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Día 9 de 365 · 9 de enero

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Génesis 17

1Cuando Abram tenía 99 años, el Señor se le apareció, y le dijo:
«Yo soy el Dios Todopoderoso;
Anda delante de Mí, y sé perfecto.
2-»Yo estableceré Mi pacto contigo,
Y te multiplicaré en gran manera».
3Entonces Abram se postró sobre su rostro y Dios habló con él:
4«En cuanto a Mí, ahora Mi pacto es contigo,
Y serás padre de multitud de naciones.
5-»Y no serás llamado más Abram;
Sino que tu nombre será Abraham;
Porque Yo te haré padre de multitud de naciones.
6Te haré fecundo en gran manera, y de ti haré naciones, y de ti saldrán reyes.
7»Estableceré Mi pacto contigo y con tu descendencia después de ti, por todas sus generaciones, por pacto eterno, de ser Dios tuyo y de toda tu descendencia después de ti. 8Y te daré a ti, y a tu descendencia después de ti, la tierra de tus peregrinaciones, toda la tierra de Canaán como posesión perpetua. Y Yo seré su Dios».
9Dijo además Dios a Abraham: «Tú, pues, guardarás Mi pacto, tú y tu descendencia después de ti, por sus generaciones. 10Este es Mi pacto con ustedes y tu descendencia después de ti y que ustedes guardarán: Todo varón de entre ustedes será circuncidado. 11Serán circuncidados en la carne de su prepucio, y esto será la señal de Mi pacto con ustedes.
12»A la edad de ocho días será circuncidado entre ustedes todo varón por sus generaciones; asimismo el siervo nacido en tu casa, o que sea comprado con dinero a cualquier extranjero, que no sea de tu descendencia. 13Ciertamente ha de ser circuncidado el siervo nacido en tu casa o el comprado con tu dinero. Así estará Mi pacto en la carne de ustedes como pacto perpetuo. 14Pero el varón incircunciso, que no es circuncidado en la carne de su prepucio, esa persona será cortada de entre su pueblo. Ha quebrantado Mi pacto».
15Entonces Dios dijo a Abraham: «A Sarai, tu mujer, no la llamarás Sarai, sino que Sara será su nombre. 16La bendeciré, y de cierto te daré un hijo por medio de ella. La bendeciré y será madre de naciones. Reyes de pueblos vendrán de ella». 17Entonces Abraham se postró sobre su rostro y se rió, y dijo en su corazón: «¿A un hombre de 100 años le nacerá un hijo? ¿Y Sara, que tiene 90 años, concebirá?».
18Y Abraham dijo a Dios: «¡Ojalá que Ismael viva delante de Ti!». 19Pero Dios respondió: «No, sino que Sara, tu mujer, te dará un hijo, y le pondrás el nombre de Isaac; y estableceré Mi pacto con él, pacto perpetuo para su descendencia después de él. 20En cuanto a Ismael, te he oído. Yo lo bendeciré y lo haré fecundo y lo multiplicaré en gran manera. Él será el padre de doce príncipes y haré de él una gran nación. 21Pero Mi pacto lo estableceré con Isaac, el hijo que Sara te dará por este tiempo el año que viene».
22Cuando terminó de hablar con él, Dios ascendió dejando a Abraham. 23Entonces Abraham tomó a su hijo Ismael y a todos los siervos nacidos en su casa y a todos los que habían sido comprados con su dinero, a todo varón de entre las personas de la casa de Abraham, y aquel mismo día les circuncidó la carne de su prepucio, tal como Dios le había dicho.
24Abraham tenía 99 años cuando fue circuncidado, 25y su hijo Ismael tenía trece años cuando fue circuncidado. 26En el mismo día fueron circuncidados Abraham y su hijo Ismael. 27También fueron circuncidados con él todos los varones de su casa, que habían nacido en la casa o que habían sido comprados a extranjeros.

