga pasar a su hijo o a su hija por el fuego, ni quien practique adivinación, ni hechicería, o que sea agorero, o hechicero, 11o encantador, o adivino, o espiritista, ni quien consulte a los muertos. 12Porque cualquiera que hace estas cosas es abominable al Señor; y por causa de estas abominaciones el Señor tu Dios expulsará a esas naciones de delante de ti. 13Serás intachable delante del Señor tu Dios.
14»Porque esas naciones que vas a desalojar escuchan a los que practican hechicería y a los adivinos, pero a ti el Señor tu Dios no te lo ha permitido. 15Un profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levantará el Señor tu Dios; a él oirán. 16Esto es conforme a todo lo que pediste al Señor tu Dios en Horeb el día de la asamblea, diciendo: “No vuelva yo a oír la voz del Señor mi Dios, no vuelva a ver este gran fuego, no sea que muera”. 17Y el Señor me dijo: “Bien han hablado en lo que han dicho. 18Un profeta como tú levantaré de entre sus hermanos, y pondré Mis palabras en su boca, y él les hablará todo lo que Yo le mande. 19Y sucederá que a cualquiera que no oiga Mis palabras que él ha de hablar en Mi nombre, Yo mismo le pediré cuenta. 20Pero el profeta que hable con orgullo en Mi nombre una palabra que Yo no le haya mandado hablar, o que hable en el nombre de otros dioses, ese profeta morirá”. 21Y si dices en tu corazón: “¿Cómo conoceremos la palabra que el Señor no ha hablado?”. 22Cuando un profeta hable en el nombre del Señor, si lo que fue dicho no acontece ni se cumple, esa es palabra que el Señorno ha hablado; con arrogancia la ha hablado el profeta; no tendrás temor de él.

Deuteronomio 19

1»Cuando el Señor tu Dios destruya las naciones cuya tierra el Señor tu Dios te da, y las desalojes y habites en sus ciudades y en sus casas, 2te reservarás tres ciudades en medio de tu tierra que el Señor tu Dios te da en posesión. 3Prepararás los caminos, y dividirás en tres partes el territorio de tu tierra que el Señor tu Dios te dé en posesión, para que huya allí todo el que haya matado a alguien.
4»Y este será el caso del que mató y que huye allí para vivir: cuando mate a su amigo sin querer, sin haberlo odiado anteriormente 5(como cuando un hombre va al bosque con su amigo para cortar leña, y su mano blande el hacha para cortar el árbol, y el hierro salta del mango y golpea a su amigo, y este muere), él puede huir a una de estas ciudades y vivir. 6No sea que el vengador de la sangre en el furor de su ira persiga al que lo mató, y lo alcance porque el camino es largo, y le quite la vida aunque él no merecía la muerte, porque no lo había odiado anteriormente.
7»Por tanto, te ordeno: “Reservarás para ti tres ciudades”. 8Si el Señor tu Dios ensancha tu territorio, como ha jurado a tus padres, y te da toda la tierra que ha prometido dar a tus padres 9(si guardas cuidadosamente todos estos mandamientos que te mando hoy, de amar al Señor tu Dios y de andar siempre en Sus caminos), entonces te añadirás tres ciudades más, además de estas tres. 10Así no se derramará sangre inocente en medio de tu tierra que el Señor tu Dios te da por heredad, y no seas culpable de derramar sangre.
11»Pero si hay un hombre que odia a su prójimo, y acechándolo, se levanta contra él, lo hiere y este muere, y después él huye a una de estas ciudades, 12entonces los ancianos de su ciudad enviarán a sacarlo de allí, y lo entregarán en mano del vengador de la sangre para que muera. 13No tendrás piedad de él; sino que limpiarás de Israel la sangre del inocente, para que te vaya bien.
14»No moverás los linderos de tu prójimo, fijados por los antepasados, en la herencia que recibirás en la tierra que el Señor tu Dios te da en posesión.
15»No se levantará un solo testigo contra un hombre por cualquier iniquidad o por cualquier pecado que haya cometido. El caso será confirmado por el testimonio de dos o tres testigos. 16Si un testigo falso se levanta contra un hombre para acusarlo de transgresión, 17los dos litigantes se presentarán delante del Señor, delante de los sacerdotes y de los jueces que haya en esos días. 18Y los jueces investigarán minuciosamente; y si el testigo es un testigo falso y ha acusado a su hermano falsamente, 19entonces ustedes le harán a él lo que él intentaba hacer a su hermano. Así quitarás el mal de en medio de ti. 20Los demás oirán y temerán, y nunca más volverán a hacer una maldad semejante en medio de ti. 21No tendráspiedad: vida por vida, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie.

