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Día 90 de 365 · 31 de marzo

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Deuteronomio 26

1»Cuando entres en la tierra que el Señor tu Dios te da por herencia, tomes posesión de ella y habites en ella, 2tomarás las primicias de todos los frutos del suelo que recojas de la tierra que el Señor tu Dios te da, y las pondrás en una canasta e irás al lugar que el Señor tu Dios escoja para establecer Su nombre. 3Te presentarás al sacerdote que esté en funciones en esos días y le dirás: “Declaro hoy al Señor mi Dios que he entrado en la tierra que el Señor juró a nuestros padres que nos daría”.
4»Entonces el sacerdote tomará la canasta de tu mano, y la pondrá delante del altar del Señor tu Dios. 5Y tú responderás delante del Señor tu Dios: “Mi padre fue un arameo errante y descendió a Egipto y residió allí, siendo pocos en número; pero allí llegó a ser una nación grande, fuerte y numerosa. 6Pero los egipcios nos maltrataron y nos afligieron y pusieron sobre nosotros dura servidumbre. 7Entonces clamamos al Señor, el Dios de nuestros padres, y el Señor oyó nuestra voz y vio nuestra aflicción, nuestro trabajo y nuestra opresión. 8Y el Señor nos sacó de Egipto con mano fuerte y brazo extendido, con gran terror, con señales y milagros; 9y nos ha traído a este lugar y nos ha dado esta tierra, una tierra que mana leche y miel. 10Ahora, yo he traído las primicias de los frutos de la tierra que Tú, oh Señor, me has dado”. Entonces las pondrás delante del Señor tu Dios, y adorarás delante del Señor tu Dios; 11y tú te alegrarás, y también el levita y el extranjero que está en medio de ti, por todo el bien que el Señor tu Dios te ha dado a ti y a tu casa.
12»Cuando acabes de separar todo el diezmo de tus frutos en el tercer año, el año del diezmo, entonces se lo darás al levita, al extranjero, al huérfano y a la viuda, para que puedan comer en tus ciudades y sean saciados. 13Entonces dirás delante del Señor tu Dios: “He sacado de mi casa la porción consagrada y también la he dado al levita, al extranjero, al huérfano y a la viuda conforme a todos Tus mandamientos que Tú me has mandado. No he violado ni olvidado ninguno de Tus mandamientos. 14No he comido de ella estando de luto, ni he tomado de ella mientras estaba inmundo, ni he ofrecido de ella a los muertos. He escuchado la voz del Señor mi Dios; he hecho conforme a todo lo que Tú me has mandado. 15Mira desde Tu morada santa, desde el cielo, y bendice a Tu pueblo Israel y a la tierra que nos has dado, una tierra que mana leche y miel, como juraste a nuestros padres”.
16»El Señor tu Dios te manda hoy que cumplas estos estatutos y ordenanzas. Cuidarás, pues, de cumplirlos con todo tu corazón y con toda tu alma. 17Has declarado hoy que el Señor es tu Dios y que andarás en Sus caminos y guardarás Sus estatutos, Sus mandamientos y Sus ordenanzas, y que escucharás Su voz. 18Y el Señor ha declarado hoy que tú eres Su pueblo, Su exclusiva posesión, como Él te prometió, y que debes guardar todos Sus mandamientos; 19y que Él te pondrá en alto sobre todas las naciones que ha hecho, para alabanza, renombre y honor; y serás un pueblo consagrado al Señortu Dios, como Él ha dicho».