Génesis 18

1Y el Señor se le apareció a Abraham en el encinar de Mamre, mientras él estaba sentado a la puerta de la tienda en el calor del día. 2Cuando Abraham alzó los ojos y miró, había tres hombres parados frente a él. Al verlos corrió de la puerta de la tienda a recibirlos, y se postró en tierra, 3y dijo: «Señor mío, si ahora he hallado gracia ante sus ojos, le ruego que no pase de largo junto a su siervo. 4Que se traiga ahora un poco de agua y lávense ustedes los pies, y reposen bajo el árbol. 5Yo traeré un pedazo de pan para que se alimenten y después sigan adelante, puesto que han visitado a su siervo». «Haz así como has dicho», dijeron ellos.
6Entonces Abraham fue de prisa a la tienda donde estaba Sara, y dijo: «Apresúrate a preparar 40 litros de flor de harina, amásala y haz tortas de pan». 7Corrió también Abraham a la vacada y tomó un becerro tierno y de los mejores, y se lo dio al criado, que se apresuró a prepararlo. 8Tomó también cuajada, leche y el becerro que había preparado, y lo puso delante de ellos. Mientras comían, Abraham se quedó de pie junto a ellos bajo el árbol.
9Entonces ellos le dijeron: «¿Dónde está Sara tu mujer?». «Allí en la tienda», les respondió. 10Y uno de ellos dijo: «Ciertamente volveré a ti por este tiempo el año próximo, y Sara tu mujer tendrá un hijo». Y Sara estaba escuchando a la puerta de la tienda que estaba detrás de él.
11Abraham y Sara eran ancianos, entrados en años. Y a Sara le había cesado ya la costumbre de las mujeres. 12Sara se rió para sus adentros, diciendo: «¿Tendré placer después de haber envejecido, siendo también viejo mi señor?».
13Y el Señor dijo a Abraham: «¿Por qué se rió Sara, diciendo: “¿Concebiré en verdad siendo yo tan vieja?”. 14¿Hay algo demasiado difícil para el Señor? Volveré a ti al tiempo señalado, por este tiempo el año próximo, y Sara tendrá un hijo».
15Pero Sara lo negó, porque tuvo miedo, diciendo: «No me reí». «No es así, sino que te has reído», le dijo el Señor.
16Entonces los hombres se levantaron de allí, y miraron hacia Sodoma. Abraham iba con ellos para despedirlos. 17Pero el Señor dijo: «¿Ocultaré a Abraham lo que voy a hacer? 18Porque ciertamente Abraham llegará a ser una nación grande y poderosa, y en él serán benditas todas las naciones de la tierra. 19Y Yo lo he escogido para que mande a sus hijos y a su casa después de él que guarden el camino del Señor, haciendo justicia y juicio, para que el Señor cumpla en Abraham todo lo que Él ha dicho acerca de él».
20Después el Señor dijo: «El clamor de Sodoma y Gomorra ciertamente es grande, y su pecado es sumamente grave. 21Descenderé ahora y veré si han hecho en todo conforme a su clamor, el cual ha llegado hasta Mí. Y si no, lo sabré».
22Entonces los hombres se apartaron de allí y fueron hacia Sodoma, mientras Abraham estaba todavía de pie delante del Señor. 23Y Abraham se acercó al Señor y dijo: «¿En verdad destruirás al justo junto con el impío? 24Tal vez haya cincuenta justos dentro de la ciudad. ¿En verdad la destruirás y no perdonarás el lugar por amor a los cincuenta justos que hay en ella? 25Lejos de Ti hacer tal cosa: matar al justo con el impío, de modo que el justo y el impío sean tratados de la misma manera. ¡Lejos de Ti! El Juez de toda la tierra, ¿no hará justicia?».
26Entonces el Señor le respondió: «Si hallo en Sodoma cincuenta justos dentro de la ciudad, perdonaré a todo el lugar por consideración a ellos». 27Y Abraham respondió: «Ahora que me he atrevido a hablar al Señor, yo que soy polvo y ceniza. 28Tal vez falten cinco para los cincuenta justos. ¿Destruirás por los cinco a toda la ciudad?». Y el Señor respondió: «No la destruiré si hallo allí cuarenta y cinco».
29 Abraham le habló de nuevo: «Tal vez se hallen allí cuarenta». Y Él respondió: «No lo haré, por consideración a los cuarenta». 30Entonces Abraham dijo: «No se enoje ahora el Señor, y hablaré. Tal vez se hallen allí treinta». «No lo haré si hallo allí treinta», respondió el Señor. 31Y Abraham dijo: «Ahora me he atrevido a hablar al Señor. Tal vez se hallen allí veinte». Y Él respondió: «No la destruiré por consideración a los veinte». 32Entonces Abraham dijo: «No se enoje ahora el Señor, y hablaré solo esta vez. Tal vez se hallen allí diez». «No la destruiré por consideración a los diez», respondió el Señor. 33Tan pronto como acabó de hablar con Abraham, el Señorse fue, y Abraham volvió a su lugar.

