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Día 91 de 365 · 1 de abril

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Deuteronomio 28

1»Y sucederá que si obedeces diligentemente al Señor tu Dios, cuidando de cumplir todos Sus mandamientos que yo te mando hoy, el Señor tu Dios te pondrá en alto sobre todas las naciones de la tierra. 2Y todas estas bendiciones vendrán sobre ti y te alcanzarán, si obedeces al Señor tu Dios: 3Bendito serás en la ciudad, y bendito serás en el campo. 4Bendito el fruto de tu vientre, el producto de tu suelo, el fruto de tu ganado, el aumento de tus vacas y las crías de tus ovejas. 5Benditas serán tu canasta y tu artesa. 6Bendito serás cuando entres, y bendito serás cuando salgas.
7»El Señor hará que los enemigos que se levanten contra ti sean derrotados delante de ti; saldrán contra ti por un camino y huirán delante de ti por siete caminos. 8El Señor mandará que la bendición sea contigo en tus graneros y en todo aquello en que pongas tu mano, y te bendecirá en la tierra que el Señor tu Dios te da. 9Te establecerá el Señor como pueblo santo para sí, como te juró, si guardas los mandamientos del Señor tu Dios y andas en Sus caminos. 10Entonces verán todos los pueblos de la tierra que sobre ti es invocado el nombre del Señor; y te temerán.
11»El Señor te hará abundar en bienes, en el fruto de tu vientre, en el fruto de tu ganado y en el producto de tu suelo, en la tierra que el Señor juró a tus padres que te daría. 12El Señor abrirá para ti Su buen tesoro, los cielos, para dar lluvia a tu tierra a su tiempo y para bendecir toda la obra de tu mano; y tú prestarás a muchas naciones, pero no tomarás prestado. 13El Señor te pondrá a la cabeza y no a la cola, solo estarás encima y nunca estarás debajo, si escuchas los mandamientos del Señor tu Dios que te ordeno hoy, para que los guardes cuidadosamente. 14No te desvíes de ninguna de las palabras que te ordeno hoy, ni a la derecha ni a la izquierda, para ir tras otros dioses y servirles.
15»Pero sucederá que si no obedeces al Señor tu Dios, y no guardas todos Sus mandamientos y estatutos que hoy te ordeno, vendrán sobre ti todas estas maldiciones y te alcanzarán:
16»Maldito serás en la ciudad, y maldito serás en el campo.
17»Malditas serán tu canasta y tu artesa.
18»Maldito el fruto de tu vientre y el producto de tu suelo, el aumento de tu ganado y las crías de tu rebaño.
19»Maldito serás cuando entres y maldito serás cuando salgas.
20»El Señor enviará sobre ti maldición, confusión y censura en todo lo que emprendas, hasta que seas destruido y hasta que perezcas rápidamente, a causa de la maldad de tus hechos, porque me has abandonado. 21El Señor hará que la peste se te pegue hasta que te haya consumido de sobre la tierra adonde vas a entrar para poseerla. 22Te herirá el Señor de tisis, de fiebre, de inflamación y de gran ardor, con la espada, con pestes y plagas; y te perseguirán hasta que perezcas. 23El cielo que está encima de tu cabeza será de bronce, y la tierra que está debajo de ti, de hierro. 24El Señor hará que la lluvia de tu tierra sea polvo y ceniza; descenderá del cielo sobre ti hasta que seas destruido. 25El Señor hará que seas derrotado delante de tus enemigos; saldrás contra ellos por un camino, pero huirás por siete caminos delante de ellos, y serás ejemplo de terror para todos los reinos de la tierra.