Deuteronomio 27

1Moisés y los ancianos de Israel dieron orden al pueblo y dijeron: «Guarden todos los mandamientos que yo les ordeno hoy. 2El día que pasen el Jordán a la tierra que el Señor tu Dios te da, levantarás para ti piedras grandes, y las blanquearás con cal, 3y escribirás en ellas todas las palabras de esta ley, cuando hayas pasado, para entrar en la tierra que el Señor tu Dios te da, una tierra que mana leche y miel, tal como el Señor, el Dios de tus padres te prometió. 4Así que cuando pases el Jordán, levantarás estas piedras en el monte Ebal, como yo te ordeno hoy, y las blanquearás con cal. 5Además, edificarás allí un altar al Señor tu Dios, un altar de piedras; pero no alzarás sobre ellas herramientas de hierro. 6Construirás el altar del Señor tu Dios de piedras enteras; y sobre él ofrecerás holocaustos al Señor tu Dios; 7y sacrificarás ofrendas de paz y comerás allí, y te alegrarás delante del Señor tu Dios. 8Escribirás claramente en las piedras todas las palabras de esta ley».
9Entonces Moisés y los sacerdotes levitas dijeron a todo Israel: «Guarda silencio y escucha, oh Israel. Hoy te has convertido en pueblo del Señor tu Dios. 10Por tanto, obedecerás al Señor tu Dios, y cumplirás Sus mandamientos y Sus estatutos que hoy te ordeno».
11También aquel día Moisés ordenó al pueblo: 12«Cuando pases el Jordán, estas tribus estarán sobre el monte Gerizim para bendecir al pueblo: Simeón, Leví, Judá, Isacar, José y Benjamín. 13Y para la maldición, estas tribus estarán en el monte Ebal: Rubén, Gad, Aser, Zabulón, Dan y Neftalí. 14Entonces los levitas responderán y dirán en alta voz a todos los hombres de Israel:
15“Maldito el hombre que haga ídolo o imagen de fundición, abominación al Señor, obra de las manos del artífice, y la erige en secreto”. Y todo el pueblo responderá, y dirá: “Amén”.
16“Maldito el que desprecie a su padre o a su madre”. Y todo el pueblo dirá: “Amén”.
17“Maldito el que cambie el lindero de su vecino”. Y todo el pueblo dirá: “Amén”.
18“Maldito el que haga errar al ciego en el camino”. Y todo el pueblo dirá: “Amén”.
19“Maldito el que pervierta el derecho del extranjero, del huérfano y de la viuda”. Y todo el pueblo dirá: “Amén”.
20“Maldito el que se acueste con la mujer de su padre, porque ha descubierto lo que es de su padre”. Y todo el pueblo dirá: “Amén”.
21“Maldito el que se eche con cualquier animal”. Y todo el pueblo dirá: “Amén”.
22“Maldito el que se acueste con su hermana, la hija de su padre o de su madre”. Y todo el pueblo dirá: “Amén”.
23“Maldito el que se acueste con su suegra”. Y todo el pueblo dirá: “Amén”.
24“Maldito el que hiera a su vecino secretamente”. Y todo el pueblo dirá: “Amén”.
25“Maldito el que acepte soborno para quitar la vida a un inocente”. Y todo el pueblo dirá: “Amén”.
26“Maldito el que no confirme las palabras de esta ley para ponerlas por obra”. Y todo el pueblo dirá: “Amén”.

