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Día 88 de 365 · 29 de marzo

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Deuteronomio 22

1»No verás extraviado el buey de tu hermano, o su oveja, sin que te ocupes de ellos; sin falta los llevarás a tu hermano. 2Y si tu hermano no vive cerca de ti, o si no lo conoces, entonces lo traerás a tu casa, y estará contigo hasta que tu hermano lo busque; entonces se lo devolverás. 3Así harás con su asno, y lo mismo harás con su vestido; así harás igualmente con cualquier cosa que tu hermano haya perdido y que tú halles. No te es permitido ignorarlos. 4No verás el asno de tu hermano, o su buey, caído en el camino sin ocuparte de ellos; sin falta lo ayudarás a levantarlos.
5»La mujer no vestirá ropa de hombre, ni el hombre se pondrá ropa de mujer; porque cualquiera que hace esto es abominación al Señor tu Dios.
6»Si encuentras un nido de pájaros por el camino, en un árbol o en la tierra, con polluelos o con huevos, y la madre echada sobre los polluelos o sobre los huevos, no tomarás la madre con los hijos; 7sin falta dejarás ir a la madre, aunque a los hijos los puedes tomar para ti, para que te vaya bien y prolongues tus días.
8»Cuando edifiques casa nueva, le harás un muro a tu azotea, para que no traigas culpa de sangre sobre tu casa si alguien se cayera de ella.
9»No sembrarás tu viña con dos clases de semilla, no sea que todo el fruto de la semilla que hayas sembrado y el producto de la viña queden inservibles. 10No ararás con buey y asno juntos. 11No vestirás ropa de material mezclado de lana y lino.
12»Te harás borlas en las cuatro puntas del manto con que te cubras.
13»Si un hombre toma a una mujer y se llega a ella, y después la aborrece, 14y la acusa de actos vergonzosos y la denuncia públicamente y dice: “Tomé a esta mujer, pero al llegarme a ella no la encontré virgen”, 15entonces el padre y la madre de la joven tomarán las pruebas de la virginidad de la joven y las llevarán a los ancianos de la ciudad, a la puerta. 16Y el padre de la joven dirá a los ancianos: “Yo di mi hija por mujer a este hombre, pero él la aborreció; 17ahora él le atribuye actos vergonzosos, diciendo: ‘No encontré virgen a tu hija’. Pero esta es la prueba de la virginidad de mi hija”. Y extenderán la ropa delante de los ancianos de la ciudad.
18»Entonces los ancianos de la ciudad tomarán al hombre y lo castigarán; 19le pondrán una multa de 100 siclos (1.14 kilos) de plata, que darán al padre de la joven, porque denunció públicamente a una virgen de Israel. Y ella seguirá siendo su mujer; no podrá despedirla en todos sus días. 20Pero si el asunto es verdad, que la joven no fue hallada virgen, 21entonces llevarán a la joven a la puerta de la casa de su padre, y los hombres de su ciudad la apedrearán hasta que muera, porque ella ha cometido una terrible ofensa en Israel prostituyéndose en la casa de su padre. Así quitarás el mal de en medio de ti.
22»Si se encuentra a un hombre acostado con una mujer casada, los dos morirán, el hombre que se acostó con la mujer, y la mujer. Así quitarás el mal de Israel.
23»Si hay una joven virgen que está comprometida a un hombre, y otro hombre la encuentra en la ciudad y se acuesta con ella, 24entonces ustedes llevarán a los dos a la puerta de esa ciudad y los apedrearán hasta que mueran; la joven, porque no dio voces en la ciudad, y el hombre, porque ha violado a la mujer de su prójimo; así quitarás el mal de en medio de ti.
25»Pero si el hombre encuentra en el campo a la joven que está comprometida, y el hombre la fuerza y se acuesta con ella; entonces morirá solo el que se acuesta con ella. 26No harás nada a la joven; no hay en la joven pecado digno de muerte, porque como cuando un hombre se levanta contra su vecino y lo mata, así es este caso. 27Cuando él la encontró en el campo, la joven comprometida dio voces, pero no había nadie que la salvara.
28»Si un hombre encuentra a una joven virgen que no está comprometida, y se apodera de ella y se acuesta con ella, y son descubiertos, 29entonces el hombre que se acostó con ella dará cincuenta siclos de plata al padre de la joven, y ella será su mujer porque la ha violado. No podrá despedirla en todos sus días.
30»Ninguno tomará a la mujer de su padre para que no descubra lo que esde su padre.