Juan 18

1Después de decir esto, Jesús salió con Sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón, donde había un huerto en el cual entró Él con Sus discípulos. 2También Judas, el que lo iba a entregar, conocía el lugar porque Jesús se había reunido allí muchas veces con Sus discípulos. 3Entonces Judas, tomando la tropa romana, y a varios guardias de los principales sacerdotes y de los fariseos, fue* allá con linternas, antorchas y armas.
4Jesús, sabiendo todo lo que le iba a sobrevenir, salió y les dijo*: «¿A quién buscan?». 5«A Jesús el Nazareno», le respondieron. Él les dijo*: «Yo soy». Y Judas, el que lo entregaba, estaba con ellos. 6Y cuando Él les dijo: «Yo soy», retrocedieron y cayeron a tierra. 7Jesús entonces volvió a preguntarles: «¿A quién buscan?». «A Jesús el Nazareno», dijeron. 8Respondió Jesús: «Les he dicho que Yo soy; por tanto, si me buscan a Mí, dejen ir a estos».
9Así se cumplía la palabra que había dicho: «De los que me diste, no perdí ninguno». 10Entonces Simón Pedro, que tenía una espada, la sacó e hirió al siervo del sumo sacerdote, y le cortó la oreja derecha. El siervo se llamaba Malco. 11Jesús le dijo a Pedro: «Mete la espada en la vaina. La copa que el Padre me ha dado, ¿acaso no he de beberla?».
12Entonces la tropa romana, el comandante y los guardias de los judíos prendieron a Jesús, lo ataron, 13y lo llevaron primero ante Anás, porque era suegro de Caifás, que era sumo sacerdote ese año. 14Caifás era el que había aconsejado a los judíos que convenía que un hombre muriera por el pueblo.
15Simón Pedro seguía a Jesús, y también otro discípulo. Este discípulo era conocido del sumo sacerdote, y entró con Jesús al patio del sumo sacerdote, 16pero Pedro estaba afuera, a la puerta. Así que el otro discípulo, que era conocido del sumo sacerdote, salió y habló a la portera, e hizo entrar a Pedro. 17Entonces la criada que cuidaba la puerta dijo* a Pedro: «¿No eres tú también uno de los discípulos de este hombre?». «No lo soy», dijo* él.
18Los siervos y los guardias estaban de pie calentándose junto a unas brasas que habían encendido porque hacía frío. Pedro también estaba con ellos de pie, calentándose.
19Entonces el sumo sacerdote interrogó a Jesús acerca de Sus discípulos y de Sus enseñanzas. 20Jesús le respondió: «Yo he hablado al mundo públicamente; siempre enseñé en la sinagoga y en el templo, donde se reúnen todos los judíos, y nada he hablado en secreto. 21¿Por qué me preguntas a Mí? Pregúntales a los que han oído lo que hablé; estos saben lo que he dicho».
22Cuando dijo esto, uno de los guardias que estaba cerca, dio una bofetada a Jesús, diciendo: «¿Así respondes al sumo sacerdote?». 23Jesús le respondió: «Si he hablado mal, da testimonio de lo que he hablado mal; pero si hablé bien, ¿por qué me pegas?». 24Anás entonces lo envió atado a Caifás, el sumo sacerdote.
25Simón Pedro estaba de pie, calentándose, y le preguntaron: «¿No eres tú también uno de Sus discípulos?». «No lo soy», dijo Pedro, negándolo. 26Uno de los siervos del sumo sacerdote, que era pariente de aquel a quien Pedro le había cortado la oreja, dijo*: «¿No te vi yo en el huerto con Él?». 27Y Pedro lo negó otra vez, y al instante cantó un gallo.
28Entonces llevaron* a Jesús de casa de Caifás al Pretorio; era muy de mañana; y ellos no entraron al Pretorio para no contaminarse y poder comer la Pascua. 29Pilato, pues, salió afuera hacia ellos y dijo*: «¿Qué acusación traen contra este hombre?». 30Ellos respondieron: «Si este hombre no fuera malhechor, no se lo hubiéramos entregado».
31Entonces Pilato les dijo: «Se lo pueden llevar y juzgar conforme a su ley». «A nosotros no nos es permitido dar muerte a nadie», le dijeron los judíos. 32Esto sucedió para que se cumpliera la palabra que Jesús había hablado, dando a entender de qué clase de muerte iba a morir.
33Pilato volvió a entrar al Pretorio, y llamó a Jesús y le preguntó: «¿Eres Tú el Rey de los judíos?». 34Jesús respondió: «¿Esto lo dices por tu cuenta, o porque otros te lo han dicho de Mí?». 35Pilato contestó: «¿Acaso soy yo judío? Tu nación y los principales sacerdotes te entregaron a mí. ¿Qué has hecho?».
36Jesús le respondió: «Mi reino no es de este mundo. Si Mi reino fuera de este mundo, entonces Mis servidores pelearían para que Yo no fuera entregado a los judíos. Pero ahora Mi reino no es de aquí». 37«¿Así que Tú eres rey?», le dijo Pilato. «Tú dices que soy rey», respondió Jesús. «Para esto Yo he nacido y para esto he venido al mundo, para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha Mi voz».
38Pilato le preguntó*: «¿Qué es la verdad?».
Y habiendo dicho esto, salió otra vez adonde estaban los judíos y les dijo*: «Yo no encuentro ningún delito en Él. 39Pero es costumbre entre ustedes que les suelte a alguien durante la fiesta de la Pascua. ¿Quieren, pues, que les suelte al Rey de los judíos?». 40Entonces volvieron a gritar, diciendo: «No a Este, sino a Barrabás». Y Barrabás era un ladrón.