26»Y tus cadáveres serán alimento para todas las aves del cielo y para los animales de la tierra, y no habrá nadie que los espante.
27»El Señor te herirá con los tumores de Egipto y con úlceras, sarna y comezón, de los que no podrás ser sanado. 28Te herirá el Señor con locura, con ceguera y con turbación de corazón; 29y andarás a tientas a mediodía como el ciego anda a tientas en la oscuridad, y no serás prosperado en tus caminos; más bien serás oprimido y robado continuamente, sin que nadie te salve. 30Te desposarás con una mujer, pero otro hombre se acostará con ella; edificarás una casa, pero no habitarás en ella; plantarás una viña, pero no aprovecharás su fruto. 31Tu buey será degollado delante de tus ojos, pero no comerás de él; tu asno será arrebatado, y no te será devuelto; tu oveja será dada a tus enemigos, y no tendrás quien te salve. 32Tus hijos y tus hijas serán dados a otro pueblo, mientras tus ojos miran y desfallecen por ellos continuamente, pero no habrá nada que puedas hacer. 33Un pueblo que no conoces comerá el producto de tu suelo y de todo tu trabajo, y no serás más que un pueblo oprimido y quebrantado todos los días. 34Y te volverás loco por lo que verán tus ojos. 35Te herirá el Señor en las rodillas y en las piernas con llagas malignas de las que no podrás ser sanado, desde la planta de tu pie hasta la coronilla.
36»El Señor te llevará a ti y a tu rey, al que hayas puesto sobre ti, a una nación que ni tú ni tus padres han conocido, y allí servirás a otros dioses de madera y de piedra. 37Y vendrás a ser motivo de horror, proverbio y burla entre todos los pueblos donde el Señor te lleve.
38»Sacarás mucha semilla al campo, pero recogerás poco, porque la langosta la devorará. 39Plantarás y cultivarás viñas, pero no beberás del vino ni recogerás las uvas, porque el gusano se las comerá. 40Tendrás olivos por todo tu territorio pero no te ungirás con el aceite, porque tus aceitunas se caerán. 41Tendrás hijos e hijas, pero no serán tuyos, porque irán al cautiverio. 42Todos tus árboles y el fruto de tu suelo los consumirá la langosta.
43»El extranjero que esté en medio de ti se elevará sobre ti cada vez más alto, pero tú descenderás cada vez más bajo. 44Él te prestará, pero tú no le podrás prestar. Él será la cabeza y tú serás la cola.
45»Todas estas maldiciones vendrán sobre ti y te perseguirán y te alcanzarán hasta que seas destruido, porque tú no escuchaste la voz del Señor tu Dios, y no guardaste los mandamientos y estatutos que Él te mandó. 46Ellas serán señal y maravilla sobre ti y sobre tu descendencia para siempre. 47Por cuanto no serviste al Señor tu Dios con alegría y con gozo de corazón, cuando tenías la abundancia de todas las cosas, 48por tanto servirás a tus enemigos, los cuales el Señor enviará contra ti: en hambre, en sed, en desnudez y en escasez de todas las cosas. Él pondrá yugo de hierro sobre tu cuello hasta que te haya destruido.
