DEVOCIONAL

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Día 89 de 365 · 30 de marzo

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Deuteronomio 24

1»Cuando alguien toma una mujer y se casa con ella, si sucede que no le es agradable porque ha encontrado algo reprochable en ella, y le escribe certificado de divorcio, lo pone en su mano y la despide de su casa, 2y ella sale de su casa y llega a ser mujer de otro hombre; 3si el segundo marido la aborrece y le escribe certificado de divorcio, lo pone en su mano y la despide de su casa, o si muere este último marido que la tomó para ser su mujer, 4al primer marido que la despidió no le es permitido tomarla nuevamente como mujer, porque ha sido despreciada; pues eso es abominación ante el Señor. No traerás pecado sobre la tierra que el Señor tu Dios te da por heredad.
5»Cuando un hombre es recién casado, no saldrá con el ejército ni se le impondrá ningún deber; quedará libre en su casa por un año para hacer feliz a la mujer que ha tomado.
6»Ninguno tomará en prenda el molino de mano ni la muela del molino, porque sería tomar en prenda la vida del hombre.
7»Si se encuentra a un hombre que haya secuestrado a alguien de sus hermanos de los israelitas, y lo haya tratado con violencia, o lo haya vendido, entonces ese ladrón morirá. Así quitarás el mal de en medio de ti.
8»Cuídate de una infección de lepra, para que observes diligentemente y hagas conforme a todo lo que los sacerdotes levitas les enseñen. Como les he ordenado, así cuidarán de hacer. 9Recuerda lo que el Señor tu Dios hizo a Miriam en el camino, cuando ustedes salían de Egipto.
10»Cuando prestes cualquier cosa a tu prójimo, no entrarás en su casa para tomar su prenda. 11Tú te quedarás afuera, y el hombre a quien hiciste el préstamo te traerá la prenda. 12Si él es un hombre pobre, no te acostarás reteniendo aún su prenda. 13Al ponerse el sol, sin falta le devolverás la prenda para que se acueste con su ropa, y te bendiga; y te será justicia delante del Señor tu Dios.
14»No oprimirás al jornalero pobre y necesitado, ya sea uno de tus conciudadanos o uno de los extranjeros que habita en tu tierra y en tus ciudades. 15En su día le darás su jornal antes de la puesta del sol, porque es pobre y ha puesto su corazón en él; para que él no clame contra ti al Señor, y llegue a ser pecado en ti.
16»Los padres no morirán por sus hijos, ni los hijos morirán por sus padres; cada uno morirá por su propio pecado.
17»No pervertirás la justicia debida al extranjero ni al huérfano, ni tomarás en prenda la ropa de la viuda, 18sino que recordarás que fuiste esclavo en Egipto y que el Señor tu Dios te rescató de allí; por tanto, yo te mando que hagas esto.
19»Cuando siegues tu cosecha en tu campo y olvides alguna gavilla en el campo, no regresarás a recogerla; será para el extranjero, para el huérfano y para la viuda, para que el Señor tu Dios te bendiga en toda obra de tus manos. 20Cuando sacudas tus olivos, no recorrerás las ramas que hayas dejado tras de ti, serán para el extranjero, para el huérfano y para la viuda. 21Cuando vendimies tu viña, no la repasarás; será para el extranjero, para el huérfano y para la viuda. 22Recordarás que tú fuiste esclavo en la tierra de Egipto; por tanto, yo te mando que hagas estas cosas.