Deuteronomio 23

1»Ninguno que haya sido castrado o que tenga cortado su miembro viril entrará en la asamblea del Señor. 2Ningún bastardo entrará en la asamblea del Señor, ninguno de sus descendientes, aun hasta la décima generación, entrará en la asamblea del Señor. 3Ningún amonita ni moabita entrará en la asamblea del Señor; ninguno de sus descendientes, aun hasta la décima generación, entrará jamás en la asamblea del Señor, 4porque no fueron al encuentro de ustedes con pan y agua en el camino cuando salieron de Egipto, y porque alquilaron contra ti a Balaam, hijo de Beor, de Petor en Mesopotamia, para maldecirte. 5Pero el Señor tu Dios no quiso escuchar a Balaam, sino que el Señor tu Dios te cambió la maldición en bendición, porque el Señor tu Dios te ama. 6Nunca procurarás la paz ni la prosperidad de ellos en todos tus días.
7»No aborrecerás al edomita, porque es tu hermano; no aborrecerás al egipcio, porque fuiste extranjero en su tierra. 8Los hijos de la tercera generación que les nazcan podrán entrar en la asamblea del Señor.
9»Cuando salgas como ejército contra tus enemigos, te guardarás de toda cosa impura. 10Si hay en medio de ti un hombre inmundo a causa de una emisión nocturna, debe salir fuera del campamento; no volverá a entrar al campamento. 11Pero al llegar la tarde se bañará con agua, y cuando se ponga el sol, podrá entrar de nuevo al campamento. 12Tendrás también un lugar fuera del campamento y saldrás allí; 13y entre tus herramientas tendrás una pala, y cuando te sientes allá fuera, cavarás con ella, y te darás vuelta para cubrir tu excremento. 14Porque el Señor tu Dios anda en medio de tu campamento para librarte y para derrotar a tus enemigos de delante de ti, por tanto, tu campamento debe ser santo; y Él no debe ver nada indecente en medio de ti, no sea que se aparte de ti.
15»No entregarás a su amo un esclavo que venga a ti huyendo de su señor. 16Contigo habitará en medio de ti, en el lugar que él escoja en una de tus ciudades donde le parezca bien; no lo maltratarás.
17»Ninguna mujer de Israel será ramera de culto pagano; tampoco ninguno de los israelitas será sodomita de culto pagano. 18No traerás la paga de una ramera ni el sueldo de un perro a la casa del Señor tu Dios para cualquier ofrenda votiva, porque los dos son abominación para el Señor tu Dios. 19No cobrarás interés a tu hermano: interés sobre dinero, alimento, o cualquier cosa que pueda ser prestado a interés. 20Podrás cobrar interés a un extranjero, pero a tu hermano no le cobrarás interés a fin de que el Señor tu Dios te bendiga en todo lo que emprendas en la tierra que vas a entrar para poseerla.
21»Cuando hagas un voto al Señor tu Dios, no tardarás en pagarlo, porque el Señor tu Dios ciertamente te lo reclamará, y sería pecado en ti si no lo cumples. 22Sin embargo, si te abstienes de hacer un voto, no sería pecado en ti. 23Lo que salga de tus labios, cuidarás de cumplirlo, tal como voluntariamente has hecho voto al Señor tu Dios, lo cual has prometido con tu boca.
24»Cuando entres en la viña de tu prójimo, podrás comer las uvas que desees hasta saciarte, pero no pondrás ninguna en tu cesto. 25Cuando entres en la cosecha de tu prójimo, entonces podrás arrancar espigas con tu mano, pero no meterás la hoz a la cosecha de tu prójimo.