49»El Señor levantará contra ti una nación de lejos, desde el extremo de la tierra, que descenderá veloz como águila, una nación cuya lengua no entenderás, 50una nación de rostro fiero que no tendrá respeto al anciano ni tendrá compasión del niño. 51Se comerá la cría de tu ganado y el fruto de tu suelo, hasta que seas destruido; tampoco te dejará grano, ni vino nuevo, ni aceite, ni el aumento de tu ganado, ni las crías de tu rebaño, hasta que te haya hecho perecer.
52»Y esa nación te pondrá sitio en todas tus ciudades, hasta que tus muros altos y fortificados en los cuales tú confiabas caigan por toda tu tierra; y te sitiará en todas tus ciudades, por toda la tierra que el Señor tu Dios te ha dado. 53Entonces comerás el fruto de tu vientre, la carne de tus hijos y de tus hijas que el Señor tu Dios te ha dado, en el asedio y en la angustia con que tu enemigo te oprimirá. 54El hombre que es tierno y muy delicado en medio de ti, será hostil hacia su hermano, hacia la mujer que ama y hacia el resto de sus hijos que le queden, 55y no dará a ninguno de ellos nada de la carne de sus hijos que se comerá, ya que no le quedará nada en el asedio y en la angustia con que tu enemigo te oprimirá en todas tus ciudades. 56La mujer tierna y delicada en medio tuyo, que no osaría poner la planta de su pie en tierra por ser delicada y tierna, será hostil hacia el esposo que ama, también hacia su hijo, hacia su hija, 57hacia la placenta que salga de su seno y hacia los hijos que dé a luz; porque se los comerá en secreto por falta de otra cosa, en el asedio y en la angustia con que tu enemigo te oprimirá en tus ciudades.
58»Si no cuidas de poner en práctica todas las palabras de esta ley que están escritas en este libro, temiendo este nombre glorioso y temible, el Señor tu Dios, 59entonces el Señor hará horribles tus plagas y las plagas de tus descendientes, plagas severas y duraderas, y enfermedades perniciosas y crónicas. 60Y traerá de nuevo sobre ti todas las enfermedades de Egipto de las cuales tenías temor, y no te dejarán.
61»También el Señor traerá sobre ti toda enfermedad y toda plaga que no están escritas en el libro de esta ley, hasta que seas destruido. 62Entonces quedarán pocos de ustedes en número, aunque eran multitud como las estrellas del cielo, porque no obedeciste al Señor tu Dios. 63Y sucederá que tal como el Señor se deleitaba en ustedes para prosperarlos y multiplicarlos, así el Señor se deleitará en ustedes para hacerlos perecer y destruirlos; y serán arrancados de la tierra en la cual entran para poseerla.
64»Además, el Señor te dispersará entre todos los pueblos de un extremo de la tierra hasta el otro extremo de la tierra; y allí servirás a otros dioses, de madera y de piedra, que ni tú ni tus padres han conocido. 65Y entre esas naciones no hallarás descanso, ni habrá reposo para la planta de tu pie, sino que allí el Señor te dará un corazón temeroso, desfallecimiento de ojos y desesperación de alma. 66Tendrás la vida pendiente de un hilo; y estarás aterrado de noche y de día, y no tendrás seguridad de tu vida. 67Por la mañana dirás: “¡Oh, si fuera la tarde!”. Y por la tarde dirás: “¡Oh, si fuera la mañana!”, por causa del espanto de tu corazón con que temerás y por lo que verán tus ojos. 68Y el Señorte hará volver a Egipto en naves, por el camino del cual yo te había dicho: “Nunca más volverás a verlo”. Y allí ustedes se ofrecerán en venta como esclavos y esclavas a sus enemigos, pero no habrá comprador».