Deuteronomio 25

1»Si hay pleito entre dos hombres y van a la corte, y los jueces deciden el caso, y absuelven al justo y condenan al culpable, 2y si el culpable merece ser azotado, entonces el juez le hará tenderse, y será azotado en su presencia con el número de azotes de acuerdo con su culpa. 3Puede darle cuarenta azotes, pero no más, no sea que le dé muchos más azotes que estos, y tu hermano quede degradado ante tus ojos.
4»No pondrás bozal al buey mientras trilla.
5»Cuando dos hermanos habitan juntos y uno de ellos muere y no tiene hijo, la mujer del fallecido no se casará fuera de la familia con un extraño. El cuñado se allegará a ella y la tomará para sí como mujer, y cumplirá con ella su deber de cuñado. 6Y será que el primogénito que ella dé a luz llevará el nombre de su hermano difunto, para que su nombre no sea borrado de Israel. 7Pero si el hombre no quiere tomar a su cuñada, entonces su cuñada irá a la puerta, a los ancianos, y dirá: “Mi cuñado se niega a establecer un nombre para su hermano en Israel; no quiere cumplir para conmigo su deber de cuñado”. 8Entonces los ancianos de su ciudad lo llamarán y le hablarán. Y si él persiste y dice: “No deseo tomarla”, 9entonces su cuñada vendrá a él a la vista de los ancianos, le quitará la sandalia de su pie y le escupirá en la cara; y ella declarará: “Así se hace al hombre que no quiere edificar la casa de su hermano”. 10Y en Israel se le llamará: “La casa del de la sandalia quitada”.
11»Si dos hombres luchan entre sí, un hombre y su conciudadano, y la mujer de uno se acerca para librar a su marido de la mano del que lo golpea, y ella extiende su mano y le agarra sus partes vergonzosas, 12entonces le cortarás su mano; no tendrás piedad.
13»No tendrás en tu bolsa pesas diferentes, una grande y una pequeña. 14No tendrás en tu casa medidas diferentes, una grande y una pequeña. 15Tendrás peso completo y justo; tendrás medida completa y justa, para que se prolonguen tus días en la tierra que el Señor tu Dios te da. 16Porque todo el que hace estas cosas, todo el que comete injusticia, es abominación para el Señor tu Dios.
17»Acuérdate de lo que te hizo Amalec en el camino cuando saliste de Egipto, 18cómo te salió al encuentro en el camino, y atacó entre los tuyos a todos los agotados en tu retaguardia cuando tú estabas fatigado y cansado; y él no temió a Dios. 19Por tanto, cuando el Señor tu Dios te haya dado descanso de todos tus enemigos alrededor, en la tierra que el Señortu Dios te da en heredad para poseerla, borrarás de debajo del cielo la memoria de Amalec; no lo olvides.

Juan 21

1Después de esto, Jesús se manifestó otra vez a los discípulos junto al mar de Tiberias, y se manifestó de esta manera: 2Estaban juntos Simón Pedro, Tomás llamado el Dídimo, Natanael de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeo y otros dos de Sus discípulos. 3«Me voy a pescar», les dijo* Simón Pedro. «Nosotros también vamos contigo», le dijeron* ellos. Fueron y entraron en la barca, y aquella noche no pescaron nada.
4Cuando ya amanecía, Jesús estaba en la playa; pero los discípulos no sabían que era Jesús. 5Jesús les dijo*: «Hijos, ¿acaso tienen algún pescado?». «No», respondieron ellos. 6Y Él les dijo: «Echen la red al lado derecho de la barca y hallarán pesca». Entonces la echaron, y no podían sacarla por la gran cantidad de peces.
7Entonces aquel discípulo a quien Jesús amaba, dijo* a Pedro: «¡Es el Señor!». Oyendo Simón Pedro que era el Señor, se puso la ropa, porque se la había quitado para poder trabajar, y se echó al mar. 8Pero los otros discípulos vinieron en la barca, porque no estaban lejos de tierra, sino a unos 100 metros, arrastrando la red llena de peces. 9Cuando bajaron a tierra, vieron* brasas ya puestas y un pescado colocado sobre ellas, y pan. 10Jesús les dijo*: «Traigan algunos de los peces que acaban de sacar».
11Simón Pedro subió a la barca, y sacó la red a tierra, llena de peces grandes, 153 en total; y aunque había tantos, la red no se rompió. 12Jesús les dijo*: «Vengan y desayunen». Ninguno de los discípulos se atrevió a preguntarle: «¿Quién eres Tú?», sabiendo que era el Señor. 13Jesús vino*, tomó* el pan y se lo dio*; y lo mismo hizo con el pescado. 14Esta fue la tercera vez que Jesús se manifestó a los discípulos, después de haber resucitado de entre los muertos.
15Cuando acabaron de desayunar, Jesús dijo* a Simón Pedro: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos?». «Sí, Señor, Tú sabes que te quiero», le contestó* Pedro. Jesús le dijo*: «Apacienta Mis corderos».
16Volvió a decirle por segunda vez: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas?». «Sí, Señor, Tú sabes que te quiero», le contestó* Pedro. Jesús le dijo*: «Pastorea Mis ovejas».
17Jesús le dijo por tercera vez: «Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?». Pedro se entristeció porque la tercera vez le dijo: «¿Me quieres?». Y le respondió: «Señor, Tú lo sabes todo; Tú sabes que te quiero». «Apacienta Mis ovejas», le dijo* Jesús. 18«En verdad te digo, que cuando eras más joven te vestías y andabas por donde querías; pero cuando seas viejo extenderás las manos y otro te vestirá, y te llevará adonde no quieras».
19Esto dijo, dando a entender la clase de muerte con que Pedro glorificaría a Dios. Y habiendo dicho esto, le dijo*: «Sígueme». 20Pedro, volviéndose, vio* que les seguía el discípulo a quien Jesús amaba, el que en la cena se había recostado sobre el pecho de Jesús y le había preguntado: «Señor, ¿quién es el que te va a entregar?». 21Entonces Pedro, al verlo, dijo* a Jesús: «Señor, ¿y este, qué?». 22Jesús le dijo*: «Si Yo quiero que él se quede hasta que Yo venga, ¿a ti, qué? Tú, sígueme».
23Por eso el dicho se propagó entre los hermanos que aquel discípulo no moriría. Pero Jesús no le dijo que no moriría, sino: «Si Yo quiero que se quede hasta que Yo venga, ¿a ti, qué?».
24Este es el discípulo que da testimonio de estas cosas y el que escribió esto, y sabemos que su testimonio es verdadero.
25Y hay también muchas otras cosas que Jesús hizo, que si se escribieran* en detalle, pienso que ni aun el mundo mismo podría* contener los libros que se escribirían*.