Hechos 1

1En el primer relato, estimado Teófilo, escribí acerca de todo lo que Jesús comenzó a hacer y a enseñar, 2hasta el día en que fue recibido arriba en el cielo, después de que por el Espíritu Santo Él había dado instrucciones a los apóstoles que había escogido. 3A estos también, después de Su padecimiento, se presentó vivo con muchas pruebas convincentes, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles de lo relacionado con el reino de Dios.
4Y reuniéndolos, les mandó que no salieran de Jerusalén, sino que esperaran la promesa del Padre: «La cual», les dijo, «oyeron de Mí; 5porque Juan bautizó con agua, pero ustedes serán bautizados con el Espíritu Santo dentro de pocos días».
6Entonces los que estaban reunidos, le preguntaban: «Señor, ¿restaurarás en este tiempo el reino a Israel?». 7Jesús les contestó: «No les corresponde a ustedes saber los tiempos ni las épocas que el Padre ha fijado con Su propia autoridad; 8pero recibirán poder cuando el Espíritu Santo venga sobre ustedes; y serán Mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra».
9Después de haber dicho estas cosas, fue elevado mientras ellos miraban, y una nube lo recibió y lo ocultó de sus ojos. 10Mientras Jesús ascendía, estando ellos mirando fijamente al cielo, se les presentaron dos hombres en vestiduras blancas, 11que les dijeron: «Varones galileos, ¿por qué están mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido tomado de ustedes al cielo, vendrá de la misma manera, tal como lo han visto ir al cielo».
12Entonces los discípulos regresaron a Jerusalén desde el monte llamado de los Olivos, que está cerca de Jerusalén, camino de un día de reposo. 13Cuando hubieron entrado en la ciudad, subieron al aposento alto donde estaban hospedados, Pedro, Juan, Jacobo y Andrés, Felipe y Tomás, Bartolomé y Mateo, Jacobo hijo de Alfeo, Simón el Zelote y Judas, hijo de Jacobo. 14Todos estos estaban unánimes, entregados de continuo a la oración junto con las mujeres, y con María la madre de Jesús, y con Sus hermanos.
15Por este tiempo, un grupo como de ciento veinte personas estaba reunido allí, y Pedro se puso de pie en medio de los hermanos, y dijo: 16«Hermanos, tenía que cumplirse la Escritura en que por boca de David el Espíritu Santo predijo acerca de Judas, el que se hizo guía de los que prendieron a Jesús.
17»Porque Judas era contado entre nosotros y recibió parte en este ministerio». 18Este, pues, con el precio de su terrible infamia adquirió un terreno, y cayendo de cabeza se reventó por el medio, y todas sus entrañas se derramaron. 19Esto llegó al conocimiento de todos los que habitaban en Jerusalén, de manera que aquel terreno se llamó en su propia lengua Acéldama, es decir, campo de sangre.
20«Pues en el libro de los Salmos está escrito:
“Que sea hecha desierta su morada,
Y no haya quien habite en ella”;
Y:
“Que otro tome su cargo”.
21Por tanto, es necesario que de los hombres que nos han acompañado todo el tiempo que el Señor Jesús vivió entre nosotros, 22comenzando desde el bautismo de Juan, hasta el día en que de entre nosotros Jesús fue recibido arriba al cielo, uno sea constituido testigo con nosotros de Su resurrección».
23Presentaron a dos: a José, llamado Barsabás, al que también llamaban Justo, y a Matías. 24Después de orar, dijeron: «Tú, Señor, que conoces el corazón de todos, muéstranos a cuál de estos dos has escogido 25para ocupar este ministerio y apostolado, del cual Judas se desvió para irse al lugar que le correspondía». 26Echaron suertes y la suerte cayó sobre Matías, y fue contadocon los once apóstoles.

Salmo 90

Oración de Moisés, hombre de Dios.
1Señor, Tú has sido un refugio para nosotros
De generación en generación.
2Antes que los montes fueran engendrados,
Y nacieran la tierra y el mundo,
Desde la eternidad y hasta la eternidad, Tú eres Dios.
3¶Haces que el hombre vuelva a ser polvo,
Y dices: «Vuelvan, hijos de los hombres».
4Porque mil años ante Tus ojos
Son como el día de ayer que ya pasó,
Y como una vigilia de la noche.
5Tú los has barrido como un torrente, son como un sueño;
Son como la hierba que por la mañana reverdece;
6Por la mañana florece y reverdece;
Al atardecer se marchita y se seca.
7¶Porque hemos sido consumidos con Tu ira,
Y por Tu furor hemos sido conturbados.
8Has puesto nuestras iniquidades delante de Ti,
Nuestros pecados secretos a la luz de Tu presencia.
9Porque por Tu furor han declinado todos nuestros días;
Acabamos nuestros años como un suspiro.
10Los días de nuestra vida llegan a setenta años;
Y en caso de mayor vigor, a ochenta años.
Con todo, su orgullo es solo trabajo y pesar,
Porque pronto pasa, y volamos.
11¿Quién conoce el poder de Tu ira,
Y Tu furor conforme al temor que se debe a Ti?
12Enséñanos a contar de tal modo nuestros días,
Que traigamos al corazón sabiduría.
13¶Vuelve, Señor; ¿hasta cuándo?
Y compadécete de Tus siervos.
14Sácianos por la mañana con Tu misericordia,
Y cantaremos con gozo y nos alegraremos todos nuestros días.
15Alégranos conforme a los días que nos afligiste,
Y a los años en que vimos adversidad.
16Sea manifestada Tu obra a Tus siervos,
Y Tu majestad a sus hijos,
17Y sea la gracia del Señor nuestro Dios sobre nosotros.
Confirma, pues, sobre nosotros la obra de nuestras manos;
Sí, la obra de nuestras manos confirma.