Juan 20

1El primer día de la semana María Magdalena fue* temprano al sepulcro, cuando todavía estaba* oscuro, y vio* que la piedra ya había sido quitada del sepulcro. 2Entonces corrió* y fue* adonde estaban Simón Pedro y el otro discípulo a quien Jesús amaba, y les dijo*: «Se han llevado al Señor del sepulcro, y no sabemos dónde lo han puesto».
3Salieron, pues, Pedro y el otro discípulo, y fueron hacia el sepulcro. 4Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corrió más aprisa que Pedro, y llegó primero al sepulcro; 5e inclinándose para mirar adentro, vio* las envolturas de lino puestas allí, pero no entró.
6Entonces llegó* también Simón Pedro tras él, entró al sepulcro, y vio* las envolturas de lino puestas allí, 7y el sudario que había estado sobre la cabeza de Jesús, no puesto con las envolturas de lino, sino enrollado en un lugar aparte. 8También entró el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro, y vio y creyó. 9Porque todavía no habían entendido la Escritura de que Jesús debía resucitar de entre los muertos. 10Los discípulos entonces se fueron de nuevo a sus casas.
11Pero María estaba fuera, llorando junto al sepulcro; y mientras lloraba, se inclinó y miró dentro del sepulcro; 12y vio* dos ángeles vestidos de blanco, sentados donde había estado el cuerpo de Jesús, uno a la cabecera y otro a los pies. 13«Mujer, ¿por qué lloras?», le preguntaron*. «Porque se han llevado a mi Señor, y no sé dónde lo han puesto», les contestó* ella.
14Al decir esto, se volvió y vio* a Jesús que estaba allí, pero no sabía que era Jesús. 15«Mujer, ¿por qué lloras?», le dijo* Jesús. «¿A quién buscas?». Ella, pensando que era el que cuidaba el huerto, le dijo*: «Señor, si usted lo ha llevado, dígame dónde lo ha puesto, y yo me lo llevaré». 16«¡María!», le dijo* Jesús. Ella, volviéndose, le dijo* en hebreo: «¡Raboní!» (que quiere decir Maestro).
17Jesús le dijo*: «Suéltame porque todavía no he subido al Padre; pero ve a Mis hermanos, y diles: “Subo a Mi Padre y Padre de ustedes, a Mi Dios y Dios de ustedes” ». 18María Magdalena fue* y anunció a los discípulos: «¡He visto al Señor!», y que Él le había dicho estas cosas.
19Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, y estando cerradas las puertas del lugar donde los discípulos se encontraban por miedo a los judíos, Jesús vino y se puso en medio de ellos, y les dijo*: «Paz a ustedes». 20Y diciendo esto, les mostró las manos y el costado. Entonces los discípulos se regocijaron al ver al Señor. 21Jesús les dijo otra vez: «Paz a ustedes; como el Padre me ha enviado, así también Yo los envío».
22Después de decir esto, sopló sobre ellos y les dijo*: «Reciban el Espíritu Santo. 23A quienes perdonen los pecados, estos les son perdonados; a quienes retengan los pecados, estos les son retenidos».
24Tomás, uno de los doce, llamado el Dídimo, no estaba con ellos cuando Jesús vino. 25Entonces los otros discípulos le decían: «¡Hemos visto al Señor!». Pero él les dijo: «Si no veo en Sus manos la señal de los clavos, y meto el dedo en el lugar de los clavos, y pongo la mano en Su costado, no creeré».
26Ocho días después, Sus discípulos estaban otra vez dentro, y Tomás con ellos. Estando las puertas cerradas, Jesús vino* y se puso en medio de ellos, y dijo: «Paz a ustedes». 27Luego dijo* a Tomás: «Acerca aquí tu dedo, y mira Mis manos; extiende aquí tu mano y métela en Mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente». 28«¡Señor mío y Dios mío!», le dijo Tomás. 29Jesús le dijo*: «¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que no vieron, y sin embargo creyeron».
30Y muchas otras señales hizo también Jesús en presencia de Sus discípulos, que no están escritas en este libro; 31pero estas se han escrito para que ustedes crean que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios; y para que al creer, tengan vida en Su nombre.