Mateo 9

1Subiendo Jesús en una barca, pasó al otro lado del mar y llegó a Su ciudad. 2Y le trajeron un paralítico echado en una camilla; y Jesús, viendo la fe de ellos, dijo al paralítico: «Anímate, hijo, tus pecados te son perdonados». 3Y algunos de los escribas decían para sí: «Este blasfema». 4Jesús, conociendo sus pensamientos, dijo: «¿Por qué piensan mal en sus corazones? 5Porque, ¿qué es más fácil, decir: “Tus pecados te son perdonados”, o decir: “Levántate, y anda”? 6Pues para que sepan que el Hijo del Hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados», entonces dijo* al paralítico: «Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa».
7Y levantándose, el paralítico se fue a su casa. 8Pero cuando las multitudes vieron esto, sintieron temor, y glorificaron a Dios, que había dado tal poder a los hombres.
9Cuando Jesús se fue de allí, vio a un hombre llamado Mateo, sentado en la oficina de los tributos, y le dijo*: «¡Ven tras Mí!». Y levantándose, lo siguió.
10Y estando Él sentado a la mesa en la casa, muchos recaudadores de impuestos y pecadores llegaron y se sentaron a la mesa con Jesús y Sus discípulos. 11Cuando los fariseos vieron esto, dijeron a Sus discípulos: «¿Por qué come su Maestro con los recaudadores de impuestos y pecadores?».
12Al oír Jesús esto, dijo: «Los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los que están enfermos. 13Pero vayan, y aprendan lo que significa: “Misericordia quiero y no sacrificio”; porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores».
14Entonces los discípulos de Juan se acercaron* a Jesús, diciendo: «¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos, pero Tus discípulos no ayunan?». 15Y Jesús les respondió: «¿Acaso los acompañantes del novio pueden estar de luto mientras el novio está con ellos? Pero vendrán días cuando el novio les será quitado, y entonces ayunarán. 16Nadie pone un remiendo de tela nueva en un vestido viejo; porque el remiendo al encogerse tira del vestido y se produce una rotura peor. 17Y nadie echa vino nuevo en odres viejos, porque entonces los odres se revientan, el vino se derrama y los odres se pierden; sino que se echa vino nuevo en odres nuevos, y ambos se conservan».
18Mientras Jesús les decía estas cosas, vino un oficial de la sinagoga y se postró delante de Él, diciendo: «Mi hija acaba de morir; pero ven y pon Tu mano sobre ella, y vivirá». 19Levantándose Jesús, lo siguió, y también Sus discípulos. 20Y una mujer que había estado sufriendo de flujo de sangre por doce años, se le acercó por detrás y tocó el borde de Su manto; 21pues decía para sí: «Si tan solo toco Su manto, sanaré». 22Pero Jesús, volviéndose y viéndola, dijo: «Hija, ten ánimo, tu fe te ha sanado». Y al instante la mujer quedó sana.
23Cuando Jesús entró en la casa del oficial, y vio a los flautistas y al gentío en ruidoso desorden, 24les dijo: «Retírense, porque la niña no ha muerto, sino que está dormida». Y se burlaban de Él. 25Pero cuando habían echado fuera a la gente, Él entró y la tomó de la mano; y la niña se levantó. 26Y esta noticia se difundió por toda aquella tierra.
27Al irse Jesús de allí, dos ciegos lo siguieron, gritando: «¡Hijo de David, ten misericordia de nosotros!». 28Después de entrar en la casa, se acercaron a Él los ciegos, y Jesús les dijo*: «¿Creen que puedo hacer esto?». «Sí, Señor», le respondieron*. 29Entonces les tocó los ojos, diciendo: «Hágase en ustedes según su fe». 30Y se les abrieron los ojos. Y Jesús les advirtió rigurosamente: «Miren que nadie lo sepa». 31Pero ellos, en cuanto salieron, divulgaron Su fama por toda aquella tierra.
32Al salir ellos de allí, le trajeron un mudo endemoniado. 33Después que el demonio había sido expulsado, el mudo habló; y las multitudes se maravillaban, y decían: «Jamás se ha visto cosa igual en Israel». 34Pero los fariseos decían: «Él echa fuera los demonios por el príncipe de los demonios».
35Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, proclamando el evangelio del reino y sanando toda enfermedad y toda dolencia. 36Y viendo las multitudes, tuvo compasión de ellas, porque estaban angustiadas y abatidas como ovejas que no tienen pastor. 37Entonces dijo* a Sus discípulos: «La cosecha es mucha, pero los obreros pocos. 38Por tanto, pidan al Señor de la cosecha que envíe obreros a Su cosecha».