Salmo 86

Oración de David.
1Inclina, oh Señor, Tu oído y respóndeme,
Porque estoy afligido y necesitado.
2Guarda mi alma, pues soy piadoso;
Tú eres mi Dios; salva a Tu siervo que en Ti confía.
3Ten piedad de mí, oh Señor,
Porque a Ti clamo todo el día.
4Alegra el alma de Tu siervo,
Porque a Ti, oh Señor, elevo mi alma.
5Pues Tú, Señor, eres bueno y perdonador,
Abundante en misericordia para con todos los que te invocan.
6Escucha, oh Señor, mi oración,
Y atiende a la voz de mis súplicas.
7En el día de la angustia te invocaré,
Porque Tú me responderás.
8No hay nadie como Tú entre los dioses, oh Señor,
Ni hay obras como las Tuyas.
9Todas las naciones que Tú has hecho vendrán y adorarán delante de Ti, Señor,
Y glorificarán Tu nombre.
10Porque Tú eres grande y haces maravillas;
Solo Tú eres Dios.
11¶Enséñame, oh Señor, Tu camino;
Andaré en Tu verdad;
Unifica mi corazón para que tema Tu nombre.
12Te daré gracias, Señor mi Dios, con todo mi corazón,
Y glorificaré Tu nombre para siempre.
13Porque grande es Tu misericordia para conmigo,
Y has librado mi alma de las profundidades del Seol.
14¶Oh Dios, los arrogantes se han levantado contra mí,
Y una banda de violentos ha buscado mi vida,
Y no te han tenido en cuenta.
15Pero Tú, Señor, eres un Dios compasivo y lleno de piedad,
Lento para la ira y abundante en misericordia y fidelidad.
16Vuélvete hacia mí, y tenme piedad;
Da Tu poder a Tu siervo,
Y salva al hijo de Tu sierva.
17Muéstrame una señal de bondad,
Para que la vean los que me aborrecen y se avergüencen,
Porque Tú, oh Señor, me has ayudado y consolado.