Salmo 89

Masquil de Etán el ezraíta.
1Por siempre cantaré de las misericordias del Señor;
Con mi boca daré a conocer Tu fidelidad a todas las generaciones.
2Porque dije: «Para siempre será edificada la misericordia;
En los cielos mismos establecerás Tu fidelidad».
3«Yo he hecho un pacto con Mi escogido,
He jurado a David Mi siervo:
4Estableceré tu descendencia para siempre,
Y edificaré tu trono por todas las generaciones». (Selah)
5¶Los cielos alabarán Tus maravillas, Señor,
Y también Tu fidelidad en la asamblea de los santos.
6Porque, ¿quién en el firmamento se puede comparar al Señor?
¿Quién entre los hijos de los poderosos es como el Señor,
7Dios muy temido en el consejo de los santos,
E imponente sobre todos los que están en Su derredor?
8Oh Señor, Dios de los ejércitos, ¿quién como Tú, poderoso Señor?
Tu fidelidad también te rodea.
9Tú dominas la soberbia del mar;
Cuando sus olas se levantan, Tú las calmas.
10Tú aplastaste a Egipto como a uno herido de muerte;
Esparciste a Tus enemigos con Tu brazo poderoso.
11¶Tuyos son los cielos, Tuya también la tierra;
El mundo y todo lo que en él hay, Tú lo fundaste.
12El norte y el sur, Tú los creaste;
El Tabor y el Hermón aclamarán con gozo a Tu nombre.
13Tú tienes un brazo fuerte;
Tu mano es poderosa, Tu diestra es exaltada.
14La justicia y el derecho son el fundamento de Tu trono;
La misericordia y la verdad van delante de Ti.
15¡Cuán bienaventurado es el pueblo que sabe lo que es la voz de júbilo!
Andan, Señor, a la luz de Tu rostro.
16En Tu nombre se regocijan todo el día,
Y por Tu justicia son enaltecidos.
17Porque Tú eres la gloria de su potencia,
Y por Tu gracia es exaltado nuestro poder.
18Pues del Señor es nuestro escudo,
Y del Santo de Israel nuestro rey.
19¶Una vez hablaste en visión a Tus santos,
Y dijiste: «He ayudado a un poderoso;
He exaltado a uno escogido de entre el pueblo.
20-»He hallado a David Mi siervo;
Lo he ungido con Mi óleo santo,
21Y con él estará siempre Mi mano;
Mi brazo también lo fortalecerá.
22-»No lo engañará el enemigo,
Ni lo afligirá el hijo de maldad,
23-»Sino que Yo aplastaré a sus adversarios delante de él,
Y heriré a los que lo aborrecen.
24-»Con él estarán Mi fidelidad y Mi misericordia,
Y en Mi nombre será exaltado su poder.
25-»Pondré también su mano sobre el mar
Y su diestra sobre los ríos.
26-»Él clamará a Mí: “Mi Padre eres Tú,
Mi Dios y la roca de mi salvación”.
27-»Yo también lo haré Mi primogénito,
El más excelso de los reyes de la tierra.
28-»Para siempre conservaré Mi misericordia hacia él,
Y Mi pacto le será confirmado.
29-»Así estableceré su descendencia para siempre
Y su trono como los días de los cielos.
30¶»Si sus hijos abandonan Mi ley
Y no andan en Mis juicios,
31Si violan Mis estatutos
Y no guardan Mis mandamientos,
32Entonces castigaré con vara su transgresión
Y con azotes su iniquidad.
33-»Pero no quitaré de él Mi misericordia,
Ni obraré falsamente en Mi fidelidad.
34-»No quebrantaré Mi pacto,
Ni cambiaré la palabra de Mis labios.
35-»Una vez he jurado por Mi santidad;
No mentiré a David.
36-»Su descendencia será para siempre,
Y su trono como el sol delante de Mí.
37-»Será establecido para siempre como la luna,
Fiel testigo en el cielo». (Selah)
38¶Pero Tú lo has rechazado y desechado,
Contra Tu ungido te has enfurecido.
39Has despreciado el pacto de Tu siervo;
Has profanado su corona echándola por tierra.
40Has derribado todos sus muros;
Has convertido en ruinas sus fortalezas.
41Todos los que pasan por el camino lo saquean;
Ha venido a ser una afrenta para sus vecinos.
42Tú has exaltado la diestra de sus adversarios;
Has hecho que se regocijen todos sus enemigos.
43Has retirado también el filo de su espada,
Y no le has hecho estar firme en la batalla.
44Has hecho cesar su esplendor,
Y has echado por tierra su trono.
45Has acortado los días de su juventud;
Lo has cubierto de ignominia. (Selah)
46¶¿Hasta cuándo, Señor?
¿Te esconderás para siempre?
¿Arderá como el fuego Tu furor?
47Recuerda cuán breve es mi vida;
¡Con qué propósito vano has creado a todos los hijos de los hombres!
48¿Qué hombre podrá vivir y no ver la muerte?
¿Podrá librar su alma del poder del Seol? (Selah)
49¶¿Dónde están, Señor, Tus misericordias de antes,
Que en Tu fidelidad juraste a David?
50Recuerda, Señor, el oprobio de Tus siervos;
Cómo llevo dentro de mí el oprobio de muchos pueblos,
51Con el cual Tus enemigos, oh Señor, han injuriado,
Con el cual han injuriado los pasos de Tu ungido.
52¶¡Bendito sea el Señor para siempre!
Amén y amén.