Deuteronomio 29

1 Estas son las palabras del pacto que el Señor mandó a Moisés que hiciera con los israelitas en la tierra de Moab, además del pacto que Él había hecho con ellos en Horeb.
2 Moisés convocó a todo Israel y les dijo: «Delante de sus ojos, ustedes han visto todo lo que el Señor hizo en la tierra de Egipto a Faraón, a todos sus siervos y a toda su tierra, 3las grandes pruebas que vieron sus ojos, aquellas grandes señales y maravillas. 4Pero hasta el día de hoy el Señor no les ha dado corazón para entender, ni ojos para ver, ni oídos para oír.
5»Yo los he conducido durante cuarenta años en el desierto; no se han gastado los vestidos sobre ustedes y no se ha gastado la sandalia en su pie. 6No han comido pan ni han bebido vino ni sidra, para que sepan que Yo soy el Señor su Dios. 7Cuando ustedes llegaron a este lugar, Sehón, rey de Hesbón, y Og, rey de Basán, salieron a nuestro encuentro para pelear, pero los derrotamos; 8y tomamos su tierra y la dimos en herencia a los rubenitas, a los gaditas y a la media tribu de Manasés. 9Guarden, pues, las palabras de este pacto y pónganlas en práctica, para que prosperen en todo lo que hagan.
10»Hoy están todos ustedes en presencia del Señor su Dios: sus jefes, sus tribus, sus ancianos y sus oficiales, todos los hombres de Israel, 11sus pequeños, sus mujeres, y el extranjero que está dentro de tus campamentos, desde tu leñador hasta el que saca tu agua, 12para que entres en el pacto con el Señor tu Dios, y en Su juramento que el Señor tu Dios hace hoy contigo, 13a fin de establecerte hoy como Su pueblo y que Él sea tu Dios, tal como te lo ha dicho y como lo juró a tus padres Abraham, Isaac y Jacob.
14»Y no hago solo con ustedes este pacto y este juramento, 15sino también con los que hoy están aquí con nosotros en la presencia del Señor nuestro Dios, y con los que no están hoy aquí con nosotros 16(pues ustedes saben cómo habitamos en la tierra de Egipto y cómo pasamos en medio de las naciones por las cuales han pasado, 17además, han visto sus abominaciones y los ídolos de madera y de piedra, de plata y de oro, que tenían con ellos); 18no sea que haya entre ustedes hombre o mujer, familia o tribu, cuyo corazón se aleje hoy del Señor nuestro Dios para ir y servir a los dioses de aquellas naciones; no sea que haya entre ustedes una raíz que produzca fruto venenoso y ajenjo.
19»Y sucederá que cuando él oiga las palabras de esta maldición, se envanecerá, diciendo: “Tendré paz aunque ande en la terquedad de mi corazón, a fin de destruir la tierra regada junto con la seca”. 20El Señor jamás querrá perdonarlo, sino que la ira del Señor y Su celo arderán contra ese hombre, y toda maldición que está escrita en este libro caerá sobre él, y el Señor borrará su nombre de debajo del cielo. 21Entonces el Señor lo señalará para adversidad de entre todas las tribus de Israel, según todas las maldiciones del pacto que están escritas en este libro de la ley.
22»Y la generación venidera, sus hijos que se levanten después de ustedes y el extranjero que venga de tierra lejana, cuando vean las plagas de la tierra y las enfermedades con las que el Señor la ha afligido, dirán: 23“Toda su tierra es azufre, sal y calcinación, sin sembrar, nada germina y el pasto no crece en ella, como en la destrucción de Sodoma y Gomorra, de Adma y de Zeboim que el Señor destruyó en Su ira y en Su furor”. 24Y todas las naciones dirán: “¿Por qué ha hecho así el Señor a esta tierra? ¿Por qué esta gran explosión de ira?”.
25»Entonces los hombres dirán: “Porque abandonaron el pacto que el Señor, el Dios de sus padres, hizo con ellos cuando los sacó de la tierra de Egipto. 26Y ellos fueron y sirvieron a otros dioses y los adoraron, dioses que no habían conocido y los cuales Él no les había dado. 27Por eso, ardió la ira del Señor contra aquella tierra, para traer sobre ella toda maldición que está escrita en este libro; 28y el Señor los desarraigó de su tierra con ira, con furor y con gran enojo, y los arrojó a otra tierra, hasta hoy”.
29»Las cosas secretas pertenecen al Señornuestro Dios, pero las cosas reveladas nos pertenecen a nosotros y a nuestros hijos para siempre, a fin de que guardemos todas las palabras de esta ley.