Proverbios 24

1No tengas envidia de los malvados,
Ni desees estar con ellos;
2Porque su corazón trama violencia,
Y sus labios hablan de hacer mal.
3¶Con sabiduría se edifica una casa,
Y con prudencia se afianza;
4Con conocimiento se llenan las cámaras
De todo bien preciado y deseable.
5¶El hombre sabio es fuerte,
Y el hombre de conocimiento aumenta su poder.
6Porque con dirección sabia harás la guerra,
Y en la abundancia de consejeros está la victoria.
7¶Muy alta está la sabiduría para el necio,
En la puerta de la ciudad no abre su boca.
8¶Al que planea hacer el mal,
Lo llamarán intrigante.
9El tramar necedad es pecado,
Y el insolente es abominación a los hombres.
10¶Si eres débil en día de angustia,
Tu fuerza es limitada.
11¶Libra a los que son llevados a la muerte,
Y retén a los que van con pasos vacilantes a la matanza.
12Si dices: «Mira, no sabíamos esto».
¿No lo tiene en cuenta el que sondea los corazones?
¿No lo sabe el que guarda tu alma?
¿No dará a cada hombre según su obra?
13¶Come miel, hijo mío, porque es buena;
Sí, la miel del panal es dulce a tu paladar.
14Debes saber que así es la sabiduría para tu alma;
Si la hallas, entonces habrá un futuro,
Y tu esperanza no será cortada.
15¶No aceches, oh impío, la morada del justo;
No destruyas su lugar de descanso;
16Porque el justo cae siete veces, y vuelve a levantarse,
Pero los impíos caerán en la desgracia.
17¶No te regocijes cuando caiga tu enemigo,
Y no se alegre tu corazón cuando tropiece;
18No sea que el Señor lo vea y le desagrade,
Y aparte de él Su ira.
19¶No te impacientes a causa de los malhechores
Ni tengas envidia de los impíos;
20Porque no habrá futuro para el malo.
La lámpara de los impíos será apagada.
21¶Hijo mío, teme al Señor y al rey;
No te asocies con los que son inestables;
22Porque de repente se levantará su desgracia,
Y la destrucción que vendrá de ambos, ¿quién la sabe?
23¶También estos son dichos de los sabios:
«Hacer acepción de personas en el juicio no es bueno».
24Al que dice al impío: «Eres justo»,
Lo maldecirán los pueblos, lo aborrecerán las naciones;
25Pero los que lo reprenden tendrán felicidad,
Y sobre ellos vendrá abundante bendición.
26Besa los labios
El que da una respuesta correcta.
27¶Ordena tus labores de fuera
Y tenlas listas para ti en el campo,
Y después edifica tu casa.
28¶No seas, sin causa, testigo contra tu prójimo,
Y no engañes con tus labios.
29No digas: «Como él me ha hecho, así le haré;
Pagaré al hombre según su obra».
30¶He pasado junto al campo del perezoso
Y junto a la viña del hombre falto de entendimiento,
31Y vi que todo estaba lleno de cardos,
Su superficie cubierta de ortigas,
Y su cerca de piedras, derribada.
32Cuando lo vi, reflexioné sobre ello;
Miré, y recibí instrucción.
33«Un poco de dormir, otro poco de dormitar,
Otro poco de cruzar las manos para descansar»,
34Y llegará tu pobreza como ladrón,
Y tu necesidad como hombre armado.

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