Proverbios 28

1El impío huye sin que nadie lo persiga,
Pero los justos están confiados como un león.
2Por la transgresión de la tierra, muchos son sus príncipes;
Pero por el hombre entendido y de conocimiento permanece estable.
3El pobre que oprime a los humildes
Es como lluvia torrencial que no deja pan.
4Los que abandonan la ley alaban a los impíos,
Pero los que guardan la ley luchan contra ellos.
5Los hombres malvados no entienden de justicia,
Pero los que buscan al Señor lo entienden todo.
6Mejor es el pobre que anda en su integridad
Que el que es perverso, aunque sea rico.
7El que guarda la ley es hijo entendido,
Pero el que es compañero de glotones avergüenza a su padre.
8El que aumenta su riqueza por interés y usura,
La recoge para el que se apiada de los pobres.
9Al que aparta su oído para no oír la ley,
Su oración también es abominación.
10El que extravía a los rectos por el mal camino
En su propia fosa caerá,
Pero los íntegros heredarán el bien.
11El rico es sabio ante sus propios ojos,
Pero el pobre que es entendido, lo sondea.
12Cuando los justos triunfan, grande es la gloria,
Pero cuando los impíos se levantan, los hombres se esconden.
13El que encubre sus pecados no prosperará,
Pero el que los confiesa y los abandona hallará misericordia.
14Cuán bienaventurado es el hombre que siempre teme,
Pero el que endurece su corazón caerá en el infortunio.
15 Cual león rugiente y oso agresivo
Es el gobernante perverso sobre el pueblo pobre.
16Al príncipe que es gran opresor le falta entendimiento,
Pero el que odia las ganancias injustas prolongará sus días.
17El hombre cargado con culpa de sangre humana,
Fugitivo será hasta la muerte; que nadie lo apoye.
18El que anda en integridad será salvo,
Pero el que es de camino torcido caerá de repente.
19El que labra su tierra se saciará de pan,
Pero el que sigue propósitos vanos se llenará de pobreza.
20El hombre fiel abundará en bendiciones,
Pero el que se apresura a enriquecerse no quedará sin castigo.
21Hacer acepción de personas no es bueno,
Pues por un bocado de pan el hombre pecará.
22El hombre avaro corre tras la riqueza
Y no sabe que la miseria vendrá sobre él.
23El que reprende al hombre hallará después más favor
Que el que lo lisonjea con la lengua.
24El que roba a su padre o a su madre
Y dice: «No es transgresión»,
Es compañero del hombre destructor.
25El hombre arrogante provoca rencillas,
Pero el que confía en el Señor prosperará.
26El que confía en su propio corazón es un necio,
Pero el que anda con sabiduría será librado.
27El que da al pobre no pasará necesidad,
Pero el que cierra sus ojos tendrá muchas maldiciones.
28Cuando los impíos se levantan, los hombres se esconden;
Pero cuando perecen, los justos se multiplican.

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