Hechos 2

1Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos juntos en un mismo lugar, 2y de repente vino del cielo un ruido como el de una ráfaga de viento impetuoso que llenó toda la casa donde estaban sentados. 3Se les aparecieron lenguas como de fuego que, repartiéndose, se posaron sobre cada uno de ellos. 4Todos fueron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba habilidad para expresarse.
5Había judíos que moraban en Jerusalén, hombres piadosos, procedentes de todas las naciones bajo el cielo. 6Al ocurrir este estruendo, la multitud se juntó; y estaban desconcertados porque cada uno los oía hablar en su propia lengua.
7Estaban asombrados y se maravillaban, diciendo: «Miren, ¿no son galileos todos estos que están hablando? 8¿Cómo es que cada uno de nosotros los oímos hablar en nuestra lengua en la que hemos nacido? 9Partos, medos y elamitas, habitantes de Mesopotamia, Judea y Capadocia, del Ponto y de Asia, 10de Frigia y de Panfilia, de Egipto y de las regiones de Libia alrededor de Cirene, viajeros de Roma, tanto judíos como prosélitos, 11cretenses y árabes, los oímos hablar en nuestros propios idiomas de las maravillas de Dios».
12Todos estaban asombrados y perplejos, diciéndose unos a otros: «¿Qué quiere decir esto?». 13Pero otros se burlaban y decían: «Están borrachos».
14Entonces Pedro, poniéndose en pie con los once apóstoles, alzó la voz y les declaró: «Hombres de Judea y todos los que viven en Jerusalén, sea esto de su conocimiento y presten atención a mis palabras. 15Porque estos no están borrachos como ustedes suponen, pues apenas es la hora tercera; 16sino que esto es lo que fue dicho por medio del profeta Joel:
17“Y sucederá en los últimos días”, dice Dios,
“Que derramaré de Mi Espíritu sobre toda carne;
Y sus hijos y sus hijas profetizarán,
Sus jóvenes verán visiones,
Y sus ancianos soñarán sueños;
18Y aun sobre Mis siervos y sobre Mis siervas
Derramaré de Mi Espíritu en esos días,
Y profetizarán.
19-”Y mostraré prodigios arriba en el cielo
Y señales abajo en la tierra:
Sangre, fuego y columna de humo.
20-”El sol se convertirá en tinieblas
Y la luna en sangre,
Antes que venga el día grande y glorioso del Señor.
21-”Y sucederá que todo aquel que invoque el nombre del Señor será salvo”.
22»Hombres de Israel, escuchen estas palabras: Jesús el Nazareno, varón confirmado por Dios entre ustedes con milagros, prodigios y señales que Dios hizo en medio de ustedes a través de Él, tal como ustedes mismos saben. 23Este fue entregado por el plan predeterminado y el previo conocimiento de Dios, y ustedes lo clavaron en una cruz por manos de impíos y lo mataron. 24Pero Dios lo resucitó, poniendo fin a la agonía de la muerte, puesto que no era posible que Él quedara bajo el dominio de ella. 25Porque David dice de Él:
“Veía siempre al Señor en mi presencia;
Pues está a mi diestra para que yo no sea sacudido.
26-”Por lo cual mi corazón se alegró y mi lengua se regocijó;
Y aun hasta mi carne descansará en esperanza;
27Pues Tú no abandonarás mi alma en el Hades,
Ni permitirás que Tu Santo vea corrupción.
28-”Me has hecho conocer los caminos de la vida;
Me llenarás de gozo con Tu presencia”.
29»Hermanos, del patriarca David les puedo decir con franqueza que murió y fue sepultado, y su sepulcro está entre nosotros hasta el día de hoy. 30Pero siendo profeta, y sabiendo que Dios le había jurado sentar a uno de sus descendientes en su trono, 31miró hacia el futuro y habló de la resurrección de Cristo, que ni fue abandonado en el Hades, ni Su carne sufrió corrupción.
32»A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos. 33Así que, exaltado a la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que ustedes ven y oyen. 34Porque David no ascendió a los cielos, pero él mismo dice:
“Dijo el Señor a mi Señor:
‘Siéntate a Mi diestra,
35Hasta que ponga a Tus enemigos por estrado de Tus pies’ ”.
36Sepa, pues, con certeza toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien ustedes crucificaron, Dios lo ha hecho Señor y Cristo».
37Al oír esto, conmovidos profundamente, dijeron a Pedro y a los demás apóstoles: «Hermanos, ¿qué haremos?». 38Entonces Pedro les dijo: «Arrepiéntanse y sean bautizados cada uno de ustedes en el nombre de Jesucristo para perdón de sus pecados, y recibirán el don del Espíritu Santo. 39Porque la promesa es para ustedes y para sus hijos y para todos los que están lejos, para tantos como el Señor nuestro Dios llame».
40Y Pedro, con muchas otras palabras testificaba solemnemente y les exhortaba diciendo: «Sean salvos de esta perversa generación». 41Entonces los que habían recibido su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como 3,000 almas. 42Y se dedicaban continuamente a las enseñanzas de los apóstoles, a la comunión, al partimiento del pan y a la oración.
43Sobrevino temor a toda persona; y muchos prodigios y señales se hacían por los apóstoles. 44Todos los que habían creído estaban juntos y tenían todas las cosas en común; 45vendían sus propiedades y sus bienes y los compartían con todos, según la necesidad de cada uno. 46Día tras día continuaban unánimes en el templo y partiendo el pan en los hogares, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, 47alabando a Dios y hallando favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día al número de ellos los que iban siendo salvos.