Proverbios 27

1No te gloríes del día de mañana,
Porque no sabes qué traerá el día.
2Que te alabe el extraño, y no tu boca;
El extranjero, y no tus labios.
3Pesada es la piedra y pesada la arena,
Pero la provocación del necio es más pesada que ambas.
4Cruel es el furor e inundación la ira;
Pero ¿quién se mantendrá ante los celos?
5Mejor es la reprensión franca
Que el amor encubierto.
6Fieles son las heridas del amigo,
Pero engañosos los besos del enemigo.
7El hombre saciado aborrece la miel,
Pero para el hombre hambriento todo lo amargo le es dulce.
8Como pájaro que vaga lejos de su nido,
Así es el hombre que vaga lejos de su hogar.
9El ungüento y el perfume alegran el corazón,
Y dulce para su amigo es el consejo del hombre.
10No abandones a tu amigo ni al amigo de tu padre,
Ni vayas a la casa de tu hermano el día de tu infortunio.
Mejor es un vecino cerca que un hermano lejos.
11Sé sabio, hijo mío, y alegra mi corazón,
Para que yo responda al que me afrenta.
12El hombre prudente ve el mal y se esconde,
Los simples siguen adelante y pagan las consecuencias.
13Tómale la ropa al que sale fiador del extraño;
Y tómale prenda por la mujer desconocida.
14Al que muy de mañana bendice a su amigo en alta voz,
Le será contado como una maldición.
15Gotera constante en día de lluvia
Y mujer rencillosa, son semejantes;
16El que trata de contenerla, es como refrenar al viento
Y recoger aceite con su mano derecha.
17El hierro con hierro se afila,
Y un hombre aguza a otro.
18El que cuida la higuera comerá su fruto,
Y el que atiende a su señor será honrado.
19Como el agua refleja el rostro,
Así el corazón del hombre refleja al hombre.
20El Seol y el Abadón nunca se sacian;
Tampoco se sacian los ojos del hombre.
21El crisol es para la plata y el horno para el oro,
Y al hombre se le prueba por la alabanza que recibe.
22Aunque machaques con el mazo al necio en un mortero entre el grano molido,
No se apartará de él su necedad.
23¶Conoce bien la condición de tus rebaños,
Y presta atención a tu ganado;
24Porque las riquezas no son eternas,
Ni perdurará la corona por todas las generaciones.
25 Cuando la hierba desaparece se ve el retoño,
Y se recogen las hierbas de los montes;
26Los corderos darán para tu vestido,
Y las cabras para el precio de un campo,
27Y habrá suficiente leche de cabra para tu alimento,
Para el alimento de tu casa,
Y sustento para tus doncellas.

Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © The Lockman Foundation — cortesía de YouVersion.

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