Salmo 9

Para el director del coro; sobre Mut Laben. Salmo de David.
1Daré gracias al Señor con todo mi corazón;
Todas Tus maravillas contaré.
2En Ti me alegraré y me regocijaré;
Cantaré alabanzas a Tu nombre, oh Altísimo.
3¶Cuando mis enemigos retroceden,
Tropiezan y perecen delante de Ti.
4Porque Tú has mantenido mi derecho y mi causa;
Te sientas en el trono juzgando con justicia.
5Has reprendido a las naciones, has destruido al impío,
Has borrado su nombre para siempre.
6El enemigo ha llegado a su fin en desolación eterna,
Y Tú has destruido sus ciudades;
Su recuerdo ha perecido con ellas.
7¶Pero el Señor permanece para siempre;
Ha establecido Su trono para juicio,
8Y juzgará al mundo con justicia;
Con equidad ejecutará juicio sobre los pueblos.
9El Señor será también baluarte para el oprimido,
Baluarte en tiempos de angustia.
10En Ti pondrán su confianza los que conocen Tu nombre,
Porque Tú, oh Señor, no abandonas a los que te buscan.
11¶Canten alabanzas al Señor, que mora en Sión;
Proclamen entre los pueblos Sus proezas.
12Porque el que pide cuentas de la sangre derramada, se acuerda de ellos;
No olvida el clamor de los afligidos.
13Oh Señor, ten piedad de mí;
Mira mi aflicción por causa de los que me aborrecen,
Tú que me levantas de las puertas de la muerte;
14Para que yo cuente todas Tus alabanzas,
Para que en las puertas de la hija de Sión
Me regocije en Tu salvación.
15Las naciones se han hundido en el foso que hicieron;
En la red que escondieron, su propio pie quedó prendido.
16El Señor se ha dado a conocer;
Ha ejecutado juicio.
El impío es atrapado en la obra de sus propias manos. (Higaion, Selah)
17¶Los impíos volverán al Seol,
O sea, todas las naciones que se olvidan de Dios.
18Pues el necesitado no será olvidado para siempre,
Ni la esperanza de los afligidos perecerá eternamente.
19Levántate, oh Señor; no prevalezca el hombre;
Sean juzgadas las naciones delante de Ti.
20Pon temor en ellas, oh Señor;
Aprendan las naciones que no son más que hombres. (Selah)

Proverbios 9

1La sabiduría ha edificado su casa,
Ha labrado sus siete columnas;
2Ha preparado su alimento, ha mezclado su vino,
Ha puesto también su mesa;
3Ha enviado a sus doncellas, y clama
Desde los lugares más altos de la ciudad:
4«El que sea simple que entre aquí».
Al falto de entendimiento le dice:
5«Ven, come de mi pan,
Y bebe del vino que he mezclado.
6-»Abandona la necedad y vivirás;
Anda por el camino del entendimiento».
7¶El que instruye al insolente, atrae sobre sí deshonra,
Y el que reprende al impío recibe insultos.
8No reprendas al insolente, para que no te aborrezca;
Reprende al sabio, y te amará.
9Da instrucción al sabio, y será aún más sabio,
Enseña al justo, y aumentará su saber.
10El principio de la sabiduría es el temor del Señor,
Y el conocimiento del Santo es inteligencia.
11Pues por mí se multiplicarán tus días,
Y años de vida te serán añadidos.
12Si eres sabio, eres sabio para provecho tuyo,
Y si escarneces, tú solo lo sufrirás.
13¶La mujer insensata es alborotadora,
Es simple y no sabe nada.
14Se sienta a la puerta de su casa,
En un asiento, en los lugares altos de la ciudad,
15Llamando a los que pasan,
A los que van derechos por sus sendas:
16«El que sea simple, que entre aquí».
Y al falto de entendimiento, le dice:
17«Dulces son las aguas hurtadas,
Y el pan comido en secreto es sabroso».
18Pero él no sabe que allí están los muertos,
Quesus invitados están en las profundidades del Seol.

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