Salmo 88

Cántico. Salmo de los hijos de Coré. Para el director del coro; sobre Mahalat Leannot. Masquil de Hemán el ezraíta.
1Oh Señor, Dios de mi salvación,
De día y de noche he clamado delante de Ti.
2Llegue mi oración a Tu presencia;
Inclina Tu oído a mi clamor.
3Porque mi alma está llena de males,
Y mi vida se ha acercado al Seol.
4Soy contado entre los que descienden a la fosa;
He llegado a ser como hombre sin fuerza,
5Abandonado entre los muertos;
Como los caídos a espada que yacen en el sepulcro,
De quienes ya no te acuerdas,
Y que han sido arrancados de Tu mano.
6Me has puesto en la fosa más profunda,
En lugares tenebrosos, en las profundidades.
7Ha reposado sobre mí Tu furor,
Y me has afligido con todas Tus olas. (Selah)
8¶Has alejado de mí mis amistades,
Me has hecho objeto de repugnancia para ellos;
Encerrado estoy y no puedo salir.
9Han languidecido mis ojos a causa de la aflicción;
Oh Señor, cada día te he invocado,
He extendido mis manos hacia Ti.
10¶¿Harás maravillas a los muertos?
¿Se levantarán los muertos y te alabarán? (Selah)
11¿Se hablará de Tu misericordia en el sepulcro,
Y de Tu fidelidad en el Abadón?
12¿Se darán a conocer Tus maravillas en las tinieblas,
Y Tu justicia en la tierra del olvido?
13¶Pero yo, a Ti pido auxilio, Señor,
Y mi oración llega ante Ti por la mañana.
14¿Por qué, Señor, rechazas mi alma?
¿Por qué escondes de mí Tu rostro?
15He estado afligido y a punto de morir desde mi juventud;
Sufro Tus terrores, estoy abatido.
16Sobre mí ha pasado Tu ardiente ira;
Tus terrores me han destruido.
17Me han rodeado como aguas todo el día;
A una me han cercado.
18Has alejado de mí al compañero y al amigo;
Mis conocidos están en tinieblas.

Proverbios 26

1Como nieve en el verano y como lluvia en la siega,
Así la honra no es apropiada para el necio.
2Como el gorrión en su vagar y la golondrina en su vuelo,
Así la maldición no viene sin causa.
3El látigo es para el caballo, la brida para el asno,
Y la vara para la espalda de los necios.
4No respondas al necio de acuerdo con su necedad,
Para que no seas tú también como él.
5Responde al necio según su necedad se merece,
Para que no sea sabio ante sus propios ojos.
6Se corta los pies y bebe violencia
El que envía recado por mano de un necio.
7 Como las piernas que penden del lisiado,
Así es el proverbio en boca de los necios.
8Como el que ata la piedra a la honda,
Así es el que da honor al necio.
9 Como espina que se clava en la mano de un borracho,
Así es el proverbio en boca de los necios.
10 Como arquero que a todos hiere,
Así es el que toma a sueldo al necio o a los que pasan.
11Como perro que vuelve a su vómito
Es el necio que repite su necedad.
12¿Has visto a un hombre que se tiene por sabio?
Más esperanza hay para el necio que para él.
13El perezoso dice: «Hay un león en el camino;
Hay un león en medio de la plaza».
14 Como la puerta gira sobre sus goznes,
Así da vueltas el perezoso en su cama.
15El perezoso mete la mano en el plato,
Pero se fatiga de llevársela a la boca.
16El perezoso es más sabio ante sus propios ojos
Que siete que den una respuesta discreta.
17 Como el que toma un perro por las orejas,
Así es el que pasa y se entremete en pleito que no es suyo.
18Como el enloquecido que lanza
Teas encendidas, flechas y muerte,
19Así es el hombre que engaña a su prójimo,
Y dice: «¿Acaso no estaba yo bromeando?».
20Por falta de leña se apaga el fuego,
Y donde no hay chismoso, se calma la discusión.
21 Como carbón para las brasas y leña para el fuego,
Así es el hombre rencilloso para encender pleitos.
22Las palabras del chismoso son como bocados deliciosos,
Y penetran hasta el fondo de las entrañas.
23 Como vasija de barro revestida de escoria de plata,
Así son los labios ardientes y el corazón perverso.
24El que odia, disimula con sus labios,
Pero en su corazón acumula engaño.
25Cuando su voz sea agradable, no lo creas,
Pues hay siete abominaciones en su corazón.
26 Aunque su odio se cubra con engaño,
Su perversidad será descubierta en la asamblea.
27El que cava un hoyo caerá en él,
Y el que hace rodar una piedra, sobre él volverá.
28La lengua mentirosa odia a los que oprime,
Y la boca lisonjera causa ruina.

Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © The Lockman Foundation — cortesía de YouVersion.

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