Salmo 91

1El que habita al amparo del Altísimo
Morará a la sombra del Omnipotente.
2Diré yo al Señor: «Refugio mío y fortaleza mía,
Mi Dios, en quien confío».
3Porque Él te libra del lazo del cazador
Y de la pestilencia mortal.
4Con Sus plumas te cubre,
Y bajo Sus alas hallas refugio;
Escudo y baluarte es Su fidelidad.
5¶No temerás el terror de la noche,
Ni la flecha que vuela de día,
6Ni la pestilencia que anda en tinieblas,
Ni la destrucción que hace estragos en medio del día.
7Aunque caigan mil a tu lado
Y diez mil a tu diestra,
A ti no se acercará.
8Con tus ojos mirarás
Y verás la paga de los impíos.
9Porque has puesto al Señor, que es mi refugio,
Al Altísimo, por tu habitación.
10No te sucederá ningún mal,
Ni plaga se acercará a tu morada.
11¶Pues Él dará órdenes a Sus ángeles acerca de ti,
Para que te guarden en todos tus caminos.
12En sus manos te llevarán,
Para que tu pie no tropiece en piedra.
13Sobre el león y la cobra pisarás;
Pisotearás al cachorro de león y a la serpiente.
14¶«Porque en Mí ha puesto su amor, Yo entonces lo libraré;
Lo exaltaré, porque ha conocido Mi nombre.
15-»Me invocará, y le responderé;
Yo estaré con él en la angustia;
Lo rescataré y lo honraré;
16Lo saciaré de larga vida,
Y le haré ver Mi salvación».

Proverbios 29

1El hombre que después de mucha reprensión se pone terco,
De repente será quebrantado sin remedio.
2Cuando los justos aumentan, el pueblo se alegra;
Pero cuando el impío gobierna, el pueblo gime.
3El que ama la sabiduría alegra a su padre,
Pero el que anda con rameras malgasta su fortuna.
4El rey con la justicia afianza la tierra,
Pero el hombre que acepta soborno la destruye.
5El hombre que adula a su prójimo
Tiende una red ante sus pasos.
6El hombre malo es atrapado en la transgresión,
Pero el justo canta y se regocija.
7El justo se preocupa por la causa de los pobres,
Pero el impío no entiende tal preocupación.
8Los provocadores agitan la ciudad,
Pero los sabios alejan la ira.
9Cuando un sabio tiene controversia con un necio,
Este se enoja o se ríe, y no hay descanso.
10Los hombres sanguinarios odian al intachable,
Pero los rectos se preocupan por su alma.
11El necio da rienda suelta a su ira,
Pero el sabio la reprime.
12Si un gobernante presta atención a palabras mentirosas,
Todos sus servidores se vuelven impíos.
13El pobre y el opresor tienen esto en común:
El Señor alumbra a los ojos de ambos.
14El rey que juzga con verdad a los pobres
Afianzará su trono para siempre.
15La vara y la reprensión dan sabiduría,
Pero el niño consentido avergüenza a su madre.
16Cuando aumentan los impíos, aumenta la transgresión,
Pero los justos verán su caída.
17Disciplina a tu hijo y te dará descanso,
Y dará alegría a tu alma.
18Donde no hay visión, el pueblo se desenfrena,
Pero bienaventurado es el que guarda la ley.
19Un siervo no aprende solo con palabras;
Aunque entienda, no responderá.
20¿Ves a un hombre precipitado en sus palabras?
Más esperanza hay para el necio que para él.
21El que mima a su siervo desde la niñez,
Al final lo tendrá por hijo.
22El hombre lleno de ira provoca rencillas,
Y el hombre violento abunda en transgresiones.
23El orgullo del hombre lo humillará,
Pero el de espíritu humilde obtendrá honores.
24El que se asocia con un ladrón aborrece su propia vida;
Oye el juramento, pero no dice nada.
25El temor al hombre es un lazo,
Pero el que confía en el Señor estará seguro.
26Muchos buscan el favor del gobernante,
Pero del Señor viene la justicia para el hombre.
27Abominación para los justos es el malvado,
Y abominación para el impío es el recto en su camino.

Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © The Lockman Foundation — cortesía de YouVersion.

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